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lunes, 26 de octubre de 2026

El ello pulsional: características, principios y funcionamiento metapsicológico

El ello pulsional, además de ser el lugar donde se alojan las pulsiones, es una instancia del aparato psíquico cuyo funcionamiento responde a una legalidad diferente de la que rige al yo y a la conciencia. Comprender esa legalidad permite pensar fenómenos clínicos que, desde la perspectiva de la racionalidad consciente, parecen absurdos, contradictorios o incluso contrarios a los intereses del sujeto.

Partamos de Freud, especialmente de La interpretación de los sueños (1900), Pulsiones y destinos de pulsión (1915), Lo inconsciente (1915), Más allá del principio de placer (1920) y El yo y el ello (1923). Después podemos profundizar en las consecuencias clínicas y en las diferencias que introduce Lacan.

1. ¿Qué es el ello?

El concepto de ello (das Es) adquiere su formulación sistemática en la segunda tópica freudiana, desarrollada en El yo y el ello (1923).

Freud abandona allí la equivalencia entre inconsciente y reprimido. El inconsciente no es una instancia homogénea: también hay aspectos inconscientes del yo y del superyó. Por eso, la distinción entre consciente e inconsciente no coincide con la distinción entre las instancias psíquicas.

El ello designa el polo pulsional del aparato psíquico. Es el reservorio de las exigencias pulsionales, pero no debe imaginarse como un recipiente estático que contiene fuerzas ya constituidas. Esas exigencias tienen una dinámica propia: producen tensiones, buscan satisfacción, se enlazan con representaciones y entran en conflicto con otras exigencias y con las condiciones que impone la realidad.

Freud lo caracteriza mediante una serie de propiedades fundamentales:

  • Es impersonal: no constituye un sujeto que reflexiona, delibera o toma decisiones conscientes.
  • Es inconsciente: sus procesos no son accesibles directamente a la conciencia, aunque sus efectos puedan hacerse perceptibles.
  • Es atemporal: sus procesos no se ordenan según una cronología equivalente a la del yo consciente.
  • No reconoce la contradicción del mismo modo que el pensamiento consciente: tendencias opuestas pueden coexistir sin cancelarse mutuamente.
  • No se organiza según el principio de realidad: no evalúa por sí mismo las consecuencias prácticas de la satisfacción.
  • Se encuentra orientado por las exigencias pulsionales: busca tramitar las tensiones y alcanzar formas de satisfacción.

Una precisión importante: que el ello sea inconsciente no significa que todo lo inconsciente pertenezca al ello. Tampoco significa que las pulsiones sean representaciones inconscientes ya formadas. En Freud, la pulsión se sitúa en la frontera entre lo somático y lo psíquico; para hacerse operativa en el aparato psíquico, se encuentra ligada a representantes psíquicos.

Podríamos formularlo así: el ello no pregunta si una satisfacción es conveniente, coherente o moralmente aceptable; esas preguntas corresponden a otras operaciones del aparato psíquico.

Pero esto no quiere decir que el ello sea una fuerza simple que siempre exige una descarga inmediata. Sus procesos son más complejos, y esa complejidad se vuelve especialmente visible cuando examinamos sus principios de funcionamiento.

2. ¿Qué principios gobiernan al ello?

Aquí conviene distinguir entre principios económicos, que describen el movimiento de la energía psíquica, y principios funcionales, que describen la lógica de los procesos inconscientes.

A. El principio de placer

Es uno de los principios fundamentales para comprender el funcionamiento del aparato psíquico.

En términos generales, el principio de placer orienta los procesos psíquicos hacia la disminución del displacer y la obtención de placer. En la primera formulación freudiana, el displacer se encuentra asociado con el incremento de la excitación y el placer con su disminución.

Sin embargo, esta relación no debe entenderse de manera demasiado mecánica. Freud fue modificando sus formulaciones económicas y reconoció que la relación entre placer y cantidad de excitación no es tan sencilla como podría parecer.

Lo importante es que el aparato psíquico no se orienta primariamente hacia la adaptación racional, sino hacia la tramitación de las exigencias pulsionales.

Consideremos un ejemplo clínico. Un sujeto siente una intensa necesidad de obtener el reconocimiento de otra persona. Aunque esa persona lo rechace reiteradamente, el sujeto insiste en buscar su aprobación. Desde una perspectiva racional, la conducta puede parecer contraproducente: cada nuevo rechazo aumenta su sufrimiento.

Sin embargo, es posible que la insistencia conserve alguna forma de satisfacción pulsional, aunque el sujeto experimente conscientemente displacer.

Esto nos obliga a introducir una distinción: el displacer consciente no demuestra, por sí mismo, que el funcionamiento pulsional haya dejado de producir satisfacción.

En este ejemplo, todavía habría que investigar qué se satisface, cómo se organiza la demanda de reconocimiento y qué lugar ocupa el rechazo en la economía psíquica. No podemos deducir automáticamente una satisfacción inconsciente a partir de la mera persistencia de la conducta.

El principio de placer tampoco implica que el ello siempre obtenga placer. Indica una orientación del funcionamiento psíquico, no una garantía de satisfacción efectiva.

B. El proceso primario

El proceso primario es el modo de funcionamiento característico de los procesos inconscientes que Freud contrapone al proceso secundario.

Su rasgo económico fundamental es la movilidad de las investiduras: la energía psíquica puede desplazarse entre representaciones y concentrarse en ellas con relativa libertad.

Dos mecanismos resultan especialmente importantes.

1. El desplazamiento

La intensidad psíquica se desplaza de una representación a otra.

Una representación aparentemente secundaria puede adquirir una intensidad desproporcionada, mientras que otra, vinculada más directamente con el conflicto, queda relativamente desinvestida.

Esto permite comprender por qué un detalle, una palabra o un acontecimiento menor puede adquirir una importancia afectiva extraordinaria.

2. La condensación

Una representación puede reunir elementos procedentes de distintas cadenas asociativas.

En el sueño, por ejemplo, una figura puede representar simultáneamente a varias personas, o una escena puede reunir fragmentos de diferentes experiencias.

