miércoles, 12 de agosto de 2026

¿Qué cuerpo no cabe en el espejo?

La topología le ofrece a Lacan una vía para formalizar aquello que la intuición no consigue representar. En particular, le permite interrogar una concepción del cuerpo que no se reduce a la imagen especular ni al espacio mensurable, sino que se encuentra directamente concernida por la economía del goce.

Si bien el toro adquiere un valor fundamental por las particularidades de su estructura, hay un período en el que Lacan se interesa especialmente por las superficies uniláteras. Este interés lo lleva a trabajar con superficies abiertas, como la banda de Möbius, y con superficies cerradas, como la botella de Klein; asimismo, distingue aquellas que poseen bordes de las que carecen de ellos.

Uno de los problemas centrales que se desprenden de este trabajo consiste en formalizar la distancia entre la estructura de una superficie y las posibilidades de su inmersión en el espacio. Las superficies uniláteras presentan, precisamente por su estructura —por tener una sola cara—, una imposibilidad de ser sumergidas en el espacio euclidiano tridimensional sin introducir algún artificio que permita su representación.

De allí la necesidad de recurrir a construcciones que hagan posible, aunque sea de manera forzada, esa presentación en el espacio. La banda de Möbius puede construirse, por ejemplo, a partir de una hoja de papel; algo semejante ocurre con el cross-cap utilizado para formalizar el plano proyectivo. El artificio no elimina la imposibilidad estructural de la superficie, sino que permite ponerla en escena.

Es justamente esta tensión entre estructura e imposibilidad de representación lo que vuelve especialmente fecundo el recurso topológico en Lacan. Las superficies uniláteras permiten dar forma a aquello que resulta antiintuitivo y, en cierto sentido, imposible de representar directamente. Pero, fundamentalmente, su imposibilidad de ser sumergidas en el espacio euclidiano le proporciona un recurso para interrogar la naturaleza del cuerpo concernido en la economía política del goce.

Se trata, entonces, de un cuerpo que no posee una imagen especular acabada, que no puede reducirse a sus coordenadas tridimensionales y que escapa a la captura por el espejo. El cuerpo que está en juego aquí no es simplemente aquel que puede ser localizado, medido y representado geométricamente, sino uno que, en su relación con el goce, introduce una dimensión que excede las coordenadas del espacio intuitivo.

lunes, 10 de agosto de 2026

La culpa vela la angustia

 La culpa suele ser una formación que vela la angustia. Al localizar la causa del malestar en una falta propia, evita el encuentro con aquello del deseo y de lo Real que la angustia revela.

Por eso, en una cura analítica, cuando un paciente deja de sentirse simplemente culpable, no necesariamente mejora de inmediato. Con frecuencia ocurre lo contrario: emerge la angustia. Y ese puede ser un momento fecundo del análisis, porque la culpa ya no alcanza para obturar la pregunta por el deseo.

Es una idea muy coherente con otra formulación clásica de Lacan: la angustia es el único afecto que no engaña. Mientras la culpa puede organizarse como una defensa, la angustia señala que el sujeto está tocando un punto de verdad sobre su posición deseante.

La culpa tiene una función estructurante porque ofrece una explicación allí donde la angustia confronta con un vacío. La culpa responde con una causa conocida. La angustia, en cambio, abre un agujero de sentido. En términos clínicos, la culpa funciona muchas veces como un tapón.

Por ejemplo:

  • una persona termina una relación y, en lugar de angustiarse frente a la incertidumbre del futuro, se dedica durante meses a reprocharse cada error cometido;
  • un obsesivo transforma permanentemente la angustia en autorreproches y rituales morales;
  • alguien que perdió un trabajo queda fijado a la idea de que "todo fue culpa mía", evitando así confrontarse con la contingencia y con la pregunta sobre qué quiere hacer ahora.

En los tres casos, la culpa organiza un relato y evita el encuentro directo con la angustia.

La fórmula "la culpa preserva de la angustia" se atribuye con frecuencia a Lacan, pero no aparece formulada literalmente de ese modo en sus seminarios o escritos publicados. Es una condensación clínica, muy utilizada por analistas lacanianos (especialmente en la orientación de Jacques-Alain Miller), que resume una idea presente en varios momentos de su enseñanza, sobre todo en el Seminario 10: La angustia y en el Seminario 7: La ética del psicoanálisis.

La idea puede entenderse a partir de dos tesis fundamentales de Lacan.

La primera es que la angustia aparece cuando falla la mediación simbólica, cuando el sujeto se encuentra demasiado cerca de aquello que Lacan llama el objeto a, es decir, del objeto causa del deseo. De ahí su famosa afirmación de que "la angustia no es sin objeto". La angustia no engaña porque señala un encuentro con algo del orden de lo Real que escapa a las significaciones habituales.

La segunda tesis proviene del Seminario 7: "la única cosa de la que puede ser culpable un sujeto es de haber cedido sobre su deseo". Esa culpa no es simplemente un sentimiento moral, sino un modo de organizar la relación con el deseo. 

12. Trastornos del ritmo circadiano

Entrada anterior: 11. Narcolepsia

Cuando el reloj interno deja de coincidir con el reloj social

Imaginemos a una persona que intenta dormirse a las diez de la noche, pero su organismo no siente sueño hasta las dos de la madrugada. O a alguien que se despierta espontáneamente todos los días a las cuatro de la mañana, incluso durante las vacaciones. Pensemos también en un enfermero que trabaja una semana de noche, otra de tarde y otra de mañana, o en quien viaja de Buenos Aires a Tokio y debe adaptarse de golpe a un huso horario completamente diferente.

En todos estos casos, el problema no necesariamente radica en la cantidad o la calidad del sueño. En muchas ocasiones, la dificultad consiste en que el reloj biológico interno y el horario impuesto por el entorno han dejado de estar sincronizados.

A este conjunto de alteraciones se lo conoce como trastornos del ritmo circadiano sueño-vigilia.

Comprenderlos resulta especialmente importante porque muchas personas reciben un diagnóstico de insomnio cuando, en realidad, el problema principal es que intentan dormir en un momento para el cual su organismo todavía no está preparado.

¿Qué son los ritmos circadianos?

En los primeros capítulos vimos que el núcleo supraquiasmático actúa como el principal reloj biológico del organismo.

Este reloj organiza múltiples funciones que siguen un ciclo cercano a las veinticuatro horas:
  • el sueño y la vigilia;
  • la temperatura corporal;
  • la secreción de melatonina;
  • la liberación de cortisol;
  • el apetito;
  • diversas funciones hormonales y metabólicas.
Aunque este reloj posee un funcionamiento relativamente autónomo, necesita sincronizarse permanentemente con el ambiente.

La luz constituye el sincronizador más importante, pero no es el único.

También influyen:
  • los horarios de las comidas;
  • la actividad física;
  • las rutinas laborales;
  • la interacción social.
Cuando estas señales dejan de coincidir con el reloj biológico, aparecen dificultades para dormir, mantenerse despierto o funcionar adecuadamente durante el día.

Los cronotipos

No todas las personas poseen el mismo reloj biológico.

Algunos individuos sienten sueño temprano por la noche y se despiertan espontáneamente al amanecer.

Otros funcionan mucho mejor durante la tarde y la noche.

Estas diferencias reciben el nombre de cronotipo. Habitualmente se distinguen tres grandes perfiles.

Cronotipo matutino 
Las personas matutinas:
  • se duermen temprano;
  • se despiertan con facilidad;
  • suelen rendir mejor durante las primeras horas del día.
  • Popularmente se las conoce como "alondras".
Cronotipo vespertino
Las personas vespertinas:
  • se duermen tarde;
  • tienen dificultades para levantarse temprano;
  • alcanzan su mayor rendimiento durante la tarde o la noche.
Son los llamados "búhos". Con frecuencia experimentan conflictos con los horarios escolares o laborales tradicionales.

Cronotipo intermedio
La mayoría de la población presenta características intermedias.

Puede adaptarse relativamente bien a los horarios convencionales sin mostrar una preferencia muy marcada.

¿Cronotipo o trastorno?

Es importante no confundir ambos conceptos.

Ser naturalmente nocturno no constituye una enfermedad.

El problema aparece cuando existe una diferencia importante entre el horario biológico de la persona y las exigencias de su vida cotidiana.

Por ejemplo, un estudiante universitario que naturalmente se duerme a la una de la mañana puede no presentar ninguna dificultad si sus actividades comienzan al mediodía.

En cambio, si debe ingresar todos los días a las siete de la mañana, probablemente acumule una importante privación de sueño.

El sufrimiento aparece muchas veces por la incompatibilidad entre la biología y la organización social.

El síndrome de retraso de fase

Uno de los trastornos circadianos más frecuentes consiste en el retraso de fase.

Quienes lo presentan sienten sueño muy tarde por la noche y, si pudieran elegir libremente, también se despertarían varias horas después del horario habitual.

Cuando intentan acostarse temprano simplemente permanecen despiertos durante horas.

No padecen insomnio en sentido estricto.

Intentan dormir cuando su reloj biológico todavía señala que es momento de permanecer despiertos.

Este cuadro resulta especialmente frecuente durante la adolescencia y la adultez joven.

El síndrome de adelanto de fase

El fenómeno opuesto consiste en el adelanto de fase.

Estas personas:
  • sienten sueño muy temprano;
  • se despiertan espontáneamente durante la madrugada;
  • experimentan dificultades para mantenerse despiertas durante la noche.
Es más frecuente en adultos mayores.

En muchos casos no representa un verdadero trastorno, sino una variante del envejecimiento normal.

El jet lag

Probablemente el trastorno circadiano más conocido sea el jet lag.

Aparece cuando una persona atraviesa rápidamente varios husos horarios, como ocurre durante los vuelos internacionales.

El reloj biológico continúa funcionando según el horario del lugar de origen, mientras el ambiente exige adaptarse inmediatamente al nuevo destino.

Como consecuencia pueden aparecer:
  • insomnio;
  • somnolencia diurna;
  • disminución del rendimiento;
  • irritabilidad;
  • dificultades de concentración;
  • molestias digestivas.
La adaptación suele requerir varios días y depende del número de husos horarios atravesados y del sentido del viaje.

Generalmente resulta más difícil adaptarse cuando se viaja hacia el este que hacia el oeste, porque el organismo tolera mejor retrasar el horario de sueño que adelantarlo.

El trabajo por turnos

El trastorno por trabajo en turnos constituye uno de los problemas más importantes de la medicina laboral moderna.

Millones de personas trabajan durante la noche o rotan periódicamente entre distintos horarios.

Desde el punto de vista biológico, esto supone un desafío enorme.

El organismo debe mantenerse despierto cuando el reloj circadiano promueve el sueño y dormir durante el día, cuando la luz ambiental favorece la vigilia.

Las consecuencias pueden incluir:
  • sueño insuficiente;
  • fatiga persistente;
  • mayor riesgo de accidentes;
  • disminución del rendimiento;
  • alteraciones del estado de ánimo;
  • problemas cardiovasculares y metabólicos cuando la exposición es prolongada.
No todos los trabajadores desarrollan un trastorno, pero la adaptación completa resulta poco frecuente.

La adolescencia y el reloj biológico

La adolescencia merece una mención especial.

Durante la pubertad se produce un retraso fisiológico del ritmo circadiano.

Los adolescentes comienzan naturalmente a sentir sueño más tarde y, por lo tanto, también necesitan despertarse más tarde.

Sin embargo, la mayoría de las escuelas mantienen horarios de ingreso muy tempranos.

Como consecuencia, muchos adolescentes viven en una situación de privación crónica de sueño.

Esta falta de descanso se asocia con:
  • menor rendimiento académico;
  • irritabilidad;
  • dificultades de atención;
  • mayor impulsividad;
  • aumento del riesgo de accidentes;
  • síntomas ansiosos y depresivos.
Este fenómeno ilustra claramente cómo un problema aparentemente individual puede estar profundamente condicionado por factores sociales.

¿Cómo se diagnostican estos trastornos?

El diagnóstico comienza con una buena entrevista clínica.

Es fundamental explorar:
  • horarios habituales de sueño;
  • horarios laborales;
  • fines de semana;
  • siestas;
  • viajes recientes;
  • exposición a la luz;
  • consumo de cafeína;
  • uso de pantallas.
El diario del sueño y la actigrafía resultan especialmente útiles para reconstruir los patrones horarios.

En algunos casos pueden requerirse estudios adicionales, aunque la mayoría de los trastornos circadianos se diagnostican clínicamente.

Una mirada desde el psicoanálisis

Los ritmos circadianos muestran con claridad que el sujeto nunca duerme aislado de su contexto.

El horario de descanso está determinado por procesos biológicos, pero también por las exigencias familiares, escolares, laborales y culturales, que es lo que consideramos al sospechar de neurosis actuales.

Desde una perspectiva psicoanalítica resulta interesante observar cómo cada sujeto negocia con esos tiempos impuestos.

Algunas personas viven el horario como una norma que debe cumplirse rigurosamente. Otras experimentan el momento de acostarse como una pérdida de libertad o como el único espacio propio del día.

Estas significaciones pueden influir sobre la manera en que cada individuo organiza su descanso y son plausibles de sintomatizarlas en un tratamiento.

No obstante, sería un error interpretar un trastorno circadiano exclusivamente desde esa dimensión subjetiva.

Cuando el reloj biológico está desfasado, la explicación fisiológica continúa siendo indispensable.

La comprensión clínica surge precisamente de la articulación entre ambas perspectivas.

Una mirada clínica

Ante un paciente que refiere insomnio o somnolencia, conviene formular una pregunta sencilla:

¿Está intentando dormir cuando su organismo realmente tiene sueño?

Esta pregunta, aparentemente elemental, evita numerosos errores diagnósticos.

Muchas dificultades para dormir no se deben a una enfermedad del sueño, sino a una desincronización entre el reloj biológico y las demandas del entorno.

Reconocer esta diferencia permite orientar adecuadamente el tratamiento y evitar intervenciones innecesarias.

Ideas principales
  • Los trastornos del ritmo circadiano aparecen cuando el reloj biológico deja de sincronizarse con los horarios del ambiente.
  • Los cronotipos representan diferencias normales entre las personas y no constituyen, por sí mismos, una enfermedad.
  • El retraso y el adelanto de fase son los trastornos circadianos más frecuentes.
  • El jet lag es consecuencia de un cambio rápido entre husos horarios y suele resolverse con la adaptación progresiva del reloj biológico.
  • El trabajo por turnos puede producir importantes alteraciones del sueño, del rendimiento y de la salud física.
  • Durante la adolescencia existe un retraso fisiológico del ritmo circadiano que muchas veces entra en conflicto con los horarios escolares.
  • La evaluación debe integrar factores biológicos, ambientales y subjetivos para comprender cómo cada persona vive la relación entre su tiempo interno y las exigencias del mundo externo.

sábado, 8 de agosto de 2026

11. Narcolepsia

Entrada anterior:  10. Hipersomnia

Cuando la frontera entre el sueño y la vigilia deja de ser estable

A lo largo del curso hemos visto que el organismo regula cuidadosamente el paso entre la vigilia y el sueño. Normalmente, ambos estados permanecen claramente diferenciados: durante el día estamos despiertos y activos; durante la noche dormimos y soñamos.

En la narcolepsia, esa separación comienza a fallar.

Las características propias del sueño, especialmente las del sueño REM, irrumpen durante la vigilia o aparecen en momentos inadecuados. Como consecuencia, el paciente puede experimentar episodios irresistibles de sueño, perder súbitamente el tono muscular o vivir fenómenos propios del sueño mientras todavía permanece consciente.

Durante muchos años la narcolepsia fue malinterpretada. Algunos pacientes fueron considerados perezosos, desinteresados o incluso simuladores. Otros recibieron diagnósticos exclusivamente psiquiátricos.

Hoy sabemos que se trata de un trastorno neurológico bien caracterizado, con mecanismos biológicos específicos y tratamientos eficaces.

Conocerlo resulta importante para todo psicólogo, no sólo porque puede recibir pacientes con este diagnóstico, sino también porque algunos de sus síntomas pueden confundirse con trastornos psicológicos o psicóticos.
¿Qué es la narcolepsia?

La narcolepsia pertenece al grupo de las hipersomnias centrales, es decir, trastornos en los cuales la regulación de la vigilia se encuentra alterada.

Su síntoma principal consiste en una somnolencia diurna excesiva, acompañada de una tendencia irresistible a quedarse dormido.

Estos episodios reciben el nombre de ataques de sueño.

Pueden aparecer mientras la persona conversa, estudia, come o incluso conduce un vehículo.

Generalmente duran pocos minutos, tras los cuales el paciente suele despertarse sintiéndose momentáneamente más alerta.

A diferencia de quien simplemente ha dormido poco, la persona con narcolepsia puede experimentar estos ataques aun después de haber descansado una cantidad aparentemente suficiente de horas.

La tétrada clásica

Tradicionalmente se describen cuatro manifestaciones principales de la narcolepsia.

No todos los pacientes presentan las cuatro, pero conocerlas facilita enormemente el diagnóstico.

Son:
  • somnolencia diurna excesiva;
  • cataplejía;
  • alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas;
  • parálisis del sueño.
Analizaremos cada una por separado.

La cataplejía

La cataplejía constituye uno de los síntomas más característicos de la narcolepsia tipo 1.

Consiste en una pérdida brusca y transitoria del tono muscular, mientras la persona permanece completamente consciente.

Puede afectar solamente algunos músculos o comprometer todo el cuerpo.

Algunos ejemplos frecuentes son:
  • caída de la mandíbula;
  • debilidad en las rodillas;
  • dificultad para sostener objetos;
  • caída al suelo.
Lo más llamativo es que estos episodios suelen desencadenarse por emociones intensas, especialmente:
  • risa;
  • sorpresa;
  • entusiasmo;
  • vergüenza;
  • enojo.
Un paciente puede comenzar a reír durante una conversación y, de repente, sentir que las piernas dejan de sostenerlo.

Aunque la escena puede resultar muy llamativa para quienes la observan, el paciente permanece consciente durante todo el episodio.

La explicación fisiológica resulta especialmente interesante.

Durante el sueño REM todos experimentamos una marcada disminución del tono muscular.

En la narcolepsia, ese mecanismo aparece de manera inapropiada durante la vigilia.

Es, en cierto modo, un fragmento del sueño REM que invade el estado de alerta.

Las alucinaciones hipnagógicas e hipnopómpicas

Otro fenómeno llamativo consiste en la aparición de experiencias perceptivas muy vívidas durante la transición entre la vigilia y el sueño.

Cuando ocurren al quedarse dormido reciben el nombre de alucinaciones hipnagógicas.

Cuando aparecen al despertar se denominan hipnopómpicas.

Estas experiencias pueden incluir:
  • personas en la habitación;
  • voces;
  • sombras;
  • animales;
  • sensación de presencia;
  • estímulos táctiles.
A diferencia de las alucinaciones propias de algunos trastornos psicóticos, estas aparecen exclusivamente durante la transición sueño-vigilia y suelen conservar un contenido claramente onírico.

Muchos pacientes saben, una vez completamente despiertos, que aquello no era real.

Sin embargo, mientras ocurre, la experiencia puede resultar extremadamente convincente y generar un intenso miedo.

Comprender este fenómeno evita interpretaciones diagnósticas erróneas.

La parálisis del sueño

La parálisis del sueño consiste en la incapacidad transitoria para mover el cuerpo al despertar o, con menor frecuencia, al quedarse dormido.

