viernes, 21 de agosto de 2026

16. Sueño y ansiedad

Entrada anterior: 15. Trastornos motores del sueño

Cuando el cerebro no consigue "apagar"

Pocas experiencias son tan frustrantes como acostarse sintiendo un profundo cansancio y descubrir, una vez en la cama, que el sueño simplemente no llega.

El cuerpo permanece inmóvil.

La habitación está en silencio.

La luz está apagada.

Sin embargo, la mente continúa funcionando.

Aparecen pensamientos sobre el trabajo, preocupaciones familiares, recuerdos incómodos, conversaciones imaginarias o anticipaciones de problemas futuros.

Muchas personas describen esta experiencia diciendo: "No puedo apagar la cabeza."

Esta frase resume uno de los mecanismos más importantes del insomnio asociado a la ansiedad.

Dormir exige una disminución progresiva de la activación del organismo. La ansiedad, en cambio, implica exactamente lo contrario: el cerebro permanece en un estado de alerta, preparado para detectar amenazas y responder rápidamente ante cualquier peligro.

Desde un punto de vista evolutivo, este mecanismo tiene pleno sentido.

Un organismo preocupado por un posible depredador no debería quedarse dormido fácilmente.

El problema aparece cuando ese sistema de alerta permanece activado en ausencia de un peligro real.

Ansiedad y sueño: una relación bidireccional

Existe una tendencia a pensar que la ansiedad provoca insomnio.

Esto es cierto, pero sólo representa una parte del problema.

La relación funciona también en sentido contrario.

Dormir poco aumenta la reactividad emocional, disminuye la tolerancia a la frustración y favorece la aparición de síntomas ansiosos.

Se genera así un círculo vicioso.

La ansiedad dificulta el sueño.

La falta de sueño incrementa la ansiedad.

Y cada noche el problema se fortalece un poco más.

Comprender esta interacción constituye uno de los pilares del abordaje clínico.

La hiperactivación

Uno de los conceptos centrales para comprender el insomnio asociado a la ansiedad es el de hiperactivación o hiperarousal.

Las investigaciones muestran que muchas personas con insomnio no presentan un cerebro "apagado" durante la noche. Por el contrario, su sistema nervioso mantiene un nivel de activación superior al esperado.

Esta hiperactivación puede observarse en distintos niveles.

Activación fisiológica

Aumento de:
  • frecuencia cardíaca;
  • tensión muscular;
  • actividad del sistema nervioso simpático;
  • secreción de cortisol.
El organismo permanece preparado para actuar. No para dormir.

Activación cognitiva

La mente continúa trabajando intensamente.

Aparecen:
  • preocupaciones;
  • planificación constante;
  • anticipación de problemas;
  • revisión de errores pasados;
  • control excesivo del propio sueño.
La cama deja de ser un lugar de descanso.

Se transforma en un espacio donde el pensamiento parece acelerarse.

Activación emocional

Muchas personas experimentan:
  • ansiedad;
  • irritabilidad;
  • miedo a no dormir;
  • frustración;
  • sensación de pérdida de control.
Con el paso del tiempo, estas emociones dejan de relacionarse únicamente con los problemas cotidianos y comienzan a vincularse con el propio hecho de acostarse.

La rumiación

Uno de los procesos psicológicos más importantes en el insomnio es la rumiación.

Rumiar significa pensar repetidamente sobre los mismos temas sin llegar a una solución.

No se trata de reflexionar productivamente. Por el contrario.

El pensamiento gira una y otra vez alrededor de las mismas preocupaciones.

Algunos ejemplos frecuentes son:
  • "¿Y si mañana vuelvo a dormir mal?"
  • "Necesito dormirme ya."
  • "Si no descanso ocho horas, mañana voy a arruinar la reunión."
  • "¿Por qué no puedo dormir como los demás?"
Paradójicamente, cuanto mayor es el esfuerzo por dejar de pensar, más persistentes se vuelven estos pensamientos.

Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado en psicología cognitiva y recuerda una conocida paradoja: intentar no pensar en algo suele aumentar la probabilidad de que ese pensamiento aparezca.

El miedo a no dormir

Con el paso del tiempo, muchas personas dejan de temer únicamente las consecuencias del insomnio.

Comienzan a temer al propio momento de dormir.

La noche se convierte en un escenario anticipado de fracaso.

Algunas conductas típicas incluyen:
  • mirar repetidamente el reloj;
  • calcular cuántas horas quedan hasta el despertador;
  • controlar constantemente si aparece el sueño;
  • acostarse mucho antes de tener sueño;
  • evitar compromisos al día siguiente por miedo al cansancio.
Estas conductas parecen lógicas.

Sin embargo, terminan aumentando la ansiedad y perpetuando el problema.

El insomnio psicofisiológico

Durante muchos años se utilizó el término insomnio psicofisiológico para describir un fenómeno muy particular.

Todo comienza con un episodio transitorio de insomnio.

Puede deberse a:
  • un examen;
  • una separación;
  • una enfermedad;
  • una crisis laboral.
El acontecimiento desaparece, pero el insomnio continúa.

¿Por qué? Porque el paciente comienza a asociar la cama con frustración, vigilancia y esfuerzo.

El dormitorio deja de evocar descanso. Evoca alerta.

Se produce entonces un aprendizaje similar al condicionamiento clásico.

Así como un aroma puede despertar recuerdos, la cama puede transformarse en una señal que activa automáticamente el estado de alerta.

Actualmente, los manuales diagnósticos ya no utilizan esta denominación como una categoría independiente, pero el concepto continúa siendo muy útil para comprender la cronificación del insomnio.

¿Qué mantiene el problema?

Diversos factores contribuyen a perpetuar el círculo vicioso.

Entre ellos:
  • preocupación constante por el sueño;
  • horarios irregulares;
  • siestas prolongadas;
  • uso excesivo de cafeína;
  • consumo de alcohol para inducir el sueño;
  • permanencia prolongada en la cama sin dormir;
  • conductas de control.
Todos estos intentos buscan solucionar el problema.

Paradójicamente, suelen reforzarlo.

Por eso, muchas intervenciones terapéuticas apuntan precisamente a modificar estos hábitos.

Ansiedad generalizada e insomnio

Existe una relación especialmente estrecha entre el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) y el insomnio.

Las personas con TAG presentan una tendencia persistente a preocuparse por múltiples aspectos de la vida cotidiana.

Cuando llega la noche, disminuyen las distracciones del día.

El silencio favorece que esas preocupaciones ocupen el primer plano de la conciencia.

Por ello, el momento de acostarse suele transformarse en el escenario privilegiado de la rumiación.

Sin embargo, no todo paciente con insomnio presenta un trastorno de ansiedad generalizada.

Del mismo modo, no toda ansiedad produce alteraciones significativas del sueño.

La evaluación clínica debe evitar ambas simplificaciones.

Una mirada desde el psicoanálisis

Desde sus primeros desarrollos, el psicoanálisis otorgó una importancia central al dormir como un momento de disminución del control consciente.

Dormirse implica, en cierto sentido, renunciar temporalmente al dominio voluntario sobre la propia actividad psíquica. Para algunos sujetos, esa renuncia puede resultar especialmente difícil.

