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lunes, 3 de noviembre de 2025

La melancolía en Lacan como rechazo del inconsciente

Hablábamos acá de las melancolizaciones en distintas estructuras clínicas.

En cuanto a la melancolía y a la manía, Lacan (1984) las sitúa claramente en el campo de las psicosis, como dos expresiones distintas de los efectos de la forclusión. Entonces, ¿podemos mantener un estatuto particular a la melancolía y a la manía, o debemos considerarlas como una forma evolutiva de la psicosis? Este tema queda abierto a discusión, sabiendo de antemano que en la variedad de los casos, tomados uno por uno, no implica la existencia autónoma de una entidad nosológica.

Por otro lado, Colette Soler afirma que Lacan: "(...) hizo de la forclusión, en tanto es rechazo del Inconsciente, la causa primera de la psicosis." "Como psicosis, la melancolía no se desencadena tanto por el encuentro de un padre, como por el de una pérdida. Esta pérdida (...) produce estragos: la mortificación del organismo sigue el vector de la muerte." (León, E., 1997)

En términos generales puede decirse que en relación a la melancolía, Lacan sigue un camino diferente al de la psiquiatría clásica, como también del tomado por Freud. En principio no jerarquiza el afecto de la tristeza sino que otorga relevancia a lo que llama "el filo del mortal lenguaje" y a la función del objeto a y el goce.

En el Seminario sobre La angustia (Harari,1993) Lacan se interesa por dar precisión a la relación del narcisismo con el objeto, a lo que forma parte de la estructura del fantasma ($<>a): "Como este objeto está habitualmente enmascarado tras la imagen narcisista, el melancólico necesita pasar a través de su propia imagen para alcanzar dicho objeto (...) cuya caída lo conducirá a la precipitación suicida." Se trata pues de la representación del mito de Narciso.

Con respecto a la manía, Lacan la atribuye a la falta de intervención del objeto a del fantasma ($<>a); el sujeto, sin la mediación del fantasma, queda atrapado en la extrema dispersión de sus pensamientos. Un excelente ejemplo de lo que ocurre en la manía y en la melancolía puede apreciarse en la película australiana "Shine", en la cual el actor Geoffrey Rush representa al notable virtuoso del piano David Helfgott actuando una extraordinaria demostración de una fuga de sus ideas, y consecuentemente, de su discurso, aparen­temente disparatado y vertiginosamente fugaz.

En "Televisión" (2001) Lacan escribe: "En cuanto a la manía es la falta de función del objeto a, es la no extracción de este objeto, lo que provoca, con el rechazo de todo desciframiento del goce por el Inconsciente, el retomo en lo real, de un goce que invade y sacrifica el organismo."

Ahora bien, ¿cómo asociar el pasaje al acto y el rechazo del Inconsciente? Para explicarlo, Miller (León, 1997) ha subrayado el binario lacaniano: "acto del Inconsciente". Por otra parte, ha querido destacar el componente real del síntoma (bedeutung), refiriéndose con ello a aquella parte del síntoma que es imposible de ser representada por el lenguaje y cuya causalidad última es asexuada, en todo caso autoerótica, lo más éxtimo, y en tanto tal, lo más íntimo, el objeto a.

A partir de los años 70, el síntoma se convierte en Sinthome, es decir, en una nueva forma de goce particular de cada sujeto. De acuerdo a la topología lacaniana de los nudos, el sinthome se convierte en el cuarto nudo que sostiene a los otros tres (simbólico, real, imaginario). El sinthome, como expresión de goce, es silencioso, no demanda interpretación puesto que no está dirigido al Otro. No es algo que el sujeto pueda dialectizar.

En la melancolía, precisamente el sinthome está situado en lo real, el sujeto identificado plenamente al desecho, al objeto, "no puede perderse." "Donde hay un agujero por ahí se lanza (...) el melancólico es un sujeto engullido por un objeto que es imposible perder." (Bassols en León, E.: 1997)

En relación al sentimiento de tristeza, Lacan acuñó una frase en "Televisión" (2001) que se ha hecho célebre: "La tristeza se la califica de depresión, pero ella no es un estado del alma, es simplemente una falta moral como lo expresó Dante, al igual que Spinoza: un pecado, es decir, una cobardía moral que sitúa al pensamiento como su resorte último."

Por otro lado, Serge Cottet (León, 1997) señala el carácter anti-lacaniano de los discursos que valorizan "un estado del alma" y esgrime para ello dos razones: un estado del alma es una manifestación tanto psíquica como somática. Con esto se refiere a la unidad del funcionamiento corporal, tal como lo recuerda Lacan en "Televisión" (2001). La segunda razón se refiere a que los estados del alma no son confiables para el abordaje de lo real. De ahí que el afecto (senti-miento) es tramposo en la medida que su causa se confunde con el objeto que nos afecta, en consecuencia, el Inconsciente no parece ser convocado.

Lo que la melancolía revela es el abandono del sujeto por el Otro (A) en una especie de "dejar plantado" como lo describe Schreber, especialmente en el caso de la melancolía delirante. "Nada más atroz que este dolor eterno que acompaña al más extremo desprecio de sí mismo, identificado al desecho..."