La persona está consciente. Puede abrir los ojos. Escucha lo que ocurre a su alrededor, pero no consigue mover los brazos, las piernas ni hablar.

El episodio suele durar desde algunos segundos hasta pocos minutos y desaparece espontáneamente.

Muchas veces se acompaña de una intensa sensación de angustia.

Desde el punto de vista fisiológico, la explicación es similar a la de la cataplejía.

Durante el sueño REM el cerebro inhibe casi toda la musculatura para evitar que actuemos físicamente nuestros sueños.

En la parálisis del sueño ese mecanismo persiste durante algunos instantes después del despertar.

Aunque este fenómeno es relativamente frecuente en la población general y no implica necesariamente narcolepsia, cuando aparece junto con somnolencia excesiva y cataplejía debe despertar la sospecha diagnóstica.

La neurobiología de la narcolepsia

Durante muchos años se desconoció la causa de esta enfermedad.

Uno de los descubrimientos más importantes ocurrió a finales del siglo XX, cuando se identificó el papel de unas neuronas localizadas en el hipotálamo que producen una sustancia denominada hipocretina u orexina.

Estas neuronas participan activamente en el mantenimiento de la vigilia y en la estabilidad entre el sueño y el estado de alerta.

En la mayoría de los pacientes con narcolepsia tipo 1 existe una pérdida casi completa de estas neuronas.

Como consecuencia, los límites entre sueño y vigilia se vuelven inestables.

Por ello aparecen:
  • ataques de sueño;
  • cataplejía;
  • intrusión del sueño REM durante la vigilia;
  • alteraciones del sueño nocturno.
Actualmente se considera que esta pérdida neuronal probablemente tenga un mecanismo autoinmunitario en individuos genéticamente predispuestos, aunque todavía quedan numerosos aspectos por esclarecer.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico comienza con una buena entrevista clínica.

La presencia de somnolencia excesiva acompañada de cataplejía suele orientar fuertemente la sospecha.

Posteriormente pueden realizarse estudios especializados.

Entre ellos:
  • polisomnografía nocturna;
  • prueba de latencias múltiples del sueño (MSLT), que evalúa la rapidez con que el paciente se duerme durante varias siestas programadas y la aparición precoz del sueño REM.
En algunos casos también puede medirse la concentración de hipocretina en el líquido cefalorraquídeo.

El tratamiento

La narcolepsia no posee actualmente una cura definitiva, pero existen tratamientos que permiten mejorar significativamente la calidad de vida.

Generalmente combinan:
  • medicamentos destinados a disminuir la somnolencia diurna;
  • tratamientos específicos para la cataplejía;
  • horarios regulares de sueño;
  • siestas breves programadas;
  • educación del paciente y de su entorno.
La adherencia al tratamiento resulta fundamental, especialmente en personas cuya actividad implica conducir vehículos o manejar maquinaria.

Una mirada desde el psicoanálisis

La narcolepsia constituye un excelente ejemplo de la importancia de integrar diferentes niveles de explicación.

Sería un error interpretar la cataplejía o las alucinaciones hipnagógicas exclusivamente como expresiones simbólicas de conflictos inconscientes.

Su base neurobiológica está ampliamente demostrada.

Sin embargo, esto no significa que la dimensión subjetiva desaparezca.

Recibir un diagnóstico de narcolepsia modifica profundamente la vida de una persona.

Muchos pacientes desarrollan miedo a quedarse dormidos en público, limitan sus actividades sociales, experimentan sentimientos de vergüenza o construyen una identidad marcada por la enfermedad.

El trabajo psicológico se orienta precisamente hacia esa experiencia subjetiva.

No explica la enfermedad.

Acompaña a quien la padece.

Una mirada clínica

Aunque la narcolepsia es relativamente poco frecuente, conviene recordarla siempre que un paciente describa una somnolencia intensa e irresistible.

El psicólogo no necesita confirmar el diagnóstico.

Su responsabilidad consiste en reconocer los síntomas sugestivos, evitar interpretaciones psicopatológicas apresuradas y favorecer una derivación oportuna.

En muchos casos, un diagnóstico precoz puede cambiar radicalmente la calidad de vida del paciente.

Ideas principales
  • La narcolepsia es un trastorno neurológico perteneciente al grupo de las hipersomnias centrales.
  • Su síntoma principal es la somnolencia diurna excesiva con ataques irresistibles de sueño.
  • La cataplejía consiste en una pérdida transitoria del tono muscular desencadenada por emociones, sin pérdida de conciencia.
  • Las alucinaciones hipnagógicas e hipnopómpicas y la parálisis del sueño representan intrusiones de fenómenos propios del sueño REM durante la transición entre el sueño y la vigilia.
  • La enfermedad se relaciona con la pérdida de neuronas productoras de hipocretina (orexina), responsables de estabilizar la vigilia.
  • El diagnóstico combina la entrevista clínica con estudios especializados, como la polisomnografía y la prueba de latencias múltiples del sueño.
  • El tratamiento es multidisciplinario e incluye medicación, medidas conductuales y acompañamiento psicológico para afrontar el impacto subjetivo del trastorno.
Próxima entrada: 12. Trastornos del ritmo circadiano

viernes, 7 de agosto de 2026

El goce y sus condiciones: del objeto causa del deseo al plus de gozar

 El deseo requiere una causa para ponerse en movimiento. El goce, en cambio, requiere una condición. Aunque la diferencia pueda parecer sutil, introduce una distinción fundamental para pensar de qué modo un sujeto queda capturado en una determinada modalidad de satisfacción.

En relación con el goce, Lacan articula el objeto a, aquel que opera como causa del deseo, con una función diferente: la de condición. De este modo, el objeto a puede ser situado tanto como causa del deseo como plus de gozar. Si del lado del deseo opera la causa, del lado del goce se trata, entonces, de una condición. Cabe preguntarse, por lo tanto: ¿qué implica afirmar que el goce tiene una condición?

El acceso al goce se encuentra ligado, para el sujeto, a una determinada posición. El término “acceso” no debe entenderse aquí como si se tratara de una elección o de un movimiento deliberado del sujeto. Es, más bien, la posición la que conduce a ese acceso, en la medida en que aquello que el sujeto “se hace hacer” —en el sentido de la voz causativa— en el fantasma determina una modalidad particular de relación con el goce. A lo que se accede, por lo tanto, es a un determinado recorte de goce.

