viernes, 29 de mayo de 2026

No hay cuerpo sin corte

 El corte es un concepto que bascula entre la lógica y la topología. Se trata de una operación que funda y que en su dimensión topológica establece la superficie corporal.

La necesariedad de esta operación fundante toma, respecto de la topología, la forma de un corte primero que delimita el borde de la superficie del cuerpo, elaboración que es, a la vez, consistente con ese estatuto topológico del lenguaje que Lacan propone a partir de “La identificación”.

Con esas coordenadas, es posible abordar al cuerpo sin reducirlo a la imagen en el espejo. Además conlleva el paso de las referencias métricas (que son propias del espacio euclidiano, del espejo) a una consideración del espacio de otro orden, lo que abre la posibilidad de operar sobre los agujeros, delimitados por los bordes.

Esta separación entre lo euclidiano y lo topológico posibilita ese sesgo a-esférico del cuerpo. Este término destaca en primer lugar que no hay cuerpo sin corte y a este corte lo podemos situar en la separación que indica el guión, en la palabra misma.

Es una operación que conlleva la caída de ese resto, el objeto a, producto de la entrada del sujeto al campo del Otro, de resultas de lo cual el cuerpo del hablante no podrá tomar la forma de la estructura de la esfera -una superficie cerrada y sin bordes.

Por otro lado, el cuerpo del sujeto está organizado a partir de una serie de bordes, efectos del corte topológico que lo establece y, por ende, el cuerpo, sexuado, no permite separar tajantemente interior de exterior, sino que se asemeja más a una superficie del tipo de la banda de Möebius o a la botella de Klein. Una superficie que conlleva la continuidad entre el interior y el exterior. Sin embargo, puesto a elegir entre ambas superficies, me parece que la banda de Möebius presenta con mayor rigurosidad lo que está en juego, debido a que no es una superficie cerrada y a que el borde es esencial a su estructura.

Unidad 4. La palabra y el acompañamiento analítico en cuidados paliativos

La práctica analítica en el contexto paliativo se redefine en sus coordenadas fundamentales. No se trata de “psicoterapia de apoyo”, pero tampoco de la técnica clásica basada en la asociación libre en un marco estable. El analista opera en el borde: allí donde el cuerpo se deteriora, la vida orgánica se aproxima a su límite y la subjetividad oscila entre el decir y el silencio.

Esta unidad aborda la especificidad clínica de ese acompañamiento.

1. La palabra como sostén: entre Winnicott y la transferencia en situación de límite

Winnicott: la función del sostén (holding)

Para Winnicott, el holding no es contención afectiva ni consuelo, sino el modo en que un sujeto se siente sostenido por un marco que permite existir.

En el final de la vida, el holding se torna menos estructurante y más preservador y aunque el concepto es muy utilizado en los primeros momentos de vida del sujeto, aquí se no apunta a un desarrollo, sino a una continuidad mínima del ser. El holding permite que el paciente siga ocupando un lugar de sujeto, aun cuando el aparato corporal se debilita.

El analista ofrece un ambiente suficientemente bueno donde la palabra pueda surgir sin exigencia, sin demanda, sin interpretación intrusiva. Es un sostén simbólico y corporal a la vez.

2. La escucha en contexto paliativo: alojar la verdad del sujeto

En cuidados paliativos no se trata de curar, sino de alojar. Eso implica modificar la ética de la intervención, porque no se trata de la cura por la palabra, sino la palabra como último soporte subjetivo. Tampoco se busca ordenar el síntoma, sino acompañar la verdad que emerge en el límite.

El tratamiento no persigue la “aceptación” de la muerte (categoría psicológica), sino que el sujeto pueda decir algo propio, incluso si lo que aparece es silencio, miedo, humor negro o resentimiento.

La escucha analítica permite que lo que no encuentra lugar en el discurso médico —fantasías de desintegración, pensamientos prohibidos, deseos conflictivos, duelos anticipatorios— pueda tener un destino diferente que la pura irrupción de lo real.

La escucha se vuelve entonces una ética del no-rechazo.

3. Silencio, presencia y transferencia en el borde de la vida

El final de vida altera las coordenadas habituales del lazo transferencial. No se trata simplemente de una transferencia “más intensa” o “más regresiva”, sino de un cambio cualitativo en su estructura. Allí donde el dispositivo analítico suele sostenerse en la palabra, la asociación libre, la interpretación y la temporalidad del proceso, en cuidados paliativos se produce un pasaje hacia otra forma de vínculo: más desnuda, más directa, menos mediada por los artificios simbólicos que sostienen el yo en su cotidianeidad.

La transferencia clásica está sostenida en una demanda dirigida al saber del Otro: “¿qué me pasa?”, “¿qué querer?”, “¿cómo vivir?”. Sin embargo, cuando la muerte se convierte en un horizonte próximo y no abstracto, la estructura misma de esa demanda se modifica. La pregunta por el saber pierde pertinencia, y con ella se erosionan las formas de suplencia simbólica que organizan el síntoma.

En este contexto, lo que el paciente busca del analista no es una interpretación, ni un esclarecimiento, ni una elaboración profunda, ni un “trabajo” sobre el inconsciente en sentido estricto. Lo que demanda es una presencia,  una presencia en el sentido winnicottiano, es decir, un Otro que no invade ni abandona, que sostiene sin colonizar, que permanece aún cuando la palabra vacila.

Esta presencia no se confunde con empatía, consuelo o apoyo emocional.
Es la presencia que permite que el sujeto—en el punto más frágil de su existencia—no se vea reducido a puro organismo. Es, por así decirlo, el último resto de la función del Otro como garantía mínima de humanidad.

En la clínica paliativa, el analista ya no enfrenta la resistencia neurótica clásica, sino el agotamiento del aparato simbólico del paciente. 

En la neurosis de la clínica cotidiana, las resistencias buscan preservar el goce bajo una cierta forma: se evita la interpretación, se desplaza el sentido, se intelectualiza, se erotiza la transferencia, etc. Pero en el final de vida las resistencias no son defensas, sino fallas del aparato simbólico mismo: el sujeto ya no tiene la energía psíquica para sostener sus defensas habituales, ni para mantener las ficciones estructurantes que lo acompañaron durante la vida. Esto no se debe a un rechazo al análisis, sino de una imposibilidad: lo simbólico se empobrece, el yo se desorganiza, los significantes pierden anclaje y el psiquismo opera de modo más elemental.