Estos mecanismos muestran que el inconsciente no trabaja según las reglas ordinarias del pensamiento lógico y discursivo.

Ahora bien, conviene introducir una precisión metapsicológica: el proceso primario no es exclusivo del ello, ni todo lo que ocurre en el ello puede reducirse a los mecanismos del sueño. Es una modalidad de funcionamiento psíquico especialmente característica de los procesos inconscientes, en contraste con las operaciones del proceso secundario.

C. El principio de realidad: aquello que el ello no gobierna

El principio de realidad no constituye una legalidad propia del ello. Su función se desarrolla a medida que el yo aprende a considerar las condiciones del mundo exterior.

El principio de realidad no elimina necesariamente la búsqueda de placer, sino que permite aplazarla, modificar sus condiciones o renunciar a una satisfacción inmediata para alcanzar otra posible.

Podemos esquematizar la diferencia de esta manera:

Principio de placerPrincipio de realidad
Orienta hacia la satisfacción y la reducción del displacer.Considera las condiciones efectivas para obtener satisfacción.
No exige una evaluación racional de las consecuencias.Introduce la consideración de las consecuencias.
Puede favorecer la búsqueda de una satisfacción inmediata.Permite postergarla o modificarla.
No organiza por sí mismo una adaptación al mundo exterior.Participa en la adaptación a las exigencias de la realidad.

No debemos imaginar, sin embargo, que el yo representa la realidad de manera objetiva y que el ello se limita a oponerse a ella.

El yo también es inconsciente en parte, y sus operaciones pueden estar comprometidas por defensas, identificaciones y exigencias superyoicas.

Además, el yo no es una instancia exterior a la economía pulsional: se constituye a partir de ella y mantiene relaciones complejas con sus exigencias.

Por eso, en la clínica, la oposición entre placer y realidad no siempre coincide con la oposición entre ello y yo.

Un sujeto puede actuar de manera aparentemente adaptada a la realidad y, al mismo tiempo, encontrarse sometido a una modalidad de satisfacción pulsional que reproduce su sufrimiento.

3. La atemporalidad: el ello no funciona según el tiempo cronológico

Freud atribuye a los procesos inconscientes una particular relación con el tiempo.

En Lo inconsciente (1915), señala que los procesos inconscientes no están ordenados temporalmente del mismo modo que los procesos conscientes. En El yo y el ello (1923), vuelve sobre esta propiedad al caracterizar al ello.

¿Qué significa esto? No significa que el aparato psíquico carezca de historia. Significa que los procesos inconscientes no quedan necesariamente reorganizados por el mero transcurso del tiempo.

Una experiencia infantil puede conservar eficacia psíquica mucho después de que hayan cambiado las circunstancias que la rodeaban. Una modalidad de satisfacción puede persistir sin que el sujeto reconozca su procedencia histórica.

En este sentido, podemos distinguir:

  • El tiempo cronológico: los acontecimientos suceden en una sucesión temporal.
  • El tiempo de la elaboración psíquica: el sujeto puede modificar retrospectivamente el sentido de una experiencia.
  • La atemporalidad de los procesos inconscientes: las investiduras y los deseos inconscientes no se modifican simplemente porque haya transcurrido el tiempo.

Esta última característica es particularmente importante para comprender la persistencia de ciertos conflictos.

Un sujeto puede saber perfectamente que una relación terminó hace años y, sin embargo, continuar organizando su vida afectiva alrededor de esa relación.

El saber consciente acerca del pasado no garantiza que se hayan transformado las investiduras inconscientes.

La atemporalidad no implica que el análisis sea imposible. Por el contrario, el trabajo analítico puede modificar la relación del sujeto con sus deseos, sus identificaciones y sus modos de satisfacción. Lo que no hace el mero transcurso del tiempo es garantizar esa transformación.

4. La ausencia de contradicción: el ello no razona como el yo consciente

Otra propiedad fundamental es que los procesos inconscientes no se encuentran sometidos al principio de no contradicción de la misma manera que el pensamiento consciente.

En Lo inconsciente, Freud plantea que los impulsos opuestos pueden coexistir sin anularse mutuamente.

Esto permite comprender fenómenos como la ambivalencia afectiva.

Un sujeto puede amar y odiar a la misma persona. Puede desear intensamente un encuentro y, simultáneamente, sostener una tendencia inconsciente a evitarlo. Puede anhelar una transformación y conservar una satisfacción ligada a aquello de lo que se queja.

Desde la lógica consciente, podría parecer que una de estas tendencias debería imponerse definitivamente sobre la otra.

Pero el funcionamiento psíquico no exige esa resolución.

Las tendencias inconscientes pueden coexistir, aunque sean contradictorias desde el punto de vista del yo.

Esto tiene consecuencias clínicas importantes.

Cuando un paciente dice: «Quiero separarme, pero no puedo», no necesariamente estamos ante una contradicción lógica que pueda resolverse ayudándolo a decidir.

Podría haber, entre otras posibilidades, una oposición entre distintas investiduras, identificaciones, satisfacciones pulsionales y exigencias superyoicas.

El trabajo analítico no consistiría simplemente en descubrir cuál de las dos afirmaciones es la verdadera, sino en investigar la lógica que sostiene ambas.

Conviene recordar, además, que la ausencia de contradicción no significa que el inconsciente carezca de organización. Sus formaciones están sobredeterminadas y responden a conexiones asociativas, investiduras y conflictos.

No se trata de un caos sin reglas, sino de una legalidad diferente de la del pensamiento consciente.

5. ¿El ello busca solamente la descarga?

En el primer modelo económico freudiano, el aparato psíquico se piensa a partir de la circulación de cantidades de excitación y de la tendencia a reducir las tensiones displacenteras.

Sin embargo, esta formulación se vuelve insuficiente cuando Freud encuentra fenómenos en los que el sujeto parece retornar a experiencias displacenteras. El problema se vuelve central en Más allá del principio de placer (1920).

Freud examina, entre otros fenómenos, la repetición en los sueños traumáticos, el juego infantil y la repetición de experiencias dolorosas en la transferencia.

La pregunta que se plantea es decisiva: ¿Por qué el aparato psíquico repite algo que no parece producir placer?

