viernes, 7 de agosto de 2026

El goce y sus condiciones: del objeto causa del deseo al plus de gozar

 El deseo requiere una causa para ponerse en movimiento. El goce, en cambio, requiere una condición. Aunque la diferencia pueda parecer sutil, introduce una distinción fundamental para pensar de qué modo un sujeto queda capturado en una determinada modalidad de satisfacción.

En relación con el goce, Lacan articula el objeto a, aquel que opera como causa del deseo, con una función diferente: la de condición. De este modo, el objeto a puede ser situado tanto como causa del deseo como plus de gozar. Si del lado del deseo opera la causa, del lado del goce se trata, entonces, de una condición. Cabe preguntarse, por lo tanto: ¿qué implica afirmar que el goce tiene una condición?

El acceso al goce se encuentra ligado, para el sujeto, a una determinada posición. El término “acceso” no debe entenderse aquí como si se tratara de una elección o de un movimiento deliberado del sujeto. Es, más bien, la posición la que conduce a ese acceso, en la medida en que aquello que el sujeto “se hace hacer” —en el sentido de la voz causativa— en el fantasma determina una modalidad particular de relación con el goce. A lo que se accede, por lo tanto, es a un determinado recorte de goce.

Este acceso, siempre problemático, se sostiene en ciertas condiciones. En primer lugar, señalábamos que el sujeto solo puede acceder al goce a partir de un recorte. Este hecho anticipa ya la función y la operación del significante. El goce queda así radicalmente desnaturalizado: no puede ser concebido por fuera de su captura en el campo del lenguaje.

A su vez, es a partir de un determinado rasgo que el goce puede ponerse en juego para el sujeto. Esta cuestión se encuentra estrechamente vinculada con dicha captura, puesto que ese rasgo implica necesariamente al Otro del sujeto. En consecuencia, afirmar que el goce requiere una condición supone reconocer que no existe como algo natural, originario o inmanente al sujeto. Por el contrario, su posibilidad de realización se encuentra determinada por una posición subjetiva y por las coordenadas significantes que la constituyen.

10. Hipersomnia

Entrada Anterior: 9. Insomnio.

Cuando el problema no es dormir poco, sino dormir demasiado... o tener demasiado sueño

Hasta ahora hemos dedicado varios capítulos al insomnio, probablemente el trastorno del sueño más conocido. Sin embargo, existe otro motivo de consulta que suele recibir mucha menos atención y que, en algunos casos, puede resultar igualmente incapacitante: la somnolencia excesiva.

Muchas personas consultan diciendo: "Podría dormir todo el día", "Me levanto cansado aunque haya dormido ocho horas" o "Me duermo en cualquier lado".

Estas expresiones pueden corresponder a problemas muy diferentes entre sí.

Algunas personas realmente necesitan dormir muchas más horas que el promedio. Otras duermen una cantidad normal, pero el sueño no resulta reparador. También existen quienes no tienen una necesidad aumentada de sueño, sino una dificultad para mantenerse despiertos durante el día.

Por ello, el primer desafío clínico consiste en diferenciar conceptos que muchas veces se utilizan como si fueran sinónimos.

Dormir mucho no siempre significa hipersomnia

En el lenguaje cotidiano suele hablarse de "hipersomnia" para referirse a cualquier persona que duerme muchas horas.

Desde el punto de vista clínico, la situación es más compleja.

Es importante distinguir entre tres fenómenos diferentes:

1) Dormir muchas horas

Algunas personas necesitan naturalmente nueve o diez horas de sueño y funcionan perfectamente durante el día. Esto no constituye un trastorno.

2) Somnolencia diurna excesiva

La persona experimenta una tendencia persistente a quedarse dormida en momentos en que debería permanecer despierta.

Puede cabecear leyendo, mirando televisión, durante reuniones o incluso conduciendo.

Aquí el problema no es solamente cuánto duerme por la noche, sino la incapacidad para sostener la vigilia.

3) Hipersomnolencia

Los manuales diagnósticos utilizan este término para describir cuadros en los que existe una necesidad aumentada de sueño o una somnolencia excesiva que produce un deterioro significativo en la vida cotidiana.

No se trata simplemente de sentirse cansado.

La verdadera hipersomnolencia interfiere con el trabajo, el estudio, las relaciones sociales y la seguridad personal.

¿Qué siente un paciente con hipersomnolencia?

Quienes nunca han experimentado una somnolencia patológica suelen imaginarla como una sensación de cansancio intenso.

Sin embargo, muchos pacientes describen algo diferente.

Hablan de una presión irresistible por dormir.

Aunque intenten mantenerse despiertos, sienten que el sueño termina imponiéndose.

En ocasiones realizan siestas prolongadas que no producen sensación de descanso.

Al despertar continúan sintiéndose adormecidos, con dificultades para pensar con claridad y una marcada lentitud mental.

Esta experiencia suele generar culpa e incomprensión.

No es raro que familiares o compañeros interpreten el problema como falta de voluntad, pereza o desinterés, cuando en realidad se trata de un trastorno médico.

¿Por qué aparece la somnolencia excesiva?

La somnolencia diurna puede tener múltiples causas. Por ese motivo, antes de diagnosticar una hipersomnia primaria es indispensable descartar otras explicaciones.

Las más frecuentes incluyen:

Sueño insuficiente

La primera pregunta siempre debe ser la más simple: ¿La persona duerme realmente las horas que necesita?

En una sociedad donde muchas personas descansan menos de siete horas por noche, la privación crónica de sueño constituye una de las principales causas de somnolencia.

Sueño de mala calidad

Dormir muchas horas no garantiza descansar bien.

La apnea obstructiva del sueño, los movimientos periódicos de las piernas o numerosos despertares fragmentan el sueño e impiden que resulte reparador.

En estos casos el paciente puede pasar ocho o nueve horas en la cama y continuar sintiéndose profundamente somnoliento.

Medicamentos y sustancias

Diversos fármacos producen somnolencia como efecto adverso. Entre ellos se encuentran:
  • benzodiacepinas;
  • algunos antipsicóticos;
  • antihistamínicos;
  • determinados antidepresivos;
  • anticonvulsivantes.
También el consumo de alcohol y otras sustancias puede alterar la calidad de la vigilia.

Enfermedades médicas

La somnolencia excesiva puede aparecer en numerosas enfermedades, entre ellas:
  • hipotiroidismo;
  • enfermedades neurológicas;
  • insuficiencia renal;
  • insuficiencia hepática;
  • enfermedades inflamatorias;
  • infecciones crónicas.
Por ello, la evaluación médica resulta indispensable cuando el cuadro no posee una explicación evidente.

Trastornos psiquiátricos

La depresión constituye una de las causas psicológicas más frecuentes de hipersomnia.

Algunos pacientes presentan un aumento importante del tiempo de sueño acompañado de pérdida de energía, disminución del interés y enlentecimiento psicomotor.

Sin embargo, la presencia de hipersomnia no permite concluir automáticamente que exista una depresión.

El diagnóstico siempre debe construirse integrando el conjunto de los síntomas.

El diagnóstico diferencial

La hipersomnolencia representa uno de los mejores ejemplos de la importancia del diagnóstico diferencial.

El psicólogo debe preguntarse sistemáticamente:
  • ¿La persona duerme suficientes horas?
  • ¿Su sueño está fragmentado?
  • ¿Consume medicamentos sedantes?
  • ¿Existe una enfermedad médica?
  • ¿Hay síntomas depresivos?
  • ¿Trabaja por turnos?
  • ¿Presenta ataques repentinos de sueño?
Responder estas preguntas evita reducir todos los casos a una única explicación.

Un trastorno especial: la narcolepsia

Entre los trastornos que producen somnolencia excesiva, la narcolepsia ocupa un lugar particular.

