lunes, 10 de octubre de 2022

¿Qué es el inconsciente? El inconsciente como ruptura del discurso racional

Entrada anterior: La interpretación: la verdad se especifica por ser poética

El problema de la estructura y la ley se puede definir, en Lacan, en los siguientes términos:

Antes de toda experiencia, antes de toda deducción individual, aun antes de que se inscriban en él las experiencias colectivas que se refieren sólo a las necesidades sociales, algo organiza este campo, inscribe en él las líneas de fuerza iniciales. Es la función de lo que Claude Lévi-Strauss nos presenta como la verdad de la función totémica y que además reduce su apariencia: la función clasificatoria primaria” (22 de Enero de 1964).


Hay gente que está dentro de esta articulación (neurosis) y gente que está por fuera (psicosis), aunque hay distintas formas de leer a las psicosis.

Dice Freud, en Moises, su pueblo y la religión monoteísta:
El padre vuelve a ser el jefe de la familia, pero ni con mucho tan irrestricto como lo fuera el padre de la horda primordial. El animal totémico cede paso al dios siguiendo unas transiciones bien nítidas. Al comienzo el dios de figura humana sigue llevando la cabeza del animal; luego se trasforma de preferencia en ese animal determinado, después este le deviene sagrado y su compañero predilecto, o bien ha dado muerte a ese animal y lleva su nombre como epíteto. Entre el animal totémico y el dios emerge el héroe, a menudo como un estadio previo de la divinización. La idea de una deidad suprema parece advenir temprano, al principio sólo vagamente, sin entrelazarse con los intereses cotidianos de los hombres. Con la fusión de las estirpes y pueblos en unidades mayores, se organizan también los dioses en familias, en jerarquías. Uno de ellos suele ser enaltecido a soberano de dioses y hombres.

Esta filogénesis de la ley está sostenida sobre la prohibición del incesto, es decir, la no posibilidad de la relación sexual, en el sentido de la primera experiencia de satisfacción. Ese goce en la neurosis está perdido porque no se puede y porque el neurótico hace jugar un mito: "Me lo prohíben". ¿Quién? Aquel que prescribe la castración.

El mito freudiano dice que el protopadre de horda primitiva fue asesinado y devorado por los hijos y su potencia fue incorporada. Hay una primera identificación ahí, la ein verleubung. Ese padre fue reemplazado por un tótem, un objeto inanimado que prescribe esa prohibición hacia la madre (no reincoporar el producto) y hacia el hijo (no acostarse con la mano). El totem fue reemplazado por el animal totémico, que fue reemplazado por el dios antropomórfico, que fue reemplazado por la figura del héroe, reemplazado por Ikenathón y luego por Moisés. Moisés fue reemplazado por el Dios de los judíos, que fue reemplazado por el Dios de los Cristianos, hasta el pater familias, que tiene la fuerza del proto padre inicial.

Se trata de un orden de sustitución, una metáfora, que funcionan como Padre, un Nombre-del-Padre, que arma una dimensión simbólica, no de una realidad objetiva, sino simbólica, que arma la estructura de la ley, armada sobre una ficción. La verdad, entonces, tiene estructura de ficción. En la neurosis, esto incide de esa manera.

¿Qué tipo de inconsciente es el freudiano? En el ensayo de 1912, El inconsciente, Freud habla de un inconsciente de tipo descriptivo, tipo tópico y uno dinámico. En esa primera tópica, habían cosas que a Freud no le empiezan a cerrar. Porque más allá de la dimensión descriptiva y tópica, tiene una dimensión dinámica.

El inconsciente descriptivo es aquel que tiene que ver con las representaciones cc, pcc e inc. El tópico es el inconsciente que se ubica en un sistema; el inconsciente dinámico es aquel en que actúa el mismo inconsciente, se articula a algo. Lacan leyó esto para decir que está el inconsciente freudiano y nuestra lectura sobre el inconsciente. hace referencia a que el inconsciente freudiano no es el inconsciente romántico:


El inconsciente no es un invento freudiano. Eduard Von Harmann escribió "La filosofía del Inconsciente" (1896). Allí describe al inconsciente como el principio metafísico último como Absoluto empleado por los idealistas alemanes. El inconsciente freudiano es una combinación de Von Harmann con el inconsciente de Schopenhauer y tiene que ver con el deseo, aunque también con la razón.

Para Lacan, el inconsciente va a estar más ligado a esos puntos donde se falla, se tropieza, fisura, donde la articulación racional no cierra del todo:

El inconsciente no se puede decir en términos racionales de qué es: si se pudiera decir qué es, el inconsciente tendría una realidad ontológica. Pero no podemos decir que el inconsciente sea "algo". En todo caso, hay algo del orden de lo inconsciente, pero ese algo no se termina de realizar. Por ejemplo, podemos decir que es el evento en el cual Reik da lugar a la interpretación de Freud. De manera que para lacan, el inconsciente tiene que ver con el hallazgo, el tiempo de conclusión:

Lo complejo es que el inconsciente no puede ser determinado como algo que existe verdaderamente en el sentido ontológico, tampoco en el sentido fenomenológico. No se puede decir "Ese fenómeno es el inconsciente". Lo único que se advierte del inconsciente es la ruptura del discurso racional. 

Recordemos el olvido de Freud, al ver un cuadro de Signorelli. Él recuerda "elli" y le sale Boticelli, pero olvida "Signor". Por el resto metonímico "elli", él asocia Boticelli.


Y por otro resto, "Bo", por desplazamiento, lo remite a Bosnia. Por se mismo resto, por metonimia, lo remite a Boltraffio. El resto traffio le remite a Traffoi. Recuerda que entre Herzegovina y Bosnia había algo que decían los turcos: cuando uno tiene un problema en la sexualidad, no hay nada más que decir, es preferible la muerte. Freud recuerda un paciente que se había suicidado por un problema en la sexualidad. Herr, lo remite por asociación externa, que Herr es Signor en italiano. Ahí recuerda "Signorelli".

Lo que aparece olvidado en esto es la implicación de Freud en todo esto. El olvido de "Sig" lo remite a su propio nombre Sigmund, según Lacan, para decir que en el inconsciente hay algo que a uno lo señala, lo implica. Es decir, en el inconsciente se encuentra la falla, la fisura y pese a que ontológicamente el inconsciente no existe, se puede dislumbrar bajo la única evidencia de la discontinuidad y nada más. Y que eso lo implica a uno, en la dimensión metafórica.

Una paciente trae un sueño a análisis: Veo muchas cosas DINSEMINADAS en la playa. El analista le pregunta por dinseminadas, a lo que ella responde que fue un error. El analista insiste con esa palabra, la paciente se angustia y trae una escena en donde ella mantuvo relaciones sexuales en la playa, con un amigo de su pareja. Ella tenía miedo, pero a la vez deseo, de quedar embarazada de ese hombre. Ese "dinseminada" remite, entonces, a la diseminación y a la inseminación. En esta paciente, ella había diseminado las cenizas del padre en la playa. 

El paciente va a venir hablando por una línea significante. De repente, aparece otra línea significante que empieza a remitir a otras cuestiones que tienen que ver con su vida. 

Esta paciente había traído una premisa mayor: todos los hombres son cogibles. Hay que tener en cuenta que la primera premisa, en la histeria, es falsa. El analista la confronta diciendo que si su padre era un hombre, entonces era cogible. Ella dice que él no, con lo que el analista ubica un punto de ruptura del silogismo.

El análisis se inicia cuando el inconsciente se abre a la transferencia y el analista es incluido. El síntoma se revela allí como formación del inconsciente. 

La ética del psicoanálisis responde al deseo del sujeto, pero el instrumento que usa el analista tiene que ver con el decir. Ese instrumento se llama deseo del analista. El deseo del analista es un instrumento, es el deseo que se le supone al Otro. Si el analista asume el deseo del Otro, el analista porta un deseo y ese deseo inquieta, porque no es deseo de algo en particular, sino de cualquier cosa. 

La interpretación va hacia un rehallazgo, que tiene que ver con el término invención. Invenire, en Latin, es volver sobre las huellas que ha dejado lo perdido. Es la invención de un saber. Por eso Lacan dice:


Orfeo es un héroe que había perdido a su mujer y baja hacia las profundidades del averno y se pelea con los dioses para recuperarla. Los dioses le ponen la de que él caminase delante de ella y no mirase atrás hasta que hubieran alcanzado el mundo superior y los rayos de sol bañasen a la mujer.

A pesar de sus ansias, Orfeo no volvió la cabeza en todo el trayecto: ni siquiera se volvía para asegurarse de que Eurídice estuviera bien cuando pasaban junto a un demonio o corrían algún otro peligro. Orfeo y Eurídice llegaron finalmente a la superficie. Entonces, ya por la desesperación, Orfeo volvió la cabeza para ver a su amada; pero ella todavía no había sido completamente bañada por el sol, y aún tenía un pie en el camino del inframundo, así que se desvaneció en el aire, y esa vez para siempre.

Con esta metáfora, Lacan quiere decir que el analista busca algo que ya está perdido y cuando lo reencuentra, lo vuelve a perder. La lectura es un poco complicada, pero es la misma que Roland Barthes hace en la literatura. Barthes dice que el poeta baja hacia las profundidades del infierno como Orfeo, buscando algo que ha perdido: lo que no se puede decir, lo impronunciable.

De aquello que no se puede decir, el poeta trae algo a la superficie, pero cuando se da vuelta a ver aquello que ha amado, eso es ya una palabra muerta. Por eso, la creatividad es una invención de algo que desde la poética tiene que ver con lo indecible, que cuando se transforma en palabra ya es algo del orden de lo dicho. El acto de decir es algo absolutamente original. Lo que uno busca en el análisis es esa originalidad en el decir, que rompe los sentidos de lo dicho, del decir corriente, y va hacia lo particular y lo singular de aquello que define a cada sujeto.


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