Si el funcionamiento psíquico estuviera enteramente subordinado a la búsqueda de placer, la repetición de experiencias displacenteras resultaría difícil de explicar. Freud propone entonces que existen fenómenos que obligan a pensar un funcionamiento situado más allá del principio de placer.

La compulsión de repetición

Se trata de un fenómeno en el que algo retorna, se reproduce o se actualiza sin que el sujeto pueda explicarlo suficientemente por sus intenciones conscientes. No es que la persona repita voluntariamente una conducta perjudicial.

En el terreno clínico, puede observarse cuando una persona reproduce reiteradamente una modalidad de relación que termina en el mismo tipo de sufrimiento.

Pero debemos ser rigurosos: no toda repetición clínica demuestra por sí sola la existencia de una compulsión de repetición en el sentido metapsicológico fuerte. Para sostener esa hipótesis hay que examinar la forma de la repetición, su relación con el conflicto y las satisfacciones involucradas.

Freud vincula este problema con la pulsión de muerte, cuya formulación introduce en 1920.

La hipótesis es que no todas las tendencias pulsionales pueden comprenderse exclusivamente como búsquedas de placer. Algunas manifestaciones de la repetición parecen remitir a una tendencia más fundamental, que Freud conceptualiza mediante la pulsión de muerte.

La pulsión de vida, por su parte, comprende las tendencias que ligan, conservan y producen unidades cada vez más amplias. La pulsión de muerte se relaciona, en su formulación especulativa, con una tendencia a retornar a un estado anterior de menor tensión, cuyo límite sería el estado inorgánico.

Esta hipótesis no debe traducirse mecánicamente como si cada conducta destructiva fuera una expresión directa y pura de la pulsión de muerte. Freud plantea una dinámica compleja, en la que las pulsiones de vida y de muerte pueden encontrarse mezcladas y adoptar destinos diversos.

Una precisión sobre los principios económicos

También es necesario distinguir tres conceptos que suelen confundirse:

  • Principio de placer: regula la tendencia a evitar el displacer y procurar placer.
  • Principio de constancia: designa la tendencia del aparato a mantener la excitación en un nivel bajo y relativamente estable.
  • Principio de Nirvana: en la elaboración de 1924, se vincula con la tendencia atribuida a la pulsión de muerte hacia la reducción de la excitación hasta cero.

Freud establece relaciones entre estos principios, pero no los presenta como términos perfectamente intercambiables. La relación entre placer, constancia y reducción de la excitación es más compleja de lo que supondría identificarlos sin más.

La introducción de la pulsión de muerte obliga, precisamente, a revisar una concepción demasiado sencilla según la cual todo el funcionamiento pulsional podría explicarse mediante la búsqueda de placer.

6. ¿El ello tiene representaciones, deseos y objetos?

En la metapsicología freudiana, la pulsión tiene una fuente somática, una presión constante, una meta y un objeto. El ello no debe imaginarse como una instancia que contiene pulsiones puramente biológicas, completamente separadas de la historia del sujeto.

El objeto es aquello mediante lo cual la pulsión puede alcanzar su meta. A diferencia de la fuente, no está fijado de una vez y para siempre: puede cambiar a lo largo de los destinos pulsionales.

Esto significa que no hay que confundir:

  1. La fuente de la pulsión.
  2. La presión que ejerce.
  3. La meta hacia la cual tiende.
  4. El objeto mediante el cual busca alcanzar esa meta.

Por ejemplo, el objeto de una pulsión no tiene por qué ser una persona completa. Puede tratarse de un objeto parcial, de un rasgo, de una parte del cuerpo o de algo que adquiere valor por su inserción en una determinada organización psíquica.

Además, la pulsión no equivale a una necesidad biológica que encontraría un objeto natural capaz de satisfacerla definitivamente.

En el ser humano, las experiencias, las representaciones y los destinos pulsionales introducen una complejidad que impide reducir la satisfacción a la mera supresión de una necesidad orgánica.

Aquí encontramos una diferencia importante entre Freud y ciertas lecturas biologicistas del psicoanálisis.

La pulsión tiene un fundamento somático, pero su funcionamiento psíquico no puede deducirse linealmente de la biología.

¿Qué sucede con la representación?

En Lo inconsciente, Freud sostiene que la pulsión no puede convertirse directamente en objeto de la conciencia. Lo que puede hacerse consciente es la representación que la representa o el afecto ligado a ella.

En rigor, la pulsión está representada en el psiquismo mediante representantes psíquicos. La representación puede ser reprimida, mientras que el destino del factor afectivo puede ser diferente.

Esto es decisivo para comprender la represión.

La represión no elimina la pulsión ni suprime necesariamente la exigencia que la sustenta. Interviene sobre su representante psíquico.

Por eso, el retorno de lo reprimido puede adoptar formas distintas de la representación originalmente reprimida.

El conflicto no se resuelve simplemente porque el sujeto deje de pensar conscientemente en aquello que le resulta intolerable.

7. El ello y el superyó: ¿puede el ello producir sufrimiento?

Sí, pero es necesario precisar en qué sentido.

A veces se presenta el ello como la instancia que busca placer y el superyó como aquella que introduce prohibiciones y castigos. Esa descripción es útil como primera aproximación, pero resulta insuficiente.

En El yo y el ello, Freud señala que el superyó puede adquirir una severidad extraordinaria y volverse cruel con el yo. También examina la participación de la pulsión de muerte en los procesos que intervienen en esa severidad.

Por otra parte, el yo puede quedar sometido a exigencias pulsionales que no logra tramitar satisfactoriamente.

Así, el sufrimiento psíquico puede resultar de una articulación entre:

  • Las exigencias pulsionales del ello.
  • Las defensas y las posibilidades de elaboración del yo.
  • Las prohibiciones, ideales y exigencias del superyó.
  • Las condiciones impuestas por la realidad.
  • Los modos de satisfacción que se han constituido en la historia del sujeto.

No existe una correspondencia simple según la cual el ello siempre busque placer, el yo siempre busque adaptación y el superyó siempre imponga prohibiciones.

