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miércoles, 19 de agosto de 2026

En nombre de la resistencia: cuando el analista se fija en un trauma del paciente

la determinación que tiene el sujeto del inconsciente sobre los procesos psíquicos es enorme y es la marca distintiva del psicoanálisis. Sin embargo, a veces los psicoanalistas quedan absortos en la búsqueda del significante, lo cual no es todo el trabajo que se hace en el análisis.

Muchos análisis se detienen y los analistas no pueden dar cuenta por qué. Los pacientes se van a otro analista y se quejan de que su anterior analista no los escuchaba... ¿Pero cómo es eso de que no escuchaba? Porque quizás el paciente estuvo mucho tiempo en ese espacio y fue avanzando... Lo que se ve es que ese analista solo escuchaba la parte de la determinación inconsciente y el sujeto es más que eso.

Lacan hace una distinción entre el ser y el sujeto desde el seminario 1. Habla de espacios que tienen que ver con la constitución del sujeto a partir de algo que queda por fuera de la posibilidad de ser dicho.

" el discurso del sujeto en la medida en que no alcanza esa palabra plena en la que debería revelarse su fundamento inconsciente, se dirige entonces al analista, está hecha para interesarle, y encuentra su soporte en esa forma alienada del ser que llamamos ego."

Es decir, uno ve la aparición del sujeto como consecuencia de introducción del símbolo, pero hay algo previo que es del ser.

En la clase del 17/3 dice:

La palabra puede expresar el ser del sujeto, pero, hasta cierto punto, nunca lo logra.

(...)

Nos hemos visto llevados a enfatizar esa faz de la resistencia que se sitúa en el nivel mismo de la emisión de la palabra. 

De esta manera, no se trata de leer la resistencia, sino lo que está allí en todas esas vueltas el sujeto del inconsciente va relatando.

A veces un analizante no quiere hablar del tema en que el analista le insiste abordar. Porque una cosa es la resistencia del yo del sujeto alienado y otra que tiene que ver con el pedido del ser (que no está atrapado entre palabras) de seguir a otra cosa. La vberdad es que nadie está determinado por un único hecho traumático. El analista, al anclarse en un solo hecho traumático, lo convalida. ¿De qué manera? Con la insistencia propia de la compulsión a la repetición, ahora encarnada en el analista.

El inconsciente, más allá de la marca traumática, también tiene todo un costado creativo. No todo es el sujeto del significante, cuando un paciente gira alrededor de lo mismo, el analista también lo detecta. Cuando tomamos un duelo, por ejemplo, tenemos el costado simbólico de lo que uno era para aquel que perdió, pero el costado más real es que para muerte y sexualidad no hay palabras.

martes, 23 de junio de 2026

El peligro traumático y la falta de garantías en el Otro

 La concepción freudiana de la defensa no se organiza únicamente en relación con amenazas provenientes del mundo exterior. Su punto más decisivo emerge cuando el peligro procede de aquello de lo que el sujeto no puede sustraerse: la pulsión, la irrupción traumática y la ausencia de garantías en el Otro.

El peligro puede adoptar distintas formas. En algunos casos, interpela al sujeto respecto de la posibilidad de actuar sobre él, modificarlo o incluso resolverlo. Sin embargo, esta perspectiva permite distinguir entre aquellos peligros frente a los cuales es posible alguna maniobra y aquellos de otra naturaleza, respecto de los cuales no existe posibilidad de evasión.

En este sentido, la clásica oposición entre interior y exterior resulta insuficiente. La pulsión constituye precisamente un tipo de peligro del que el sujeto no puede escapar, lo que obliga a reconsiderar la noción misma de espacio implicada. Se trata de una dimensión ligada al borde, a una continuidad que desarticula la oposición euclidiana entre adentro y afuera.

Uno de los aportes fundamentales de Freud consiste en haber podido situar tempranamente esta dimensión del peligro desprendiéndola de cualquier cualidad específica. El peligro deja así de definirse por su contenido y pasa a vincularse con la irrupción traumática de un factor económico, es decir, con una magnitud de excitación que excede las posibilidades de elaboración psíquica.

Será Lacan quien, apoyándose en esta formulación freudiana —según la cual lo traumático se define por aquello que rompe las barreras de protección del aparato psíquico—, llevará esta dimensión a un grado mayor de formalización. Lo traumático podrá entonces ser escrito bajo la forma del matema.

Nos encontramos aquí con una de las formulaciones más radicales del psicoanálisis: el significante de una falta en el Otro. Dado que el matema no pertenece al orden de la representación sino al de la escritura, su función no consiste en reproducir una experiencia, sino en inscribir una estructura.

De este modo, el matema del Otro barrado (SȺ) escribe el peligro inherente a la inexistencia de garantías últimas para el sujeto. Señala aquello que, en ciertos puntos, lo confronta con una radical soledad estructural. Al mismo tiempo, expresa que existe algo que el significante no logra escribir, un resto imposible de simbolizar que insiste y que suele quedar velado por las múltiples "ficciones de la mundanidad" con las que se procura suturar esa falta constitutiva.

lunes, 9 de marzo de 2026

La dimensión económica y la subversión freudiana del psiquismo

La metapsicología freudiana constituye uno de los aportes más decisivos del pensamiento de Freud. Al proponer considerar el aparato psíquico desde tres dimensiones —la tópica, la dinámica y la económica—, Freud establece una forma completamente novedosa de abordar el psiquismo, produciendo una ruptura con las concepciones psicológicas que lo precedían.

