Si el aforismo “No hay relación sexual” se articula con el matema del significante de la falta en el Otro, su alcance no se limita a señalar la ausencia de un significante en dicho lugar. Más bien, en un nivel sincrónico y a la luz de la teoría de conjuntos, lo que se pone de manifiesto es la imposibilidad de establecer una correspondencia uno a uno entre los elementos de dos conjuntos.
Estos conjuntos remiten a los campos de la sexuación en el sujeto. A partir de allí, es posible distinguir dos dimensiones. Por un lado, un campo fantasmático, congruente con el lado fálico de las fórmulas de la sexuación, donde se inscriben la ley, el deseo, el plus de goce y la causa del deseo en su localización fantasmática.
Por otro lado, se delimita un campo Otro, en el que se sitúa aquello que en “Subversión del sujeto…” es nombrado como “un hueso, algo real, inasimilable”. Este punto indica la presencia de una falta de saber, es decir, la ausencia de un S2 que pudiera responder al S1.
Desde esta perspectiva, Lacan logra distinguir dos campos que permiten pensar la sexuación más allá de una lógica atributiva. La posición masculina y femenina se diferencian en función de su relación con la ley, y por ende, con el deseo y el goce. Esto en la medida en que la ley opera introduciendo una suplencia en el sujeto —el síntoma—, aunque no en el sentido de un síntoma clínico clásico, sino como aquello que viene a ocupar un lugar de falla estructural.
Esta diferenciación abre una dificultad para la práctica clínica y, al mismo tiempo, plantea dos perspectivas epistemológicas —inseparables de lo clínico— según el modo en que se aborden estos campos. No es equivalente concebir el inconsciente desde la lógica de la contradicción y el conjunto cerrado, que hacerlo desde la indecidibilidad y el conjunto abierto. Esta distinción tiene consecuencias directas tanto en la concepción del final de análisis como en los criterios que permiten orientarlo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario