¿Por qué la angustia ocupa un lugar privilegiado en la práctica analítica y se distingue de otros afectos —como la emoción, la turbación o la tristeza— que también atraviesan la experiencia subjetiva?
La especificidad de la angustia se esclarece si se considera que el significante produce efectos en dos registros distintos. Por un lado, en el campo del discurso, el significante engendra efectos de significación, organizando el sentido, las narrativas del sujeto y aun aquello que puede alojarse en el orden de sus creencias.
Pero, por otro lado, en tanto el cuerpo participa de la constitución subjetiva, la incidencia del significante sobre él deja un resto. Algo no se integra al campo del sentido ni se deja absorber por la significación: el objeto a.
Los afectos, en general, son efectos del significante sobre el cuerpo. En este conjunto, la angustia se distingue por una razón fundamental: es el afecto que no engaña. No se presta a la ficción del sentido ni a la captura imaginaria que pueden operar en otros afectos.
Lacan define la angustia de dos maneras complementarias. En primer lugar, como la sensación del deseo del Otro. El término “sensación” no debe entenderse aquí en un registro meramente perceptivo, sino como un acortamiento radical de la distancia: la irrupción del deseo del Otro sin los velos que habitualmente lo amortiguan. La angustia emerge cuando vacilan aquellas instancias que protegen al sujeto de confrontarse con la castración del Otro.
En segundo lugar, la angustia es la subjetivación del objeto a. Es el único afecto en el que el objeto a —habitualmente exteriorizado, velado o desplazado— se presenta en el interior de la experiencia subjetiva. Allí donde el objeto no puede ser simbolizado, la angustia lo hace sentir.
Por esta razón, la angustia constituye una brújula clínica fundamental para el analista. En los puntos donde la angustia irrumpe se hacen legibles las coordenadas del deseo del sujeto, su posición deseante. En tanto el sujeto se constituye como deseante del deseo del Otro, se encuentra estructuralmente en posición de objeto a, y es en la angustia donde esta posición se revela con mayor nitidez.
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