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martes, 18 de noviembre de 2025

Fundamentos, política y formación: el retorno lacaniano como crítica institucional

La discusión que se inaugura formalmente en 1953 —aunque sus antecedentes se remontan algunos años antes— se sostiene, al menos, en dos coordenadas principales. Por un lado, se trata de un debate acerca de los conceptos del psicoanálisis; por otro, pone en juego una perspectiva política en el sentido específico en que dicho campo se estructura dentro del psicoanálisis. En términos generales, podría decirse que la historia del psicoanálisis es también la historia de sus instituciones, puesto que estas se edifican según una cierta manera de leer —o dejar de leer— sus fundamentos.

Lacan denuncia allí un proceso de burocratización que, más que un mero problema administrativo, encubre un estancamiento del saber. Se presuponen verdades incuestionables y se delimitan zonas que no deben ni pueden ser interrogadas. El desplazamiento consiste entonces en abandonar el trabajo sobre los fundamentos para reemplazarlo por un panegírico del psicoanálisis.

En contraposición a esta tendencia, la posición de Lacan consiste en un retorno a los fundamentos, movimiento que retoma en 1964. Ese retorno apunta a reubicar el costado subversivo del descubrimiento freudiano, sin omitir la interrogación de los impasses que pueden leerse en la obra de Freud: lo femenino, la función paterna, el falo, la sexualidad, entre otros.

Un aspecto novedoso de este planteo es que, al articular las dos coordenadas antes mencionadas, Lacan puede afirmar que un analista dirige la cura según el concepto que tiene de los conceptos. Es decir, que su acción dice más que sus enunciados; es su práctica, y no su declamación, la que revela su posición.

Este punto es decisivo, ya que lo que se pone en discusión es la estructura misma de la formación analítica. Desde Freud, el análisis personal del analista constituye el eje principal de dicha formación. ¿Qué consecuencias conlleva, entonces, elegir un analista por razones ajenas a la transferencia? La pregunta cuestiona directamente el ejercicio de un poder institucional representado, por ejemplo, en la existencia de listas predeterminadas y exclusivas.

En algún lugar —que ahora no logro precisar— Lacan afirma que, en última instancia, los desvíos en el psicoanálisis no son sino efectos de un problema en la transferencia con Freud. Este señalamiento, lejos de ser anecdótico, reintroduce el corazón del debate: la formación del analista no se dirime en la burocracia, sino en la relación viva con los fundamentos del psicoanálisis.

lunes, 17 de noviembre de 2025

El ausentido y la reinvención lógica de la castración

Al introducir el término ausentido en Aún, Lacan abre una vía que permite ir más allá del marco freudiano sin por ello abandonarlo. Este neologismo no nombra una ausencia de sentido, sino un efecto del discurso que testimonia del agujero donde una significación sexual no puede inscribirse. Precisamente por esta vía Lacan puede interrogar lo que en Freud permanecía articulado al Edipo:
¿cómo pensar la castración más allá del mito edípico?

La pregunta no es un gesto teórico gratuito: es el punto lógico al que se arriba cuando se intenta pensar rigurosamente el campo de lo femenino y el impasse estructural que introduce para el ser hablante. Frente a ese impasse, el Edipo da una ficción ordenadora, pero no da cuenta de aquello que no cesa de no escribirse.

Para abordar esta aporía, Lacan no recurre a cualquier discurso, sino a un discurso que debe ser capaz de:

  • incompletar,

  • inconsistir,

  • indemostrar,

  • indecidir.

Solo un discurso con estos rasgos puede poner en contrapunto la verdad y lo real. Porque si la significación da testimonio de la verdad, el ausentido señala la irrupción del real.

¿Qué significa contraponer la verdad y lo real? 
Significa mostrar que hay algo imposible de escribir. La verdad está ligada a la palabra, al medio–decir, a la producción de sentido. En cuanto efecto de significación, la verdad introduce un límite: muestra que no-toda puede ser dicha.

Pero ese “no-toda” no solo diferencia verdad y real: también los vincula.

Lo real limita la verdad, delimita su borde, le impone su punto de opacidad. Y por esa vía queda trazada la conexión entre verdad y feminidad, pues el campo del no–todo introduce un más allá del sentido, un resto irreductible a la predicación fálica.

La verdad como vía de acceso a lo imposible
Pensada así, la verdad es el lugar donde se producen las vueltas dichas desde las cuales precipita lo imposible. No es que diga lo real: es que, llevada a sus límites, lo deja entrever por su incapacidad de colmarse.

