lunes, 11 de mayo de 2020

El síntoma como metáfora.

Fuente: Clase de Daniel Zimmerman del 20/9/2012, cátedra "Psicoanálisis II" - UMSA.

Habiendo visto la metáfora en la clae pasada, van a aparecer cuestiones que desde la perspectiva psicoanalítica: el síntoma neurótico y psicótico debe ser considerado como una metáfora.

Si Dora es histérica y un síntoma responde a esta estructura (afonía, tedio de la vida, las conversiones), deberían responder a esto. Su develamiento levanta el síntoma, tenemos que interrogar lo que Lacan dice de que el síntoma histérico es considerado una metáfora, qué dice él respecto a la metáfora.

La vez pasada dijimos que la metáfora, en términos de Lacan, es una operación que pone en juego el significante. Es una operación de sustitución de un significante por otro que da lugar a una significación.
Una significación surge del interjuego entre significantes. Lacan subraya la significación que adviene con el cruzamiento de la barra. Incluso, jugando con este signo +, con un plus de sentido.

Ejemplo: En el caso del fallido “Venga un abrazo, suegro, ahora por fin voy a poder putear/tutear”, un significante viene a sustituir a otro significante para producir un efecto de sentido que escapaba de la intensión del joven que pronunció la frase para develar algo que tenía que ver con su dimensión de sujeto. La metáfora tiene que ver con la operación que da lugar al sujeto en la medida que experimenta este atravesamiento de la barra. En la metonimia, se mantiene la vigencia de la barra en una situación de contigüidad significante.
Cuando Lacan va a trabajar la metáfora paterna en otro texto de los escritos sobre el tratamiento de las psicosis, nos va a proponer otra fórmula para la metáfora, que quizás resulte gráficamente más elocuente. Esta misma operación de sustitución del significante generando el efecto de una nueva significación, se escribe así.

Un significante ligado a un significado X es sustituido por otro. Como en la secundaria, lo que está arriba se simplifica con el denominador y queda 1/s. Lo interesante es que conserva la idea de sustitución de un significante por otro. Se subraya la sustitución, aparece el significante cargado con un efecto de creación o poesía. El efecto poético, dice Lacan, surge en la metáfora, que es la base de todo efecto poético o creación.

Cuando decíamos “Y no hables más muchacha, corazón de tiza, cuando todos duerman te robaré un color”. ¿Alguien puede decir cuál es el sentido de eso? Seguramente que no. Un efecto de creación se produce en la medida que “muchacha” entre en juego significante con “tiza”, por ejemplo. Nadie piensa que tenga un corazón hecho del material con que se hacen las tizas. Ese efecto poético lo escribimos así:

El significante cargado de un efecto de sentido, que surge del interjuego significante. No se trata de revelar ningún significado, que permanece allí entre paréntesis. Esta ecuación no trata de develar X.

Ejemplo: Hace muchos años en la cancha, en carteles luminosos estaba la Voz del Estadio, donde se anunciaban los cambios de jugadores y donde la publicidad se trasmitía por esos medios. Había una publicidad en donde Gatti (locutor) promocionaba la Ginebra Bols. Textualmente, decía:
¿Usted cree que no es posible? ¡Con osmowing todo es posible! ¿Quiere tener osmowing? Tome Ginebra Bols!” [Bols gritado como cuando el comentarista grita gol]

Smowing es un neologismo. Lo que propone esa publicidad se puede escribir así.

El significante osmowing, de significado desconocido, entra en juego significante con Bols, y busco un efecto en el que Bols queda cargado de un plus de significación. Osmowing va cargado de algo singular, de algo buenísimo. Lo único que nos dice es que Bols tiene que ver con eso que nos sugiere el osmowing.

La chispa de creación o poética la deberíamos encontrar en un tropiezo del habla, en el efecto del sentido chistoso de esos chistes que vimos.

