En Causa Clínica tuvo lugar la conferencia: "Cómo pensar la inhibición en la psicosis?" en torno al tema de la inhibición, dictada por Élida Fernandez, exponente en el tratamiento de las psicosis.
La inhibición en la neurosis es una limitación funcional del yo, que consiste en una renuncia: el yo se inhibe para evitar un conflicto con el ello, inhibiendo pulsiones sexuales ó agresivas.
Tratándose de la inhibición en la psicosis, la autora advirtió sobre el riesgo de traspolar livianamente conceptos que se utilizan en la neurosis a la psicosis, por ejemplo "fantasma en la psicosis", pase en la psicosis, etc. Esto hace perder la especificidad de cada estructura.
Habiendo considerado eso, ella dice que hay que considerar dos estatutos de la inhibición en la psicosis:
- la propia de la estructura y
- la que se logra en un tratamiento (caso por caso, uno a uno).
Ilustra con un caso: Juan.
Un hombre de 19 años la consulta derivado por su psiquiatra, porque tiene muchas alucinaciones y porque manifestó que quiere matar a su padre.
Transferencia: cuando llega a la consulta, venía de tratamientos anteriores y se burlaba de lo que le havbían dicho sus anteriores psicólogos. Juan le dice "Mirá, si me vas a decir alguna pelotudez de esas que me dijeron o me vas a decir que algo no me gusta, chiflo, llamo a la barra brava de Huracán y vienen y te rompen toda la biblioteca". la analista se ríe y le dice "Bueno, me voy a cuidar porque yo a mis libros los quiero mucho, así que para que no llames a la barra brava de Huracán, yo te voy a avisar cuando vaya a decirte algo que pueda no gustarte". la relación desde ahí fue muy fluída.
Juan escucha vovces que lo perturban y le dicen "Sos puto". Cuando la analista le pregunta si tiene alguna idea de por qué las voces le dicen eso, él responde con un relato: cuando tenía 8 años, su primo 10 años mayor lo obligó varias veces a hacerle sexo oral. Juan recurrió a su padre, quien al escuchar la historia le pegó una cachetada y le dijo "Sos puto".
El padre de Juan trabajaba en la empresa del hermano y no podía romper la relación con él por temas económicos y por su sometimiento a este hermano.
Juan escribe varias formas de matar al padre, así que la analista le propone citar a su padre y a él, los dos juntos. El padre concurre a la entrevista y la analista le pide que Juan cuente la historia que le contó a la analista. Juan la cuenta y el padre admite que que eso fue así y que pese a que se sintió mal, no podía terminar la relación con su hermano por depender económicamente de él. Le pide perdón a si hijo porque cree que le hizo mucho daño.
En un principio, Juan se siente muy aliviado y se reconcilia con el padre. Un tiempo después, Juan cambia de perseguidor y al que quiere matar es al primo. Comienza a elucubrar sesión tras sesión venganzas contra este primo: puñales, emboscadas, etc. La analista le propone redactar juntos una carta.
Cuando la carta fue terminada, él la envió con copia a los tíos y a la familia, muy contento por poder compartir nuevamente las navidades con su familia, ya que no iba por lo que sucedió. La carta armó un escándalo que separó a ambas familias, cosa que el padre soportó, aunque siguió trabajando con el hermano sin tener más relación. Juan estaba contentísimo.
Un día, Juan concurre al consultorio con mala cara, sin responder a las preguntas y le dice a la analista "Vos le contás a mis enemigos todo lo que yo hago con vos". la analista le dice "Si vos pensás eso, no podemos trabajar más juntos, porque yo me manejo con el secreto profesional, pero si vos pensás que yo soy capaz de traicionarte, no vamos a poder seguir". Juan entonces dice "Ah no, me equivoqué, debe ser el psiquiatra".
La pregunta es: Cuando Juan acepta citar al padre y renuncia a matarlo, cuando acepta redactar la carta y no pegarle al primo, cuando se queda en silencio toda una sesión por creer que la analista lo traicionó... ¿Qué lugar ocupa la analista ocupa en cada inhibición? La última inhibición es propia de su estructura al sentirse traicionado.
