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lunes, 19 de octubre de 2020

¿Qué son las fantasías originarias?

Al.: Urphantasien. 
Fr.: fantasmes originaires. 
Ing.: primal phantasies. 
It.: fantasmi (o fantasie) originari(e), primari(e). 
Por.: protofantasias, o fantasias primitivas, u originarias. 
Se trata structuras fantaseadas típicas (vida Intrauterina, escena originaria, castración, seducción) que el psicoanálisis reconoce como organizadoras de la vida de la fantasía, cualesquiera que sean las experiencias personales de los individuos; según Freud, la universalidad de estas fantasías se explica por el hecho de que constituirían un patrimonio transmitido filogenéticamente. El término Urphantasien aparece en los artículos de Freud en 1915: «Estas formaciones fantaseadas (observación de la relación sexual entre los padres, seducción, castración, etc.) las denomino fantasías originarias». Las llamadas fantasías originarias se encuentran de un modo muy general en los seres humanos, sin que puedan referirse siempre a escenas vividas realmente por el individuo; reclamarían, por lo tanto, según Freud, una explicación filogenética, mediante la cual la realidad recobraría sus derechos: así, por ejemplo, la castración habría sido efectivamente practicada por el padre en el pasado arcaico de la humanidad. «Es posible que todas las fantasías que se nos cuentan actualmente en el análisis [...] hayan sido en otra época, en los tiempos primitivos de la familia humana, realidad, y que el niño, al crear fantasías, no haga más que rellenar, con la ayuda de la verdad prehistórica, las lagunas de la verdad individual». En otras palabras, lo que fue realidad de hecho en la prehistoria se habría convertido en realidad psíquica. 

Lo que entiende Freud por fantasías originarias resulta difícil de comprender si se considera aisladamente; en efecto, este concepto es introducido al final de un largo debate sobre los elementos últimos que el psicoanálisis puede sacar a la luz en relación con el origen de la neurosis y, de un modo más general, tras la vida fantasmática de todo individuo. Muy pronto Freud se esforzó en descubrir acontecimientos arcaicos reales, capaces de suministrar el último fundamento de los síntomas neuróticos. Denomina «escenas originarias» (Urszeizeiz) estos acontecimientos reales, traumatizantes, cuyo recuerdo se halla en ocasiones elaborado y enmascarado por fantasías. Entre ellas, hay una que conservará en el lenguaje psicoanalítico el nombre de Urszene: la escena del coito parental, que habría presenciado el niño (véase: Escena originaria). Se observará que estos acontecimientos primordiales se designan con el nombre de escenas y que, desde un principio, Freud se esforzó en destacar, entre ellas, guiones típicos y en número limitado. No podemos reproducir aquí la evolución que condujo a Freud desde esta concepción realista de las «escenas originarias» al concepto «fantasías originarias»; esta evolución, con toda su complejidad, corre pareja con la delimitación del concepto psicoanalítico de fantasía. Sería demasiado esquemático creer simplemente que Freud abandonó una primera concepción que buscaba la etiología de la neurosis en los traumatismos infantiles contingentes, substituyéndola por otra que, viendo el precursor del síntoma en la fantasía, no reconocería en éste más realidad que la de expresar en forma imaginaria una vida pulsional que en sus líneas generales se hallaría determinada biológicamente. En efecto, el mundo de la fantasía aparece desde un principio en psicoanálisis como dotado de una consistencia, una organización y una eficacia que queda bien expresada por el término «realidad psíquica». Durante los años 1907-1909, en que el tema de la fantasía suscita la realización de numerosos trabajos, reconociéndose plenamente su eficacia inconsciente, por ejemplo, como subyacente al ataque histérico que lo simboliza, Freud se dedica a sacar a la luz secuencias típicas, guiones imaginarios (novela familiar) o construcciones teóricas (teorías sexuales infantiles) por medio de las cuales el neurótico y quizá también «todo hijo de los hombres» intenta responder a los grandes enigmas de su existencia. Con todo, es notable que el pleno conocimiento de la fantasía como un dominio autónomo, explorable, dotado de su propia consistencia, no elimina para Freud el problema de su origen. El ejemplo más llamativo lo proporciona el análisis de Historia de una neurosis infantil: Freud intenta establecer la realidad de la escena de observación del coito parental reconstituyéndola en sus menores detalles y, cuando parece conmovido por la tesis junguiana, según la cual tal escena no sería más que una fantasía construida retroactivamente por el sujeto adulto, sigue insistiendo en que la percepción ha suministrado al niño los indicios, pero sobre todo introduce el concepto de fantasía originaria. En este concepto vienen a juntarse la exigencia de encontrar lo que podríamos llamar la «roca» del acontecimiento (y si éste, refractado y como reducido, se esfuma en la historia del individuo, nos remontaremos más allá, hasta la historia de la especie), y la preocupación por basar la estructura de la fantasía sobre algo distinto del acontecimiento. Tal preocupación puede llevar a Freud incluso a afirmar la preponderancia de la estructura presubjetiva sobre la experiencia individual: «Allí donde los acontecimientos no se adaptan al esquema hereditario, experimentan una recomposición en la fantasía Estos casos son precisamente los más apropiados para mostrarnos la existencia independiente del esquema. A menudo podemos observar que el esquema triunfa sobre la experiencia individual; en nuestro caso, por ejemplo [el de Historia de una neurosis infantil], el padre se convierte en castrador y en el que amenaza la sexualidad infantil, a pesar de un complejo de Edipo por lo demás invertido [...]. Las contradicciones que aparecen entre la experiencia y el esquema parecen suministrar amplio material para los conflictos infantiles». Si pasamos ahora a considerar los temas que se encuentran en las fantasías originarias (escena originaria, castración, seducción), nos sorprenderá un carácter común: todas ellas se refieren a los orígenes. Como los mitos colectivos, intentan aportar una representación y una «solución» a lo que para el niño aparece como un gran enigma; dramatizan como momento de emergencia, como origen de una historia, lo que se le aparece al sujeto como una realidad de tal naturaleza que exige una explicación, una «teoría». En la «escena originaria» se representa el origen del sujeto; en las fantasías de seducción, el origen o surgimiento de la sexualidad; en las fantasías de castración, el origen de la diferencia de los sexos. Para terminar, señalemos que el concepto de fantasía originaria posee un interés central para la experiencia y la teoría psicoanalítica. A nuestro modo de ver, las reservas que suscita la teoría de una transmisión genética hereditaria(17) no deben hacernos considerar igualmente caducada la idea de que existen, en la vida de la fantasía, estructuras irreductibles a las contingencias de lo vivido individual.

