miércoles, 22 de octubre de 2025
La marca del significante: entre el Ideal y la identificación
martes, 18 de marzo de 2025
De la semántica a la escritura
La perspectiva lacaniana sobre la estructura del lenguaje sigue una dirección clara: busca separarlo de la semántica y situarlo en una dimensión topológica. Este desplazamiento implica considerar el lenguaje más allá de su función comunicativa o de transmisión de significado.
Un punto intermedio en este recorrido aparece en La identificación, donde Lacan establece un vínculo entre lenguaje y escritura, afirmando que esta relación es constitutiva de lo estrictamente humano.
¿Qué implica pensar el lenguaje desde la escritura? Significa abordarlo desde trazos, marcas y rasgos, dejando de lado cualquier intención de significar.
Para ilustrar este punto, Lacan recurre a la escritura cuneiforme, destacando un aspecto fundamental: su origen no está en la representación, sino en la pérdida de lo representativo. Es decir, las marcas adquieren su estatuto de escritura precisamente a partir de esta pérdida.
La escritura se sostiene en la marca, pero para que esta adquiera su valor es necesario un acto de borramiento, el cual se produce en el proceso de lectura. El lector, al descifrar la marca, introduce en ella un borramiento, lo que implica que no hay escritura sin el Otro.
Este planteo es clave para comprender la función del nombre propio, que se vincula con el trazo o rasgo. Sin embargo, para que el nombre propio se instaure, debe operar sobre la marca este mismo proceso de borramiento, pues es a través de él que el sujeto se inscribe en su nombre.
Lacan plantea entonces una pregunta fundamental: ¿cómo se inserta el sujeto para que una simple marca devenga escritura? La respuesta se encuentra en la noción de significante, sin la cual no solo no hay sujeto, sino que tampoco sería posible el borramiento que hace de la marca una verdadera inscripción.
lunes, 17 de marzo de 2025
La comunicación: más allá del intercambio
El valor simbólico que Lacan le atribuye a la comunicación es innegable, pero debe entenderse en sus propios términos: alejado de la noción de un simple intercambio recíproco basado en un código compartido.
Para Lacan, la comunicación no se reduce a la transmisión de sentido, sino que expresa la asimetría fundamental entre el sujeto y el Otro. No se trata de significado, sino de acto. En este sentido, la comunicación implica un mensaje—una inscripción—que inevitablemente conlleva una respuesta. Pero, ¿qué es realmente una respuesta? Aquí entra en juego el acuse de recibo: el reconocimiento de que el mensaje ha llegado a destino. Sin embargo, Lacan no precisa quién es el que toma constancia de este mensaje.
Este acuse de recibo es el núcleo de la comunicación, pues introduce la función del Otro, el receptor, cuya existencia es indispensable para que el mensaje cobre sentido. En este punto, el signo debe entenderse en función de lo que representa para el Otro con respecto al niño.
Es importante aclarar esto porque, para Lacan, el significante prevalece sobre el signo en la constitución del sujeto. Este privilegio del significante estructura su análisis de la sexuación y su reinterpretación del complejo de Edipo a través de la metáfora paterna.
Lo que se pone en juego en este proceso es una normativización sexual, que no responde a ninguna esencia natural, sino a una operación significante. Así, la comunicación no solo se manifiesta en el discurso, sino que sus efectos deben rastrearse también en el cuerpo, confirmando su naturaleza de acto.
martes, 18 de febrero de 2025
La comunicación en el psicoanálisis según Lacan: una estructura marcada por la alteridad
Lacan considera la comunicación como una dimensión central en su abordaje de lo simbólico, pero la replantea de manera radical respecto a los conceptos tradicionales. Rechaza la noción de un código común, típica de la teoría de la comunicación, donde se presume que un intercambio de información claro y directo entre emisor y receptor es posible gracias a un marco compartido de significados.
En lugar de esto, Lacan propone una estructura comunicativa basada en la alteridad radical que existe entre el sujeto y el Otro. En su planteamiento, no hay un código común que sustente la comunicación; lo que opera en su lugar es la preexistencia del lenguaje como campo y estructura, algo que antecede a la entrada del sujeto en él.
Esta falta de un código común pone en cuestión la posibilidad de una comunicación entendida como un circuito de información sin equívocos. Desde esta perspectiva, el mensaje no proviene tanto de quien lo emite, sino que depende de la sanción significante del Otro. El sujeto mismo, según Lacan, es ese mensaje, pues lo que adquiere valor comunicativo es lo que el Otro otorga mediante su interpretación.
Un ejemplo ilustrativo es el llanto de un niño: no se convierte en una demanda hasta que el Otro lo escande y lo dota de significado. Esto implica que toda palabra, más allá de su emisión, incluye inevitablemente al oyente y busca una respuesta en él.
Así, la comunicación en psicoanálisis se fundamenta en la disimetría y la disparidad. Este planteamiento es esencial para comprender fenómenos como la transferencia y para pensar las posiciones respectivas del analista y el analizante. En esta dinámica, el lenguaje y la alteridad radical son los pilares de una comunicación que, lejos de ser un intercambio directo, se caracteriza por la mediación constante del Otro y por la naturaleza equívoca inherente al lenguaje mismo.
jueves, 5 de mayo de 2022
¡Hable con ella! El chichisbeo y el cortejo español del siglo XVIII
Entrada anterior: Amor y sexo en la Edad Media
Por Lucas Vazquez Topssian
Un frecuente motivo de consulta en la clínica de parejas actual se relaciona con las dificultades en la comunicación entre los miembros de una pareja. Hoy en día consideramos normal y hasta deseable que una pareja hable, pero lo cierto es que esta conducta es históricamente reciente. Según se viene exponiendo, salvo unas pocas excepciones, históricamente hubo muy pocos temas de conversación en común entre un hombre y una mujer, que solían vivir en ámbitos separados.
En el siglo XVIII aparecen el chichisbeo en Italia y el cortejo en España. En el chichisbeo, el marido consentía que caballeros jóvenes y apuestos acompañaran a las damas de la alta sociedad a diversos espacios públicos como fiestas, actos sociales, estrenos teatrales y óperas. El cicisbei le hacía compañía, escuchaba las confidencias y, sobre todo, atendía a su señora en aquello que ésta requiriera. Jamás debía hacer demostraciones públicas de afecto y en los actos, estos hombres se sentaban por detrás de la mujer.
Las mujeres de clases altas, de esta manera, tenían un marido y por otro lado un cortejante. Con el cortejante salían, hablaban, pero con el esposo no. A su vez, el marido podía ser cortejante de otra mujer. Al comienzo, esta institución fue muy resistida, pero un interés económico la volvió muy conveniente: la industria del calzado, la ropa de mujeres prosperó muchísimo. La ópera y otros entretenimientos fueron espacios muy favorecidos por este fenómeno. Estas mujeres, criadas en su casa, tenían profesores para que aprendieran a mantener una charla.
Estas instituciones, no obstante, vieron su final a fines del siglo, cuando la pretendida distancia entre las damas y sus cortejantes se volvió demasiado estrecha.
El amor romántico
Mientras que en siglo XVIII la ilustración transcurría a las luces del conocimiento y la razón, con notables filósofos como Kant, David Hume, Adam Smith, el final de ese siglo y el comienzo del siglo XIX, trae al romanticismo, que le da especial importancia a los sentimientos. Mientras el yo del siglo XVIII estaba subyugado a la universalidad de la razón, la fantasía y los sentimientos le dan una nueva autonomía. En ese sentido el romanticismo también es una reacción al racionalismo de Descartes. El movimiento se extendió por toda Europa y enalteció valores como lo diferente, la originalidad, lo inacabado, lo subjetivo, la libertad individual.
Entre todas las producciones del romanticismo, aparece la idea de amor romántico. La idea del amor libre en contra de las reglas del matrimonio (sobre todo el matrimonio arreglado) es romántica. El amor romántico idealiza al amor, que está por encima de todos los demás sentimientos y del deseo sexual. Se trata de un amor para toda la vida, exclusivo, incondicional, sacrificial, de súbito inicio, complementario, simbiótico y totalizante. Es una concepción que nos recuerda al mito de los andróginos partidos a la mitad por Zeus, que Platón relata en El Banquete, donde el ser humano actual, “no es más que una mitad de ser humano, que ha sido separada de su todo como se divide una hoja en dos”.