Por eso el psicoanálisis no puede desentenderse de la verdad, como sí pretende la ciencia. Para el psicoanálisis, la verdad es el espacio donde se delimita:

  • el límite lógico del enunciado,

  • aquello que el sentido no puede absorber,

  • ese resto opaco que escapa a la razón.

El ausentido, entonces, no es simplemente una anomalía del discurso, sino el índice mismo de lo real en juego: lo que no se significa y sin embargo orienta, causa y divide al sujeto.

jueves, 13 de noviembre de 2025

El objeto a y el temblor del goce: litoral entre lo modal y lo nodal

 Esa distancia que se juega entre algunas letras que Lacan va delineando en su acercamiento a lo nodal desde lo modal, van litoralizando distintos agujeros. En esa serie hay una interesante reelaboración del objeto. Si a la altura de los cuatro discursos se lo establece con claridad desde el semblante, por el lugar que toma en dichos discursos tomados como artefactos; me parece que en “Aún” puede retornar desde otras perspectiva a lo real de dicho objeto.

En ese contexto lo emplaza en el campo femenino o no-todo del goce, el cual bien podría indicar que el a, más allá del falo como letra/Bedeutung, escribe lo que del goce responde “sacudiendo” a una mujer. Este sacudir no debe ser considerado como una vivencia subjetiva, sino como el índice de lo que no entra en común medida alguna. Y por ello mismo, aunque paradojalmente, la socorre.

Las resonancias en cuanto a los efectos de este a se asocian a lo apremiante, y eso vale para cualquier ser hablante. Eso que de algún modo agita el ánimo, y María Moliner sitúa respecto de eso apremiante que hay algo tanto del abandono como del despertar.

Por estas coordenadas, quizás, en esos momentos Lacan se sirve del goce místico para abordar/pensar la particularidad de ese campo no-todo del goce. Ciertamente que no son lo mismo, pero ambos campos implican la perspectiva de un más allá. Este más allá introduce ese vínculo complejo, opaco entre el lugar de Dios y el goce femenino que Lacan explora en “Aún”.

Diría que la diferencia entre ambos se juega a nivel de la significancia, porque el goce místico implica un más allá donde está concernido un Otro que no es cualquiera, sino Dios. Sin embargo, su valor es ese “de más” que impide la unificación.

miércoles, 13 de agosto de 2025

Lo femenino, la inconsistencia del campo fálico y la letra más allá del número

Para abordar lo femenino desde la dimensión de un campo, Lacan necesitó poner en valor una inconsistencia que afectara al campo fálico. Esto no es posible sin trascender lo imaginario del atributo, base de todas las imaginarizaciones de la castración. Uno de los sesgos desde los que se aborda esta cuestión es lo que denomina “inexistencia”.

El recurso elegido para pensarla es el conjuntista. ¿Por qué Lacan llama significante tanto al conjunto como al elemento que en él se inscribe? Esto introduce una distancia entre el Uno del conjunto y el Uno del elemento. Usar el mismo nombre para dimensiones tan distintas permite interrogar al conjunto desde su propia autoaplicación, lo que implica un trabajo sobre el impasse.

Su estudio sobre el conjunto, con el fin de delimitar aquello que le sirve de tope —inconsistiéndolo e indemostrándolo— se apoya en la teoría de conjuntos aplicada a los números enteros y naturales. A través de la diagonal de Cantor, es posible situar un término imposible de numerar, es decir, que no puede incluirse en la serie. Surge así la pregunta: ¿lo no enumerable y lo no contable son lo mismo? Cantor muestra que se puede precisar el lugar de un número que, sin embargo, no figura en la serie. Se trata, en definitiva, de interrogar si un conjunto infinito puede o no ser enumerado.

Este trabajo, apoyado en la genialidad de Cantor, se traslada a la estructura del conjunto entendido como el Otro —sede del significante— para demostrar la imposibilidad de asignar una cardinalidad que lo cierre. Si el elemento recibe el mismo nombre que el conjunto, ¿puede ese elemento clausurarlo y hacerlo universo?

La respuesta es negativa. Por ello, Cantor recurre a la letra para cerrar aquello que el número no puede. Es la letra más allá del significante la que abre una vía de respuesta a la pregunta de por qué Lacan se apoya en ella, más allá de lo serial de la cadena.