miércoles, 19 de agosto de 2026

La fachada obsesivo compulsiva en la psicosis

 En esta ocasión vamos a ver cómo puede presentarse una psicosis bajo una apariencia neurótica. Para ello, vamos a referirnos al artículo de Gustav Bychowski, que se publicó originalmente como Obsessive compulsive façade in schizophrenia, en el International Journal of Psycho-Analysis, vol. 47, 1966, pp. 189-197; la traducción francesa apareció en 1967 y la versión castellana en la Revista de Psicoanálisis 24, pp. 341-359.

Bychowski observó pacientes cuya presentación clínica puede hacer pensar inicialmente en una neurosis obsesiva: rituales, compulsiones, pensamientos repetitivos, conductas destinadas a neutralizar algo peligroso, etc. Pero, por debajo de esa organización aparentemente obsesiva, encuentra fenómenos que corresponden a una organización psicótica.

Lo central es que “fachada” no significa simplemente que el paciente tenga síntomas obsesivos además de una esquizofrenia. La palabra façade es entonces muy precisa: la sintomatología obsesivo-compulsiva puede constituir una especie de cobertura o defensa frente a una desorganización psicótica más profunda. De hecho, trabajos posteriores que retoman a Bychowski señalan justamente que los síntomas obsesivos prolongados pueden proteger frente a la emergencia manifiesta de una esquizofrenia.

De esta manera, tenemos un primer dato clínico: el síntoma obsesivo no sería necesariamente un signo de que estamos ante una neurosis obsesiva.

Un caso

Uno de los casos presentados por Bychowski es el de un joven, denominado A., cuya conducta central es una masturbación compulsiva, realizada varias veces al día.

Pero lo interesante no es simplemente la compulsión sexual.

El paciente presenta una cadena bastante extraña de asociaciones: mujeres, animales sacrificados, cerdos, carne, mataderos, etc. Determinadas imágenes desencadenan una excitación que debe ser descargada mediante la masturbación. Incluso realiza gestos mágicos destinados a neutralizar los efectos peligrosos de aquello que acaba de hacer o desear.

Ahí aparece algo que permite diferenciarlo de una neurosis obsesiva más clásica.

La compulsión no funciona solamente como una formación de compromiso entre deseo y prohibición. Está intentando mantener a raya algo mucho más primitivo y desorganizador.

Bychowski encuentra, según las reconstrucciones del caso:

  • regresión;
  • mecanismos de defensa psicóticos;
  • clivaje del yo;
  • proyección;
  • componentes oral-sádicos muy primitivos;
  • predominio de una satisfacción autoerótica;
  • dificultad para establecer una relación sexual objetal efectiva.

Y esto último es fundamental, porque el paciente puede fantasear sexualmente con una mujer, pero no puede efectivamente dirigirse hacia una mujer como objeto sexual. Frente al objeto real aparece inhibición, timidez y dificultad para establecer una relación genital.

La sexualidad queda entonces desplazada hacia el circuito autoerótico-compulsivo.

Entonces, ¿qué función cumple la compulsión en este caso? La compulsión tiene una función defensiva y estabilizadora. En este caso, hay una excitación pulsional extremadamente desorganizada. El sujeto no dispone de recursos yoicos suficientes para tramitarla, entonces construye una secuencia compulsiva que permite contenerla.

Si fuera una neurosis obsesiva, la lógica sería otra: el paciente tiene un deseo y hace un ritual para neutralizar la culpa.

Por eso el síntoma obsesivo puede funcionar como una especie de barrera contra la psicosis manifiesta. Es decir, paradójicamente, aquello que desde afuera parece una enfermedad obsesiva puede estar cumpliendo una función de protección contra una desorganización mayor.

Esta lectura es recogida posteriormente en la literatura psicodinámica sobre psicosis: Bychowski es citado precisamente para sostener que determinados síntomas obsesivos pueden impedir o retrasar el desarrollo manifiesto de una esquizofrenia.

Si uno toma el concepto de Bychowski sin quedar atrapado en su metapsicología del yo, puede formular una pregunta: ¿qué diferencia hay entre un síntoma obsesivo que pertenece a una neurosis obsesiva y una organización obsesivo-compulsiva que funciona como suplencia en una psicosis?

