jueves, 20 de agosto de 2020

La repetición: un padecimiento que no cesa


La repetición es un concepto muy importante del psicoanálisis, que se presenta tanto de manera estructural como clínica. La enfermedad siempre está orientada por la estructura que nos habita y si se repite, es porque la repetición es de estructura. Si podemos hacer un síntoma, que es una metáfora y una solución de compromisos, es porque en la estructura está la metáfora como constitutiva del sujeto. cada elemento que aparece en la psicopatología tiene un correlato solidario con los tiempos de estructuración.

La repetición, en la clínica, aparece de forma patógena. Lacan se preocupó por hacer una escritura lógica para segurar la transmisión, intentando extraer el elemento más ordenador, por eso habla de volver a letra de Freud. Él dotó al psicoanálisis de diferentes escrituras, siendo para él la lógica muy importante. 

Para Lacan, la escritura lógica tiene que ver con ordenar de manera tal que se pueda operar con eso que se escribe. Un ejemplo fuera del psicoanálisis es la ley de gravedad de Newton, una ley que gobierna la caída de las cosas y la atracción de los cuerpos. Una vez escrita esa ley, fue posible viajar a la luna para saber, por ejemplo, como neutralizar la gravedad. En psicoanálisis, es lo mismo. Antes de que existiera Freud la gente soñaba, hacía chistes, fallidos... Cuando Freud escribe la lógica del inconsciente, aparece una operatoria que es el psicoanálisis y que Lacan intentó profundizar.

La escritura de Lacan hizo entrar a la clínica lo que antes se pensaba que eran pacientes no analizables. Se dudaba incluso si los niños eran analizables, más allá de que Anna Freud investigaba a la par de su padre. Con las psicosis también se retrocedía a hacerlas entrar al campo del psicoanálisis. La escritura tiene la potencia de producir cambios en lo real. 

La repetición en la estructura y en la clínica.
Se dice que lo que se repite es la diferencia, ¿pero qué significa esto? Que entre el placer buscado y el placer encontrado hay una diferencia. Cada vez que vamos al encuentro de un objeto pensando en que va a producir una satisfacción, encontramos una diferencia con lo esperado. Esa diferencia tiene dos caminos posibles.

• La insuficiencia y la queja hacia el objeto, que puede ser la madre, el novio, la carrera, el país... Todos los objetos metonímicos del tour pulsional. Se trata la miseria neurótica del sentimiento de desdicha, por lo insuficiente del encuentro, de la vida y el objeto.

• La renovación del movimiento por esa diferencia. Es el caso del quedarse con las ganas, con deseo. Es la vida relacionada al deseo que plantea el psicoanálisis. Cuando la vida está privada del deseo tenemos el discurso melancólico.

Lacan escribió la metáfora paterna, que es una sustitución del deseo de la madre por el Nombre del Padre.

El deseo de la madre pasa debajo de barra, que es el deseo incestuoso de la madre por la operatoria del Nombre del Padre (que no tiene que ver con el patriarcado). El Nombre del Padre es una función que permite hacer inconsciente el deseo incestuoso de la madre, de manera tal que se vuelva un enigma. De esta manera, cuando el N. del P. opera, el niño de ninguna manera puede satisfacer este deseo. El resultado de la metáfora paterna es que el Otro queda dividido por el falo, es decir, queda habitado por un enigma insatisfacible. 

No obstante, el sujeto neurótico igualmente se empeña por satisfacer al Otro para recuperar una unidad, tener un lugar y obtener una satisfacción. Para ello, puede reducir el deseo en la demanda, como vemos en los neuróticos obsesivos. El neurótico no soporta que el Otro esté habitado por un deseo sin satisfacción posible. 

La reducción del deseo a la demanda para incluírse como proveedor lo vemos mucho en la clínica: pacientes que trabajan permanentemente por el Otro, que siempre queda insatisfecho. ¿Qué quiere una mujer? Desea desear. El deseo se satisface en el desear, no en el objeto. Y el desear es ese entusiasmo que nos habita y que nos hace ir de escena en escena. El objeto siempre es parcial y señuelo, aún el más privilegiado, como podría ser un hijo. El objeto, además, es sustituíble.

Cuando alguien busca y el objeto frustra melancólicamente, puede sentir que algo falla en él: lo lee como una insuficiencia. Pero cuando el objeto frustra pero renueva, esa diferencia entre lo buscado y lo encontrado relanza la causa. 

Con la operatoria del Nombre del padre, el objeto de deseo deja de ser el niño, justamente, por ser un enigma. Esto libera al niño de satisfacerlo. 

El momento de la pérdida también está graficada en el estadío del espejo: 

i(a), la imagen real, es inaccesible y no se puede representar. No tiene ni imagen, ni palabra. Esto es lo que se pierde como naturaleza, como soma, como biología, como satisfacción y como goce total. Hemos perdido la completud que puede tener cualquier otro animal. Lo que tenemos los seres humanos es una existencia que tiene que ver con la representación.

En un principio, lo que hay es un cuerpo pulsional sin unificar. Cuando llega la madre, ¿qué es lo que la madre ve como "his magesty the baby"? Ve al yo ideal, el niño maravilloso, ese falo que sutura fugaz y provisoriamente su falta. El niño, si todo sale bien como ya vimos, va a ser destituído de ahí. i'(a) es el yo del niño, esa experiencia de completud que nos da la imagen. Uno se mira en el espejo y ve una Gestalt. En la melancolía, muchas veces este velo que nos cubre se corre y aparece algo del orden de lo siniestro. El melancólico tiene una mirada que ve tras el velo y se encuentra con el horror, como una paciente que al verse al espejo veía una calabera, o al ver un jardín veía lugar para dos tumbas.

El momento que el niño es el yo ideal, your majesty the baby, durará hasta que a la madre se le ocurra mirar para otro lado porque va a tener otro hijo, porque se quiere ir con su pareja, con las amigas o lo que sea. El niño, que creía ser una unidad con el Otro, dándole consistencia, deberá entonces preguntarse "¿Qué me quiere?" (Chi voui?). Esa es la eperiencia de castración del Otro, el enigma de su deseo insatisfacible que el sujeto no está destinado a satisfacer. Obviamente el neurótico no quiere saber nada de esto y quiere la satisfacción. El análisis vuelve a pasar por este momento para mostrarle que no es imposible satisfacer al Otro, que no es posible, que el Otro está habitado por una falta y que tendrá que llevar adelante su deseo.

Lo que queda fuera de la representación no deja de existir y paradójicamente causa toda representación. Aquello que no se deja representar es la causa de que se represente. Lo que pedemos nos pone en falta y lo que nos pone en falta nos hace desear y buscar satisfacciones parciales. El neurótico insiste con que sea total, pero eso es imposible.

En el grafo del deseo, partimos de un sujeto mítico que se cruza con la cadena significante. En este cruce, el sujeto pierde el paraíso y pasa a ser representado por la cadena significante. De ahí en más, el sujeto solamente en el discurso y en el decir va a tener acceso a los objeto de satusfacción, que serán siempre parciales. El objeto total se pierde con la entrada en el lenguaje. 

Estas tres escrituras de Lacan dan cuenta de esa pérdida originaria para constituirnos en sujetos de la lengua. Se repite la diferencia, porque el objeto de satisfacción está perdido. En los animales hay instinto, un saber inmediato y perfecto sobre el objeto, en no hay dudas de qué comen o con cómo se procrean. El sujeto del inconsciente pierde el instinto y la naturaleza y en lugar del instinto está la pulsión y la ética.

El psicoanálisis defiende una ética. Lacan decía que aquel que cree saber qué le conviene al otro, es un canalla. Es fundamental en la clínica no saber qué es lo que le conviene al otro, dejando de lado lo que creemos. Un analista no resuelve, sino que propicia el decir del paciente para que se encuentre con lo que desea. A veces la urgencia de lo actual funciona como una trampa que nos invita a resolver.

Distintas formas de la repetición.
En 1920 Freud inaugura la repetición en Más allá del principio del placer. En el juego fort-da del nieto de Freud, el niño tira de un carretel y lo recupera tirando de un hilo. El niño manifiesta una felicidad mayor cuando lo expulsa que cuando lo recupera. Freud lo interpreta como un intento de elaborar la ausencia. Lacan dice que el carretel es el niño, identificado a un objeto, arrojando el objeto fuera de la mirada del Otro, festejando una existencia por fuera del campo del Otro.

El acting out es otro modo de reptición y Freud lo trabaja en Recordar, repetir y elaborar. En el acting se pone en escena algo que el sujeto no logra decir. Es algo mudo, de difícil asociación, en donde hay que armar alguna construcción que permita hacer alguna ligadura. Hay actings sutiles y otros más graves. Todo lo que ingresa en una sesión es material analítico, como la forma de saludar.

Hay actings que son formas de procesamiento inconsciente del objeto. Por ejemplo, un paciente que siempre dice "estoy muerto", supuestamente porque está cansado. 

Fuente: Notas de la conferencia dictada por Miriam Bercovich del 9/01/2020, titulada "La repetición. Un padecimiento que no cesa" - Institución Fernando Ulloa.

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