viernes, 7 de diciembre de 2018

Puntuación de la clase 5 del seminario X.

Apuntes de la clase de Diana Ramos.

En esta clase Lacan habla de cómo en el fantasma del neurótico el lugar del objeto el sujeto pone una demanda. El neurótico lo que hace es hacerse demandar por el Otro, lo que pide es una demanda. ¿Cuál es el movimiento que el analista hace ahí? El neurótico siempre está pidiendo una demanda y el objeto a sería una demanda del Otro, en el sentido de que cuando aparece, aparece como una interrogación. Y como el neurótico se hace demandar por el Otro, en realidad lo que él obstruye es él mismo demandarle al Otro. En el punto en que el sujeto le demandaría al Otro, tendría la posibilidad de recibir del Otro. No estaría la falta en juego y de lo que trata el neurótico es de no saber absolutamente nada de esto. Entonces, se hace demandar. Pensemos en los pacientes que nos preguntan: ¿Cuántas sesiones por semana? ¿Cuánto me va a cobrar? ¿Qué me puede decir de tal cosa? ¿Cuándo me va a curar? Ahí el neurótico no pone en juego su falta. Si bien la demanda es algo que es articulable (el deseo no, porque se trata de un vacío), la demanda siempre se hace desde a, es decir, en relación a un objeto perdido. El a como causa y como objeto perdido. En realidad, va a poner en juego la falta del objeto.


Pregunta: ¿Cómo es esto de la demanda de hacerse demandar?
D: el neurótico lo que hace es hacerse demandar, pide una demanda, que el Otro le pida. Pensemos en la histérica, que le pide al Otro que le pida, más en el caso de los partenaires. El neurótico se hace demandar por el Otro, porque sino aparece la angustia. El encuentro con la falta, o la falta de la falta también, lo que adviene es la angustia. Se trata del vacío pre-subjetivo, dice Lacan. Cuando nosotros nos encontramos con un sujeto ya constituido, también la angustia es por un vacío en relación a un significante que le aparece opaco, donde hay algo del vacío y de la posibilidad de significar. Esto en realidad remite al trauma, porque uno va a ir a buscar esto, ese más allá y tratar de reelaborar ese momento traumático, ese momento pre-subjetivo y la constitución, donde aparece el sujeto dividido. Ante ese momento traumático no hay inscripción, luego adviene el inconsciente y esto va a hacer a la división del sujeto.


Nosotros como analistas a veces demandamos mucho al paciente. Ya el hecho de hablar es demanda, por el hecho de decirle cómo le va, cuente, hable. Pero hay que tratar, en este sentido, ser lo menos demandante posible. Si no es difícil que pueda aparecer ahí la angustia. Si no es por la angustia, es imposible que el sujeto pueda modificar algo de su posición.

Lacan habla de la dimensión del Otro, que en el neurótico lo encontramos constantemente porque de eso viene a hablar. Además se constituye en el campo del Otro, porque el inconsciente es el campo del Otro, de todas esas vivencias que el sujeto tuvo con su Otro y de todo eso es de lo que el inconsciente habla. Siempre está esta cuestión de qué hacer con el Otro, con el que no me deja, con el que no sé, con el que supuestamente sabe… Lacan de la dimensión del Otro como dominante y habla de 3 puntos.
  • La demanda del Otro.
  • El goce del Otro.
  • Una forma modalizada, que por otra parte aparece como signo de interrogación y que es el deseo del Otro.


Lo interesante es que acá Lacan habla del analista en relación al deseo del Otro, en la medida que es el deseo que corresponde al analista, en cuanto interviene como término de la experiencia. El analista también se puede constituir como un Otro del paciente. Estamos en juego acá, no se trata solamente del deseo del Otro. Lacan dice que no vamos a hacernos los tontos en esto, que no hagamos lo que reprochamos a todos los demás. O sea, elidir al analista del texto de la experiencia analítica que interrogamos. Dice que la angustia cuya fóŕmula debemos aportar es una angustia que nos responde, una angustia que provocamos. Una angustia con la que llegado el caso, tenemos una relación determinante. En esta dimensión del Otro, nosotros encontramos nuestro lugar. Si estamos como Otro, ya sea como el que desea como el que goza, vamos a provocar angustia. Lacan dice que la provocamos y que tenemos una relación determinante. El deseo del analista va a provocar angustia, es imposible que no aparezca.


Cuando tenemos un paciente que viene muy angustiado, lo que vamos a tratar es de bajar el nivel de angustia, porque si la angustia es muy intolerante no se puede trabajar. Los sujetos que vienen muy angustiados no saben por qué, esto se empieza a trabajar. Pero la angustia cuando es muy grande es difícil de cernir, es innombrable, va directamente al cuerpo. Esto luego se anuda a las relaciones con el sujeto con el Otro, que por supuesto se va a replicar en la transferencia con el analista.


Lacan dice que le gustaría que pudiéramos percibir que en esta dimensión del Otro nosotros encontramos nuestro lugar eficaz en la medida que sabemos no menoscabarla: no está ausente de ninguna de las formas bajo las cuales se ha intentado circunscribir hasta hoy el fenómeno de la angustia. Es decir, no está ausente en el goce del Otro, en la demanda del Otro, en el deseo del Otro.


Habla de las neurosis artificiales o experimentales con los animales, para hablar de la neurosis artificial en la transferencia. Habla de Pavlov y la experiencia del reflejo condicionado para poder hablar de que la dimensión del Otro está siempre presente en la experiencia hasta tal punto que en algunos experimentos con animales se puede hasta provocar una lesión de órgano por el estrés. Esto en el caso de la presencia del Otro con animales.


Lacan dice que sí se sabe cómo se comporta un perro con aquel que se llama o no se llama su amo, se sabe que en todos los casos para un perro, la dimensión del Otro cuenta. Pero aunque no fuese perro, aunque fuera un saltamontes o una sanguijuela la dimensión del Otro está presente. Me dirán ustedes que un saltamontes o una sanguijuela, organismo paciente de esta experiencia, no sabe nada de esta dimensión del Otro. Estoy absolutamente de acuerdo. Por eso, ciertamente, todo mi esfuerzo durante algún tiempo consistió en demostrarle a ustedes un nivel comparable a nosotros sujetos. En este sujeto que somos, tal como aprendemos a manejarlo y a determinarlo, hay también todo un campo donde de aquello que nos constituye no sabemos nada. Es esto de lo traumático y no sabemos nada porque esto va a caer en el intervalo entre el a y el Otro y es el sujeto dividido. De eso, que es el objeto perdido y eso que cae, la experiencia como resto de eso, no sabemos nada.


Lacan sigue hablando de la cuestión del Estadío del espejo y lo especular y dice que aunque no existiera el psicoanálisis, igualmente lo sabríamos, porque hay momentos de aparición del objeto que nos arrojan a una dimensión muy distinta que se da en la experiencia y que merece ser aislada como primitiva y es la dimensión de lo extraño. Uno podría decir que en algún momento cuando le aparece el síntoma a un paciente, es como la dimensión de lo extraño.


Pregunta: ¿Esta dimensión de lo extraño, tiene que ver con lo ominoso del texto del Freud?
La angustia de Freud es la angustia de castración, es la angustia ante la falta del Otro. Pero Lacan en este seminario lo que introduce es la angustia lacaniana, que es más la angustia ante la carencia de la falta. La falta de la falta, digamos, que no es privativa de que en realidad se trata del objeto a, porque lo que está perdido es eso. Ahora, ese objeto a puede estar velado en el fantasma y permitirnos tener un marco para desear y manejarnos con nuestro sufrimiento o puede aparecerse en lo ominoso, presente. Por ejemplo, en el estadío del espejo Lacan habla de esta cuestión del chico, cuando está ante su propia imagen… Por eso dice que el primer objeto replicaría esta insuficiencia en la posibilidad de conocer al objeto y se ve bien en el estadío del espejo, porque el chico se ve entero donde no lo está y además presenta un sentimiento de mucho júbilo cuando se da vuelta y reconoce que el Otro lo está viendo. O sea, es necesaria la mirada y la voz del Otro. ¿Pero qué pasaría si en la experiencia del espejo uno se encuentra con la propia mirada? Es lo que le pasa a Freud cuando está en el tren y se encuentra con su propio reflejo sin la distancia de cuando uno se mira al espejo, por ejemplo. Entonces, se le aparece esta cuestión del fenómeno del doble, él mismo mirándose, que es un imposible porque aparece la mirada. Para que podamos vernos en el espejo y reconocernos, es necesario deponer la mirada. Si nosotros no deponemos la mirada, no la dejamos a un costado, se aparecería esta mirada, nos miraría y ese sería el fenómeno de lo siniestro, al aparecer el objeto que tiene que faltar. El objeto tiene que faltar para que podamos vivir y no estar en una angustia permanente, porque si el objeto aparece donde no tiene que aparecer (en la mirada, la voz), realmente es del orden de lo siniestro. Pensemos en una alucinación, que no es privativa de las psicosis, porque en una neurosis se pueden tener fenómenos alucinatorios. Lacan dice que la angustia es de la dimensión de lo extraño y va a hablar del horror y de lo siniestro.


De la angustia y de lo extraño, dice que esta no puede de algún modo captarse como algo frente a lo cual el sujeto permanece transparente frente a su conocimiento. Ante eso nuevo, el sujeto literalmente vacila y todo en la relación supuestamente primordial del sujeto con cualquier efecto de conocimiento es puesto en cuestión.


Cuando esto aparece, vacila el fantasma y todo es puesto en cuestión, porque el sujeto conoce desde su fantasma, es la respuesta que se dio a lo que el Otro lo quiere. Pero cuando aparece algo del objeto, que está velado por la demanda del Otro, que Lacan lo va a decir más adelante, toda la estructura del sujeto es puesta en cuestión. A veces, cuando nosotros tenemos un sujeto con una vacilación fantasmática importante, escuchamos a veces una posibilidad de una psicosis. Lo que pasa es que el neurótico luego puede dialectizar, historizar, quizá no enseguida y a veces hay que consultar con un psiquiatra, hacer una interconsulta para calmar porque a veces es realmente espantoso.


Este surgimiento del campo del objeto, de algo desconocido, experimentado en cuanto a tal, de una estructuración irreductible, se plantea también en la experiencia y pone el ejemplo de cuando los niños tienen miedo a la oscuridad. Dice: He aquí una respuesta concebible -en relación a por qué los chicos pueden tener miedo a la oscuridad- consiste en partir de la constitución del objeto correlativo del primer modo de abordaje, el reconocimiento de nuestra propia forma. Lacan está en el estadío del espejo, que es lo que les decía antes: nuestra propia forma, el yo. Plantea que dicho reconocimiento es en si mismo limitado, tanto del objeto en cualquier ciencia que se trata, hasta del objeto de sí mismo… porque deja escapar algo del revestimiento primitivo de nuestro ser, resultante del hecho de existir como cuerpo. Uno podría decir que se apunta a ese momento que no puede aparecer en el espejo. Es ese momento constitutivo de investimiento del ser, que tiene que ver con el objeto. El objeto está perdido, pero uno va a ir a esa experiencia traumática constantemente, tratando de elaborarla.


Dice que dicho reconocimiento en en si mismo limitado porque deja escapar algo del investimiento primitivo de nuestro ser, resultante del hecho de existir como cuerpo. ¿No es acaso una respuesta, no solo razonable, sino controlable decir que es este resto, este residuo no imaginado del cuerpo lo que mediante algún rodeo sabemos designar, viene a manifestarse en el lugar previsto para la falta? Cuando esto aparece, esto es lo que angustia.


Y de tal forma que al no ser especular, sitúa imposible situar. O sea, es imposible situar esto en el espejo, está caído. No es la angustia de castración, no es el -φ. Está caído, es imposible situarlo.


En efecto, una dimensión de la angustia es la falta de ciertos puntos de referencia. Es decir, es algo que se presenta que no puede ser imaginarizado. Es algo del orden de la estructura que tiene que estar velado. Cuando esto se presenta, ocurre esto de lo siniestro, el íncubo, aparece la dimensión de la angustia que es la falta de cierto punto de referencia. Es eso, la falta de ciertos puntos de referencia.


Lacan habla de la experiencia de la pesadilla: Uno se pregunta por qué se interesan tan poco por la pesadilla. Les recuerdo su fenomenología fundamental: la angustia de la pesadilla es experimentada como la angustia del goce del Otro. Lo correlativo de la pesadilla -acá el tema de lo siniestro- es el íncubo o el súcubo, aquel ser que te oprime el pecho con todo su peso opaco de goce extranjero, que te aplasta bajo su goce. Lo que se ve en el mito y también en la pesadilla es que aquel ser que pesa por su goce es también un ser que interroga. Ahí está el punto de la demanda. Es un ser que también interroga, no sólo una pesadilla. Es el Otro que viene a hacer con uno lo peor, lo que quiera, a gozarnos de la manera en que cada uno tenga su pesadilla, pero que además viene a interrogar al sujeto. ¿Qué me quiere? Si uno piensa en la figura de la mantis religiosa y esto que Lacan pone como escena de que él podría estar en la presencia de la mantis religiosa sin saber qué máscara porta, fíjense que acá está esta cuestión del goce del Otro, pero también de la interrogación, por la cuestión de qué me quiere el Otro, qué clase de objeto soy para el Otro. Sabemos que sí un objeto, por lo cual está el goce del Otro.


Entonces Lacan habla de la esfinge y dice que la intervención en el mito, no lo olviden, precede a todo el drama de Edipo. Es una figura de pesadilla, pero al mismo tiempo una figura interrogadora. Esta pregunta aporta a la forma más primordial de lo que es llamado la dimensión de la demanda. O sea que siempre que hablamos del goce del Otro, siempre que hablamos del objeto estamos hablando de la demanda. El goce del Otro viene en forma de interrogación para el sujeto.


Hemos aquí de nuevo sido conducidos a interrogar una vez más la relación de una experiencia, que puede ser llamada pre-subjetiva, en el sentido corriente del término sujeto y la pregunta en su forma más cerrada en forma de un significante que se propone a sí  mismo como opaco, lo cual es la posición del enigma. El significante, como les dije en cierto momento decisivo, es una huella, pero una huella borrada. El significante se distingue del signo en el hecho de que el signo es lo que representa algo para alguien. El signo es unívoco, por ejemplo el signo de prohibido estacionar… Mientras que el significante es lo que representa un sujeto para un ser significante. El ser es significante, es lo que representa un sujeto para un ser que también es significante. De lo que se trata es de nuestra relación de la angustia con cierto objeto perdido, pero que seguramente no está perdido para todo el mundo. Les mostraré dónde se lo reencuentra, pues no basta con olvidar algo para que no continúe no estando allí, solo es que ya no sabemos reconocerlo. Para reencontrarlo convendría volver al tema de la huella. Lo que está hablando acá es del inconsciente. Es un objeto perdido, pero uno puede volver a encontrar al objeto, por ejemplo cuando en el inconsciente aparece un lapsus, un acto fallido, está hablando del objeto, de eso perdido. Es una huella vacía, digamos, un pista falsa según va a decir Lacan, porque no es completamente el objeto.


Lacan dice que el único capaz de dejar huellas falsamente falsas -que es bien niesztcheano- no es solamente el hombre, sino esencialmente significante. Un psicótico es también un humano, pero no puede dejar huellas falsamente falsas. En la psicosis se presentifica un objeto y también, en el caso de la inhibición, el sujeto tampoco va a dejar huellas falsamente falsas. Cuando una huella se la ha trazado para que sea tomado por una huella falsa, entonces sabemos que hay un sujeto hablante. Así sabemos que hay un sujeto como causa.


Pregunta: ¿Podrías dar un ejemplo de lo de la huella falsa?
Está el ejemplo de Freud, ¿Por qué me decís que vas a un lugar, queriendo hacerme creer que vas a otro lugar? Cuando uno le hace al otro creer, mediante una verdad, le hace creer que eso es una mentira. Pero en realidad se trata de una verdad. ¿Con quién estuviste anoche, amor? le pregunta el marido. “Con 3 tipos”, responde ella… Y en realidad ella estuvo. Esta es la posibilidad del ser humano, donde encontramos un sujeto.


El sujeto allí donde nace se dirige a lo que llamaré brevemente la forma más radical de la racionalidad del Otro. O sea, este comportamiento no tienen ningún otro alcance posible sino insertarse en el lugar del Otro en una cadena significante que no tiene el mismo origen, o si. Entonces, acá viene lo de la huella borrada, que es lo que yo les decía:


a $ A


Hay, pues, de entrada un a, el objeto de la casa y un A mayúscula. Un intervalo, en el cual el sujeto surge con el nacimiento del significante, pero como tachado, como no sabido. Entonces, tenemos el objeto de la casa, tenemos el Otro, pero en realidad este objeto a está en el campo del Otro y el sujeto cree que lo tiene, pero en realidad no lo tiene el Otro. Cuando el sujeto trata de preguntarse por un significante que lo pueda significar al Otro enteramente o a sí mismo enteramente, se encuentra con que el Otro está barrado. Esto da por resultado, entonces, el sujeto dividido. Cae el a, no hay completud en el Otro, se pierde el objeto y la posibilidad de acomodamiento y como contrapartida tenemos al sujeto barrado, pero como tachado, como no sabido. Sujeto barrado es sujeto no sabido, en la medida que no sabemos qué significante lo representa. En realidad no existe uno en relación al ser. Toda orientación ulterior del sujeto se basa -esto es importante porque lo vemos en los análisis- en la necesidad de una reconquista respecto a este no sabido original. Uno va una y otra vez a ese momento traumático. Aquí ven ustedes surgir la relación verdaderamente radical concerniente al ser que deberá ser nuevamente reconsquistado por parte de este sujeto que se encuentra entre el a chica y la primera aparición del sujeto como no sabido, lo cual significa inconsciente, el nacimiento del inconsciente.


La existencia de la angustia está vinculada al hecho de que toda demanda, aunque sea la más arcaica, siempre tiene algo de engañoso respecto a lo que preserva del lugar del deseo. O sea, un sujeto puede pedirle al Otro incondicionalidad, pero si el Otro le intenta dar esa incondicionalidad, va a intentar preservarla. Lo tenemos por ejemplo en la anorexia, donde el sujeto le pide algo a la madre… O le piden a la madre que les compren de todo. La madre lo hace, entonces la anoréxica trata de preservar su deseo y no come, por ejemplo, porque está tan lleno el Otro, quiere satisfacer tanto su demanda y en realidad se trata de restar de este Otro porque hay demasiada presencia de ese Otro. Entonces, toda demanda, aunque sea la más arcaica, siempre tiene algo de engañoso respecto a lo que preserva, el lugar del deseo. O sea, que ahí va a aparecer la angustia. Cuando el Otro da, da y da, demasiada presencia, ahí lo que aparece es la angustia. Aunque el neurótico demande presencia, siempre trata de preservar algo del orden de este fort-da, algo del orden del lugar del deseo.


Esto explica también el lado angustiante de lo que a esta falsa demanda y le da una respuesta que lo colma. Esto sería que el neurótico hace creer al Otro que le pide y es eso lo que pide y en realidad es una falsa demanda, porque lo que hace es tratar de preservar la falta. LO que el niño le pide a su madre está destinado a estructurar para él la relación presencia-ausencia que muestra la relación del fort-da, que es un primer ejercicio de dominio. Hay siempre un cierto vacío que preservar, que no tiene nada que ver con el contenido positivo ni negativo de la demanda. La demanda acude inevitablemente al lugar de lo que es escamoteado, al objeto. La demanda, en el fantasma, va a estar en el lugar de lo que es escamoteado, el objeto a.


Lacan habla de la fórmula de la pulsión, del fantasma, $◊a, que en realidad sería $◊D. Esta sería la fórmula de la pulsión. En realidad, la fórmula del fantasma se relaciona con la fórmula de la pulsión. Les he enseñado a escribir la pulsión que debe leerse sujeto tachado, corte de D demanda. Ello es así en la medida que el fantasma se presenta de una forma privilegiada en el neurótico como pulsión. El fantasma se presenta en el neurótico como el sujeto en relación a la demanda del Otro. Lacan dice que las pulsiones se muestran siempre como formas parciales y habla de los tipos de objeto. Dice: esto está muy claro al conocer la estructura que heredó de la pulsión en los primeros objetos aislados por el análisis. Tenemos el seno cortado como demanda a la madre. Más tarde, al invertir la demanda (objeto oral) la demanda de la madre es el objeto anal. Tenemos ese objeto que se llama escíbalo, que es el objeto anal. Hay que entender bien que también en este caso … el objeto tiene relación con una zona que se llama erógena. ¿Por qué tiene que ser el escíbalo? ¿Por qué tiene que ser el pecho y no el tracto digestivo, por ejemplo? El objeto se recorta, porque está en relación a la demanda del Otro: la mirada de la madre, a la relación del sujeto con el pecho de la madre, a la demanda de la madre respecto al control de esfínteres. Está la demanda del Otro, ¿pero por qué no el tracto digestivo, si en realidad cuando se alimenta pasa por ahí? Hay que entender bien que en este caso la zona está separada por un límite de todo el sistema funcional que desemboca y que es mucho más basto. Entre las funciones excretoras, ¿por qué el ano, sino por su función determinada por el esfínter que contribuye a cortar un determinado objeto? Este corte es el que da valor y su acento al objeto anal, con todo lo que puede llegar a representar en tanto que don, sino en tanto que identidad.

Tan solo se trata de un desecho que designa lo único que es importante, o sea, el lugar de un vacío. A ese lugar va ir el síntoma, para poder dar cuenta permanentemente de este vacío estructural. A ese lugar va a ir el síntoma y el fantasma. Así que la próxima vez empezamos con síntoma.

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