En la literatura romántica, que es basta en su producción, lo imposible se juega por fuera de la relación y no en el entre dos. La relación se transforma en imposible, ya sea por una enfermedad, la diferencia de clase o cualquier otra circunstancia externa que impide la anhelada unión. Nunca se trata de que algo sea imposible en la pareja. Las heroínas literarias como Julieta, Melibea, la Dama de las Camelias, entre muchas otras protagonizan estas historias tremendamente sufrientes.
Conclusiones
El recorrido realizado muestra, al menos de manera parcial, las distintas coloraturas del narcisismo, el sexo y el amor a través de distintas épocas, de manera que los significantes epocales fueron definiendo determinados modos de relacionarse con el semejante. Algunos han quedado en el recuerdo de la historia; otros, perduran hasta el día de hoy.
Queda pendiente un análisis del amor en la época actual, la del post-capitalismo. Con las transformaciones del mercado capitalista se ha modificado el equilibrio de fuerzas entre hombres y mujeres y este hecho merece un desarrollo más profundo. Brevemente, se puede decir que el discurso capitalista forcluye los temas del amor y decreta que todo es posible, que todo se puede conseguir y tener. El sujeto, para el discurso capitalista, es considerado un objeto a consumir y a consumirse. Hay un empuje al goce absoluto y a la consumición de objetos. Lacan anticipó esto en El reverso del psicoanálisis, indicando que el mundo se estaba transformando en un mundo de letosas y gadgets. Nos encontramos con una falta de deseo sexual en parejas jóvenes, un afán de tenencia material, apresuramientos que no permiten llegar a un acto verdadero, donde el sujeto (como efecto) se pierde es pos de un consumo, muchas veces, pobremente limitado.
Lacan dijo que el psicoanalista que no podía leer los significantes epocales pierde su rumbo. Todo este trabajo ha sido un intento de puntuar los significantes epocales que se toman como naturales. ¿Qué sería lo esencial del amor para el analista? Que estos agregados ideológicos estuvieran en suspenso. Con Lacan podemos decir que el amor, en su forma mínima, se trata de una demanda presencia pero también la ausencia. Hay una reflexión de la filósofa María Zambrano, que fue la primera mujer que recibió el premio Cervantes en 1988. En el discurso de agradecimiento, ella dice que Cervantes:
Encontró así la identidad de la persona amada. Y aquella mujer, Aldonza, tenía más realidad que ninguna de las que había visto y entrevisto; era arisca, irreductible, exenta; nunca se ausentaba; diríase que estaba privada de algo tan común a todos los seres y cosas como la ausencia.
Por eso necesitó inventar a Dulcinea, inventar la posibilidad de la ausencia.
Cervantes conoció, pues, la inexistencia del amor: la inexistencia del amor en forma de mujer inexistente. No podía ser suya ni de nadie; sólo tenía que aparecer, que mostrarse, que ser llevada a la inexistencia del arte, lugar donde se es revelado sin ser poseído, en un remedo humano de la comunión.
Bibliografía:
Davidson, James (2009) “The Greeks and Greek Love: A Bold New Exploration of the Ancient World”. Ed. Hardcover – Deckle Edge
Platón, “El Banquete”
Aristófanes (1999) “Las Tesmoforias. Introducción, traducción y notas de Luis M. Macía Aparicio.” Ed. Ediciones clásicas
Borges, Jorge Luis (1990) “Borges Oral” Ed. Alianza
Di Pietro, Alfredo (2005) “Derecho Privado Romano” (2° Edición) Ed. Depalma
Griffin, Susana (2007) “Las Cortesanas” Ed. Byblos
Verdú, Rafael (2021) Artículo: “Jarchas mozárabes, los incómodos versos románticos que cuestionan el origen del castellano desde Córdoba”, publicado en ABCcórdoba
Kamen, Henry (2011) “La Inquisición Española. Una revisión histórica” (3ª edición).)
Bosch Carrera, María Dolores (1991). “Chichisbeo y cortejo, los antecedentes neoclásicos de una moda romántica”.
Pilar Sanpedro (2005) “El mito del amor y sus consecuencias en los vínculos de pareja”
Archivo RTVe (2014) “Discurso María Zambrano, Premio Cervantes 1988” disponible en https://www.rtve.es/rtve/20141021/discurso-maria-zambrano-premio-cervantes-1988/1033544.shtml
Freud, Sigmund (1912) Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (Contribuciones a la psicología del amor, II)
Freud, Sigmund (1914) “Introducción al narcisismo”
miércoles, 23 de junio de 2021
Wallon: del tono a la comunicación
Wallon habla de la emoción como la expresión pura del sentimiento. Dice que la emoción produce una tensión en el tono, lo cual logra una expresión.