Durante la década de 1960, la llamada psiquiatría dinámica retomó parcialmente este planteo al incorporar en su marco teórico las dimensiones tópica y dinámica, pero dejó de lado la dimensión económica. A partir de esta omisión puede inferirse que lo verdaderamente radical y subversivo del descubrimiento freudiano reside precisamente en el lugar que ocupa lo económico en la constitución del sujeto hablante.

Este desplazamiento implica también un vaciamiento cualitativo del campo de lo traumático, ya que permite situar que, para el ser hablante, lo traumático no depende simplemente del contenido de una experiencia, sino de su incidencia económica, es decir, del modo en que las cantidades de excitación afectan al aparato psíquico.

Leída desde esta perspectiva, la noción de trauma remite necesariamente a una determinada configuración de la sexualidad. Mientras que frente a un estímulo externo la huida puede constituir un recurso eficaz para evitar el peligro o el obstáculo, frente al estímulo interno —la pulsión— la huida resulta definitivamente imposible.

A partir de este punto se abre una interrogación que atraviesa tanto la obra de Freud como la enseñanza de Lacan: ¿cómo incidir sobre ese componente económico que se muestra, en gran medida, refractario a la palabra?. Esta pregunta permite situar algunas de las especificidades de la praxis psicoanalítica, precisando no sólo las condiciones de su eficacia, sino también los impasses y obstáculos que la atraviesan.

martes, 10 de febrero de 2026

Metapsicología freudiana y eficacia de la palabra: entre ligadura y resto

La metapsicología freudiana se organiza a partir de tres perspectivas fundamentales: la dinámica, la tópica y la económica. Estas no constituyen registros aislados, sino dimensiones articuladas desde las cuales Freud intenta dar cuenta del funcionamiento del aparato psíquico.

En los primeros desarrollos freudianos, la perspectiva tópica adquiere un relieve particular, destacándose por sobre las otras. Sin embargo, progresivamente Freud realiza un desplazamiento que lleva a situar en primer plano la dimensión económica, movimiento que se articula estrechamente con la segunda tópica, en la cual el ello comienza a adquirir un valor preponderante.

Este viraje teórico conduce, a su vez, a una modificación del principio que rige el funcionamiento del aparato psíquico: del principio de placer al más allá del principio de placer. En este segundo tiempo, lo económico se presenta como un montante energético que circula de manera libre, no ligada, fuera de las coordenadas de regulación del placer.

Desde luego, ya en escritos tempranos Freud había vinculado lo económico con lo traumático. No obstante, es a partir de Más allá del principio de placer que esta articulación adquiere un estatuto mucho más sistemático y estructural.

A partir de aquí se vuelve posible interrogar la eficacia de la palabra en psicoanálisis. ¿Por qué la palabra cura? Porque constituye el medio que permite tramitar lo económico en la medida en que lo hace accesible a la ligadura. La palabra introduce un trabajo de enlace allí donde la energía circula sin amarre.

Es en este punto donde se articulan, por un lado, el planteo freudiano de Recordar, repetir y reelaborar y, por otro, la elaboración lacaniana de Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, a través del concepto de rememoración. La rememoración no se reduce al recuerdo de hechos pasados, sino que designa un trabajo simbólico que la palabra hace posible.

Por su lógica y su materialidad, la palabra permite al sujeto no solo tamizar lo traumático de lo económico, sino también resignificar los acontecimientos relevantes de su historia. Es a esto a lo que Lacan se refiere cuando habla de “la asunción por parte del sujeto de su historia”.

En este sentido, la palabra cura porque liga, porque tramita. Sin embargo, no todo es susceptible de ser simbolizado. Existe un resto que es estructuralmente refractario a la palabra, y que obliga a repensar los instrumentos clínicos para operar allí donde la palabra no alcanza. Es en ese límite donde el psicoanálisis se confronta, una vez más, con lo real.

viernes, 30 de enero de 2026

Privación, falta en el Otro y el camino hacia la castración real

Lacan constata en la praxis analítica que la falta no concierne únicamente al sujeto, sino que alcanza también al Otro. A partir de esta verificación, formaliza el modo en que la hiancia incide en la estructura del Otro, haciendo aparecer la noción de privación, la cual ocupa un lugar pivote en la estructura de la identificación. La identificación resulta así condición de posibilidad para el emplazamiento de ese lazo que sostiene al sujeto en su existencia.

La privación introduce, a su vez, una torsión específica del estatuto del falo, que se sitúa más allá de la operación obturante de la significación fálica. Desde esta perspectiva es posible distinguir, al menos, dos registros: por un lado, φ en tanto valor y entramado fantasmático; por otro, el falo como significante, en tanto objeto de la privación, homologable al significante de la falta en el Otro e indisociable del deseo como presencia real.

Cabe entonces interrogar si este anudamiento entre el falo como significante y el significante de la falta en el Otro no constituye el punto de partida que conduce a Lacan a la formulación de la castración real. En efecto, allí se establece una oposición decisiva entre lo real y aquello que Lacan denomina las “amarras” del sujeto: una tensión estructural entre lo imposible y el artificio que le sirve de sostén.