Cottet (León, 1997) retoma la melancolía o psicosis melan­cólica en un artículo reciente que forma parte de La Cause Freudienne, dedicada a la depresión. En dicho ensayo, Cottet escribe: "Comencemos por la psicosis que otorga a esta clínica del vacío o del hueco un apoyo real que, justamente, suspende toda traducción en términos de sentimientos." Luego se pregunta si toda tristeza es una cobardía moral y si todo dolor moral es un goce, "sin distinción, seriación, discriminación". Ante el Otro que se ausenta, la experiencia analítica demuestra que su falta determina abandono y cobardía. Al respecto, Cottet agrega: "Por el contrario, el rechazo del Inconsciente en la melancolía induce a una culpabilidad delirante cuya queja misma hace al goce." A la vez nos aporta un dato clínico importante: los duelos patológicos testimonian la imposibilidad de separar la pérdida de un objeto de la falta radical del Otro. Y que no es azarosa en tales casos la muerte real del padre, como sucede en el caso del pintor Cristóbal Haitzmann, desarrollado por Freud (1922) en "Una Neurosis Demoníaca del Siglo XVII".

En 1953, Lacan precisa que la metáfora paterna sustituye al Nombre (el Nombre del Padre) en el lugar primeramente simbolizado por la operación de la ausencia de la madre. Esta frase indica expresamente una encrucijada entre el momento del fort-da, o sea, de la simbolización primordial de la ausencia materna, y la metáfora paterna, que sustituye el Deseo de la Madre por el Nombre del Padre así simbolizado.

Fabien Grasser (2001) se pregunta cómo articular la forclusión del Nombre del Padre con el rechazo de esta simbolización primordial, con el rechazo de esta "primera vibración de esta onda estacionaria de renuncia" (Lacan, 1984, pp. 177) al objeto, con el rechazo de ese sacrificio suicida del yo original. En la psicosis no melancólica, el sujeto realiza el objeto del fantasma materno: él es quien colma el deseo materno conservando el objeto del goce del Otro. Aquí, el Otro no desaparece, el deseo materno está en el lugar y está satisfecho. No obstante, en la melancolía, el sujeto no logra completar al Otro materno; el deseo materno desaparece, el sujeto abandona ese objeto que odia por tener que depender de su goce. Rechaza el objeto de goce del Otro.

En este punto podemos encontrar allí una relación con "la muerte de la Cosa originaria", esa simbolización primera, así como la del sujeto, que desaparece en el instante de su nominación significante, "constituyendo la eternización de su deseo" (Op.cit., p.307). Si se trata del sacrificio de la parte narcisista del sujeto subordinado al sacrificio simbólico mismo, es en todo caso el rechazo de esa muerte, al mismo tiempo que el rechazo de la simbolización del objeto lo que sólo deja por resto esa parte narcisista del hoy. Hay rechazo del objeto pero sin simbolización y, en el lugar del objeto del fantasma que produce lógicamente la operación simbólica, sólo queda una imagen que el sujeto melancólico intentará atravesar en el acto suicida para alcanzar su ser, a. (Harari, R., 1993).

El objeto abandonado por el sujeto en la melancolía, aquél cuya sombra puede caer sobre el yo, viene en lugar del das Ding, la Cosa siempre perdida, aquella que lo alienaba. Ese sujeto se identifica con el odio hacia esa Cosa, mejor dicho, la vertiente narcisista de su yo se identifica con la mismísima Cosa perdida. Sin embargo, Laurent (1988) recuerda que la melancolía implica también una segunda condición, la del destino de "la identificación con el padre muerto en la psicosis", identificación de la cual, según Freud, el superyo es heredero, la forclusión del Nombre del Padre, condición de retomo del goce propio de la Cosa sobre el yo. Entonces, en ausencia del goce fálico que falta, la identidad sexual y la relación entre los sexos, surge este goce devastador.

En la psicosis no melancólica, hemos dicho que el objeto está lejos de ser abandonado. Existe una especie de pacto entre el Otro del goce -la madre primordial- y el sujeto que porta su objeto a, de tal forma que ningún encuentro impone un llamado al Nombre del Padre. Desde entonces, la metáfora delirante paranoica, la identificación esquizofrénica a un significante amo, bastan para construir o reparar una significación que sustituya la significación fálica. Pero es sabido que la elisión de esta significación conlleva el desencadenamiento del goce sobre ese objeto no separado del sujeto.

En la melancolía no hay objeto, es abandonado. Tampoco hay pacto con el Otro. Unicamente la imagen narcisista puede taponar el goce, a condición de que sea ejemplar para el ideal. La menor imperfección que surja en esta situación de carencia del Nombre del Padre y del goce fálico deja pasar un goce que proviene de una parte del yo mismo, del superyó. Este goce se estrella, entonces, sobre lo que se sustituía al objeto abandonado, a das Ding, para disolver esa imagen. Es muy probable que es el momento preciso en que el sujeto melancólico se encuentra en la necesidad de "pasar a través de su propia imagen, de poder alcanzar ese objeto a cuyo pedido se le escapa..." (Lacan, J. en Harari, 1993). "El intenta reunirse con a, ese ser opaco que le vuelve del momento que ya no lo había hecho desaparecer por no ser más que un significante todavía no representado por un segundo, en el momento de la primera operación simbólica, la alienación" (Lacan, 1963, p. 819). En el caso de la psicosis no melancólica, ese objeto no es opaco, puesto que es bien localizado por el Otro.

Así, el sujeto que siente el dolor engendrado por la separación del objeto, para él imposible, intenta develar ese objeto tratando de reunirse con él en el acto suicida.

La ética del bien decir

Tanto en Freud, como con Lacan más tarde, la vivencia depresiva es encarada con una inversión dialéctica: la depresión plantea una cuestión ética.

Ya en su Carta 73 a Fliess, Freud planteaba que la ética consistía en continuar diciendo más allá del impedimento de los "estados de humor" que hacen obstáculo al avance de su análisis. Dichos estados impiden el acceso hacia lo que su intuición lo empuja: hay algo en él en reserva. Así, los elementos depresivos hacen obs­táculo al inconsciente y a una exigencia ética: el buen decir.

El trastorno del humor sigue siendo el símbolo cardinal de la depresión. El humor oscila con una adecuación o inadecuación de la relación del sujeto con su mundo. Oscila del buen humor que nos da la impresión que va más allá de nosotros mismos, al humor triste con el sentimiento de los límites de sí reducidos a la estrechez del cuerpo que se fija, del mismo modo que los "movimientos articulados a la palabra". En el límite de la posibilidad de moverse, Lacan sitúa el dolor, "dolor petrificado" que no deja de evocar la melancolía.

Guy Briole (1996) expresa del humor que es una variación de lo transitorio y de la fijeza que toca el corazón mismo del ser. No marca diferencia. La tinta del humor no deja huella tal como lo que no cesa de no inscribirse, lo real. El humor escapa al decir que de sí mismo no escapa, en ese sentido, empuja a la verborrea o a callarse.

Los dos polos extremos de la oscilación del humor no conciernen sólo a la psicosis (maníaco depresiva). Así para todo sujeto, por ser sujeto del inconsciente, hace de él un conjunto vacío que trata de completarse, ya sea del lado significante, ya sea del lado del objeto. En este sentido, los trastornos del humor dan cuenta de lo que ocurre en esas oscilaciones.

En los dos polos del humor, faltan las palabras para decirlo. Todo lo informulable se sitúa en la falla del buen decir. De este modo, sólo puede decirse la variación del humor.

El humor se diferencia de la angustia por el hecho que no está desplazada como el afecto, sino que se le encuentra siempre en el mismo lugar. La angustia, dice Lacan, es lo que no engaña, es certeza de su lazo al objeto. Las variaciones del humor, así como la inhibición, estarían ligadas, más bien, a las relaciones del sujeto con su falta.

Este punto de vista es el que sostiene Freud en "Lo Perecedero" (1915b). Allí destaca dos actitudes con respecto de lo efímero: por un lado rebelarse y por el otro, el estado doloroso que conduce a la desvalorización y a la desinvestidura previa. Este estado de duelo anticipado es común a los seres humanos cuando toman conciencia de lo fugaz de los objetos que conforman su mundo. La angustia del futuro se articula a la depresión, que se refiere al pasado.

La angustia ante el peligro de la pérdida se acompaña de la depresión de la pérdida realizada. La referencia es entonces a lo que ha sido y ya no es. Puede decirse que en la angustia es "lo que viene" mientras que en la depresión "ha llegado."

Briole (1996) propone que hacer una clínica de la depresión en relación a estos dos signos cardinales que son el humor y la inhibición implica, al menos en el caso del sujeto neurótico, hacer una clínica del deseo.

En conclusión, es en la falta de palabras donde la depresión encuentra su existencia. En la clínica se comprueba que el sujeto encuentra siempre razones para explicar sus variaciones de humor, efecto de un encuentro que es siempre el encuentro con la falta, de donde surge un agudo sentimiento de impotencia. Ante la impotencia, el sujeto no encuentra muchas veces otra salida que la de "hacer algo." La imposibilidad de la palabra se acompaña del imperativo de hacer. La vivencia depresiva es lo que se manifiesta cuando el síntoma ya no se sostiene como arreglo estructural ante el desfallecimiento de la metáfora paterna. La depresión es la manifestación de la cara real del síntoma, es precisamente en la falla del síntoma donde ésta se aloja. Se trata de recubrir el síntoma para que el efecto de separación no se obtenga. El "yo no sé" del sujeto neurótico se recubre en este caso con el "yo no digo" del deprimido.

Comentario Final: Es un hecho que la melancolía ha sido siempre, en mayor o menor grado, adscrita a la depresión. Hoy en día la psicosis melancólica ha perdido la precisión de su diagnóstico clínico al quedar adosada en "la Depresión", ese significante unlversalizado por los intereses del mercado.

Desde Lacan decimos que el rechazo del deseo y el no querer saber nada sobre su inconsciente es la clave de la posición subjetiva del deprimido. La apuesta teórica de la melancolía se funda sobre un rechazo forclusivo definitivo de la falta: "Sin falta y sin deseo, el melancólico pasa de la exultación de estar ilusoriamente colmado a la desesperación de haberlo perdido todo." (Juranville, 1993: p. 41)

Decimos que la depresión es uno de los recursos empleados por el sujeto para no afrontar el riesgo del deseo. El deseo inconsciente, motor de la vida psíquica, imprime su huella en cada uno de nuestros actos y elecciones. Si bien es cierto que todo sujeto se encuentra en cierta medida dividido respecto a su deseo, el ser incapaz de reconocerlo de manera directa o el no poder apropiarse de él tiene un efecto. Ciertamente, la relación del ser hablante con su deseo es siempre conflictiva.

En otras palabras, la depresión es un modo de renuncia frente al deseo y un no querer hacerse cargo del conflicto que implica. Por ello, Lacan supone que se trata de una cierta cobardía moral que se expresa en la falta de entereza del sujeto para enfrentar la vida.

La investigación ha demostrado que dar la espalda al inconsciente tiene su precio. El sentimiento de culpabilidad que afecta con frecuencia al deprimido lo lleva en ocasiones a buscar procurarse un castigo por una falta que desconoce. Esta culpa no siempre se refiere al daño cometido a otros; muchas veces estamos en falta con nosotros mismos, nos traicionamos cuando traicionamos el deseo que nos habita.

Así del mismo modo que decimos que la depresión es un obstáculo al deseo, podemos afirmar que el deseo es el mejor remedio contra la depresión.

Bibliografía

Briole, G. (1996) La Depresión, un sufrimiento más allá de las palabras. El Caldero de la Escuela. No. 46. Publicación Mensual de la Escuela de Orientación Lacaniana.
Cancina, Pura H. (1992) El dolor de existir... y la Melancolía. Rosario, Argentina: Homo Sapiens Ediciones. Colección Clínica de los Bordes.
Dessal, G. (1998) La Depresión: Un Obstáculo al Deseo. Pliegos. Sección de Madrid. Escuela Europea de Psicoanálisis.
Freud, S. (1895) Proyecto de una psicología para neurólogos. EnLópez-Ballesteros; L. (trad.) Obras Completas. Madrid, España: Biblioteca Nueva.
Freud, S. (1915a) Duelo y melancolía. En López-Ballesteros; L. (trad.) Obras Completas. Madrid, España: Biblioteca Nueva.
Freud, S. (1915b) Lo Perecedero. En López-Ballesteros; L. (trad.) Obras Completas. Madrid, España: Biblioteca Nueva.
Freud, S. (1922) Una Neurosis Demoníaca en el Siglo XVII. En López-Ballesteros; L. (trad.) Obras Completas. Madrid, España: Biblioteca Nueva.
Freud, S. (1923) Neurosis y psicosis. En López-Ballesteros; L. (trad.) Obras Completas. Madrid, España: Biblioteca Nueva.
Freud, S. (1925) Inhibición, síntoma y angustia. En López-Ballesteros; L. (trad.) Obras Completas. Madrid, España: Biblioteca Nueva.
Grasser, F. (2001) Psicosis y melancolía. Traducción de María Pascual. Colofón No. 20. Boletín de la Federación Internacional de Bibliotecas del Campo Freudiano.
Harari, R. (1993) El seminario "La angustia," de Lacan: una introducción. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
Juranville, A. (1994) La mujer y la melancolía. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión. Colección Freud <> Lacan.
Lacan, J. (1987) "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis" en El Seminario. Buenos Aires: Editorial Paidós. (Trabajo original publicado en 1964)
Lacan, J. (1988) "Función y campo de la palabra..." en Escritos 1. Buenos Aires. Editorial Siglo XXI.
Lacan, J. (1984) "De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis" en Escritos 2 . Buenos Aires: Editorial Siglo XXI.
Lacan, J. (2001) 'Televisión" en Otros Escritos. París: Editorial Seuil.
Laurent, E. (1988) Melancolía, Dolor de Existir, Cobardía Moral. Ornicar? No. 47. Paris: Editorial Navarin.
Leguil, F. (1996) Las Depresiones. El Caldero de la Escuela. No. 46. Publicación Mensual de la EOL.
León, E. (1997) Acerca de la llamada Melancolía. Nuevas Formas del Síntoma en la Cultura. Publicación del II Coloquio del Campo Freudiano en Cuba. Barcelona: Ediciones Eolia.
Marucco, N. (1986) La melancolía: el ocaso de una pasión. Revista de psicoanálisis, XLIII, 4. México.

viernes, 7 de junio de 2024

La cobardía moral en la tristeza

 Se lo ha criticado a Lacan, planteando que el psicoanálisis desde su enseñanza desatiende lo que pertenece al campo de los afectos en orden a priorizar o resaltar una dimensión más determinista, simbólica y por consiguiente, estructural.

Esta postura implica una falta de lectura respecto al planteo de Lacan. Una de las cuestiones más importantes que elabora y con mucho detalle a partir del seminario “La angustia” es el campo mismo de los afectos y esencialmente, a partir de pensarlos como efectos del significante.

El afecto no solo cuenta por cuanto el sujeto lo padece o vivencia, sino que lo define como un efecto de la desnaturalización por acción del significante, con lo cual entrama al afecto en la constitución misma del sujeto.

Otro abordaje interesante de los afectos es a través de lo que denomina las pasiones del alma, puntualmente tomando a Santo Tomás.

En “Televisión”, de 1973 propone un abordaje de los afectos en el sentido de la seriedad, o sea asociarlo a la lógica que es propia de la serie, la cadena significante. Entonces el planteo se dirige a interrogar el vínculo que existe entre el afecto y el inconsciente. Y allí llama poderosamente la atención una afirmación respecto de la tristeza asociada generalmente a la idea de depresión.

La crítica se dirige a ese asociar la tristeza a la depresión, en la cual el alma, incluso dice la psicología serian su soporte. Para Lacan en cambio la tristeza es una falta moral que se asocia al pecado. Agregar a esa falta la dimensión de la cobardía indica que se trata allí de un cierto retroceder no solo del inconsciente, sino también del deseo.

Es importante resaltar que este planteo, en el contexto de esa entrevista no significa que el analista debiera empujar al sujeto al heroísmo, situación en la cual orientaría la cura de acuerdo a algún ideal o S1

domingo, 6 de marzo de 2022

La filosofía de Baruj de Spinoza

BARUJ DE SPINOZA (Ámsterdam, 24 /11 / 1632 - La Haya, 21 /2 / 1677) fue un filósofo, de origen sefardí portugués, heredero crítico del cartesianismo, uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, perseguido y marginado en vida por las autoridades religiosas judías por un único pecado: atreverse a pensar por sí mismo.

Es un autor extraño, que se lo ha olvidado, reencontrado y vuelto a olvidar  hasta que Deleuze lo volvió a traer.  Sin embargo, la historia hace justicia, y Spinoza es considerado hoy una de las grandes mentes de su generación, así como uno de los más grandes racionalistas que han existido, junto al francés René Descartes y al alemán Gottfried Leibniz. .


La tesis doctoral de Gilles Deleuze fue sobre Spinoza. Antonio Negri también escribió  sobre Spinoza. Lacan se consideraba spinozista desde los 16 años. En Lacan la presencia de Spinoza es fuerte, por ejemplo en el hecho de que el hombre tiene como esencia el deseo, aunque el deseo spinozista es distinto del deseo freudiano.


Hobbs ya había sostenido que el hombre estaba sujeto a las pasiones crueles y que el hombre en sociedad es un lobo entre lobos. Para Hobbs es necesario generar un pacto para vivir en sociedad. Si el hombre estuviera en estado natural junto a otros hombres; se destruirían. Por miedo, el hombre llega a un pacto donde depone algunos derechos naturales en función de una autoridad, que decide por él. Ese Uno sostiene el fundamento único es casi como un dios, aunque mortal. Se trata de una idea contractualista.


El que le sigue a Hobbs en política es John Locke, que ya no habla de lucha de vida o muerte, sino de propiedad, que constituye la base de la soberanía. La propiedad permite ser el sustento de los productos que dan lugar a la alimentación. 


Posteriormente encontramos al padre  del liberalismo, Rousseau, que trae la idea de la representatividad y contrato social. A partir de allí se construyen las ideas republicanas que tenemos en la actualidad.


En contraposición a Hobbs, aparece Spinoza, como para entender el contexto.


Spinoza nació el 24 de noviembre en 1932. Murió en la haya, 21 de febrero de 1677. La casa paterna estaba en la sección de Amsterdam en la que vivían muchos judíos. Educado inicialmente en el judaísmo, conoció también la escolástica cristiana, las tendencias  neoplatónicas renacentistas, las nuevas ciencias y, especialmente la filosofía de Descartes.


Obra de Spinozza

  • Principios de la filosofía de Descartes. Pensamientos metafísicos. (1663)

Aquí, de forma anónima, Spinoza dice que la religión es una falacia, que no existen los profetas, ni las profecías, ni los milagros. A Spinoza lo trataron de matar al salir de una sinagoga. 

  • Tratado teologico-politico (1670)

  • Tratado breve (escrito hacia 1660)

Acá muestra su forma de pensar. Dice que para encontrar algo del orden de la verdad, primero hay que sacarse de encima las imágenes,  encontrar los puntos en común por el orden de la razón quebhay entre lo que se observa y utilizar una forma intuitiva racional para encontrarse con la verdad.

  • Tratado de la reforma del entendimiento (escrito hacia 1661)

  • Ética demostrada según el orden geométrico (escrito en 1661).

  • Tratado Político (escrito 1675)

Es una obra que quedó sin concluir por la muerte del autor.

  • Compendio de gramática hebrea 


La familia de Spinoza nació en Portugal, pero los reyes promovieron la conversión de los judíos al cristianismo para seguir viviendo en la península ibérica. Esto causó gran congoja, por tener una creencia y sostener otra. Por alguna razón la melancolía será considerada en esa época una enfermedad judía, homologándolas, como lo hizo Andrés Velasquez. 


Si bien en el siglo XVI y XVII se encuentran diferentes posiciones religiosas. La situación del converso era un caso anómalo, había renunciado a su fe, pero no se los podía cuestionar legítimamente, porque su decisión era producto de una coyuntura que le era absolutamente insuperable en el plano de la decisión individual


También fueron llamados Criptojudíos a esos que se habían convertido, aunque en el ambiente se los llamaba marranos, cerdos. Ante este maltrato, muchos huyeron, habiéndose convertido o no, hacia el norte de África. Muchos murieron. Los sultanes ayudaron a que se pudieran asentar en las costas de Persia. Aún hoy en esa zona se habla en ladino, un castellano antiguo donde por ejemplo la H suena como F. Todos estos temas tienen participación en la obra de Spinoza. 


Otros judíos se fueron hacia Holanda y Amsterdam era considerada la nueva Jerusalén, por ser la ciudad más liberal del mundo. Antonio Negri dice sobre Spinoza:

"Es probable que el interés mercantilista de los holandeses del siglo XVII, al experimentar una tendencia hacia un porvenir de antagonismos, lo haya salvado de la hoguera a diferencia de otros innovadores revolucionarios que tuvieron ese destino".


Excomunión de Spinoza.

No Obstante estar en Holanda, el 27 de julio de 1656 Spinoza fue expulsado de la comunidad judía (así como excomulgado y desterrado de la ciudad de Amsterdam)

Esto dice su excomunión:

¡Maldito sea de día y maldito seas de noche! Maldito sea cuando duerme y maldito sea al levantarse! ¡Maldito sea al salir de su casa y también al entrar en ella! ¡Que el señor no le conceda jamás el perdón! ¡Que El Señor descargue de ahora en adelante toda la ira en este hombre! ¡Que le colme todas las maldiciones que están escritas en el libro de la Ley! El señor aniquilará su nombre bajo el firmamento y lo apartará para su propio perjuicio.  


Doscientos años después, Spinoza es traído a la filosofía por Mendelson, en el seno del idealismo alemán. ¿Pero por qué a Spinoza lo han querido matar y lo excomulgaron? 


Hay cuatro perspectivas de lectura según el neurofisiólogo Damasio.

  1. Spinoza accesible erudito religioso que no está de acuerdo con las iglesias de su época. 

  2. Spinoza arquitecto político, el pensador que describe las características de un Estado democratico ideal poblado por ciudadanos responsables y felices. 

  3. Spinoza como filósofo que utiliza datos científicos, un método de demostración geométrica e intuición  para demostrar una idea del universo.

  4. Spinoza protobiólogo, pensador biológico oculto tras numerosas proposiciones, axiomas, pruebas, premisas y escolios. 


Spinoza cerró la brecha entre alma y cuerpo que propuso Descartes, cerrando este dualismo. 


La ética que escribe Spinoza está dividida en 5 libros:

Primera parte: De Dios.

Segunda parte: De la naturaleza y el origen del alma.

Tercera parte: del origen de la naturaleza de las afecciones.

Cuarta parte: De la servidumbre (alienación) del hombre o de la fuerza de las afecciones. 

Quinta parte: De la potencia del entendimiento ó de la libertad del hombre.  


Spinoza escribe de manera geométrica, perfectamente articulado. Comienza por Definiciones, de donde se desprenden axiomas, luego proposiciones, luego preguntas, luego respuestas y conclusiones.

La Ética comienza por definiciones:

  1. Por causa de sí entiendo aquello que cuya esencia implica la existencia, o, lo que es lo mismo, aquello cuya naturaleza puede concebirse como existente.

  2. Se llama finita en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de su misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que es finito un cuerpo porque concebimos siempre otro mayor. De igual modo, un pensamiento es limitado por otro pensamiento. Pero Un cuerpo no es limitado por un pensamiento, ni un pensamiento por un cuerpo.

  3. Por substancia (sustrato, no sustancia) entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, esto es, aquello cuyo concepto, para formarse, no precisa del concepto de otra cosa. 

  4. Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de una substancia como constitutivo de la esencia de la misma.

  5. Por modo entiendo las afecciones de una substancia, o sea, aquello que es en otra cosa, por medio de la cual es también concebido.

  6. Por Dios entiendo un ser absolutamente infinito, esto es, una substancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita. 

Para Spinoza, los atributos son infinitos  que percibe el hombre es la extensión y el pensamiento de la misma substancia, que es una. Mientras que, Descartes sostenía que habían dos substancias: extensión y pensamiento.


Los modos son las formas finitas en que se expresa la substancia, como en las cosas, como una computadora, el hígado o el hombre. Los modos del pensamiento son las ideas. 


El problema con Spinozza es que Dios Queda subsumido a una idea mecánica. Dios es causa primera, substancia infinita. Es una lectura un tanto cartesiana. 


Desde el comienzo, Spinoza caracteriza la substancia como única, ilimitada, es decir, infinita. Pero La Definición más acabada se encuentra en la Ética: 

"Por substancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, esto es, aquello cuyo concepto, para formarse, no precisa del concepto  de otra cosa" (E 1 Def 3)


Así, Dios es la substancia, y al mismo tiempo la Naturaleza, solo en ese sentido se puede sostener que Dios es el sustrato propio en sí y para sí que no necesita de otra cosa para ser concebido, es esencia que envuelve la existencia. Esto se acerca a una posición posterior, que es la de panteísmo, cosa que no era aceptado enneda época.


De esta manera, Spinoza sostiene que Dios es causa. Lo causado difiere de su causa precisamente en lo que ha recibido de su causa.


Establece desde, bajo la óptica geométrica, un detalle que lo lleva a postular desde el inicio una tríada: sustancia, atributo y modo. De esta manera Dios queda subsumido bajo el atributo y el modo.


En esa concepción, Spinoza dice que el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas. Es decir, entre el alma y el cuerpo hay cierta unidad de sustancia, pero también hay un paralelismo desde el punto de vista de los atributos. El alma no tiene un privilegio por encima de las cosas ni las cosas por sobre el alma. 


Spinoza produjo tres subversiones de la moral tradicional que tienen como eje central a las afecciones. 

La primera: quita cualquier causa final de la moral, sosteniendo la causa inicial. Spinoza acá está siguiendo a la tradición física de la inercia. 

La segunda: afirma el paralelismo entre el alma y el cuerpo..

La tercera subversión consiste en subordinar la Ética a la economía de las afecciones, de las pasiones. Este tema había sido relegado en la filosofía.


Spinoza se pregunta ¿Qué puede un cuerpo? Spinoza, al mismo tiempo que propone a las pasiones en un lugar central, también advierte sobre el estatuto que debe adquirir el cuerpo.  A la pregunta sobre qué es un cuerpo, interrogante que puede parecer ingenuo, encontramos una respuesta compleja: "un cuerpo es un compuesto".


El cuerpo en Spinoza tiene una dimensión de potencia llamada conatus, que hace que el cuerpo no se descomponga. 


Dice Damasio:

El conatus incluye tanto el ímpetu para la autopreservación frente al peligro y las oportunidades. como las múltiples acciones de autopreservación que mantienen juntas las partes del cuerpo.  A pesar de las transformaciones que el cuerpo tiene que experimentar a medida que se desarrolla, renueva sus partes constituyentes y envejece, el conatos continúa formando el mismo individuo y respetando el mismo diseño estructural.

¿Qué es el conatus de Spinoza en términos biológicos actuales? Es el conjunto de disposiciones establecidas en circuitos cerebrales que, una vez activadas por condiciones internas o ambientales, buscan la supervivencia como el bienestar."


Composición. Las partes que constituyen un cuerpo se afectan mutuamente en relaciones composición y de descomposición de acuerdo con leyes del movimiento y del reposo.

Esto es interesante para plantear qué somos: compuestos, como los órganos, las células. Pero para ser humanos hay algo del orden de la causa y de la potencia que hace que esto se mantenga compuesto de tal manera.