Se trata de una enfermedad neurológica caracterizada por una alteración en los mecanismos que regulan la vigilia y el sueño.

Sus síntomas principales incluyen:
  • ataques irresistibles de sueño;
  • cataplejía (pérdida brusca del tono muscular desencadenada por emociones intensas, presente en muchos pero no en todos los casos);
  • parálisis del sueño;
  • alucinaciones al inicio o al final del sueño.
Aunque es poco frecuente, reconocerla resulta muy importante porque suele diagnosticarse varios años después del inicio de los síntomas.

Todo paciente que refiere episodios súbitos de sueño o pérdida del tono muscular merece una evaluación especializada.

El impacto clínico

La hipersomnolencia no sólo produce cansancio. Sus consecuencias pueden ser muy importantes. Entre ellas encontramos:
  • disminución del rendimiento académico y laboral;
  • errores por falta de atención;
  • mayor riesgo de accidentes de tránsito;
  • dificultades en las relaciones interpersonales;
  • aislamiento social;
  • síntomas depresivos secundarios.
Muchos pacientes viven con una sensación constante de frustración.

Intentan mantenerse despiertos, consumen grandes cantidades de cafeína, realizan esfuerzos enormes por cumplir con sus obligaciones y, aun así, continúan sintiendo sueño.

Con frecuencia terminan desarrollando una imagen negativa de sí mismos antes de recibir un diagnóstico adecuado.

Una mirada desde el psicoanálisis

La somnolencia excesiva plantea un desafío interesante para una perspectiva integradora.

En algunos momentos de la historia del psicoanálisis existió la tendencia a interpretar el exceso de sueño como una forma de retirada del mundo, una defensa frente al conflicto o una expresión de determinados procesos depresivos.

Sin embargo, la medicina del sueño ha mostrado con claridad que muchos cuadros de hipersomnolencia poseen mecanismos neurobiológicos específicos que deben considerarse antes de hacer una hipótesis.

Esto no invalida la exploración subjetiva.

Una vez descartadas las causas médicas, el clínico puede preguntarse qué lugar ocupa ese síntoma en la vida del paciente, cómo afecta su identidad, qué sentimientos despierta y de qué manera reorganiza sus vínculos y su cotidianeidad.

La comprensión psicológica comienza allí donde el diagnóstico médico ya ha delimitado el terreno.

Una mirada clínica

Ante un paciente que consulta por exceso de sueño, el error más frecuente consiste en asumir que simplemente necesita "poner más voluntad" o modificar algunos hábitos.

La evaluación debe comenzar por responder una pregunta mucho más básica: ¿La persona tiene sueño o está cansada?

Aunque ambas experiencias suelen confundirse, no son equivalentes.
  • El cansancio mejora con el descanso.
  • La somnolencia implica una tendencia fisiológica a quedarse dormido.
Distinguir ambas situaciones orientará toda la evaluación posterior.

El psicólogo no necesita establecer por sí solo el diagnóstico definitivo de una hipersomnia.

Su tarea consiste en reconocer el problema, explorar sus repercusiones, identificar posibles factores psicológicos asociados y derivar oportunamente cuando exista sospecha de un trastorno médico del sueño.

Ideas principales
  • Dormir muchas horas, sentir cansancio y presentar hipersomnolencia son fenómenos diferentes.
  • La somnolencia diurna excesiva constituye el principal motivo de consulta en los trastornos de hipersomnia.
  • Antes de diagnosticar una hipersomnia primaria deben descartarse causas frecuentes como privación de sueño, apnea obstructiva, medicamentos, enfermedades médicas y trastornos psiquiátricos.
  • La narcolepsia es un trastorno neurológico caracterizado por ataques irresistibles de sueño y otros síntomas específicos, como la cataplejía.
  • La hipersomnolencia puede afectar gravemente el rendimiento, la seguridad y la calidad de vida.
  • La evaluación psicológica debe integrarse con la valoración médica para construir un diagnóstico diferencial adecuado.
  • Comprender la experiencia subjetiva del paciente complementa, pero nunca reemplaza, la identificación de las causas biológicas del exceso de sueño.
Próxima entrada:

¿Cómo pensar la inhibición en la psicosis?

En Causa Clínica tuvo lugar la conferencia: "Cómo pensar la inhibición en la psicosis?" en torno al tema de la inhibición, dictada por Élida Fernandez, exponente en el tratamiento de las psicosis.

La inhibición en la neurosis es una limitación funcional del yo, que consiste en una renuncia: el yo se inhibe para evitar un conflicto con el ello, inhibiendo pulsiones sexuales ó agresivas.

Tratándose de la inhibición en la psicosis, la autora advirtió sobre el riesgo de traspolar livianamente conceptos que se utilizan en la neurosis a la psicosis, por ejemplo "fantasma en la psicosis", pase en la psicosis, etc. Esto hace perder la especificidad de cada estructura.

Habiendo considerado eso, ella dice que hay que considerar dos estatutos de la inhibición en la psicosis: 

  • la propia de la estructura y 
  • la que se logra en un tratamiento (caso por caso, uno a uno).

Ilustra con un caso: Juan.

Un hombre de 19 años la consulta derivado por su psiquiatra, porque tiene muchas alucinaciones y porque manifestó que quiere matar a su padre. 

Transferencia: cuando llega a la consulta, venía de tratamientos anteriores y se burlaba de lo que le havbían dicho sus anteriores psicólogos. Juan le dice "Mirá, si me vas a decir alguna pelotudez de esas que me dijeron o me vas a decir que algo no me gusta, chiflo, llamo a la barra brava de Huracán y vienen y te rompen toda la biblioteca". la analista se ríe y le dice "Bueno, me voy a cuidar porque yo a mis libros los quiero mucho, así que para que no llames a la barra brava de Huracán, yo te voy a avisar cuando vaya a decirte algo que pueda no gustarte". la relación desde ahí fue muy fluída.

Juan escucha vovces que lo perturban y le dicen "Sos puto". Cuando la analista le pregunta si tiene alguna idea de por qué las voces le dicen eso, él responde con un relato: cuando tenía 8 años, su primo 10 años mayor lo obligó varias veces a hacerle sexo oral. Juan recurrió a su padre, quien al escuchar la historia le pegó una cachetada y le dijo "Sos puto".

El padre de Juan trabajaba en la empresa del hermano y no podía romper la relación con él por temas económicos y por su sometimiento a este hermano.

Juan escribe varias formas de matar al padre, así que la analista le propone citar a su padre y a él, los dos juntos. El padre concurre a la entrevista y la analista le pide que Juan cuente la historia que le contó a la analista. Juan la cuenta y el padre admite que que eso fue así y que pese a que se sintió mal, no podía terminar la relación con su hermano por depender económicamente de él. Le pide perdón a si hijo porque cree que le hizo mucho daño. 

En un principio, Juan se siente muy aliviado y se reconcilia con el padre. Un tiempo después, Juan cambia de perseguidor y al que quiere matar es al primo. Comienza a elucubrar sesión tras sesión venganzas contra este primo: puñales, emboscadas, etc. La analista le propone redactar juntos una carta. 

Cuando la carta fue terminada, él la envió con copia a los tíos y a la familia, muy contento por poder compartir nuevamente las navidades con su familia, ya que no iba por lo que sucedió. La carta armó un escándalo que separó a ambas familias, cosa que el padre soportó, aunque siguió trabajando con el hermano sin tener más relación. Juan estaba contentísimo.

Un día, Juan concurre al consultorio con mala cara, sin responder a las preguntas y le dice a la analista "Vos le contás a mis enemigos todo lo que yo hago con vos". la analista le dice "Si vos pensás eso, no podemos trabajar más juntos, porque yo me manejo con el secreto profesional, pero si vos pensás que yo soy capaz de traicionarte, no vamos a poder seguir". Juan entonces dice "Ah no, me equivoqué, debe ser el psiquiatra".

La pregunta es: Cuando Juan acepta citar al padre y renuncia a matarlo, cuando acepta redactar la carta y no pegarle al primo, cuando se queda en silencio toda una sesión por creer que la analista lo traicionó... ¿Qué lugar ocupa la analista ocupa en cada inhibición? La última inhibición es propia de su estructura al sentirse traicionado. 

¿Puede el analista remendar los diques que no hubo, los juicios morales inexistentes, los pensamientos anticiparorios de las consecuencias del acto que no tenía?

Si pensamos en la manía, con sus pensamientos obscenos, desmesurados, fuera de tiempo y lugar, excesoos... ¿No hay una desinhibición propia de la estructura? La hipótesis de Élida Fernandez es pensar las inhibiciones y su ausencias en el devenir del tratamiento en la psicosis hay que recurrir al concepto de superyó.

Freud en El Malestar en la cultura revisa lo que había dicho acerca del superyó en El yo y el ello. En el primer texto Freud consideraba que el superyó era un heredero de la autoridad paterna, pensando que a mayor autoridad paterna, mayor superyó y visceversa:

Esta complicación depende de dos factores: de la disposición triangular de la relación de Edipo y de la bisexualidad constitucional del individuo. 

El caso más sencillo toma en el niño la siguiente forma: el niño lleva a cabo muy tempranamente una carga de objeto, que recae sobre la madre y tiene su punto de partida en el seno materno. Del padre se apodera el niño por identificación. Ambas relaciones marchan paralelamente durante algún tiempo, hasta que, por la intensificación de los deseos sexuales orientados hacia la madre, y por la percepción de que el padre es un obstáculo opuesto a la realización de tales deseos, surge el complejo de Edipo,

(...)

De este modo podemos admitir como resultado general de la fase sexual, dominada por el complejo de Edipo, la presencia en el «yo» de un residuo, consistente en el establecimiento de estas dos identificaciones enlazadas entre sí. Esta modificación del «yo» conserva su significación especial y se opone al contenido restante del «yo» en calidad ideal del «yo» o «superyó». 

Pero el superyó no es simplemente un residuo de las primeras elecciones de objeto del Ello, sino también una enérgica formación reactiva contra las mismas. Su relación con el Yo no se limita a la advertencia: «Así -como el padre-debes ser», sino que comprende también la prohibición: «Así -como el padre- no debes ser: no debes hacer todo lo que él hace, pues hay algo que le está exclusivamente reservado.»

Esta es la doble faz del superyó-ideal del yo, que en este texto están fusionados. Más adelante dice:

El superyó conservará el carácter del padre, y cuanto mayores fueron la intensidad del complejo de Edipo y la rapidez de su represión (bajo las influencias de la autoridad, la religión, la enseñanza y las lecturas), más severamente reinará después sobre el Yo como conciencia moral, o quizá como sentimiento inconsciente de culpabilidad

En El malestar en la cultura, Freud descubre que el superyó es paradojal: sus órdenes son imposibles de cumplir y cuanto mas el sujeto trata de cumplir esas exigencias, más feroz aparece éste. Esto hace separar al superyó del ideal del yo.

El superyó demanda y genera culpa en el sujeto y no hay nada que lo tranquilice. No se trata de que a mayor autoridad paterna más superyó, sino que al revés: a mayor autoridad paterna, menor superyó. El superyó en este texto es resultado de dos factores: el desvalimiento del ser humano y su dependencia durante la infancia y el hecho de la interrupción del desarollo libidinal en el periodo de latencia.

Freud se preguntó de dónde venía la agresión del superyó, por su calidad agresiva que no tiene que ver con la conciencia moral. Melanie Klein trabaja sobre esto e incluso las opone. Por eso los criminales tienen más superyó y menos conciencia moral.

Freud está hablando en este texto sobre el sentimiento oceánico de fusión con la madre. Dice Freud:

Me sería imposible indicar ninguna necesidad infantil tan poderosa como la del amparo paterno. Con esto pasa a segundo plano el papel del «sentimiento oceánico», que podría tender, por ejemplo, al restablecimiento del narcisismo ilimitado

Freud se pregunta cuál es el origen de la agresión del superyó.

Bajo el imperio de la necesidad, el niño se vio obligado a renunciar también a esta agresión vengativa, sustrayéndose a una situación económicamente tan difícil, mediante el recurso que le ofrecen mecanismos conocidos: incorpora, identificándose con ella, a esta autoridad inaccesible, que entonces se convierte en super-yo y se apodera de toda la agresividad que el niño gustosamente habría desplegado contra aquélla. El yo del niño debe acomodarse al triste papel de la autoridad así degradada: del padre. Se trata, como en tantas ocasiones, de una típica situación invertida: «Si yo fuese el padre y tú el niño, yo te trataría mal a ti.»

La agresividad del superyó se debe a la no función de la autoridad paterna. Es totalmente paradojal:

En efecto, se comporta tanto más severa y desconfiadamente cuanto más virtuoso es el hombre, de modo que, en última instancia, quienes han llegado más lejos por el camino de la santidad son precisamente los que se acusan de la peor pecaminosidad.

(...)

Otro hecho del terreno de la ética, tan rico en problemas, es el de que la adversidad, es decir, la frustración exterior, intensifica enormemente el poderío de la consciencia en el super-yo; mientras la suerte sonríe al hombre, su conciencia moral es indulgente y concede grandes libertades al yo; en cambio, cuando la desgracia le golpea, hace examen de consciencia, reconoce sus pecados, eleva las exigencias de su conciencia moral, se impone privaciones y se castiga con penitencias

(...)

la conciencia moral es la consecuencia de la renuncia instintual; o bien: la renuncia instintual (que nos ha sido impuesta desde fuera) crea la conciencia moral, que a su vez exige nuevas renuncias instintuales.

El supeyó habla de un padre degradado. No se trata de la severidad recibida por el niño, sino la falta de autoridad paterna, de un padre degradado.

Cuando Lacan abordó el superyó, partió de este texto freudiano. En el Seminario 7: La ética del psicoanálisis, Jacques Lacan afirma que «la interiorización de la Ley [...] nada tiene que ver con la Ley. Es posible que el superyó sirva de apoyo a la conciencia moral, pero todos saben bien que nada tiene que ver con ella en lo que concierne a sus exigencias más obligatorias»

Freud había dicho que la moral debía ser kantiana, recordamos. "Haz de tu conducta aquello que pueda ser elevado a la categoría de universal". Por lo tanto, nada del superyó tiene que ver con esta ley tiene que ver con esto. Para Lacan, el superyó es lo no legislado por el padre. Está dentro de la ley como lo no legislado por el padre (sem. I y II).

Lacan dice que "El superyó es coercitivo y el ideal del yo exaltante". (Sem 1, p. 160). Para Jacques Lacan, en su Seminario 1, "el superyó es coherente con el registro y la noción de ley, es decir, con el conjunto del sistema del lenguaje, en tanto este define la situación humana más allá de lo puramente biológico". También agrega que el superyó tiene un caracter incensato, ciego, de puro imperativo, de simple tiranía.

Agrega:

"El superyó tiene relación con la ley, pero es a la vez una ley insensata, que llega a ser el desconocimien~o de la ley. As~ es como actúa siempre el superyó en elneuróuco. ¿No es debIdo acaso a que la moral del neurótico es una moral insensata, destructiva, puramente opresora, casi siempre antilegal, que fue necesario elaborar la función del superyó en el análisis? 