Las instancias se encuentran comprometidas en conflictos y relaciones de dependencia recíproca.

Esto permite comprender por qué una satisfacción puede resultar simultáneamente placentera en cierto sentido, dolorosa en otro y castigada por el superyó.

En consecuencia, el sufrimiento no demuestra la ausencia de satisfacción pulsional; pero tampoco autoriza a concluir, sin más, que el sufrimiento mismo constituye la satisfacción.

Esta última distinción me parece especialmente importante para evitar que la noción de goce o de satisfacción inconsciente se convierta en una explicación universal e imposible de contrastar.

8. Una síntesis metapsicológica

Podemos organizar las principales características del ello en el siguiente cuadro.

DimensiónCaracterística del elloConsecuencia metapsicológica
TópicaEs una de las instancias de la segunda tópica.No equivale a la totalidad de lo inconsciente.
DinámicaEs el polo de las exigencias pulsionales.Sus exigencias entran en conflicto con otras fuerzas psíquicas.
EconómicaLas investiduras pueden desplazarse y concentrarse.La intensidad psíquica no depende necesariamente de la importancia consciente de una representación.
TemporalSus procesos son atemporales.El transcurso del tiempo no modifica automáticamente la eficacia de una investidura inconsciente.
LógicaNo reconoce la contradicción como el pensamiento consciente.Las tendencias opuestas pueden coexistir.
FuncionalSus procesos se encuentran vinculados con el proceso primario.El desplazamiento y la condensación son fundamentales para comprender las formaciones inconscientes.
Principio de placerSus exigencias participan en la búsqueda de satisfacción.No implica que toda satisfacción sea consciente ni que el placer se obtenga efectivamente.
RealidadNo se organiza según el principio de realidad.La evaluación de las condiciones externas corresponde principalmente a las funciones del yo.
PulsionalSus exigencias incluyen las tendencias comprendidas en la teoría pulsional freudiana.La dinámica no puede reducirse exclusivamente a la búsqueda de placer.
RepeticiónPuede encontrarse implicado en fenómenos de repetición que exceden la búsqueda de placer.La compulsión de repetición obliga a considerar la hipótesis de la pulsión de muerte.

9. Una cuestión que dejaría abierta para profundizar

Si llevamos estas formulaciones al terreno clínico, me parece que hay una pregunta especialmente fecunda:

¿Debemos pensar el ello como una instancia que busca descargar una tensión o como una organización pulsional en la que ciertas modalidades de satisfacción tienden a conservarse, incluso cuando producen sufrimiento?

La primera formulación destaca la dimensión económica de la pulsión. La segunda obliga a considerar la fijación, la repetición, la historia de los objetos y la complejidad de las satisfacciones inconscientes.

Freud no abandona la dimensión económica, pero sus desarrollos posteriores muestran que la reducción de la tensión no alcanza para explicar todos los fenómenos clínicos.

En este punto, conviene mantener diferenciados tres problemas:

  1. La exigencia pulsional: qué presión ejerce y qué meta persigue.
  2. La modalidad de satisfacción: mediante qué objeto, representación o recorrido puede satisfacerse.
  3. La repetición: por qué determinado recorrido persiste, aun cuando sus consecuencias resulten displacenteras para el sujeto.

Esta distinción permite evitar una simplificación frecuente: suponer que el ello siempre busca una descarga inmediata y que cualquier conducta que persista en el tiempo debe explicarse mediante una búsqueda de placer.

La clínica obliga a examinar cómo se organizan las exigencias pulsionales, qué destinos encuentran y qué función cumple la repetición en la economía del sujeto.

Y hay un último punto que merece un desarrollo propio: la diferencia entre la concepción freudiana del ello y la lectura lacaniana de la pulsión y del goce. Lacan no se limita a traducir el ello freudiano a otro vocabulario; introduce modificaciones importantes en la manera de pensar la satisfacción, el objeto y la relación del sujeto con el significante. Esa diferencia permitiría retomar todo lo anterior desde una perspectiva más específicamente lacaniana.

martes, 14 de julio de 2020

¿Qué es la censura en psicoanálisis?

Se utiliza el término censura de varios modos: p.ej. Al escribir y concentrarse sobre un tema, se cruzan ideas que se dejan de lado porque no corresponden al tema, entonces se ejerce una censura sobre las ideas que giran alrededor de otra cosa. Luego también la aplica a la censura de la resisitencia, a la censura del superyó, pero no todos los usos que Freud hace del término censura son equivalentes. 

Para mantener el proceso secundario, una persona con pocas represiones, ejerce una censura sobre el primario. La censura entre proceso primario y secundario, entre inconsciente y Preconsciente, se instala por lo inadecuado a fines que del primero. 

Esta censura es el guardián de nuestra salud mental y no la represión, que justamente es patógena. Esta censura, llamada también principio de adecuación a fines, establece la diferncia entre proceso primario y secundario, lugar donde luego se instalará la represión, muy luego. Es decir, para decirlo claro y desmentir la lectura que Laplanche hace de Freud: la represión sólo funda el inconsciente reprimido, y no el inconsciente en sí.

Hay una inhibición que no es la represión primaria: la aparición del yo incipiente ya produce una inhibición por catexia colateral, como dice el Proyecto. Según la carta 52, la represión primaria tiene el privilegio de ser el proceso por el cual se impide la sobreinvestidura o retranscripción progrediente de un estrato a otro, 

Cuando Freud desarrolla la idea de sistemas Inconsciente y preconsciente-Cc, la represión primaria u originaria es la que divide con relativa estabilidad a los sistemas Inconsciente del preconsciente-consciente. La represión primaria es la que permanece como Censura y según dice Freud, es la guardiana de nuestra salud mental en tanto necesitamos mantener a los dos sistemas divididos, aunque continúen siendo permeables. Si esa Censura -testimonio de la Represión Primaria- no funcionara, nos la pasaríamos soñando y no podríamos pensar.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Narcisismo, Yo y Carácter.


Notas de la conferencia dictada por Víctor Iunger, el 19/06/2018.