Dos casos pueden parecerse muchísimo en cuanto a rituales, prohibiciones, dudas, etc, pero ero la función estructural puede ser completamente diferente.

En la neurosis obsesiva, el síntoma se articula con el conflicto, la defensa, el deseo y la castración.

En los casos de Bychowski, en cambio, el fenómeno obsesivo aparece como una tentativa de organizar una experiencia pulsional que amenaza con desbordar las coordenadas yoicas.

De esta manera, no toda apariencia obsesiva implica una estructura obsesiva. La obsesión puede ser una forma de estabilización de la psicosis, una determinada configuración obsesivo-compulsiva puede ser precisamente lo que mantiene al sujeto relativamente organizado. Esto último no es exactamente una formulación de Bychowski en términos lacanianos, pero permite leer su hallazgo desde otra perspectiva.

En la clínica, si uno elimina brutalmente el síntoma sin comprender su función, podría incluso quitar una defensa que estaba sosteniendo cierta estabilidad. Esto explica por qué el título utiliza “fachada” y no simplemente “síntomas obsesivos en la esquizofrenia”. La fachada es simultáneamente lo que oculta la psicosis y lo que la contiene.

14. Trastornos respiratorios del sueño

Entrada anterior: 13. Parasomnias

Cuando el problema no está en dormir, sino en respirar

Muchas personas creen que un buen descanso depende únicamente de quedarse dormido y permanecer suficientes horas en la cama. Sin embargo, el sueño también requiere que funciones básicas del organismo, como la respiración, se mantengan estables durante toda la noche.

Cuando esto no ocurre, el sueño puede fragmentarse una y otra vez, incluso aunque el paciente no llegue a despertarse por completo.

Como consecuencia, la persona puede dormir ocho horas y, aun así, levantarse con la sensación de no haber descansado.

Los trastornos respiratorios del sueño constituyen una de las causas más frecuentes de somnolencia diurna, deterioro cognitivo y disminución de la calidad de vida. Además, representan un excelente ejemplo de cómo una alteración biológica puede producir importantes repercusiones psicológicas y psiquiátricas.

Para el psicólogo, reconocer estos cuadros resulta fundamental, ya que con frecuencia los pacientes consultan inicialmente por cansancio, dificultades de atención, irritabilidad o síntomas depresivos, sin sospechar que el origen del problema se encuentra en su respiración nocturna.

¿Qué son los trastornos respiratorios del sueño?

Se trata de un grupo de enfermedades en las que la respiración se altera durante el sueño.

Las dos manifestaciones más frecuentes son:
  • los ronquidos;
  • la apnea obstructiva del sueño.
Aunque suelen presentarse juntas, no son equivalentes.

Muchas personas roncan sin padecer apnea. Del mismo modo, algunas personas con apnea apenas roncan.

Por ello, el clínico debe evitar asumir que ambos fenómenos siempre van de la mano.

Los ronquidos

El ronquido se produce cuando el paso del aire genera vibraciones en los tejidos blandos de la vía aérea superior.

Factores como:
  • el exceso de peso;
  • la congestión nasal;
  • el consumo de alcohol;
  • determinadas características anatómicas;
  • dormir boca arriba,
  • favorecen su aparición.
En muchos casos el ronquido constituye únicamente una molestia para quien comparte la habitación.

Sin embargo, cuando es intenso, aparece todas las noches o se acompaña de pausas respiratorias, debe despertar la sospecha de un trastorno más importante.

Por este motivo, durante la entrevista siempre conviene preguntar: 
"¿Alguien le dijo que ronca?"

Con frecuencia es la pareja quien aporta la información decisiva.

La apnea obstructiva del sueño

La apnea obstructiva del sueño es el trastorno respiratorio más frecuente durante el sueño.

Se produce cuando la vía aérea superior se colapsa parcial o completamente mientras la persona duerme.

Durante algunos segundos el aire deja de ingresar a los pulmones.

El nivel de oxígeno desciende.  El cerebro detecta el problema y provoca un breve despertar para reabrir la vía aérea.

Muchas veces el paciente ni siquiera recuerda esos despertares.

Sin embargo, pueden repetirse decenas o incluso cientos de veces durante una misma noche.

El resultado es un sueño profundamente fragmentado.