El superyó es, simultáneamente, la ley y su destrucción. En esto es la palabra misma, el mandamiento de la ley, puesto qu~ sólo queda su raíz. La totalidad de la ley se reduce a algo que m siquiera puede expresarse, como el Tú debes, que es una palabra privada de todo sentido. En este sentido, el superyó.acaba por identificarse sólo a lo más devastador, a lo ma~ fasc~~ante de las primitivas experiencias del sujeto. Acaba por Idenuf¡car~ se a lo que llamo la figura feroz, a las figuras que podemos vincular con los traumatismos primitivos, sean cuales fueren, que el niño ha sufrido." (p. 161)

En la clase 9 del seminario 26, Lacan le pasa la palabra a  Alain Didier-Weil. Se trata de una clase muy compleja que no vamos a abordar, Pero dice:

(...) habría un primer superyó del cual la función sería ordenar al sujeto "no dirás una palabra", un segundo superyó del cual la función sería enunciar "no dirás dos".,. —ustedes ven, es fácil— y un tercero del cual la función sería "no dirás tres".

Vemos que el superyó ordena callar, lo que se relaciona con la inhibición. Pensemos en la sesión muda de Juan, que siempre había sido muy expresivo.

Alain Didier-Weil continúa:

Escuchen efectivamente por otra parte a ciertos esquizofrénicos que cualifican a esa mirada que llega de todas partes, son mirados por los animales, por todas las personas que cruzan en el subterráneo, por el sol, por las estrellas. Él problema es que esa mirada medusante, esa mirada que sería el superyó más feroz, el más arcaico que hay, qué no da la posibilidad de una palabra, dado que bajo la mirada del Otro dice: "Sé todo de ti, no tienes nada que decir, porque mi mirada funciona como ese saber absoluto", el sujeto no está ya en la dimensión de una suposición cualquiera en su relación al Otro.

Les haría remarcar, eso vale la pena incluso de ser señalado, es que esa mirada en el psicótico, en oposición al superyó que en el neurótico participa, en todo caso en la Traumdeutung, participa del Inconsciente, la censura es inconsciente en parte, y es debido a eso que Freud la ha aislado muy tardíamente, Les haría remarcar que Freud en principio aisló el superyó como tal en el psicótico en "Introducción al Narcisismo", y si leen ese texto, verán que esa presencia superyóica que aísla en el psicótico es una presencia mirante.

Está de un modo muy preciso en Freud, describe en el delirio de influencia o en esa instancia que es una instancia que vigila, que no cesa de observar, que no despega en absoluto el ojo, es una dimensión de una presencia que no aguarda una palabra del Otro, dado que pone al Otro, al psicótico, en posición, no de hablar, sino de mostrarse(se montrer), y esa es la dimensión monstruosa (monstrueuse) de la monstración (monstration) 

Superyó fascinante, ¿cual es la diferencia entre el superyó fascinante y el superyó medusante ? Diría que el superyó fascinante, está limitado en el espacio y en el tiempo, es decir que el sujeto puede desprenderse de esa mirada fascinante, el sujeto, no es imposible que la quebrante en la temporalidad. Dicho esto, en el marco espacial, en el espacio, en la mirada fascinante, el sujeto es mirado desde un lugar que él ve, que es localizable.

En los delirios paranpoicos es muy común que el paciente se sienta observado por los vecinos, escuchado por la radio, aparatos que leen y vigilan sus pensamientos.

El sufrimiento del paciente psicótico tomado por el delirio es atroz, muchos intentos de suicidios y pasajes al acto son para poder terminar con las voces, o con aquello que "sabe todo de él". Exige trabajo en equipo, con psiquiatras, AT. 

El analista corre el riesgo de caer, transferencialmente, en el lugar de perseguidor o erotómano del paciente. La transferencia que admiten es la del otro con minúscula, el semejante, no la del gran Otro. Lacan dice que es como en La Ética de Aristóteles, en el tratado sobre la amistad. Aristóteles refiere allí que amigos son los que caminan juntos con un mismo objetivo. Con un paciente psicótico es bienvenido decir "Enseñame tal cosa", porque el analista se corre del lugar del Otro. A veces es imposible.

Hay inhibiciones que aparecen en los pacientes psicóticos que hay que preservar. Por ejemplo, una inhibición para tener pareja, aunque el ideal les diga que deben conseguir. Como la respuesta que pueden dar no es fálica, la respuesta a la intromisión del otro puede ser terrible.

Colette Soler, cuando se le pregunta por el lugar del analista en la psicosis, habla de que la función del analista es también poner la prohibición que no está puesta. Se le puede marcar las cosecuencias de ciertos actos, si las pensó. 

jueves, 6 de agosto de 2026

9. Insomnio


Mucho más que "no poder dormir"

El insomnio es, con diferencia, el trastorno del sueño más frecuente en la práctica clínica. Se estima que la mayoría de las personas experimentará algún episodio de insomnio a lo largo de su vida, especialmente durante períodos de estrés, enfermedad o cambios vitales importantes.

Sin embargo, experimentar algunas noches de mal descanso no equivale a padecer un trastorno de insomnio.

Como vimos en capítulos anteriores, dormir mal de manera ocasional forma parte de la experiencia humana. El desafío clínico consiste en comprender por qué, en algunas personas, ese episodio transitorio desaparece espontáneamente, mientras que en otras se transforma en un problema persistente que puede durar meses o incluso años.

Esta pregunta ha dado origen a uno de los modelos más influyentes en la medicina del sueño contemporánea y, al mismo tiempo, ofrece un excelente ejemplo de cómo integrar factores biológicos, psicológicos y conductuales.

¿Qué es el insomnio?

El trastorno de insomnio se caracteriza por una dificultad persistente para iniciar el sueño, mantenerlo o volver a dormir después de un despertar precoz, a pesar de disponer de condiciones adecuadas para hacerlo.

Esta definición contiene varios elementos importantes.

En primer lugar, el problema no consiste únicamente en dormir pocas horas. Algunas personas duermen relativamente poco sin experimentar consecuencias significativas durante el día.

En segundo lugar, la dificultad debe producir un deterioro clínicamente relevante.

Las consecuencias más frecuentes incluyen:
  • fatiga;
  • somnolencia;
  • dificultades de concentración;
  • alteraciones de la memoria;
  • irritabilidad;
  • disminución del rendimiento laboral o académico;
  • mayor vulnerabilidad emocional.
Finalmente, el diagnóstico supone que existen oportunidades reales para dormir. No puede hablarse de insomnio en alguien que trabaja dieciocho horas por día y simplemente no dispone del tiempo suficiente para descansar.

Los distintos tipos de insomnio

El insomnio puede clasificarse de diversas maneras.

Según el momento en que aparece

Insomnio de conciliación
La principal dificultad consiste en iniciar el sueño.

El paciente suele permanecer despierto durante largos períodos después de acostarse.

Con frecuencia refiere que "el cuerpo está cansado, pero la cabeza no para".

Este tipo de insomnio suele asociarse con estados de hiperactivación fisiológica o cognitiva.

Insomnio de mantenimiento
La persona logra dormirse con relativa facilidad, pero presenta múltiples despertares durante la noche.

En algunos casos consigue volver a dormir rápidamente. En otros permanece despierta durante largos períodos.

Cuando este patrón aparece acompañado de ronquidos intensos o pausas respiratorias, debe sospecharse una causa médica, como la apnea obstructiva del sueño.

Despertar precoz
El paciente se despierta varias horas antes de lo previsto y ya no consigue volver a dormir.

Este patrón merece especial atención porque puede observarse en algunos cuadros depresivos, aunque también aparece en otros trastornos del sueño y durante el envejecimiento normal.

Insomnio mixto
Es la forma más frecuente. Combina dificultades para iniciar el sueño, despertares nocturnos y despertar precoz.

Según su duración

Desde el punto de vista clínico suele distinguirse entre:

Insomnio de corta duración
Se desarrolla en relación con un acontecimiento identificable —como un duelo, una enfermedad, un examen o una crisis familiar— y suele resolverse cuando desaparece el factor desencadenante.

Insomnio crónico
Persiste durante varios meses y tiende a mantenerse aun cuando el acontecimiento inicial haya desaparecido.

Comprender por qué ocurre esto constituye una de las cuestiones centrales de la medicina del sueño.

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

No todas las personas reaccionan de la misma manera frente a una noche de mal descanso.

Existen diversos factores que aumentan la vulnerabilidad al desarrollo de insomnio.

Entre ellos se encuentran:

Factores biológicos
  • predisposición genética;
  • mayor sensibilidad al estrés;
  • enfermedades médicas crónicas;
  • dolor persistente;
  • cambios hormonales.
Factores psicológicos
  • ansiedad elevada;
  • tendencia a la preocupación;
  • perfeccionismo;
  • hiperresponsabilidad;
  • dificultad para tolerar la incertidumbre.
Factores ambientales
  • trabajo por turnos;
  • horarios irregulares;
  • ruido;
  • exceso de luz;
  • responsabilidades familiares.
Estos factores no producen necesariamente insomnio, pero aumentan la probabilidad de que aparezca cuando ocurre algún acontecimiento desencadenante.

El modelo de las 3 P

Uno de los aportes más importantes para comprender el insomnio fue realizado por el psicólogo Arthur Spielman en la década de 1980.

Su modelo de las tres P continúa siendo una referencia fundamental porque explica de manera sencilla cómo un problema transitorio puede transformarse en un trastorno crónico.

Factores predisponentes

Son las características que aumentan la vulnerabilidad del individuo.

No provocan el insomnio por sí mismas.

Simplemente hacen que algunas personas sean más susceptibles que otras.

Entre ellas encontramos:
  • rasgos de personalidad;
  • antecedentes familiares;
  • enfermedades médicas;
  • elevada reactividad emocional.
Podría decirse que constituyen el "terreno" sobre el cual puede desarrollarse el problema.

Factores precipitantes

Corresponden a los acontecimientos que desencadenan el primer episodio de insomnio.

Algunos ejemplos frecuentes son:
  • separación de pareja;
  • fallecimiento de un familiar;
  • problemas económicos;
  • enfermedad física;
  • nacimiento de un hijo;
  • pérdida del trabajo;
  • conflictos laborales.
En esta etapa el insomnio suele ser una respuesta comprensible frente a una situación de gran impacto emocional o físico.

Factores perpetuantes

Este es probablemente el componente más importante del modelo.

Una vez desaparecido el acontecimiento inicial, muchas personas recuperan espontáneamente su sueño habitual.

Otras, en cambio, comienzan a desarrollar conductas destinadas a "compensar" el problema.

Paradójicamente, esas conductas terminan manteniéndolo.

Entre las más frecuentes encontramos:
  • acostarse demasiado temprano;
  • permanecer despierto durante horas en la cama;
  • dormir largas siestas;
  • cancelar actividades por cansancio;
  • controlar obsesivamente la hora;
  • aumentar progresivamente el consumo de hipnóticos o alcohol;
  • desarrollar miedo a la llegada de la noche.
Con el tiempo, el problema deja de depender exclusivamente del acontecimiento que lo inició.

Ahora se sostiene por hábitos, aprendizajes y expectativas que alimentan el círculo vicioso del insomnio.

Esta idea constituye la base de la Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio (TCC-I).

El círculo vicioso del insomnio

Muchos pacientes describen una experiencia similar.

Una noche duermen mal. 

La noche siguiente comienzan a preocuparse por volver a dormir mal.

Al acostarse están atentos a cualquier señal de cansancio.

Miran repetidamente el reloj.

Calculan cuántas horas les quedan antes de levantarse.

Intentan "obligarse" a dormir.

Cuanto mayor es el esfuerzo, mayor es la activación fisiológica.

Y cuanto mayor es la activación, más difícil resulta conciliar el sueño.

El sueño posee una característica paradójica.

No puede imponerse mediante un acto de voluntad.

De hecho, cuanto más intenta una persona dormirse, más probable es que permanezca despierta.

Esta paradoja será retomada cuando estudiemos las intervenciones terapéuticas.

Una mirada desde el psicoanálisis

El psicoanálisis no considera al insomnio una entidad homogénea. Su estatuto clínico depende de la estructura subjetiva, de la función que cumple el síntoma en la economía psíquica y del momento vital del paciente. En algunos casos puede vincularse con la angustia, en otros con el duelo, la culpa, la excitación pulsional, fenómenos depresivos, modalidades del goce o dificultades en la simbolización. Por ello, el insomnio no posee una única etiología psicoanalítica.

El modelo de las tres P explica con notable claridad cómo se desarrolla y se mantiene el insomnio y permite abordar una pregunta que interesa especialmente al psicoanálisis: ¿Por qué determinados acontecimientos afectan de manera tan diferente a personas distintas?

Dos sujetos pueden atravesar una separación de pareja.

Uno duerme mal durante algunos días y luego recupera su descanso.

El otro desarrolla un insomnio incapacitante que persiste durante años.

La respuesta puede obtenerse en la aplicación del modelo de las 3 P, que al igual que las series complementarias de Freud, parten de una lógica multifactorial. En ambos casos, el trastorno no se explica por una única causa, sino por la convergencia de una vulnerabilidad preexistente y un desencadenante.

Donde aparece una diferencia importante es en el tercer elemento. Freud no desarrolló un equivalente explícito de los factores perpetuantes de Spielman. Una vez desencadenada la neurosis, su permanencia se explica por mecanismos como la represión, el retorno de lo reprimido, la formación de síntomas, el beneficio secundario de la enfermedad y la compulsión de repetición, más que por hábitos o conductas que sostienen el cuadro. En cambio, Spielman pone el foco precisamente en esas conductas (por ejemplo, pasar más tiempo en la cama, dormir siestas, preocuparse por no dormir) que cronifican el insomnio.

Desde un punto de vista epistemológico, ambos modelos comparten una idea que hoy llamaríamos diátesis–estrés: los trastornos surgen de la interacción entre una predisposición y un evento desencadenante. Esa lógica ha atravesado distintas disciplinas y aparece tanto en el psicoanálisis como en la psicología clínica contemporánea, aunque cada enfoque atribuye significados muy diferentes a esos factores.

Desde esta perspectiva, el insomnio no constituye únicamente un problema de activación fisiológica. También puede expresar una particular dificultad para entregarse al descanso, suspender el control o tolerar el encuentro consigo mismo cuando cesan las demandas del mundo exterior.

Esta hipótesis no reemplaza la explicación biológica ni conductual, sino que la complementa.

El curso clínico

El insomnio suele seguir un recorrido relativamente predecible.

En una primera etapa aparece un factor desencadenante.

Luego se instala un período de preocupación creciente por el sueño.

Finalmente, si el problema persiste, comienzan a desarrollarse hábitos y expectativas que lo perpetúan.

Con el tiempo, muchos pacientes dejan de temer aquello que originalmente produjo el insomnio y comienzan a temer al propio insomnio.

La cama deja de representar descanso. Se convierte en un lugar asociado al fracaso, la frustración y la ansiedad.

En ese momento el trastorno ha adquirido autonomía respecto de su causa inicial.

Comprender este proceso resulta esencial para diseñar un tratamiento eficaz.

Una mirada clínica

Cuando un paciente consulta por insomnio, el objetivo del psicólogo no debería limitarse a confirmar que duerme mal.

La verdadera tarea consiste en responder una serie de preguntas:
  • ¿Qué tipo de insomnio presenta?
  • ¿Cuándo comenzó?
  • ¿Qué lo desencadenó?
  • ¿Qué factores lo mantienen actualmente?
  • ¿Existe alguna enfermedad médica que deba descartarse?
  • ¿Qué significado tiene el dormir para esta persona?

Responder estas preguntas permitirá construir una formulación clínica mucho más rica que un simple diagnóstico nosográfico.

