viernes, 23 de enero de 2026

el rasgo unario, cardinalidad y borde

 El límite, como función matemática, del conjunto del significante comienza a ponerse en forma a partir de la pregunta sobre su cardinalidad. Se trata de un problema inherente a la elaboración cantoriana sobre los números transfinitos que determina que lo que da la extensión del conjunto nunca puede ser un elemento del mismo. O sea que el borde sólo puede deslindarse a partir de la función de la letra en la medida en que puede designarlo, al borde. Este modo de razonar conlleva algo del orden de un salto, concepto de raigambre cantoriana más allá de que puede ser situado también en la obra de Heidegger.

El trabajo de Lacan sobre este punto tiene como marca de inicio el abordaje que sobre el rasgo unario comienza en "La identificación". Este término complejo es extraído del planteo de Freud sobre la identificación, o sea sobre esa operación de lazo entre el sujeto y el Otro. Entendemos que este desarrollo de Lacan fija el punto de partida de un cambio de lógica. Para ello aborda el rasgo a partir de un vaciamiento de toda dimensión cualitativa, con lo cual el problema no es entonces lo predicable sino lo imposible de predicar: ¿cómo pensar al sujeto con independencia de lo cualitativo?

Esto introduce una distancia entre las diferencias cualitativas, las cuales son connotativas; y hay otras de otro orden, ¿cómo las llamaríamos, cuantitativas? ¿del orden de la singularidad?. En cualquier caso son denotativas en el punto en el cual el rasgo aquí viene a indicar el borde que deja en el sujeto la falta de un referente.

O sea que el rasgo unario tomado desde el sesgo de la letra viene a designar ese litoral que hace el borde de aquello que el significante "hurta" al sujeto, según el planteo de "Subversión del sujeto...". O sea viene a señalar las consecuencias de la represión primaria.

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