Hay una polémica de los años ‘50 que Lacan tuvo con los psicoanalistas de la época. Él discutía fuertemente con la llamada psicología del yo. Los criticó de una manera sumamente certera, pero por otro lado descalificó bastante y en el medio cayeron conceptos, por ejemplo, el concepto de fortaleza del yo. Él discutía con el psicoanálisis americano, que tenía muy infiltrada la idea de un yo fuerte. No creo que fuera tan burdo como Lacan lo describía, pero en ese sentido fuerte quería decir exitoso, por ejemplo, Donald Trump sería un ejemplo de pase, de fin de análisis. El tema es que Freud habló muchísimo de la fortaleza del yo. A partir de Lacan, el concepto desapareció, aunque sabemos que a partir de la segunda tópica Freud presenta el concepto de fortaleza del yo. Vale la pena leer a Freud después de Lacan (no leer a Freud a través de Lacan) uno puede retomar estos conceptos y no quedarse en la discusión de los años ‘50.

El concepto de fortaleza del yo no tiene nada que ver con el éxito en la vida, el buen matrimonio, ganar mucho dinero. Estas cosas, que en algún momento incidieron en la práctica del psicoanálisis, no tiene nada que ver con los conceptos freudianos. En El yo y el Ello, Análisis terminable e interminable, en algunos lugares de Inhibición, síntoma y angustia, van a ver que Freud se ocupa del concepto de fortaleza del yo, pero de una manera metapsicológica. 

En primer lugar, Freud decía que el carácter pertenece al yo. ¿Pero qué es el yo para el psicoanálisis? En El yo y el ello, Freud planteaba que el yo era la parte más organizada del ello y al mismo tiempo era el representante del mundo exterior en el aparato psíquico. El concepto de aparato psíquico también está bastante defenestrado en el ámbito lacaniano. Decir que el yo es la parte más organizada del ello, nos hace ir al concepto de Freud de proceso primario y proceso secundario. El yo tiende a ser tributario del proceso secundario y el ello o el inconsciente, tiende a ser tributario del proceso primario. De hecho, el ello está determinado por el proceso primario: la parte inconsciente del ello. Supongo que ustedes tendrán suficientemente en claro que para avanzar en el concepto de inconsciente hay que avanzar a la segunda tópica freudiana, porque la primera tópica estaba basada en una distinción sobre la cualidad de consciencia y lo que Freud plantea en la segunda tópica, en El yo y el ello, es que dado que los procesos psíquicos no se reparten en su funcionamiento por la cualidad conciencia, el fundamento tiene que ser otro. Ahí llegamos a la segunda tópica, yo - elllo - superyó, y dentro del ello hay una zona que pertenece atada a la represión, una zona aparte del ello. Hay una enorme parte del ello que está en continuidad con el yo, es decir, no tiene límite preciso y que tampoco es consciente, por lo menos cualitativamente obviamente es inconsciente. Desde el punto de vista de lo que es la estructura, el inconsciente no es eso. El ello es básicamente pulsional. 

Si uno quiere hacer una rápida caracterización de qué define la segunda tópica freudiana, es justamente el hecho de que Freud va a asentar allí su teoría de la pulsión. Desde la perspectiva lacaniana, podemos decir que hasta ese entonces Freud se había ocupado de lo que era el aparato simbólico del sujeto, es decir, al trabajar sobre los conceptos de pensamiento inconsciente, representación inconsciente, representación de cosa, representación de palabra. Estaba escribiendo lo que Lacan llamó después la estructura significante simbólica del sujeto. Habiendo establecido eso, da la impresión que en El yo y el ello Freud resume su teoría del funcionamiento simbólico del aparato psíquico y se dedica a trabajar sobre el ello, el superyó y el yo. Freud pasa a darle muchísima importancia a lo pulsional. 

[pregunta]
El ello tiene, en la bolsa de lo reprimido, una propiedad parcial del ello. El resto es la estructura pulsional, si se puede llamar así. Es la configuración pulsional, aunque las pulsiones no son muy ordenadas. Es el plano pulsional del sujeto y es, sin un límite preciso, va a parar a la organización del yo. Entonces, el yo tiene esta característica:
  • Es una parte organizada del ello.
  • Es el representante del mundo externo del sujeto. En el esquema freudiano tiene la percepción y eso no se puede discutir. Freud decía que controla el acceso a la motilidad y estas 2 funciones son muy importantes. 
No se puede ignorar que el problema de las neurosis es que el yo “funciona mal”, es decir, que no cumple del todo una función que podríamos llamar estabilizadora. El yo obviamente está dividido, no se trata del yo exitoso, sino de que el yo funcione más o menos establemente, sino estaríamos muy complicados. Justamente, esto es lo grave de la psicosis:
  • que el yo no funciona. El sentido de la realidad no funciona. Hay una discusión con algunas corrientes psicoanalíticas con el tema de la realidad, pero hay que retomar esa idea. En la psicosis, lo más grueso e importante de esa patología es la pérdida de la realidad. Eso lo definió Freud y no se puede ignorar. No es maravilloso perder la realidad.
  • No funciona el proceso secundario.
El yo controla el acceso a la motilidad y tiende al proceso secundario. Pero este proceso secundario es relativo, sobre todo si uno se toma el trabajo de analizar un discurso cualquiera. De ahí, podemos pensar en toda la clasificación de falacias que propone la lógica, donde hay razonamientos que parecen verdaderos, pero que no lo son según las leyes de la lógica. El proceso secundario no es puro, sino que está infiltrado por el proceso primario. Por ejemplo, si todos los hombres son mortales, entonces todos los mortales son hombres. Esos razonamientos se encuentran todo el tiempo en los consultorios, y no es que sean tontos o no estudiaron lógica, sino que el proceso secundario tiene bemoles. No se razona exactamente así. Y a veces se llegan a exageraciones como que 2 más 2 es 7. 