Aunque el paciente permanezca muchas horas en la cama, nunca alcanza un descanso verdaderamente reparador.

Factores de riesgo

Diversas condiciones aumentan la probabilidad de desarrollar apnea obstructiva.

Entre las más importantes se encuentran:
  • obesidad;
  • aumento del perímetro del cuello;
  • sexo masculino;
  • edad avanzada;
  • antecedentes familiares;
  • consumo de alcohol antes de dormir;
  • uso de sedantes;
  • determinadas alteraciones anatómicas de la vía aérea.
No obstante, la apnea también puede aparecer en personas delgadas, mujeres y niños.

Por ello, ningún factor de riesgo permite confirmar o descartar el diagnóstico por sí solo.

¿Cómo sospecharla?

Existen algunas manifestaciones particularmente sugestivas.

Durante la noche:
  • ronquidos intensos;
  • pausas respiratorias observadas por otra persona;
  • jadeos o sensación de ahogo;
  • sueño inquieto;
  • despertares frecuentes.
Durante el día:
  • somnolencia excesiva;
  • cefaleas matinales;
  • sequedad bucal al despertar;
  • disminución del rendimiento;
  • irritabilidad.
Muchos pacientes consultan únicamente por cansancio.

Si el clínico no explora activamente el sueño, el diagnóstico puede retrasarse durante años.

Las consecuencias cognitivas

Dormir no sólo sirve para descansar.

También permite que el cerebro consolide la memoria, reorganice la información y recupere sus funciones ejecutivas.

Cuando el sueño se fragmenta repetidamente por la apnea, estas funciones comienzan a deteriorarse.

Los pacientes suelen describir:
  • dificultades de concentración;
  • olvidos frecuentes;
  • disminución de la atención sostenida;
  • lentitud para pensar;
  • menor capacidad de planificación;
  • aumento de los errores laborales.
En ocasiones estos síntomas son interpretados como signos de envejecimiento, estrés o depresión.

Sin embargo, la causa principal puede encontrarse en una alteración respiratoria nocturna.

Diversos estudios muestran que el tratamiento adecuado de la apnea mejora significativamente muchas de estas funciones cognitivas.
Las consecuencias psiquiátricas

Las repercusiones emocionales también son importantes.

El sueño fragmentado favorece:
  • irritabilidad;
  • inestabilidad emocional;
  • disminución de la tolerancia al estrés;
  • síntomas ansiosos;
  • síntomas depresivos.
Es importante destacar que la apnea obstructiva no "produce" necesariamente una depresión o un trastorno de ansiedad.

Lo que ocurre es que el déficit crónico de sueño modifica profundamente el funcionamiento emocional y puede agravar trastornos psicológicos preexistentes.

En sentido inverso, un paciente que consulta por ansiedad o depresión puede presentar simultáneamente una apnea no diagnosticada que contribuya al mantenimiento de sus síntomas.

Esto recuerda una idea central de este curso: los fenómenos biológicos y psicológicos rara vez actúan de manera aislada.

Riesgos para la salud

Además de afectar el bienestar subjetivo, la apnea obstructiva posee importantes consecuencias médicas.

Entre ellas se encuentran:
  • hipertensión arterial;
  • enfermedades cardiovasculares;
  • accidentes cerebrovasculares;
  • diabetes tipo 2;
  • alteraciones metabólicas;
  • mayor riesgo de accidentes de tránsito por somnolencia.
Estas complicaciones explican por qué el diagnóstico precoz resulta tan importante.

No se trata únicamente de mejorar el descanso.

También de prevenir enfermedades potencialmente graves.

¿Cómo se diagnostican?

La sospecha comienza con una buena entrevista clínica.

Posteriormente, el paciente puede ser derivado para realizar estudios específicos.

El principal es la polisomnografía, que registra simultáneamente:
  • respiración;
  • flujo de aire;
  • saturación de oxígeno;
  • actividad cerebral;
  • movimientos corporales.
En algunos casos también pueden utilizarse estudios respiratorios domiciliarios cuando la sospecha clínica es elevada.

La interpretación de estos estudios corresponde al especialista en medicina del sueño.

El tratamiento

El tratamiento depende de la gravedad del cuadro y de las características del paciente.

Las medidas más frecuentes incluyen:
  • descenso de peso cuando existe obesidad;
  • evitar alcohol y sedantes antes de dormir;
  • cambios posturales durante el sueño;
  • dispositivos de avance mandibular en algunos casos;
  • tratamiento con presión positiva continua (CPAP) en los cuadros moderados o graves.
El CPAP mantiene abierta la vía aérea mediante una corriente constante de aire administrada a través de una mascarilla.

Aunque algunos pacientes experimentan dificultades para adaptarse inicialmente, constituye uno de los tratamientos más eficaces de toda la medicina del sueño.

Una mirada desde el psicoanálisis

Los trastornos respiratorios del sueño ilustran con claridad los límites de una intervención exclusivamente psicológica, se trate de la corriente que sea.

Un paciente puede consultar por irritabilidad, apatía, dificultades de concentración o síntomas depresivos. Sin una adecuada evaluación del sueño, sería fácil atribuir estos problemas únicamente a conflictos emocionales.

Sin embargo, cuando una apnea fragmenta el sueño cientos de veces cada noche, resulta esperable que aparezcan importantes alteraciones cognitivas y afectivas.

Esto no significa que el trabajo psicológico deje de tener valor.

Por el contrario: siendo los psicólogos parte del sistema de salud, conocer estos fenómenos les permite sospechar y realizar la interconsulta pertinente a otros profesionales intervinientes. La pregunta inicial que cualquier psicólogo debería tener, es: “¿Puede el trastorno deberse a causas fisiológicas?”. La respuesta, brindada por otros profesionales, determina las posteriores intervenciones.

Confirmada una causa fisiológica, muchos pacientes deben adaptarse al uso del CPAP, modificar hábitos profundamente arraigados, afrontar cambios en la imagen corporal o convivir con una enfermedad crónica.

La psicoterapia puede acompañar todos estos procesos sin perder de vista el origen fisiológico del trastorno.

Una mirada clínica

Ante un paciente que consulta por fatiga persistente, bajo rendimiento, problemas de memoria o cambios del estado de ánimo, el psicólogo debería incorporar una pregunta sencilla a su evaluación:

"¿Cómo respira mientras duerme?"

Muchas veces esa pregunta abre una puerta diagnóstica inesperada.

Reconocer los trastornos respiratorios del sueño no implica abandonar la comprensión subjetiva del paciente.

Implica enriquecerla con una mirada clínica capaz de integrar el funcionamiento del cuerpo y la experiencia psicológica.

Esa integración constituye, precisamente, uno de los principales objetivos de este curso.

Ideas principales
  • Los trastornos respiratorios del sueño alteran la calidad del descanso al producir interrupciones repetidas de la respiración durante la noche.
  • Los ronquidos intensos y las pausas respiratorias constituyen importantes señales de alarma para sospechar apnea obstructiva del sueño.
  • La apnea fragmenta el sueño, incluso cuando el paciente no recuerda haberse despertado.
  • Las consecuencias cognitivas incluyen dificultades de atención, memoria, concentración y funciones ejecutivas.
  • El sueño fragmentado puede favorecer irritabilidad, ansiedad y síntomas depresivos, además de agravar trastornos psicológicos preexistentes.
  • La polisomnografía es el principal estudio para confirmar el diagnóstico.
  • El tratamiento combina medidas sobre los factores de riesgo y, cuando está indicado, el uso de dispositivos como el CPAP.
  • El psicólogo cumple un papel fundamental al detectar signos de alarma, favorecer la derivación y acompañar al paciente en la adaptación al tratamiento y en el impacto subjetivo de la enfermedad.
Próxima entrada:

Werner Wolff: aportes sobre las psicosis

 Werner Wolff (1904–1957) fue un psicólogo alemán formado en Berlín, emigró a Francia y luego a España y Estados Unidos, y desarrolló lo que denominaba “psicología experimental profunda”. Hoy está bastante olvidado, aunque tuvo una obra importante de psicología y psicopatología.


Wolff se formó en Berlín con figuras de la Gestalt y de la psicología profunda —entre ellas Wertheimer y Köhler— y desarrolló una psicología que intentaba estudiar experimentalmente la expresión de los procesos profundos de la personalidad. 

