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lunes, 9 de marzo de 2026

¿Por qué Lacan distinguió inconsciente real de inconsciente intérprete? Relación con el ello freudiano

 La distinción entre inconsciente intérprete e inconsciente real corresponde al último período de la enseñanza de Jacques Lacan. No es una oposición formal establecida como dos conceptos cerrados en un mismo momento, sino una diferenciación progresiva que aparece cuando Lacan empieza a cuestionar los límites del inconsciente pensado únicamente como estructura de lenguaje.

En los años 50 y comienzos de los 60, en su primera enseñanza, Lacan define el inconsciente con su famosa fórmula:

El inconsciente está estructurado como un lenguaje.

Aquí el inconsciente funciona como un sistema de significantes que produce sentido y que puede ser interpretado. En este punto, el inconsciente está organizado como cadena significante y se manifiesta en formaciones del inconsciente: lapsus, sueños, chistes, síntomas. Se trata del inconsciente que responde a la interpretación del analista: la interpretación permite desplazar o producir nuevos sentidos.

En este modelo, el inconsciente habla, quiere decir algo y se descifra.

Por eso muchos autores lo llaman “inconsciente intérprete” o “inconsciente transferencial”: es el inconsciente que produce significaciones en transferencia. Este es el inconsciente del Seminario 11 (1964): El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis

A partir de los años 70, Lacan encuentra un límite clínico importante: aparece el problema de los fenómenos que no se dejan interpretar. Por ejemplo, ciertas repeticiones de goce, síntomas que no cambian aunque se interpreten, fijaciones del cuerpo y fenómenos de goce opaco.

Entonces Lacan empieza a decir que no todo en el inconsciente produce sentido. De esta manera, aparece la idea de inconsciente real.

Este inconsciente no está hecho para ser interpretado, ni produce sentido. Es un resto de goce y aparece como repetición automática. En lugar de significantes que quieren decir algo, encontramos S1 aislados, letras, marcas de goce en el cuerpo. Este inconsciente se vincula con conceptos como el sinthome, la letra, el goce opaco. También tiene que ver con la famosa frase "el inconsciente es lo que no deja de no escribirse"

Todo esto puede consultarse especialmente en:

  • El Seminario, Libro 20: Aún (1972–73)

  • El Seminario, Libro 23: El sinthome (1975–76)

Obviamente, Lacan no abandona el primer inconsciente (intérprete). El análisis sigue pasando por la interpretación, pero aparece la idea de que el final de análisis toca un punto donde la interpretación ya no opera, porque lo que queda es real de goce.

¿Y en qué se diferencia esto del ello freudiano?

Muchos autores lacanianos señalan ese parentesco entre inconsciente real y el ello freudiano. En realidad la relación entre inconsciente real y ello es compleja: hay continuidad, aunque también una reformulación fuerte.

Primero recordemos qué es el ello en Sigmund Freud, que aparece formalmente en El yo y el ello (1923). El ello es impersonal (no hay sujeto), es pulsional, funciona por proceso primario: no tiene lógica ni temporalidad e insiste como empuje de satisfacción.

Freud lo formula con esa famosa frase: El yo no es amo en su propia casa.

El ello es básicamente la fuente de las pulsiones. Es cierto que el inconsciente real se parece al ello en varios puntos:

Ello (Freud)Inconsciente real (Lacan)
empuje pulsionalempuje de goce
no produce sentidono produce sentido
impersonalimpersonal
repeticiónrepetición
no interpretablepoco interpretable

Por eso muchos dicen que el inconsciente real es una especie de reencuentro con el ello, pero reformulado.

Aun así, Lacan no vuelve simplemente a Freud. El ello freudiano es una instancia tópica, mientras que el inconsciente real lacaniano es más bien una marca de goce, una una escritura algo del orden de la letra

Lacan incluso retoma el ello freudiano diciendo: “Wo Es war, soll Ich werden” pero lo interpreta de otra manera: no como dominación del yo, sino como hacer algo con ese real de goce. El análisis ya no apunta solo a interpretar el inconsciente, sino a arreglárselas con ese núcleo de goce.

sábado, 29 de noviembre de 2025

Las impulsiones del ello: ¿Cómo opera el analista para introducir un límite? Teoría y práctica.

En psicoanálisis tenemos bastante información sólida dentro de Freud y de Lacan sobre la relación entre el ello (Es) y el inconsciente (Unbewusst), especialmente respecto de qué función tiene el inconsciente en limitar, transformar o “cifrar” los impulsos del ello.

Veamos una elaboración conceptual útil para nuestro trabajo, y luego una articulación con la pregunta específica: cómo el cifrado inconsciente limita al ello.

Tras la segunda tópica, Freud diferencia claramente el ello como lo más ajeno al yo. El ello es totalmente pulsional, pasional, caótico, regido por el proceso primario. No conoce contradicción, tiempo, negación ni realidad. Su objetivo, bajo el principio de placer, es descarga inmediata.

En Inconsciente, en cambio, no es una región pulsional, sino un sistema regido por leyes de representación. Se forma por representaciones reprimidas y no es simplemente “lo pulsional”: es lo pulsional ya tomado por la inscripción significante. Aquí encontramos las leyes que lo regulan: desplazamiento, condensación, figurabilidad…

¿Cuál es la Relación entre ambos?

  • El ello es fuente de las exigencias pulsionales.

  • El inconsciente, en cambio, es una estructura de lenguaje que liga, transforma, desplaza, simboliza, y por eso mismo opera límites sobre el empuje del ello.

Freud lo dice en El Yo y el ElloUna gran parte del ello es inconsciente, pero no todo lo inconsciente es ello.. De manera que podemos pensar, desde el primer eaquema del peine, que en el aparato psíquico hay zonas que no tienen marca. 

Con los pacientes cuya presentación son las impulsiones, estamos frente a un problema fino: ¿cómo el inconsciente “cifra” y, por lo tanto, limita los impulsos del ello?

En Freud esto aparece disperso, pero hay dos textos clave:

Uno es “La represión” (1915), donde dice que la represión no elimina el impulso, sino que lo obliga a transformarse en formaciones sustitutivas, lo obliga a buscar rodeos, y lo sujeta a la figuración según reglas de la representación inconsciente. Es decir: la estructuración significante es ya un límite a la pulsión bruta.

El otro texto, del mismo año, es “Lo inconsciente”. Allí Freud dice que el inconsciente funciona como una “censura estructural” que admite ciertas transformaciones, prohíbe accesos directos e impone a la pulsión un modo de existir (fantasmático).

De todo esto se desprende que los afectos pueden ser refrenados por el pensamiento,es decir, por la elaboración representacional inconsciente. Para la técnica, nos interesa esta distinción más útil clínicamente:

El ello empuja → el inconsciente liga.

Lo que viene del ello son pulsiones parciales, cantidad libidinal, empuje (drang) sin forma.

Lo que hace el inconsciente es construir representaciones donde alojar el empuje, litoraliza (inscribe bordes), cifra (transforma la cantidad en calidad representacional), crea destinos (síntoma, sueño, acto fallido, fantasma), e introduce diferimiento, rodeos, cortes.

Por eso Freud afirmará que el inconsciente no es el caos pulsional sino su modo de inscripción. Y más aún, la represión origina el inconsciente: sin represión, solo habría ello.

Lacan: el inconsciente como discurso del Otro limita al ello

Con los aportes de Lacan, la diferencia se vuelve más nítida: El ello es el lugar del empuje pulsional, “eso que habla en el cuerpo”. El inconsciente, en cambio, es una estructura significante que no coincide con lo pulsional.

El inconsciente no expresa a la pulsión, sino que la deforma, la fragmenta, la cifra. Por eso Lacan puede decir que la pulsión: “gira alrededor del objeto”, no lo alcanza nunca: ese rodeo es el efecto del cifrado del inconsciente.

O sea, el inconsciente inventa trayectorias que impiden la descarga directa del ello. Sin inconsciente, habría automatismo pulsional, acting inmediato, sin mediación del fantasma. El inconsciente inconsciente introduce una escena, un rodeo, un montaje y un intervalo. Esto ya es un límite.

Volvamos a la pregunta: ¿cómo el cifrado inconsciente le pone un límite a los impulsos del ello? de distintas maneras:

  1. Transforma la energía en representación, en el sentido que lo que era pura cantidad adquiere forma y destino.

  2. Introducción del intervalo, de manera que entre impulso y acción aparece una trama significante que demora, desvía, confunde.

  3. Sustitución, porque donde el ello quiere “esto”, el inconsciente produce un “aquello”.

  4. Montaje fantasmático, que hace que la pulsión queda siempre subordinada a una escena.

  5. Censura estructural, porque si ciertas vías quedan prohibidas, la pulsión debe buscar desvíos.

  6. Alienación en el significante, donde el impulso se “desvanece” en el significante, pierde fuerza directa.

  7. Representación de la meta, que implica que la pulsión solo pueda moverse dentro de las posibilidades que el inconsciente le provee.

En suma, el inconsciente no reprime al ello desde afuera, sino que lo “reconfigura” al inscribirlo en una red significante que lo recorta y lo obliga a funcionar bajo otra lógica. Es la traducción, el cifrado y el montaje lo que limita.

De esta manera, resumimos que:

El ello empuja, el inconsciente estructura.
El ello exige, el inconsciente cifra.
El ello desborda, el inconsciente bordea.

Caso clínico

Varón joven. Conductas impulsivas y robos menores sin utilidad ni necesidad material; hostilidad frente a figuras de autoridad; dificultad para sostener normas. En el discurso encontramos pobreza de historización, escenas fragmentadas, vivencias sin contexto, tendencia al acto como modo privilegiado de resolución.

Desde la segunda tópica freudiana esto se lee como predominio del ello en su modalidad más directa y un escaso triunfo del inconsciente como red de representaciones que pudiera alojar o desviar el empuje pulsional.

La clínica muestra que cuando falta historización, la pulsión va al acto

Al finalizar una sesión, el analista advierte la ausencia de la historia clínica. Dadas las características del paciente, sospecha un robo

Pensemos en estas coordenadas: si el analista lo hubiera increpado desde lo imaginario (“¿Vos te llevaste la historia clínica?”), la respuesta del paciente habría sido otro acting, la desmentida, incluso una ruptura del tratamiento. Lo mismo si el analista hacía que "no pasó nada". ¿Qué opción queda allí?

En el contexto de un análisis, esto es un acting-out. Este punto es punto crucial: el analista no lo acusa, no interpela, ni moraliza. En la sesión siguiente dice simplemente: “Falta su historia.” Es una frase mínima, quirúrgica y abierta.

La frase, deliberadamente ambigua, no apuntaba al objeto robado, sino a un punto ciego del propio paciente. No se trataba de nombrar el acto sino de abrir un espacio para que algo del orden del relato pudiera advenir. El acto (robo) es un modo de manejo directo de la pulsión. La palabra “Falta su historia” introduce un intervalo, un vacío simbólico donde el impulso pierde su inercia inmediata.

El efecto fue inmediato. El paciente, sorprendido por la intervención, comenzó a hablar de un modo hasta entonces inédito. A partir de esa frase —“su historia”— emergieron fragmentos de escenas familiares guardadas en silencio: dudas sobre su filiación, secretos transmitidos a medias, versiones contradictorias sobre su origen y sobre el lugar que ocupaba en la constelación familiar. Aparecieron también relatos de infancias dispersas, mudanzas abruptas y vínculos inestables que nunca habían sido tematizados.

Podría decirse que la intervención operó como un freno significante que interrumpió la deriva hacia el acto. Allí donde antes sólo irrumpía la impulsividad sin mediación, comenzó a abrirse un espacio de traducción, de cifrado, de inscripción. El robo, que en apariencia remitía únicamente a una conducta antisocial, empezó a leerse como una forma de apropiarse de algo propio pero desconocido: una “historia” que él no tenía, que se la habían robado a él o que él no sabía que tenía.

En las semanas siguientes, este desplazamiento produjo un cambio clínico decisivo. El paciente comenzó a traer sueños, recuerdos sueltos, y a situar escenas del pasado de un modo más articulado. El impulso a robar —que solía presentarse como un empuje repentino— empezó a disminuir en frecuencia y en intensidad. No porque el analista lo hubiera moralizado, sino porque algo del orden del inconsciente había comenzado a inscribir lo que hasta entonces se presentaba como puro ello: una cantidad sin representación.

La intervención “Falta su historia” funcionó como un operador de cifrado: colocó un límite interno a los actos impulsivos al convocar al sujeto a producir una trama allí donde sólo había empuje. El paciente pudo, así, pasar de la descarga al relato, del acto al síntoma, del robo al descubrimiento de lo robado en su propia historia.

viernes, 21 de noviembre de 2025

¿Qué intervenciones son posibles en la depresión?

La depresión en Freud es descriptiva. Lo más parecido al término que hay en psicoanálisis es la melancolía, que es distinta al duelo, como vemos en Duelo y melancolía (1915).

En un duelo, producto de un objeto amado, encontramos una detención de la cadena significante, de las asociaciones. 

Aunque Freud pone de relieve la sugestión del yo a su determinación inconsciente, no todo en el aparato psíquico es inconsciente. En 1923, con "El yo y el ello", aparece toda la reformulación del aparato psíquico, donde yo y ello están, de alguna forma, equiparados.

El aparato psíquico, en la primera tópica del esquema del peine, tiene un polo perceptivo y un poco motor. La energía circula desde el primero al segundo. Ahora, del lado del polo perceptivo hay toda una zona donde no hay marcas, ni significantes, ni representaciones. Se trata del ello. El inconsciente, en cambio, tiene sus huellas mnémicas y allí se inscriben las escenas, las palabras, etc. Podemos agregar el preconsciente y consciente:


El yo tiene partes inconscientes. Si vemos cómo quedó el gráfico, entendemos porqué es "El yo y el ello".

Volviendo al duelo, son momentos donde la energía del aparato psíquico está baja y Freud dice que no se le puede pedir asociaciones ni trabajo psíquico, pues el paciente está en trabajo de duelo. Al analista le queda acompañar y hacer intervenciones a nivel del yo, como cuando hablábamos del trabajo con las fotografías.

En la melancolía, la particularidad es que tiene a nivel de la transferencia es un paciente que rechaza las intervenciones "No, no es así...", ya sean preguntas, sugerencias.  Esto es porque en la melancolía está implicado un objeto que no solamente fue amado, sino al cual cargaba con un intenso enojo. Dice Freud:

Las ocasiones de la melancolía rebasan las más de las veces el claro acontecimiento de la pérdida por causa de muerte y abarcan todas las situaciones de afrenta, de menosprecio y de desengaño en virtud de las cuales puede instalarse en el vínculo una oposición entre amor y odio o reforzarse una ambivalencia preexistente. Este conflicto de ambivalencia, de origen más bien externo unas veces, más bien constitucional otras, no ha de pasarse por alto entre las premisas de la melancolía. Si el amor por el objeto - ese amor que no puede resignarse al par que el objeto mismo es resignado- se refugia en la identificación narcisista, el odio se ensaña con ese objeto sustitutivo insultándolo, denigrándolo, haciéndolo sufrir y ganando en este sufrimiento una satisfacción sádica.

