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martes, 29 de septiembre de 2026

El objeto perdido: de la sexualidad infantil al hallazgo de objeto

Para abordar la noción de objeto en psicoanálisis, podemos partir de la lectura que Lacan realiza de los textos freudianos. Esta lectura introduce un desvío fundamental respecto de ciertas concepciones posteriores que imaginaron la relación de objeto como una relación armónica, completa y destinada a alcanzar una adecuada adaptación. El texto freudiano, por el contrario, conduce en otra dirección: el objeto no se presenta como algo que simplemente está allí para ser encontrado, sino como algo perdido que se busca y que, en todo caso, sólo puede ser reencontrado.

Esta dimensión de pérdida está presente desde el comienzo. En los Tres ensayos de teoría sexual, Freud introduce la sexualidad infantil y muestra que la pulsión sexual no aparece súbitamente con la pubertad, sino que posee una historia, un desarrollo y diversas formas de satisfacción.

En este recorrido adquiere especial importancia el período de latencia. Freud sitúa allí un tiempo que se extiende aproximadamente entre los cinco, seis o siete años y el comienzo de la pubertad. La latencia produce una división en la sexualidad humana: por un lado, quedan las primeras organizaciones de la sexualidad infantil; por otro, la sexualidad que se reorganizará con la pubertad.

No se trata simplemente de un período de ausencia de sexualidad. Durante la latencia interviene la represión y se constituyen aquello que Freud denomina diques frente a la pulsión: el asco, la vergüenza, las exigencias estéticas y morales. Estas formaciones no deben pensarse únicamente como resultado de la educación, sino como parte de la propia construcción psíquica. En ellas intervienen tanto la sublimación como las formaciones reactivas.

La latencia tampoco necesariamente transcurre de manera silenciosa. En determinadas circunstancias puede producirse una irrupción de excitación sexual que no logra encontrar una vía de sublimación y que puede expresarse mediante síntomas.

Así, Freud plantea una sexualidad organizada en dos grandes tiempos. El primero comprende las organizaciones oral, anal y fálica; luego de la latencia, la pubertad inaugura una nueva organización de la vida sexual. Algo semejante ocurre con la elección de objeto, que también se despliega en dos momentos: una primera elección en la infancia y una segunda en la pubertad.

La organización oral

En la etapa oral, Freud toma el chupeteo como modelo de las primeras exteriorizaciones sexuales infantiles. La satisfacción pulsional se produce inicialmente en el propio cuerpo: es el terreno del autoerotismo.

El chupeteo parte de una función corporal, la alimentación, pero rápidamente muestra que la satisfacción sexual puede independizarse de esa función. Los labios se constituyen como zona erógena y la experiencia del placer adquiere una relativa autonomía respecto de la necesidad de alimentarse.

Aquí aparece un concepto central: el de zona erógena. Cualquier sector del cuerpo, e incluso determinados órganos internos, puede adquirir un valor erógeno. Freud señala que este desplazamiento de la erogeneidad puede observarse de manera particularmente clara en la histeria.

La meta de la pulsión sexual infantil consiste en producir satisfacción mediante la estimulación de una zona erógena. El modelo inicial es el mamar: una experiencia en la que necesidad y satisfacción pulsional aparecen estrechamente ligadas, aunque posteriormente puedan separarse.

La organización anal

En la etapa anal vuelve a producirse un apoyo de la satisfacción pulsional sobre una función corporal. La zona anal adquiere un valor erógeno particular y las experiencias de retención y expulsión se convierten en fuentes de excitación.

Los trastornos intestinales de la infancia pueden intensificar estas sensaciones. Pero Freud introduce aquí algo más: la relación del niño con sus propios excrementos.

El contenido intestinal es vivido inicialmente como una parte de sí mismo y puede adquirir el valor de un primer objeto que el niño entrega al adulto. La expulsión o la retención pueden entonces convertirse en modos de expresar obediencia, desafío o rechazo.

Ese objeto puede adquirir posteriormente nuevas significaciones. En las teorías sexuales infantiles, por ejemplo, Freud encuentra la equivalencia entre las heces y el hijo: aquello que se produce en el interior del cuerpo y luego se expulsa puede constituir un modelo para imaginar el nacimiento.

