La errancia es uno de los conceptos más interesantes que aparecen alrededor de la clínica de las psicosis ordinarias, aunque no constituye un concepto técnico tan delimitado como la forclusión o la triple externalidad. Es un término que utilizan con frecuencia Jacques-Alain Miller y varios autores de la orientación lacaniana para describir un modo de existencia del sujeto.
En sentido amplio, errar significa "andar sin rumbo". Pero, clínicamente, no se refiere solamente a deambular físicamente, sino a una dificultad para encontrar un punto de anclaje subjetivo.
Desde la perspectiva lacaniana, el sujeto neurótico está relativamente "anclado" por ciertos significantes: una profesión, un nombre, una historia, una posición respecto del deseo, un síntoma relativamente estable. En algunas psicosis ordinarias, esos anclajes son mucho más frágiles. El sujeto puede tener la sensación de que nada termina de fijarse.
La consecuencia es una vida que parece organizada por desplazamientos continuos. No necesariamente hay sufrimiento intenso; muchas veces el sujeto incluso vive así durante años.
La errancia puede observarse en distintos planos en la clínica.
La errancia geográfica es quizá la forma más evidente. Pacientes que cambian constantemente de ciudad, emigran repetidamente, no logran permanecer mucho tiempo en una vivienda, sienten que "en otro lugar voy a estar mejor". Cada mudanza parece prometer una solución que nunca termina llegando. No es el viaje como proyecto, sino el desplazamiento permanente.
También es muy frecuente la errancia laboral. Pacientes que pasan por numerosos trabajos, cambian de profesión, abandonan carreras, inician proyectos que dejan rápidamente y nunca encuentran un lugar donde permanecer. No siempre porque fracasen; a veces simplemente pierden toda ligazón con aquello que estaba haciendo.
Otra modalidad de errancia, probablemente la más importante, es la errancia identificatoria. El sujeto cambia continuamente de identidad. Puede modificar estilos de vestir, grupos de pertenencia, ideologías, religiones, orientación vital, nombres en redes sociales, modos de hablar. Cada identificación funciona durante un tiempo y luego cae, como si ninguna alcanzara para sostenerlo.
Las relaciones también pueden adquirir un carácter errático. No necesariamente tiene que haber promiscuidad, más bien existe dificultad para construir una continuidad. Las parejas se suceden sin que llegue a consolidarse una posición estable.
La errancia en el deseo es un punto especialmente lacaniano, lo que se ve en estos casos es que el deseo parece no encontrar objeto. Hoy una carrera, mañana otra. Después otra ciudad, otra pareja, otro proyecto espiritual. Siempre aparece la sensación de que la respuesta está un poco más adelante.
No y esto exige ser muy cuidadoso clínicamente, porque la errancia también aparece en:
- adolescencia;
- crisis vitales;
- consumo problemático;
- trastornos de personalidad;
- migraciones;
- situaciones de exclusión social;
- incluso en sujetos neuróticos.
Lo que interesa en la psicosis ordinaria es el valor estructural de esa errancia. No se trata de un momento de inestabilidad, sino en la manifestación de que falta un punto simbólico que organice la existencia.
La errancia aparece como un movimiento continuo buscando un punto de apoyo, por lo que puede pensarse que este fenómeno es casi una consecuencia de la triple externalidad. Si existe externalidad social, externalidad corporal y externalidad subjetiva, entonces resulta difícil quedar fijado a un lugar.
Suplencias ante la errancia
Muchos sujetos consiguen detener esa errancia mediante una suplencia. Por ejemplo:
- un trabajo muy reglado;
- una práctica artística;
- una disciplina deportiva;
- una pareja que funciona como organizador;
- una creencia religiosa;
- un hobby absorbente;
- incluso un síntoma corporal.
Desde la última enseñanza de Jacques Lacan, estas soluciones pueden entenderse como modos singulares de hacer un nudo cuando el anudamiento estructural no alcanza a sostenerse por sí mismo.
Conviene distinguir la errancia de la búsqueda. Muchas personas cambian de ciudad, de trabajo o de intereses por curiosidad, crecimiento o circunstancias de vida. En esos casos suele haber un hilo narrativo que da continuidad a los cambios: el sujeto puede explicar por qué eligió cada paso y cómo se relaciona con sus proyectos.
En la errancia de interés clínico, en cambio, los desplazamientos tienden a ser reiterativos y poco estabilizadores. El sujeto suele experimentar que "nada termina de encajar", y cada nuevo cambio aparece como un intento de resolver algo que permanece sin nombre. No es el movimiento en sí lo que orienta el diagnóstico, sino la función que ese movimiento cumple en la economía subjetiva y su articulación con otros signos clínicos. Por eso, al igual que la triple externalidad, la errancia es un indicador de orientación clínica, no un criterio diagnóstico aislado.