Lacan dice que el síntoma neurótico es una metáfora y el deseo es una metonimia, porque el deseo es siempre el deseo de otra cosa. Entonces uno podría decir que cualquier síntoma histérico, con la característica que los distingue en el campo de los síntomas neuróticos de apelar al mecanismo de la conversión (aprovechando la complacencia somática), lo que propone Lacan es que tenemos que estar disponibles para detectar que allí lo que se opera sea una sustitución significante. Lo mismo vale para el obsesivo y para el fóbico.

Entonces, los síntomas que pueden ser para Dora, para Isabel que no podía caminar, o la tos de Dora con su afonía, se podrían investigar a la luz de esta prioridad del significante y a su vez anclando o enganchándose con otros significantes para producir el síntoma. El efecto de sustitución significante en Dora, aparece en el segundo sueño, donde Freud hace una admirable lectura de ese sueño, en donde Dora va a una estación de tren, entra en un patio, llega a un cementerio y Freud dice que esta es una hermosa pictografía de una exploración sexual.
Voy paseando por una ciudad desconocida y veo calles y plazas totalmente nuevas para mí. Entro luego en una casa en la que resido, voy a mi cuarto y encuentro una carta de mi madre. Me dice que habiendo yo abandonado el hogar familiar sin su consentimiento no había ella querido escribirme antes para comunicarme que mi padre estaba enfermo. Ahora ha muerto, y si quieres   puedes venir. Voy a la estación y pregunto unas cien veces: «¿Dónde está la estación?» Me contestan siempre lo mismo: «Cinco minutos.» Veo entonces ante mí un bosque muy espeso. Penetro en él y encuentro a un hombre al que dirijo de nuevo la misma pregunta. Me dice: «Todavía dos horas y media». Se ofrece a acompañarme. Rehúso y continúo andando sola. Veo ante mí la estación, pero no consigo llegar a ella y experimento aquella angustia que siempre se sufre en estos sueños en que nos sentimos como paralizados. Luego me encuentro ya en mi casa. En el intervalo debo haber viajado en tren, pero no tengo la menor idea de ello. Entro en la portería y pregunto cuál es nuestro piso. La criada me abre la puerta y me contesta: «Su madre y los demás están ya en el cementerio»
Ahora vamos a la parte de la exploración sexual:
En él volvió a encontrar a K., que se acercó a ella para pedirle perdón y rogarle que no contase a nadie lo sucedido. Dora no se dignó contestarle. El bosque de su sueño era idéntico al que cubría la orilla del lago en la que se había desarrollado la escena nuevamente descrita. Pero también el día anterior al sueño había visto la sujeto un bosque análogamente poblado en un cuadro de una exposición. Este cuadro mostraba en segundo término varias figuras de ninfas.
Aparece el bosque, aparece la evocación de cuadro que había visto el día anterior tenía ninfas y Freud dice “ya lo tengo”.
Quedaba así confirmada una sospecha. que ya venía asaltándome. En efecto, los conceptos de estación   (Bahnhof) y cementerio (Friedhof) me habían parecido harto extraños e inhabituales como símbolos de los genitales femeninos y esta singularidad había orientado mi atención hacia la palabra Vorhof (vestíbulo), de análoga formación, empleada también como término anatómico para designar una determinada región de los genitales de la mujer.
Hof🡪 patio.
Bahnhof🡪 patio de vías (estación).
Friedhof🡪patio de paz (cementerio).
Vorhof🡪 patio anterior.
Sumado a ninfas, en alemán, es un modo de designar a los labios menores del genital femenino.
La nueva asociación relativa a las «ninfas» en el fondo de su «espeso bosque» vino ahora a disipar por completo tales dudas, confirmando plenamente mi hipótesis, pues estaba de lleno en la geografía simbólica sexual. «Ninfas» es un término anatómico, totalmente desconocido en este sentido por los profanos e incluso poco usado por los mismos médicos, con el que se designan los pequeños labios del genital femenino situado al fondo del «espeso bosque» del vello sexual.
No tomamos el significado de cementerio como de muerte, ni ponemos a las ninfas en otro contexto. Acá cada término es utilizado en su estricto valor significante en una cadena de sustituciones hasta llegar a esta propuesta. Entonces queda teñido de una significación sexual. Hasta ahí nos sacamos el sombrero, la pregunta que nos queda es lo que viene a continuación, donde Freud derrapa.
Así, pues, detrás de la primera situación del sueño se ocultaba, si mi interpretación no era errónea, una fantasía de desfloración; esto es, cómo un hombre se esfuerza en penetrar el genital femenino.
La pregunta, siguiendo a Lacan, sería: ¿Dónde está la fantasía de desfloración? Porque Dora en el sueño se adentra sola en esa exploración, ¿por qué vamos a convertir ese sueño en una fantasía de desfloración? ¿no está acaso Freud demasiado teñido de su teoría y empecinado en verificar que el síntoma histérico responde al conflicto entre su inconsciente y su conciencia que no admite que está enamorada del Sr. K como sustituto del padre, jugado a la transferencia con el propio Freud? Lacan va a tomar esto y va a decir que la pregunta de la histérica es ¿qué es una mujer? ¿Cómo situarse como mujer frente a un hombre? ¿Se trata de una fantasía de desfloración con el Sr. K o es una joven que está explorando los misterios de la sexualidad femenina?