Su libro Introducción a la psicopatología, publicado por Fondo de Cultura Económica, es justamente una obra que intenta pensar lo patológico desde una perspectiva dinámica, y no simplemente como un catálogo de enfermedades.

¿Qué aporta Wolff específicamente respecto de la esquizofrenia?

Wolff no toma la esquizofrenia solamente como una enfermedad delimitada por sus síntomas, sino que intenta comprender el mecanismo psicológico que lleva desde una experiencia relativamente normal hasta una experiencia psicótica.

Su punto de partida es el concepto de umbral.

Para Wolff, entre lo normal y lo patológico no existe necesariamente una frontera absoluta. Hay una zona intermedia en la que determinadas formas de funcionamiento psíquico pueden desplazarse progresivamente hacia lo patológico. La pregunta del psicopatólogo, por lo tanto, es¿Cómo llegó algo que pertenecía a la experiencia normal a transformarse en anormal?

Ésta es una de las ideas centrales de su Introducción a la psicopatología.

La cuestión de la percepción

En Wolff hay una idea particularmente interesante para la esquizofrenia: la percepción puede dejar de funcionar como percepción de un mundo exterior y convertirse en expresión de procesos psíquicos internos.

Wolff intenta pensar la esquizofrenia como una transformación de la relación entre la experiencia interna y la realidad perceptiva.

Su aporte más interesante está en que no toma la alucinación simplemente como una percepción sin objeto, sino que intenta explicar cómo un contenido interno puede llegar a adquirir la forma de una percepción externa.

Esto lo lleva a una formulación muy llamativa: el esquizofrénico “vive la metáfora”.

La idea es que en el funcionamiento ordinario podemos utilizar una metáfora sin confundirla con la realidad. Si alguien dice “estoy muerto de miedo”, hay una distancia entre la expresión y aquello que expresa. En la experiencia esquizofrénica que Wolff describe, esa distancia puede desaparecer: la expresión simbólica se convierte en experiencia concreta.

Y esto tiene consecuencias para comprender las alucinaciones. Más que considerar que el esquizofrénico “ve algo que no existe”, sería más bien “un proceso interno adquiere forma perceptiva y es experimentado como proveniente de la realidad exterior”.

Se trata una observación psicopatológica muy fina.

¿Pero de qué manera? Wolff señaló que en los grados extremos, las percepciones pueden convertirse en signos de procesos psíquicos internos que se proyectan sobre las percepciones y las reemplazan.

No sería simplemente que el sujeto “ve algo que no existe”. El proceso sería más complejo:

Un proceso psíquico interno se proyecta sobre la percepción, la cual queda transformada en expresión de ese proceso interno.

Y acá aparece una intuición bastante potente: la percepción deja de ser un medio para acceder a la realidad y pasa a ser una superficie sobre la cual se inscribe una realidad psíquica interna.

"Los esquizofrénicos viven la metáfora”

Esta idea aparece atribuida explícitamente a Werner Wolff en un texto que analiza sus concepciones sobre la esquizofrenia: Los esquizofrénicos viven la metáfora.”, lo cual es interesante para los analistas con orientación lacaniana.

Porque Wolff está intentando describir algo que, en términos actuales, podríamos formular así: en la experiencia esquizofrénica puede borrarse la distancia entre la representación y aquello que es representado.

En una metáfora ordinaria, alguien puede decir: “Estoy muerto de cansancio.” y saber que no está literalmente muerto. En cambio, en la experiencia psicótica que Wolff intenta describir, la metáfora puede adquirir estatuto de realidad. No se trata ya de como si.

El sujeto puede experimentar literalmente aquello que, para otro, tendría un carácter metafórico.

Y esto permite comprender por qué ciertas expresiones esquizofrénicas tienen esa característica tan peculiar: el lenguaje deja de ser solamente un instrumento para describir la realidad y comienza a producir una realidad que el sujeto experimenta directamente.

Wolff no está haciendo teoría lacaniana, obviamente. Pero su fórmula “vivir la metáfora” permite hacer un puente retrospectivo con la problemática lacaniana del significante.

Desde Lacan podríamos preguntarnos: ¿Qué ocurre cuando el significante no mantiene su distancia respecto de la cosa? En la neurosis, el sujeto puede decir: “Siento que soy un perro.” Pero conserva, por lo general, la diferencia entre decirlo y serlo. En ciertas experiencias psicóticas, en cambio, esa distancia puede colapsar: el significante puede adquirir una consistencia de realidad.