Esto coloca al analista en una situación inédita:

  • No puede interpretar para ir “más allá”,

  • no puede esperar elaboraciones del paciente,

  • no puede suponer una resistencia donde hay un agotamiento,

  • y no puede exigir productividad psíquica donde sólo hay resto de vida.

La ética del analista se desplaza entonces hacia un acompañamiento responsable de ese límiteEl silencio, entonces, adquiere valor clínico: no de ausencia, sino bajo una forma de decir.  

En la clínica clásica, el silencio del paciente suele ser un material a descifrar: revelación de la resistencia, indicio de la transferencia, lugar donde se anuda el goce. Pero en el final de vida el silencio tiene otro estatuto.

A veces el silencio aparece porque no hay palabras posibles para lo que el cuerpo está atravesando. Se trata de un silencio real: lo que no puede ser simbolizado no se reprime, sino que simplemente queda afuera del lenguaje. Podríamos decir que se trata del silencio como exceso de realidad.

En otras ocasiones, el silencio es la expresión más honesta de lo que queda de sujeto. Hay pacientes que no quieren hablar, no porque estén rechazando al analista, sino porque esa es su forma de estar en este tramo. El analista, entonces,  no debe llenarlo, obligar al paciente a hablar, interpretarlo ni convertirlo en síntoma. Debe permitirlo.

A veces, el silencio es el último gesto del paciente como sujeto: un “no querer saber más”, un “no quiero hablar de esto”, un “quiero que me acompañes”. Es un acto, y por tanto habla, incluso sin palabras.

Como podemos ver, en esta etapa, el analista queda confrontado a la transferencia en su núcleo más primitivo: no como suposición de saber, sino como referencia mínima a un Otro que no abandona, al lazo mas elemental.

Lacan decía que en ciertos momentos la transferencia se reduce al nivel del “sujeto supuesto soportar”. En paliativos, la transferencia ya no es suposición de saber, sino suposición de sostén: una confianza desnuda, casi sin significantes.

La presencia del analista opera entonces como punto de anclaje del sujeto, defensa contra la caída en lo real del cuerpo, resto de lazo social, lugar donde no se rechaza lo que el paciente trae, aunque sea inarticulado.

Es un acompañamiento no pastoral, no terapéutico, no moral, sino estrictamente ético: el analista está ahí para sostener la condición de sujeto hasta el último instante donde eso sea posible.

El silencio, como vimos, es una forma de tratamiento del goce cuando el cuerpo ya no sostiene la palabra. No debe ser llenado ni interrumpido, pues puede operar como espacio de subjetivación.

La presencia del analista —su modo de ocupar el lugar— se vuelve esencial. No presencia empática, sino presencia no invasiva, que permite que el sujeto no caiga en el puro cuerpo-organismo.

En el límite de la vida, el sinthome aparece como aquello que aún ata al sujeto a su modo singular de gozar. También brinda una consistencia mínima que le permite sostenerse sin desmoronarse y como lo propio irreductible que incluso frente a la muerte se mantiene. El analista no interpreta el sinthome en este contexto: lo respeta. Es lo último que le queda al sujeto como lazo consigo mismo.

4. El decir y la construcción de sentido al final

El final de vida no siempre implica una elaboración consciente, reflexiva o narrativa.
Pero sí puede haber un decir, algo que se desprende del sujeto más allá de lo que quiere comunicar.

El decir, el analista no busca coherencia ni cierre. Ese decir puede consistir en una palabra suelta, un recuerdo, un reclamo, una frase repetida, una pregunta sin respuesta. Es lo que del sujeto aún se transmite.

El analista presta atención a esas pequeñas formaciones: un lapsus, un gesto, un modo de llamar a otro, una insistencia. Allí el sujeto encuentra su último punto de inscripción en el lenguaje.

Pontalis: “Entre el sueño y el dolor”

Pontalis trabaja siempre sobre espacios intermedios: entre el sueño y la vigilia, entre el cuerpo y la palabra, entre el dolor y la representación, entre presencia y ausencia. No busca un concepto cerrado, sino un clima, un borde, una geografía psíquica hecha de transiciones.

En cuidados paliativos, esa geografía aparece con una nitidez particular: los pacientes suelen estar sostenidos en una especie de “estado límite” que no es patológico en sí, sino propio de la proximidad del final.

Pontalis describe un estado en el que el yo ya no organiza del todo la experiencia, porque el dolor, la medicación, el cansancio o el avance de la enfermedad debilitan su función sintética. Aún así, tampoco hay una caída completa en la desrealización o la desubjetivación: siguen apareciendo imágenes, recuerdos aislados, fragmentos discursivos que mantienen cierta continuidad del ser.

Este lugar intermedio es un espacio donde la subjetividad no dirige, pero todavía respira. No es aún noche, pero ya no es día.

Para Pontalis, el dolor no es solo una sensación corporal: es una experiencia que desnuda al sujeto, lo deja sin defensas, sin ficciones, sin pantalla. Pero incluso así, el dolor no anula la capacidad de simbolizar, sino que la vuelve mínima, tenue, como si cada palabra tuviera que atravesar una membrana muy gruesa. Por eso muchos pacientes hablan poco, o hablan en imágenes, o dicen frases sueltas. Ese es exactamente el territorio pontalisiano: el lenguaje reducido a lo esencial, lo mínimo para continuar siendo.

El analista como guardián del umbral. En este espacio intermedio, el analista no interpreta porque la interpretación sería intrusiva, exigiría trabajo yoico que el paciente no puede sostener y podría vivirse como una violencia sobre un territorio frágil.

En cambio, el analista puede acompañar sin dirigir. El acompañamiento no es orientación, es un “estar al costado”, sin empujar, sin organizar la experiencia del otro. El analista sostiene sin exigir trabajo psíquico, es decir, el sujeto no tiene que producir un relato coherente, ni asociar, ni recordar, ni explicar.

La presencia del analista funciona como condición de posibilidad para que aparezcan chispas de palabra, no como demanda de producción subjetiva.

