La constitución del sujeto (su advenimiento a la existencia) supone necesariamente un alojamiento en el campo del Otro. El Otro no constituye únicamente el lugar en el que se articula la cadena significante, sino también el lugar en el que el sujeto se confronta con un deseo que lo precede y que, de algún modo, lo convoca.
La entrada en el campo del Otro puede producirse a través del S1, del significante amo, pero también por la vía del objeto a. Ambos términos ponen en juego la dimensión de la insignia. En este punto, resulta fundamental considerar que, en su constitución, el sujeto se encuentra inicialmente en una posición de objeto respecto del deseo del Otro: ocupa ese lugar en la medida en que puede llegar a funcionar como aquello que causa dicho deseo.
A partir de esta distinción, cabe interrogar qué diferencias introduce en la posición subjetiva el hecho de que, en el advenimiento del sujeto, haya tenido una incidencia predominante la dimensión del deseo o, por el contrario, la del goce.
La clínica analítica se encuentra con determinadas presentaciones en las que el sujeto parece mostrar una particular resistencia a dejarse afectar por la palabra. Se trata de posiciones en las que el anclaje subjetivo parece encontrarse fuertemente ligado a una modalidad de satisfacción, a un modo de goce de considerable intensidad, cuya consistencia puede volver particularmente difícil su conmoción mediante la intervención significante.
Esto introduce una dificultad específica para la clínica, ya que el trabajo analítico puede quedar rápidamente empantanado o, incluso, encontrar obstáculos para constituirse como tal. Es una coyuntura que puede observarse con particular claridad en sujetos capturados por alguna forma de adicción. Y, más allá de las diferencias que existen entre las distintas modalidades de adicción, la cuestión no parece reducirse exclusivamente a la relación con una sustancia: también puede pensarse en términos de la incidencia del plus de gozar en la economía fantasmática.
Volvamos entonces a la posición del objeto a en el fantasma. Si el objeto a puede ocupar el lugar de causa del deseo, pero también condensar una modalidad de satisfacción y funcionar como plus de gozar, cabe preguntarse si aquello que encontramos como refractario a la palabra no constituye precisamente un efecto de la incidencia que esta dimensión del a adquirió en el vínculo del sujeto con el Otro.
La cuestión clínica sería, entonces, discernir qué ha predominado en esa constitución: la dimensión del objeto en tanto causa del deseo o aquella en la que el objeto queda capturado como modalidad de goce. No se trataría de establecer una oposición simple entre deseo y goce, sino de interrogar qué posición ocupa el sujeto respecto de cada uno de ellos y, fundamentalmente, qué lugar conserva allí la palabra como posibilidad de producir una transformación en esa relación.