(...)

Sólo este sadismo nos revela el enigma de la inclinación al suicidio por la cual la melancolía se vuelve tan interesante y... peligrosa

(...)

Ahora el análisis de la melancolía nos enseña que el yo sólo puede darse muerte si en virtud del retroceso de la investidura de objeto puede tratarse a sí mismo como un objeto, si le es permitido dirigir contra sí mismo esa hostilidad que recae sobre un objeto y subroga la reacción originaria del yo hacia objetos del mundo exterior.

Entonces, en estas depresiones mayores, como se las conoce en psiquiatría, aparece este rechazo. ¿Pero qué es lo que está ahí? En el duelo, la libido se desprende del objeto amado y perdido gracias al principio de realidad, volviendo al yo. El paciente en este estado sufre, pero no aparecen autorreproches de importancia.

En la melancolía, el yo se identifica al objeto amado y odiado a la vez. ¿Y dónde queda el sujeto del objeto amado? En su superyó. Esos autorreproches que vemos en la clínica tienen que ver con una identificación del paciente a ese objeto de amor perdido y odiado.

Nosotros tenemos que hacer un rastreo de esos autorreproches, del contenido de ese superyó que se dirige sádicamente al yo del paciente. ¿A quién estaban dirigidos y qué cosa se le reclamaba originalmente? De esta manera, en el momento oportuno, cuando el paciente comienza con el autorreproche se puede intervenir "Este del que usted habla no es usted", apuntando a la separación entre el objeto puesto en el yo y ese objeto.

En la melancolía, el sujeto está identificado al objeto a resto, basura... En la línea de la libido anal, que corresponden la destrucción, el odio... Mientras que en lo oral vemos la incorporación de ese objeto. El retorno de la libido produce una regresión a lo anal y lo oral. El tema es que antes de esa fijación oral no hay nada, por eso el melancólico siente que se muere. Es un sujeto al límite.


jueves, 22 de septiembre de 2022

Las intervenciones del analista ante los desbordes pulsionales en la clínica

Freud descubrió que el ser humano no sólo está hecho de palabras, sino también de pulsiones: fuerzas que pulsan en el psiquismo y que siempre buscan la satisfacción.
Existen pulsiones que quedan en el Ello en su estado puro, sin conexión con el inconsciente y que buscan la satisfacción sin límite. Atacan en forma directa al Yo y se transforman en pura acción desintegradora.

¿Cuáles son las presentaciones clínicas que muestran desbordes pulsionales?

. El acting out
. El ataque de pánico
. Los pasajes al acto
. Las adicciones
. Las autolesiones
. Las compulsiones
. La anorexia mental

¡Importante!

¿Cuál es el estado emocional que atraviesa a estas presentaciones clínicas?

La angustia masiva, que barre las funciones de defensa del Yo y provoca una intensa desorientación y una imposibilidad de pensar aquello que se está vivenciando.

¿Qué intervenciones clínicas son apropiadas?

Aquellas que intentan operar como barrera de protección frente al Yo, en tanto fue dañado por el empuje sin freno de la pulsión.

Fernando Ulloa nos aconseja construir una “estructura de demora”, es decir, trazar coordenadas simbólicas de:

- Tiempo: esto quiere decir, tratar de lograr una mínima historización de lo que allí ocurre

- Espacio: esto alude a intentar ubicar en el sujeto una pequeña manifestación de su deseo

- Situación: refiere a construir una visión general del entorno, de seres queridos y recursos a los que puede recurrir

Otras intervenciones apropiadas a estas problemáticas son:

- Otorgar paciencia y cuidado, estos son hechos que demostrarán que son posibles la espera y la pausa

- Brindarle, como analista, palabras para ayudar al paciente a describir lo que le pasa

- Hacerle notar al paciente que estamos para acompañarlo, más allá de las sesiones

- Involucrarnos activamente, por ej. mediante un consejo y/o indicación.

miércoles, 13 de abril de 2022

La orientación de la estructura y las operaciones del analista

El objeto del psicoanálisis no es la imagen ni el organismo, ni los efectos del lenguajes que Freud llamó inconsciente... Sino todo eso articulado en la buena orientación.

Lacan dijo, en la conferencia de Caracas "Mis tres no son sus tres", refieriéndose a los tres de Freud y de él. El tema es que los tres de Freud son seis: consciente, preconsciente y inconsciente de la primera tópica; la segunda: ello, yo, superyó. 

La dimensión del yo en Freud se encuentra en el texto "Introducción al narcisismo" (1915), definiendo al narcisismo como algo que implica tener como objeto de amor al propio yo.

Respecto del cuerpo, Freud tenía dos palabras: insktint y trieb, siendo esta última la elegida para nombrar a lo que nosotros llamamos pulsiones. Hablar de pulsión es hablar de un cuerpo que no es reductible al organismo. Para Lacan, lo que produce a la pulsión no es sino una resonancia del inconsciente. Hablar de pulsión concierne al cuerpo, a las zopas erógenas, a una energía (según Freud) ó a lo real (según Lacan). Para Freud, las pulsiones son fuerzas ligadas al representante pulsional, que son las palabras que llegan del Otro. Ya no se trata de un puro instinto gestado en el movimiento de un organismo. 

Freud habló de las incidencias del lenguaje: planteó al inconsciente y sus formaciones: sueños, chistes, lapsus. También cuando habló del superyó y el ideal del yo. 

Con Lacan, cuando dice que sus tres no son los tres de Freud, se refiere a lo que es el algoritmo que regula su enseñanza a lo largo de toda su obra. Desde el inicio hasta el final, el paradigma lacaniano es el R-S-I: real, simbólico e imaginario. Tempranamente, Lacan señaló que la función del yo es una función de desconocimiento, lo que le valió su expulsión de la Internacional psicoanalítica.

En respuesta al desvío hacia registro imaginario de los analistas de su época, Lacan postuló que el inconsciente estaba estructurado como un lenguaje, refiriéndose a la lengua que hablamos. Allí introdujo conceptos de la lingüística estructural, especialmente de Saussure, como la distinción entre significante y significado. Trabajó durante muchos años la lógica que constituye el saber inconsciente. 

Lacan introdujo el concepto de sujeto, que en Freud no está. Un sujeto dividido entre consciente e inconsciente, entre significante y objeto a, un sujeto dividido entre lo que dice y lo que sabe. Habla también de un sujeto de la pulsión, un sujeto acéfalo que no gobierna a la pulsión mediante su consciencia. En tanto es pulsión y no instinto, está determinado también por la palabra del Otro, que está en los inicios del sujeto. Habla también del sujeto del fantasma, cuando articula la lógica del inconsciente, con los goces que ese inconsciente distribuye. Por último, cuando habla de la estructura, dirá que la estructura es el Nudo Borromeo, una escritura donde Lacan por primera vez utiliza la teoría de los nudos:
El nudo borromeo consta de tres anillos que representan lo real, lo simbólico y lo imaginario. Están anudados con la fórmula "por arriba del de arriba, por debajo del de abajo". Esto cumple con dos cláusulas:
1- Una restrictiva: ningún anillo interpenetra al otro.
2- Una prescriptiva: Si se corta un anillo y se separa, los otros también se separan.