Definición Laplanche y Pontalis definen la Fantasía como un: "guión imaginario en el que se halla presente el sujeto y que representa, en forma más o menos deformada por los procesos defensivos, la realización de un deseo, y en último término, de un deseo inconsciente". "La fantasía, dicen, se presenta bajo distintas modalidades: fantasías conscientes o sueños diurnos, fantasías inconscientes que descubre el análisis como estructuras subyacentes a un contenido manifiesto, y fantasías originarias". Freud señala que las fantasías inconscientes fueron, en ciertos casos, desde siempre inconscientes, y en otros fueron en el pasado fantasías conscientes o sueños diurnos que después fueron olvidados intencionalmente y llegaron al inconsciente por acción de la represión. Las primeras constituyen las Fantasías Originarias o primordiales (Urphantasien), de origen inconsciente, cuya inscripción corresponde a la represión primaria (Urverdrämgung). Las fantasías secundarias, en cambio, serán inscriptas a posteriori a nivel inconsciente (relegadas y determinadas por la represión secundaria) o consciente (sueños diurnos). Estas últimas, las fantasías originarias, serían "estructuras fantaseadas típicas(vida intrauterina, escena originaria, castración, seducción) que el psicoanálisis reconoce como organizadoras de la vida de la fantasía, cualesquiera que sean las experiencias personales de los individuos'»).

Origen e historia del término 
El término Fantasías Originarias (Urphantasien) aparece en Freud en 1915. Inicialmente, a partir de 1897, Freud se esforzaba por descubrir ciertas experiencias infantiles reales, traumatizantes, que se organizaban en guiones, en escenas (Urszenen), que daban cuenta de los síntomas neuróticos. Al respecto entabla una discusión con Jung, quien sostenía que esas escenas eran "fantasías reconstruidas retrospectivamente por el sujeto adulto". Freud pensaba en cambio que estas escenas pertenecían realmente al pasado del individuo, Sin embargo, después reconoce que estas escenas, que a partir de 1915 pasa a denominar Fantasías Originarias, se encontrarían de un modo muy general en todos los seres humanos, independientemente de lo realmente vivido por el sujeto. Por eso afirma la existencia de una estructura pre-subjetiva, a modo de esquema preexistente, aunque les sigue atribuyendo un contenido específico: fantasías de seducción, de escena primaria y de castración. Esto lo lleva a atribuirles una explicación filogenética, es decir, un modo de retrotraerlas a escenas que hayan ocurrido realmente en las épocas primigenias del ser humano. Según esta explicación, lo que fue realidad en la horda primitiva, se transformaría en realidad psíquica. Las escenas primitivas se verían así transformadas en Fantasías Originarias.

