“La fetichización de un objeto fóbico” es un texto publicado originalmente en Scilicet n.º 1 (1968), páginas 153-167, y traducido al español para la revista Imago, n.º 7, en diciembre de 1978.
Es un texto particularmente interesante para pensar, desde una orientación lacaniana, la relación entre fobia, fetichismo, angustia y constitución del objeto.
Su tesis central podría formularse así: un mismo objeto puede funcionar simultáneamente como objeto de horror y como objeto de fascinación. Es decir, aquello de lo que el sujeto huye puede ser también aquello que lo atrae intensamente.
La historia infantil permite reconstruir algunos antecedentes:
Jean tenía una relación muy estrecha con su madre, quien lo involucraba en situaciones de intimidad corporal y cuidados que tenían una dimensión erótica.
A los seis años, su madre le pide que la ayude a abrocharse un vestido por la espalda.
La escena produce en él una intensa excitación sexual, acompañada de angustia.
Poco después, cuando su madre vuelve a pedirle ayuda, Jean se niega y le dice que le pida a su padre que lo haga.
El autor sitúa allí un momento decisivo en la constitución de su fobia.
Veinte años después, Jean presenta una organización muy particular:
El botón aislado: le produce angustia, rechazo y repulsión.
Los botones multiplicados: le producen fascinación y excitación sexual.
Deben ser botones de hueso o nácar, estar perfectamente distribuidos y no faltar ninguno.
El objeto debe encontrarse en prendas femeninas.
Es decir, el mismo objeto adquiere dos funciones radicalmente diferentes según su disposición.
Aquí está el núcleo teórico del trabajo.
El botón singular funciona como objeto fóbico porque presentifica algo insoportable: la falta, la castración, el agujero en el Otro.
Pero ese mismo botón, cuando aparece multiplicado, organizado en una serie y sin que falte ninguno, adquiere una función fetichista.
La diferencia es fundamental:
Objeto fóbico | Objeto fetiche |
|---|---|
Un botón aislado | Una serie de botones |
Angustia | Excitación |
Repulsión | Atracción |
Presentifica la ausencia | Recubre la ausencia |
Señala un agujero | Construye una superficie que lo vela |
El autor articula esto con la referencia freudiana a la castración materna y la escisión del yo.
La operación fetichista permite sostener la existencia del falo materno, aunque desplazado hacia otro objeto. La operación fóbica, en cambio, localiza el abismo que esa constatación abre para el sujeto.
Es particularmente interesante la lectura que propone el texto: el fetiche no es simplemente un objeto que produce satisfacción sexual, sino que tiene una función estructurante para el sujeto.
Hay un pasaje especialmente valioso para una lectura lacaniana. El autor trabaja la diferencia entre el botón en singular y los botones en plural.
El botón singular queda asociado a una ausencia radical. La serie, en cambio, introduce una organización, una regularidad, una posibilidad de sustitución: todos los botones deben ser idénticos, ninguno debe faltar.
Podríamos decir que la serie introduce una legalidad allí donde el objeto singular presentifica un agujero.
El texto termina articulando dos funciones:
La fobia como un borde que delimita el saber sobre una falta.
El fetiche como un borde que sostiene una verdad sobre esa misma falta, pero recubriéndola.
Esto permite entender por qué el autor no considera que debamos apresurarnos a desestimar la función estructurante del fetiche.
Pensando la clínica de las fobias, incluso más allá del caso presentado, podríamos preguntarnos: ¿Qué sucede cuando el objeto que el sujeto necesita mantener a distancia es también aquel del que no puede prescindir?
Esto permite salir de una concepción demasiado sencilla de la fobia como evitación de un objeto amenazante.
El objeto puede ser simultáneamente:
Aquello que introduce un límite.
Aquello que localiza la angustia.
Aquello que captura el interés del sujeto.
Aquello alrededor de lo cual se organiza una modalidad de satisfacción.
La pregunta para la dirección de la cura: ¿qué función cumple para ese sujeto la conservación de su objeto fóbico? ¿Qué ocurriría si ese objeto perdiera su eficacia?
El texto es muy interesante porque permite pensar las proximidades y diferencias entre fobia y fetichismo sin reducirlas a dos comportamientos opuestos (huida y búsqueda). Hay una lógica común que las atraviesa: ambas son respuestas a la confrontación con la castración, aunque mediante operaciones diferentes.
También es una buena lectura para poner en relación con el Seminario 4 de Lacan, especialmente con la función del objeto fóbico como significante que viene a suplir una carencia en el Otro.
Existe un trabajo de Enric Berenguer, titulado La fobia de Juanito… y más allá, publicado en NODVS en 2018. Berenguer retoma las viñetas clínicas de Serge Cottet, pero agrega una elaboración propia. No es, por tanto, un artículo de Cottet dedicado exclusivamente al caso de los botones.
Su propuesta me parece interesante por tres razones.
Berenguer cuestiona que podamos explicar todas las fobias mediante una única fórmula: el objeto fóbico como suplencia de la función paterna frente al deseo de la madre.
Toma como punto de partida la fobia de Juanito, pero sostiene que esa explicación no alcanza para dar cuenta de otras configuraciones clínicas.
El objeto fóbico puede cumplir distintas funciones según la economía subjetiva en la que se inscribe.
Recupera el caso presentado por Cottet: el botón que, en la infancia, desencadena angustia y que posteriormente se convierte en una condición de excitación sexual.
Pero introduce una observación muy precisa: el botón tiene una ambigüedad material que resulta decisiva.
Abotonar: cerrar, cubrir, ocultar.
Desabotonar: abrir, descubrir, mostrar.
Por eso, Berenguer considera que el botón no funciona simplemente como metáfora del deseo materno. Está implicado en una escena donde se articulan el goce exhibicionista supuesto en la madre y el goce voyeurístico del propio sujeto.
Esta distinción es importante: el objeto no solamente representa algo del Otro, sino que participa de una modalidad de satisfacción pulsional del sujeto.
Berenguer también recupera otro caso de Cottet: una niña de seis años que desarrolla un temor siniestro cuando sus padres salen de la casa.
Un fantasma parece desprenderse de la habitación de los padres y circular por la vivienda. La hipótesis es que, ante la ausencia de estos, el goce supuesto en la escena sexual parental queda sin localización y retorna bajo esa figura amenazante.
En la adultez, el temor a quedarse sola deriva en la necesidad de dormir acompañada por cualquier hombre.
Lo interesante es que el objeto que permite evitar la angustia no es necesariamente un objeto exterior determinado: puede ser la presencia de alguien que ocupe un lugar específico en la economía subjetiva.
Si pensamos la fobia exclusivamente como una operación de evitación, corremos el riesgo de perder de vista que el objeto fóbico también puede ser un organizador del goce.
En el caso del botón, la transformación en condición erótica muestra que aquello que inicialmente produce angustia puede convertirse en una condición de satisfacción.
Esto traer una pregunta clínica: ¿El sujeto evita el objeto porque le produce angustia, o necesita conservar determinada relación con ese objeto para sostener una modalidad de satisfacción?
Estas preguntas no excluyentes conducen a direcciones distintas en la lectura del síntoma.
Resulta especialmente fértil estudiar este problema a partir de la relación entre el objeto fóbico, el objeto fetiche y el objeto a. Estos no son equivalentes, pero permiten interrogar distintas funciones del objeto en relación con la angustia y el goce.