Y entonces la fórmula de Wolff adquiere una resonancia extraordinaria: El esquizofrénico no solamente utiliza la metáfora: la vive.

Eso podría ponerse en serie con otras concepciones clásicas:

  • Freud: retiro de la libido de los objetos y reconstrucción de la realidad.
  • Garma: represión de los impulsos vitales, pérdida del atractivo de la realidad y producción de fenómenos psicóticos.
  • Wolff: transformación de la percepción en expresión de procesos internos y pérdida de la distancia entre representación y realidad.
  • Lacan: retorno en lo real de aquello que no pudo ser integrado en el orden simbólico.

 Wolff es particularmente interesante justamente porque hoy casi no se lo recuerda, pese a que su obra tuvo cierta circulación en América Latina y su Introducción a la psicopatología fue publicada por una editorial central como Fondo de Cultura Económica. 

¿Qué aportó Ángel Garma al estudio de la esquizofrenia?

 Buscando la bibliografía de Garma, encontré varios trabajos sobre esquizofrenia, y creo que el más importante para entender su posición es “La realidad y el ello en la esquizofrenia”, publicado originalmente en 1931. Fue, de hecho, el trabajo con el que Garma ingresó como miembro de la Asociación Psicoanalítica Alemana.

Hay además una pista muy interesante: existe un trabajo posterior de Garma, “The Genesis of Reality Testing: A General Theory of Hallucination”, publicado en The Psychoanalytic Quarterly, vol. 15, 1946, pp. 161–174. Por eso, ese “161/185” podría estar remitiendo a una compilación y no al artículo original.

Lo central de Garma sobre la esquizofrenia

La tesis de Garma es particularmente interesante porque no piensa la esquizofrenia simplemente como una pérdida primaria de la realidad. Su razonamiento va en otra dirección.

Para él, hay que partir de la relación entre ello, yo, superyó y realidad exterior.

En la concepción freudiana clásica, el problema de la psicosis podía formularse como una ruptura entre el yo y la realidad, seguida de una reconstrucción delirante de esa realidad. Garma desplaza el acento: la realidad exterior pierde su valor para el sujeto porque previamente se ha producido una represión extremadamente intensa de los impulsos vitales.

Dicho de manera esquemática:

represión de la vida pulsional → pérdida del interés libidinal por la realidad → debilitamiento del vínculo con la realidad → fenómenos psicóticos.

Esto es importante porque invierte parcialmente la relación causal habitual.

Garma llega a sostener que el esquizofrénico se aleja de la realidad exterior porque ésta ha dejado de resultar atractiva como campo de satisfacción pulsional. Una formulación posterior suya conserva explícitamente esta idea: en la esquizofrenia, la realidad exterior pierde atractivo como consecuencia de la represión de los instintos vitales.

El papel del superyó en la esquizofrenia

Garma consideraba que en la esquizofrenia hay un superyó extraordinariamente severo, que somete al yo y reprime los impulsos del ello.

De ahí que establezca una continuidad entre ciertos fenómenos neuróticos y los psicóticos. Una formulación de su teoría sostiene que la estructura mental del neurótico y la del psicótico no son radicalmente diferentes: en ambos encontramos un yo sometido al superyó, aunque en la esquizofrenia esto alcanza una intensidad extrema.

Esto permite entender algo paradójico:

El esquizofrénico no se apartaría de la realidad porque quiera satisfacer desenfrenadamente sus pulsiones, sino, en cierto sentido, porque las ha rechazado demasiado.

La realidad queda entonces empobrecida porque el mundo exterior es también el lugar donde podrían satisfacerse los impulsos vitales.

Esta perspectiva también modifica la manera de entender la alucinación.

Si la realidad exterior pierde su capacidad de proporcionar satisfacción, el aparato psíquico puede producir una realidad sustitutiva.

Pero Garma no piensa que la alucinación sea simplemente una percepción equivocada. La vincula con la dinámica de los deseos, las defensas y la relación del yo con el ello.