En relación con esta cuestión, parece delinearse en la elaboración lacaniana una bifurcación en dos vías o series de articulaciones. Por un lado, se encuentra la incidencia de lo simbólico en la privación, esa “inherencia de un −1” que Lacan formaliza en Subversión del sujeto…, y que permite escribir, en términos de falta, aquello que no entra en la cuenta. Por otro lado, se perfila una radicalidad distinta, condensada en el matema del significante del Otro barrado: una dimensión económica que, retomando a Freud, se inscribe como factor traumático.


martes, 4 de noviembre de 2025

El trauma y su presentación en la clínica

1. ¿Qué vuelve traumática a una experiencia?

Hay vivencias que irrumpen con tal violencia que desbordan la capacidad del aparato psíquico de tramitarlas.

Aquello que define a un acontecimiento traumático es que, en el momento en que ocurre, el sujeto se encuentra en un estado de indefensión frente a un Otro o a algo que arrasa sus posibilidades psíquicas y/o corporales de tramitación, elaboración o respuesta.

Es importante distinguir este tipo de trauma ante la contingencia de ciertos acontecimientos, como una pérdida temprana abrupta, una escena de violencia o de orden sexual, algo que irrumpe sin posibilidad de anticipación ni nominación, del trauma estructural que Freud conceptualiza como Hilflosigkeit (Desamparo), retomado por Lacan (Indefensión) como la condición originaria del sujeto frente al Otro.

2. ¿Qué implica en la Clínica que el Trauma no tenga inscripción en el aparato psíquico?

El acontecimiento traumático dado que no tuvo inscripción psíquica no logra ser reprimido, permanece escindido sin representatividad en el psiquismo, S. Freud nos advertía: “Todo lo reprimido es inconsciente, pero no todo lo inconsciente está reprimido”.

Lo traumático entonces retorna como compulsión a la repetición, en actos que el sujeto repite sin saber por qué, se trata de una repetición sin palabra ni elaboración, que responde a la lógica de la Pulsión de Muerte.

3. ¿Qué ocurre cuando actúa la represión? ¿Y si el trauma logra inscribirse?

Cuando la vivencia traumática se inscribe en el inconsciente, ingresa al campo de los simbólico. Su retorno, en consecuencia, será a través de las formaciones del inconsciente: Inhibiciones, Síntomas y Angustias.

Produciéndose la posibilidad de una tramitación a nivel inconsciente, que si bien no elimina el sufrimiento, permite una elaboración psíquica más ligada a la palabra. El sujeto puede, al menos parcialmente, poner en palabras aquello que lo afectó y comenzar un proceso de simbolización. 

4. Las presentaciones clínicas más frecuentes a causa de un trauma son: 
  • La Angustia y Ansiedad.
  • Los estados depresivos y las melancolizaciones.
  • Los sentimientos de desesperanza y pensamientos negativos.
  • Los trastornos del sueño (insomnio, pesadillas, ataques de pánico nocturnos).
  • Los miedos y las Fobias.
  • Las dificultades y/o inhibiciones para vincularse con los semejantes.
  • El temor a la autoridad.

5. ¿Cómo interviene el analista ante lo traumático?

Se trata de crear condiciones para que algo del decir surja donde antes sólo había repetición, ofreciendo una escucha encarnada, capaz de alojar el exceso, sin apresurar al sujeto. 

Es el  sujeto quien, alojado y acompañado, recorrerá junto al analista y sus intervenciones -siempre cuidadosas- un camino orientado a simbolizar ese “carozo” que quedó reprimido o escindido de la trama simbólica (inconsciente). 

Davoine y Gaudillière afirman en El discurso analítico del trauma: El objetivo de las manifestaciones producto de lo traumático es encontrar a quién dirigirse. El trauma habla si hay alguien que quiera escuchar.


6. ¿Qué hace posible la elaboración del trauma? ¿Qué se juega en la transferencia?

La elaboración del acontecimiento traumático implica un trabajo psíquico orientado a ligar la energía libre, convertida en Tánatos - Pulsión de Muerte-, en palabras. Para que ello sea posible, será primordial un espacio transferencial que no se apresure a descifrar, aquello que no está cifrado en el inconsciente. Se trata, más bien, de sostener una presencia del analítica comprometida, capaz de no retroceder ante lo estremecedor. Allí reside también el compromiso ético del analista,

7. S. Freud nos enseñó que la palabra mata la cosa. Nombrar lo traumático no borra lo vivido, pero puede romper su fijación y dar lugar a la resignificación. Cuando el dolor logra decirse, se abre la enorme posibilidad de romper la piedra (trauma) enquistada en nuestra subjetividad, que nos impide avanzar y realizar nuestro deseo, lo que inevitablemente acarrea malestar y sufrimiento psíquico. 

miércoles, 1 de octubre de 2025

El real como hiancia: entre fantasma y trauma

Ya en La angustia, Lacan introduce al Otro barrado en la dimensión de un quantum económico. De este modo lo lee como una energía libremente móvil que, en términos freudianos, rompe las barreras de protección del aparato psíquico.

Frente a ello se erigen diversas defensas, entre ellas el nombre propio. Esta es una de las primeras aproximaciones al real como impasse, y Lacan lo ubica en la intersección entre fantasma y trauma. Un detalle relevante: en el grafo no lo inscribe como matema, sino que se limita a consignar el significante de la barradura, lo que constituye un gesto de rigurosidad en su formalización.

En esta elaboración, el fantasma funciona como una pantalla que vela lo perturbador de lo repitiente en la repetición. Ese real se presenta entonces como un recorte, muchas veces ínfimo, casi un “ruidito” que incomoda.

No se trata de cualquier real. Y es importante subrayarlo, pues incluso dentro del campo analítico se tiende a pensar que sólo hay un único real: aquel que concierne al psicoanálisis. Pero existen otros. El real que aquí interesa es, en principio, un real pulsional, lo que plantea el problema de la significancia en ese nivel, distinta de lo connotativo.

El significante no logra aprehender este real que perturba. Por eso entra en juego lo denotativo, desplazando la significancia hacia el registro del sentido, no de la significación. En términos freudianos, allí se abre un agujero que puede identificarse con lo que deja Das Ding. Lacan lo reelabora en el pasaje de la falta a la pérdida, llevándolo al nivel de una hiancia con valor causal: un agujero que opera como causa.

Es esta hiancia primera la que hace posible lo que Lacan alguna vez llamó “simbiosis con lo simbólico”, expresión que, paradójicamente, subraya que tal simbiosis no existe. Frente a ello, la estructura neurótica se presenta como respuesta, una suerte de cicatriz que ubica su función y su lugar en el grafo.

Transferencia, repetición y el estatuto de lo real traumático

Desde la inflexión que introduce Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, se vuelve ineludible una reelaboración conjunta de la transferencia, el inconsciente y la repetición.

¿Qué es lo que determina a lo real en el estatuto de la transferencia? En primer lugar, lo hace indispensable separarla de la repetición, aun cuando la transferencia se instituye como el campo mismo donde la repetición se efectiviza en la praxis, condición necesaria para poder operar sobre ella.

En ese marco, la repetición se presenta como aquello que escapa al determinismo: un tropiezo azaroso, lo fallado del encuentro, lo irruptivo del trauma. El trauma, por lo tanto, debe ser repensado a la luz de lo real como impasse, pues es en su carácter incalculable donde encuentra gran parte de su eficacia.

Si se lo situara en lo imaginario —sin connotación peyorativa—, el trauma aparecería como un mero accidente. Pensarlo desde lo incalculable, en cambio, lo aproxima a lo sincrónico: lo sustrae de la diacronía del acontecimiento fortuito y lo sitúa en un registro donde ya no se trata de lo contingente, sino de lo que insiste sin cálculo posible.

Considerarlo como lo ininteligible implica asumirlo como un punto imposible de tramitar. De allí su retorno, no bajo la forma de la insistencia simbólica, sino en irrupciones corporales. Lo atestigua la pregunta que retorna una y otra vez del lado del analizante —con variaciones singulares pero siempre en la misma clave—: ¿qué hago con esto?, ¿cómo sigo con esto?

Lo real traumático, en consecuencia, gobierna al proceso primario freudiano. Conlleva una dimensión atemporal que es índice del límite de la palabra: allí donde el decir no alcanza, se cifra el núcleo mismo de lo que en el análisis se pone a trabajar.

martes, 16 de septiembre de 2025

Miedo y angustia: defensa, peligro y lo real

La clínica psicoanalítica se apoya en una distinción fundamental: la que separa el miedo de la angustia. El miedo puede provocar espanto, desconcierto o un sentimiento de sin sentido, pero en su estructura el sujeto no aparece comprometido directamente. En cambio, la angustia siempre lo concierne: si el miedo se liga a un objeto exterior, la angustia se vincula con un peligro interior, como lo subraya Freud.

La oposición interior/exterior no es suficiente para agotar lo que allí se juega. Más bien, se trata de discernir entre aquello que compromete íntimamente al sujeto y lo que lo deja al margen. Freud sitúa la pregunta en torno al peligro: ¿qué naturaleza tiene? ¿Cuál es su motor? Lo esencial es que, aun cuando ese peligro no se deje definir con precisión, se impone por una característica decisiva: no admite defensa. De allí su carácter interior, pues frente a él la huida resulta ineficaz.

Esta imposibilidad de defensa abre el camino para pensar el estatuto de lo traumático. Allí radica la genialidad freudiana: desplazar la cuestión hacia lo económico. Interrogar la angustia en su relación con la defensa implica reconocer que la defensa constituye al aparato mismo, que resguarda frente a algo no contingente.

Pensada como barrera frente a lo económico, la defensa se concibe como una consistencia que bordea un agujero. Así se enlazan los conceptos de defensa y litoralización, con relevancia clínica y teórica. En última instancia, la defensa se levanta frente a lo real en tanto irreductible, y es ante ese encuentro que la señal de angustia se dispara.

viernes, 4 de julio de 2025

¿Hay articulación entre la Identificación primaria y represión primaria?

La hipótesis freudiana sobre el carácter traumático de ciertas cantidades de energía que irrumpen en el aparato psíquico plantea, de forma inevitable, la cuestión de la diferencia entre lo exterior y lo interior. Quizás esta distinción representa un verdadero impasse en el pensamiento freudiano.

En cierto modo, Freud ofrece una resolución parcial de este problema desde muy temprano: si el exceso energético proviene del exterior, el aparato responde mediante la huida. El obstáculo aparece cuando esta huida se revela ineficaz. Allí Freud formula una pregunta clave, tan concisa como decisiva: “¿De qué modo se entrama lo pulsional con la compulsión de repetición?”.