Desarrollo desde la perspectiva vincular 
No parece necesario atenerse a una explicación filogenética para dar cuenta de la universalidad de las Fantasías Originarias. Más que a un esquema anterior, que precedería al sujeto, el hecho de su universalidad remite a una cualidad estructural en todo ser humano. Al nacer el niño, sea cual fuere la cultura en la que está inserto, deberá vérselas con la problemática del pasaje de la "continuidad" intrauterina a la discontinuidad, fractura que se traduce en un desamparo originario, producida con el nacimiento, con la separación frente a la que sólo sobrevivirá, como ser humano a través del vínculo con el otro. Buscará entonces recuperar esa fusión mítica perdida, y esto se constituirá en un motor de vínculo. De ahí el carácter universal de estas fantasías que serán de inmediato resignificadas a través del sucederse de las experiencias de vida, dándose entonces una confluencia de la estructura y el contenido. Por eso se puede postular un continuum entre las fantasías originarias y las secundarias, una relación de resignificación. Según Laplanche y Pontalis, las Fantasías Originarias "constituyen una formación del inconsciente de un sujeto único pero son también, por su frecuencia, su generalidad y su origen, una pertenencia colectiva. Por lo tanto, estas fantasías tienen un carácter mixto, manifiestan una doble pertenencia, individual y colectiva. M. Bernard señala que "la secuencia de presencia-ausencia de la madre introducirá un elemento de distinción que aparecerá como un desgarro en la piel del vínculo". Propone una serie de categorías que caracterizan las Fantasías Originarias y dan cuenta de su impronta estructural en la formación de la psiquis. Estas son: adentro-afuera/ antes-después/ el mismo-el otro. En la fantasía de seducción, ésta remite a "los contenidos del afuera, introducidos como manera de manejar el espacio materno-filial". En efecto, las Fantasías Originarias surgen "en ocasión" del encuentro entre el mundo exterior y la deflexión de la pulsi6n sexual y el instinto de autoconservación, origen de la psiquis del bebé humano. Destaca Bernard que "la fantasía de escena originaria, que algunos autores relacionan con su complemento, la de la vida intrauterina, daría cuenta de la vuelta al adentro... El fantasma de la vida intrauterina sólo podría ser concebible desde el après coup que reconstruye un estado del que no hay memoria... La fantasía de castración sería el rastro del hiato que separa los pares de categorías". Las experiencias por las que pasa un sujeto desde su nacimiento ofrecen un contenido específico a estas fantasías. Por eso estructura y contenido se constituyen recíprocamente al mismo tiempo. Laplanche y Pontalis sostienen que "los temas de las fantasías Originarias se relacionan con los orígenes. En la 'escena originaria' se representa el origen del sujeto. En la fantasía de seducción, el origen o el surgimiento de la sexualidad. En la fantasía de castración, el origen de las diferencias de los sexos". Profundizando esta temática, L. Edelman y D. Kordon han destacado la diferencia entre las Fantasías Originarias, denominadas también Protofantasías, y las Fantasías de los Orígenes, vinculadas a las Teorías sexuales infantiles, en tanto "explicación construida por el niño acerca de esos orígenes". Estas últimas serían una resignificación de las primeras, pero en un nivel muy distinto. Las Fantasías de los Orígenes, dicen estas autoras, como respuesta a los enigmas infantiles, "requieren un cierto acceso al orden simbólico; es necesario contar con un sistema ideativo con cierto grado de desarrollo que construye o se apropia de los sistemas de creencias aportadas por la cultura". ¿Por qué la pregnancia de las Fantasías Originarias en los vínculos? R. Dorey señala que éstas "tienen un estatuto doble porque participan de lo individual y de lo colectivo. Si el grupo puede ser definido como un conjunto de personas interdependientes formando una cierta unidad, se puede concebir que la especificidad de esta unidad reposa sobre la existencia de una Fantasía Originaria prevaleciente, cuyo estatuto mixto le permite estar a la vez en el sujeto y en el grupo, y que la situación regresiva permite aflorar". De ahí su efecto organizador, destacado también por D. Anzieu. Una de sus características es la de paliar la angustia de no-asignación, de no lugar en el vínculo. Lo que caracteriza el polo de lo originario es el grado de indiscriminación de las fantasías. Éstas se presentan como una escena de entradas múltiples. M. Bernard señala su capacidad distributiva y permutativa, es decir que el grado de sincretismo que las caracteriza permite una fácil permutación de lugares dentro de la escena fantaseada, por eso su pregnancia como organizadores grupales. Dado su grado de ambigüedad, las Fantasías Originarias resultan fácilmente convocantes para los que configuran un vínculo, promoviendo la ilusión de unidad, de borramiento de los límites subjetivos. Esto es fácil de apreciar en la ilusión grupal o en el enamoramiento. De ahí la vigencia del apuntalamiento en el encuentro (R. Kaës). Lo que caracteriza al polo originario es el aspecto no subjetivado de las fantasías, aunque son individuales. Cuanto más predomina este aspecto indiscriminado, menos específico es el rol de un sujeto en un grupo, menor autonomía subjetiva puede observarse en los integrantes de una pareja. Se despliega la vivencia primigenia de desamparo y el intento de velarlo a través del vínculo. Esta ilusión de completud está en el origen de todo comienzo vincular, de todo proyecto. A su vez, es necesaria como matriz de libidinización para el infans. Frente al auge de patologías graves como las adicciones, las impulsiones, la anorexia y la bulimia, es dable pensar en un déficit en ese sustrato ilusorio, necesario para la constitución de la psiquis. La problemática básica de fusión-diferenciación, aparece en las Configuraciones Vinculares, en relación a la problemática de la pertenencia. La disyuntiva negación-reconocimiento de la alteridad del otro propias del polo originario, impregna toda relación intersubjetiva (M. Bernard.(1c) Construir un grupo, dice R. Kaës -un vínculo, se puede ampliar- "es darse recíprocamente la ilusión metafórica de ser un cuerpo omnipotente no sometido a la división ni a la muerte, espacio fusiona] sustitutivo de la pérdida donde se despliega la ilusión de completud y su contracara, la angustia de despersonalización, el temor a quedar atrapado dentro del otro". El comienzo de un nuevo vínculo promueve un impacto regresivo en sus integrantes. Esta observación, realizada por D. Anzieu, R. Kaës y M. Bernard, es una situación recurrente en los más diversos vínculos. Es más, tiene un efecto de matriz, de nuevo comienzo, con todo lo relativo al despliegue ilusorio de cerrar la brecha con el otro. En situaciones de crisis surge con más pregnancia el polo originario, con su problemática fusional, ya que se pierden los aspectos más discriminados. Se puede entonces postular (Selvatici, M., Zadunaisky, A. la hipótesis de un zócalo originario presente en toda Configuración Vincular.

Problemáticas conexas 
Se puede detectar la vigencia del polo originario en todas las cuestiones atinentes a la Pertenencia y su relación con la autonomía. En ese sentido la Identidad por pertenencia muestra su pregnancia cuando el sujeto " es" el grupo, o cuando en la pareja o en la familia no hay discriminación entre sus integrantes, o cuando la pertenencia a una Institución se sostiene a pesar del malestar y el sufrimiento que provoca, o sea cuando el sujeto requiere del vínculo para ser. (Ver "El Grupo Analítico de Reflexión"). Por otro lado, un cierto grado de fusión es estructurante y está en la base de todo vínculo. En lo referente al Zócalo originario en los vínculos es interesante destacar la vigencia de lo atinente al concepto de Apuntalamiento, ya presente en Freud, pero desarrollado por R. Kaës. Este autor reconoce cuatro dimensiones en el apuntalamiento: el apoyo, el modelo, el desvío y la transcripción. Las dos últimas apuntan a una metabolización subjetiva del vínculo, mientras que las dos primeras estarían más cercanas a la indiscriminación que caracteriza el polo originario. Implican la necesariedad de la presencia concreta del otro, a modo de verdadero puntal, lo que remite nuevamente a la Identidad por pertenencia. La problemática de las patologías graves puede ser estudiada a la luz de las dificultades para establecer en el vínculo originario una matriz de ilusión estructurante. Esto abre una perspectiva muy interesante en lo que se refiere a la dirección de la cura y a nuevas líneas de investigación.

Fuente: Psicopsi.com

miércoles, 8 de enero de 2020

Identidad, identificación y lazo social. La enseñanza de Lacan (4)


Por Enric Berenguer


La identidad y el fantasma
Uno de los abordajes de la cuestión de la identidad a partir de la enseñanza de Lacan es el que nos permite la teoría del fantasma.

El fantasma (término técnico que sustituye a la idea más vaga de fantasía) nos remite a aquellos relatos a través de los cuales antes hemos visto que, según R. Rorty, el sujeto da sentido a su vida.

Recordemos que el propio Rorty, aunque de una forma del todo inespecífica, se refiere a las fantasías como relatos en los que están en juego las preferencias de cada uno, sus maneras peculiares de encontrar placer, etc.

Pero también hemos visto que Freud descubrió las fantasías primordiales o protofantasías.