La retención, por su parte, queda ligada a determinadas modalidades de satisfacción y constituye, para Freud, una de las raíces del estreñimiento en las neurosis.

La organización fálica

La organización fálica introduce una nueva modalidad de relación con el cuerpo. Tanto en el niño como en la niña, los genitales se convierten en zonas de intensa excitación, favorecida también por las prácticas de cuidado e higiene.

En este período adquiere especial relevancia la masturbación infantil. Freud distingue diferentes momentos de su aparición: una primera manifestación durante la lactancia, una segunda alrededor del cuarto año y una tercera con la pubertad.

La desaparición de la actividad masturbatoria durante la infancia no supone necesariamente su eliminación definitiva. Puede reaparecer posteriormente, particularmente alrededor de los cuatro años, cuando la excitación sexual vuelve a adquirir intensidad. Si esta actividad continúa sin interrupción hasta la pubertad, Freud la considera indicativa de una excitación que no ha podido ser suficientemente sofocada o reprimida.

La segunda activación sexual infantil resulta especialmente importante porque deja huellas inconscientes que participan en la constitución del carácter y en la posterior formación de síntomas neuróticos.

Pero la sexualidad infantil no se reduce a las zonas erógenas. Freud describe también componentes pulsionales vinculados con el placer de mirar, el exhibicionismo y la crueldad. Estos componentes poseen inicialmente cierta autonomía respecto de las zonas erógenas y sólo posteriormente se articulan con la vida sexual.

El niño manifiesta curiosidad por los cuerpos y los genitales de los otros, desea mirar y ser mirado, y puede mostrar su cuerpo sin experimentar todavía la vergüenza que posteriormente limitará estas conductas. Con la constitución de ese dique, la curiosidad puede transformarse en una posición más próxima a la del mirón.

Algo semejante sucede con la crueldad. Freud señala que la capacidad de detenerse frente al dolor del otro se desarrolla posteriormente. En este punto relaciona la crueldad infantil con la pulsión de apoderamiento.

Entre los tres y los cinco años aparece además otra dimensión fundamental: la pulsión de saber. El niño comienza a interrogarse con particular intensidad acerca de los problemas sexuales. La pregunta por el origen de los niños, la diferencia sexual y la existencia del genital constituyen algunos de los enigmas alrededor de los cuales se construyen las llamadas teorías sexuales infantiles.

Esta investigación tiene un carácter particularmente singular. Es, en buena medida, una investigación solitaria: el niño comienza a producir respuestas propias frente a aquello que los adultos no pueden responder completamente. De este modo, se inaugura también un movimiento de separación respecto de aquellos otros en quienes hasta entonces había depositado su confianza.

La pubertad y la reorganización de la sexualidad

Después de la latencia se produce una nueva oleada pulsional. Con ella se inaugura otra organización de la sexualidad: las distintas pulsiones parciales y las zonas erógenas comienzan a articularse bajo el primado de la zona genital.

Freud ubica aquí una nueva meta sexual y señala la subordinación de la pulsión sexual a la función reproductiva. Sin embargo, este pasaje no ocurre automáticamente ni de la misma manera en todos los sujetos. Para que pueda producirse, intervienen las disposiciones originarias y las particularidades de cada una de las pulsiones.

Por eso Freud habla de inhibiciones del desarrollo cuando este pasaje presenta perturbaciones.

La pubertad introduce además una transformación en el modo en que se organiza la excitación sexual. Las zonas erógenas no desaparecen: se insertan en un nuevo orden y participan de la preparación de la excitación sexual.

La excitación implica una relación particular entre placer y tensión. La estimulación de las zonas erógenas produce placer, pero al mismo tiempo incrementa la tensión que reclama una satisfacción posterior. Freud formula aquí una pregunta decisiva: ¿cómo es que un placer puede despertar la necesidad de un placer mayor?

La respuesta nos conduce a distinguir entre el placer preliminar y el placer final. Las zonas erógenas proporcionan determinadas cuotas de placer que, lejos de cerrar el circuito, contribuyen al incremento de la tensión sexual. El orgasmo constituye una modalidad de satisfacción diferente, ligada a la descarga y a la reducción de la tensión libidinal.

Se trata, entonces, de una nueva organización de elementos que ya estaban presentes en la sexualidad infantil.

Del autoerotismo al hallazgo de objeto

Es en este punto donde Freud introduce una cuestión fundamental: junto con el pasaje desde el autoerotismo hacia una nueva meta sexual se produce el hallazgo de objeto.

Sin embargo, hablar de hallazgo puede resultar engañoso si imaginamos que se trata simplemente de encontrar un objeto que estaba perdido en el mundo. Freud mismo señala que este encuentro está preparado desde la primera infancia.

La experiencia del pecho materno constituye el modelo inaugural del vínculo amoroso. La primera satisfacción deja una huella que orientará posteriormente la búsqueda de objeto. Por eso Freud puede afirmar que el hallazgo de objeto es, en realidad, un reencuentro.

El objeto buscado no es completamente nuevo: se encuentra marcado por los indicios de las primeras experiencias de satisfacción. De allí que toda elección de objeto conserve algo de la búsqueda de una satisfacción primera, de aquella dicha perdida que se intenta restaurar.

Los modelos infantiles de amor están ligados inicialmente a las figuras parentales. Pero la barrera del incesto impide que esa elección pueda mantenerse directamente sobre ellas, orientando la búsqueda hacia otros objetos.

Aquí encontramos un punto decisivo para pensar la relación de objeto desde el psicoanálisis: el objeto no aparece como aquello que completa al sujeto, sino como aquello que se busca a partir de una pérdida y de una falta.

Es precisamente este punto el que Lacan retoma en el Seminario IV, La relación de objeto. Su lectura introduce la noción de falta de objeto y articula las distintas modalidades de esa falta con los registros Real, Simbólico e Imaginario.

De este modo, Lacan también permite revisar críticamente las lecturas posteriores que hicieron de la relación de objeto una suerte de relación armónica entre un sujeto y un objeto capaz de satisfacerlo. La lectura lacaniana de Freud devuelve al centro de la cuestión aquello que el propio Freud había dejado planteado: la búsqueda del objeto está atravesada desde el comienzo por una pérdida.

Es desde esta perspectiva que podemos leer la sexualidad infantil, sus diferentes organizaciones y el pasaje por la pubertad no como una progresión lineal hacia un objeto finalmente adecuado, sino como un recorrido marcado por la pulsión, la falta y la búsqueda de aquello que, en rigor, nunca puede ser reencontrado tal cual fue.

En este sentido, el Seminario IV de Lacan constituye una referencia fundamental para profundizar estas cuestiones y para interrogar los desvíos que se produjeron en ciertas lecturas posfreudianas de la relación de objeto.

lunes, 28 de agosto de 2023

La noción de falta de objeto

Hoy ubicaremos la noción de objeto desde la lectura que hace Lacan de los textos freudianos, donde nos trae los ejes de un desvío muy fundamental en las lecturas. Se trata de un ideal de relación de objeto armónica y completa que el texto freudiano contradice.
La noción de objeto se presenta de entrada en una búsqueda de objeto perdido. El objeto es siempre a reencontrar, por eso se trata de la búsqueda del objeto. Así lo puntualiza Lacan, siguiendo la letra freudiana.

En los “Tres ensayos de teoría sexual”, Freud nos plantea un concepto fundamental como el de sexualidad infantil y nos dice que dicha sexualidad contiene los rasgos de la pulsión sexual y el camino de su desarrollo.

Le da todo su valor a la latencia como fenómeno psíquico que se pone en juego entre los cinco, seis o siete años hasta cuando comienza la pubertad.

La latencia divide en dos partes la sexualidad en el hombre, por obra de la represión. Es un tiempo donde se forma lo que después serán inhibiciones de la pulsión sexual, los diques del asco, la vergüenza, la estética y la moral.

Estas construcciones no provienen de la educación, sino que tienen que ver con las etapas de construcción psíquica. Son los mecanismos de la sublimación y las formaciones reactivas de la pulsión.

Algunas veces la latencia no es silenciosa e irrumpe un monto de excitación sexual que no pudo sublimarse y produce síntomas.

La latencia, entonces, divide la sexualidad humana en dos tiempos, la etapa oral, anal y fálica por un lado, y por el otro la pubertad.

La elección de objeto también se da en dos tiempos, la primera entre los dos y cinco años, y la segunda con la pubertad.

Etapa oral

El chupeteo es modelo de las exteriorizaciones sexuales infantiles. La pulsión se satisface en el cuerpo propio (autoerotismo). Parte del chupeteo, pero avanza diciendo que otro sector de la piel o de las mucosas puede convertirse en zona erógena.

El concepto de zona erógena es importante. Cualquier sector del cuerpo o de los órganos internos puede tener la propiedad de la erogeneidad. Este desplazamiento lo vemos claramente, nos dice Freud, en la histeria.

Los labios del niño se tornaron zona erógena y la leche le dio placer. O sea que, al comenzar, la satisfacción erógena quedó unida a la necesidad de alimentación.

La meta sexual de la pulsión infantil es producir satisfacción por estimulación de la zona erógena. La necesidad de repetir la satisfacción se da, por un lado, por un sentimiento de tensión, de displacer, y por otro lado, por una sensación de estímulo proyectada a la zona erógena. El modelo de satisfacción es mamar.

Etapa anal

Al igual que la zona de los labios, la erogenización de la zona anal se apoya en funciones corporales. Este sector del cuerpo tiene un alto valor erógeno.

En la infancia, los trastornos intestinales procuran excitaciones en esta zona, ya sea por constipación o por múltiples evacuaciones. El juego entre expulsión y retención provoca sensaciones que son un fuerte estímulo.

También podemos considerar, nos dice Freud, que el hecho de que un lactante se rehúse a vaciar el intestino en el lugar donde se lo indica el adulto sea un signo de futuro nerviosismo (niños díscolos).

El contenido de los intestinos es tratado por el niño como una parte de su propio cuerpo. Representa el primer regalo que hace al adulto y expresa con él su obediencia o su desafío.

El “regalo”, más tarde, el niño lo significará como “hijo” según las teorías sexuales infantiles: un niño nace porque algo se ingiere y es dado a luz por el intestino.

La retención de las heces es una de las raíces del estreñimiento en los neuróticos.

Etapa fálica

En los varones y en las niñas, la etapa fálica se relaciona con la micción (glande y clítoris). Por las secreciones, por los lavados y cuidados higiénicos, son zonas de mucha excitación y de sensaciones placenteras.

Este tiempo también se caracteriza en el niño pequeño por el onanismo, que establece la primacía de esta zona erógena para la actividad sexual posterior.

Tenemos que distinguir tres fases en la masturbación infantil: la primera corresponde al tiempo de lactancia, la segunda se desarrolla hacia el cuarto año, y la tercera en la pubertad.

Si el onanismo de lactancia desaparece, puede volver a presentarse la pulsión sexual en esta zona cerca de los cuatro años, hasta que una nueva sofocación la detenga, o bien puede seguir sin interrupción.

Si continúa ininterrumpidamente hasta la pubertad, es problemática, ya que indica una excitación que no pudo ser sofocada o reprimida.

La segunda activación sexual infantil deja huellas inconscientes profundas que determinan su carácter y la sintomatología de la neurosis.

La vida sexual infantil, nos aclara Freud, muestra componentes pulsionales que, a pesar del lugar privilegiado de las zonas erógenas, son la pulsión del placer de ver y de exhibir, y el de la crueldad. Aparecen con independencia de las zonas erógenas, y más tarde entran en relación con la vida sexual.

El niño pequeño tiene curiosidad de ver los genitales de otras personas, quiere exhibir su cuerpo y andar desnudo por la casa. Luego, la vergüenza pone un dique y los niños se convierten en mirones.

La crueldad es característica del carácter infantil. La posibilidad de detenerse frente al dolor del otro se desarrolla más tarde. Freud lo conecta con la pulsión de apoderamiento: niños que ejercen una particular crueldad hacia los animales y los compañeros de juego.

Entre los tres y los cinco años se inicia una actividad que permanece unida a la pulsión de saber o investigar. La pulsión de saber de los niños recae con intensidad sobre los problemas sexuales y se despierta por ellos.

La pregunta fundamental sobre el origen de los niños y la suposición de que todos los seres humanos poseen un genital como el suyo pulsan e impulsan estos enigmas. Así es como el niño construye las teorías sexuales infantiles.

La investigación sexual de la primera infancia es solitaria. Es un primer paso hacia la orientación autónoma en el mundo y establece un apartamiento del niño de las personas de su entorno en los que fundaba su confianza.


Luego de la latencia, es decir, el tiempo de la represión, viene una oleada pulsional que abre otro tiempo.

Este nuevo tiempo nos trae una nueva meta sexual que se alcanza con la cooperación de todas las pulsiones parciales y las zonas erógenas que se subordinan al “primado de la zona genital”. La pulsión sexual se pone al servicio de la función reproductora.

Para que todo este pasaje se produzca con éxito, nos dice Freud, es preciso que se cuente con las disposiciones originarias y todas las particularidades de las pulsiones. Esto quiere decir que el pasaje no se da per se ni en todos los sujetos igual.

A las perturbaciones de este pasaje las que llama “inhibiciones del desarrollo”.

Es característico de esta etapa el crecimiento de los genitales externos y el desarrollo de los genitales internos.

Este aparato debe ponerse en marcha por estímulos externos (por excitación de las zonas erógenas), desde el interior del organismo y desde la vida anímica. Estos tres factores generan un estado de “excitación sexual”. Este estado provoca un sentimiento de tensión y alteraciones en los genitales (erección del miembro masculino y humectación de la vagina en la mujer) que es preparatorio para el acto sexual.



Dijimos, entonces, que durante esta metamorfosis las zonas erógenas se insertan en un nuevo orden, y tienen un papel importante en la introducción de la excitación sexual.

La excitación se conecta por una parte con el placer, y por otra con el aumento de la tensión que termina siendo displacentero. La excitación sexual reclama más placer, es pulsionante.

Freud aquí nos plantea un problema: “¿De qué modo el placer sentido despierta la necesidad de un placer mayor?”.

Las zonas erógenas cumplen un papel muy importante. Mediante su estimulación brindan un cierto monto de placer, y es desde aquí que se inicia un incremento de la tensión para llevar finalmente al acto sexual. El placer último, el de la descarga (el orgasmo), es un placer de satisfacción, y con él se elimina la tensión de la libido.

Este placer final es nuevo y depende de condiciones que sólo se instalan con la pubertad. El placer de las zonas erógenas pertenece a placer preliminar y deriva de la vida sexual infantil.

La activación autoerótica de las zonas erógenas es igual en ambos sexos en la niñez, y la diferencia de los sexos en este punto se establece en la pubertad.

El texto nos aporta una tesis en relación a las manifestaciones autoeróticas y masturbatorias: “La sexualidad de la niña pequeña tiene un carácter enteramente masculino”. Hace una distinción entre masculino y femenino, y se refiere a la pulsión activa o pasiva (que, nuevamente, debemos pensar como posiciones).

Junto con el cambio de lo autoerótico a la nueva meta sexual se da el hallazgo de objeto.

Nos dice Freud que el hallazgo de objeto está preparado desde la más temprana infancia.

El hecho de mamar el pecho materno se vuelve modelo para todo vínculo de amor. El hallazgo o encuentro de objeto es un reencuentro. Siempre se trata de restaurar la dicha perdida.

La elección de objeto es guiada por indicios infantiles, renovados en la pubertad, cuyos modelos de amor han sido los padres. Por la barrera del incesto esa elección se orienta hacia otras personas.

Lacan toma este texto en el Seminario IV: La relación de objeto, donde coloca sus aportes a este texto, la noción de falta de objeto y los tres registros (Real, Simbólico e Imaginario) en relación a las categorías de la falta. Así, nos puntualiza los desvíos de los psicoanalistas que siguieron a Freud.

jueves, 21 de febrero de 2019

La sexualidad infantil en Freud (2)


Continuamos nuestro recorrido por la teorización freudiana sobre la sexualidad infantil. En esta ocasión, abordaremos la zona anal, la fálica y el posterior período de represión de la actividad pulsional.

[La primera parte de esta serie puede leerse en La sexualidad infantil en Freud.]

Freud investiga sobre la meta sexual de la sexualidad infantil y nos habla de las zonas erógenas. Parte del chupeteo, pero avanza para decirnos que otro sector de la piel o de las mucosas puede convertirse en zona erógena.

El niño chupeteador busca sectores de su cuerpo que pueda chupar (como el dedo del pie). Cuando se encuentre con las zonas predestinadas al placer, estas se convertirán en predilectas. Este desplazamiento aparece en los síntomas de la histeria: cualquier sector del cuerpo o de los órganos internos puede tener la propiedad de la erogeneidad.

La meta sexual de la pulsión infantil es la de producir satisfacción por estimulación de la zona erógena. La necesidad de repetir la satisfacción se da, por un lado, por un sentimiento de tensión, de displacer, y por otro lado hay una sensación de estímulo proyectada a la zona erógena. Este estímulo externo consiste, la mayoría de las veces, en la manipulación “análoga al mamar”.

Si el modelo de satisfacción es el mamar, ¿cómo pensar las sustituciones por otras acciones musculares cuando se activan zonas diferentes del desarrollo pulsional del niño?

viernes, 21 de octubre de 2016

Las Etapas de la Evolución Psicosexual desde Freud.

La teoría de Freud es conocida como la evolución de la vida afectiva y tiene que ver con la persona en su totalidad. Desde el momento de nacer el hombre incompleto es un ser en búsqueda de equilibrio, busca la no necesidad puesto que el equilibrio existe cuando no se necesita nada. Freud formula los estadios del desarrollo de la sexualidad del niño, a los cuales corresponden los estadios de desarrollo afectivo e incluso los del desarrollo psíquico en su totalidad. Estos estadios se hallan relacionados con la génesis del aparato psíquico y resultan de una serie de desarrollos: desarrollo de pulsiones y desarrollos del ello, yo. Y superyo, y de las interacciones de los diversos desarrollos. Cada estadio se compenetra con el siguiente, de modo que la transición de uno a otro es gradual. Por esta razón la duración de los tiempos otorgados a cada estadio, deben ser considerados como de tipo promedio.

ETAPA ORAL (0 a 2 años)
La etapa oral de succión es la base para la relación con otros y en la etapa canibalística se empieza a establecer la relación objetal. durante los primeros meses de vida, la lengua, la boca constituyen la principal fuente de placer. Las primeras manifestaciones de la sexualidad aparecen enlazadas a la función vital de incorporación de alimentos. En la búsqueda del equilibrio el recién nacido recurre a lo único que tiene a su alcance : la boca que es por donde ingresa el alimento (primer equilibrador para la primera necesidad) y asociado a el esta el afecto materno que implica seguridad protección. La tendencia bucal se hace autoerótica: cuando el bebe esta frustrado, ansioso elimina o disminuye esta situación mediante el chupeteo.
Con respecto al aparato psíquico el yo comienza a funcionar en la ultima etapa de este estadio. El principio del placer comienza a entrar en conflicto con el principio de realidad.
Si esta etapa oral ha sido superada correctamente, sin grandes traumas, el sujeto habrá aprendido a incorpora no solo alimentos sino también cariño, la información, será en adelante un sujeto receptivo. Sino el descontrol en cualquier ámbito de lo oral, será evidencia de la superación incompleta de esta etapa, ej.: “comerse las uñas porque estoy nervioso”.
privación : depresión, esquizofrenia, bulimia o anorexia.
sublimación: canto y estudio.

ETAPA ANAL (2 a 3 años)
Las heces son la primera entrega del niño hacia el mundo. En la anal expulsiva el placer está en destruir sádicamente y en la anal retentiva el placer está en tener el control de los objetos. entre los dos y cuatro años el otro extremo del aparato digestivo se constituye en la zona erógena: el ano. Existe una sensación de placer relacionada con la excreción. Hay que tener en cuenta que este es el periodo donde esta realizando el aprendizaje de control de esfínteres. Por otra parte el niño se siente orgulloso por ser capaz de producir y obsequia su producto a su madre. Presiente que puede controlar la reacción de los demás que están pendientes de el. Por primera vez va a ser el quien va a dar y otro quien recibe y ejercita esa novedad. De aquí saldar el sujeto capaz de enfrentarse bien con lo laboral, alegre de producir, capaz de tarea fecunda. De aquí surgen los primeros parámetros de orden prolijidad, aseo, etc.
En este estadio el yo esta totalmente formado, es plenamente un sujeto independiente de los otros. Con el comienzo de la educación del control de esfínteres, el niño comienza a interiorizar prohibiciones lo que favorece que comience a formarse un precursor del superyo.
Lo mas importante de este estadio no es el placer de retener o expulsar sino que por primera vez se produce un agudo conflicto entre las ideas de los padres y el deseo del niño por hacer lo que quiere.
fantasías : acto sexual en forma de lucha, de intercambio de materias fecales y el parto anal.
sublimación: creación, trabajos manuales y colecciones.

ETAPA FÁLICA O EDIPICA (3 a 5-6 años)
Se dan los complejos de castración  y los complejos de Edipo y Electra. En este estadio pasan a ocupar el primer lugar los órganos genitales. El niño se procura placer a través de la manipulación de esa zonas y existe un gran predominio de tendencias exhibicionistas.
Complejo de castración: en esta etapa el niño se siente orgullo sus órganos sexuales y el temor de que algo le pase se denomina angustia de castración. Señala la entrada de la niña en el complejo de edipo y la finalización de este periodo en el niño. La angustia de castración inaugura en el nene el estadio de latencia.
Complejo de Edipo: puede ser considerado como el apogeo de la sexualidad infantil. En esta etapa el niño experimenta en relación a sus padres deseos amorosos y hostiles. Consiste en el amor hacia el progenitor del sexo opuesto y celos hacia el progenitor del mismo sexo. El ni{o quiere ser como su papá y reemplazarlo en todo, se puede decir que hace de su padre un ideal., se identifica con el, a la vez toma a su madre como objeto de amor. Comienza a percibir u entre el y la madre el obstáculo es el padre, surge entonces el deseo de suprimirlo. El niño lo supera con la amenaza de castración y en la el caso de la niña renuncia cuando comienza a ilusionarse con ser madre, por lo que se empieza a acercar a su mamá.
En este estadio el se constituye el superyó como instancia diferenciada del YO, esto es así porque el niño internaliza prohibiciones. El superyó es heredero de los padres, no solo como fuente de amenazas y castigos sino como o fuente de amor y protección.
El complejo de Edipo constituye la culminación normal del desarrollo psicosexual del niño Desempeña un papel fundamental en la estructuración de la personalidad y en la orientación respecto a la elección de pareja.
Al final de esta etapa las tres instancias psíquicas están constituidas. El Ello permanece como la capa profunda de donde surgen tendencias en búsqueda d satisfacción. El Yo asume funciones de relación con el mundo exterior, el superyo representa las tendencias morales y los ideales. El éxito que el Yo tenga respecto a
  • ·    La adaptación a las exigencias del mundo exterior.
  • ·    A la satisfacción adecuada del ello.
  • ·    De las exigencias del superyó.

Va a determinar las características de la personalidad del sujeto.

ETAPA DE LATENCIA (6 a 12 años)
La energía libidinal se orienta a desarrollar las facultades del yo y a sublimar. Empieza la extraversión. aparentemente la crisis afectiva a quedado de lado, el sujeto puede dedicarse plenamente a otra tarea como incorporarse a la sociedad, a la escuela, etc. Los impulsos sexuales y agresivos quedan como dormidos hay un aquietamiento temporario o en estado "latente”.

ETAPA GENITAL (12 años en adelante)
Surge fuertemente la libido pero inconcientemente aún con objetos paternos. La contradicción se controla por la intelectualización y el ascetismo. La libido se desarrolla cuando se logra superar totalmente la castración. Durante la pubertad surgen transformaciones debidas al crecimiento físico donde hace irrupción las hormonas al torrente sanguíneo. Comienza la atracción hacia el sexo opuesto. El adolescente se angustia por su soledad y por eso va a recurrir a uniformarse en el vestir a adoptar un lenguaje común, hacer lo que el grupo festeje, a buscar un lugar para si en el grupo. Y en un intento de demostrar que no necesita a nadie va a rebelarse en contra de los padres, de las normas que estos imponen.
El ser que se busco a si mismo, su integridad, su equilibrio, el placer de la no necesidad a través de la incorporación (etapa oral), la producción (etapa anal), de la relación con el otro(etapa fálica) ahora debe asumir su propia plenitud. Si a la adolescencia logra utilizarla para encontrarse en vez de para aturdirse, si utiliza sus posibilidades intelectuales nuevas cerca de los 18 años podrá acceder a una definición coherente de si mismo, se habrá encontrado y terminara de estructurar su personalidad, revisara los valores infantiles, quitara los que ya no les sirve y elaborara su escala de valores personal.