La articulación entre pulsión y compulsión de repetición no solo desplaza la repetición más allá del automaton simbólico; también deslocaliza el trauma, alejándolo de la mera contingencia empírica. En este marco, la sexualidad humana se revela estructuralmente traumática, no por las vicisitudes particulares de cada biografía, sino por la participación misma de la pulsión en su constitución.

Como se indica en la Conferencia XX, La vida sexual de los seres humanos, para los sujetos hablantes, la sexualidad no se organiza en torno a la reproducción, sino al goce. Esta desnaturalización señala el lugar donde la represión primaria deja su marca inaugural: no hay relación natural con la sexualidad, sino estructura de pérdida y borde.

A medida que Freud da creciente preeminencia al punto de vista económico, se observa una cierta toma de distancia respecto de las perspectivas dinámica y descriptiva del inconsciente. Este viraje no implica un abandono de dichas vertientes, sino una reconfiguración lógica necesaria para articular la pulsión con el inconsciente, aún cuando Freud mismo advierte que la oposición entre inconsciente y conciencia no resulta operativa para pensar la pulsión.

Es precisamente esta vía la que lo conduce a formular el concepto de represión primaria, operación inaugural que delimita un borde y posibilita la constitución del inconsciente. Sin embargo, este desplazamiento suscita —al menos para mí— una pregunta que se impone con fuerza: ¿es posible establecer una consistencia conceptual y clínica entre la identificación primaria y la represión primaria?

jueves, 3 de julio de 2025

El trauma como huella del Otro y el giro en la teoría del Principio de Placer

Las neurosis de guerra pusieron de manifiesto, para Freud, fenómenos clínicos que lo llevaron a reconsiderar algunos de los fundamentos de su teoría, en particular el modo de entender el funcionamiento del proceso primario.

La conceptualización del trauma desde una perspectiva estrictamente económica —clave dentro de la metapsicología freudiana— supuso también una desimaginarización radical del fenómeno traumático. En este marco, el trauma deja de pensarse como un impacto excepcional desde fuera del aparato psíquico, para ser comprendido como una consecuencia estructural de la constitución del sujeto en su relación con el Otro.

El desamparo originario, la absoluta dependencia del cachorro humano, instala desde el inicio una marca traumática. Lo traumático no es aquí un evento, sino el efecto estructural de una falla de mediación entre el deseo enigmático del Otro y el sujeto que intenta ubicarse ante él. Lo que en el Otro aparece como sin respuesta, sin ley que ordene o regule su deseo, deja una huella imborrable en el psiquismo.

Este giro teórico se formaliza en Más allá del principio de placer, texto clave donde Freud introduce la dimensión específicamente analítica del trauma. A partir del análisis del sueño traumático, señala que el más allá del principio de placer implica la existencia de un tiempo lógico anterior a la tendencia onírica del cumplimiento de deseo. Como él mismo escribe:

Si existe un ‘más allá del principio de placer’, por obligada consecuencia habrá que admitir que hubo un tiempo anterior también a la tendencia del sueño al cumplimiento de deseo... No son imposibles, aún fuera del análisis, sueños que, en interés de la ligazón psíquica de impresiones traumáticas, obedecen a la compulsión de repetición.

Este señalamiento introduce una excepción a la lógica del principio de placer, una ruptura en la economía del aparato que apunta a aquello que no se deja ligar, que permanece por fuera de la articulación simbólica. No se trata de una lógica formal, sino del indicio de un borde, de un resto que, al no ser integrable, parece sostener —desde su exclusión— la estructura misma.

miércoles, 25 de junio de 2025

Angustia entre señal y acontecimiento: el borde como diferencia clínica

El cierre del seminario La angustia introduce una diferencia clínica crucial que permite a Lacan tensionar dos dimensiones distintas de la angustia. Por un lado, retoma la concepción freudiana de la angustia como señal frente al peligro; pero, por otro, despliega una dimensión más radical, a la que denomina “el concepto de la angustia”, en la que se aloja algo del orden de lo traumático, aunque articulado a una lógica distinta.

La noción de concepto en este punto abre la pregunta por el borde, entendiendo que un concepto se delimita por lo que logra inscribirse, por lo que puede decirse. Pensar la angustia en este nivel implica entonces despegarla del límite simbólico-imaginario para situarla en un campo más fundamental: el borde que roza lo real, allí donde el sujeto se constituye.

En la última clase del seminario, Lacan contrapone la angustia-señal con la situación traumática. La señal se liga a la noción de peligro, en este caso relacionada con el objeto a en tanto cesible. Pero esto nos lleva a una pregunta esencial: ¿cuál es ese peligro?

Freud plantea un “peligro vital”, una amenaza a la integridad yoica

Lacan, en cambio, asocia el peligro a la constitución del sujeto mismo, ya que el objeto a —como resto de la división subjetiva— entra en juego como lo que debe cederse para que el sujeto advenga. Pero hay una temporalidad lógica en esta operación: el peligro se localiza antes de la cesión, en un tiempo lógico anterior al acto constitutivo.

Desde esta perspectiva, la angustia no es simplemente reacción a una amenaza, sino señal de aquello del deseo del Otro que no puede ser despejado ni representado. Es lo que escapa a la inscripción fálica, al marco significante. Es en ese punto que el sujeto queda sin coordenadas, confrontado a la pregunta sin respuesta: ¿qué soy ahí?

La angustia se vuelve entonces el índice de ese lugar sin medida, donde el deseo pierde su contención simbólica y se revela en su dimensión más voraz, fuera de límite.

jueves, 13 de marzo de 2025

El principio de placer y su revisión freudiana

Desde sus primeros desarrollos teóricos, Freud sostuvo al principio de placer como eje central del proceso primario. En su Proyecto de una psicología para neurólogos (1895), concibió el aparato psíquico desde una perspectiva económica, afirmando que su función primaria es la descarga de excitación mediante facilitaciones.

Aunque en esa etapa Freud no utilizaba el término estructura, la dimensión económica fue cobrando un peso progresivo en su obra, delimitando lo irreductible e incluso lo incurable dentro de lo estrictamente analítico. Durante décadas, hasta Más allá del principio de placer (1920), Freud se aferró a la idea del predominio del principio de placer, aunque ciertas manifestaciones clínicas pusieron en cuestión su absoluto reinado.

Las Neurosis Actuales como Precursoras del Giro Freudiano

Uno de los grandes desafíos teóricos para Freud fue la existencia de las neurosis actuales, cuyos modos de sufrimiento subjetivo no encajaban del todo en la lógica del principio de placer. Estas neurosis pueden considerarse el antecedente conceptual de las neurosis traumáticas, cuya observación clínica llevó a Freud, en 1920, a reformular de manera sustancial sus postulados.

El interrogante que Freud exploró a lo largo de los años fue hasta qué punto era posible sostener el principio de placer como rector absoluto del aparato psíquico. En este punto, cabe destacar su honestidad intelectual, al modificar un principio que había sido el eje de su teoría durante tres décadas.

El Estatuto Económico del Trauma

Ya en el Proyecto de 1895, Freud había postulado el principio de constancia, que implicaba que el aparato psíquico no podía reducir la excitación a cero, sino que requería una cantidad mínima de energía para su funcionamiento.

Sin embargo, lo que con el tiempo se volvió determinante fue el estatuto económico del trauma, es decir, el problema de cómo el aparato psíquico se defiende de cantidades de excitación potencialmente dañinas.

Las neurosis traumáticas fueron el campo clínico que permitió a Freud abordar esta cuestión. Hoy, podríamos preguntarnos: ¿cómo nombramos en la actualidad a estas estructuras clínicas?

lunes, 10 de marzo de 2025

Pulsión, repetición y la desnaturalización del Goce

La juntura entre pulsión y compulsión de repetición no solo expande la repetición más allá del automaton simbólico, sino que también desplaza lo traumático de una mera contingencia vital.

Desde esta perspectiva, la sexualidad humana es estructuralmente traumática, independientemente de las circunstancias individuales. Lo que la vuelve tal no es la historia particular de cada sujeto, sino la participación de la pulsión en ella. Como ya se plantea en la Conferencia XX, “La vida sexual de los seres humanos”, la sexualidad en los hablantes no está orientada a la reproducción, sino al goce.

Esta desnaturalización de la sexualidad es una marca de la represión primaria en el hablante, lo que nos lleva a considerar su relación con la identificación primaria. La pregunta se impone: ¿cuál es el litoral que separa y a la vez conecta ambas dimensiones?

El predominio de la dimensión económica en la teoría del aparato psíquico implica un desplazamiento de las vertientes dinámica y descriptiva del inconsciente. Este es el paso lógico para poder articular el inconsciente con lo pulsional, aun cuando Freud señala explícitamente que la oposición entre inconsciente y conciencia no opera para la pulsión. Es precisamente esta dificultad lo que lo llevó a postular la represión primaria.

Desde los inicios de su obra, Freud otorga al concepto de defensa un rol central. En su articulación económica, la defensa se configura como un mecanismo esencial para la constitución del aparato psíquico. Si la economía psíquica supone una energía libremente móvil, potencialmente disruptiva, el aparato psíquico debe estructurarse con ciertos mecanismos de resguardo frente a esa irrupción.

Si este proceso fallara, la estructura psíquica, entendida como red de representaciones, quedaría en riesgo. La tensión fundamental se establece, entonces, entre lo articulado y aquello que amenaza con romper esa articulación.

sábado, 22 de febrero de 2025

"Moisés y la religión monoteísta": Lo atemporal y la función del padre en Freud y Lacan

"Moisés y la religión monoteísta" es un texto crucial en la obra de Freud, aunque marcado por características inusuales. En su introducción, James Strachey señala "irregularidades" en el texto, como repeticiones y un notable desorden, rasgos poco habituales en los escritos freudianos. Este desorden puede entenderse como efecto del material trabajado por Freud en esta obra.

El texto guarda continuidad con "Tótem y tabú", compartiendo temáticas como el estatuto del Padre, aunque desde enfoques diferentes. Una diferencia central radica en los términos Untergang (hundimiento o desaparición) y Verdrängung (represión), conceptos que Freud ya había explorado en relación con el sepultamiento del complejo de Edipo. Aquí, Freud presenta al Padre como "ido al fundamento" por su asesinato, y al complejo de Edipo como disuelto por su inconsistencia.

Las traducciones de Untergang varían: Strachey habla de "sepultamiento", mientras Ballesteros emplea "disolución". En cualquier caso, no se trata simplemente de represión; la inconsistencia aludida señala algo resistente al entendimiento, algo no fechable, que deja una marca en el hablante sin haberse producido efectivamente.

Lacan retoma esta idea y profundiza en el borramiento “de ninguna huella previa”, enfatizando la dimensión lógica de lo atemporal. En este contexto, la pregunta freudiana clave es: ¿cómo retorna aquello que no ha sido biográficamente vivido, pero que opera como acto fundante?

Freud plantea que el asesinato del Padre no retorna como un hecho histórico, sino como una estructura fundante de la serie simbólica. Lacan, al analizar esta cuestión, introduce la noción de la excepción lógica: el asesinato del Padre funciona como un acto que establece una regla al tiempo que se sitúa fuera de ella.

De este modo, el texto freudiano aborda no solo el problema de la represión, sino el de la transmisión y retorno de aquello que no puede ubicarse en el tiempo ni en el saber, pero que, sin embargo, configura al sujeto y al orden simbólico.

viernes, 21 de febrero de 2025

Lo Traumático y el Inconsciente: La Huella de lo Irrepresentable

En el psicoanálisis, lo traumático se aborda a partir de la incidencia de lo económico en el sujeto hablante. Freud plantea la pregunta fundamental: ¿cómo retorna lo traumático? Hablar de trauma implica ya un intento de tramitación, que Diana Rabinovich vincula, en el contexto del Seminario 10 de Lacan, al significante de la falta en el Otro. Este significante escribe un componente económico despojado de cualidad y representación.

En "El hombre Moisés y la religión monoteísta", Freud afirma: Los traumas son vivencias en el cuerpo propio o bien percepciones sensoriales, las más de las veces de lo visto y oído…. Aquí se destacan dos elementos clave:

  1. El cuerpo como superficie donde irrumpe lo traumático.
  2. La asociación del trauma con restos pulsionales, específicamente vinculados a lo escópico y lo invocante.

Estos desarrollos determinan dos líneas sobre el estatuto del inconsciente:

  • Todo lo reprimido es inconsciente, situando el inconsciente en el plano de la existencia.
  • No todo lo inconsciente es reprimido, abriendo el sesgo hacia la ex-sistencia, donde el inconsciente conecta con lo real.

Freud establece un vínculo entre el inconsciente y el componente económico de lo traumático, mostrando que el inconsciente no se limita a lo representacional. A través del concepto de lo arcaico, Freud introduce un saber originario olvidado por el adulto. Para Lacan, este saber se inscribe como una huella o marca, donde el olvido es el efecto de un retorno al fundamento.

La pregunta de Freud se dirige hacia lo transmisible: ¿cómo se transmite aquello que carece de representación y no entra en el saber? En última instancia, este interrogante subyace al problema central de la formación del analista. Es decir, ¿cómo puede formarse alguien para operar en un campo definido por lo irrepresentable, por el trauma y sus efectos en el sujeto?

miércoles, 19 de febrero de 2025

El peligro, la defensa y la escritura del trauma

Freud comienza su recorrido teórico explorando el funcionamiento del aparato psíquico y sus mecanismos. En un segundo momento, su enfoque se dirige a la pregunta sobre cómo este se constituye. Es en este marco donde el concepto de defensa adquiere relevancia, siempre en relación con la noción de peligro.

El peligro, según Freud, puede analizarse desde distintas perspectivas: ¿es posible intervenir sobre él, resolverlo? Esto permite distinguir entre un peligro "externo", del cual el sujeto puede escapar, y otro tipo de peligro, uno del que no puede sustraerse. En este último caso, emerge la pulsión como el núcleo del problema, mostrando que las coordenadas interno/externo complican la comprensión. Aquí, Freud sitúa la importancia del espacio y del borde, un borde que rompe con la oposición clásica interior/exterior propia de la geometría euclidiana.

El planteo fundamental de Freud reside en que, de manera temprana, logra vaciar al peligro de toda cualidad concreta, asociándolo a la irrupción traumática de un componente económico. El trauma, en este sentido, se entiende como aquello que excede las barreras de protección del aparato psíquico.

Lacan retoma esta concepción freudiana y la amplifica al formalizarla mediante el matema. Para Lacan, lo traumático se inscribe como lo económico que quiebra las defensas frente al peligro. Pero su escritura no opera como representación, sino como una dimensión de la formalización orientada hacia la transmisión. Escribe, entonces, el peligro asociado a la falta de garantías para el sujeto, una situación que lo deja, en cierta medida, desprovisto y solo.

En esta línea, Lacan describe el matema del significante del Otro barrado, que señala aquello que el significante "no cesa de no escribir". Esta falta es a menudo encubierta por las "ficciones de la mundanidad", pero persiste como la piedra de escándalo del psicoanálisis: el significante de una falta en el Otro. Así, el matema se convierte en una herramienta que escribe la estructura del trauma y, al mismo tiempo, la imposibilidad de una representación completa del sujeto.

viernes, 17 de enero de 2025

Pulsión, repetición y trauma: La estructuración del aparato psíquico en Freud y Lacan

Para Freud, la función primaria del aparato psíquico es la de ligar, un proceso necesario para tramitar lo económico y prevenir el impacto del trauma. La hipótesis del valor traumático de las irrupciones energéticas plantea, sin embargo, el problema fundamental de la diferencia entre exterior e interior, una cuestión que Lacan aborda extensamente en su enseñanza.

En el marco epistémico de Freud, esta distinción se revela como un impasse en su razonamiento. Freud avanzó parcialmente en su resolución al identificar la huida como un mecanismo eficaz frente a estímulos externos. Sin embargo, el problema surge cuando la huida resulta ineficaz, lo que llevó a Freud a plantear una pregunta clave: “¿De qué modo se entrama lo pulsional con la compulsión de repetición?”.

Esta conexión entre pulsión y compulsión de repetición no solo desplaza la repetición más allá del automaton simbólico, sino que también aleja lo traumático de la mera contingencia vital. El enfoque de la IPA, al tratar el "desarreglo" como algo contingente, llevó a situar la praxis psicoanalítica en lo imaginario, descuidando así su fundamento estructural.

La sexualidad humana, en este marco, se configura como traumática por definición. Más allá de las particularidades históricas de cada sujeto, lo traumático reside en la participación de la pulsión en la sexualidad, estructurando una experiencia que desborda lo contingente y se enraíza en la dimensión estructural del aparato psíquico.

jueves, 16 de enero de 2025

Del abandono de la hipnosis a la praxis analítica: La construcción del inconsciente en Freud

Freud inicia su abordaje del psiquismo mediante la hipnosis, pero pronto encuentra un límite que lo obliga a dejarla de lado. Este abandono no fue un simple problema de profundidad, sino que respondió al descubrimiento de algo que la hipnosis no podía abordar.

Primero, Freud adopta el método catártico, hasta que finalmente establece la regla de la asociación libre, fundando así los principios que especifican el campo de la praxis analítica. La hipnosis, aunque insuficiente, le permitió explorar el sistema inconsciente en sus dimensiones descriptiva y dinámica, revelando que una idea puede ser eficaz incluso sin estar disponible para el pensamiento consciente.

El paso decisivo fue conceptualizar el inconsciente como un sistema con una organización tópica. Freud caracterizó progresivamente las reglas que gobiernan esta "otra escena", ordenada por el proceso primario que sobredetermina el discurso del analizante. Este proceso, a su vez, planteó un obstáculo que justificó, en retrospectiva, el abandono de la hipnosis.

En la praxis analítica, Freud descubrió dimensiones clínicas resistentes al lenguaje, un terreno donde lo económico cobra protagonismo. Este ámbito especifica lo traumático desde un sentido estructural, desvinculado de lo meramente vivencial. Lo traumático, según Lacan, se entrelaza con la sexualidad, en tanto la pulsión participa en su dinámica.

Así, el abandono de la hipnosis se puede interpretar como parte de una orientación de Freud hacia una perspectiva sincrónica. Esto situó la clínica no sólo en relación con el recuerdo, sino también, y fundamentalmente, frente a lo imposible de recordar.

sábado, 21 de diciembre de 2024

Los traumas reales en la infancia y las intervenciones del analista

En el ámbito clínico, es cada vez más habitual que los profesionales que trabajan con niños y niñas se enfrenten, ya sea de manera explícita o disfrazada, a manifestaciones perturbadoras derivadas de Traumas Reales vividos durante la infancia. Estas experiencias impactan con tal intensidad en el psiquismo infantil que superan su capacidad para procesarlas y elaborarlas.

Los traumas en edades tempranas suelen originarse en situaciones de negligencia, maltrato psicológico y/o físico, abuso sexual y otras experiencias dañinas que afectan las relaciones familiares o el entorno vincular.

La Realidad Actual: Datos Alarmantes

En la actualidad, se observa que:

  • El 54,4% de los niños y niñas son víctimas de castigo físico.
  • El 62,5% sufre agresión verbal.
  • El 62,9% padece otras formas de violencia.

Indicadores Clínicos de un Trauma Temprano

Los signos más frecuentes en los niños y niñas afectados por traumas incluyen:

  • Actitud de cautela y miedo en el contacto con adultos.
  • Conductas regresivas, como enuresis o encopresis.
  • Cambios drásticos en el comportamiento, como aislamiento o retraimiento.
  • Episodios de depresión.
  • Conductas autodestructivas.
  • Problemas escolares, ya sea a nivel cognitivo o en la relación con pares.

Elaborar lo Traumático: Un Derecho Fundamental

Todo niño o niña que ha vivido un trauma tiene el derecho inalienable a procesarlo y comprenderlo. Cuando estas experiencias no se elaboran adecuadamente:

  • Se convierten en cicatrices emocionales que afectan la constitución psíquica y emocional.
  • En la adolescencia y adultez, pueden dar lugar a manifestaciones clínicas como acting out, pasajes al acto, enfermedades psicosomáticas, depresiones y melancolía.

Intervenciones Clínicas

El trabajo clínico con niños y niñas requiere acciones específicas:

  1. Involucrar a los adultos responsables en el proceso terapéutico. En muchos casos, es esencial trabajar de manera interdisciplinaria.
  2. Reactivar el juego detenido, que funciona como una herramienta terapéutica para transformar la pasividad en actividad. A través del juego, emergen miedos, agresividad, ambivalencias y aspectos de la sexualidad que el analista debe interpretar.
  3. Garantizar el derecho a la palabra, permitiendo que el niño o niña exprese su experiencia.
  4. Acompañar el proceso de elaboración del trauma, proporcionando un entorno seguro y constante.

La Importancia de la Ternura

Durante el tratamiento, es esencial que el analista reintroduzca la ternura que fue negada al niño o niña. La falta de ternura en la experiencia traumática refleja un fracaso fundamental en el entorno cuidador.

Como dice Fernando Ulloa:
"La ternura crea el alma como patria primera del sujeto."