Para Lacan, esta es la estructura real que nos habita. Un real compuesto por tres dimensiones, efecto de ser habitados por el lenguaje y que anudados determinan efectos. El primero de ellos es ser parletres, es decir, sujetos del inconsciente. El inconsciente, determinado por lo simbólico, se anuda a lo real y a lo imaginario. 

Muchos analistas plantearon una ruptura cuando lacan dijo "Mis tres no son sus tres", pero Lacan siempre se consideró freudiano. Según una escritura de Lacan, en el nudo podemos ubicar a la inhibición, el síntoma y la angustia dependiendo qué registro inmiccione sobre el otro:


Inhibición, síntoma y angustia
es uno de los textos clásicos de Freud. Lacan no produjo una ruptura con Freud, sino una extensión de la teoría psicoanalítica freudiana. También produjo desarrollos que cuestionaron a Freud, como el concepto de castración. Para Lacan, la castración no es reductible a la pérdida imaginaria del órgano. Para lacan, el falo no es un órgano, sino un significante. Desde la perspectiva de lacan, la castración no es una amenaza, sino una oportunidad. No se trata de la castración del órgano, sino de la castración del Otro que está en los orígenes del sujeto. De esta manera, la castración es tanto la prohibición del hijo de acostarse con la madre, así como también para la madre la prohibición de reincorporar su producto. Esta castración simbólica es liberadora del sujeto. 

Lacan utilizó los grafos en Las formaciones del inconsciente y en El deseo y su interpretación. Propongo un pliegue de ese grafo con el nudo borromeo de final de su enseñanza. El nudo tiene grandes beneficios, como mostrar que una vez constituida la estructura, los tres registros son imprescindibles y necesarios. Cuando Lacan abordó a las psicosis, siempre hizo el diagnóstico en base a la pérdida del registro imaginario. Para Lacan, los tres registros son los nombres del padre (en R-S-I).

Veamos el diagrama de flujo, un algoritmo que permite un recorrido desde una dirección específica hacia un resultado:


VIDA está en el campo de lo real. La muerte está en lo simbólico porque al contrario del signo, el significante remite a otro significante. En cambio, el signo remite a un significado y a un referente. Es decir, un significante puede nombrar a otro significante aún en ausencia del referente. Esto es lo propio de los humanos y no de los animales. El significante permite nombrar la ausencia, por eso puso "muerte", porque solo el parletre puede nombrar la ausencia y la ausencia extrema es la muerte. 

En lugar de la muerte está el LENGUAJE, para señalar que se trata del lenguaje que desde el inicio nos habita. El ser humano tiene una vida desde el inicio anudada al lenguaje y a la palabra, lo que tiene efectos. ¿Por qué no poner Lalengua? Porque Lacan utilizó ese neologismo para acentuar la lengua materna, pero puse LENGUAJE para poder sostener el algoritmo primero de Lacan cuando dice que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. también podría haber puesto lalengua, en tanto recibimos del Otro el software, que es el lenguaje. Lalengua quiere decir que nuestra madre nos transmite el lenguaje junto a sus deseos, sus prejuicios, sus dialectos, sus historias, sus marcas y sus goces. 

Del lado que dice VIDA puse ELLO, el lugar de las pulsiones y el matema lacaniano $◊D, que quiere decir sujeto acéfalo en relación a la demanda pulsional inconsciente que llega desde el Otro. En ese lugar del ello, ya tenemos una tesis muy importante: el instinto no es una fuerza hereditaria, sino que se trata de algo que se origina en el cuerpo marcado por el lenguaje. Lo que llega del Otro como información modifica nuestras cuerdas vocales, la relación con la lengua, y a partir de cierto momento es irreversible. 

¿Por qué el ello no es el inconsciente? El Freud, el ello es del cuerpo. Ahora, el pecho viene de alguien que lo da. Sabemos por las experiencias de Spitz que si alguien no da amor y desea al niño, ocurre el hospitalismo. La demanda del Otro, que puede ser un infierno, es también necesaria. La demanda tiene el valor de significar la existencia y de propiciarla. 

Del otro lado tenemos SUPERYÓ y la A. A es la inicial de Autre (Otro). SUPERYÓ está al comienzo y quien mejor lo trabajó fue Melanie Klein, que no está como heredero del Edipo cuando se resuelve. Freud en su obra puso muchas veces superyó-ideal del yo. Se dio cuenta que son dos conceptos distintos, pero los puso juntos. Lacan los distinguió. El superyó es cuando por primera vez el lenguaje llega desde el Otro, cuando ese lenguaje comienza a instalarse y todavía no tenemos los elementos para interrogarlo. El el lugar de los mandatos y muchas veces recibimos pacientes cuyo principal sufrimiento es que están atravesados por mandatos que no pueden liberarse. 

Del lado del ELLO, esas pulsiones son las que van a constituir las tentaciones. No es lo mismo una tentación que un mandatos, aunque en ambos casos está el goce. Lacan define al superyó como un goza-goza, lo que hizo que muchos creyeran que era lo mismo que la pulsión, porque si hay algo que caracteriza a la pulsión es la de ser un goce enlazado a un significante. Pero una cosa es la pulsión como tentación y otra cosa es el mandato, que al sujeto se le impone. 

Desde el ELLO y el SUPERYÓ, se avanza a un espacio central S(Ⱥ) INC, es decir, el inconsciente. S(Ⱥ): S es por significante y el Otro barrado. Si nos quedamos con Freud, el ello sería el inconsciente, porque Freud habla de la pulsión inconsciente, del inconsciente pulsional. Quien dijo que ello no era el inconsciente, es Lacan. Para Lacan, el inconsciente está estructurado como un lenguaje y la palabra clave es "como". El lenguaje que hablamos son fonemas articulados en palabras para producir frases. Es decir, el lenguaje está constituido por estructuras discretas. No está habitado por afectos, en el inconsciente solo hay vorstellung reprezentanz, o sea, representantes de la representación. Esto, en Lacan, son significantes. O significantes del signo, según Isidoro Vegh. 

El inconsciente se trata de un saber. Un saber un articulado de significantes. Existe el saber de la alquimia, de la metodología, de la física... Y existe un saber inconsciente. El conjunto de los significantes que constituye el inconsciente. La lógica del inconsciente es que al ser un conjunto de elementos discretos, cumple con la lógica de incompletud. El subconjunto vacío indica que hay por lo menos un elemento del conjunto que está por fuera del campo y no le pertenece. Eso que queda fuera del conjunto en lacan es el falo simbólico, el significante que al ser exterior al conjunto deja al Otro incompleto. Por eso, en el matema el Otro se encuentra barrado. Ese lugar de incompletud del Otro es el lugar que uno a sus inicios de la estructuración como sujeto tiene que retirarse. La castración simbólica del Otro es condición de la emergencia del sujeto del deseo, un sujeto que está habitado por un punto inconsciente, estructurado como un lenguaje y habitado por una falta. La falta propiciatoria impulsa al deseo, porque ¿Quién desea lo que ya tiene? Lacan admiraba a Spinoza, que propuso que el deseo era la esencia de lo humano y con ese afán de ser, el humano ama e inventa.