La noche también posee una característica singular. Desaparecen muchas de las demandas externas y el sujeto queda más expuesto a sus propios pensamientos, fantasías y afectos (en especial la angustia).

Aquello que durante el día permanece parcialmente velado por la actividad cotidiana puede adquirir mayor presencia al acostarse.

Las investigaciones actuales en neurobiología señalan que el insomnio asociado a la hiperactivación involucra modificaciones objetivas en los sistemas que regulan el estado de alerta. Ciertamente, existen mecanismos biológicos de la ansiedad que no hay que desconocer. ¿Pero cómo interviene un psicoanalista?

El paciente bajo un estado de ansiedad se siente urgido, oprimido y con la necesidad imperiosa de impedir la catástrofe que imagina está a punto de ocurrir. En esta vorágine mental y emocional se ve invadido por una cantidad imparable de pensamientos negativos.

En la mayoría de los casos, estos pacientes padecen y soportan sobre sí mismo un Superyó extremadamente severo y cruel, que le demanda sin piedad que cumpla con sus expectativas, sus mandatos, que por desmedidos y descomunales son imposibles de cumplir. De esta manera, el paciente vive bajo los sentimientos de un continuo fracaso, una frustración constante y una impotencia sin fin.

En otras presentaciones clínicas, lo que predomina es un yo tomado como objeto por las pulsiones del ello, que lo desbordan y a las cuales no puede ponerles Freno -aunque conscientemente advierta que le hacen daño-. sujetos sufren de compulsiones del ello pulsional propias: a la comida, a la bebida, a las drogas, al juego.

Sumado a esto, el discurso de la época exige: velocidad, cambio, éxitos, productividad, innovación permanente. Todo esto resulta ser una Fuente que provoca una enorme Tensión Subjetiva. El Riesgo siempre inminente es quedar Fuera del Sistema frustrado, criticado y desvalorizado.

En la ansiedad, el sujeto está en un sin salida porque queda tomado enteramente como objeto por el Ello pulsional. El sujeto del inconsciente en estos casos está momentáneamente fuera de juego y ante la ausencia de las representaciones-palabra se necesitan maniobras específicas:
  • Alojar la demanda de alivio inmediato, porque se trata -justamente- de un Sujeto con un Sufrimiento que lo presiona y lo apremia.
  • Escuchar el relato de los síntomas psíquicos y orgánicos dando por verdadero el hecho de que esta sintomatología provoca un gran Sufrimiento Psíquico.
  • Crear un marco de entendimiento y confianza para que la palabra pueda ser escuchada.
El analista debe introducir preguntas puntuales: ¿Cuándo comenzó el desborde? ¿Dónde se manifiestan las compulsiones? ¿Cómo es la relación con sus Otros significativos y sus semejantes? En estos inicios, el analista hace función del inconsciente allí donde éste ha quedado fuera de juego. Esto es porque la ansiedad puede entenderse como una dificultad para sostener el intervalo necesario para la elaboración. de esta manera, por ejemplo, estos pacientes no logran discernir entre lo que el otro les pide y lo que efectivamente necesita.

El analista, en estos casos, se apoya en las “Construcciones en Psicoanálisis”, lo cual implica una posición activa del analista, es decir, leer y comunicar al paciente aquellos fragmentos de su historia que poco a poco vamos reconstruyendo y que para él están escindidos o disociados de su subjetividad.

Una mirada clínica

Cuando un paciente consulta por insomnio, conviene explorar no sólo cuánto duerme, sino también qué ocurre en su mente durante el tiempo que permanece despierto.

Algunas preguntas útiles son:
  • ¿Qué pensamientos aparecen cuando te acostás?
  • ¿Sentís que intentás obligarte a dormir?
  • ¿Te preocupa mucho no descansar?
  • ¿Mirás frecuentemente la hora?
  • ¿Qué hacés cuando no podés dormir?
Estas preguntas permiten comprender los mecanismos que mantienen el problema y orientar el tratamiento de manera mucho más precisa.

En muchos casos, el objetivo no consiste únicamente en disminuir la ansiedad.

También es necesario modificar la relación que el paciente ha construido con el propio acto de dormir.

Ideas principales
  • La ansiedad y el sueño mantienen una relación bidireccional: la ansiedad favorece el insomnio y la privación de sueño aumenta la reactividad emocional.
  • La hiperactivación puede manifestarse a nivel fisiológico, cognitivo y emocional, dificultando el inicio y el mantenimiento del sueño.
  • La rumiación consiste en un pensamiento repetitivo e improductivo que suele intensificarse durante la noche.
  • El miedo a no dormir puede convertirse en uno de los principales factores que perpetúan el insomnio.
  • El concepto de insomnio psicofisiológico explica cómo un episodio transitorio puede cronificarse mediante procesos de aprendizaje y condicionamiento.
  • La evaluación clínica debe explorar tanto los síntomas ansiosos como los hábitos, pensamientos y emociones asociados al momento de acostarse.
  • Una perspectiva integradora articula los conocimientos sobre los mecanismos neurobiológicos de la hiperactivación con la comprensión subjetiva de la experiencia de cada paciente.

Próxima entrada: 

Niños pequeños: cómo ordenar las comidas (y sus berrinches)

Para esta entrada, vamos a conseiderar que las comidas, más allá de la función nutricional que tienen, también se trata de los límites que impone la cultura, vectorizados por la familia. Si la hora de la comida es una batalla, es que los límites no han sido establecidos.

Un padre no debería alimentar a su hijo mediante el miedo, sino con un propódito: el crecimiento del niño, no el fomento del capricho.

La regla que se intenta sostener es: El adulto sirve la comida y el niño elige si come o no.

La mesa familiar no es un servicio de catering

Cuando a un niño se le da comida chatarra mientras que los adultos comer comida real, se les está enseñando a que son dignos de un trato diferente. El trabajo de un padre no es acomodar las reglas alrededor de la zona de confort del niño, sino criarlo para integrralo al sistema familiar. Se trata de autoridad y no de autoritarismo.

La estructura familiar debería ser "Comemos juntos, crecemos juntos y los padres deciden qué, cuando y dónde se comerá; el niño decide qué comer de lo que se sirvió".  Una vez que la comida está servida, no hay necesidad decir nada más. 

La comida debería ser para todos la misma y que el niño elija de lo que hay disponible.

¿Pero qué le sirvo?

El almuerzo y la cena deben tener una estructura: un alimento con proteína, otro con granos y otro de fruta/verdura. No habrán alternativas ni reemplazos.

La comida deberá estar separada por platos para volverla predecible. 

Luego la comida es puesta sobre la mesa, sin presiones, ni lecturas ni comentarios. El adulto decide cuál es la comida y el niño decide si quiere comerla o no.

No hay segundas opciones: cuando una comida es rechazada por el niño y aparece otra, el problema no es del niño, sino que esa segunda opción. Cada vez que aparece otra comida, el niño aprende que el sistema se flexibiliza, y con cada rechazo ve que más opciones aparecen.

Un niño con hambre comerá lo que se le sirva, pero el sistema solo sirve si todos se ajustan a él. Si una persona cierra la cocina y otra la abre, el niño esperará a esa última persona.

También vamos a definir una ventana temporal para las comidas.

Las comidas que no tienen temporalidad se transforman en una mesa de negociación por falta de estructura.  Cuando las comidas se extienden por mucho tiempo, el niño negocia bocados, pide que se les sirva otra cosa. No se trata de un problema de conducta del niño, sino de una falta de la estructura que se quieren transmitir.

¿Cuál es esa estructura? Una comida y una franja temporal, no hay reemplazos y es el padre quien decide qué se come. El niño decide si quiere comer o no.

El padre puede ayudarse con un temporizador, colocarlo en 30 minutos y comunicarle al niño la regla antes de que la comida comience: "No tenés que comer, pero la comida termina cuando el reloj termine"

Cuandio el tiempo se acaba, la cena se acaba. No hay cereales luego, ni leche antes de irse de dormir: la cocina está cerrada hasta la próxima comida.

¿Cómo saber si se tuvo éxito? De 10 comidas, 8 terminan sin discusiones.

Niños que rechazan la comida

La pregunta es si el niño está rechazando la comida o si está rechazando el sistema que los padres intentan intalar.

A veces los padres ofrecen otras comidas que creen que puede agradarle al niño, pero esto les termina enseñando que ellos no tienen por qué comer lo que se les sirve, sino que tendrán más opciones hasta obtener lo que quieren. En estos casos, la enseñanza es clara: si el niño resiste lo suficiente, aparecerán mejores opciones en la mesa.

Los padres a veces se ponen a explicar, pero eso no es un límite: es feedback del descontrol.

Simplemente se le dice al niño: "Esta es la comida que hay hoy, no tenés que comerla"

Dato: Los niños suelen necesitar entre 8 y 25 veces estar expuestos a una comida nueva antes de aceptarla.

¡Pero mi hijo rechaza la comida aún sin haberla probado!

Acá el error es ir a ofrecer otra comida, porque el niño entiende que eso funciona, así que lo hará una y otra vez.

Simplemente se le dice al niño: "Esto es lo que hay para cenar, vos no tenés que comerlo. Pero no voy a hacerte algo más". Cuando la cena no cambia, la conducta sí.

También: "Esto es lo que hay para comer, no hay otra opción". Cuando la comida termina, se limpia la mesa y los platos. No habrá comida extra, ni leche antes de irse a dormir, Si se trata de la cena, la cocina se cierra hasta el desayuno.

¡El niño solo come un pequeño grupo de alimentos!

Si el niño come unos pocos aliementos, en especial los de mala calidad, es porque los padres están respondiendo con esos alimentos ante la negativa del niño a comer lo que se le sirve. El niño así aprende que si resiste lo suficiente, el sistema colapsa y se reforma alredor de él. De esta manera, el padre no resolvió la aliemtación de su hijo, sino que instaló una mesa de negociación en su mesa.

¿Qué hacer entonces? El padre decide qué se sirve y el niño decide si come o no. No habrá por parte del padre una comida extra, no habrá comentarios, explicaciones ni drama. El hambre de un niño no es una emergencia, sino algo que le enseña al niño desde la misma biología. 

¡Pero estoy tentado a darle comida chatarra! 

Recompensar el rechazo de la comida con azúcar le enseña al niño a aguantar el hambre para obtener golosinas. 

Se le dice al niño: "Primero se come la comida sana, luego podés tener un pequeño postre"

2. Effort earns reward. “3 bites of strong-body food, then a bonus bite.”
3. Explain the system. “Sugar is a treat, not a tool. We rebuild strength with real food.”

This isn’t about being “strict.” It’s about restoring the body’s trust in the right fuel — and re-establishing your leadership.

Niños que tiran la comida al suelo.

Un niño de 1 año que tira la comida al.suelo no tiene un problema de comportamiento, sino que está haciendo lo que es esperable para alguien ante una estructura que aún debe instalarse.

Probá ofrecerle al niño una opción binaria: "Podes elegir la manzana o la banana", lo cual le da opción y refuce la resistencia cuandonllega la comida.

Si la comida es lanzada, la merienda termina. No es un castigo, sino la consecuencia de la regla de un sistema. No es una lucha de poder, sino mas bien condtruir un orden. Cuando la  regla es clara, lanzar comida para.

¿Vale de algo hablarle si tira comida al suelo? Los niños no responden a las palabnras si no hay un sistema claro que los contenga. Lo que en estos casos hay que hacer es ser claros desde el comienzo. Antes de darle la comida, se les dice "La comida está en el plato, si la tirás, se termina el almuerzo". Si el niño aún tira la comida, sin decir nada, remover el plato con calma y se cierra la causa-efecto diciéndole: "Tiraste comida al suelo, se terminó el almuerzo. Más tarde volvemos a intentar".

La decisión de retirar la comida no debe alterarse aunque el niño llore o señale el plato que tiró. La comida terminó y saltearse una cena no los lastimará y seguramente comerán en la próxima comida, porque cuando el costo de tirar comida es perder toda la cena, tirar comida deja de ser útil para el niño, 

Cuando la regla es real, las malas conductas terminan rápidamente. Los niños ponen a prueba los límites, no las explicaciones

Niños que hacen berrinches a la hora de la cena

Cuando el berrinche ocurre en la mesa, muchos padres quieren intervenir sobre la explosión del niño y no sobre su comportamiento. Les preguntan por qué tiran las cosas, que levanten lo lanzado, etc... El niño aprendió que con su berrinche logró redirigir la dirección de la mesa.

¿Qué hacer? Antes de que la cena y el berrinche comiencen, se le anticipa al niño: "Hoy hay x comida para comer". Si el niño lanza la comida, la cena termina inmediatamente, sin refuero para después ni negociaciones. Simplemente se le dice al niño, en calma: "Tiraste el plato, la cena terminó". No hace falta enojarse, porque la consecuencia ya enseñó la lección.

Cuando el límite se sostiene, el niño deja de probar al adulto. 

Cuando el niño no quiere comer sin mirar pantallas

Si un niño no come sin pantallas, es que la pantalla se volvió parte del problema en el sistema. No se construye un cuerpo sano apelando a la distracción del niño, sino con una estructura.

¿Qué hacer? Se coloca al niño y la comida en la mesa. El adulto decide qué coloca y cuándo y el niño decide si come o no. 

jueves, 20 de agosto de 2026

15. Trastornos motores del sueño

 Entrada anterior: 14. Trastornos respiratorios del sueño

Cuando el cuerpo no consigue descansar

Hasta ahora hemos visto trastornos donde el problema principal era dormir poco, dormir demasiado, respirar mal o realizar conductas complejas durante el sueño. En este capítulo abordaremos un grupo diferente de alteraciones: aquellas en las que el movimiento se convierte en el principal obstáculo para un descanso adecuado.

Muchas personas describen una sensación difícil de explicar.

Dicen que, al acostarse, sienten una necesidad irresistible de mover las piernas. Algunas hablan de hormigueo, otras de tironeos, de "corrientes eléctricas", de una inquietud interna o de una sensación imposible de definir con palabras.

Cuanto más intentan permanecer quietas, más intenso resulta el malestar.

Paradójicamente, caminar o mover las piernas produce un alivio inmediato, aunque sólo sea temporal.

En otros casos, el paciente duerme profundamente y desconoce que realiza cientos de movimientos involuntarios durante la noche. Sin embargo, al despertar se siente agotado.

Estos cuadros pertenecen a los trastornos del movimiento relacionados con el sueño.

Aunque muchas veces pasan inadvertidos, constituyen una causa importante de insomnio, sueño fragmentado y somnolencia diurna.

Los trastornos motores del sueño

Dentro de este grupo existen diversas enfermedades.

Las dos más frecuentes son:
  • el síndrome de piernas inquietas;
  • el trastorno por movimientos periódicos de las extremidades durante el sueño.
Aunque suelen aparecer juntos, no son el mismo trastorno.

Comprender esta diferencia resulta fundamental para una correcta evaluación clínica.

El síndrome de piernas inquietas

El síndrome de piernas inquietas (SPI), también conocido como efermedad de Willis-Ekbom, es un trastorno neurológico caracterizado por una necesidad imperiosa de mover las piernas.

Generalmente se acompaña de sensaciones desagradables que los pacientes describen de maneras muy diversas:
  • hormigueo;
  • cosquilleo;
  • tensión;
  • pinchazos;
  • quemazón;
  • sensación de "algo que camina por dentro";
  • una inquietud imposible de describir con precisión.
Existe una característica particularmente llamativa.

Los síntomas aparecen o empeoran durante el reposo.

Es decir, cuando la persona:
  • se acuesta;
  • permanece sentada durante mucho tiempo;
  • viaja;
  • mira una película;
  • lee.
En cambio, caminar, estirarse o mover las piernas produce un alivio parcial o completo.

Los criterios clínicos

Aunque existen variantes, el diagnóstico suele apoyarse en cinco características fundamentales:
  • Necesidad irresistible de mover las piernas.
  • Aparición o agravamiento durante el reposo.
  • Mejoría con el movimiento.
  • Mayor intensidad durante la tarde o la noche.
  • Que los síntomas no se expliquen mejor por otra enfermedad.
Estos criterios permiten diferenciar el síndrome de piernas inquietas de calambres, dolores articulares, neuropatías u otras molestias musculares.

¿Por qué aparece?

Todavía no conocemos completamente la causa del síndrome de piernas inquietas.

Sin embargo, las investigaciones han identificado algunos mecanismos importantes.

Entre ellos:
  • alteraciones en los sistemas dopaminérgicos del cerebro;
  • disminución del hierro cerebral, aun cuando el hierro en sangre sea normal;
  • predisposición genética.
Además, el síndrome puede aparecer asociado a:
  • embarazo;
  • insuficiencia renal;
  • deficiencia de hierro;
  • neuropatías periféricas;
  • determinadas enfermedades neurológicas.
Por ello, especialmente cuando los síntomas aparecen por primera vez en la adultez, conviene investigar posibles causas secundarias.
El impacto sobre el sueño

Aunque el síndrome de piernas inquietas comienza antes de dormir, sus consecuencias se extienden durante toda la noche.

Muchos pacientes:
  • tardan mucho tiempo en conciliar el sueño;
  • se levantan repetidamente para caminar;
  • desarrollan ansiedad anticipatoria frente al momento de acostarse;
  • experimentan fatiga durante el día.
En casos graves, la calidad de vida puede deteriorarse de manera considerable.

Algunas personas evitan viajes largos, funciones de cine o reuniones porque saben que permanecer quietas durante mucho tiempo resultará prácticamente imposible.

Los movimientos periódicos de las extremidades

El trastorno por movimientos periódicos de las extremidades durante el sueño es diferente.

Aquí el paciente no siente necesariamente molestias antes de dormir.

Los movimientos aparecen una vez iniciado el sueño.

Consisten generalmente en:
  • extensión del dedo gordo del pie;
  • flexión del tobillo;
  • flexión de la rodilla;
  • movimientos repetitivos de las piernas.
Estos episodios suelen repetirse cada veinte o cuarenta segundos durante largos períodos de la noche.

Muchas personas desconocen completamente que ocurren.

En cambio, quien suele advertirlos es la pareja.

¿Qué consecuencias producen?

Cada movimiento puede provocar un pequeño despertar cerebral, muchas veces imperceptible para el paciente.

Sin embargo, cuando estos microdespertares se repiten cientos de veces durante la noche, el sueño pierde continuidad.

Como consecuencia aparecen:
cansancio;
  • somnolencia diurna;
  • dificultades de concentración;
  • sensación de sueño poco reparador.
En algunos casos, el paciente consulta por insomnio sin sospechar que el verdadero problema consiste en una fragmentación continua del sueño.

¿Cómo se diagnostican?

La entrevista clínica continúa siendo el punto de partida.

En el síndrome de piernas inquietas, el relato del paciente suele ser suficiente para orientar el diagnóstico.

Conviene preguntar específicamente:
  • ¿Siente necesidad de mover las piernas al acostarse?
  • ¿Mejora cuando camina?
  • ¿Los síntomas empeoran por la noche?
  • ¿Le impiden dormirse?
En el trastorno por movimientos periódicos de las extremidades, la información aportada por la pareja puede resultar especialmente valiosa.

Cuando existe duda diagnóstica o se requiere cuantificar los movimientos, la polisomnografía permite registrarlos objetivamente.

El tratamiento

El tratamiento depende de la intensidad de los síntomas y de su causa.

En primer lugar, conviene identificar factores corregibles.

Por ejemplo:
  • déficit de hierro;
  • consumo excesivo de cafeína;
  • determinados medicamentos;
  • privación de sueño.
Cuando estas medidas no resultan suficientes, el tratamiento médico puede incluir fármacos dirigidos a los mecanismos neurológicos implicados.

Desde el punto de vista psicológico también pueden trabajarse aspectos importantes.

Muchos pacientes desarrollan miedo a la llegada de la noche, modifican excesivamente sus rutinas o comienzan a asociar la cama con frustración e incomodidad.

Estas reacciones pueden contribuir a perpetuar un insomnio secundario.

Una mirada desde el psicoanálisis

Los trastornos motores del sueño invitan a reflexionar sobre un aspecto frecuente de la práctica clínica.

Un paciente puede describir una intensa inquietud nocturna.

Desde una escucha exclusivamente psicológica podría interpretarse rápidamente como ansiedad, tensión emocional o incapacidad para relajarse.

Sin embargo, en algunos casos el origen del problema se encuentra en un trastorno neurológico perfectamente reconocible.

Esto no invalida el trabajo analítico.

Una vez identificada la enfermedad, el psicólogo puede explorar cómo el paciente vive esa experiencia corporal, qué significados adquiere, qué limitaciones impone y cómo reorganiza su relación con el descanso. Posiblemente, tenga que intervenir para favorecer la adherencia al tratamiento.

El cuerpo nunca deja de tener una dimensión subjetiva.

Pero esa dimensión no reemplaza el conocimiento médico del funcionamiento corporal.
Una mirada clínica

Cuando un paciente refiere dificultades para dormir, conviene incorporar algunas preguntas sencillas a la entrevista:
  • ¿Sentís necesidad de mover las piernas cuando te acostás?
  • ¿Mejora si caminás?
  • ¿Tu pareja te comentó que movés mucho las piernas mientras dormís?
Estas preguntas, que muchas veces no forman parte de la evaluación habitual, permiten detectar trastornos frecuentemente subdiagnosticados.

Como hemos visto a lo largo del curso, una buena práctica clínica no consiste únicamente en escuchar el sufrimiento del paciente.

También implica conocer aquellas enfermedades que pueden estar expresándose a través de ese sufrimiento.

Ideas principales
  • Los trastornos motores del sueño alteran el descanso mediante movimientos o sensaciones corporales que interfieren con el sueño.
  • El síndrome de piernas inquietas se caracteriza por una necesidad irresistible de mover las piernas, que empeora durante el reposo y mejora con el movimiento.
  • El trastorno por movimientos periódicos de las extremidades produce movimientos repetitivos durante el sueño que fragmentan el descanso.
  • Ambos trastornos pueden ocasionar insomnio, somnolencia diurna y deterioro de la calidad de vida.
  • La entrevista clínica constituye la principal herramienta diagnóstica, complementada con polisomnografía cuando es necesario.
  • El tratamiento combina la corrección de factores predisponentes, intervenciones médicas y estrategias psicológicas para abordar las consecuencias emocionales y conductuales del trastorno.
  • Una evaluación integradora permite distinguir entre la vivencia subjetiva del malestar y los mecanismos neurológicos que lo producen, evitando reduccionismos tanto biológicos como psicológicos.

Próxima entrada: 16. Sueño y ansiedad

miércoles, 19 de agosto de 2026

La fachada obsesivo compulsiva en la psicosis

 En esta ocasión vamos a ver cómo puede presentarse una psicosis bajo una apariencia neurótica. Para ello, vamos a referirnos al artículo de Gustav Bychowski, que se publicó originalmente como Obsessive compulsive façade in schizophrenia, en el International Journal of Psycho-Analysis, vol. 47, 1966, pp. 189-197; la traducción francesa apareció en 1967 y la versión castellana en la Revista de Psicoanálisis 24, pp. 341-359.

Bychowski observó pacientes cuya presentación clínica puede hacer pensar inicialmente en una neurosis obsesiva: rituales, compulsiones, pensamientos repetitivos, conductas destinadas a neutralizar algo peligroso, etc. Pero, por debajo de esa organización aparentemente obsesiva, encuentra fenómenos que corresponden a una organización psicótica.

Lo central es que “fachada” no significa simplemente que el paciente tenga síntomas obsesivos además de una esquizofrenia. La palabra façade es entonces muy precisa: la sintomatología obsesivo-compulsiva puede constituir una especie de cobertura o defensa frente a una desorganización psicótica más profunda. De hecho, trabajos posteriores que retoman a Bychowski señalan justamente que los síntomas obsesivos prolongados pueden proteger frente a la emergencia manifiesta de una esquizofrenia.

De esta manera, tenemos un primer dato clínico: el síntoma obsesivo no sería necesariamente un signo de que estamos ante una neurosis obsesiva.

Un caso

Uno de los casos presentados por Bychowski es el de un joven, denominado A., cuya conducta central es una masturbación compulsiva, realizada varias veces al día.

Pero lo interesante no es simplemente la compulsión sexual.

El paciente presenta una cadena bastante extraña de asociaciones: mujeres, animales sacrificados, cerdos, carne, mataderos, etc. Determinadas imágenes desencadenan una excitación que debe ser descargada mediante la masturbación. Incluso realiza gestos mágicos destinados a neutralizar los efectos peligrosos de aquello que acaba de hacer o desear.

Ahí aparece algo que permite diferenciarlo de una neurosis obsesiva más clásica.

La compulsión no funciona solamente como una formación de compromiso entre deseo y prohibición. Está intentando mantener a raya algo mucho más primitivo y desorganizador.

Bychowski encuentra, según las reconstrucciones del caso:

  • regresión;
  • mecanismos de defensa psicóticos;
  • clivaje del yo;
  • proyección;
  • componentes oral-sádicos muy primitivos;
  • predominio de una satisfacción autoerótica;
  • dificultad para establecer una relación sexual objetal efectiva.

Y esto último es fundamental, porque el paciente puede fantasear sexualmente con una mujer, pero no puede efectivamente dirigirse hacia una mujer como objeto sexual. Frente al objeto real aparece inhibición, timidez y dificultad para establecer una relación genital.

La sexualidad queda entonces desplazada hacia el circuito autoerótico-compulsivo.

Entonces, ¿qué función cumple la compulsión en este caso? La compulsión tiene una función defensiva y estabilizadora. En este caso, hay una excitación pulsional extremadamente desorganizada. El sujeto no dispone de recursos yoicos suficientes para tramitarla, entonces construye una secuencia compulsiva que permite contenerla.

Si fuera una neurosis obsesiva, la lógica sería otra: el paciente tiene un deseo y hace un ritual para neutralizar la culpa.

Por eso el síntoma obsesivo puede funcionar como una especie de barrera contra la psicosis manifiesta. Es decir, paradójicamente, aquello que desde afuera parece una enfermedad obsesiva puede estar cumpliendo una función de protección contra una desorganización mayor.

Esta lectura es recogida posteriormente en la literatura psicodinámica sobre psicosis: Bychowski es citado precisamente para sostener que determinados síntomas obsesivos pueden impedir o retrasar el desarrollo manifiesto de una esquizofrenia.

Si uno toma el concepto de Bychowski sin quedar atrapado en su metapsicología del yo, puede formular una pregunta: ¿qué diferencia hay entre un síntoma obsesivo que pertenece a una neurosis obsesiva y una organización obsesivo-compulsiva que funciona como suplencia en una psicosis?

Dos casos pueden parecerse muchísimo en cuanto a rituales, prohibiciones, dudas, etc, pero ero la función estructural puede ser completamente diferente.

En la neurosis obsesiva, el síntoma se articula con el conflicto, la defensa, el deseo y la castración.

En los casos de Bychowski, en cambio, el fenómeno obsesivo aparece como una tentativa de organizar una experiencia pulsional que amenaza con desbordar las coordenadas yoicas.

De esta manera, no toda apariencia obsesiva implica una estructura obsesiva. La obsesión puede ser una forma de estabilización de la psicosis, una determinada configuración obsesivo-compulsiva puede ser precisamente lo que mantiene al sujeto relativamente organizado. Esto último no es exactamente una formulación de Bychowski en términos lacanianos, pero permite leer su hallazgo desde otra perspectiva.

En la clínica, si uno elimina brutalmente el síntoma sin comprender su función, podría incluso quitar una defensa que estaba sosteniendo cierta estabilidad. Esto explica por qué el título utiliza “fachada” y no simplemente “síntomas obsesivos en la esquizofrenia”. La fachada es simultáneamente lo que oculta la psicosis y lo que la contiene.

14. Trastornos respiratorios del sueño

Entrada anterior: 13. Parasomnias

Cuando el problema no está en dormir, sino en respirar

Muchas personas creen que un buen descanso depende únicamente de quedarse dormido y permanecer suficientes horas en la cama. Sin embargo, el sueño también requiere que funciones básicas del organismo, como la respiración, se mantengan estables durante toda la noche.

Cuando esto no ocurre, el sueño puede fragmentarse una y otra vez, incluso aunque el paciente no llegue a despertarse por completo.

Como consecuencia, la persona puede dormir ocho horas y, aun así, levantarse con la sensación de no haber descansado.

Los trastornos respiratorios del sueño constituyen una de las causas más frecuentes de somnolencia diurna, deterioro cognitivo y disminución de la calidad de vida. Además, representan un excelente ejemplo de cómo una alteración biológica puede producir importantes repercusiones psicológicas y psiquiátricas.

Para el psicólogo, reconocer estos cuadros resulta fundamental, ya que con frecuencia los pacientes consultan inicialmente por cansancio, dificultades de atención, irritabilidad o síntomas depresivos, sin sospechar que el origen del problema se encuentra en su respiración nocturna.

¿Qué son los trastornos respiratorios del sueño?

Se trata de un grupo de enfermedades en las que la respiración se altera durante el sueño.

Las dos manifestaciones más frecuentes son:
  • los ronquidos;
  • la apnea obstructiva del sueño.
Aunque suelen presentarse juntas, no son equivalentes.

Muchas personas roncan sin padecer apnea. Del mismo modo, algunas personas con apnea apenas roncan.

Por ello, el clínico debe evitar asumir que ambos fenómenos siempre van de la mano.

Los ronquidos

El ronquido se produce cuando el paso del aire genera vibraciones en los tejidos blandos de la vía aérea superior.

Factores como:
  • el exceso de peso;
  • la congestión nasal;
  • el consumo de alcohol;
  • determinadas características anatómicas;
  • dormir boca arriba,
  • favorecen su aparición.
En muchos casos el ronquido constituye únicamente una molestia para quien comparte la habitación.

Sin embargo, cuando es intenso, aparece todas las noches o se acompaña de pausas respiratorias, debe despertar la sospecha de un trastorno más importante.

Por este motivo, durante la entrevista siempre conviene preguntar: 
"¿Alguien le dijo que ronca?"

Con frecuencia es la pareja quien aporta la información decisiva.

La apnea obstructiva del sueño

La apnea obstructiva del sueño es el trastorno respiratorio más frecuente durante el sueño.

Se produce cuando la vía aérea superior se colapsa parcial o completamente mientras la persona duerme.

Durante algunos segundos el aire deja de ingresar a los pulmones.

El nivel de oxígeno desciende.  El cerebro detecta el problema y provoca un breve despertar para reabrir la vía aérea.

Muchas veces el paciente ni siquiera recuerda esos despertares.

Sin embargo, pueden repetirse decenas o incluso cientos de veces durante una misma noche.

El resultado es un sueño profundamente fragmentado.

Aunque el paciente permanezca muchas horas en la cama, nunca alcanza un descanso verdaderamente reparador.

Factores de riesgo

Diversas condiciones aumentan la probabilidad de desarrollar apnea obstructiva.

Entre las más importantes se encuentran:
  • obesidad;
  • aumento del perímetro del cuello;
  • sexo masculino;
  • edad avanzada;
  • antecedentes familiares;
  • consumo de alcohol antes de dormir;
  • uso de sedantes;
  • determinadas alteraciones anatómicas de la vía aérea.
No obstante, la apnea también puede aparecer en personas delgadas, mujeres y niños.

Por ello, ningún factor de riesgo permite confirmar o descartar el diagnóstico por sí solo.

¿Cómo sospecharla?

Existen algunas manifestaciones particularmente sugestivas.

Durante la noche:
  • ronquidos intensos;
  • pausas respiratorias observadas por otra persona;
  • jadeos o sensación de ahogo;
  • sueño inquieto;
  • despertares frecuentes.
Durante el día:
  • somnolencia excesiva;
  • cefaleas matinales;
  • sequedad bucal al despertar;
  • disminución del rendimiento;
  • irritabilidad.
Muchos pacientes consultan únicamente por cansancio.

Si el clínico no explora activamente el sueño, el diagnóstico puede retrasarse durante años.

Las consecuencias cognitivas

Dormir no sólo sirve para descansar.

También permite que el cerebro consolide la memoria, reorganice la información y recupere sus funciones ejecutivas.

Cuando el sueño se fragmenta repetidamente por la apnea, estas funciones comienzan a deteriorarse.

Los pacientes suelen describir:
  • dificultades de concentración;
  • olvidos frecuentes;
  • disminución de la atención sostenida;
  • lentitud para pensar;
  • menor capacidad de planificación;
  • aumento de los errores laborales.
En ocasiones estos síntomas son interpretados como signos de envejecimiento, estrés o depresión.

Sin embargo, la causa principal puede encontrarse en una alteración respiratoria nocturna.

Diversos estudios muestran que el tratamiento adecuado de la apnea mejora significativamente muchas de estas funciones cognitivas.
Las consecuencias psiquiátricas

Las repercusiones emocionales también son importantes.

El sueño fragmentado favorece:
  • irritabilidad;
  • inestabilidad emocional;
  • disminución de la tolerancia al estrés;
  • síntomas ansiosos;
  • síntomas depresivos.
Es importante destacar que la apnea obstructiva no "produce" necesariamente una depresión o un trastorno de ansiedad.

Lo que ocurre es que el déficit crónico de sueño modifica profundamente el funcionamiento emocional y puede agravar trastornos psicológicos preexistentes.

En sentido inverso, un paciente que consulta por ansiedad o depresión puede presentar simultáneamente una apnea no diagnosticada que contribuya al mantenimiento de sus síntomas.

Esto recuerda una idea central de este curso: los fenómenos biológicos y psicológicos rara vez actúan de manera aislada.

Riesgos para la salud

Además de afectar el bienestar subjetivo, la apnea obstructiva posee importantes consecuencias médicas.

Entre ellas se encuentran:
  • hipertensión arterial;
  • enfermedades cardiovasculares;
  • accidentes cerebrovasculares;
  • diabetes tipo 2;
  • alteraciones metabólicas;
  • mayor riesgo de accidentes de tránsito por somnolencia.
Estas complicaciones explican por qué el diagnóstico precoz resulta tan importante.

No se trata únicamente de mejorar el descanso.

También de prevenir enfermedades potencialmente graves.

¿Cómo se diagnostican?

La sospecha comienza con una buena entrevista clínica.

Posteriormente, el paciente puede ser derivado para realizar estudios específicos.

El principal es la polisomnografía, que registra simultáneamente:
  • respiración;
  • flujo de aire;
  • saturación de oxígeno;
  • actividad cerebral;
  • movimientos corporales.
En algunos casos también pueden utilizarse estudios respiratorios domiciliarios cuando la sospecha clínica es elevada.

La interpretación de estos estudios corresponde al especialista en medicina del sueño.

El tratamiento

El tratamiento depende de la gravedad del cuadro y de las características del paciente.

Las medidas más frecuentes incluyen:
  • descenso de peso cuando existe obesidad;
  • evitar alcohol y sedantes antes de dormir;
  • cambios posturales durante el sueño;
  • dispositivos de avance mandibular en algunos casos;
  • tratamiento con presión positiva continua (CPAP) en los cuadros moderados o graves.
El CPAP mantiene abierta la vía aérea mediante una corriente constante de aire administrada a través de una mascarilla.

Aunque algunos pacientes experimentan dificultades para adaptarse inicialmente, constituye uno de los tratamientos más eficaces de toda la medicina del sueño.

Una mirada desde el psicoanálisis

Los trastornos respiratorios del sueño ilustran con claridad los límites de una intervención exclusivamente psicológica, se trate de la corriente que sea.