Pontalis advierte que, en los lugares intermedios, el analista puede tener la tentación de rellenar o colonizar los silencios, de dar sentido donde solo hay un borde. El trabajo es exactamente el contrario: no ocupar el espacio del otro.

La ensoñación es el último recurso del sujeto. Muchos pacientes en paliativos hablan en un registro cercano al sueño, refiriendo recuerdos mezclados, una temporalidad confusa, escenas que aparecen como luces cortas y palabras que funcionan más como sonidos o climas que como significantes encadenados. Pontalis lee en esto un trabajo psíquico de borde, no una regresión como patología.

La ensoñación permite sostener una continuidad subjetiva sin necesidad de construir un Yo fuerte ni un relato organizado. Es, de algún modo, la última forma de vida psíquica que puede mantenerse cuando el cuerpo se cae.

La construcción de sentido mínima es uno de los puntos más importantes para la clínica: en el final de la vida, la construcción de sentido no es biográfica ni narrativa, no es un “balance de vida” ni un “cierre del arco vital”. Pontalis nos enseña que el sentido, en ese umbral, es algo mucho más pequeño: una frase que se repite, un recuerdo que vuelve, una imagen que se sostiene, una palabra que el paciente quiere decir y ser escuchada, o una escena mental que el paciente habita como si fuese un refugio. Estas pequeñas inscripciones son suficientes para que el sujeto no quede reducido al organismo. Son restos, pero restos con valor de anudamiento.

El analista actúa como garante de que el sujeto aún está allí. En este punto, Pontalis es extremadamente preciso: el analista no da sentido, ni interpreta, ni organiza, pero ofrece un espacio donde el sentido puede aparecer en su mínima expresión. El trabajo analítico consiste en resguardar ese espacio mínimo, ese hilo fino que aún anuda al sujeto a su experiencia. No se trata de prolongar la vida psíquica artificialmente, sino de evitar que el sujeto quede aplastado por el dolor o por el Otro médico.

Bibliografía sugerida (y comentada)

1. Textos centrales
Winnicott, D. W. (1960). “La teoría del vínculo paterno-infantil”. En El proceso de maduración en el niñoTexto fundamental para comprender el holding y el papel del ambiente en el sostén de la subjetividad. Si bien Winnicott trabaja sobre la infancia, sus conceptos se vuelven centrales en el final de vida: allí también el sujeto requiere un soporte no intrusivo que permita “seguir siendo” más allá del deterioro corporal. Aporta: la noción de presencia sostenedora que inspira la posición del analista en paliativos.

Winnicott, D. W. (1971). “El uso del objeto”. En Realidad y juego. Aquí se formaliza la transición entre el objeto subjetivo y el objeto externo. En el final de vida, muchos pacientes atraviesan un desdibujamiento de esta frontera, y la presencia del analista puede funcionar como un “objeto sobreviviente”. Aporta: un marco para pensar la presencia analítica en situaciones de extrema fragilidad yoica.

Lacan, J. (1975-76). Seminario 23: El sinthome.  En este seminario Lacan formaliza el sinthome como modo singular de existencia, más allá del sentido y más allá del Edipo. En el final de vida, es crucial no intervenir sobre el sinthome, sino respetarlo: es lo último que mantiene al sujeto anudado. Aporta: un fundamento teórico fuerte para comprender por qué en paliativos el analista no interpreta, sino que resguarda el modo singular de goce del paciente.

Pontalis, J.-B. (1988). “Entre el sueño y el dolor”. En Entre el sueño y el dolorUn texto breve y bellísimo donde Pontalis capta ese espacio intermedio entre la ensoñación, el dolor y la palabra. En cuidados paliativos muchos pacientes se ubican en ese lugar fluctuante. Aporta una articulación literaria y clínica del “entre”, del límite entre el cuerpo y el lenguaje.

Freud, S. (1915). “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia”. Aunque no es un texto sobre el final de la vida, es clave para pensar cómo la transferencia cambia cuando ya no está sostenida por el deseo de saber. Aporta el marco conceptual para pensar cómo la transferencia se transforma cuando el sujeto ya no pide interpretación, sino simplemente un Otro que no lo abandone.

Textos complementarios

Winnicott, D. W. (1957). “La preocupación maternal primaria”. Ilumina la idea de presencia sensible y de disponibilidad psíquica. Aunque refiere al estado materno, es útil para conceptualizar el tipo de sintonización que se juega en paliativos sin caer en un modelo maternalizante. Aporta: matices para pensar la “presencia” del analista sin caer en empatía fusional.

Lacan, J. (1962-63). Seminario 10: La angustiaEl capítulo sobre la función del silencio y la proximidad del objeto a es particularmente útil. Aporta: un marco para pensar el silencio del paciente como acto y no como vacío.

Pontalis, J.-B. (1977). “El trabajo de morir”. En Lo que queda del díaUn texto menos citado pero extremadamente pertinente. Aporta: una lectura psicoanalítica de la proximidad de la muerte que no patologiza ni idealiza el proceso.

Freud, S. (1912). “Sobre la dinámica de la transferencia”. Aun cuando aquí se piensa la transferencia en la neurosis, es importante como contrapunto para ver qué se pierde y qué permanece en la situación paliativa.

Aportes contemporáneos y clínicos

Pierre Fédida (1992). El sitio del extranjeroEspecialmente los capítulos donde analiza el dolor, la caída del lenguaje y el estatuto del cuerpo sufriente. Aporta: una lectura fenomenológica y psicoanalítica del cuerpo en deterioro que se articula bien con la práctica paliativa.

Marie de Uña (2004). Clínica del final de la vida. Una autora que trabaja desde psicoanálisis la clínica de la muerte y el acompañamiento. Aporta: casos clínicos y reflexiones específicas para paliativos.

Rosine y Robert Lefort (1992). El nacimiento del OtroAunque es una obra sobre psicóticos, ofrece elementos para pensar cómo sostener un lazo cuando el aparato simbólico se empobrece. Aporta: conceptos para pensar al sujeto cuando el lenguaje pierde su función organizadora.

Texto colectivo: Dolor, cuerpo y palabra (Asociación Mundial de Psicoanálisis). Compilación de artículos sobre dolor crónico, cuerpo y límite. Aporta: reflexiones actuales sobre el tratamiento del cuerpo sufriente en la clínica lacaniana.

