miércoles, 2 de mayo de 2018

El superyó en la histeria.


En el grupo de Facebook "Conceptos básicos del psicoanálisis - Grupo de intercambio", el dr. Treszezamsky presentó la siguiente historia, para dar cuenta del superyó en la histeria:

Leticio vivía desde hacía diez años con su mujer, a la que amaba con la misma intensidad que el primer día y, quizás, todavía más, y con su suegra, a la que detestaba también con la misma intensidad con la que la había venido detestando todos esos años, o incluso más.
La única razón por la que no la echaba de la casa o no tomaba una medida más drástica, como hervirla en aceite, o tirarla por el balcón cuando pasara el camión de la basura, era el amor que sentía por su mujer, para quien albergar consigo a su pobre madre enferma constituía un deber ineludible.

Además, como el matrimonio, a pesar de haberlo deseado con fervor, no había podido tener hijos, su mujer que, por otra parte no trabajaba, dedicaba todo su tiempo a cuidar de su madre.
Pero un día, las cosas amagaron cambiar radicalmente: Leticio llegó a su casa, luego de una ardua jornada de trabajo, y su mujer lo recibió diciéndole que tenía para darle dos noticias, una buena y una mala.
-Voy a empezar por la mala, dijo. Leticio, esta tarde murió mamá.
Leticio corrió al dormitorio de la vieja y vio que, efectivamente, había
quedado dura.
Entonces, corrió a poner un disco de rock pesado, y se puso a bailar
frenéticamente gritando: -¡Qué bueno! Si esa es la mala noticia, cómo será la buena.
-La buena, le dijo su mujer, es que voy a ser mamá.
Leticio volvió a saltar de alegría. Hacía diez años que venía deseando tener un niño que alegrara el hogar, y ahora, sin la vieja que escorchara todo el día ese hogar iba a convertirse en un verdadero paraíso.
Pues bien, al día siguiente, después del entierro de su suegra, Leticio se fue a trabajar, y, cuando salió, antes de volver a su casa, fue a comprar ropa de bebé, para levantar el ánimo de su esposa. Pero, cuando llegó a su casa y se dirigió al dormitorio, donde creyó que encontraría a su mujer, encontró que la que estaba esperándolo era la vieja, su suegra. Y estaba viva.
El pegó un grito de horror. Entonces la vieja le dijo: Leticio, ¿qué te pasa? ¿No me reconocés? Soy yo, tu esposa. Yo te dije, ¿no te acordás? Te dije que iba a ser mamá, y no pensé que sucedería tan pronto... pero sucedió, Leticio. ¡Soy mamá! 

(Leo Masliah, "La buena noticia")

En la histeria el superyó impone la represión y cuando es exitosa no sólo no se perciben los deseos edípicos sino que tampoco se siente culpa. En la histeria el sentimiento de culpa es inconsciente. ¿Y cómo se expresa el castigo superyoico? El hecho de que el deseo sea inconsciente no significa que el superyó no lo perciba, y por lo tanto el castigo se lleva a cabo, pero ¿cómo? El ejemplo que dimos lo muestra claramente en esa humorada: ¿Así que querías ocupar el lugar de tu madre? Pues lo vas a ocupar. Es lo que se llama "Castigo a lo Midas". Esa identificación (capítulo VII de Psicología de las Masas) es el mecanismo completo de la formación de síntoma en la histeria: se satisface el deseo y el castigo. Una mujer que padecía de "Frigidez sexual" describía al padre como un hombre muy frío. La frigidez era la prohibición de gozar debido al significado edípico y al mismo tiempo el tener continuamente al padre en la vagina. Se cumplía el mandato del superyó del histérico de vivir continuamente insatisfecho.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario