Freud introdujo la idea de Klebrigkeit der Libido —habitualmente traducida como adhesividad o viscosidad de la libido— en relación con las condiciones que hacen que la libido pueda quedar fijada a determinadas posiciones.
La “viscosidad” implica que la libido se despega con dificultad de determinados objetos, representaciones, posiciones o modalidades de satisfacción. La libido viscosa es una libido que tiene dificultad para hacer duelo por sus objetos y, sobre todo, para investir otros objetos.
El problema para el paciente no es solamente que el objeto se haya perdido. Es que la libido parece no poder abandonar la posición libidinal construida alrededor de él. El paciente mismo dice que sabe que debería desprenderse, pero no puede.
En los duelos detenidos es particularmente evidente. La viscosidad aparece cuando esa libido encuentra dificultades para circular. El trabajo de duelo, además de “aceptar que alguien murió/se fue”, implica hacer algo con la libido que estaba comprometida en ese objeto.
En la clínica cotidiana aparece como repetición. Hay pacientes que cambian de pareja pero no cambian de relación. Cambian el objeto, pero conservan, por ejemplo, el mismo tipo de partenaire, la misma escena de abandono, la misma posición de espera o de decepción. Entonces, la viscosidad no necesariamente está adherida a la persona empírica, sino a una determinada modalidad de goce. En este caso, la viscosidad adquiere una dimensión propiamente psicoanalítica, porque la fijación es a la posición.
Podemos decir que mientras que la fijación (fixierung) implica que la libido queda ligada a determinado objeto, fase o modalidad, la viscosidad (Klebrigkeit) consiste en la dificultad para desprenderse y desplazar esa libido. Para ordenar, diría:
La fijación señala dónde está pegada.
La viscosidad señala qué tan difícil resulta despegarla.
A veces nos preguntamos por qué dos sujetos que atraviesan una pérdida aparentemente equivalente pueden reaccionar de manera radicalmente distinta. Uno puede hacer un duelo relativamente rápido y comenzar nuevos investimentos y el otro no. No necesariamente porque lo haya amado “más”, sino porque su libido tiene menor capacidad de desplazamiento. Perder y renunciar no son lo mismo.
No se trata de "no quiere soltar", como se dice. La cuestión analítica interesante es no tomar inmediatamente la viscosidad como una falta de voluntad. A veces aquello que no se puede abandonar es precisamente lo proporciona una satisfacción libidinal, incluso en el sufrimiento.
¿Es la viscosidad de la libido un déficit o una modalidad de satisfacción? Diariamente escuchamos gente quejarse durante años de una situación que, simultáneamente, no dejan de producir. la pregunta por la satisfacción hace que la viscosidad deje de ser solamente una propiedad de la libido y empieza a revelar la relación entre libido, repetición y goce.
Por último, la viscosidad de la libido podría ser justamente una de las razones por las que la repetición consigue imponerse sobre el principio de placer. La libido no se desplaza hacia cualquier lugar disponible; vuelve, una y otra vez, hacia aquello donde ya encontró una determinada satisfacción.
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