4. Bibliografía sugerida para profundizar en la práctica paliativa

Cicely Saunders (1978). The Management of Terminal Disease. Aunque no es psicoanalítico, ofrece un marco histórico esencial sobre cuidados paliativos. Aporta: contexto médico y ético para situar la especificidad del psicoanálisis.

Borges, J. L. (1974). “La escritura del Dios”. No es un texto clínico, pero ilumina literariamente la experiencia límite donde el sujeto se sostiene en un fragmento de sentido. Aporta una elaboración poética del tema del sentido mínimo ante la muerte.

jueves, 28 de mayo de 2026

Aparato psíquico: ¿Cuáles son sus niveles de transcripción?

 En Freud, especialmente a partir de la famosa Carta 52 a Fliess (1896), aparece la idea de que el aparato psíquico no registra la experiencia una sola vez, sino mediante distintos niveles de inscripción o transcripción. La memoria se reorganiza sucesivamente, traduciendo los contenidos de un sistema a otro.

Freud propone allí varios estratos:

  1. Percepción (Wahrnehmung)
    Es el nivel más inmediato. La percepción pura no deja huella consciente duradera. El sistema perceptivo recibe estímulos pero, paradójicamente, no conserva memoria.
  2. Signos de percepción (Wahrnehmungszeichen)
    Primera inscripción mnémica. Son huellas asociativas primitivas, organizadas por simultaneidad o contigüidad. No son todavía representaciones conscientes ni lenguaje.
  3. Inconsciente (Ubw)
    Segunda transcripción. Aquí las huellas se reorganizan según otras leyes asociativas. Es el dominio del proceso primario: condensación, desplazamiento, atemporalidad, ausencia de contradicción.
    Freud piensa este sistema como inaccesible directamente a la conciencia.
  4. Preconsciente (Vbw)
    Tercera transcripción. Las representaciones quedan ligadas a palabras y pueden devenir conscientes. Se organiza según el proceso secundario, lógica, temporalidad y prueba de realidad.
  5. Conciencia (Bew)
    No es propiamente un depósito de huellas, sino el fenómeno consciente actual que emerge cuando ciertos contenidos acceden a este sistema.

Podría esquematizarse así:

Percepción → Signos perceptivos → Inconsciente → Preconsciente → Conciencia

Lo importante en esta teoría es que:

  • cada nivel retraduce el material anterior;
  • puede haber fallas en la traducción (Freud relaciona esto con la represión);
  • la memoria no es un archivo fijo sino una serie de reorganizaciones;
  • un mismo acontecimiento adquiere sentidos distintos según la transcripción posterior (idea cercana a la “posterioridad” o Nachträglichkeit).

Esta concepción anticipa muchas cosas del Freud posterior:

  • la diferencia entre representación-cosa y representación-palabra;
  • la primera tópica (Inconsciente/Preconsciente/Consciente);
  • e incluso la idea lacaniana de que el inconsciente implica distintos registros de inscripción significante.

La referencia central es la Cartas a Wilhelm Fliess, particularmente la llamada “Carta 52”. También se conecta con La interpretación de los sueños y el Proyecto de psicología para neurólogos.

Estafa a psicólogos: modalidades y cómo prevenirse

 LISTA ACTUALIZADA DE ESTAFADORES al 27/05/26

🆘ESTAN INTENTANDO ESTAFAR MUCHO CON LOS NOMBRES: ALBERTO, SANDRA, CARLOS, JULIO, VICENTE, OMAR y ROBERTO.

Los últimos números de la lista son los más recientes.

🆘Por favor lean las medidas de seguridad y red flags para estar atentos. 

‼️NUEVA MODALIDAD DE ESTAFA: Te envian comprobante trucho con el monto correspondiente a tu sesión, pero esta vez dicen que “su contadora” “su mujer” transfirió mal el “concepto” y pusieron “Adelanto de haberes” en vez de “varios” es por eso que a ellos los bloquearon del banco, y te llaman insistentemente para arreglar esto, supuestamente con “tu transferencia” con el concepto correcto, todo esto con dinero que nunca impacta en tu cuenta. 

‼️TODOS LOS ESTAFADORES MENCIONADOS, EXCEPCIÓN DE UNOS POCOS, REALIZAN LA MISMA ESTAFA,: Te envian un comprobante FALSO con 0 de más (si tu sesion vale 40mil te envian un comprobante de 4 millones) ese dinero NUNCA impacta en tu cuenta. Después dicen que “te van a llamar del banco”, te llama un número no oficial y te pide que devuelvas esa plata. También te dicen que si no cooperas, te bloquean la cuenta de homebanking. 

🚩❌MODALIDAD DE LA ESTAFA

🛑Persona que se hace pasar por “Osvaldo”, una persona mayor, dice que te va a abonar, te abona comprobante de más, después te llama para que le “devuelvas la plata” (la plata nunca llega), para esto te dicen que te van a llamar del banco y que tenes que vaciar la cuenta para devolver el dinero. 

🛑Números del tal “osvaldo” :

+54 9 3546 43-9565

 +5493515309025

‎🛑Números de otros estafadores: 

+54 9 11 5896-1357

+54 9 341 654-8914

‎+54 9 11 3831-6959

‎+56 9 4110 0442

‎+54 113835969

+54 9 11 3862-5581

+54 9 11 5896-1357 (se hace llamar pedro, hace una “transferencia” y luego no impacta en la cuenta, dice que te van a llamar por MP, mercado pago no llama por numeros no oficiales) 

+54 9 341 505-2880 (Me transfirieron la sesion en concepto "prestamo" y me llamó supuestamente ARCA, me dijeron que me iban a bloquear las cuentas si no hacia un respaldo, Así que me pedian transferir para resguardar, ahi me salio el nombre de un tal Brandon y me di cuenta que me estaban estafando, supuestamente era una persona del gobierno y me paso un cuil: Cristian Emmanuel Fernandez, DNI 37351415, Matricula 02-61109, Actividad servicios de seguridad e investigacion) 

+54 9 299 528-2014 se hace pasar por Maximiliano Daniel torres, dice que te hace la transferencia por el turno asignado y no impacta. 

+54 9 221 624-5049 se hace pasar por Moni, pide turno con el fin de generar una estafa, estén atent@s!

+54 9 3765 25-6960 literalmente tiene la misma foto de perfil que el numero anterior. Hicieron el cuento de una persona mayor que transfiere un monto grande para que lo devuelvas, NUNCA impacta en tu cuenta, dicen que te van a llamar del banco para que lo devuelvas. El banco nunca llama para esas cosas. 

+54 9 11 6417-3514 con este numero te llaman de “mercado pago” que es FALSO, mercado pago tiene numeros oficiales. 

+54 9 299 533-9997 Se hace pasar por una persona mayor para pedirle turno a su nieto, te transfiere de mas (nunca impacta en tu cuenta) y te llama para que le devuelvas el dinero

+54 9 343 451-4860 Similar Intento de estafa que el anterior:  se hace pasar por un abuelo que pide turno para su nieto que perdió al padre. Si no respondes insiste con discurso rigido. 

+54 9 11 2292 6046 Es un numero que busca una consulta, te envia por audio o texto algo bizarro e inentendible, por ejemplo “Mais me dijo que me iba a devolver las ideas que me las saco el ultimo tiempo. Mais saca las ideas a todos, a mi, a usted y a todos”. 

Si no lo queres atender, te pide otros numeros de colegas. No se lo envien. Ya este numero intentó estafar a otros colegas.

🛑Otra persona refiere acompañamiento por el duelo de su esposo y te muestra foto de su DNI.

-54 911 2292-5046: Pide iniciar terapia, dice que sacó el contacto de un grupo de whatsapp y pide contactos de colegas con nombres y apellidos

+54 9 11 2791‑5177 Mujer que pide terapia, mismo modo de operar alegando que realizó la transferencia con dinero de más. 

ALBERTO: 5  números distintos en una semana, ojo con esta persona que se hace llamar “Alberto” mismo nombre, misma foto de perfil, misma estafa, seguro siga cambiando de número:

+54 9 11 2706-8737 "Alberto", pide un turno para la semana y dice que se siente depresivo. Al momento de agendar, manda un comprobante con supuesta transferencia con muchos ceros que nunca existio. Hace llamadas pidiendo que se atienda.

+54 9 11 7083-9868 misma foto de perfil que el numero anterior, mismo supuesto nombre, misma forma de estafa. Cambio el numero. 

+54 9 2212 23‑0639 tiene la misma foto que los numeros anteriores, y se hace pasar por Alberto. 

+54 9 11 6831-5518:  se comunicó por sentirse depresivo, que quería sesión en la semana, supuestamente por la muerte de un primo muy allegado a él (como no me dedico a duelo, no continúe, así que no sé cuál es su modus operandi, me pidió contacto de colegas pero sospeche que era este mismo por toda la situación así que no volví a contestar) y tiene la misma foto de perfil.

Otro numero donde se comunica “alberto”: +54 9 114989-5477

Otro numero donde se comunica “alberto”: +54 117901-2573

Otro numero donde se comunica “alberto”: +54 9 117901-0809 

También se hace llamar ahora CARLOS. 

numeros de personas que se hacen pasar por “personas mayores” que quieren intentar la misma estafa del comprobante de más: 

+54 9 2617613836 

+54 9 223 6904297

-+54 9 2317 40-0152 Se hace llamar Diego Pérez, tambien intento de estafa. 

-Estos números se hacen pasar por una persona llamada María Laura (que al parecer podría ser una colega a la que le usurpó la identidad) pone su foto y presenta su DNI 25215089 María Laura Edith Venier):

54 9 11 7118 2655 

54 9 11 2699 9844 

+54 9 11 3230-8168

+54 9 11 7120-4943

-54 9 221 624 5049 mujer que se hace llamar “Moni” también presenta DNI de la persona 

+54 9 2954 81-6368 Se hace llamar Mariano, pide turno para el hijo y envía un comprobante falso de 4 millones.

+54 9 299 583-6469

Javier Addisi, motivo de consulta falleció su esposa y su hija y él necesitan terapia. Intento de estafa.

+54 9 11 6231-7474 ese fue el.numero del tal "julio"

 "Su esposa", 'pezzoa' era la del comprobante.  En Internet esta ya que estafo a varios con ese comprobante a nombre de esa cuenta. Hace la misma estafa de transferir plata de mas. 

Nombré: Julio 

115857-7841: Consulta por Depresión. Insiste en pagar por adelantado la sesión ya que "la mujer está pagandole a empleados y de paso me paga la consulta antes". Manda comprobante trucho con plata de mas.

+54 9 381 630-5675  comparto su número, me contacto diciendo que esta separándose es de tucumán, le pedi para guardarle espacio que debia transferir, me llamó la atención que nunca preguntó el valor de la sesión y me envio una transferencia con cualquier numero, del banco Macro que no impacto en mi cuenta. Cuando le dije que dso no era una transferencia elimino los mensajes

+54 9 11 7902-9812

+542612750882

Paso los datos se hace llamar

Martin Julio Trapani.  La foto es de una familia en la nieve, usa la misma foto en los diferentes números. La transferencia la hace a nombre de Evangelina Cabrera María, banco ICBC. Dice que la hace del número de su mujer. 

Si te envía la transferencia con un valor mucho mas elevado al de la sesión y dice que su esposa se confundió. Y empieza a llamar desesperadamente para que le devuelvas el dinero (el dinero nunca llega) y te dice que se contacto con su banco y le dijeron que mi banco iba  a llamarme para que en la llamada le transfiera el monto. Llame a mi banco y era totalmente mentira y el comprobante era trucho. 

SANDRA: 

+54 9 358 419-3803 Se hace llamar Sandra y se hace pasar por una señora mayor. Misma modalidad de transferir de más.

+54 9 358 419-4905 mismo estafador, misma foto de perfil que el numero anterior. Se hace llamar Sandra, dice ser medica y que la sesión es para el hijo. Pasa comprobante trucho y no impacta en la cuenta. Insiste con llamados para que la atiendas. 

+54 9 11 5876-4539 llama pidiendo turno para el hijo y la mecánica de siempre. (Aviso de otra estafadora, les paso el numero)

+54 9 11 7900-0186 sumo otro número a la lista de estafadores hace llamar martin

José Gabriel hordadin: 1578976610

+54 9 3886 01-3894 se hace pasar por Vicente. Misma modalidad de la transferencia con un 0 de más. 

+549223437 4029 se hace pasar por Omar. Misma modalidad de estafa de la transferencia con un 0 de más. 

Jorge Osvaldo Pereyra +54 9 3435 49 6435.

me escribe un montón de msjs pidiendome un turno por posible depresión. Cuando llega el día, 10 minutos antes me pasa un comprobante del Banco Hipotecario con el monto correspondiente. 

Luego me dice que su contadora ("Francisca") se equivocó de concepto y puso "Adelanto de haberes", en vez de "Varios" o "Honorarios" o lo que sea..

(Transferencia que nunca recibí)

Que por esta razón le bloquearon la cuenta madre que utiliza en su empresa, a partir de un mail que recibió de Mercado Pago como alerta por el concepto erróneo. Insiste con llamarme para explicarme la situación y me comenta que necesita un turno a la brevedad posible.

Le informo que entiendo lo del bloqueo (aunque me parece raro que por un concepto lo bloqueen) y que deje sin efecto esta sesión, pero insiste en llamarme para solucionar su tema del bloqueo..que si me hacen una transferencia con el concepto adecuado su cuenta se estará desbloqueando.

Reitero que entiendo esto pero que no entiendo su insistencia en llamarme para resolver algo que no me compete. Que si es un problema de una transferencia mal hecha, pueden hacer otro movimiento con el concepto que corresponda y se debería desbloquear la cuenta. Se pone más despectivo y me dice que como no lo entendí ya no quiere un turno. Me termina bloqueando.

 +54 9 3585755407 Se hace pasar por Roberto. Pide turno los fines de semana para realizar la estafa. Te llama directamente. Se esta creando nuevos números todos los dias. Dice que “pide turno para la nieta que se acaba de separar” 

⚠️🚩PERVERSOS

+54 9 11 7110-1753

+54 9 11 6027-7152 dice llamarse Gabriel, suele llamar a varias profesionales por un problema de masturbación. 

+54 9 2317 46-2938 : Se hace llamar Maximiliano de 34 años, consulta por ASI y después empieza a mandar mensajes inapropiados. 

-Llama desde número privado: se hace pasar por “Matias Gomez”, busca terapia urgente y llama por telefono. 

+54 9 221 679-5655: "Rxk", cuenta empresa de informática. Consulta si se pueden realizar técnicas de respiración y relajación en sesión. Y luego pregunta si se puede realizar masajes "ahí". 

+54 9 11 6653-9399 Mc erecciones permanentes. No pregunta honorarios. Pregunta reiteradamente veces si yo voy a estar incomoda si el esta con erecciones marcando q le importa mi comodidad. Me dice que me va a pagar de mas por esa cuestión si estoy de acuerdo

+54 9 11 66526767  Mc erecciones frecuentes e incomodidad/ansiedad con eso. Usa lenguaje vulgar, pide sesiones rápido y dice que el dinero no es problema (misma foto que otros números que ya aparecen en la lista)

‼️Cuestiones a tener en cuenta 

🚩🚩Red flags Si llama o hace videollamada sin enviar mensaje, si te consulta con demasiada urgencia “necesito turno hoy” o “solo 5 minutos”

-Si el motivo de consulta no es claro o no quiere decirlo.

🔐Medidas de seguridad:

- Pedir pago por adelantado asi tenemos información en el comprobante de qué se trata.

- Esperar a que el dinero impacte en la cuenta, si no, no se realiza la sesión. No seguir hablando, si envían un comprobante alegando que transfirieron  más dinero del solicitado ya que seguramente es un comprobante trucho.

- No atender llamados que refieren ser del banco 

- No dar turnos con tanta urgencia, excepto que sea una urgencia real y se puede derivar a una guardia.

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miércoles, 27 de mayo de 2026

Ansiedad: ¿Qué la causa? Intervenciones clínicas

Mg. Lucas Vazquez Topssian

En esta ocasión vamos a trabajar una de las posibles causas de la ansiedad y ver qué intervenciones esta concepción habilita. El punto metapsicológico inicial para pensarla son los vasallajes del yo: el yo puede sufrir embates de la realidad, lo mismo que los efectos del drang pulsional, o los castigos del superyó.

 Hoy vamos a exponer algo muy consistente con varias líneas del psicoanálisis, especialmente con Jacques Lacan, aunque también toca algo que ya estaba insinuado en Sigmund Freud

1) La angustia no es ansiedad.

Me parece interesante diferenciar angustia/ansiedad como efecto de una señal sin objeto definido. Ahí tenemos, a mi parecer, algo clínicamente muy fértil.

Primero, una precisión: para Freud la angustia no es exactamente “sin objeto”; él termina diciendo que tiene una relación con el peligro, aunque el objeto pueda estar reprimido, desplazado o no simbolizado. En Lacan la formulación se vuelve más paradójica: “la angustia no es sin objeto”. El problema es que ese objeto no es un objeto representable común, sino algo del orden del objeto a, algo que irrumpe demasiado cerca.

En pocas palabras, diría:

La ansiedad es una expectativa difusa de peligro. La ansiedad suele organizarse como anticipación, hipervigilancia, “algo malo puede pasar”.

La angustia es la irrupción subjetiva de algo real que desborda al sujeto. Aparece más como conmoción, desorganización, cercanía intolerable de algo que no puede simbolizarse. En Jacques Lacan la angustia tiene un estatuto mucho más radical: no engaña, porque aparece cuando falla la mediación simbólica y el sujeto queda demasiado cerca del deseo del Otro o del objeto.

Incluso fenomenológicamente suelen sentirse distinto: la ansiedad es más “¿Y si pasa algo?”, mientras que la angustia es “Algo ya está acá.”

La ansiedad todavía conserva una temporalidad de espera. La angustia, en cambio, tiene algo de presentificación inmediata.

2) La ansiedad sería el eco prolongado de una alarma indeterminada

¿Podemos pensar a la ansiedad en términos de transmisión? Efectivamente, la ansiedad suele sentirse como un estado de alarma previo a la constitución clara de un peligro. Es como si el sujeto recibiera una señal, una tonalidad afectiva, un “hay peligro”, pero sin coordenadas simbólicas suficientes para localizarlo (a diferencia de la angustia).