Los mandatos del superyó son tópicamente inconscientes, pero con Lacan el inconsciente, estructurado como un lenguaje, tiene la característica de incompletud, lo que implica que se han producido operaciones de pérdida de goce, como al dejar de ser el falo imaginario de la madre. Toda marca de la cultura implica pérdidas de goce. A este inconsciente lo llamo "colador del inconsciente", que deja fuera a los goces que parasitan al sujeto y lo liberan, de manera que en vez de estar sometido a los mandatos del superyó, pasa a constituir un ideal del yo. Es Lacan el que diferencia absolutamente al superyó del ideal del yo, que si no se convierte en idealización, es propiciatorio. Por ejemplo, un mandato puede ser "Tenés que estudiar", que si pasa por el colador del inconsciente puede constituir un ideal: "Sí, mi papá quería que yo fuera un ingeniero, pero yo no quiero serlo, me dedico a otra cosa". Deja de ser un mandato inexorable y que no se puede interrogar, sino que al interrogarlo y combinarlo con el deseo, se puede hacer otra cosa. Un an{alisis hace que el sujeto advierte que el deseo es lo que le da gusto a la vida, con los pequeños goces que se enlazan a él. Cuando los goces se desenlazan del deseo, son mortíferos.

Del inconsciente estructurado como un lenguaje, sale una flecha hacia el FANTASMA. Allí se articula el deseo. La fórmula del fantasma, $◊a, significa sujeto barrado en relación al objeto a. El objeto a en la teoría lacaniana se presenta de dos modos: plus de gozar o como causa de deseo. No es lo mismo el objeto del deseo, que puede ser cualquiera de la vida cotidiana, que el objeto causa de deseo. Si un objeto causa deseo, es porque está ausente, porque falta. En el fantasma, el deseo está articulado. 

Puede ocurrir, como vemos en la flecha que va del FANTASMA hacia el ELLO, que haya una inversión y que en lugar de que el analizante busque ese objeto que lo lleve al goce, se identifique al objeto de goce. Ocurre ahí una fixierung, una fijación. La fijación es a un objeto de goce y ahí el plus de gozar ya no es propiciatorio, pasa a convertirse en un goce parasitario. Un goce parasitario lo defino al goce que aparta al sujeto de su deseo. El ejemplo clásico son los consumos problemáticos.

En el diagrama de flujo, está el YO. De un lado está situado i'(a), que es lo que Lacan sitúa como la imagen especular y del otro lado la m de moi, en francés "yo". Es lo que Lacan introdujo en el Estadío del Espejo. El espejo, en el modelo óptico que Lacan trae, quiere decir el cuadro en el que el sujeto se constituye ante la mirada del Otro. Es como el Otro primordial me ve que constituyo mi yo. Muchos pacientes, aún siendo neuróticos, tienen una fragilidad yoica. Algunos de los pacientes descritos como borderline por la escuela americana tienen una fragilidad yoica que les dificulta los encuentros afectivos, los lazos de amistad, situar un anclaje para su deseo.

Del YO pasamos al s(A). La s significa significación en relación al Otro. Se trata del MENSAJE, el lugar desde donde el analizante habla. Se dirige conscientemente hacia un OTRO, del que también recibe el lenguaje. Al paciente se le pide que hable, pero para hacerlo necesita estar habitado por el lenguaje, por eso las flechas van de un lado hacia el otro. Lacan dio el aforismo de que el sujeto encuentra su mensaje invertido del lugar del Otro, le llega del Otro. Esto quiere decir que un analista va a escuchar un flujo de lalengua. Muchos analistas piensan que lalengua se opone al lenguaje, cosa que Lacan desmintió al decir que al hablar de lalengua no lo iba a hacer desistir del inconsciente estructurado como un lenguaje que la habita. 

Tenemos que distinguir lo que llega a ese lugar del MENSAJE, que pasó por el colador del inconsciente. Eso que pasó, puede haber sufrido una regresión, que son las flechas que van hacia abajo. El IDEAL DEL YO puede hacer una regresión a un mandato, el FANTASMA puede invertirse del lugar de donde se articula un deseo hacia un retorno a la demanda pulsional del Otro. Esto se puede interpretar simbólicamente, lo que pasó por la castración simbólica. Ahora, lo que nunca pasó por el colador del inconsciente (las flechas que salen del ello hacia arriba sin pasar por el inconsciente, o las flechas que van hacia arriba sin pasar por el inconsciente) hace a la interpretación simbólica inútil. Se trata de fijaciones primarias, constituidas en tiempos donde no había un sujeto que interrogue. 

Todo lo primario en Freud (identificación primaria, represión primaria, narcisismo primario, masoquismo primario) es anterior a la relación de objeto. El gran error en la historia del psicoanálisis fue creer que eso era sin Otro. En realidad, no hay relación de objeto porque no hay sujeto, es decir, lo que llegó del Otro aún no pudo ser interrogado y no se puede sustraer eso que llega como tentación o como mandato, convirtiéndose en goces parasitarios. Allí el analista debe hacer otro tipo de intervenciones. Por ejemplo, algunos chistes son una forma extraordinaria de llegar al inconsciente, porque la cuota de placer que tienen los chistes hace que haya menos resistencia. El chiste no es una interpretación simbólica, sino que va por el lado de lo imaginario y puede tocar algo de lo real. Las intervenciones imaginarias son tan válidas como las demás. 

Fuente: Notas de Conferencia Virtual dictada por Isidoro Vegh, titulada "La orientación de la estructura y las operaciones del analista". Forma parte del Ciclo de Conferencias 2022 "Desafíos en la clínica. Herramientas para la práctica", de la Institución Fernando Ulloa.

sábado, 12 de febrero de 2022

Los mecanismos de defensa y sus efectos

Los mecanismos de defensa son estrategias del yo (parte inconsciente)  que intentan proteger al sujeto de la angustia que le provoca la irrupción de de las pulsiones provenientes del ello y del superyó.

Las pulsiones, básicamente, son energía, libido sexualizada, que tienen su origen en la demanda del Otro (en la neurosis), que auxilia al infans al nacer. Sin esta asistencia, no hay criatura humana que sobreviva ni que pueda constituir su psiquismo.

La pulsión nace como producto de la demanda del Otro. ¿Pero por qué hay que defenderse de las pulsiones? Porque en el comienzo de la vida, debido a la natural indefensión del niño, es imposible interrogar la demanda que le viene del Otro de los cuidados. El infans se alínea a ese Otro y a cambio recibe el baño de lenguaje, lo que constituye la humanización.

Las demandas del Otro que quedan sin interrogar quedan selladas en el aparato psíquico ya configurado, como mandatos y/ó compulsiones de las que el sujeto se defiende. Entre estos mecanismos para defenderse de los mandatos del yo y de las compulsiones del ello, se encuentran la represión, la proyección, el desplazamiento, la negación, la conversión y la racionalización.

El efecto sobre la subjetividad de los mecanismos de defensa son dos:

1- Un efecto propiciatorio, en la medida que protege de la irrupción de una angustia masiva, presentada en cualquiera de sus caras (ataque de pánico, compulsiones incontrolables, falta de inhibición de los impulsos, etc).

2- Un efecto perjudicial: Estos mecanismos de defensa apartan al sujeto de su deseo y su realización. Tienen un costo de malestar y sufrimiento psíquico. 

En el análisis, hay que interrogar los mandatos superyoicos que quedaron impresos en la psiquis del paciente y se interponen a su propio deseo. Al decir de Lacan "Solo se siente culpable quien cedió en su deseo".

Vía el análisis, lo que se intenta es que los mecanismos de defensa que actúan en el psiquismo sean los más propicios y benévolos para la subjetividad del paciente: que le ayuden a transitar la vida con calma y permitan el lazo con los semejantes.

viernes, 7 de enero de 2022

Cambio de tópica: del inconsciente al ello

Este artículo pretende mostrar las dos tópicas freudianas, en especial la noción de Inconsciente (Icc) y su posterior reelaboración en el concepto del Ello, haciendo manifiesto el paso de una noción a otra y clarificando su cambio.

Al emprender el análisis de la categoría Freudiana de lo inconciente, necesariamente se debe remitir a su contraparte, es decir al concepto de lo consciente; es así como a la diferencia entre distintos estados de lo inconsciente, en preconsciente y lo desalojado o reprimido, y mostrar cómo estos median en la relación inconciente- conciente, sin dejar de lado el aspecto dinámico, sistemático y descriptivo de lo inconciente. 

Posteriormente se expone la concepción de la estructura de la personalidad psíquica compuesta por ello, yo y superyó, las características de cada uno y las interrelaciones entre ellos. Se rescata el concepto de lo inconsciente que viene a denotar una cualidad de los procesos psíquicos, una característica de la actividad mental que puede hallarse en cualquier parte del aparato psíquico. A diferencia de la psicología para quien la conciencia y actividad psíquica eran equivalentes, Freud rebate esta concepción y afirma que la conciencia constituye tan solo una parte de la vida mental humana, que la actividad psíquica procede en su mayor parte del inconsciente, y que solo algunos de estos fragmentos emergen de modo temporario en la conciencia que, lejos de controlar la vida interior, está sujeta en muchos sentidos al dominio de 3 aquel, tal como lo dice Freud: “psicológicamente, no somos dueños en nuestra propia casa.(Ana Freud, 1993, pág. 173) 

Una de las más importantes definiciones que Freud deja en sus Trabajos sobre metapsicología en 1915, es el de inconciente y consciente y más adelante en su segunda tópica, (1923) cuando introduce los conceptos de ello, yo y superyó, como complemento y/o ampliación para dar cuenta de los elementos que componen el aparato psíquico. 

Este escrito pretende exponer de manera sencilla pero concreta estos términos (tanto conciente como inconciente y el ello, el yo y el superyó) y las conexiones entre ellos, haciéndolo en el mismo orden que utilizó Freud para explicarlos, basado en algunos de los texto donde Freud los presenta de manera amplia y detallada. Freud logra descubrir el psicoanálisis y formular su concepto de inconsciente, gracias al estudio realizado con Charcot y luego con Breuer, acerca de los trastornos neuróticos histéricos y el método de la hipnosis. Él se da cuenta de la existencia de procesos anímicos de carácter inconciente, alejados de la conciencia y por ende de la psicología. Allí empieza Freud a elaborar una 4 teoría sobre el funcionamiento del aparato psíquico concibiendo un sistema Inconsciente, preconsciente - consiente, sistema regido por lo dinámico y económico, bastece decir, por el principio de placer displacer. En primera medida trata el inconsciente que fue expuesto formalmente por él, por primera vez, en el capítulo VII de La interpretación de los sueños (1900) en donde muestra cómo es, cómo trabaja y cómo difiere de las otras partes de la psique y sus relaciones reciprocas con ellas (Freud, 1993/1915). Éste término fue introducido para explicar y describir los fenómenos que observaba y que estaban alejados de la conciencia. Más adelante en 1915 Freud dedica un capítulo completo a lo inconciente, allí explica su concepción de que existen procesos anímicos inconscientes y muestra, desde el punto de vista tópico, como está conformado el aparato psíquico. Da cuenta de la existencia de tres sistemas psíquicos a saber: un sistema consciente que viene a establecer el contacto con el mundo real y el sistema inconciente en donde reposa, entre otras cosas, todo lo reprimido y las pulsiones. Cabe aclarar: “todo lo reprimido tiene que permanecer inconciente, pero (<) lo reprimido no recubre todo lo inconciente. Lo inconciente abarca un radio más vasto; lo reprimido es una parte de lo inconsciente” (Freud, 1993/1915). Hay dos clases de inconciente: lo latente 5 susceptible de conciencia y lo reprimido que no pasa a la conciencia. Eso latente que es inconciente descriptivamente, es lo preconsciente; y lo inconsciente es reprimido dinámicamente. (Freud, 1993/1923) Freud implementa los símbolos de Cc pare el sistema conciente, el Prcc para el sistema preconsciente y el de Icc para el sistema inconsciente; esta perspectiva es la sistemática por su pertenencia a sistemas determinados y dotados con ciertas propiedades. El sistema Prcc surgió a partir de las fases que atraviesa un acto psíquico que inicialmente está en el inconciente, pero es evaluado por la censura y determina si pasa o no a la siguiente fase que sería al sistema Cc; no obstante este acto psíquico admitido por la censura, no quedaría conciente inmediatamente, sino que sería susceptible de conciencia (Freud, 1993/1915). Allí es donde se instaura el sistema preconciente. En caso que la censura no le conceda el paso a la siguiente fase, quedaría este acto anímico reprimido y permanecería en el sistema Icc. Vale decir que los actos anímicos susceptibles de conciencia deben atravesar por una censura rigurosa para pasar del Icc al Prcc y luego reunir ciertas condiciones para ser objeto de conciencia. Los actos anímicos deben atravesar una nueva censura cuando dan un paso de un sistema, al que le sigue m{s alto: “todo progreso hacia una etapa m{s alta de 6 organización psíquica” (Freud, 1993/1915). Tras esta explicación, Freud aclara que ésta tópica psíquica se refiere a regiones del aparato psíquico, y no a localidades anatómicas. Dentro de estos sistemas psíquicos, viene a jugar un papel fundamental la represión (1915), a la que Freud también dedicó un capítulo completo para explicarla, en función de cómo estos actos anímicos pasan de un sistema a otro en forma de representantes que son representaciones de la pulsión; estas representaciones que quieren salir del sistema Icc chocan con la resistencia (censura) y envía sus representantes para ser admitidos en el Prcc. Una vez allí ocurre inicialmente la fuerza de desalojo que es la primera fase de la represión y posteriormente el esfuerzo de dar caza que recae sobre los retoños psíquicos, es la segunda fase de la represión, o la represión propiamente dicha. “la cancelación de la represión no sobreviene hasta que la representación conciente, tras vencer las resistencias, entra en conexión con la huella mnémica inconciente. Sólo cuando esta última es hecha consciente se consigue el éxito” (Freud, 1993/1915) Volviendo al tema del inconsciente, Freud establece en el texto de Las propiedades particulares del sistema Icc (Freud, 1993/1915), los procesos de este 7 sistema, a saber: las mociones pulsionales están coordinadas entre sí, sin influirse ni contradecirse, esto es ausencia de contradicción; por el proceso de desplazamiento y condensación: hay movilidad de las investiduras (representantes de la pulsión) proceso psíquico primario; no están ordenados en el tiempo atemporales; no conocen la realidad, están sometidos al principio de placer sustitución de la realidad exterior por la psíquica (Freud, 1993/1916) Lo inconsciente influye de continuo sobre el Prcc y a su vez está sometido a influencias de parte de este. Los retoños del Icc devienen concientes como formaciones sustitutivas y como síntomas; “la cura psicoanalítica se edifica sobre la influencia del Icc desde la Cc (<) los retoños del Icc que hacen de mediadores entre los dos sistemas nos facilitan el camino para ese logro” (Freud, 1993/1915) Ahora bien, para entrelazar los términos inconciente y consciente con el Ello Yo, y el Superyó, Freud en la Conferencia 31 (1933), aclara el por qué del cambio del uso sistemático de inconciente al uso idiomático del Ello, que fue el nuevo modelo estructural del aparato anímico. Es correcto que no necesariamente coincida yo y conciente por un lado, y reprimido e inconciente por el otro; dado que yo y superyó también tienen partes inconscientes. 8 El superyó o ideal-yo es una diferenciación dentro del yo. Tiene adjudicado la observación del yo, es decir, la conciencia moral y la función de ideal, algo a lo que el yo quiere alcanzar en el superyó “hay una asimilación de un yo con un yo ajeno, a consecuencia de la cual ese primer yo se comporta en ciertos aspectos como el otro, lo imita, por así decir lo acoge dentro de sí” (Freud, 1993/1933) “(...) El superyó se sumerge en el ello; en efecto, como heredero del complejo de Edipo, mantiene íntimos nexos con él; está más alejado que el yo del sistema percepción” (Freud, 1993/1933) es decir, el superyó se instaura en el cierre del complejo de Edipo por efecto de la represión primaria, fuerza de desalojo. De acuerdo a como se dé esta represión (severa y temprana o tardía), más riguroso devendrá el superyó como conciencia moral o sentimiento inconsciente de culpa. El superyó goza de cierta autonomía, persigue sus propios propósitos y es independiente del yo en cuanto a su patrimonio energético. En cuanto al Ello, Freud explica que el término fue utilizado para aclarar y reemplazar “los mal definidos usos de las expresiones anteriores “el 9 inconciente”, "el Icc” y “(<) el inconciente sistem{tico”.”(Freud, 1993/1915) Es decir, con este pronombre impersonal, quería expresar el principal carácter de la provincia anímica y su ajenidad respecto del yo. Hay varias características importantes del Ello. Una de ellas es que “Dentro del ello no se encuentra nada que corresponda a la representación del tiempo, ningún reconocimiento de un decurso temporal (Freud, 1993/1933) esto coincide con uno de los procesos del sistema inconsciente, la atemporalidad; el paso del tiempo no altera lo reprimido, el inconsciente y el ello están exentos del tiempo, y el ello comercia con el mundo exterior solo a través del yo; lo reprimido se comunica con el yo a través del ello. El ello es la parte oscura e inaccesible de nuestra personalidad, contiene nuestras pasiones y procura satisfacción de las necesidades pulsionales regido por el principio de placer. Las mociones pulsionales son en el ello movibles y susceptibles de descarga mayor que en los otros distritos anímicos, y por tal razón ocurre el desplazamiento y la condensación característicos del ello, y como Freud lo mostró, es otro de los procesos del sistema inconciente al que llamó proceso psíquico primario. Estas mociones tienen una investidura energética, que pueden ser 10 anuladas mediante el proceso analítico. (Las mociones pulsionales que el en ello se conocen como investiduras, en el yo se llaman representaciones) Por su parte, el yo es un vocablo conocido antes de Freud, con dos usos principales, uno de los cuales Freud adoptó: “denota una parte determinada de la psique, que se caracteriza por atributos y funciones especiales” (Freud, 1993/1923). “(<) llamando Yo a la esencia que parte del sistema P y que es primero Prcc, y ello, en cambio, según el uso de Groddeck, a lo otro psíquico en que aquel se continua y se comporta como Icc.” (Freud, 1993/1933) El yo se puede caracterizar considerando su nexo con la más externa pieza de superficie del aparato anímico, que se designa como el sistema P-CC. Este sistema está volcado al mundo exterior, es el mediador de las percepciones de este y, en el curso de su función, dentro de él nace el fenómeno de la conciencia, es decir, de aquella parte del ello que fue modificada por la proximidad y el influjo del mundo exterior, instituida para la recepción de estímulos y la protección frente a estos. La consciencia es representante de lo que puede llamarse razón y prudencia, por oposición al ello que contiene las pasiones, puede tomarse a sí mismo como objeto, tratarse como a los otros objetos, observarse y criticarse. Se afana por reemplazar el principio de placer, 11 que rige estrictamente en el ello, por el principio de realidad. “El yo se ha divorciado de una parte del ello mediante resistencias de represión {de desalojo}. Pero la represión no se continúa en el interior del ello. Lo reprimido confluye con el resto del ello” (Freud, 1993/1933) El yo haya grandes dificultades por tener que servir a tres severos amos: el ello, el superyó y el mundo exterior: Es pulsionado por el ello y encubre los conflictos del ello con la realidad. Es apretado por el superyó que le presenta normas de conducta que no tienen en cuenta el mundo exterior y el ello. Y finalmente, con el mundo exterior, porque es confrontado por la realidad (Freud, 1993/1933) Aquí, donde finalizan los planteamientos del Ello y el Yo, se observa toda una complementariedad de significaciones, desde la primera tópica hacia la segunda, que introduce e involucra elementos tanto nuevos de esta elaboración, como los anteriores del primer documento de lo Inconciente. Para terminar, es importante resaltar que para Freud los conceptos son construidos a partir de la descripción de fenómenos y como reza en el primer párrafo de su texto de Pulsiones y destinos de Pulsión (1915): “Sólo después de 12 haber explorado más a fondo el campo de fenómenos en cuestión, es posible aprehender con mayor exactitud también sus conceptos científicos básicos y afinarlos para que se vuelvan utilizables en un vasto ámbito, y para que, además, queden por completo exentos de contradicción” (Freud, 1993/1933) 

Puede decirse, que el texto del Ello y el Yo, es una reelaboración de lo Inconciente, amplía su contenido y lo complementa; este último no menos importante, ha evolucionado sin perder validez que sirvió como elemento base para esa construcción final que fue El Yo y el Ello. 

Referencias bibliográficas 

Freud, Anna. (1993) Los Textos fundamentales del psicoanálisis. Grandes obras del pensamiento. Nota introductoria al concepto de lo inconsciente en: Altaya. Freud, S. (1993). 

Lo inconsciente En J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.). Obras completas (Vol. 14). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu (Trabajo original publicado en 1914). ________. 

Conferencias de introducción al psicoanálisis En J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.). Obras completas (Vol. 15 y 16). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu (Trabajo original publicado en 1916- 17). 13 ________. 

Pulsiones y destinos de pulsión En J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.). Obras completas (Vol. 14). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu (Trabajo original publicado en 1915) ________. 

El yo y el ello En J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.). Obras completas (Vol. 19). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu (Trabajo original publicado en 1923) ________. 

Nuevas conferencias de Introducción al Psicoanálisis. Conferencia 31ª La descomposición de la personalidad psíquica En J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.). Obras completas (Vol. 22). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu (Trabajo original publicado en 1933)

Fuente: Sonia Bedoya Ocampo, Alejandro Arenas y Yepez Andrés Felipe Ríos (20109  "DE LO INCONSCIENTE AL ELLO CAMBIO DE TÓPICA", Revista Electrónica Psiconex, vol. 2, n° 3

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Los homicidios según la segunda tópica freudiana

Los homicidios pueden clasificarse de acuerdo a la segunda tópica freudiana: ello, yo, superyó y la realidad, que para Freud podía considerarse una cuarta instancia.

En cuanto a los crímenes del ello, allí encontraremos los homicidios pasionales, muchas veces motivados por los celos y la envidia. Un ejemplo clásico es el de las hermanas Papin, en lo que fue conocido como la matanza de Le Mans.

Los crímenes del yo, por su parte, tienen que ver con la autoconservación y el interés. Este chiste de Quino nos da un ejemplo de ello, aunque diariamente podemos encontrarlos en las noticias policiales.

Los crímenes del superyó son los que Freud aborda en los que delinquen por sentimiento de culpa. Recordemos que mientras la culpa es un afecto consciente, lo que es inconsciente es la necesidad de castigo.

Finalmente, encontramos los crímenes que tienen que ver con el mundo exterior. Aquí encontramos los crímenes altruistas, que pueden ser por amor a la patria ó a la religión.

jueves, 30 de septiembre de 2021

Conceptos del psicoanálisis: ¿Qué es la libido?

Uno de los conceptos más interesantes y que más confusiones presenta en psicoanálisis es el de libido. 

La líbido o pulsiones no es una especie de "bilis negra" griega, ni sustancia pura, ni ente aislado que se mueve por el ser humano como entelequia homuncular. No es un fluído diferente al conjunto de procesos metabólicos como presión sanguínea, hormonas, circuitos o conexiones sinápticas, sistemas digestivos, etc.


Evidentemente por cuestiones de época, a lo largo de su Obra completa, Freud comienza a distinguir aquella líbido que inicialmente integró a varias cosas en el mismo saco, tales como afectos, sinapsis, metabolismo, angustias, voluntad, etc., sin poder distinguir qué sustancias-fluídos móviles y órganos materialmente "más sólidos" (no tan móviles) son para cada una de ellas en la biología (con lo que se sabía en aquella época). Por lo cual, era común que Freud, a falta de ese conocimiento científico, volviera a remitir dichos conceptos generales de pulsión o líbido. Por ejemplo, en 1937 Freud habló de la "viscocidad de la líbido" en las personas adulto mayores por la dificultad en sus antiguas fijaciones, poder desprenderse con mayor facilidad hacia nuevos gustos o aprendizajes. Hoy en día esto puede ser debida a una demencia senil, alzheimer, depresión del adulto mayor, decrecimiento de facultades cognocitivas, envejecimiento celular, etc. Freud en su época usaba dicho concepto como aproximaciones a niveles empíricos, pero ciertamente, Freud en su obra completa siempre tuvo en cuenta dicha limitación de sus saberes, pero no por ello, no podía continuar con sus investigaciones.

Freud incluso llega a decir que será importante (adelantándose al futuro de los psicofármacos psiquiátricos como conocemos hoy), cuando la ciencia logre modificar la líbido del ser humano para ciertos malestares. Es decir, Freud veía como un cambio radical, lo que ya hoy nos aporta un ansiolítico, anti-psicótico o un anti-depresivo en ciertos pacientes. Obviamente, esto sin olvidar la importancia de la Talking Cure, pues la salud mental, como siempre defendió Freud, no es una cosa de pura biología únicamente.

Freud jamás abandonó la neurología o la biología como fundamento del psicoanálisis, pero eso no quiere decir que el psicoanálisis se sustituya por ésta como método clínico de exploración vía asociación libre, construcción, interpretación, etc, etc. Podemos llamar a aquello algo "metafísico", pero siendo así, la biología sería "metafísica" frente al electrón o la cuántica, quienes no explican por completo el complejo tejido del ADN y su evolución ramificada entre las especies vivas. Por tanto decir que Freud es Metafisico por ir más allá de la neurología es ampliar laxamente su concepto hacia una tautología absurda en definición.

Por otra parte, la líbido en la animalidad humana al ser tan compleja en su constitución en el paso del bebé a la adultez, no vemos, como en los otros mamíferos la marcada fijación instintiva casi-perfecta de regulación o estadios evolutivo rígidos que en otras especies.

Recordar que Ello, es fuerza constante o empuje del organismo que autopoieticamente frena la entropía circundante, Freud definió el Ello como el cruce entre el metabolismo y lo exógeno del ambiente (temperatura, sustancias, lesiones). Vale decir, Ello es otra cosa si consume una droga como cocaína o una sustancia como Ketamina o anestésicos, por ejemplo.

Nuevamente, la líbido no es una fuerza continua-lineal pura en-sí, el metabolismo se distribuye en diversas intensidades y se ramifica. Comparte materia a modo distinto que un organo "fijo", resistente más estable.

Pues de otro modo, ¿cómo existe el movimiento o la entropía si todo sería materia inmóvil o elementos discretos puros encapsulados en-sí? Recordemos que el cuerpo humano está más conformado de fluídos que de materia sólida.

Si pensamos que materia es a su vez energía, no toda materia tiene la misma facilidad en movilizarse y comunicar con los diversos sistemas complejos. Se requiere un red ramificada compleja múltiple de vasos comunicantes, para los neurotrasmisores (barreras de contacto sinápticas, hormonas, aminoacidos, plasma sangüineo, etc. De forma acertada o poco acertada para su época, Freud llamó a todo este cúmulo de procesos complejos como "líbido". Eso no quiere decir que en su conjunto sea una sustancia fluida a lo bilis negra como ente puro.

Como vemos la lógica de la biología en su conjunto no es explicable a los meros neutrones, así mismo, la subjetividad o lo psicosocial, no es comprensible desde meras neuronas. Si bien Freud iba más allá de la neurología de su época a través de "parálisis histéricas o conversiones", eso no quiere decir, que mente-cuerpo se separen o que los procesos de represión o conversivos resulten de algo por fuera de todo alcance biológico-social.

Si queremos seguir empleando el término de “Líbido” tal como lo usa el psicoanálisis, valdría emplearlo como energía (movimiento) metabólica (metabolismo) y no como si fuera un ente sustancial abstracto de energía. Así como el término líbido guarda relación más bien con el apetito o energía sexual (Freud en su época no tenía conocimientos detallados sobre la testosterona en su función de apetito sexual), aquella remite a su complejo proceso electro-químico y hormonal. No se manifiesta en la bioquímica elementos puros de una pulsión o una sustancia de líbido, más bien, son generalidades de un cúmulo de síntesis en neurotransmisores, hormonas y calorías. Por ejemplo, en un cuadro maniaco, el gasto calórico o energético es mayor, su metabolismo está alto o podríamos decir, su líbido o campo libidinal presenta una fuerte alza. Al revés, de lo que sería en un cuadro De-presivo con baja presión o tensión, de bajo gasto calórico o energético, donde su proceso libidinal se encuentra disminuido.

Desde esta perspectiva, tal como Freud en sus inicios estudió la relación mente-cuerpo en la conversión histérica, no es del todo viable separar psique-soma por completo. Por esta misma razón, Freud (1915) se refirió a la pulsión como lo que está entre lo psíquico y lo somático. De este modo, podemos entender la “pulsión” como una tensión o empuje desde una diferencia potencial (voltaje) en búsqueda de descarga a un objeto o serie de objetos-huellas posibles.

Podríamos resumir que las tres categorías de afecto, frustración-tensión y angustia, tienen su raíz común en la libido o en las distintas mociones pulsionales. Mientras el Afecto es manifestado como una descarga, en el frustración-tensión se manifiesta como un intento desesperado o impulsivo de conseguir placer con una descarga por consecuencia silenciosa al “Yo” y mortífera al Cuerpo. Y en la Angustia, se manifiesta como un desborde pulsional, un "avinagramiento del vino" descargado o como una “señal de angustia” proveniente del Yo. Cada una de ellas con distintos grados de simbolización o ligazón.

Hemos de entender por tanto, que la Angustia emerge desde distintos puntos o circunstancias que pueden conjugar con otras variables (afectos o sentimientos) en distintos grados de intensidad.