Este acceso, siempre problemático, se sostiene en ciertas condiciones. En primer lugar, señalábamos que el sujeto solo puede acceder al goce a partir de un recorte. Este hecho anticipa ya la función y la operación del significante. El goce queda así radicalmente desnaturalizado: no puede ser concebido por fuera de su captura en el campo del lenguaje.

A su vez, es a partir de un determinado rasgo que el goce puede ponerse en juego para el sujeto. Esta cuestión se encuentra estrechamente vinculada con dicha captura, puesto que ese rasgo implica necesariamente al Otro del sujeto. En consecuencia, afirmar que el goce requiere una condición supone reconocer que no existe como algo natural, originario o inmanente al sujeto. Por el contrario, su posibilidad de realización se encuentra determinada por una posición subjetiva y por las coordenadas significantes que la constituyen.

10. Hipersomnia

Entrada Anterior: 9. Insomnio.

Cuando el problema no es dormir poco, sino dormir demasiado... o tener demasiado sueño

Hasta ahora hemos dedicado varios capítulos al insomnio, probablemente el trastorno del sueño más conocido. Sin embargo, existe otro motivo de consulta que suele recibir mucha menos atención y que, en algunos casos, puede resultar igualmente incapacitante: la somnolencia excesiva.

Muchas personas consultan diciendo: "Podría dormir todo el día", "Me levanto cansado aunque haya dormido ocho horas" o "Me duermo en cualquier lado".

Estas expresiones pueden corresponder a problemas muy diferentes entre sí.

Algunas personas realmente necesitan dormir muchas más horas que el promedio. Otras duermen una cantidad normal, pero el sueño no resulta reparador. También existen quienes no tienen una necesidad aumentada de sueño, sino una dificultad para mantenerse despiertos durante el día.

Por ello, el primer desafío clínico consiste en diferenciar conceptos que muchas veces se utilizan como si fueran sinónimos.

Dormir mucho no siempre significa hipersomnia

En el lenguaje cotidiano suele hablarse de "hipersomnia" para referirse a cualquier persona que duerme muchas horas.

Desde el punto de vista clínico, la situación es más compleja.

Es importante distinguir entre tres fenómenos diferentes:

1) Dormir muchas horas

Algunas personas necesitan naturalmente nueve o diez horas de sueño y funcionan perfectamente durante el día. Esto no constituye un trastorno.

2) Somnolencia diurna excesiva

La persona experimenta una tendencia persistente a quedarse dormida en momentos en que debería permanecer despierta.

Puede cabecear leyendo, mirando televisión, durante reuniones o incluso conduciendo.

Aquí el problema no es solamente cuánto duerme por la noche, sino la incapacidad para sostener la vigilia.

3) Hipersomnolencia

Los manuales diagnósticos utilizan este término para describir cuadros en los que existe una necesidad aumentada de sueño o una somnolencia excesiva que produce un deterioro significativo en la vida cotidiana.

No se trata simplemente de sentirse cansado.

La verdadera hipersomnolencia interfiere con el trabajo, el estudio, las relaciones sociales y la seguridad personal.

¿Qué siente un paciente con hipersomnolencia?

Quienes nunca han experimentado una somnolencia patológica suelen imaginarla como una sensación de cansancio intenso.

Sin embargo, muchos pacientes describen algo diferente.

Hablan de una presión irresistible por dormir.

Aunque intenten mantenerse despiertos, sienten que el sueño termina imponiéndose.

En ocasiones realizan siestas prolongadas que no producen sensación de descanso.

Al despertar continúan sintiéndose adormecidos, con dificultades para pensar con claridad y una marcada lentitud mental.

Esta experiencia suele generar culpa e incomprensión.

No es raro que familiares o compañeros interpreten el problema como falta de voluntad, pereza o desinterés, cuando en realidad se trata de un trastorno médico.

¿Por qué aparece la somnolencia excesiva?

La somnolencia diurna puede tener múltiples causas. Por ese motivo, antes de diagnosticar una hipersomnia primaria es indispensable descartar otras explicaciones.

Las más frecuentes incluyen:

Sueño insuficiente

La primera pregunta siempre debe ser la más simple: ¿La persona duerme realmente las horas que necesita?

En una sociedad donde muchas personas descansan menos de siete horas por noche, la privación crónica de sueño constituye una de las principales causas de somnolencia.

Sueño de mala calidad

Dormir muchas horas no garantiza descansar bien.

La apnea obstructiva del sueño, los movimientos periódicos de las piernas o numerosos despertares fragmentan el sueño e impiden que resulte reparador.

En estos casos el paciente puede pasar ocho o nueve horas en la cama y continuar sintiéndose profundamente somnoliento.

Medicamentos y sustancias

Diversos fármacos producen somnolencia como efecto adverso. Entre ellos se encuentran:
  • benzodiacepinas;
  • algunos antipsicóticos;
  • antihistamínicos;
  • determinados antidepresivos;
  • anticonvulsivantes.
También el consumo de alcohol y otras sustancias puede alterar la calidad de la vigilia.

Enfermedades médicas

La somnolencia excesiva puede aparecer en numerosas enfermedades, entre ellas:
  • hipotiroidismo;
  • enfermedades neurológicas;
  • insuficiencia renal;
  • insuficiencia hepática;
  • enfermedades inflamatorias;
  • infecciones crónicas.
Por ello, la evaluación médica resulta indispensable cuando el cuadro no posee una explicación evidente.

Trastornos psiquiátricos

La depresión constituye una de las causas psicológicas más frecuentes de hipersomnia.

Algunos pacientes presentan un aumento importante del tiempo de sueño acompañado de pérdida de energía, disminución del interés y enlentecimiento psicomotor.

Sin embargo, la presencia de hipersomnia no permite concluir automáticamente que exista una depresión.

El diagnóstico siempre debe construirse integrando el conjunto de los síntomas.

El diagnóstico diferencial

La hipersomnolencia representa uno de los mejores ejemplos de la importancia del diagnóstico diferencial.

El psicólogo debe preguntarse sistemáticamente:
  • ¿La persona duerme suficientes horas?
  • ¿Su sueño está fragmentado?
  • ¿Consume medicamentos sedantes?
  • ¿Existe una enfermedad médica?
  • ¿Hay síntomas depresivos?
  • ¿Trabaja por turnos?
  • ¿Presenta ataques repentinos de sueño?
Responder estas preguntas evita reducir todos los casos a una única explicación.

Un trastorno especial: la narcolepsia

Entre los trastornos que producen somnolencia excesiva, la narcolepsia ocupa un lugar particular.

Se trata de una enfermedad neurológica caracterizada por una alteración en los mecanismos que regulan la vigilia y el sueño.