El yo tiene que mantener un equilibrio entre el superyó, el ello y el mundo externo. En la teoría lacaniana, Lacan trabajó sobre los 3 registros (real, simbólico e imaginario) y usó la teoría de los nudos que en psicoanálisis se usa de manera elemental. En el seminario El sinthome, Lacan planteaba que el ego sería un cuarto anillo que sostiene a los otros 3. Esto es muy interesante, porque ese ego es el yo. El yo freudiano es el yo que era el encargado de mantener la relación entre lo real, lo simbólico e imaginario. Yo escuché decir a un psicoanalista afamado que decía que no hay una teoría de lo real en Freud. Bueno, si la teoría de lo real es nombrar a lo real, no la hay, pero Freud se ocupó muchísimo de lo real: el ombligo del sueño; la pulsión, que es esencialmente real desde la fuente hasta la carga, la meta y el objeto. La médula de la pulsión es real. En todo caso, el aparato simbólico del sujeto tiene que equilibrar con las pulsiones. La pulsión pura es un problema severo. 

Otro aspecto del yo es lo que señala un lingüista, Benveniste. Él se encargó de la subjetividad, pero no se trata de la misma subjetividad del psicoanálisis. El sujeto del que él habla es sujeto de la consciencia, que para el psicoanálisis ese sujeto no es el de que se trata. Si bien Lacan se apoyó muchísimo en Benveniste, él dedica la primera parte de Subversión del sujeto para dislumbrar su concepto de sujeto del concepto del je de la lingüística, que implica, sin mencionarlo, a Benveniste. Este lingüista abrió una puerta muy importante, porque él define que una de las funciones más importantes de la conciencia es tener la experiencia de continuidad en el tiempo y el espacio. Nosotros vivimos en el tiempo y el espacio, como un eje de coordenadas. No nos damos cuenta ni lo pensamos, pero es como si uno viviera en un mundo cartesiano de 3 dimensiones. Si a nosotros no nos funcionan los ejes de coordenadas, ya sean coordenadas cartesiana, euclídeas, real-simbólico e imaginarias, si no funcionan, ¿qué sobreviene? El ataque de pánico. El pánico es el terror que sentimos al perder los ejes de coordenadas que ordenan la experiencia. El yo se mueve en esos ejes de coordenadas, uno puede pensar en real, simbólico imaginario anudados por el ego, como dice Lacan en El Sinthome. O puede pensarlo, en términos de El yo y del ello, por el lado de los vasallajes del yo. Aprendimos que el yo se somete al ello, al superyó y al mundo exterior. En realidad, hay que leerlo al revés. La potenia del yo le permite lidiar con esas 3 cosas. Es una doble cara del asunto, hay que poder pensar que el yo también tiene una potencia y de ahí viene el concepto de fortaleza del yo.

Un yo fuerte para Freud es un yo investido pulsionalmente, es decir, con una fuerza que deviene de la pulsión, una fuerza trabajada por el aparato psíquico al servicio del sujeto. Ese yo que está investido pulsionalmente, también tiene un aparato simbólico que funciona como corresponde, es decir, tiene un aparato significante. Cuanto más disponga ese yo de la pulsión trabajada por el aparato simbólico -el análisis, en definitiva, consiste en eso- ese yo va a tener mayores posibilidades de sostenerse en eje, ya sea la estabilidad real, simbólica e imaginaria, o la estabilidad entre el mundo externo, el superyó y el ello. Como se darán cuenta estoy cabalgando entre las teorías de Freud y Lacan, hay que poder pensar de esta manera recordando que Lacan fue profundamente freudiano. Veamos otro concepto, la resistencia. ¿De quién es la resistencia, del analista o del yo del paciente? Freud descubrió la resistencia a partir de verla en los tratamientos, gracias a lo cual descubrió la represión. Posteriormente, apareció Lacan a decir que la resistencia era del analista. Hay que entender que él estaba debatiendo con una concepción difundida del psicoanálisis de su época, que tiraba todos los parámetros del análisis sobre el paciente y lo responsabilizaba de todo lo que ocurría en análisis. Obviamente la resistencia fundamentalmente es del paciente, la resistencia es hacia el discurso. Estas cosas son las que hay que volver a pensarlas de vuelta. 

La psicología general se ocupó de una parte de las funciones del yo, con un problema grave: no toma en cuenta que ese yo está incidido fuertemente por el inconsciente y por la pulsión. es decir, cuando a alguien le toman un test de inteligencia, no está tomando en cuenta que a veces ese yo del sujeto no funciona bien porque el yo no es autónomo. Esto del yo autónomo es lo que sostenían las corrientes americanas y decididamente no es así. El tema es cómo un análisis puede lograr que un yo funcione con mayor autonomía. Porque el yo es el encargado de la relación del sujeto con otros y con la realidad, pero no es autónomo. Por eso hay que pensar la consciencia de una manera distinta. Freud decía, en uno de sus trabajos, que la consciencia es poca cosa en tanto el funcionamiento del aparato psíquico. Se trata de una cualidad que se la puede adjudicar muy parcialmente y en pequeña medida a la función psíquica. Freud dice que aún así, es lo único que tenemos. Ahora, una cosa es la consciencia no trabajaba por el análisis y otra cosa es la consciencia de alguien que atravesó un análisis suficientemente. Una cosa la conciencia ingenua y otra es la conciencia que sobreviene al trabajo analítico. Y sin esa conciencia no podemos funcionar. El advertimiento sobre el inconsciente es lo que se logra con una consciencia trabajada por el análisis.

El yo no es solamente el yo del narcisismo. El narcisismo es un concepto estructural, constitutivas del ser humano. Si no tenemos una estructura narcisista que funcione razonablemente bien, estamos en la psicosis. La función del narcisismo tiene mucho que ver con el amor del sujeto por su vida. Hay dimensiones que no están en la teoría psicoanalítica, como la dignidad. Hay un narcisismo estructural sin el cual el sujeto no puede funcionar. El amor narcisista del sujeto por sí mismo es el amor internalizado de sus padres a través del superyó freudiano, que no es el superyó de Lacan. Ese superyó internalizado, amando al sujeto es la fuente narcisista y es una cosa absolutamente necesaria en la vida de un sujeto.  El narcisismo puede fallar para el lado del extremo (soberbia) o una narcisismo que va para el lado de la paranoia. Es un narcisismo que aísla el yo, en todo sentido. También está el narcisismo quebrado. El narcisismo quebrado se advierte en las personas frágiles, ¿pero por qué se puede quebrar el narcisismo? Lo que rompe el equilibrio entre la dimensión pulsional y la dimensión del yo. Hay una cierta estabilidad, que hay que evaluar en el caso por caso por qué se rompe. El psicoanálisis intenta no tomar nada que no venga del propio sujeto. Cuando analizamos, no aplicamos la teoría psicoanalítica o al menos tratamos, porque estamos atravesados por ella. La teoría tiene que estar al servicio de escuchar el discurso. Ej. Un paciente entabla relaciones con mujeres más grandes. Uno podría pensar que se trata de algo con la madre, pero resulta que él salía con este tipo de mujeres porque le resultaba más fácil de abordar. 

Si uno quiere aprender psicoanálisis, hay que leer 2 cosas: 1) La interpretación de los sueños, porque a la letra es como se tiene que trabajar. 2) El caso Lucy, porque a pesar de las limitaciones de Freud de esa época, él muestra cómo trabajó al pie de la letra todo lo que Lucy le decía. Yo no conocí un historia de Freud donde apareciera con tanta claridad esto. En esa época, estamos en el marco de la salida de la hipnosis de Freud. Freud le agarraba la frente y le decía que lo que se le va a pasar por la mente, eso vale. 

En los años ‘16 y ‘17 Freud tuvo una serie de conferencias. En la Conferencia 32 dice, acerca del carácter, que el carácter del yo está formado por las identificaciones. Esto lo dice en las conferencia 32, pero lo desarrolla en El yo y el ello. Dice que el carácter es el precipitado -yo agrego- de identificaciones en el yo del sujeto, por las operaciones de identificación como consecuencia de los vínculos que persisten cuando el objeto estaba resignado. Veamos:

De pasada, nos detendremos aquí un instante. Sin duda ustedes ya habrán supuesto por sí mismos que eso difícil de definir que se llama carácter es atribuible por entero al yo.  El carácter es atribuido al yo.

Tenemos asido algo de lo que crea a ese carácter. Sobre todo, la incorporación de la anterior instancia parental en calidad de superyó, sin duda el fragmento más importante y decisivo; luego, las identificaciones con ambos progenitores de la época posterior, y con otras personas influyentes, al igual que similares identificaciones como precipitados de vínculos de objeto resignados. 

Fíjense cómo el yo está constituído pulsionalmente. La fuerza del yo, el yo fuerte, es el yo muy investido por la energía pulsional a partir de la pérdida de los objetos. La historia pulsional está inscripta y guardada en la estructura de carácter del yo.  Dice Freud, entonces:

Agreguemos ahora, como un complemento que nunca falta a la formación del carácter, las formaciones reactivas que el yo adquiere primero en sus represiones y, más tarde, con medios más normales, a raíz de los rechazos de mociones pulsionales indeseadas.

El tema es el siguiente: el carácter es una instancia de base, podríamos decir por la organización del sujeto. De esta manera, en el carácter está tanto la dimensión yoica como las dimensiones pulsionales del ello y el superyó. Y eso constituye una especie de basamento que Freud relaciona con las represiones primordiales. El carácter es algo muy de fondo en la estructura del sujeto y si uno piensa cómo se puede llegar a manifestar el carácter en un análisis, el carácter suele manifestarse como la fuente más dura de resistencia del sujeto. Eso no es ni bueno ni malo, sino simplemente es así. Los rasgos de carácter son los anclajes que tienen las resistencias del sujeto. Si uno quiere atravesar la estructura psíquica de un sujeto en un análisis, se va a tener que confrontar con todo lo que el sujeto es más resistente y Freud lo relaciona con la represión primaria. Más aún, en Inhibición, síntoma y angustia habla de represiones primarias, en plural. Lo importante es que esta es la fuente principal de la resistencia. Esos rasgos de carácter son puestos al servicio de la resistencia en el análisis. 

Se pueden hacer cosas con el carácter. Una cosa son los síntomas en la neurosis y otra cosa es la neurosis de carácter. El problema con los rasgos de carácter es que el sujeto está íntimamente vinculado con eso. Más aún, es todo un trabajo separar el ser de los rasgos: yo soy tal cosa. Ya Aristóteles decía que una cosa era el ser y otra cosa eran las cualidades. El ser no tiene cualidad y eso es el concepto de sujeto. Es un soporte de las cualidades, pero no tiene una cualidad. Separar al ser de la cualidad del ser es plantear la posibilidad de cierta libertad en la estructura de la vida de alguien. Y además, algunas cosas se pueden hacer con el carácter, pero lleva mucho tiempo de análisis. En ese texto están las variables para que un análisis pueda llegar a buen puerto. Un análisis completo es imposible de pensar.

En cierto modo, las cualidades de un sujeto, a partir de los rasgos de su vida pulsional resignada como identificaciones en el yo, todo eso, es pasible de análisis. Lo que ocurre es que el carácter es algo muy sostenido por el sujeto, salvo en los puntos donde queda la posibilidad del síntoma. El síntoma se diferencia del carácter porque el sujeto se quiere sacar el síntoma de encima. El sujeto lo sufre y siente que le es ajeno y quiere resolverlo. El carácter está en la forma del sujeto.

Neurosis de carácter. Es cuando el carácter empieza a generarle problemas al sujeto. Se sintomatiza. Se suele decir que el carácter es egosintónico, según la psiquiatría. En cambio el síntoma es egodistónico. El carácter puede llegar a producir malestar; inclusive, un análisis empezó siendo de los síntomas, siguió siendo de la neurosis y terminó siendo un análisis de carácter. 

Diferencia entre síntoma, neurosis y estructura. Existe el síntoma fóbico, la neurosis fóbica y la estructura fóbica. O la estructura obsesiva, la neurosis obsesiva y el síntoma obsesivo. Son 3 dimensiones distintas. La neurosis se borró de la historia conceptual del psicoanálisis. No se distingue actualmente neurosis de estructura. Y nosotros analizamos los síntomas de la estructura. A mi me parece que hay que rescatar el concepto de neurosis, porque una cosa es la estructura que tenemos y podemos llamarla neurótica cuando tiene una cierta estabilidad. Otra cosa es cuando se sintomatiza. 

En Análisis terminable e interminable, Freud planteaba que la posibilidad de llevar un análisis a buen término dependía de 3 factores: 
  1. El trauma. Lo que había causado en el momento una problemática que lleva a la persona a analizarse.
  2. La fuerza pulsional.
  3. Lo que mal se tradujo como alteraciones del yo. La traducción exacta es “modificaciones del yo”, porque cuando Freud habla de la formación del carácter, dice que las alteraciones del yo forman parte de la estructuración del carácter. Las alteraciones del yo como consecuencia de la fuerza pulsional. 
Freud dice que para poder trabajar sobre esta cuestión, bajo qué condiciones puede un análisis ser exitoso, dice que depende de estos 3 factores pero que de última instancia se trata del factor cuantitativo y hay que recurrir a la bruja (la metapsicología). Freud dice que puso mucho el acento sobre las dimensiones tópicas y dinámicas, y no tanto sobre lo económico. La cuestión es un balance entre las fuerzas pulsionales y el yo. Cuando ese equilibrio se rompe, sobrevienen los síntomas. 

Ruptura del esquema corporal: compromete al narcisismo. Por ejemplo, con la edad. Cuando se produce esta ruptura, tambien surge el narcisismo. Seguramente ustedes atendieron casos en donde el paciente sufrió de bullying cuando eran chicos. Ahí se ve como queda dañado la relación del sujeto consigo mismo. Este concepto de esquema corporal habría que incorporarlo también al psicoanálisis. Muchas de las cosas que suceden como sufriemiento o malestar son consecuencias narcisistas, injurias traumáticas sobre características yoicas. Es muy interesante el análisis de este tipo de pacientes cuando llegan, porque suelen estar convencidos de que el mundo tiene razón. A veces se sorprenden cuando alguien les pregunta qué significa el insulto con el que se describen, por ejemplo. Decir que alguien no trabaja por vago es un insulto, no una explicación. Ahí uno se encuentra con cosas muy notables. Son trabajos que tocan no solamente cuestiones del carácter, aunque estas cosas quedan incorporadas al carácter.

lunes, 26 de agosto de 2019

La represión, desestructurante del psiquismo.

Son famosas las discusiones que se producen entre los psicoanalistas acerca de la intervención de la represión para separar el sistema Cc-Prec del Inconsciente.

En el capítulo VII de La interpretación de los sueños, en el apartado titulado “El proceso primario y el proceso secundario. La represión”[1] Freud plantea claramente que la separación de sistema se lleva a cabo por el principio de adecuación a fines. El primer desear consistió en investir alucinatoriamente el recuerdo de la satisfacción, el llamado circuito del deseo. Pero esa alucinación no se pudo mantener por ser incapaz para hacer cesar la excitación de la necesidad y por lo tanto fracasa en lograr el placer. Así fue necesario poner en marcha un segundo sistema que en lugar de cargar alucinatoriamente pueda dar un rodeo por vía motora hasta modificar el mundo externo y lograr la percepción real del objeto de la satisfacción en el mundo externo.

Esto es el germen del psiquismo con dos sistemas: Icc y Prcc: el niño está sumergido en el primero de ellos, si fracasa para la satisfacción pasa a regir su psiquismo por las leyes del preconsciente. No hay barrera entre un sistema y otro. Originariamente, entonces, se diferenciaban los dos sistemas sin intervención de la represión. Y fue esta hipótesis que continuó desarrollando 11 años después en Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico.

Sólo teniendo en cuenta este planteo original de Freud, de una separación nítida entre Icc y Prcc de acuerdo al principio de adecuación a fines, se puede entender la frase aparecida en el artículo titulado La Represión: La represión no es un mecanismo de defensa presente desde el origen; no puede engendrarse antes que se haya establecido una separación nítida entre actividad consciente y actividad inconsciente del alma.

Desde este punto de vista freudiano es que podemos considerar a la represión no como estructurante del psiquismo sino como desestructurante, no como fundante sino como fundiente.
[1] Sigmund Freud, Obras Completas, Amorrortu Editores, tomo V, págs.. 588 y sig.

Pregunta: No llego a comprender el ultimo parrafo, la represion como "desestructurante y fundiente". Me gustaria extender el desarrollo de estas ideas hasta la satisfaccion de la necesidad tal como se da en la vida intrauterina. A esta altura del siglo XXI y gracias a los desarrollos postfreudianos y de las neurociencias pienso honestamente que habria que reformular y ampliar algunos conceptos, ¿verdad?

J.T.: La represión, como el superyó empobrecen el psiquismo, lo apartan de los deseos y de la prevención de los traumas, lo fragmentan y el yo termina sintiendo como ajenos contenidos que eran propios, transforman lo placentero en displacentero y lo penoso en mitivo de orgullo, son patologias, inevitables pero no por eso menos patológicos.

Las neurociencias no pueden explicar ni un acto fallido, de modo que solo podemos decir; zapatero a tus zapatos.

Pregunta: Sigo sin comprender en que sentido se puede pensar en ella como "desestructurante y fundiente"

J.T.:  Fundir un motor, o burning out, surmenage como se decía antes, eran consecuencia de las represiones. El psiquismo se desorganiza, de desestructura porque las estructuras que podrían trabajar en la busca de un resultado confluente termina buscando metas en conflicto entre sí. Si el yo maníaco o el melancólico se entregan al superyó y pierden sus límites, el aparato se desestructura. Salvo que hables de estructura desde el punto de vista lacaniano, que no es el freudiano y requiere un cambio completo.

Pregunta: ¿En qué textos se puede consultar todo lo expuesto en este texto?

J.T.: Neuropsicosis de defensa, La interpretación de los sueños, Los dos principios del suceder psiquico, La Represión. Nuevas lecciones de Introducción al psicoanálisis (Sólo más tarde se forma la situación secundaria que estamos demasiado inclinados a considerar normal:, el superyó), Estamos demasiado acostumbrados a considerar normal la transformacion de una compulsión externa en una compulsión interna. etc, etc, etc,