La acción es la mediación entre el medio y el organismo, Wallon la toma como actitud. La actitud tiene 2 funciones, la expresión y acomodación (en búsqueda del equilibrio). Las actitudes se modelan por el ambiente y por el bebé (Ej: puede aprender a llorar más o menos) Wallon dice que hay 3 tipos de actitudes.
🡪Las emocionales afectivas: la emoción es el tono. Son puras del organismo, es solo búsqueda del equilibrio. Son a la vez emoción y representación.
🡪Las motrices y perceptivas: función de acomodación al medio a través de los músculos y órganos sensoriales.
🡪Mentales: La emoción es tomada por este autor como la función dominante del estadío impulsivo motriz y emocional. Es una inteligencia que le permite planificar acciones cortas con un fin determinado. A su vez, dice que es la emoción la que permite una simbiosis afectiva con el adulto cuidador. Si no se da esta simbiosis, se pone en peligro la vida psíquica del niño.
Comunicación: es uno de los organizadores del desarrollo según Mirtha Chockler. Los organizadores del desarrollo se interrelacionan. Se estructuran genéticamente y se transforman a lo largo de la vida. Operan como mediadores entre la persona y el contexto en el que se desenvuelve.
El apego es una interacción primaria. Es el que construye la base de nuestras matrices afectivas. Debe haber figuras de apego que estén a una distancia adecuada del niño, dependiendo de qué actividad esté realizando. Este apego es indispensable para que el niño explore.
La exploración, que no se da sin apego, es la forma en la que el niño explora y conoce los objetos circundantes. Si el adulto a cargo no lo deja explorar, la calidad de exploración de ese niño frente a la de otros que pudieron hacerlo es diferente.
La comunicación se inicia desde el nacimiento del niño. Va desde el diálogo tónico – postural hasta el código y el lenguaje. Un niño muy pequeño no puede comunicarse verbalmente, razón por la cual debe valerse de gestos, de su tono corporal.
El equilibrio es muy importante en cada estadío para poder llevar a cabo las actitudes. Por esta razón es muy importante la seguridad afectiva. Es el fundamento de la seguridad postural.
El 5° organizador del desarrollo es el orden simbólico, que es el conjunto de representaciones sociales, culturales, jurídicas, económicas que determinan la forma de actuar individual y grupalmente de cada uno.
Al hablar de movimiento, Emmi Pickler dice que cumple 2 funciones: comunicación (relacionado con Mirtha Chockler) y desplazamiento. Hace mención al desarrollo psicomotor, el cual se puede dividir en 10 fases. Estas van desde el nacimiento hasta la autonomía (que difiere de la independencia, porque esta se gana).
Bernard Acouturier: Práctica Psicomotriz.
Psicomotricista francés. Creó un encuedre dispositivo para la práctica psicomotriz. El hecho de recibir al cuerpo como recurso de expresión obliga al terapeuta a que abra un espacio de cuidado extremo. Es un espacio para lo que se hace con el cuerpo, no lo que se dice. No puede hacerse de cualquier manera.
A la mayoría de los niños ni hay que decirles que se muevan, es algo que hacen casi naturalmente. Una sesión requiere de un encuadre y un dispositivo que abra el espacio a la motricidad.
Encuadre: Es una estrategia de intervención. El marco tiene que tener relación con lo que se va a contener. Cuanto más complejo el objeto a contener sea, más estricto debe ser el marco. Tiene tiempo, espacio y personas en relación asimétrica: el terapeuta y el paciente.
En cuanto al lugar, se refiere a las características de la sala que se va a utilizar. Debe ser apto. No hacerlo sería inhibir el discurso del sujeto, que es su movilidad. Tiene que haber constancia en el espacio y ser estable, en el mismo lugar. El encuadre no debe sufrir rupturas que no estén controladas.
Dispositivo: Es lo que se dispone para que la práctica se efectúe. Se refiere a todo lo que se dispone para el armado y acompañamiento de la sesión de práctica psicomotriz. Los objetos se caracterizan por los contrastes. Lo alto y lo bajo en relación al piso. Estos objetos favorecen las acciones que rompen el equilibrio: saltos, caídas, balanceos para que eso se implique con el placer del movimiento, por lo que habrán objetos que soporten la transformación que el cuerpo realiza sobre ellos. Tienen una estructura simbólica abierta, como los bloques de goma espuma.
No puede darse en cualquier sitio. El diseño del dispositivo debe ser particular y va hacia lo que se quiere lograr.
La práctica psicomotriz puede darse de forma terapéutica o educativa. No hay diferencia entre ambos encuadres.
En el movimiento, el psicomotricista observa los gestos.
Tras las sesiones, surgen los datos. El terapeuta puede arriesgarse a formar un supuesto. Pero el dispositivo es el mismo y es estable para reducir las variables, que están en manos del niño.
Ritual de entrada.
La ritualización es darle valor a la repetición. Se les dice a los chicos que hay un espacio que los espera. Esto es que los contenía en su imaginario. El saludo se hace en el mismo lugar y hay que se rigurosos en la forma de hacerlo si la persona tiene dificultades.
El segundo objetivo tiene que ver con hablar de lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer. Encuadra el encuentro. El adulto comienza hablando de las leyes, pero progresivamente son los niños quienes empiezan a decirlas.
Objetivos de la práctica Psicomotriz:
Organización armónica de la personalidad. El primer objeto de la práctica es la subjetividad. Se expresa quien es (a través del movimiento).
Favorecen la comunicación: Hay que abrirla, si es necesario. Si hay otro que significa, hay relación. Sin este encuentro con otro, cuya base es la relación tónica, no hay constitución de la subjetividad. Tono – emoción – movimiento. El espacio de la práctica es el espacio para el movimiento. El sujeto es uno con su medio (Wallon)
Apertura a la creatividad: Apertura a la transformación. El espacio de la práctica psicomotriz es un espacio para la transformación. Sobre una base ligada a lo orgánico, crece y se transforma.
Arribo al pensamiento operatorio: La práctica psicomotriz intenta constituirse en un espacio de maduración y desarrollo. Intenta hacer un recorrido de maduración y desarrollo. Saber la importancia de la acción como base para el pensamiento. En los humanos, un polo es el movimiento y se desarrolla el pensamiento. El otro polo es la emoción.
Cierre. La representación.
Estrategia facilitadora del pasaje: Es un segundo momento. El placer del movimiento. Se habla de lo que se hizo en el movimiento. Así toman distancia. Se les pregunta cómo saltaron, qué hicieron. Hay que acompañarlos a la distancia entre el juego y la acción. El psicomotricista abre la charla y los puede hacer dibujar.
Relato de cuentos:
Un punto para el encuadre en definir el tipo de práctica que acompañamos . Puede ser una práctica psicomotriz educativa o una práctica terapéutica.
martes, 4 de agosto de 2020
La textura de lo social (2): Los cuatro discursos como estructuras del lazo social.
[...] si, por ejemplo, le digo a alguien "¡Tú eres mi maestro!", confiero a esa persona un cierto "mandato" simbólico que no está de ninguna manera contenido en el conjunto de sus características positivas, sino que resulta de la misma fuerza performativa de mi decir (Zizek, 1992: 103).
Próxima entrada: La textura de lo social (3): Los 4 discursos, uno por uno.
lunes, 13 de abril de 2020
Esquema L: El emisor recibe del receptor su propio mensaje en una forma invertida.
Chiste como ejemplo: Dos hombres van a jugar un pardido de paddle, de los cuales uno era invitado. El invitado se va a bañar al vestuario y cuando está terminando se da cuenta de que se metió en el vestuario de damas, pues escucha a 3 mujeres hablando. El invitado toma su toalla y se da cuenta que tenía una toalla de manos. Al invitado se le presenta una disyuntiva tremenda: salir tapándose abajo o salir tapándose la cara. Decide taparse la cara y así pasa delante de las 3 mujeres. Entonces dicen las mujeres:Mujer 1: Mi marido no es.Mujer 2: Mi marido tampoco.Mujer 3: Ni siquiera es socio del club.
Próxima clase: Metáfora y metonimia. Metáfora paterna.






