viernes, 29 de mayo de 2020

Los dos momentos de la angustia en la obra de Freud.

Fuente: Clase de Daniel Zimmerman (septiembre de 2012), cátedra Psicoanálisis II en UMSA.
Hay 2 teorías de Freud acerca de la angustia.
1) La represión genera angustia.
2) La angustia de castración causa la represión. El retorno de lo reprimido genera el síntoma.

Este recordatorio me parece interesante para saber que esta segunda teoría Freud la plantea en “Inhibición, síntoma y angustia” (1920). Freud había atendido cerca de 1905 a Juanito y después de haber mantenido una teoría más de 20 años no tiene ningún pudor en reconocer que se equivocó, que dijo una cosa y era exactamente al revés. Para ilustrar cómo puede cambiar la perspectiva, revisa 2 casos que atendió años atrás: Juanito y el hombre de los lobos. En los 2 casos aparece la fobia y con esta teoría de la angustia permite una revisión de la función de la fobia. Pero cuando atiende a Juanito, lo atiende con su primera teoría. Juanito nos presenta 3 momentos, en relación a la fobia y a la angustia:

1) Juanito atendido por Freud.
2) La revisión que hace Freud 20 años después de cómo se vería en caso en la medida que toda angustia es angustia de castración.
3) La vuelta que Lacan da con el seminario sobre Inhibición, síntoma y angustia.

Por la represión, se produce la disociación entre afecto y representación. La representación se reprime y el afecto es expresado en angustia.
¿Cuál es el peligro que señala la angustia? Freud va a decir que es la castración. Freud va a tomar la angustia del nacimiento, para ponerla en serie con otras angustias cruciales del desarrollo del sujeto. Hay varias situaciones donde Freud pone la angustia, como el destete.

En “Inhibición, Síntoma y Angustia” dice que
La angustia causa aquí la represión, y no, como antes afirmábamos, la represión causa la angustia.

Aunque no nos es agradable recordarlo, de nada serviría silenciar ahora que hemos sostenido repetidamente la opinión de que por medio de la represión quedaba la representación del instinto deformada, esto es, desplazada, y transformado el impulso instintivo en angustia. Ahora bien, y como acabamos de ver, la investigación de las fobias, que creíamos habría de probar tales afirmaciones nuestras, no sólo no las confirma, sino que parece contradecirlas directamente.
Esto lo empalmo con un párrafo anterior que dice:
El problema de cómo surge angustia en la represión puede muy bien ser de carácter complejo, pero ello no obsta para mantener la idea de que el yo es la verdadera sede de la angustia y rechaza nuestra opinión primitiva de que la energía de carga del impulso reprimido era transformada automáticamente en angustia. Al expresarnos así en ocasiones anteriores realizamos una descripción fenomenológica y no una exposición metapsicológica.
O sea que también hay una modificación en el lugar de dónde tenemos que situar lo que Amorrortu dice almácigo, que es la angustia. ¿Cuál es el verdadero almácigo o la sede de la angustia? El yo. Podríamos decir que la angustia es un afecto que tiene como sede el yo. La angustia funciona como una señal. Ante una situación peligrosa, esta puede ser señalada con la expresión de angustia.
Pero la conducta de aquél puede, una vez más, ser adecuada al ser reconocida la proximidad de la situación peligrosa y ser ésta señalada por la explosión de la angustia. En tal caso puede entonces ser suprimida la angustia en el acto por medio de medidas apropiadas. Se distinguen, pues, en seguida dos posibilidades de la aparición de angustia: una inadecuada, con relación a una nueva situación peligrosa; la otra adecuada, para señalar y prevenir tal situación.
[…]
No tenemos, en efecto, ningún motivo para atribuir al superyó manifestación alguna de angustia, y al hablar de una «angustia del ello» no hacemos sino usar una expresión impropia, que habremos de corregir, aunque más en la forma que en el contenido. La angustia es un estado afectivo, que naturalmente sólo puede ser sentido por el yo.
[…]
Se revela aquí innegablemente la tendencia de limitar a un mínimo el desarrollo de angustia, no utilizando ésta sino como señal, pues de no hacerlo así experimentará en otro lugar distinto el displacer que con el proceso instintivo amenaza, lo cual no constituye un éxito de los propósitos del principio del placer; sin embargo, esto es muy frecuente en las neurosis.
La angustia actúa sobre el yo, no sobre el ello ni el superyó. Funciona como una señal, de un peligro. El peligro es la castración, pero pongámoslo entre paréntesis, porque Freud va a poner en serie la castración entendida como la amenaza del papá de Juanito de cortarle el hace-pipí. Pero Freud dice que esta angustia se puede poner en serie con otras, incluso la del nacimiento. La del nacimiento, la de cuando el chico más crecido llora porque la madre lo abandona en la oscuridad de la habitación, o el destete. El denominador común es la pérdida del objeto. Freud, entonces, dice que la angustia es un efecto sobre el yo que tiene como función operar como una señal ante un peligro. El peligro es ante la pérdida del objeto.

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