Mg. Lucas Vazquez Topssian
Habíamos dicho que en la histeria la insatisfacción solía estar ligada a la preservación del deseo. La lógica es algo así como: "No encontré todavía aquello que busco." La falta se localiza del lado del objeto. En la histeria algo no termina de alcanzar, algo falta, algo debería ser distinto. Por eso es bastante fecundo a veces invitar al paciente a precisar, concretamente, ese objeto supuestamente faltante, ya que es entre los significantes que el paciente otorga que que se puede localizar al sujeto.
Ahora bien, teniendo en cuenta algunos desarrollos actuales, hay una tendencia a asociar la insatisfacción directamente con la histeria. Si no distinguimos las funciones de la insatisfacción en cada estructura, hay un riesgo de terminar reduciendo la clínica a una psicología de la queja.
Sucede que la insatisfacción también ocurre en la neurosis obsesiva, aunque yo diría que es casi opuesta con la lógica histérica. Esto es porque en la neurosis obsesiva la insatisfacción muchas veces no proviene de la ausencia del objeto sino de la imposibilidad de autorizarse a quererlo o de disfrutarlo.
La lógica entonces sería: "Podría ser eso... pero no estoy seguro." ó "Antes de decidir debería pensar un poco más, falta resolver algo antes.", etc.
No es tanto que falte el objeto correcto como en la histeria, sino que en este caso falta una garantía. Mientras que la posición histérica suele mantener el deseo vivo desplazándolo hacia otro objeto, el obsesivo suele mantenerlo vivo aplazando su realización. Por eso Lacan dice que el obsesivo hace esperar.
Caso clínico: Melvin Udall
Vamos a tomar el personaje de la película "Mejor... imposible" (Melvin Udall) para ilustrar ciertos mecanismos obsesivos, aunque aclarando que no es un "caso puro" de neurosis obsesiva y que hay varios aspectos se han dramatizado por un tema estético del cine.
Si observamos a un histérico clásico, la insatisfacción suele expresarse como: "Este objeto no es lo que busco."
En Melvin, en cambio, la lógica parece más cercana a: "Nada alcanza las condiciones necesarias para que yo me comprometa con ello."
El personaje no está permanentemente imaginando un objeto maravilloso que resolvería su vida. Más bien encuentra defectos, riesgos, imperfecciones y motivos para retraerse. Por ejemplo, su relación con Carol no está obstaculizada porque ella no le sea suficiente, todo lo contrario, a medida que avanza la película, Carol le interesa cada vez más.
El problema de Melvin es que acercarse a Carol implica perder control, exponerse, depender de ella y tolerar incertidumbre. Es decir, implica castración. Desde esta perspectiva, la insatisfacción no está puesta en el objeto (Carol) sino en las condiciones subjetivas necesarias para asumir el deseo.
Melvin pasa gran parte de la historia intentando reducir la contingencia y vemos como todo en su vida está ritualizado: los cubiertos, el restaurante, los recorridos, los horarios, las formas de contacto.
La obsesión aparece como un intento de eliminar lo imprevisible. Y como justamente el deseo introduce la imprevisibilidad, Carol no funciona como el objeto ideal que él buscaba, sino como aquello que desorganiza su economía defensiva.
Si quisiéramos formular la diferencia con la histeria de forma esquemática:
El tema es que "todos los riesgos" es una condición nunca termina de cumplirse. Si en esta misma línea él dijera dijera en el análisis: "No estoy seguro de que esta relación vaya a funcionar" habría que intervenir del lado del agente, por ejemplo "¿Qué certeza le falta?" o "¿Qué tendría que ocurrir para que estuviera seguro?"
Ahí suele aparecer la exigencia imposible: el paciente se va a poner a explicar sus condiciones, que muchas veces son poco o nada realistas, porque más bien lo que pretende es una garantía absoluta.
Dato clínico: la insatisfacción obsesiva no siempre deriva de un ideal inalcanzable, sino de la exigencia de una certeza imposible antes de consentir al deseo.
Utilidad para la clínica:
La distinción tiene consecuencias importantes, porque en la histeria las intervenciones que ponen en evidencia la inconsistencia del objeto ideal suelen tener un efecto interesante.
En cambio, con el obsesivo hay que tener cuidado, porque podría responder encantado: "Bueno, hagamos una lista." y pasarse toda la sesión refinando criterios. Es decir, la pregunta puede transformarse en combustible para la duda obsesiva.
Las intervenciones con obsesivos apuntan menos a precisar el ideal y más a señalar la postergación, la evitación o el exceso de garantías exigidas. Por ejemplo: "¿Qué información le falta para decidir?", incluso "Hace tres sesiones que estamos evaluando posibilidades. ¿Qué ocurriría si eligiera una?"
✅Estas intervenciones no atacan el contenido de la elección (objeto) sino la maquinaria que la demora (el agente).
El dilema de: "Carne o pollo?"
En este posteo decíamos que en la posición histérica se suele conservar la ilusión de que existe una respuesta adecuada a la falta (¿O por qué creen que van al análisis?). El obsesivo, en cambio, suele saber demasiado bien que ninguna respuesta será perfecta. El problema está en que extrae una consecuencia distinta: "Como ninguna elección será perfecta, mejor no elegir todavía."
Entonces la insatisfacción obsesiva no siempre consiste en buscar un objeto mejor. Muchas veces consiste en protegerse de la castración inherente a toda decisión, porque decidir implica perder las alternativas. Y eso es precisamente lo que el obsesivo intenta evitar: perder.
Podríamos condensarlo en una fórmula clínica:
- Histeria: "No es esto."
- Obsesión: "Todavía no."
Ambas producen insatisfacción, pero por mecanismos muy diferentes. La primera mantiene abierta la búsqueda del objeto; la segunda mantiene suspendido el acto que obligaría a renunciar a los demás objetos posibles.