Affectio y affectus. Spinoza hace una distinción entre affectio y affectus. A nivel del pensamiento las ideas hacen referencia al cuerpo como si estuvieran presentes. Este nivel de la representación corresponde a la affectio y se refiere al estafo del cuerpo propio de ser afectado por otro cuerpo. Los cuerpos se afectan. Pero en otra instancia, Spinoza utiliza la expresión latina affectus, que es una expresión difícil de traducir. Affectus puede ser comprendido como afección y al mismo tiempo, como acción (pasión como acción). 


Spinoza define tres pasiones básicas. Spinoza define al deseo, a la alegría y a la tristeza como tres pasiones básicas. 


El Deseo es el apetito acompañado de la conciencia del mismo (E 3 P9 S) Es algo del orden de la potencia, del conatus. El deseo es central, se combina hacia abajo en tristeza y hacia arriba en alegría. 

La alegría, una pasión por la que el alma pasa a una mayor perfección (E 3 P 11 S). La alegría y la tristeza son desde ética, son del orden de la potencia, de economía que hacen a la esencia del ser.

La tristeza, en cambio, una pasión por la cual el alma pasa a una menor perfección (E 3 P 11 S)


Las eupathias estoicas. Recordemos que los estoicos afirman que hay tres eupathias: el gozo (xarán), la voluntad (bóulesin) y la cautela (eulábeian). La tristeza, por lo tanto, no es considerada como una eupathia.

 

Sin embargo, San Agustina afirmó, al promulgar el pecado original, que la tristeza era una de ellas.  La tristeza como pecado trajo el problema paradójico de la acedia medieval. Durante la Edad Media, este tema adquiere una importancia radical, particularmente en el trato de la tristeza que toma un carácter paradójico.


En el siglo IV, la Iglesia Cristiana tomó el término acedia para designar esta serie de manifestaciones que cada vez eran mas usuales y hacían de la tristeza un pecado capital.   


La tristeza como eupathia, tal como dice Agustín, entraña la base de dicha paradoja. La tristeza da muestras por un lado del pecado y por otro de la constricción del alma por la pena la penitencia es una tristeza que desentraña un matiz sorprendente. Está viene al lugar del reato de la pena qué es producto de una culpa original.


Esto estaba basado en la paradoja Paulina sobre la tristeza. Pablo de Tarso fórmula una aserción problemática sobre la tristeza en Epístola Ii a los Corintios:

" porque la tristeza (lúpe) qué es según Dios obra arrepentimiento (metanoiam) saludable, más la tristeza del siglo (kosmou) obra muerte. 


La pasión para Spinoza

La Pasión es el poder mismo del hombre, su capacidad de ser afectado. Es la potencia de obrar. Inicia del deseo del hombre y es necesariamente activa. 


Para Spinoza, las pasiones hablan del deseo del hombre y de la potencia de obrar. Y en las pasiones hay algo de la pasividad, está surge como consecuencia de la economía de la adecuación/ inadecuación en correspondencia con las causas.


Un orden en la obra de Spinoza.

Spinoza propone un orden: se funda en una razón subordinada en un criterio de utilidad de las causas eficientes; que está dado por la potencia de existir y el obrar. 

El sentido de la utilidad se centra en términos de las causas eficientes, y no de los fines, en solidaridad con la potencia en el plano de la inmanencia.


La utilidad de la causa eficiente es la obtención de la máxima potencia, que implica un trabajo que no impone ningún tipo de renuncia, ascesis o sacrificio en la vía del amor a Dios. 


Spinoza entiende que el amor no responde a la lógica de ninguna justicia retributiva o cualquier tipo de recuperación que implique alguna forma de negociación. El amor no entra en la lógica del don, sólo es alegría con idea de una causa exterior.


Tristeza e impotencia. La tristeza en Spinoza es algo que afecta al alma y al cuerpo, que se traduce en la impotencia de obrar y pensar en forma adecuada a la propia esencia. 


Pero en lo relativo al juego de la potencia, la tristeza es la consecuencia sino que es la respuesta a algo impropio que disminuye la potencia de obrar. Esto es, esencialmente, inadecuación en el orden de las causas y del conocimiento que tiene consecuencias prácticas. La tristeza solo conlleva a la servidumbre y a la alienación. Nuevamente, no se trata de la tristeza en el sentido tímico ni el estado de ánimo.


Sacrificio y auto tormento en la práctica del penitente. Una de las más fuertes creencias de los hombres sustentada en que el sacrificio, el auto tormento y las prácticas ascéticas son una garantía y no tienen sentido. 


La práctica del penitente es, sin duda, el lugar más elocuente en dónde se pone en evidencia esta cuestión. Para este, las pasiones tristes comportan de por sí, un bien. Esté bien es en apariencia pasible de ser acumulado.


La tristeza en Spinoza no se opone a la alegría en una vertiente hedonista. La misma se inscribe en un estatuto práctico. La tristeza es aquella que señala el nombre más pleno del servilismo y la inadecuación del entendimiento.


Criterio de utilidad. No se busca lo que es bueno, sino que algo es bueno porque es útil.


Orientarse por la utilidad de los fines que comporta la ilusión de una causa final implica un detenimiento, impedimento u obstáculo que representan un excedente del orden de operaciones, que no conviene a la razón propia de la naturaleza.