Un paciente puede consultar por irritabilidad, apatía, dificultades de concentración o síntomas depresivos. Sin una adecuada evaluación del sueño, sería fácil atribuir estos problemas únicamente a conflictos emocionales.

Sin embargo, cuando una apnea fragmenta el sueño cientos de veces cada noche, resulta esperable que aparezcan importantes alteraciones cognitivas y afectivas.

Esto no significa que el trabajo psicológico deje de tener valor.

Por el contrario: siendo los psicólogos parte del sistema de salud, conocer estos fenómenos les permite sospechar y realizar la interconsulta pertinente a otros profesionales intervinientes. La pregunta inicial que cualquier psicólogo debería tener, es: “¿Puede el trastorno deberse a causas fisiológicas?”. La respuesta, brindada por otros profesionales, determina las posteriores intervenciones.

Confirmada una causa fisiológica, muchos pacientes deben adaptarse al uso del CPAP, modificar hábitos profundamente arraigados, afrontar cambios en la imagen corporal o convivir con una enfermedad crónica.

La psicoterapia puede acompañar todos estos procesos sin perder de vista el origen fisiológico del trastorno.

Una mirada clínica

Ante un paciente que consulta por fatiga persistente, bajo rendimiento, problemas de memoria o cambios del estado de ánimo, el psicólogo debería incorporar una pregunta sencilla a su evaluación:

"¿Cómo respira mientras duerme?"

Muchas veces esa pregunta abre una puerta diagnóstica inesperada.

Reconocer los trastornos respiratorios del sueño no implica abandonar la comprensión subjetiva del paciente.

Implica enriquecerla con una mirada clínica capaz de integrar el funcionamiento del cuerpo y la experiencia psicológica.

Esa integración constituye, precisamente, uno de los principales objetivos de este curso.

Ideas principales
  • Los trastornos respiratorios del sueño alteran la calidad del descanso al producir interrupciones repetidas de la respiración durante la noche.
  • Los ronquidos intensos y las pausas respiratorias constituyen importantes señales de alarma para sospechar apnea obstructiva del sueño.
  • La apnea fragmenta el sueño, incluso cuando el paciente no recuerda haberse despertado.
  • Las consecuencias cognitivas incluyen dificultades de atención, memoria, concentración y funciones ejecutivas.
  • El sueño fragmentado puede favorecer irritabilidad, ansiedad y síntomas depresivos, además de agravar trastornos psicológicos preexistentes.
  • La polisomnografía es el principal estudio para confirmar el diagnóstico.
  • El tratamiento combina medidas sobre los factores de riesgo y, cuando está indicado, el uso de dispositivos como el CPAP.
  • El psicólogo cumple un papel fundamental al detectar signos de alarma, favorecer la derivación y acompañar al paciente en la adaptación al tratamiento y en el impacto subjetivo de la enfermedad.

Werner Wolff: aportes sobre las psicosis

 Werner Wolff (1904–1957) fue un psicólogo alemán formado en Berlín, emigró a Francia y luego a España y Estados Unidos, y desarrolló lo que denominaba “psicología experimental profunda”. Hoy está bastante olvidado, aunque tuvo una obra importante de psicología y psicopatología.


Wolff se formó en Berlín con figuras de la Gestalt y de la psicología profunda —entre ellas Wertheimer y Köhler— y desarrolló una psicología que intentaba estudiar experimentalmente la expresión de los procesos profundos de la personalidad. 

Su libro Introducción a la psicopatología, publicado por Fondo de Cultura Económica, es justamente una obra que intenta pensar lo patológico desde una perspectiva dinámica, y no simplemente como un catálogo de enfermedades.

¿Qué aporta Wolff específicamente respecto de la esquizofrenia?

Wolff no toma la esquizofrenia solamente como una enfermedad delimitada por sus síntomas, sino que intenta comprender el mecanismo psicológico que lleva desde una experiencia relativamente normal hasta una experiencia psicótica.

Su punto de partida es el concepto de umbral.

Para Wolff, entre lo normal y lo patológico no existe necesariamente una frontera absoluta. Hay una zona intermedia en la que determinadas formas de funcionamiento psíquico pueden desplazarse progresivamente hacia lo patológico. La pregunta del psicopatólogo, por lo tanto, es¿Cómo llegó algo que pertenecía a la experiencia normal a transformarse en anormal?

Ésta es una de las ideas centrales de su Introducción a la psicopatología.

La cuestión de la percepción

En Wolff hay una idea particularmente interesante para la esquizofrenia: la percepción puede dejar de funcionar como percepción de un mundo exterior y convertirse en expresión de procesos psíquicos internos.

Wolff intenta pensar la esquizofrenia como una transformación de la relación entre la experiencia interna y la realidad perceptiva.

Su aporte más interesante está en que no toma la alucinación simplemente como una percepción sin objeto, sino que intenta explicar cómo un contenido interno puede llegar a adquirir la forma de una percepción externa.

Esto lo lleva a una formulación muy llamativa: el esquizofrénico “vive la metáfora”.

La idea es que en el funcionamiento ordinario podemos utilizar una metáfora sin confundirla con la realidad. Si alguien dice “estoy muerto de miedo”, hay una distancia entre la expresión y aquello que expresa. En la experiencia esquizofrénica que Wolff describe, esa distancia puede desaparecer: la expresión simbólica se convierte en experiencia concreta.

Y esto tiene consecuencias para comprender las alucinaciones. Más que considerar que el esquizofrénico “ve algo que no existe”, sería más bien “un proceso interno adquiere forma perceptiva y es experimentado como proveniente de la realidad exterior”.

Se trata una observación psicopatológica muy fina.

¿Pero de qué manera? Wolff señaló que en los grados extremos, las percepciones pueden convertirse en signos de procesos psíquicos internos que se proyectan sobre las percepciones y las reemplazan.

No sería simplemente que el sujeto “ve algo que no existe”. El proceso sería más complejo:

Un proceso psíquico interno se proyecta sobre la percepción, la cual queda transformada en expresión de ese proceso interno.

Y acá aparece una intuición bastante potente: la percepción deja de ser un medio para acceder a la realidad y pasa a ser una superficie sobre la cual se inscribe una realidad psíquica interna.

"Los esquizofrénicos viven la metáfora”

Esta idea aparece atribuida explícitamente a Werner Wolff en un texto que analiza sus concepciones sobre la esquizofrenia: Los esquizofrénicos viven la metáfora.”, lo cual es interesante para los analistas con orientación lacaniana.

Porque Wolff está intentando describir algo que, en términos actuales, podríamos formular así: en la experiencia esquizofrénica puede borrarse la distancia entre la representación y aquello que es representado.

En una metáfora ordinaria, alguien puede decir: “Estoy muerto de cansancio.” y saber que no está literalmente muerto. En cambio, en la experiencia psicótica que Wolff intenta describir, la metáfora puede adquirir estatuto de realidad. No se trata ya de como si.

El sujeto puede experimentar literalmente aquello que, para otro, tendría un carácter metafórico.

Y esto permite comprender por qué ciertas expresiones esquizofrénicas tienen esa característica tan peculiar: el lenguaje deja de ser solamente un instrumento para describir la realidad y comienza a producir una realidad que el sujeto experimenta directamente.