Por eso su trabajo sobre la génesis del reality testing y la alucinación es una prolongación lógica de su teoría de la esquizofrenia. En 1946 publicó precisamente “The Genesis of Reality Testing: A General Theory of Hallucination”, donde desarrolla esta problemática.

Neurosis y psicosis

Garma intenta construir una línea de continuidad, no una ruptura absoluta, entre neurosis y psicosis.

Esto es bastante fuerte para la época, aunque hay bibliografía en Freud que permite sostener que las divisiones entre estructuras no son tan tajantes.

La esquizofrenia sería, en cierto sentido, una especie de amplificación extrema de mecanismos que también encontramos en sujetos no psicóticos.

Por eso su estudio de la esquizofrenia tiene para Garma un valor casi paradigmático: al observar los mecanismos en su forma extrema, se pueden reconocer mecanismos más discretos presentes en la neurosis.

Hay incluso una formulación muy sugerente de Garma: la esquizofrenia funciona como una suerte de “caricatura” de comportamientos menos patológicos, permitiendo iluminar fenómenos psíquicos que aparecen de forma atenuada en la neurosis y en la vida normal.

Un punto de contacto con Lacan

Si lo estamos leyendo desde una perspectiva lacaniana, yo haría una distinción.

Garma todavía está pensando fundamentalmente en términos de:

ello → yo → superyó → realidad exterior → pulsiones → defensas.

Lacan va a desplazar completamente el problema hacia:

significante → Otro → forclusión → realidad → alucinación/delirio.

Pero hay una cuestión de Garma que resulta sorprendentemente fértil para una lectura lacaniana: la realidad no es algo simplemente dado que el psicótico pierde.

La realidad psíquica depende de una determinada articulación libidinal y simbólica. Cuando esa articulación falla, no simplemente desaparece “la realidad”: se modifica la relación del sujeto con aquello que hacía que la realidad fuera habitable.

Ahí podríamos poner a Garma en diálogo con Lacan:

GarmaLacan
Represión extrema de los impulsos vitalesForclusión del significante primordial
Superyó severoProblema de la inscripción simbólica
Pérdida del atractivo de la realidadRuptura de la realidad simbólicamente organizada
Alucinación como sustituciónRetorno en lo real
Delirio como reconstrucciónMetáfora delirante / reconstrucción de la realidad

Pero no son equivalentes. Sería un error traducir directamente a Garma a Lacan, porque no están utilizando las mismas categorías.

Lo interesante es que Garma permite formular una pregunta que después Lacan llevará a otro terreno: ¿Qué es lo que hace que la realidad sea una realidad para un sujeto? Y esa pregunta es mucho más profunda que simplemente preguntar por qué un esquizofrénico “pierde contacto con la realidad”.

En nombre de la resistencia: cuando el analista se fija en un trauma del paciente

la determinación que tiene el sujeto del inconsciente sobre los procesos psíquicos es enorme y es la marca distintiva del psicoanálisis. Sin embargo, a veces los psicoanalistas quedan absortos en la búsqueda del significante, lo cual no es todo el trabajo que se hace en el análisis.

Muchos análisis se detienen y los analistas no pueden dar cuenta por qué. Los pacientes se van a otro analista y se quejan de que su anterior analista no los escuchaba... ¿Pero cómo es eso de que no escuchaba? Porque quizás el paciente estuvo mucho tiempo en ese espacio y fue avanzando... Lo que se ve es que ese analista solo escuchaba la parte de la determinación inconsciente y el sujeto es más que eso.

Lacan hace una distinción entre el ser y el sujeto desde el seminario 1. Habla de espacios que tienen que ver con la constitución del sujeto a partir de algo que queda por fuera de la posibilidad de ser dicho.

" el discurso del sujeto en la medida en que no alcanza esa palabra plena en la que debería revelarse su fundamento inconsciente, se dirige entonces al analista, está hecha para interesarle, y encuentra su soporte en esa forma alienada del ser que llamamos ego."

Es decir, uno ve la aparición del sujeto como consecuencia de introducción del símbolo, pero hay algo previo que es del ser.

En la clase del 17/3 dice:

La palabra puede expresar el ser del sujeto, pero, hasta cierto punto, nunca lo logra.

(...)

Nos hemos visto llevados a enfatizar esa faz de la resistencia que se sitúa en el nivel mismo de la emisión de la palabra. 