La utilidad en Spinoza no tiene que ver con la economía de la pertenencia ó con la acumulación.  La noción de "utilidad" a la que se refiere Spinoza no se consigue con ningún tipo de economía de pertenencias ó de bienes. Spinoza señala que:

"En el estado natural nadie es dueño de cosa alguna por consenso común, ni hay en la naturaleza nada de lo que pueda decirse que pertenece a un hombre más bien que a otro".


Hay que aclarar que cuando Spinoza escribió esto en latín, no utilizó potentas (poder, posesión), sino el término potentia, que quiere decir fuerza. De esta manera, se trata de una potencia de fuerza y no de dominio. Esto mismo es con Nietsche.


La esencia del hombre y el carácter de lo propio.

El carácter central de la Ética gira en torno al deseo. 

"El deseo es la esencia misma del hombre en cuanto es concebida como determinada a hacer algo en virtud de una afección cualquiera que se da."

De esa proposición inaugural Spinoza introduce toda una economía de las afecciones. El centro de la misma está dado por la potencia del conatus que responde al esfuerzo de preservar en el ser como la naturaleza de lo propio.


El Problema del mal.

Pregunta Blyenbergh: ¿Cuál es el estatuto del mal? ¿La voluntad divina puede ser garantia de cierta finalidad?


Spinoza responde:

"por mi parte no puedo admitir que los pecados y el mal sean algo positivo, y mucho menos que algo exista o suceda contra la voluntad de Dios. Por el contrario, no solo digo que los pecados no son algo positivo, sino que también afirmo que solo impropiamente, o hablando al modo humano, podemos decir que pecamos contra Dios o que, cosas solemos decir, los hombres ofenden a Dios."


Blyenbergh objeta a Spinoza inmediatamente: ¿Pero Entonces, si no existe el mal absoluto, que se entiende por mal?...


Spinoza responde:

"Por tanto, dado que la voluntad o la decisión de Adán, considerada en sí, no era mala, ni, para hablar con propiedad, contraria a la voluntad de Dios, se sigue que Dios puede, antes bien, debe ser, por la razón que usted observa, su causa; pero no en cuanto fue mala, Pues el mal que había en eso no lleva más que la privación de un estado que Adán debía perder a causa de esa acción. Y es cierto es que la privación no es algo positivo y se llama así con respecto a nuestro entendimiento, pero no con respecto al de Dios."


Spinoza sigue con la respuesta a Blyenbergh:

"[...] si con la naturaleza de alguien concordase mejor que se ahorcara, ¿podrían existir razones para que no se ahorcara? Pero admitamos que es posible que exista tal naturaleza, en tal caso, afirmó (admita yo o no el libre albedrío), que si alguien ve que puede vivir más cómodamente en la horca que sentado a su mesa, obraría muy necia mente si no se ahorcase."


Como vemos, todo en Spinoza es en función de la potencia y en la esencia de su deseo. 


Crítica a la religión.

Para Spinoza, la religión manifiesta los mismos síntomas que surgen de la enajenación del hombre respecto de sí mismo y de la naturaleza. El efecto de tóxico se ve tanto en la religión como en la política del temor. 


El sacerdote y el falso profeta se sirven de los artilugios de la ilusión para desviar al vulgo de las verdaderas causas Estableciendo relaciones de autoridad y de poder en las cuales construyen falsa jerarquía. 


El mismo andamiaje que se revela en la religión surge como sustrato en el régimen de la monarquía y en la estrategia del tirano.


Crítica a la política.

En el ámbito político la lógica es la misma. Spinoza parece concordar con Hobbes algunos aspectos, pero en el tratado político La distancia es inevitable. Spinoza sostiene que ningún hombre puede ceder en su totalidad su propia potencia. 


Spinoza privilegia la causa que conduce al derecho, puntualizando la potencia propia, con independencia de toda fuerza externa que lleve a una coacción interna ajena a la esencia de la multitud.


Nombres de la tristeza.

Según causas externas: el odio, la repulsión, la desesperación, la insatisfacción y la conmiseración.

Causas internas: la humildad, el arrepentimiento, la abyección y la vergüenza. El miedo abro paréntesis y la esperanza) escapa a la contraposición entre lo externo y lo interno. 


Por el odio: la indignación, el menosprecio, la ira, la venganza y la envidia. 

Por la conmiseración: la benevolencia y la crueldad. 

Por el miedo: el temor y la pusilanimidad. 

En forma indirecta: El desprecio, la irrisión, la soberbia, la ambición y la indignación.

Todos estos son nombres de la tristeza, en tanto quitan potencia.


Consecuencias de la tristeza.

En ese ámbito -infinito como el deseo- no hay lugar para la falta, la culpa o la carencia, como Tampoco hay lugar para el exceso. La promoción de las pasiones tristes hacia los hombres serviles de su impropiedad, esclavos de la ignorancia y sumisos a la pobreza de sus pensamientos.

El vulgo cree encontrar la seguridad en la acumulación de la riqueza, el poder, la vanagloria o los honores, sin saber qué es una expresión de los bienes inciertos de la fortuna.


Carácter de la tristeza. Spinoza es categórico: "Llamamos 《malo》 a lo que es causa de tristeza (E 4 P 30 D)

Esto es correlativo a que:

"ninguna cosa puede ser mala por lo que tiene de común con nuestra naturaleza, sino que es mala para nosotros en la medida en que nos es contraria".


La tristeza trasluce de la destrucción de los órdenes de conveniencia de acuerdo a la potencia.


La Tristeza es una irreductible falla moral. La tristeza, en los hombres, mueve una pauperización de su condición y en la multitud produce un efecto devastador, que como un tóxico, carcome los cimientos de la fuerza social. Por ese motivo, la tristeza se denuncia como una verdadera e irreductible falla moral.