La noción de “perturbaciones de la demanda” en Diana Rabinovich es muy interesante porque nombra un conjunto clínico que no encaja del todo en las estructuras clásicas (neurosis, psicosis, perversión), sino que apunta más bien a dificultades en la entrada misma al dispositivo analítico.
¿Qué quiere decir “perturbación de la demanda”? Rabinovich usa este término para referirse a presentaciones clínicas donde falla o está alterada la demanda analítica.
Es decir, el paciente no llega con una pregunta. No hay una demanda de saber sobre su síntoma. No aparece la división subjetiva que motoriza el análisis.
En lugar de eso, encontramos sujetos que se presentan desde el ser (“soy bulímico”, “soy así”) y no desde el conflicto. No se implican en lo que les pasa y muchas veces no consideran su síntoma como problema propio.
Si lo llevamos a la práctica cotidiana, probablemente uno lo reconozca rápido: pacientes que “no enganchan”, sesiones donde “no pasa nada” o donde todo queda del lado del hacer o del cuerpo. Ahí no es que “falta técnica”, sino que la operación todavía no es analítica en sentido pleno, sino previa.
Posición subjetiva: el sujeto como objeto
Un punto central en Rabinovich es que estos pacientes no llegan como sujetos, sino en posición de objeto. Esto implica que se ofrecen al Otro (médico, familia, institución). Están más bien tomados por la demanda del Otro que produciendo una propia, hay una especie de alienación al deseo del Otro.
En la clínica de la obesidad, por ejemplo, el sujeto puede consultar por otra cosa, sin implicarse en su propio cuerpo, como si ese cuerpo fuera “de otro”.
Estas perturbaciones tienen una consecuencia técnica clave: dificultan la instalación de la transferencia. La transferencia, en términos lacanianos, requiere una suposición de saber, sostenida por una pregunta del sujeto. Pero acá no hay pregunta, no hay enigma ni hay sujeto dividido.
Por eso Rabinovich plantea que hace falta un trabajo previo a la transferencia.
Rabinovich ubica estas presentaciones en relación con la pulsión. Hay una satisfacción pulsional que no se cuestiona, un plus de goce al que el sujeto no quiere renunciar. Esto las acerca a fenómenos como acting-out, pasaje al acto y las impulsiones. En sus términos, esa ganancia de goce debe perderse para que el análisis pueda comenzar propiamente.
No son estructuras clínicas
Esto es clave: las “perturbaciones de la demanda” no son una estructura. Son más bien un modo de presentación clínica, una posición subjetiva inicial, un obstáculo en la entrada al análisis. Suelen aparecer en:
- Trastornos alimentarios
- Adicciones
- Acting-outs reiterados
- Consultas traídas por terceros
- Pacientes “sin queja propia”
Rabinovich es bastante precisa y, al mismo tiempo, muy clínica en este punto: con estos pacientes no se trata de interpretar la transferencia, sino de producir las condiciones para que exista.
Es un desplazamiento técnico fuerte respecto de la práctica más “clásica”.
En la línea de Jacques Lacan, Rabinovich retoma que la transferencia no es algo dado, sino que hay que producirla. En las perturbaciones de la demanda, decíamos, no hay suposición de saber, no hay pregunta ni hay sujeto dividido. Por lo tanto, no hay transferencia propiamente dicha, sino apenas condiciones precarias o fallidas.
Un riesgo técnico importante sería suponer transferencia donde no la hay, lo que llevaría a interpretaciones que no tienen efecto, o que incluso refuerzan la posición de objeto del paciente.
Rabinovich insiste en que no hay que anticipar el dispositivo analítico. Es decir, no interpretar el inconsciente y no apuntar directamente al deseo, porque todavía no hay sujeto en posición de producirlos.
Entonces, ¿qué hace el analista? Opera para que aparezca la demanda. Rabinovich retoma una idea clave de Lacan: con la oferta, se crea la demanda” Es decir, primero hay que ofrecer un lugar de sujeto, para que luego aparezca la demanda.
Esto implica, inicialmente, no responder a la demanda del Otro (familia, institución, medicina), sino despegar al sujeto de ese lugar de objeto. El analista no se ubica como quien sabe, ni quien cura, sino como alguien que introduce una falta en el circuito de satisfacción.
Rabinovich propone una serie de intervenciones que podríamos llamar “pre-transferenciales”:
a. Introducir un corte en la inercia. No seguir el discurso tal como viene, no completar sentido ni responder de manera adaptativa. Esto apunta a producir un vacío, donde algo del sujeto pueda emerger.
b. No obturar con sentido. Estos pacientes muchas veces hablan desde el cuerpo, desde la acción, o desde identificaciones rígidas. Interpretar ahí sería tapar la falta que todavía no apareció. Entonces, el analista debe sostener el no-saber, en lugar de llenarlo.
c. Descompletar la demanda del Otro. Si el paciente viene traído, derivado o respondiendo a exigencias externas, el trabajo es separarlo de esa demanda. Esto puede implicar no alinearse con padres, médicos, etc. ni reforzar el “tenés que cambiar”.
d. Crear una mínima implicación subjetiva. El objetivo inicial no es interpretar el síntoma, sino que algo del tipo “¿qué tengo que ver yo con esto?” pueda aparecer. Ese es el primer índice de transferencia en germen.
Existe un punto muy fino, y es que la transferencia solo se instala si hay una pérdida de goce. Mientras el sujeto esté completamente tomado por la satisfacción pulsional, no hay lugar para el análisis.
Entonces, ciertas intervenciones apuntan a hacer vacilar esa satisfacción, no a interpretarla directamente.
Dijimos que en estos pacientes hay una falla en la articulación demanda–deseo: la demanda queda capturada por el Otro y el sujeto queda del lado de objeto a encarnado. El trabajo analítico, entonces, apunta a producir un pasaje de “ser objeto del Otro” a “interrogar el deseo propio”
Decíamos que Rabinovich retoma una fórmula de Jacques Lacan: “con la oferta, se crea la demanda”. Esto es fundamental, porque el analista ofrece un lugar de palabra distinto. No responde como el Otro habitual e introduce una diferencia. Y a partir de eso, puede surgir algo que antes no estaba: la demanda propia.
Con estos pacientes, el trabajo transferencial no es:
Sino: