1) No existe "El Estrés" como variable biológica única
Existe una trampa conceptual bastante frecuente: usar estrés como si fuera una variable biológica única.
En realidad, cuando un médico dice "el estrés afecta las defensas", puede estar metiendo dentro de la misma palabra fenómenos fisiológicamente muy diferentes:
- Estrés agudo: dura minutos u horas. Activación simpática y catecolaminas; puede movilizar células inmunes y preparar al organismo.
- Estrés agudo intenso: puede producir una respuesta neuroendocrina más marcada y transitoria.
- Estrés repetido: episodios de activación que se suceden sin suficiente recuperación.
- Estrés crónico: semanas o meses de activación o de exposición a un estresor persistente; acá aparecen cambios más profundos en la regulación del eje HPA y del sistema inmune.
- Estrés crónico con sueño insuficiente, por ejemplo, agrega otro modulador importante y hace todavía menos válido hablar simplemente de "bajada de defensas".
De esta manera, el efecto sobre el organismo no depende solamente de cuánto estrés haya, sino de qué tipo de estrés se tratay durante cuánto tiempo.
Por ejemplo:
| Situación | Tendencia inmunológica |
|---|---|
| Estrés agudo, breve | ↑ movilización/activación de ciertas defensas |
| Ejercicio intenso | ↑ respuesta inmune aguda |
| Estrés psicológico breve | Puede ↑ algunas respuestas inmunes |
| Estrés crónico | ↓ algunas funciones + desregulación |
| Estrés crónico + falta de sueño | Mayor vulnerabilidad |
| Estrés crónico muy intenso | Alteraciones inmunes más amplias |
De esta manera, una descarga de estrés puede mejorar momentáneamente determinados parámetros inmunitarios, mientras que vivir permanentemente bajo estrés termina perjudicándolos.
2) Otra distinción importante es diferenciar "estresor" de "respuesta estrés".
Un divorcio, una guardia médica, una infección, hacer ejercicio intenso o recibir una noticia inesperada pueden ser estresores, pero la respuesta fisiológica que desencadenan no es necesariamente idéntica.
Es fácil constatar que dos personas expuestas al mismo estresor pueden tener respuestas neuroendocrinas e inmunológicas diferentes. Por eso, si queremos estudiar la relación con una enfermedad concreta, habría que preguntar:
3) El sistema inmune no "se eleva" ni "disminuye"
El sistema inmune no funciona como un volumen que va de 0 a 10, más bien se trata de un sistema enormemente complejo de regulación, activación, inhibición y tolerancia. A veces se plantea a las enfermedades autoinmunes como un problema de "demasiada inmunidad", y lo que en realidad sucede es que se pierde o se altera la tolerancia hacia lo propio.
A la inversa, también se escucha decir decir "el sistema inmune está deprimido", lo que puede ser engañoso si no especificamos qué función inmunológica disminuyó.
No se puede afirmar livianamente que el estrés eleve o disminuya la inmunidad, sino que el estrés redistribuye y modula la respuesta inmune. El resultado final depende de la duración, intensidad, contexto y estado del organismo.
Dependiendo de su intensidad y duración, el estrés puede potenciar transitoriamente ciertos componentes de la respuesta inmune y, si se vuelve prolongado, terminar produciendo una inhibición o desregulación. Una persona puede tener, simultáneamente, menor vigilancia antiviral y mayor actividad inflamatoria. No hay contradicción porque son funciones diferentes.
4) El estrés no genera una enfermedad autoinmune "a secas".
No son pocos los médicos que derivan a sus pacientes al psicólogo y el error es creer que "el estrés causa la enfermedad autoinmune". Lo que tendría mayor sustento sería afirmar "el estrés puede modular la actividad de una enfermedad autoinmune ya existente".
Una persona puede tener una predisposición genética y biológica durante años sin presentar síntomas importantes. Luego aparece una combinación de factores —infecciones, hormonas, ambiente, sueño, alimentación, determinados fármacos, etc.— y también estrés psicológico, que puede funcionar como uno de los moduladores de la actividad inflamatoria.
Es un error clínico decir "Tu enfermedad autoinmune es producto de tus conflictos.", porque es una simplificación peligrosa y, además, puede resultar culpabilizante. Tampoco es correcto tirar el guante y decir "Lo psicológico no tiene absolutamente nada que ver.", porque la evidencia actual permite pensar que el sistema nervioso, el endocrino y el inmunológico están permanentemente comunicándose.
Al estudiar el campo de la psiconeuroinmunología, hay que evitar caer ni los reduccionismos, ya sean biologicista ("todo es cortisol") como en el psicologismo ("la enfermedad expresa un conflicto").
Decíamos que la psiconeuroinmunología se presta muchísimo a dos reduccionismos opuestos.
Uno sería el biologicista: "Tu estrés elevó el cortisol y por eso desarrollaste X." Y el otro, explotado hasta el cansancio, "Tu cuerpo expresó simbólicamente aquello que no pudiste elaborar."
En nombre del viejo "lenguaje de órgano" se han dicho cosas como "Tuvo leucemia porque se hizo mala sangre", "Su piel enferma porque no sabe poner límites con el afuera", "Sus riñones tienen X porque no sabe filtrar". Todo esto, sumamente poético, conviene distinguirlo radicalmente de lo que hoy puede sostenerse científicamente.
La correspondencia simbólica tiene una estructura muy seductora, no obstante esa dirección causal no está demostrada. Que podamos encontrar una analogía semántica entre el órgano y un conflicto no significa que ese significado haya producido la enfermedad.
El problema de la correspondencia simbólica es que el razonamiento es prácticamente infalsable. Si alguien desarrolla leucemia y dice que tuvo conflictos de ira, se puede decir: "Ahí está: hizo mala sangre.". Pero si otra persona desarrolla leucemia sin haber tenido ese conflicto, se puede buscar otro significado simbólico. Y si alguien tiene grandes conflictos de "mala sangre" y jamás desarrolla leucemia, simplemente se dirá que "lo elaboró de otra manera". Así, la teoría termina acomodándose retrospectivamente a cualquier resultado.
Un psicólogo no necesita del lenguaje de órgano para reconocer que lo psíquico puede afectar procesos inmunológicos reales: pero eso será para otra entrada.