¿Puede el analista remendar los diques que no hubo, los juicios morales inexistentes, los pensamientos anticiparorios de las consecuencias del acto que no tenía?
Si pensamos en la manía, con sus pensamientos obscenos, desmesurados, fuera de tiempo y lugar, excesoos... ¿No hay una desinhibición propia de la estructura? La hipótesis de Élida Fernandez es pensar las inhibiciones y su ausencias en el devenir del tratamiento en la psicosis hay que recurrir al concepto de superyó.
Freud en El Malestar en la cultura revisa lo que había dicho acerca del superyó en El yo y el ello. En el primer texto Freud consideraba que el superyó era un heredero de la autoridad paterna, pensando que a mayor autoridad paterna, mayor superyó y visceversa:
Esta complicación
depende de dos factores: de la disposición triangular de la relación
de Edipo y de la bisexualidad constitucional del individuo.
El caso más sencillo toma en el niño la siguiente forma: el niño lleva
a cabo muy tempranamente una carga de objeto, que recae sobre la
madre y tiene su punto de partida en el seno materno. Del padre se
apodera el niño por identificación. Ambas relaciones marchan
paralelamente durante algún tiempo, hasta que, por la
intensificación de los deseos sexuales orientados hacia la madre, y
por la percepción de que el padre es un obstáculo opuesto a la realización de tales deseos, surge el complejo de Edipo,
(...)
De este modo podemos admitir como resultado general de la fase
sexual, dominada por el complejo de Edipo, la presencia en el «yo»
de un residuo, consistente en el establecimiento de estas dos
identificaciones enlazadas entre sí. Esta modificación del
«yo» conserva su significación especial y se opone al contenido
restante del «yo» en calidad ideal del «yo» o «superyó».
Pero el superyó no es simplemente un residuo de las primeras
elecciones de objeto del Ello, sino también una enérgica formación
reactiva contra las mismas. Su relación con el Yo no se limita a la
advertencia: «Así -como el padre-debes ser», sino que comprende
también la prohibición: «Así -como el padre- no debes ser: no debes
hacer todo lo que él hace, pues hay algo que le está exclusivamente
reservado.»
Esta es la doble faz del superyó-ideal del yo, que en este texto están fusionados. Más adelante dice:
El
superyó conservará el carácter del padre, y cuanto mayores fueron
la intensidad del complejo de Edipo y la rapidez de su represión
(bajo las influencias de la autoridad, la religión, la enseñanza y las
lecturas), más severamente reinará después sobre el Yo como
conciencia moral, o quizá como sentimiento inconsciente de
culpabilidad
En El malestar en la cultura, Freud descubre que el superyó es paradojal: sus órdenes son imposibles de cumplir y cuanto mas el sujeto trata de cumplir esas exigencias, más feroz aparece éste. Esto hace separar al superyó del ideal del yo.
El superyó demanda y genera culpa en el sujeto y no hay nada que lo tranquilice. No se trata de que a mayor autoridad paterna más superyó, sino que al revés: a mayor autoridad paterna, menor superyó. El superyó en este texto es resultado de dos factores: el desvalimiento del ser humano y su dependencia durante la infancia y el hecho de la interrupción del desarollo libidinal en el periodo de latencia.
Freud se preguntó de dónde venía la agresión del superyó, por su calidad agresiva que no tiene que ver con la conciencia moral. Melanie Klein trabaja sobre esto e incluso las opone. Por eso los criminales tienen más superyó y menos conciencia moral.
Freud está hablando en este texto sobre el sentimiento oceánico de fusión con la madre. Dice Freud:
Me sería imposible indicar ninguna
necesidad infantil tan poderosa como la del amparo paterno. Con esto pasa a segundo plano
el papel del «sentimiento oceánico», que podría tender, por ejemplo, al restablecimiento del
narcisismo ilimitado
Freud se pregunta cuál es el origen de la agresión del superyó.
Bajo el imperio de la necesidad, el niño se vio obligado a
renunciar también a esta agresión vengativa, sustrayéndose a una situación
económicamente tan difícil, mediante el recurso que le ofrecen mecanismos conocidos:
incorpora, identificándose con ella, a esta autoridad inaccesible, que entonces se convierte
en super-yo y se apodera de toda la agresividad que el niño gustosamente habría
desplegado contra aquélla. El yo del niño debe acomodarse al triste papel de la autoridad así
degradada: del padre. Se trata, como en tantas ocasiones, de una típica situación invertida:
«Si yo fuese el padre y tú el niño, yo te trataría mal a ti.»
La agresividad del superyó se debe a la no función de la autoridad paterna. Es totalmente paradojal:
En efecto, se comporta tanto más
severa y desconfiadamente cuanto más virtuoso es el hombre, de modo que, en última
instancia, quienes han llegado más lejos por el camino de la santidad son precisamente los
que se acusan de la peor pecaminosidad.
(...)
Otro
hecho del terreno de la ética, tan rico en problemas, es el de que la adversidad, es decir, la
frustración exterior, intensifica enormemente el poderío de la consciencia en el super-yo;
mientras la suerte sonríe al hombre, su conciencia moral es indulgente y concede grandes
libertades al yo; en cambio, cuando la desgracia le golpea, hace examen de consciencia,
reconoce sus pecados, eleva las exigencias de su conciencia moral, se impone privaciones y se castiga con penitencias
(...)
la conciencia moral es la consecuencia de la renuncia instintual; o bien: la
renuncia instintual (que nos ha sido impuesta desde fuera) crea la conciencia moral, que a su
vez exige nuevas renuncias instintuales.
El supeyó habla de un padre degradado. No se trata de la severidad recibida por el niño, sino la falta de autoridad paterna, de un padre degradado.
Cuando Lacan abordó el superyó, partió de este texto freudiano. En el Seminario 7: La ética del psicoanálisis, Jacques Lacan afirma que «la interiorización de la Ley [...] nada tiene que ver con la Ley. Es posible que el superyó sirva de apoyo a la conciencia moral, pero todos saben bien que nada tiene que ver con ella en lo que concierne a sus exigencias más obligatorias»
Freud había dicho que la moral debía ser kantiana, recordamos. "Haz de tu conducta aquello que pueda ser elevado a la categoría de universal". Por lo tanto, nada del superyó tiene que ver con esta ley tiene que ver con esto. Para Lacan, el superyó es lo no legislado por el padre. Está dentro de la ley como lo no legislado por el padre (sem. I y II).
Lacan dice que "El superyó es coercitivo y el
ideal del yo exaltante". (Sem 1, p. 160). Para Jacques Lacan, en su Seminario 1, "el superyó es coherente con el registro y la noción de ley, es decir, con el conjunto del sistema del lenguaje, en tanto este define la situación humana más allá de lo puramente biológico". También agrega que el superyó tiene un caracter incensato, ciego, de puro imperativo, de simple tiranía.
Agrega:
"El superyó tiene relación con la ley, pero es a la vez una ley
insensata, que llega a ser el desconocimien~o de la ley. As~ es
como actúa siempre el superyó en elneuróuco. ¿No es debIdo
acaso a que la moral del neurótico es una moral insensata, destructiva, puramente opresora, casi siempre antilegal, que fue
necesario elaborar la función del superyó en el análisis?
El superyó es, simultáneamente, la ley y su destrucción. En
esto es la palabra misma, el mandamiento de la ley, puesto qu~
sólo queda su raíz. La totalidad de la ley se reduce a algo que m
siquiera puede expresarse, como el Tú debes, que es una palabra privada de todo sentido. En este sentido, el superyó.acaba
por identificarse sólo a lo más devastador, a lo ma~ fasc~~ante
de las primitivas experiencias del sujeto. Acaba por Idenuf¡car~
se a lo que llamo la figura feroz, a las figuras que podemos
vincular con los traumatismos primitivos, sean cuales fueren,
que el niño ha sufrido." (p. 161)
En la clase 9 del seminario 26, Lacan le pasa la palabra a Alain Didier-Weil. Se trata de una clase muy compleja que no vamos a abordar, Pero dice:
(...) habría un primer superyó del cual la función sería ordenar al sujeto "no dirás una palabra",
un segundo superyó del cual la función sería enunciar "no dirás dos".,. —ustedes ven, es
fácil— y un tercero del cual la función sería "no dirás tres".
Vemos que el superyó ordena callar, lo que se relaciona con la inhibición. Pensemos en la sesión muda de Juan, que siempre había sido muy expresivo.
Alain Didier-Weil continúa:
Escuchen efectivamente por otra parte a ciertos esquizofrénicos que cualifican a esa
mirada que llega de todas partes, son mirados por los animales, por todas las personas
que cruzan en el subterráneo, por el sol, por las estrellas. Él problema es que esa mirada
medusante, esa mirada que sería el superyó más feroz, el más arcaico que hay, qué no da
la posibilidad de una palabra, dado que bajo la mirada del Otro dice: "Sé todo de ti, no
tienes nada que decir, porque mi mirada funciona como ese saber absoluto", el sujeto no
está ya en la dimensión de una suposición cualquiera en su relación al Otro.
Les haría remarcar, eso vale la pena incluso de ser señalado, es que esa mirada en el
psicótico, en oposición al superyó que en el neurótico participa, en todo caso en la
Traumdeutung, participa del Inconsciente, la censura es inconsciente en parte, y es debido
a eso que Freud la ha aislado muy tardíamente, Les haría remarcar que Freud en principio aisló el superyó como tal en el psicótico en "Introducción al Narcisismo", y si leen ese texto,
verán que esa presencia superyóica que aísla en el psicótico es una presencia mirante.
Está de un modo muy preciso en Freud, describe en el delirio de influencia o en esa
instancia que es una instancia que vigila, que no cesa de observar, que no despega en
absoluto el ojo, es una dimensión de una presencia que no aguarda una palabra del Otro,
dado que pone al Otro, al psicótico, en posición, no de hablar, sino de mostrarse(se
montrer), y esa es la dimensión monstruosa (monstrueuse) de la monstración (monstration)
Superyó fascinante, ¿cual es la diferencia entre el superyó fascinante y el superyó
medusante ? Diría que el superyó fascinante, está limitado en el espacio y en el tiempo, es
decir que el sujeto puede desprenderse de esa mirada fascinante, el sujeto, no es
imposible que la quebrante en la temporalidad. Dicho esto, en el marco espacial, en el
espacio, en la mirada fascinante, el sujeto es mirado desde un lugar que él ve, que es
localizable.
En los delirios paranpoicos es muy común que el paciente se sienta observado por los vecinos, escuchado por la radio, aparatos que leen y vigilan sus pensamientos.
El sufrimiento del paciente psicótico tomado por el delirio es atroz, muchos intentos de suicidios y pasajes al acto son para poder terminar con las voces, o con aquello que "sabe todo de él". Exige trabajo en equipo, con psiquiatras, AT.
El analista corre el riesgo de caer, transferencialmente, en el lugar de perseguidor o erotómano del paciente. La transferencia que admiten es la del otro con minúscula, el semejante, no la del gran Otro. Lacan dice que es como en La Ética de Aristóteles, en el tratado sobre la amistad. Aristóteles refiere allí que amigos son los que caminan juntos con un mismo objetivo. Con un paciente psicótico es bienvenido decir "Enseñame tal cosa", porque el analista se corre del lugar del Otro. A veces es imposible.
Hay inhibiciones que aparecen en los pacientes psicóticos que hay que preservar. Por ejemplo, una inhibición para tener pareja, aunque el ideal les diga que deben conseguir. Como la respuesta que pueden dar no es fálica, la respuesta a la intromisión del otro puede ser terrible.
Colette Soler, cuando se le pregunta por el lugar del analista en la psicosis, habla de que la función del analista es también poner la prohibición que no está puesta. Se le puede marcar las cosecuencias de ciertos actos, si las pensó.