En definitiva, el insomnio no es solamente la ausencia de sueño.

Es un trastorno complejo donde interactúan la biología, la conducta, las emociones, la historia del sujeto y las condiciones concretas de su vida.

Ideas principales
  • El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente y no debe confundirse con episodios ocasionales de mal descanso.
  • Puede manifestarse como dificultad para conciliar el sueño, mantenerlo, despertar precoz o una combinación de estas formas.
  • Su diagnóstico requiere la presencia de repercusiones diurnas y condiciones adecuadas para dormir.
  • Los factores predisponentes aumentan la vulnerabilidad; los precipitantes desencadenan el problema y los perpetuantes explican su cronificación.
  • El modelo de las tres P de Spielman constituye una de las explicaciones más influyentes sobre el desarrollo del insomnio crónico.
  • Con el tiempo, muchos pacientes desarrollan un círculo vicioso donde la preocupación por dormir pasa a ser uno de los principales mantenedores del trastorno.
  • La comprensión clínica del insomnio requiere integrar factores biológicos, conductuales y subjetivos para diseñar una intervención adecuada.
Próxima entrada: 10. Hipersomnia

8. ¿Cuándo sospechar una enfermedad médica?

Entrada anterior: 7. Factores que alteran el sueño

No todo insomnio es psicológico

Uno de los riesgos más importantes en la práctica clínica consiste en atribuir demasiado rápidamente un problema de sueño a factores emocionales.

Es comprensible que esto ocurra. Los psicólogos trabajamos diariamente con el sufrimiento subjetivo y sabemos que la ansiedad, la depresión, el estrés o los conflictos personales pueden alterar profundamente el dormir. Sin embargo, esa experiencia clínica no debe hacernos olvidar otra realidad igualmente importante: muchos trastornos del sueño tienen un origen predominantemente médico.

De hecho, algunas enfermedades producen alteraciones del sueño mucho antes de que aparezcan otros síntomas.

Por ello, una buena evaluación clínica exige mantener siempre una actitud de sospecha razonable. El objetivo no es transformar al psicólogo en un especialista en medicina del sueño, sino desarrollar la capacidad de reconocer cuándo un paciente necesita una evaluación médica complementaria.

En este capítulo veremos cuáles son esas situaciones.

Las señales de alarma

Existen determinados síntomas cuya presencia obliga a ampliar la evaluación antes de concluir que se trata de un problema exclusivamente psicológico.

No todos indican una enfermedad grave, pero sí justifican una exploración más profunda.

Ronquidos intensos

Los ronquidos ocasionales son frecuentes en la población general.

Sin embargo, cuando son muy intensos, aparecen todas las noches o son acompañados por pausas respiratorias observadas por la pareja, debe sospecharse una apnea obstructiva del sueño.

Muchos pacientes consultan por cansancio, dificultades de concentración o irritabilidad sin relacionar estos síntomas con los ronquidos.

En ocasiones, es el compañero de cama quien aporta la información más importante.

Pausas respiratorias durante el sueño

Si alguien observa que el paciente deja de respirar durante algunos segundos y luego reinicia la respiración con un jadeo o un sobresalto, la derivación médica resulta prioritaria.

La apnea obstructiva del sueño no sólo deteriora el descanso.

También aumenta el riesgo de hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y accidentes de tránsito relacionados con la somnolencia.
Somnolencia excesiva durante el día

No es normal quedarse dormido mientras se conversa, durante reuniones, leyendo, viendo televisión o, especialmente, conduciendo un vehículo.

La somnolencia diurna excesiva puede deberse a un sueño insuficiente, pero también aparece en trastornos como:
  • apnea obstructiva del sueño;
  • narcolepsia;
  • hipersomnias centrales;
  • efectos secundarios de medicamentos.
Todo paciente que presenta episodios reiterados de sueño involuntario merece una evaluación cuidadosa.

Conductas extrañas durante la noche

Algunos pacientes realizan movimientos complejos mientras duermen:
  • caminar;
  • correr;
  • hablar;
  • gritar;
  • golpear;
  • representar físicamente sus sueños.
Aunque muchas de estas conductas corresponden a parasomnias benignas, otras pueden asociarse con enfermedades neurológicas y requieren estudios específicos.

Especialmente en adultos mayores, el trastorno de conducta del sueño REM merece una evaluación especializada, ya que puede preceder durante años a ciertas enfermedades neurodegenerativas.

Movimientos involuntarios

La necesidad irresistible de mover las piernas durante el reposo o la presencia de movimientos repetitivos durante la noche pueden sugerir un síndrome de piernas inquietas o un trastorno por movimientos periódicos de las extremidades.

Ambos cuadros suelen alterar profundamente la calidad del sueño y muchas veces pasan inadvertidos durante años.
Cambios bruscos del sueño

Un insomnio que aparece de forma súbita en una persona que siempre durmió bien obliga a explorar cuidadosamente qué ocurrió.

Además de factores psicológicos, conviene descartar:
  • enfermedades médicas recientes;
  • cambios farmacológicos;
  • consumo de sustancias;
  • alteraciones endocrinas;
  • trastornos neurológicos.
La cronología constituye una herramienta diagnóstica de enorme valor.

¿Cuándo derivar?

Una de las competencias más importantes del psicólogo consiste en reconocer los límites de su intervención.

Derivar no significa abandonar al paciente. Por el contrario, constituye una decisión clínica responsable.

En términos generales, resulta recomendable solicitar una evaluación médica cuando:
  • existen ronquidos intensos o pausas respiratorias;
  • aparece somnolencia diurna marcada;
  • el paciente refiere episodios de pérdida súbita del tono muscular (cataplejía);
  • existen conductas complejas durante el sueño;
  • aparecen movimientos repetitivos o molestias importantes en las piernas durante la noche;
  • el insomnio no responde a las intervenciones habituales;
  • existe sospecha de una enfermedad médica subyacente.
La derivación tampoco implica necesariamente suspender el tratamiento psicológico, porque en muchos casos ambos abordajes resultan complementarios.

La polisomnografía

La polisomnografía constituye el estudio más completo del sueño.

Se realiza habitualmente durante una noche en un laboratorio especializado, aunque algunas variantes pueden efectuarse en el domicilio.

Mientras el paciente duerme se registran simultáneamente múltiples variables fisiológicas.

Entre ellas:
  • actividad eléctrica cerebral (electroencefalograma);
  • movimientos oculares;
  • actividad muscular;
  • frecuencia cardíaca;
  • respiración;
  • flujo de aire;
  • saturación de oxígeno;
  • movimientos corporales.
Toda esta información permite reconstruir con gran precisión la arquitectura del sueño.

Gracias a la polisomnografía pueden diagnosticarse numerosos trastornos que resultarían imposibles de identificar únicamente mediante la entrevista clínica.

No todos los pacientes con insomnio necesitan una polisomnografía.

De hecho, en el insomnio crónico sin sospecha de otra enfermedad, el diagnóstico suele ser clínico.

El estudio está especialmente indicado cuando se sospechan trastornos respiratorios, parasomnias complejas, movimientos periódicos de las extremidades o determinadas hipersomnias.

La actigrafía

La actigrafía es una técnica mucho más sencilla.

Consiste en utilizar un pequeño dispositivo, similar a un reloj de pulsera, que registra continuamente los movimientos del paciente durante varios días o semanas.

A partir de esos movimientos puede estimarse:
  • cuándo duerme;
  • cuándo permanece despierto;
  • la regularidad de sus horarios;
  • la duración aproximada del sueño.
La actigrafía resulta especialmente útil para estudiar los trastornos del ritmo circadiano y para complementar la información obtenida mediante el diario del sueño.

Aunque no reemplaza a la polisomnografía, ofrece una visión muy valiosa del comportamiento habitual del paciente en su entorno cotidiano.
El laboratorio del sueño

Los laboratorios del sueño son unidades especializadas donde trabajan equipos interdisciplinarios integrados por médicos, técnicos, psicólogos y otros profesionales.

Su objetivo no consiste únicamente en realizar estudios.

También evalúan integralmente al paciente, interpretan los resultados y elaboran un plan terapéutico acorde con cada situación.

Dependiendo del trastorno sospechado, el laboratorio puede realizar:
  • polisomnografía;
  • pruebas de latencias múltiples del sueño;
  • actigrafía;
  • estudios respiratorios domiciliarios;
  • titulaciones de presión positiva continua (CPAP) en pacientes con apnea.
Conocer la existencia de estos dispositivos asistenciales permite al psicólogo orientar adecuadamente las derivaciones cuando resultan necesarias.

El lugar del psicólogo después de la derivación

Existe una idea equivocada según la cual, una vez identificado un componente médico, el trabajo psicológico pierde importancia.

En realidad ocurre exactamente lo contrario.

Pensemos en algunos ejemplos.

Un paciente con apnea obstructiva puede necesitar un dispositivo de presión positiva para dormir, pero también requerirá ayuda para adaptarse al tratamiento, modificar hábitos y elaborar el impacto emocional de una enfermedad crónica.

Una persona con narcolepsia deberá aprender a reorganizar su vida cotidiana, afrontar las limitaciones que impone el trastorno y manejar el estigma social asociado a la somnolencia.

Incluso cuando la causa principal del problema es claramente biológica, la experiencia subjetiva de convivir con ese trastorno continúa siendo un objeto legítimo de la psicoterapia.

La medicina trata la enfermedad.

La psicología acompaña también a la persona que la padece.

Una mirada integradora

A lo largo de este curso hemos insistido en una idea que merece volver a destacarse.

La pregunta clínica nunca debería formularse en términos de "¿esto es biológico o psicológico?".

La experiencia muestra que esa oposición suele conducir a errores.

Ya Freud hablaba de las series complementarias como un modelo propuesto por Sigmund Freud para explicar que la aparición de un fenómeno clínico no depende de una única causa, sino de la combinación de diversos factores que se potencian entre sí. Freud sostiene que ninguna causa, por sí sola, suele ser suficiente para producir un trastorno; es la interacción entre predisposiciones y acontecimientos de la vida la que determina su aparición.

El desafío consiste en reconocer cuándo predominan determinados mecanismos biológicos sin dejar de explorar cómo el paciente vive, interpreta y afronta su trastorno.

Del mismo modo, comprender el significado subjetivo de un síntoma no autoriza a ignorar enfermedades potencialmente graves.

Una buena práctica clínica comienza descartando aquello que no puede pasarse por alto.

Sólo entonces resulta posible comprender el lugar singular que ese problema ocupa en la vida de cada sujeto.

Ideas principales
  • Muchos trastornos del sueño tienen un origen predominantemente médico y no deben interpretarse inicialmente como problemas psicológicos.
  • Ronquidos intensos, pausas respiratorias, somnolencia excesiva, conductas complejas durante el sueño y movimientos involuntarios constituyen importantes señales de alarma.
  • Derivar oportunamente forma parte de una buena práctica clínica y no implica abandonar el tratamiento psicológico.
  • La polisomnografía es el estudio más completo para evaluar el sueño y está indicada en situaciones clínicas específicas.
  • La actigrafía permite registrar los patrones de sueño y vigilia durante varios días en el entorno habitual del paciente.
  • Los laboratorios del sueño realizan evaluaciones interdisciplinarias y estudios especializados para el diagnóstico de distintos trastornos.
  • Incluso cuando el origen del trastorno es principalmente médico, el psicólogo continúa desempeñando un papel fundamental en la comprensión y el acompañamiento del paciente.

Próxima entrada: 9. Insomnio.

miércoles, 5 de agosto de 2026

7. Factores que alteran el sueño

 Entrada anterior: 6. Cómo evaluar un problema de sueño

Dormir nunca depende de una sola causa

En los capítulos anteriores conocimos cómo funciona el sueño normal y aprendimos a evaluar sus alteraciones. Sin embargo, en la práctica clínica rara vez encontramos una causa única que explique por qué una persona duerme mal.

El sueño es el resultado del equilibrio entre numerosos factores biológicos, psicológicos, conductuales y ambientales. Cuando alguno de ellos se altera, los demás suelen verse afectados, generando un círculo vicioso que mantiene el problema.

Un episodio de estrés puede producir insomnio. Ese insomnio aumenta el cansancio durante el día. El cansancio favorece un mayor consumo de cafeína. La cafeína dificulta volver a dormir por la noche. El mal descanso incrementa la ansiedad y el estrés, reforzando nuevamente el problema.

Por eso, antes de formular cualquier diagnóstico o iniciar un tratamiento, el clínico debe identificar qué factores están actuando en cada caso.

En este capítulo revisaremos algunos de los más importantes.

El estrés: cuando el organismo permanece en alerta

Desde un punto de vista evolutivo, el estrés constituye un mecanismo de supervivencia.

Ante una amenaza, el organismo aumenta la frecuencia cardíaca, libera cortisol y adrenalina, incrementa la atención y prepara al cuerpo para luchar o escapar.

Este estado resulta adaptativo cuando el peligro es inmediato y transitorio.

El problema aparece cuando esa activación se prolonga en el tiempo.

Muchas personas llegan a la noche con el cuerpo cansado, pero con el cerebro todavía en "modo alerta". Aunque desean dormir, continúan anticipando problemas, repasando conversaciones, planificando el día siguiente o preocupándose por situaciones que escapan a su control.

Desde el punto de vista fisiológico, el sistema encargado de promover la vigilia permanece excesivamente activado.

Desde el punto de vista psicológico, la noche suele convertirse en el momento en que disminuyen los estímulos externos y emergen pensamientos o emociones que durante el día permanecían parcialmente silenciados.

Este estado de hiperactivación constituye uno de los mecanismos mejor estudiados en el insomnio crónico.

Las pantallas: un problema biológico y conductual

En pocos años las pantallas pasaron a formar parte de la rutina previa al sueño de millones de personas.

Su impacto sobre el dormir ocurre por distintos mecanismos.

La luz

Los teléfonos celulares, las computadoras y las tabletas emiten una importante cantidad de luz azul.

Como vimos en el capítulo anterior, la retina utiliza la luz para informar al núcleo supraquiasmático si es de día o de noche.

La exposición intensa durante las horas nocturnas retrasa la secreción de melatonina y puede desplazar el reloj biológico hacia horarios más tardíos.

Este efecto resulta especialmente marcado en niños y adolescentes.

La activación cognitiva

El problema no se limita a la luz.

Leer noticias, responder mensajes laborales, jugar videojuegos o navegar por redes sociales mantiene activo al cerebro precisamente cuando debería comenzar a disminuir su nivel de alerta.

En muchos pacientes, el teléfono celular deja de ser una herramienta de comunicación para convertirse en un obstáculo permanente para iniciar el sueño.
El aprendizaje

Existe además un componente conductual.

Cuando la cama comienza a asociarse con mirar series, trabajar o utilizar el teléfono, deja progresivamente de funcionar como una señal de descanso.

Este fenómeno tendrá especial importancia cuando estudiemos la Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio (TCC-I).

La cafeína: bloquear el cansancio no elimina la necesidad de dormir

La cafeína es la sustancia psicoactiva más consumida del mundo.

Se encuentra no sólo en el café, sino también en el té, el mate, algunas gaseosas, bebidas energizantes y determinados medicamentos.

Como vimos anteriormente, la cafeína bloquea los receptores de adenosina.

Esto significa que el cerebro deja de percibir parcialmente la señal biológica de cansancio, aunque la presión homeostática para dormir continúe aumentando.

Muchas personas interpretan esta sensación como un aumento real de energía.