En varios pacientes que consultaban por ansiedad, observé que en ellos operaba una suerte de frase truncada, lo que recuerda mucho a cómo opera el significante en la infancia. Más allá de la ansiedad, el niño recibe del Otro mensajes incompletos, enigmáticos, sobredeterminados. Y además de significados, recibe también afectos no metabolizados del Otro. Muchas veces los padres deciden no especificarle al niño los muchos peligros que existen en el mundo.

Por ejemplo: “No hagas eso…”, “Ojo con tu papá cuando llega así…”, “Hay cosas de las que no se habla…”, “Tené cuidado…”. Todas estas frases tienen un punto no simbolizado: ¿cuidado con qué? ¿qué pasa si no? ¿qué es exactamente lo amenazante? Entonces el cuerpo queda tomado por una expectativa de peligro difuso. 

Los pacientes suelen ubicar muy bien estas frases en sus análisis, ya que se las han repetido en reiteradas ocasiones. No obstante, suelen necesitar de la intervención del analista para resaltar su vigencia y luego trabajar sobre este punto de opacidad.

¿Pero en qué medida estas frases opacas podrían participar de la ansiedad? Recordamos la frase de Lacan “la pulsión es el eco en el cuerpo de que hay un decir” para justamente indicar que el cuerpo pulsional no es biológico puro, sino que está afectado por el lenguaje. El significante deja marcas corporales. La ansiedad podría pensarse entonces como el eco corporal de un significante de peligro que no terminó de inscribirse simbólicamente.

Esto explicaría, entiendo, por qué muchas ansiedades son anticipatorias, difusas, hipervigilantes, sin localización precisa. El sujeto sabe que “algo” amenaza, pero no qué. En estas coordenadas, la ansiedad aparece cuando el sujeto queda capturado por el deseo enigmático del Otro. No se trata tan sólo “hay peligro”, sino que el Otro de los cuidados quiere algo de él, le dice que algo puede irrumpir, pero a la vez hay una demanda imposible de calcular.

En muchos pacientes ansiosos aparece esta sensación de tener que estar atentos, que algo malo puede pesar y que relajarse no es una opción.

Como si el aparato psíquico hubiera quedado fijado a una alarma sin traducción. ¿Ubicable en dónde, desde la metapsicología? En el superyó.

3) Caso clínico: "Cuidado con la calle"

Una paciente consulta por episodios de ansiedad, que ocurren cuando sale a la ruta a manejar, o de noche cuando está sola en su casa y su novio no llegó. No logra cernir cuál es el peligro, pero sitúa que comenzó a partir del fallecimiento de un familiar. Dice, antes del este episodio: "La muerte para mí no existía, no es algo que se hablara en la familia”"

Desde entonces, la ansiedad aparece especialmente cuando debe separarse de la consistencia del Otro y decidir por sí misma. De esta manera, viajar, mudarse, irse del país, vivir sola, elegir carrera, casarse, tener hijos, que son todos momentos de separación subjetiva. a ella le emerge la pregunta: “¿Y si pasa algo?

Pero ese “algo” permanece indeterminado.

El padre parece ocupar una posición de saber absoluto. “Su palabra era la última” y “me adaptaba a su palabra y a todo lo que me decía”. Acá vemos que el problema no es solamente el contenido de lo dicho, sino el estatuto de la palabra del Otro. La palabra paterna aparece casi sin falta, como si viniera garantizada. Y eso puede volver muy difícil la constitución del deseo propio.

La paciente recuerda; “Mi padre generaba miedos”, aunque no logra cernir cuáles. Ella solo logra referir un clima afectivo de alarma, una transmisión de peligro inespecífico. “Me ha generado miedo, estar alerta al decirme ‘Andá por acá o…’ Ese “o…” es extraordinario. La frase queda suspendida, no se simboliza la consecuencia ni se delimita el peligro, pero el cuerpo de la paciente sí recibe la señal de amenaza: alerta, hipervigilancia, dificultad para decidir.

Es decir: el sujeto queda tomado por un significante de peligro incompleto. En estos casos, el significante queda suspendido antes de cerrar sentido. Y el sujeto queda intentando completar retroactivamente qué era lo peligroso. Eso puede producir una búsqueda infinita de objetos para la angustia: enfermedad, robo, rechazo, catástrofe, locura, fracaso, etc... Por supuesto, ninguno termina de encajar del todo, porque el núcleo no era el objeto concreto sino la señal misma.

Observamos también que la ansiedad muchas veces parece más ligada a la espera que al acontecimiento. Es la temporalidad del “algo va a pasar”. Ahí hay una estructura casi traumática: el sujeto vive en estado de anticipación permanente frente a un real no delimitado.

En cierto momento, la paciente logra preguntarle al padre cuál era su miedo con la calle, pues la inespecífica frase "Cuidado con la calle" era una de sus grandes advertencias. El padre responde que su gran temor son los accidentes viales: temía que alguno de sus seres queridos fueran atropellados por un automovil, lo que se relaciona a una situación traumático de la historia de este hombre. La advertencia delimita un objeto, lo que vuelve a la voz del padre menos enigmática.

4) Conclusión

De esta manera, podemos pensar que la ansiedad surge cuando el sujeto recibe del Otro una transmisión de peligro que no alcanza simbolización suficiente, quedando el cuerpo como soporte de una alarma inespecífica. O incluso, que la ansiedad es el afecto que aparece cuando el significante de peligro queda incompleto y el cuerpo debe sostener aquello que no pudo ser dicho.

También podría articularse con Donald Winnicott cuando habla de angustias primitivas impensables: experiencias tempranas que no pudieron ser simbolizadas y quedan como amenazas corporales difusas. O con Wilfred Bion y los elementos beta: afectos no metabolizados que el aparato psíquico no logra transformar en pensamiento.

lunes, 18 de mayo de 2026

El dinero y la economía libidinal en el análisis

 Interrogar la función y la lógica del dinero en un análisis implica preguntarse por aquello con lo que verdaderamente paga un sujeto.

¿Se paga únicamente con el dinero entregado al analista en concepto de honorarios o, más bien, el dinero funciona como el soporte simbólico de algo que pertenece a otro orden?