Idea clave 15
Freud descubrió, por un lado, que había una serie limitada de fantasías que tendían a ser universales y, por otro lado, que las soluciones particulares que cada individuo encontraba a los problemas planteados por dichas fantasías parecían definir una orientación particular, altamente individualizada, que surge en un momento de su historia y tiene efectos determinantes en lo sucesivo.

Como sucede, por ejemplo, en el caso del fetichista o en otras orientaciones sexuales que desde que cristalizan no dejan de condicionar la vida del sujeto. Sería absurdo explicar las fantasías en las que se sostienen esos comportamientos y gustos sexuales recurriendo al expediente de que se trata de “historias privadas” con las que el sujeto busca complacerse.

Porque ¿qué determina que esas historias y no otras le den placer? Lacan profundiza en esta idea, llegando a la conclusión de que existe un fantasma fundamental.

Idea clave 16
El fantasma fundamental se manifiesta de formas muy variadas, imprime su carácter a todo tipo de formaciones del inconsciente y se traduce en muchos aspectos de la vida del sujeto, no sólo en sus preferencias sexuales.

Constituye una especie de núcleo de “identidad” del sujeto, basado fundamentalmente en la interpretación que éste hace sobre una serie de aspectos de su relación con el Otro y, en particular, sobre el lugar que él mismo puede ocupar como objeto de amor y/o deseo para el Otro.

De todas formas, esta identidad debe entenderse como la cristalización de una respuesta del sujeto que, en un momento dado de su existencia, responde al problema de su falta de ser (efecto de la estructura del lenguaje) mediante una interpretación o una serie de interpretaciones que adquieren cierto grado de estabilidad y que, en adelante, orientarán la posición del sujeto frente a diversas vicisitudes de su relación con el Otro.

La respuesta que constituye el fantasma a la pregunta “¿qué soy yo?” es considerada por el psicoanálisis como una respuesta, que, con independencia del grado relativo de justificación que tenga y obtenga en la vida del sujeto, debe considerarse en lo fundamental falsa, o, en todo caso, como una de aquella clase de verdades que lo son porque tienden a autorrealizarse.

En efecto, aquel sujeto que encuentra en su relación con el Otro la marca de un rechazo fundamental puede tender activamente, de un modo sobre todo inconsciente, a provocar situaciones en las que este rechazo se confirme.

El grado de convicción que el fantasma genera es tal, que no sólo el propio sujeto no se sustrae a su influjo, sino que este influjo se ejerce también sobre su entorno con gran eficacia.

Por este motivo, el sujeto que se cree rechazado normalmente acaba consiguiendo hacerse rechazar “de verdad”. Como se ve, a este nivel, la verdad y la ficción se confunden en toda regla.

Idea clave 17
A pesar de reconocer el papel determinante del fantasma, el psicoanálisis se plantea como objetivo mostrar su relativa falsedad y permitir al sujeto sustraerse a su influjo.
Por ejemplo, en el caso que hemos planteado antes, del sujeto que tiende a demostrar que es rechazado y verifica que los demás, “en efecto”, le rechazan, el psicoanálisis tratará de sacarle de la fascinación que le produce que sus “peores expectativas” se hagan realidad, mostrándole que, hagan lo que hagan los otros, el responsable es él.

Y aquí, la cuestión de quién empezó primero debe ser considerada en todo punto irrelevante.
Hay un aspecto concreto de la estructura que Lacan atribuye al fantasma que vale la pena comentar.

La fórmula que de él propone es la siguiente:
($ ◊ a)

Incluye, por una parte, al sujeto dividido del inconsciente, es decir, al sujeto afectado de una “falta en ser” y, por otra parte, un objeto, conocido como objeto a, que funciona como un complemento de ser, cuya función sería, precisamente, remediar la mencionada falta de ser (remediarla, en cierto modo, obturándola, tapándola).

Esto significa que una de las formas más evidentes a través de las cuales el sujeto trata de remediar la falta de ser pone en juego la función de un objeto libidinal.

Y ello se produce en dos modalidades distintas, que en cada caso se articulan de un modo particular: por una parte, se trata del objeto libidinal que el sujeto es, fue, cree ser o cree haber sido (objeto que tiene una serie de determinaciones concretas, no se trata sólo de serlo o no serlo); por otra parte, se trata de la función que el partenaire sexual desempeña para el sujeto, pero en este caso se trata de un objeto parcial tomado del partenaire y no del partenaire como otro sujeto.

Con respecto a esto último, es interesante destacar que, en efecto, la relación con un partenaire sexual constituye una de las formas primordiales por las que el sujeto trata de remediar el sentimiento general de carencia que Lacan formula como “falta en ser”.

Es preciso tener en cuenta, sin embargo, que en algún momento restringe algo la validez de esta fórmula, fórmula que da cuenta del fantasma masculino, porque no parece apta para simbolizar algunos aspectos de la relación del sujeto femenino con su objeto de amor.

De todas formas, una de las virtudes de la fórmula del fantasma en el contexto de la pregunta por la cuestión de la identidad, es poner de relieve que la pregunta del sujeto por su propio ser parece inducir toda una serie de respuestas que se sitúan en el registro de una posesión de objetos cargados de un valor libidinal, objetos que participan de lo imaginario y de lo real pulsional.

En cierto modo, esto se relaciona con la idea, verificada en la experiencia común, de que la pregunta por el ser tiende a ser contestada en términos de tener.

Ahora bien, como demuestra el estudio psicoanalítico del fantasma, en este terreno es muy difícil deslindar aquello que corresponde al objeto libidinal a cuya posesión se aspira y el papel, más discreto pero omnipresente, del objeto que se fue para el Otro (y que, dada la estabilidad de la solución fantasmática, se sigue siendo en gran parte).

Sea como fuere, el psicoanálisis insiste en la falsedad relativa del “tú eres eso” determinado por el fantasma, por lo que un psicoanálisis debería tender a un cuestionamiento, al menos relativo, de esa “identidad”.

Esa identidad no deja de tener efectos sintomáticos para el sujeto. Porque si bien en primer término tiene un efecto contrario a la angustia vinculada a la indeterminación del ser, fija al sujeto en una relación de dependencia respecto al Otro planteada en unos términos que a su vez tiene otro tipo de efectos angustiantes.

En este sentido, la fórmula del fantasma revela un tipo de alienación de la que el sujeto extrae una seguridad tramposa.

Uno de los aspectos simbolizados en la fórmula en cuestión, si en ésta se piensa el objeto en el registro del tener, nos muestra la posibilidad siempre abierta de que el sujeto se extravíe en una búsqueda de objetos que saturen el vacío siempre abierto de su falta de ser.

Como el ser y el tener resultan profundamente incompatibles, los riesgos son evidentes, y encontramos ejemplos de ello en toda una serie de patologías en las que determinado uso de los objetos se enmarcan en aquello que se ha venido en llamar “adicciones”.

Si nos fijamos, en cambio, en los riesgos de una respuesta al problema del ser excesivamente planteada en términos de lo que soy para otro, los riesgos son igualmente graves, aunque distintos en su forma: nos encontramos con personas que, en su necesidad de asegurarse de cumplir un papel para el otro, consienten fácilmente en identificarse con algo que para dicho otro es más bien degradante.

Se abre ante nosotros toda la problemática de la dependencia, con toda su retahíla de malos tratos y degradación.

Ambas vertientes de la problemática del objeto (usando aquí una expresión muy aproximada por necesidades expositivas) tienden a expresarse en una patología en que el pasaje al acto y la repetición se disfrazan muy a menudo en el sentimiento subjetivo de que “esta vez es diferente”, o “esta vez es la última”.

Pero una adecuada perspectiva histórica muestra invariablemente un grado de compulsión que en ocasiones puede ser muy peligroso.

El aspecto más pernicioso de este tipo de problemáticas es que generan un círculo vicioso que podemos entender como sigue: primero, el sujeto calma la angustia vinculada con la falta en ser recurriendo a un mecanismo que la reduce eficazmente; con el tiempo, sin embargo, el sujeto se vuelve cada vez más incapaz de enfrentarse con ese vacío original, que parece haberse ido agrandando a medida que se van encontrando formas de no enfrentarlo.

Esto supone una aceleración de la dependencia o la adicción y tiende a producir situaciones de “huída hacia adelante” cuya gravedad es bien conocida.

Por supuesto, en algunos casos pueden ir asociados ambos lados del problema, pues no hay nada que los haga necesariamente excluyentes, aunque uno de los dos aspectos suele predominar en un sujeto dado, o en un momento determinado de su existencia.

La expresión, claramente patológica en algunos casos, de estas dos vertientes del fantasma, no debe llevarnos a olvidar que se trata de virtualidades abiertas a todo ser hablante, que casi siempre se han manifestado en un momento u otro de la vida del sujeto, aunque no hayan llegado a dar lugar a síntomas, o al menos a síntomas graves.

Idea clave 18
Frente a la (mala) solución aportada por el fantasma a la pregunta por el ser, el psicoanálisis se propone encontrar cuáles son los referentes identificatorios (significantes) sobre los que dicha respuesta está construida. Se trata de demostrar que con esos mismos significantes (como tales imborrables, por lo que no es cuestión de eliminarlos) el sujeto puede construir una interpretación distinta a la que el fantasma consagra.

El sujeto no puede, pues, renunciar a todo aquello de su identidad que se encuentra articulado en su fantasma, pero puede reducirlo a unos elementos mínimos, que permiten más de una interpretación.
De esta forma se trata de conjugar lo inevitable de la repetición con la posibilidad de leerlo de otra manera.

El psicoanálisis se propone que cada cual pueda asumir aquellas marcas ciegas que lo determinan, pero a su vez, dándole la máxima libertad en cuanto a la forma de traducirlas, encaminarlas.

En lo que se refiere a la operación concreta que se pretende llevar a cabo con respecto al fantasma, se trata de “construirlo”, es decir, desmenuzar su armazón significante, o sea, una serie de significantes fundamentales que tienen un papel determinante como identificaciones del sujeto.

Todo ello con la finalidad de “atravesarlo”, es decir, poder desprenderse de algún modo de la influencia de ese marco de referencia fijo que constituye.

Contrastando una vez más nuestros planteamientos con los de Rorty, diríamos que no se trata de que el sujeto construya en toda libertad su narrativa.

Se trata, en primer lugar, de que pueda dejar de someterse a un tipo de narración muy condensada, su fantasma, en la medida en que tiene para él efectos nocivos, y pueda extraer de ella unos elementos mínimos, pero para construir una narración distinta.

Como se ve, existe un cierto grado de libertad, pero también unos condicionamientos mínimos: la historia no se puede volver a escribir desde cero.

Fuente: Enric Berenguer, "Identidad, identificación y lazo social. La enseñanza de Lacan"

domingo, 22 de septiembre de 2019

Construcción del fantasma. Problemáticas Clínicas


Notas de la conferencia dictada por Silvia Amigo, el 10/09/2019

La traducción de la obra de Freud de López Ballesteros traduce trieb por instinto. Cuando yo estudiaba, tenía que hacer el esfuerzo por leer pulsión. Trieb en alemán significa impulso y drive en inglés. La traducción de Lopez Ballesteros es del alemán directo, pero sigue la línea de Strachey, que tradujo trieb por instinto. Ya Amorrortu habla de pulsiones. 

Entonces, lo que mueve al humano no es el instinto: Freud introduce, a fines del siglo XIX y comienzos del XX a la pulsión. La palabra aparece por primera vez en Proyecto de una psicología para
neurólogos y el movimiento de la trieb se va a iniciar desde el Otro que cuida al niño hay algo que no se puede inscribir, que e la ausencia de la cosa. Freud dice esto desde el inicio, en este texto que no fue destinado a su publicación. Proyecto de una psicología para neurólogos forma parte de la correspondencia con Fliess, es escrito por él en el tren y se lo manda a Fliess, quien constituye el primer sujeto supuesto saber de la historia, con quien Freud hablaba. Hoy sabemos que el saber de Fliess era delirante: él proponía que la sexualidad se asentaba en los cornetes de la nariz y que había que quemarlos para curar histerias. Más allá de eso, Freud supuso que Fliess sabía y eso hizo que él pudiera producir teoría. Durante muchísimo tiempo.

La pulsión aparece porque algo falta. Ese movimiento va a renovarse si y solo si algo falta. Freud dijo que la pulsión se mueve porque hay una diferencia entre la satisfacción esperada (una unión mítica con la madre, con el Otro) y la satisfacción hallada. Cuando decimos madre, nos referimos al ser humano que desea tener un niño. El deseo de madre puede o no estar en cualquier persona. La satisfacción hallada es parcial a esa satisfacción absoluta y eso constituye la fuerza constante de la pulsión. 

La pulsión se diferencia del instinto, porque en el instinto nada falta. Miren un animal, por ejemplo los mamíferos superiores, instintivamente se para en sus 4 patas y se dirige a la ubre de su madre. Eso no es pulsión. En los bebés humanos hay un reflejo arcaico, que es el reflejo de succión. Eso no es un instinto, sino un reflejo neurológico arcaico, como el Babinski, el moro y todo lo que se toma en al Apgar cuando nace el bebé. El reflejo de succión dura entre 3 y 6 meses. Si no se instala la pulsión oral, el bebé no va a succionar. Es decir, la traducción de trieb por instinto trajo un montón de problemas. Si uno habla con un analista kleiniano, que tiene aportes importantes, es probable que que se ponga rápidamente de acuerdo con que en el inconsciente, en la representación palabra… Pero lo que es difícil que nos pongamos de acuerdo es sobre el concepto de pulsión. Para la corriente kleiniana, que es riquísima, la pulsión es algo con lo que se nace innatamente. Son montantes innatos de pulsión de vida o de muerte. Esa diferencia hace a la clínica, porque no es lo mismo pensar que uno nació con estrella o nació estrellado, con más o menos pulsión de vida o de muerte, que pensar que el montaje de la pulsión debe instalarse y que no se nace con eso. Lo que lo prueba es que en el hospitalismo, el chico al que se le pasa el reflejo arcaico de succión no succiona y por lo tanto hay que ponerle una sonda. El montante de la pulsión se tiene que adquirir y puede fallar. En el hospitalismo, nadie desea a ese niño, porque el hospital puede darle aliementos, higiene. Salvo que una enfermera se encariñe, nadie va a dirigirle una palabra humana deseante.

¿Cuál es la diferencia entre un mamífero superior, como un chimpancé o un gorila, y el ser humano? La famosa historia de que habla. El hablar interfiere con la biología, que entonces queda intervenida. En la biología, una vez satisfecha la necesidad, se terminó. No hay terneros con chupete. En los bebés humanos, vemos que se calman chupeteando y que el chupete no les da ningún alimento. La pulsión de ninguna manera es innata y tampoco los humanos tenemos un instinto que no oriente en el mundo exterior. Dependemos de cómo se nos trata al nacer y para que la pulsión se instale, tiene que vibrar en la voz de la madre algo que no se puede explicar en ningún manual: tiene que venir del inconsciente que ese niño le haga falta. 

Un niño puede hacerle falta de muchas maneras, como algo muy querido, como un objeto de maltrato, le hace falta para algo. Freud hizo una ecuación que fue muy rechazada, dijo que el niño equivalía a un falo, un órgano de goce que a la madre le faltaba. Lacan va a aportar una noción importante: el niño marca lo que a la madre le falta, no lo que viene a colmar, y además que el niño es un objeto de goce para la madre. Esto suena horrible, pero todos sabemos de los problemas e inconvenientes que los niños les traen a los padres. Si el niño no reportara una cuota de goce para ellos, nadie tendría hijos. 

La pulsión depende de si el niño pudo o no pudo formar parte del fantasma de los padres. Tiene que vibrar algo que haga sentir al niño que es algo que a la madre le falta. Hay pulsiones que están apoyadas en necesidades vitales. Están apoyadas, pero trascienden la necesidad vital. La pulsión oral, donde la madre da el pecho, está apoyada en la necesidad de alimentarse. Pero todos sabemos que si se instala la pulsión oral, el niño no va a comer solamente lo que necesita para alimentarse: chupará el chupete, objetos, rehusarse a comer. El decir que no del niño es una formación. Por ejemplo, en la anorexia mental el niño come nada. Los adultos no comemos lo que nos hace falta: comemos de más, de menos, y hay cosas que no queremos comer, por más que sean sanas. Todos tenemos problemas de toda índole con nuestro aparato digestivo.

Freud va añadir pulsiones que no van a tener nada que ver con la necesidad vital. En el humano, una vez que se ha instalado la pulsión oral, lo que se va a llamar carácter oral (orogenital), que Freud la asocia a la histeria, no es solamente comer comida, sino comerse al Otro. “Mirame”, “No mires el fútbol”, “¿A quién miraste por la calle? Mirame a mi”. Es “quiero tu ser”. La oralidad no es solamente la voracidad de comida, sino la voracidad del ser del Otro, querer comerse al Otro. 

En la pulsión anal hay un apoyo en la necesidad de higiene, en la posibilidad de quitarse de encima el sobrante del cuerpo. No se trata solo del esfínter anal y el escíbalo (la caca). La analidad es la proyección de toda la musculación estriada, que es voluntaria, sobre el orificio anal. En la analidad vamos a tener la motricidad, el placer de moverse, el dominio, la apropiación, la ganancia del territorio, la avaricia, la codicia, y lo contrario, como el desprendimiento. El carácter anal es un carácter de dominio y obediencia y no solamente es cagar, cagar al otro, hacerse cagar. 

Estas pulsiones estaban apoyadas en necesidades vitales, pero van a trascenderlas. No hay ninguna necesidad de dominar ni de obedecer, pero hay gente que lo hace. La oral y la anal son pulsiones que tienen que ver con la demanda al Otro y del Otro. En principio, la pulsión anal es educativa, es la demanda de la madre. El escíbalo es lo primero que se cede. En el destete, para ir a la pulsión oral, el niño se desteta bien cuando la madre cede el pecho. Es ella quien se saca el pecho de encima y entonces el niño puede tomar la mamadera solo, puede comer fuera de la madre. La madre cede y pierde el pecho y el niño arma una oralidad más o menos viable. 

Hay otras pulsiones, como encontramos en el seminario de la angustia de Lacan cuando habla de los objetos de pulsión, que tienen que ver con el deseo. Aquí ya no hay ninguna necesidad. Encontramos la pulsión escópica: la pulsión del espectáculo. Spectare en latín es mirar y espectáculo es lo que se da a mirar. Ver es algo que produce placer, como ver una película o una muestra. O nos hacemos ver. Lacan añade la pulsión invocante a partir de algo que Freud había dicho de que lo visto y lo oído en la infancia son fundamentales para que el sujeto arme o no la fantasía.

La voz, el mandamiento, el gritar y el imponer la palabra, el placer de hacerse oír, el canto, todas las funciones que tienen que ver no solamente con la voz fónica (la que escuchamos), sino también con la voz áfona: silencios que hablan. La voz no es el mugido animal. La laringe es una columna y las cuerdas vocales son un esfínter que escanden la columna de aire, produciendo un corte en ella. Si ustedes ven el funcionamiento de las cuerdas vocales humanas, van a verlo. 

Entonces, hay pulsiones que tienen más que ver con la necesidad y pulsiones que tienen más que ver con el deseo al Otro y del Otro y el armado de la pulsión que arma un carácter (por ejemplo, un carácter espectacular), que ya veremos de qué depende.

Freud dice que las pulsiones se elaboran en fantasía, o también -dice Freud- la fantasía es la elaboración psíquica de la pulsión. La pulsión como montante tiene 4 elementos: 

- Fuerza constante, 
- La fuente: los agujeros del cuerpo que conectan con el mundo. Boca, ano, borde de los párpados, orejas. El único orificio que no se puede cerrar es la oreja, por lo cual hay que tener mucho cuidado con lo que se dice, porque no hay forma de librarse de la palabra. Son orificios del cuerpo trabajados por el significante. Si ven a un psicótico, van a ver que la boca no tiene tensión. Se babea, la expresión es bizarra. La mirada perdida, que es indicio de gravedad en el niño. Un niño que es mirado con deseo acomoda la mirada a la mirada de la madre. Ahí hay un indicio de desconexión grave. Los párpados son esfínteres que se acomodan a la mirada. 
- El objeto. Es lo más lábil de la pulsión, porque cualquier cosa puede servir para que la pulsión dé su vuelta. La satisfacción hallada siempre es menor que la satisfacción esperada, por eso siempre queda un resto que hace que se siga moviendo. 
- El fin es la satisfacción, que siempre es menor que la esperada.

De estos 4 elementos se arma el primer cuerpo del niño, que es el cuerpo pulsional. Freud decía que la pulsión está en el límite de lo psíquico y lo somático. Es decir, todavía no es enteramente psíquica. Cuando haga la división entre ello e inconsciente, va a decir que el ello es pulsional. Y ello no es lo mismo que inconsciente. En los seminarios de la lógica del fantasma y el acto analítico, van a ver como Lacan pone en puntas distintas de un gráfico e inconsciente.

A lo que Freud va a llamar psíquico es a la elaboración en fantasía de la pulsión. A la vez, este montaje de 4 se da en los destinos de la pulsión: 

- La transformación en lo contrario.
- La vuelta contra sí mismo, que ya exige el segundo cuerpo, que es el cuerpo narcisista y imprescindible para constituir una fantasía, que es la unidad del cuerpo. El cuerpo pulsional son rebanadas de pulsión, es lo primero que siente el bebé: trayectos pulsionales desordenados. El cuerpo narcisista es uno: uno se ve como lo vieron, cosa que no siempre se da esta devolución de qué somos para el Otro. El odio y el amor tiene que ver como la pulsión enviste o no inviste lo que en el espejo del Otro no entra, que es esa parte de uno que el Otro no puede reflejar. Una parte de uno siempre es ajeno para el Otro. El Otro, en el mejor de los casos, acepta lo que en uno no se adapta a las imágenes que el Otro le propone.
- La sublimación, de la que hoy no vamos a hablar, que es la capacidad de darle a la pulsión una satisfacción que no sea corporal. 

Este primer ingreso de la pulsión es ya sexualidad infantil. No depende de la genitalidad, sino del contacto con el Otro, si en el Otro vibra que el niño no es solamente un objeto de goce, sino que resalta lo que le falta a la madre. Es decir, si es coronado o no con el brillo fálico que Freud llamó His majesty, the Baby, su majestad el bebé.

¿Qué es la elaboración en fantasía? Por empezar, Lacan habla de fantasma. Cualquier francés entiende que hablar de fantasme es hablar de fantasía. Fue traducido al castellano homofónicamente como fantasma, pero sepan que en francés es fantasía. En francés está también la palabra fantaisie, pero fantasma se usa para una construcción permanente del sujeto. En cambio, faintaisie puede usarse para dónde uno quiere ir este verano de vacaciones. 

El fantasma es la escena donde el sujeto se responde una pregunta crucial: ¿Qué quiere el Otro de mí? Por lo cual, poder armar un fantasma implica que el sujeto se orientó con esa respuesta, que necesita de la interrogación del niño y de un adulto que aguante la interrogación del niño. El niño no le dice “Mamá, ¿qué querés vos de mí?”, pero le va a preguntar por qué hace esto, por qué va a tal lugar, por qué no viene el tío, etc. Y preguntas más incómodas todavía. El niño, avalado para preguntar, en la primera edípica se contesta, en su fantasma, una elaboración de su mundo pulsional. Se trata de una respuesta subjetiva a qué se fue para el Otro, válida únicamente para ese niño. cada niño viene a ocupar un lugar distinto en el deseo, aún de la misma madre. 

Que se haya formado un fantasma implica que el sujeto ha tenido la oportunidad de contestarse qué fue para el Otro. Que el paciente tenga que atravesar el fantasma para que recupere sus pulsiones y no quede fijado en una, de acuerdo. Pero para poder atrevesar una puerta, tiene que primero haber una puerta. Entonces, primero tenemos que verificar que haya fantasma. Hay muchas curas en las que no hay un fantasma. Hay fracasos definitivos, como en la psicosis, donde la pulsión no está bien montada. Hay esbozos de pulsión, porque no se encontró bien la falta en el Otro. Entonces, sería absurdo llevar un análisis fantasmático allí donde no lo hay. También hay neurosis graves donde el fantasma tiende a desarmarse con mucha facilidad. 