En el seminario 4, de la Relación de Objeto, Lacan plantea estas cuestiones de Dora. Todos los primeros seminarios de Lacan son interrogaciones de los historiales de Freud. En el seminario 4, en una versión simplificada, dice que el esquema que conocemos como Esquema L sirve para graficar la posición de los personajes en el historial de Dora.



En la lectura lacaniana lo que se acentúa es la ausencia de la madre (Lo que dice el sueño que no le dona el alhajero). Ante una madre que no dona el alhajero, que sería ese lugar del Otro que le correspondería a la madre, allí Dora tiene que poner al padre para montarse en el deseo de ese padre y ver hacia donde dirige su pregunta. En el lugar de la pregunta estaría la dimensión del sujeto. Mientras que para Freud el objeto de deseo de Dora es el Sr. K, según Lacan al Sr. K le corresponde el lugar de su otro yo. No es una fantasía de desfloración, el personaje masculino no juega más que un papel de identificación y que eso también se insinúa en el sueño frente al personaje masculino y es lo que Freud no puede advertir. El Sr. K sería el pasaporte, el otro yo de Dora que le permite el acceso a lo que verdaderamente le interesa, el misterio que guarda la Sra. K. La pregunta de Dora no es si le gusta o no le gusta el Sr. K, sino qué tiene la Sra. K que atrae al Sr. K. Freud no puede encajar con su teoría el hecho de la bofetada cuando el Sr. K le dice “Te aseguro que mi mujer no representa nada para mí”. Ahí el Sr. K cae del pedestal en que ella lo había puesto. Al decir el Sr. K que su mujer no le interesaba, a Dora ya no le sirve para nada ese intermediario. Se rompe el equilibrio de ese cuadrilátero.

Freud dice que no hay que perder de vista la corriente ginecofílica en la histeria, donde el objeto de su verdadero interés es el objeto del mismo sexo. Pero eso no quiere decir que esa joven sea una homosexual latente. Dora avanza identificada al Sr. K, el padre es quien frente a la ausencia de la madre (que sería ese Otro primordial que debería trasmitirle algo que tiene que ver con el alhajero, no con las gotas de perla), que está obsesionada con la limpieza y lo poco de mirada que le queda lo dedica a su hijo varón, Dora para avanzar en su misterio, no tiene otro camino que sostener su propio deseo siguiendo el deseo del padre por la Sra. K. El interés del padre por la Sra K le permite una vía para mantener ese rumbo vigente de su deseo, encaminarlo. Porque si el deseo del hombre es el deseo del Otro, como dice Lacan, ella logra sostener algo de su deseo en el deseo del padre por la Sra. K por procuración. El deseo del padre procura una vía para enganchar su deseo y sostenerlo.

El sujeto necesita que un Otro se ponga “en función de”. Si por ejemplo la tía de Dora se aparecía y para el cumpleaños le regalaba su primer set de maquillaje y la acompañaba, no hubiera enfermado. Por eso el Otro es un lugar.

Próxima clase: La metáfora paterna.

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