La cuestión remite necesariamente al problema de la economía. El dinero, su circulación, sus usos y su estatuto, sólo adquieren sentido dentro de una determinada modalidad económica. No resulta casual que Jacques Lacan recurra a la noción de economía —y más precisamente a una economía de goce— para responder a los impasses de la energética freudiana.

La economía que el dinero pone en juego dentro de un análisis es, ante todo, una economía libidinal. Se trata de aquel campo donde se organizan las relaciones del sujeto con los objetos y con las diversas formas que adopta el objeto en la experiencia subjetiva. Allí se juega, fundamentalmente, la satisfacción que el sujeto obtiene en su relación deseante con el Otro, en el interior de la escena fantasmática, sosteniendo muchas veces la ilusión de una completud posible del Otro.

En este sentido, el análisis se sirve del dinero porque éste constituye, tal como señalaba Diana Rabinovich, “el colmo de lo simbólico”. El dinero permite introducir, a través del significante, una medida ficcional que haga posible poner a trabajar algo del orden de la economía subjetiva. Sin embargo, aquello que allí se pone en juego permanece, en última instancia, fuera de toda medida exacta, imposible de cuantificar plenamente.

Por eso, cuando se afirma que un sujeto debe “pagar caro” en un análisis, no se trata simplemente de una cuestión monetaria ni de una cifra universalmente determinable. Lo “caro” no responde a una medida homogénea aplicable a todos por igual. Más bien, remite al valor singular que algo posee para ese sujeto, valor que frecuentemente sostiene sus modalidades de amor, de goce y de lazo con el Otro.

viernes, 15 de mayo de 2026

¿Por qué el fin de análisis no debe derivar a lo místico ni a lo yoico?

 Retomemos el tema del fin de análisis del que hablábamos en esta entrada, en particular para interrogar el error frecuente con “la eternidad del instante” y el riesgo es usar una fórmula poética para nombrar una experiencia de bienestar, una comprensión profunda, una catarsis tardía ó un momento de insight. Todo eso puede ocurrir en un análisis, pero no lo concluye. El fin de análisis no es un estado, sino más bien un acto sin garantía. Y su “eternidad” es que ya no necesita sostenerse en el tiempo. Sin embargo, es muy fácil es desliz hacia lo místico o lo yoico.

Ahora bien, ¿Qué problemas traen los finales con deriva mística, es decir, cuando el análisis termina en plenitud, unidad o revelación? Que lo completo se vuelve siniestro. La plenitud es estructuralmente inestable y un estado de totalidad, unidad y paz última no puede sostenerse porque forcluye la falta. Cuando la falta retorna (y retorna siempre), lo hace como angustia cruda, como caída abrupta, o como sensación de fraude (“perdí algo que tenía”). Clínicamente, vemos sujetos que retoman un espacio de análisis y dicen “Estaba bien, y de golpe me caí”. El goce retorna bajo una forma inquietante.

La plenitud suele ir acompañada de la suspensión del conflicto, el silencio del síntoma y el desinvestimiento del deseo. Lo que ocurre es que el goce no simbolizado retorna como fenómenos corporales, como vivencias de despersonalización, incluso como episodios de extrañeza o temor sin nombre. Ahí aparece lo siniestro: es la abolición de la falta lo que angustia.

El estado místico suele sostenerse en una relación privilegiada con el analista, con un dispositivo muy ritualizado o condiciones subjetivas muy específicas. Cuando eso se altera, que podría ser por una mudanza, una crisis vital, una pérdida o por el mismo envejecimiento, el “final” se revela como estado inducido, no como acto.

No es raro escuchar pacientes que idealizan retroactivamente un espacio de análisis al estilo “ese análisis fue lo mejor que me pasó”, pero no deja herramientas para el después. Son análisis que quedan como paraíso perdido, no como operador actual.

También nos podemos preguntar por los problemas de los finales con deriva yoica, cuando el análisis termina en integración, fortaleza o identidad. Diría, rápidamente, que son análisis que apelan a una fortaleza que puede resquebrajarse. ¿Por qué? Porque el yo fortalecido es un yo defendido. Un yo más coherente, más seguro, más adaptado es también un yo más armado, más defensivo, menos permeable a la falta. Cuando aparece una contingencia fuerte (ej. duelo, enfermedad, crisis amorosa, fracaso profesional) el edificio se fisura, y la caída suele ser más violenta.

Los finales de este estilo están saturados de sentido.Todo tiene explicación: la historia, el síntoma, las elecciones. Esto puede producir alivio, pero pero también fijación. El análisis termina clausurando la pregunta, no relanzándola.

Si el síntoma es leído como malentendido, déficit ó inmadurez, cuando retorna el sujeto lo vive como: “no aprendí nada”, “volví para atrás”, “fallé yo”. Esto genera culpa, no elaboración.

El final yoico suele cristalizarse en frases tipo “ahora sé quién soy”, “ahora me hago respetar”, “ahora me pongo límites”, lo que señala una dependencia de la imagende sí. El problema es que la imagen necesita ser sostenida y el deseo no se deja fijar, así que cuando la imagen cae, el sujeto queda desarmado, sin recurso simbólico.

Podemos ubicar un problema común a ambas derivas en un análisis, que es considerar al fin como un estado y no como operador. Tanto en lo místico como en lo yoico, el final se concibe como “llegar a algo”, en lugar de cómo saber hacer con lo que no cierra. Eso vuelve al sujeto dependiente de condiciones internas o imágenes ideales.

Además, en ambos casos, aunque de modos distintos, el analista queda en el lugar de un garante, porque fue el analista fue quien “llevó ahí”, quien “mostró” y quien “acompañó hasta”. Eso dificulta la separación, la caída de la transferencia y la verdadera salida del análisis.

En un fin más propiamente analítico, no hay promesa de estabilidad ni un estado a sostener. Tampoco hay identidad a defender. Lo que hay es un saber sobre el propio modo de goce, una modestia subjetiva y una cierta elasticidad ante la caída. Cuando algo se rompe, no se vive como catástrofe ni como fraude, sino como retorno de lo real.

Aventuremos una fórmula final:

El problema de los finales místicos es que prometen demasiado.
El problema de los finales yoicos es que prometen solidez.
El final analítico no promete nada: deja un modo de arreglárselas.