Sus síntomas principales incluyen:
  • ataques irresistibles de sueño;
  • cataplejía (pérdida brusca del tono muscular desencadenada por emociones intensas, presente en muchos pero no en todos los casos);
  • parálisis del sueño;
  • alucinaciones al inicio o al final del sueño.
Aunque es poco frecuente, reconocerla resulta muy importante porque suele diagnosticarse varios años después del inicio de los síntomas.

Todo paciente que refiere episodios súbitos de sueño o pérdida del tono muscular merece una evaluación especializada.

El impacto clínico

La hipersomnolencia no sólo produce cansancio. Sus consecuencias pueden ser muy importantes. Entre ellas encontramos:
  • disminución del rendimiento académico y laboral;
  • errores por falta de atención;
  • mayor riesgo de accidentes de tránsito;
  • dificultades en las relaciones interpersonales;
  • aislamiento social;
  • síntomas depresivos secundarios.
Muchos pacientes viven con una sensación constante de frustración.

Intentan mantenerse despiertos, consumen grandes cantidades de cafeína, realizan esfuerzos enormes por cumplir con sus obligaciones y, aun así, continúan sintiendo sueño.

Con frecuencia terminan desarrollando una imagen negativa de sí mismos antes de recibir un diagnóstico adecuado.

Una mirada desde el psicoanálisis

La somnolencia excesiva plantea un desafío interesante para una perspectiva integradora.

En algunos momentos de la historia del psicoanálisis existió la tendencia a interpretar el exceso de sueño como una forma de retirada del mundo, una defensa frente al conflicto o una expresión de determinados procesos depresivos.

Sin embargo, la medicina del sueño ha mostrado con claridad que muchos cuadros de hipersomnolencia poseen mecanismos neurobiológicos específicos que deben considerarse antes de hacer una hipótesis.

Esto no invalida la exploración subjetiva.

Una vez descartadas las causas médicas, el clínico puede preguntarse qué lugar ocupa ese síntoma en la vida del paciente, cómo afecta su identidad, qué sentimientos despierta y de qué manera reorganiza sus vínculos y su cotidianeidad.

La comprensión psicológica comienza allí donde el diagnóstico médico ya ha delimitado el terreno.

Una mirada clínica

Ante un paciente que consulta por exceso de sueño, el error más frecuente consiste en asumir que simplemente necesita "poner más voluntad" o modificar algunos hábitos.

La evaluación debe comenzar por responder una pregunta mucho más básica: ¿La persona tiene sueño o está cansada?

Aunque ambas experiencias suelen confundirse, no son equivalentes.
  • El cansancio mejora con el descanso.
  • La somnolencia implica una tendencia fisiológica a quedarse dormido.
Distinguir ambas situaciones orientará toda la evaluación posterior.

El psicólogo no necesita establecer por sí solo el diagnóstico definitivo de una hipersomnia.

Su tarea consiste en reconocer el problema, explorar sus repercusiones, identificar posibles factores psicológicos asociados y derivar oportunamente cuando exista sospecha de un trastorno médico del sueño.

Ideas principales
  • Dormir muchas horas, sentir cansancio y presentar hipersomnolencia son fenómenos diferentes.
  • La somnolencia diurna excesiva constituye el principal motivo de consulta en los trastornos de hipersomnia.
  • Antes de diagnosticar una hipersomnia primaria deben descartarse causas frecuentes como privación de sueño, apnea obstructiva, medicamentos, enfermedades médicas y trastornos psiquiátricos.
  • La narcolepsia es un trastorno neurológico caracterizado por ataques irresistibles de sueño y otros síntomas específicos, como la cataplejía.
  • La hipersomnolencia puede afectar gravemente el rendimiento, la seguridad y la calidad de vida.
  • La evaluación psicológica debe integrarse con la valoración médica para construir un diagnóstico diferencial adecuado.
  • Comprender la experiencia subjetiva del paciente complementa, pero nunca reemplaza, la identificación de las causas biológicas del exceso de sueño.
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¿Cómo pensar la inhibición en la psicosis?

En Causa Clínica tuvo lugar la conferencia: "Cómo pensar la inhibición en la psicosis?" en torno al tema de la inhibición, dictada por Élida Fernandez, exponente en el tratamiento de las psicosis.

La inhibición en la neurosis es una limitación funcional del yo, que consiste en una renuncia: el yo se inhibe para evitar un conflicto con el ello, inhibiendo pulsiones sexuales ó agresivas.

Tratándose de la inhibición en la psicosis, la autora advirtió sobre el riesgo de traspolar livianamente conceptos que se utilizan en la neurosis a la psicosis, por ejemplo "fantasma en la psicosis", pase en la psicosis, etc. Esto hace perder la especificidad de cada estructura.

Habiendo considerado eso, ella dice que hay que considerar dos estatutos de la inhibición en la psicosis: 

  • la propia de la estructura y 
  • la que se logra en un tratamiento (caso por caso, uno a uno).

Ilustra con un caso: Juan.

Un hombre de 19 años la consulta derivado por su psiquiatra, porque tiene muchas alucinaciones y porque manifestó que quiere matar a su padre. 

Transferencia: cuando llega a la consulta, venía de tratamientos anteriores y se burlaba de lo que le havbían dicho sus anteriores psicólogos. Juan le dice "Mirá, si me vas a decir alguna pelotudez de esas que me dijeron o me vas a decir que algo no me gusta, chiflo, llamo a la barra brava de Huracán y vienen y te rompen toda la biblioteca". la analista se ríe y le dice "Bueno, me voy a cuidar porque yo a mis libros los quiero mucho, así que para que no llames a la barra brava de Huracán, yo te voy a avisar cuando vaya a decirte algo que pueda no gustarte". la relación desde ahí fue muy fluída.

Juan escucha vovces que lo perturban y le dicen "Sos puto". Cuando la analista le pregunta si tiene alguna idea de por qué las voces le dicen eso, él responde con un relato: cuando tenía 8 años, su primo 10 años mayor lo obligó varias veces a hacerle sexo oral. Juan recurrió a su padre, quien al escuchar la historia le pegó una cachetada y le dijo "Sos puto".

El padre de Juan trabajaba en la empresa del hermano y no podía romper la relación con él por temas económicos y por su sometimiento a este hermano.

Juan escribe varias formas de matar al padre, así que la analista le propone citar a su padre y a él, los dos juntos. El padre concurre a la entrevista y la analista le pide que Juan cuente la historia que le contó a la analista. Juan la cuenta y el padre admite que que eso fue así y que pese a que se sintió mal, no podía terminar la relación con su hermano por depender económicamente de él. Le pide perdón a si hijo porque cree que le hizo mucho daño. 

En un principio, Juan se siente muy aliviado y se reconcilia con el padre. Un tiempo después, Juan cambia de perseguidor y al que quiere matar es al primo. Comienza a elucubrar sesión tras sesión venganzas contra este primo: puñales, emboscadas, etc. La analista le propone redactar juntos una carta. 

Cuando la carta fue terminada, él la envió con copia a los tíos y a la familia, muy contento por poder compartir nuevamente las navidades con su familia, ya que no iba por lo que sucedió. La carta armó un escándalo que separó a ambas familias, cosa que el padre soportó, aunque siguió trabajando con el hermano sin tener más relación. Juan estaba contentísimo.

Un día, Juan concurre al consultorio con mala cara, sin responder a las preguntas y le dice a la analista "Vos le contás a mis enemigos todo lo que yo hago con vos". la analista le dice "Si vos pensás eso, no podemos trabajar más juntos, porque yo me manejo con el secreto profesional, pero si vos pensás que yo soy capaz de traicionarte, no vamos a poder seguir". Juan entonces dice "Ah no, me equivoqué, debe ser el psiquiatra".

La pregunta es: Cuando Juan acepta citar al padre y renuncia a matarlo, cuando acepta redactar la carta y no pegarle al primo, cuando se queda en silencio toda una sesión por creer que la analista lo traicionó... ¿Qué lugar ocupa la analista ocupa en cada inhibición? La última inhibición es propia de su estructura al sentirse traicionado. 

¿Puede el analista remendar los diques que no hubo, los juicios morales inexistentes, los pensamientos anticiparorios de las consecuencias del acto que no tenía?

Si pensamos en la manía, con sus pensamientos obscenos, desmesurados, fuera de tiempo y lugar, excesoos... ¿No hay una desinhibición propia de la estructura? La hipótesis de Élida Fernandez es pensar las inhibiciones y su ausencias en el devenir del tratamiento en la psicosis hay que recurrir al concepto de superyó.

Freud en El Malestar en la cultura revisa lo que había dicho acerca del superyó en El yo y el ello. En el primer texto Freud consideraba que el superyó era un heredero de la autoridad paterna, pensando que a mayor autoridad paterna, mayor superyó y visceversa:

Esta complicación depende de dos factores: de la disposición triangular de la relación de Edipo y de la bisexualidad constitucional del individuo. 

El caso más sencillo toma en el niño la siguiente forma: el niño lleva a cabo muy tempranamente una carga de objeto, que recae sobre la madre y tiene su punto de partida en el seno materno. Del padre se apodera el niño por identificación. Ambas relaciones marchan paralelamente durante algún tiempo, hasta que, por la intensificación de los deseos sexuales orientados hacia la madre, y por la percepción de que el padre es un obstáculo opuesto a la realización de tales deseos, surge el complejo de Edipo,

(...)

De este modo podemos admitir como resultado general de la fase sexual, dominada por el complejo de Edipo, la presencia en el «yo» de un residuo, consistente en el establecimiento de estas dos identificaciones enlazadas entre sí. Esta modificación del «yo» conserva su significación especial y se opone al contenido restante del «yo» en calidad ideal del «yo» o «superyó». 

Pero el superyó no es simplemente un residuo de las primeras elecciones de objeto del Ello, sino también una enérgica formación reactiva contra las mismas. Su relación con el Yo no se limita a la advertencia: «Así -como el padre-debes ser», sino que comprende también la prohibición: «Así -como el padre- no debes ser: no debes hacer todo lo que él hace, pues hay algo que le está exclusivamente reservado.»

Esta es la doble faz del superyó-ideal del yo, que en este texto están fusionados. Más adelante dice:

El superyó conservará el carácter del padre, y cuanto mayores fueron la intensidad del complejo de Edipo y la rapidez de su represión (bajo las influencias de la autoridad, la religión, la enseñanza y las lecturas), más severamente reinará después sobre el Yo como conciencia moral, o quizá como sentimiento inconsciente de culpabilidad

En El malestar en la cultura, Freud descubre que el superyó es paradojal: sus órdenes son imposibles de cumplir y cuanto mas el sujeto trata de cumplir esas exigencias, más feroz aparece éste. Esto hace separar al superyó del ideal del yo.

El superyó demanda y genera culpa en el sujeto y no hay nada que lo tranquilice. No se trata de que a mayor autoridad paterna más superyó, sino que al revés: a mayor autoridad paterna, menor superyó. El superyó en este texto es resultado de dos factores: el desvalimiento del ser humano y su dependencia durante la infancia y el hecho de la interrupción del desarollo libidinal en el periodo de latencia.

Freud se preguntó de dónde venía la agresión del superyó, por su calidad agresiva que no tiene que ver con la conciencia moral. Melanie Klein trabaja sobre esto e incluso las opone. Por eso los criminales tienen más superyó y menos conciencia moral.

Freud está hablando en este texto sobre el sentimiento oceánico de fusión con la madre. Dice Freud:

Me sería imposible indicar ninguna necesidad infantil tan poderosa como la del amparo paterno. Con esto pasa a segundo plano el papel del «sentimiento oceánico», que podría tender, por ejemplo, al restablecimiento del narcisismo ilimitado

Freud se pregunta cuál es el origen de la agresión del superyó.

Bajo el imperio de la necesidad, el niño se vio obligado a renunciar también a esta agresión vengativa, sustrayéndose a una situación económicamente tan difícil, mediante el recurso que le ofrecen mecanismos conocidos: incorpora, identificándose con ella, a esta autoridad inaccesible, que entonces se convierte en super-yo y se apodera de toda la agresividad que el niño gustosamente habría desplegado contra aquélla. El yo del niño debe acomodarse al triste papel de la autoridad así degradada: del padre. Se trata, como en tantas ocasiones, de una típica situación invertida: «Si yo fuese el padre y tú el niño, yo te trataría mal a ti.»

La agresividad del superyó se debe a la no función de la autoridad paterna. Es totalmente paradojal:

En efecto, se comporta tanto más severa y desconfiadamente cuanto más virtuoso es el hombre, de modo que, en última instancia, quienes han llegado más lejos por el camino de la santidad son precisamente los que se acusan de la peor pecaminosidad.

(...)

Otro hecho del terreno de la ética, tan rico en problemas, es el de que la adversidad, es decir, la frustración exterior, intensifica enormemente el poderío de la consciencia en el super-yo; mientras la suerte sonríe al hombre, su conciencia moral es indulgente y concede grandes libertades al yo; en cambio, cuando la desgracia le golpea, hace examen de consciencia, reconoce sus pecados, eleva las exigencias de su conciencia moral, se impone privaciones y se castiga con penitencias

(...)

la conciencia moral es la consecuencia de la renuncia instintual; o bien: la renuncia instintual (que nos ha sido impuesta desde fuera) crea la conciencia moral, que a su vez exige nuevas renuncias instintuales.

El supeyó habla de un padre degradado. No se trata de la severidad recibida por el niño, sino la falta de autoridad paterna, de un padre degradado.

Cuando Lacan abordó el superyó, partió de este texto freudiano. En el Seminario 7: La ética del psicoanálisis, Jacques Lacan afirma que «la interiorización de la Ley [...] nada tiene que ver con la Ley. Es posible que el superyó sirva de apoyo a la conciencia moral, pero todos saben bien que nada tiene que ver con ella en lo que concierne a sus exigencias más obligatorias»

Freud había dicho que la moral debía ser kantiana, recordamos. "Haz de tu conducta aquello que pueda ser elevado a la categoría de universal". Por lo tanto, nada del superyó tiene que ver con esta ley tiene que ver con esto. Para Lacan, el superyó es lo no legislado por el padre. Está dentro de la ley como lo no legislado por el padre (sem. I y II).

Lacan dice que "El superyó es coercitivo y el ideal del yo exaltante". (Sem 1, p. 160). Para Jacques Lacan, en su Seminario 1, "el superyó es coherente con el registro y la noción de ley, es decir, con el conjunto del sistema del lenguaje, en tanto este define la situación humana más allá de lo puramente biológico". También agrega que el superyó tiene un caracter incensato, ciego, de puro imperativo, de simple tiranía.

Agrega:

"El superyó tiene relación con la ley, pero es a la vez una ley insensata, que llega a ser el desconocimien~o de la ley. As~ es como actúa siempre el superyó en elneuróuco. ¿No es debIdo acaso a que la moral del neurótico es una moral insensata, destructiva, puramente opresora, casi siempre antilegal, que fue necesario elaborar la función del superyó en el análisis? 

El superyó es, simultáneamente, la ley y su destrucción. En esto es la palabra misma, el mandamiento de la ley, puesto qu~ sólo queda su raíz. La totalidad de la ley se reduce a algo que m siquiera puede expresarse, como el Tú debes, que es una palabra privada de todo sentido. En este sentido, el superyó.acaba por identificarse sólo a lo más devastador, a lo ma~ fasc~~ante de las primitivas experiencias del sujeto. Acaba por Idenuf¡car~ se a lo que llamo la figura feroz, a las figuras que podemos vincular con los traumatismos primitivos, sean cuales fueren, que el niño ha sufrido." (p. 161)

En la clase 9 del seminario 26, Lacan le pasa la palabra a  Alain Didier-Weil. Se trata de una clase muy compleja que no vamos a abordar, Pero dice:

(...) habría un primer superyó del cual la función sería ordenar al sujeto "no dirás una palabra", un segundo superyó del cual la función sería enunciar "no dirás dos".,. —ustedes ven, es fácil— y un tercero del cual la función sería "no dirás tres".

Vemos que el superyó ordena callar, lo que se relaciona con la inhibición. Pensemos en la sesión muda de Juan, que siempre había sido muy expresivo.

Alain Didier-Weil continúa:

Escuchen efectivamente por otra parte a ciertos esquizofrénicos que cualifican a esa mirada que llega de todas partes, son mirados por los animales, por todas las personas que cruzan en el subterráneo, por el sol, por las estrellas. Él problema es que esa mirada medusante, esa mirada que sería el superyó más feroz, el más arcaico que hay, qué no da la posibilidad de una palabra, dado que bajo la mirada del Otro dice: "Sé todo de ti, no tienes nada que decir, porque mi mirada funciona como ese saber absoluto", el sujeto no está ya en la dimensión de una suposición cualquiera en su relación al Otro.

Les haría remarcar, eso vale la pena incluso de ser señalado, es que esa mirada en el psicótico, en oposición al superyó que en el neurótico participa, en todo caso en la Traumdeutung, participa del Inconsciente, la censura es inconsciente en parte, y es debido a eso que Freud la ha aislado muy tardíamente, Les haría remarcar que Freud en principio aisló el superyó como tal en el psicótico en "Introducción al Narcisismo", y si leen ese texto, verán que esa presencia superyóica que aísla en el psicótico es una presencia mirante.

Está de un modo muy preciso en Freud, describe en el delirio de influencia o en esa instancia que es una instancia que vigila, que no cesa de observar, que no despega en absoluto el ojo, es una dimensión de una presencia que no aguarda una palabra del Otro, dado que pone al Otro, al psicótico, en posición, no de hablar, sino de mostrarse(se montrer), y esa es la dimensión monstruosa (monstrueuse) de la monstración (monstration) 

Superyó fascinante, ¿cual es la diferencia entre el superyó fascinante y el superyó medusante ? Diría que el superyó fascinante, está limitado en el espacio y en el tiempo, es decir que el sujeto puede desprenderse de esa mirada fascinante, el sujeto, no es imposible que la quebrante en la temporalidad. Dicho esto, en el marco espacial, en el espacio, en la mirada fascinante, el sujeto es mirado desde un lugar que él ve, que es localizable.

En los delirios paranpoicos es muy común que el paciente se sienta observado por los vecinos, escuchado por la radio, aparatos que leen y vigilan sus pensamientos.

El sufrimiento del paciente psicótico tomado por el delirio es atroz, muchos intentos de suicidios y pasajes al acto son para poder terminar con las voces, o con aquello que "sabe todo de él". Exige trabajo en equipo, con psiquiatras, AT. 

El analista corre el riesgo de caer, transferencialmente, en el lugar de perseguidor o erotómano del paciente. La transferencia que admiten es la del otro con minúscula, el semejante, no la del gran Otro. Lacan dice que es como en La Ética de Aristóteles, en el tratado sobre la amistad. Aristóteles refiere allí que amigos son los que caminan juntos con un mismo objetivo. Con un paciente psicótico es bienvenido decir "Enseñame tal cosa", porque el analista se corre del lugar del Otro. A veces es imposible.

Hay inhibiciones que aparecen en los pacientes psicóticos que hay que preservar. Por ejemplo, una inhibición para tener pareja, aunque el ideal les diga que deben conseguir. Como la respuesta que pueden dar no es fálica, la respuesta a la intromisión del otro puede ser terrible.

Colette Soler, cuando se le pregunta por el lugar del analista en la psicosis, habla de que la función del analista es también poner la prohibición que no está puesta. Se le puede marcar las cosecuencias de ciertos actos, si las pensó.