De esta manera, no se trata de leer la resistencia, sino lo que está allí en todas esas vueltas el sujeto del inconsciente va relatando.

A veces un analizante no quiere hablar del tema en que el analista le insiste abordar. Porque una cosa es la resistencia del yo del sujeto alienado y otra que tiene que ver con el pedido del ser (que no está atrapado entre palabras) de seguir a otra cosa. La vberdad es que nadie está determinado por un único hecho traumático. El analista, al anclarse en un solo hecho traumático, lo convalida. ¿De qué manera? Con la insistencia propia de la compulsión a la repetición, ahora encarnada en el analista.

El inconsciente, más allá de la marca traumática, también tiene todo un costado creativo. No todo es el sujeto del significante, cuando un paciente gira alrededor de lo mismo, el analista también lo detecta. Cuando tomamos un duelo, por ejemplo, tenemos el costado simbólico de lo que uno era para aquel que perdió, pero el costado más real es que para muerte y sexualidad no hay palabras.

Benjamin Franklin y los problemas financieros

 


martes, 18 de agosto de 2026

¿Qué es la viscosidad de la libido? Intervenciones clínicas

 Freud introdujo la idea de Klebrigkeit der Libido —habitualmente traducida como adhesividad o viscosidad de la libido— en relación con las condiciones que hacen que la libido pueda quedar fijada a determinadas posiciones.

La “viscosidad” implica que la libido se despega con dificultad de determinados objetos, representaciones, posiciones o modalidades de satisfacción. La libido viscosa es una libido que tiene dificultad para hacer duelo por sus objetos y, sobre todo, para investir otros objetos.

El problema para el paciente no es solamente que el objeto se haya perdido. Es que la libido parece no poder abandonar la posición libidinal construida alrededor de él. El paciente mismo dice que sabe que debería desprenderse, pero no puede.

En los duelos detenidos es particularmente evidente. La viscosidad aparece cuando esa libido encuentra dificultades para circular. El trabajo de duelo, además de “aceptar que alguien murió/se fue”, implica hacer algo con la libido que estaba comprometida en ese objeto.

En la clínica cotidiana aparece como repetición. Hay pacientes que cambian de pareja pero no cambian de relación. Cambian el objeto, pero conservan, por ejemplo, el mismo tipo de partenaire, la misma escena de abandono, la misma posición de espera o de decepción. Entonces, la viscosidad no necesariamente está adherida a la persona empírica, sino a una determinada modalidad de goce. En este caso, la viscosidad adquiere una dimensión propiamente psicoanalítica, porque la fijación es a la posición.

Podemos decir que mientras que la fijación (fixierung) implica que la libido queda ligada a determinado objeto, fase o modalidad, la viscosidad (Klebrigkeit) consiste en la dificultad para desprenderse y desplazar esa libido. Para ordenar, diría:

La fijación señala dónde está pegada.

La viscosidad señala qué tan difícil resulta despegarla.

A veces nos preguntamos por qué dos sujetos que atraviesan una pérdida aparentemente equivalente pueden reaccionar de manera radicalmente distinta. Uno puede hacer un duelo relativamente rápido y comenzar nuevos investimentos y el otro no. No necesariamente porque lo haya amado “más”, sino porque su libido tiene menor capacidad de desplazamiento. Perder y renunciar no son lo mismo.

No se trata de "no quiere soltar", como se dice. La cuestión analítica interesante es no tomar inmediatamente la viscosidad como una falta de voluntad. A veces aquello que no se puede abandonar es precisamente lo proporciona una satisfacción libidinal, incluso en el sufrimiento.

¿Es la viscosidad de la libido un déficit o una modalidad de satisfacción?  Diariamente escuchamos gente quejarse durante años de una situación que, simultáneamente, no dejan de producir. la pregunta por la satisfacción hace que la viscosidad deje de ser solamente una propiedad de la libido y empieza a revelar la relación entre libido, repetición y goce.

Por último, la viscosidad de la libido podría ser justamente una de las razones por las que la repetición consigue imponerse sobre el principio de placer. La libido no se desplaza hacia cualquier lugar disponible; vuelve, una y otra vez, hacia aquello donde ya encontró una determinada satisfacción.