En realidad, el organismo sigue necesitando dormir.

La intensidad del efecto depende de múltiples factores:
  • la dosis consumida;
  • el horario de consumo;
  • la sensibilidad individual;
  • la velocidad con que cada organismo metaboliza la cafeína.
En algunos individuos, una taza de café después del almuerzo no produce consecuencias importantes. En otros, una bebida con cafeína consumida durante la tarde puede interferir con el sueño de esa misma noche.

Por ello, durante la evaluación siempre conviene preguntar específicamente por el consumo de café, mate, té, bebidas energizantes y suplementos estimulantes.

El alcohol: dormir no es descansar

Existe una creencia muy difundida según la cual una copa de alcohol ayuda a dormir.

Esta idea contiene una parte de verdad y otra de error.

El alcohol posee inicialmente un efecto sedante, por lo que algunas personas se duermen con mayor facilidad después de consumirlo.

Sin embargo, ese sueño suele ser de peor calidad.

A medida que el organismo metaboliza el alcohol aparecen despertares frecuentes, fragmentación del sueño y una reducción del sueño REM durante la primera parte de la noche, seguida de un aumento compensatorio hacia el final.

Además, el alcohol favorece la relajación de la musculatura de la vía aérea superior, pudiendo agravar los ronquidos y la apnea obstructiva del sueño.

En consecuencia, aunque facilite el inicio del sueño, el alcohol suele empeorar el descanso global.

Otras drogas y sustancias

Diversas sustancias psicoactivas modifican el sueño de maneras muy diferentes.

Los estimulantes, como la cocaína o las anfetaminas, aumentan la vigilia y dificultan conciliar el sueño, especialmente durante el consumo activo.

El cannabis representa un caso más complejo.

Muchas personas refieren dormirse con mayor facilidad luego de consumirlo. Sin embargo, el uso crónico puede alterar la arquitectura del sueño, modificar el sueño REM y generar trastornos del sueño durante los períodos de abstinencia.

Los opioides, por su parte, pueden producir somnolencia, pero también alterar la respiración durante el sueño y favorecer distintos trastornos respiratorios.

En todos los casos resulta indispensable explorar tanto el consumo actual como los períodos de abstinencia, ya que ambos pueden modificar significativamente el descanso.

El trabajo nocturno y los horarios irregulares

Nuestro reloj biológico evolucionó para sincronizarse con la alternancia entre luz y oscuridad.

El trabajo por turnos obliga al organismo a funcionar en horarios para los cuales no fue diseñado.

Un trabajador nocturno debe mantenerse despierto cuando el reloj biológico favorece el sueño y, luego, intentar dormir durante el día cuando el organismo promueve la vigilia.

Esta desincronización suele producir:
  • menor cantidad de sueño;
  • sueño más fragmentado;
  • somnolencia durante el trabajo;
  • mayor riesgo de accidentes;
  • alteraciones del estado de ánimo;
  • dificultades de concentración.
No todos los trabajadores por turnos desarrollan un trastorno del sueño, pero el riesgo es considerablemente mayor que en la población general.

Las enfermedades médicas

Muchas enfermedades afectan el sueño, ya sea directamente o a través de los síntomas que producen.

Entre las más frecuentes se encuentran:
  • dolor crónico;
  • enfermedades respiratorias;
  • insuficiencia cardíaca;
  • reflujo gastroesofágico;
  • hipertiroidismo;
  • enfermedad de Parkinson;
  • demencias;
  • enfermedades reumatológicas.

En ocasiones, el problema principal no es el sueño, sino la enfermedad subyacente.

Por ello, el psicólogo debe mantener siempre una actitud clínica abierta y reconocer cuándo el cuadro requiere una evaluación médica más profunda.

Una dificultad para dormir nunca debe atribuirse automáticamente al estrés o a conflictos psicológicos.

Los medicamentos

Numerosos fármacos modifican el sueño.
Algunos producen somnolencia.
Otros favorecen el insomnio.

Entre los medicamentos que pueden interferir con el descanso se encuentran:
algunos antidepresivos;
  • corticoides;
  • estimulantes utilizados para el tratamiento del TDAH;
  • broncodilatadores;
  • hormonas tiroideas;
  • ciertos antihipertensivos.
Por otra parte, medicamentos utilizados precisamente para dormir pueden generar tolerancia, dependencia o un efecto rebote cuando se suspenden.

Por eso resulta indispensable preguntar siempre:
  • qué medicación toma el paciente;
  • desde cuándo;
  • en qué dosis;
  • en qué horario;
  • quién la indicó.
Muchas veces la explicación del problema se encuentra allí.

La interacción entre los factores

En la práctica clínica es excepcional encontrar un único factor responsable de un trastorno del sueño.

Lo habitual es observar una combinación de elementos que se potencian mutuamente.

Por ejemplo:

Una persona comienza a dormir mal debido a un conflicto laboral. Para mantenerse despierta durante el día aumenta el consumo de café. Como llega muy cansada a la noche, duerme largas siestas por la tarde. Al acostarse utiliza el teléfono celular durante más de una hora intentando distraerse. Finalmente, empieza a consumir alcohol para conciliar el sueño.

Ninguno de estos factores, por sí solo, explica completamente el cuadro.

Es la interacción entre ellos la que mantiene el problema.

La tarea del clínico consiste precisamente en reconstruir esa red de influencias antes de elaborar cualquier hipótesis diagnóstica.

Una mirada desde el psicoanálisis

Desde una perspectiva psicoanalítica podría resultar tentador interpretar inmediatamente el insomnio como expresión de un conflicto inconsciente.

Sin embargo, una actitud clínica rigurosa exige prudencia.

El primer paso consiste en reconocer y evaluar todos los factores biológicos, conductuales y ambientales que participan en el problema. Sólo entonces podrá explorarse qué lugar ocupa subjetivamente ese trastorno en la vida del paciente.

Interesantemente, en lo psicoanálisis se conoce como neurosis actuales (neurastenia y neurosis de angustia), Freud tempranamente que la etiología debe investigarse en términos de los factores actuales. Cuando Freud describe a la neurastenia, menciona:
  • sueño poco reparador;
  • dificultad para conciliar el sueño;
  • despertares frecuentes.

A diferencia de la neurosis de angustia, aquí el insomnio suele atribuirse al agotamiento más que a accesos de ansiedad.

Como la división entre neurosis actuales y de transferencia no es tajante, si el psicoanalista suma los conocimientos posteriores que surgieron, no desconocerá que la cafeína, una apnea obstructiva o el trabajo nocturno puedan desempeñar un papel decisivo en su mantenimiento, aunque a posteriori pueda encontrar otro sentido psicológico puesto en juego.

Una mirada verdaderamente integradora no jerarquiza una explicación sobre otra: intenta comprender cómo todas ellas se articulan en la historia singular de cada persona.

Ideas principales
  • El sueño depende del equilibrio entre factores biológicos, psicológicos, conductuales y ambientales.
  • El estrés sostenido favorece un estado de hiperactivación que dificulta el inicio y el mantenimiento del sueño.
  • Las pantallas afectan el sueño tanto por la exposición a la luz como por la activación cognitiva y el aprendizaje de hábitos inadecuados.
  • La cafeína bloquea la percepción del cansancio, pero no elimina la necesidad biológica de dormir.
  • Aunque el alcohol puede facilitar el inicio del sueño, suele empeorar su calidad y favorecer la fragmentación nocturna.
  • Las drogas, el trabajo por turnos, las enfermedades médicas y numerosos medicamentos también pueden alterar significativamente el sueño.
  • En la mayoría de los pacientes intervienen varios factores simultáneamente; la evaluación clínica debe identificar cómo interactúan antes de planificar cualquier intervención.

Entrada posterior: 8. ¿Cuándo sospechar una enfermedad médica?