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martes, 5 de mayo de 2026

La lectura analítica como vía de retorno del sujeto

En la clase 17 del Seminario 11, Lacan introduce una afirmación especialmente sugerente: toda lectura implica un encuentro. Se trata de una definición potente de la escucha analítica, en tanto no se reduce a descifrar sentidos, sino que opera como un recorte que habilita al sujeto a confrontarse con aquello que permanece velado, tanto por las formaciones especulares como por el propio efecto de sentido.

Esta formulación se inscribe en un contexto preciso: la interrogación acerca del valor de la separación, tanto en la constitución del sujeto como en los efectos del análisis. En otras palabras, está en juego la cuestión de la eficacia clínica del psicoanálisis.

Si el sujeto se inscribe en el Otro al precio de una cierta petrificación, Lacan se pregunta entonces por las condiciones de su retorno. Se trata de una pregunta deliberadamente equívoca. No será abordada aquí desde la repetición, sino desde la indagación por las vías posibles de ese retorno: ¿cómo puede el sujeto sustraerse al efecto afanísico implicado en su institución en el Otro, mediada por la fijación a un significante?

Pensar este retorno implica distinguirlo del extravío: no se trata simplemente de no perderse, sino de encontrar un camino. Ya en “Subversión del sujeto…”, Lacan anticipa esta problemática al interrogar el margen y las condiciones bajo las cuales el niño puede conmover su posición de objeto para el deseo materno.

La noción de separación aparece entonces como un recurso clave para abordar este punto, en la medida en que introduce lo que Lacan denomina un “punto débil”. Este punto puede pensarse como una carencia —no equivalente a la falta—, vinculada a un vacío en el deseo, solidario del intervalo significante, que abre un lugar para el advenimiento del sujeto.

La falta en el Otro viene a superponerse con la falta inaugural —la falta de sujeto—, y es en esa superposición, de carácter topológico, donde se produce una apertura. Allí se configura un margen que resuena con una dimensión de libertad, aunque siempre bajo la condición de una pérdida que estructura la causación del sujeto.

miércoles, 21 de enero de 2026

El inconsciente como efecto de lectura y problema ético

El inconsciente, en tanto concepto, es el resultado de una operación de lectura. En este sentido, el intérprete forma parte del texto, lo cual permite sostener la afirmación de Lacan según la cual el psicoanalista forma parte del concepto de inconsciente. No se trata de su persona, sino de su función como lector e intérprete, en la medida en que es a él a quien el inconsciente se dirige.

Este dirigirse comporta una insistencia del lado del inconsciente, una insistencia que convoca a una lectura allí donde, en un primer momento, la palabra parecía llamar simplemente a una respuesta. Se trata, en rigor, de una interpelación al Otro.

En la medida en que el estatuto del inconsciente es ético, éste no implica únicamente el deseo cifrado en el texto inconsciente, sino también el deseo inaugural de Freud, que Lacan caracteriza como la decisión de un “ir a ver”. El inconsciente se constituye así en la lectura a partir de un querer saber, precisamente allí donde lo que está en juego es aquello que causa horror, es decir, el horror al saber.

Este horror se produce como efecto concomitante de la confrontación del sujeto con el agujero estructural que lo condiciona, confrontación que pone en juego tanto la inconsistencia como la incompletud del Otro. Cabe subrayar que tanto esta confrontación como la decisión de llegar hasta ese punto conllevan paradojas insoslayables.

Es a partir de esta decisión fundante de Freud —a la que Lacan, en el Seminario 2, refiere como su coraje al comentar el sueño de la inyección de Irma— que se torna posible leer dos momentos en la historia del psicoanálisis.

Un primer momento, comandado por el deseo de la histérica, deseo que Lacan califica de industrioso, y que, a través de la palabra, pone en acto su sujeción al deseo del Padre. Y un segundo momento, en el cual a ese fluir de la palabra se le opone un obstáculo, un punto de detención que actualiza, en la transferencia —puesto que no hay inconsciente por fuera de ella—, aquello que resulta esquivo al saber.

Frente a este punto, el inconsciente adquiere un estatuto ético: su insistencia pone en acto una sed de verdad que marca el límite de lo que el significante es capaz de escribir. En este límite se actualiza una dimensión del Padre que ya no es la que sostiene el discurso de la histérica, sino otra, correlativa del encuentro con lo imposible de saber.

viernes, 7 de marzo de 2025

Lectura e inconsciente: ¿descubrimiento o creación?

¿Una lectura solo revela lo que ya estaba presente o puede, en cambio, dar lugar a algo que no tenía existencia previa? Este interrogante trasciende ampliamente cualquier dimensión meramente gnoseológica. Si la interpretación es una operación de lectura, entonces esta cuestión plantea el problema de la posibilidad de lo nuevo.

En Posición del inconsciente, Lacan aborda esta problemática a través de una serie de afirmaciones sobre el inconsciente. Una de ellas sostiene que el inconsciente es un concepto que se "forja" sobre un "rastro", en donde rastro y lenguaje quedan anudados en su dimensión topológica y escritural.

El lenguaje deja un rastro, una marca en el cachorro humano que, a partir de la latencia que determina, implica una pérdida fundante y un vaciamiento. Esta marca inicial, que aún no es un rasgo unario, constituye la impronta de la pérdida, estableciendo así al inconsciente como un efecto del lenguaje.

Esta afirmación podría parecer evidente, pero su verdadero alcance se revela con la siguiente tesis: “El inconsciente de antes de Freud no es pura y simplemente”. Es decir, la lectura freudiana no fue simplemente una interpretación más precisa de algo ya existente pero oculto, sino que fundó algo nuevo, alterando el régimen de causalidad. En este punto, la noción de "forjar" resulta clave: el rastro emerge del lenguaje, pero es a través del Otro que el inconsciente se constituye.

Por lo tanto, el inconsciente freudiano no es un descubrimiento de algo preexistente, sino el resultado de una lectura que no solo lo delimita, sino que también lo establece. No se trata de una mera descripción de lo ya dado, sino de una operación que modela y fragua.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Pauta de observación del nivel de apresamiento para la lectura

  (En “La lectura: teoría, evaluación y desarrollo”, Alliende, Condemarín, Edit. A. Bello, 1982).


CONDUCTAS                     APRECIACIÓN.



Nunca

A veces

A menudo

Solicita que le lean cuentos.




Mira detenidamente libros y revistas.




Reconoce palabras en envases, letreros, bebidas, helados, signos del tránsito.




Pregunta “¿Qué dice ahí?”, mostrando las palabras  o los títulos.




Pregunta cuando escucha una lectura: “¿En qué parte dice eso?”.




Solicita que le regalen libros o revistas.




Conoce el nombre de letras e intenta escribirlas.




Solicita que se le enseñe a escribir su nombre.




Les dicta espontáneamente a los adultos temas como recados, cartas o tarjetas.




Reconoce partes de palabras.




Nota similaridades entre una palabra y otra.




Se aprende de memoria un cuento leído por un adulto e imita la acción de leerlo.




Muestra interés en signos  y símbolos.




Cuenta cuentos, narra lo que le sucede.




Recita poemas y canta la letra de las canciones.




Puede seguir la secuencia de un libro en que se narra una historia mediante ilustraciones.




Inventa un argumento a partir de una lámina.




Disfruta recorriendo librerías junto a un adulto.




Responde a las preguntas que se le formulan.




Detecta similaridades entre los sonidos de las palabras.




Discrimina entre sonidos de diferente timbre y altura.




Puede denominar con rapidez y precisión una serie de objetos.




Maneja un vocabulario variado y preciso en relación a los objetos y sucesos comunes.




Emplea estructuras gramaticales variadas para expresarse con fluidez razonable.




Trabaja en forma independiente.




Comparte una actividad de trabajo en grupo.




Comparte sus materiales.




Puede esperar su turno.




Puede mandar y obedecer en un grupo.




Se concentra en la actividad en un lapso razonable.