Wolff no está haciendo teoría lacaniana, obviamente. Pero su fórmula “vivir la metáfora” permite hacer un puente retrospectivo con la problemática lacaniana del significante.

Desde Lacan podríamos preguntarnos: ¿Qué ocurre cuando el significante no mantiene su distancia respecto de la cosa? En la neurosis, el sujeto puede decir: “Siento que soy un perro.” Pero conserva, por lo general, la diferencia entre decirlo y serlo. En ciertas experiencias psicóticas, en cambio, esa distancia puede colapsar: el significante puede adquirir una consistencia de realidad.

Y entonces la fórmula de Wolff adquiere una resonancia extraordinaria: El esquizofrénico no solamente utiliza la metáfora: la vive.

Eso podría ponerse en serie con otras concepciones clásicas:

  • Freud: retiro de la libido de los objetos y reconstrucción de la realidad.
  • Garma: represión de los impulsos vitales, pérdida del atractivo de la realidad y producción de fenómenos psicóticos.
  • Wolff: transformación de la percepción en expresión de procesos internos y pérdida de la distancia entre representación y realidad.
  • Lacan: retorno en lo real de aquello que no pudo ser integrado en el orden simbólico.

 Wolff es particularmente interesante justamente porque hoy casi no se lo recuerda, pese a que su obra tuvo cierta circulación en América Latina y su Introducción a la psicopatología fue publicada por una editorial central como Fondo de Cultura Económica. 

¿Qué aportó Ángel Garma al estudio de la esquizofrenia?

 Buscando la bibliografía de Garma, encontré varios trabajos sobre esquizofrenia, y creo que el más importante para entender su posición es “La realidad y el ello en la esquizofrenia”, publicado originalmente en 1931. Fue, de hecho, el trabajo con el que Garma ingresó como miembro de la Asociación Psicoanalítica Alemana.

Hay además una pista muy interesante: existe un trabajo posterior de Garma, “The Genesis of Reality Testing: A General Theory of Hallucination”, publicado en The Psychoanalytic Quarterly, vol. 15, 1946, pp. 161–174. Por eso, ese “161/185” podría estar remitiendo a una compilación y no al artículo original.

Lo central de Garma sobre la esquizofrenia

La tesis de Garma es particularmente interesante porque no piensa la esquizofrenia simplemente como una pérdida primaria de la realidad. Su razonamiento va en otra dirección.

Para él, hay que partir de la relación entre ello, yo, superyó y realidad exterior.

En la concepción freudiana clásica, el problema de la psicosis podía formularse como una ruptura entre el yo y la realidad, seguida de una reconstrucción delirante de esa realidad. Garma desplaza el acento: la realidad exterior pierde su valor para el sujeto porque previamente se ha producido una represión extremadamente intensa de los impulsos vitales.

Dicho de manera esquemática:

represión de la vida pulsional → pérdida del interés libidinal por la realidad → debilitamiento del vínculo con la realidad → fenómenos psicóticos.

Esto es importante porque invierte parcialmente la relación causal habitual.

Garma llega a sostener que el esquizofrénico se aleja de la realidad exterior porque ésta ha dejado de resultar atractiva como campo de satisfacción pulsional. Una formulación posterior suya conserva explícitamente esta idea: en la esquizofrenia, la realidad exterior pierde atractivo como consecuencia de la represión de los instintos vitales.

El papel del superyó en la esquizofrenia

Garma consideraba que en la esquizofrenia hay un superyó extraordinariamente severo, que somete al yo y reprime los impulsos del ello.

De ahí que establezca una continuidad entre ciertos fenómenos neuróticos y los psicóticos. Una formulación de su teoría sostiene que la estructura mental del neurótico y la del psicótico no son radicalmente diferentes: en ambos encontramos un yo sometido al superyó, aunque en la esquizofrenia esto alcanza una intensidad extrema.

Esto permite entender algo paradójico:

El esquizofrénico no se apartaría de la realidad porque quiera satisfacer desenfrenadamente sus pulsiones, sino, en cierto sentido, porque las ha rechazado demasiado.

La realidad queda entonces empobrecida porque el mundo exterior es también el lugar donde podrían satisfacerse los impulsos vitales.

Esta perspectiva también modifica la manera de entender la alucinación.

Si la realidad exterior pierde su capacidad de proporcionar satisfacción, el aparato psíquico puede producir una realidad sustitutiva.

Pero Garma no piensa que la alucinación sea simplemente una percepción equivocada. La vincula con la dinámica de los deseos, las defensas y la relación del yo con el ello.

Por eso su trabajo sobre la génesis del reality testing y la alucinación es una prolongación lógica de su teoría de la esquizofrenia. En 1946 publicó precisamente “The Genesis of Reality Testing: A General Theory of Hallucination”, donde desarrolla esta problemática.

Neurosis y psicosis

Garma intenta construir una línea de continuidad, no una ruptura absoluta, entre neurosis y psicosis.

Esto es bastante fuerte para la época, aunque hay bibliografía en Freud que permite sostener que las divisiones entre estructuras no son tan tajantes.

La esquizofrenia sería, en cierto sentido, una especie de amplificación extrema de mecanismos que también encontramos en sujetos no psicóticos.

Por eso su estudio de la esquizofrenia tiene para Garma un valor casi paradigmático: al observar los mecanismos en su forma extrema, se pueden reconocer mecanismos más discretos presentes en la neurosis.

Hay incluso una formulación muy sugerente de Garma: la esquizofrenia funciona como una suerte de “caricatura” de comportamientos menos patológicos, permitiendo iluminar fenómenos psíquicos que aparecen de forma atenuada en la neurosis y en la vida normal.

Un punto de contacto con Lacan

Si lo estamos leyendo desde una perspectiva lacaniana, yo haría una distinción.

Garma todavía está pensando fundamentalmente en términos de:

ello → yo → superyó → realidad exterior → pulsiones → defensas.

Lacan va a desplazar completamente el problema hacia:

significante → Otro → forclusión → realidad → alucinación/delirio.

Pero hay una cuestión de Garma que resulta sorprendentemente fértil para una lectura lacaniana: la realidad no es algo simplemente dado que el psicótico pierde.

La realidad psíquica depende de una determinada articulación libidinal y simbólica. Cuando esa articulación falla, no simplemente desaparece “la realidad”: se modifica la relación del sujeto con aquello que hacía que la realidad fuera habitable.

Ahí podríamos poner a Garma en diálogo con Lacan:

GarmaLacan
Represión extrema de los impulsos vitalesForclusión del significante primordial
Superyó severoProblema de la inscripción simbólica
Pérdida del atractivo de la realidadRuptura de la realidad simbólicamente organizada
Alucinación como sustituciónRetorno en lo real
Delirio como reconstrucciónMetáfora delirante / reconstrucción de la realidad

Pero no son equivalentes. Sería un error traducir directamente a Garma a Lacan, porque no están utilizando las mismas categorías.

Lo interesante es que Garma permite formular una pregunta que después Lacan llevará a otro terreno: ¿Qué es lo que hace que la realidad sea una realidad para un sujeto? Y esa pregunta es mucho más profunda que simplemente preguntar por qué un esquizofrénico “pierde contacto con la realidad”.