La construcción de un sujeto de su fantasma y su reconstrucción en análisis en transferencia, indican en qué estructura clínica estamos y eso nos lleva a dirigir la cura de una u otra manera. 

Voy a apoyarme en el hombre de las ratas para ver cómo contesta y arma su fantasma Paul Lawrence, un neurótico obsesivo intenso. Paul Laurence va a ver a Freud porque se siente un ser despreciable, un deudor, una persona sin ética, sin moral, un gusano y demás autorreproches. Freud le dice sus honorarios y él le dice que lo tiene que consultar con su madre.

Paul había ido con un amigo, quien le dijo que él no era un ser despreciable, que era una persona honrada, bondadosa y eso lo calmó un rato. Al otro día, seguía pensando que era un ser abominable, despreciable, etc.

Freud va lentamente preguntando por qué se siente así. Entonces cuenta que haciendo el servicio militar pierde las lentes y que al no querer detener al regimiento para que las busquen, decide telegrafiar a su óptico en Viena para que le envíe un nuevo par de lentes. Le llega el nuevo par que valían 3,80 coronas. A la vez, cuenta que había un capitán checo que era particularmente cruel, inclinado a los castigos corporales y a la severidad extrema. Recuerden lo que hablábamos de la analidas. Este capital cuenta que en el Oriente había un tormento que se les hacía a los prisioneros de guerra, que era particularmente espantoso y que no quería comentar. Freud le dice que podía no contárselo, pero que entonces él no lo podía analizar. El castigo consistía en adosar un recipiente al ano del prisionero y pasarle ratas que iban carcomiendo su intestino. Freud comenta que en la cara de Paul Laurence se notaba un asco mezclado con voluptuosidad.

A la vez, el teniente cruel le dice que tiene que devolver 3,80 coronas al teniente A por las lentes e inmediatamente se le alza el mandamiento “Tú debes devolver 3,80 al teniente A”. Él se sentía un ser inmundo, un deudor, una persona que no saldaba sus deudas porque no había devuelto al teniente A las 3,80 coronas. En el historial aparece toda una vuelta para que el teniente B le pagara al teniente A y él se siente aliviado, porque el mandamiento era “Tú debes devolver las 3,80 coronas” y luego se descubre que él había pedido un certificado para que en haras de su salud mental el teniente A aceptara las 3,80 coronas. Cuando se dio cuenta que Freud no iba a hacerle ese certificado, Freud le dice que él sabía que no era al teniente A que había que devolverle las 3,80 coronas. ¿Quién había pagado las 3,80 coronas? La empleada del correo, que confiaba en el honor de un oficial y por eso adelantó el dinero.

Freud le dice que él siempre supo que le tenía que dar el dinero a la señorita del correo. Ahí empieza el típico devenir del neurótico. La neurosis no es un mal destino, pero hay neurosis con un padecer de más y después está el infortunio corriente. La vida no es fácil, pero el Hombre de las Ratas sufría de más. Freud hace una referencia a los mandatos de los reyes absolutos y él se pregunta por qué ese mandato tenía esa naturaleza. El rey y el capitán rey no pueden equivocarse. Eso es a lo que Freud va a llamar la religión del padre. Se trata de un padre -o a cualquiera que el sujeto ponga en ese lugar- al que no se puede cuestionar. Freud se pone a ver qué asocia el hombre de las ratas con esto.

Aparece una historia del padre del hombre de las ratas. Él también había hecho el servicio militar y al parecer los soldados juntaban dinero y el padre tomó el dinero y se lo jugó. En alemán, Spiel-ratten es juego. Raaten es plazos. 

Lo que los analistas lacanianos llamamos asociaciones significantes, condensación y desplazamiento significantes, Freud los llama asociaciones externas. No valen por ser homofónicas y juego de palabras, sino porque van al núcleo de la vida esencial del sujeto. Digo esto porque en los congresos se hacen muchos juegos de palabras sobre cualquier material homofónico que no tiene nada que ver con el decir del sujeto ni con sus objetos de fijación. Los objetos de fijación son los objetos de pulsión que se fijan en el fantasma, donde el sujeto se responde qué fue para el Otro. Entonces, Raten, raaten y spiel-ratten van a ser asociaciones externas, porque son simplemente por el sonido, pero que remiten a una historia: las deudas del padre. Resulta que para no quedar en el bochorno absoluto que era en esa época ser un oficial que no saldaba sus deudas, un amigo le presta el monto para pagar la deuda, pero el padre jamás lo devolvió. Aparece, en el hombre de las ratas, una historia con el dinero y la voracidad por el dinero que tenía el padre.

Aparece también, relacionado a deberle algo a una mujer, otra historia, que tiene que ver con los valores del siglo XIX. El padre del hombre de las ratas le había prometido casamiento a la hija de un carnicero. Es decir, clase media baja. En ese siglo, prometer casamiento era casarse. Como se dice, no se jodía con eso. Pero la familia Rubenski había adoptado a una pariente lejana (la madre del hombre de las ratas) a la que le había entregado la dote matrimonial. Y al padre del hombre de las ratas le prometieron un puesto en la empresa de los Rubenski que le aseguraba un muy buen pasar económico para el resto de la vida. El padre deja plantada a la hija del carnicero y se casa con su prima, que era la madre del hombre de las ratas, protegida de los Rubenski. En alemán, Hielratten es casamiento. 

Entonces, hielratten, raaten y spiel-ratten, tienen que ver todas con agachadas del padre y la cosa de la analidad del padre con el dinero de acumularlo y dominar. A la vez, el hombre de las ratas, como neurótico obsesivo, cumple al pie de la letra el mandamiento de ser como el padre a ser como el padre (deudor) y a no ser como el padre, un tipo que salda sus deudas. 

Aparece otra historia: cada vez que se le da una cifra cualquiera, como los honorarios de Freud, el hombre de las ratas hace una ecuación: tantas ratas, tantos florines. Él no sabe explicar por qué lo hace, pero le parece absurda y completamente loca. Freud empieza a construir el fantasma fundamental del hombre de las ratas: si el padre se casa por dinero con la prima protegida por los Rubenski, él nace de un pacto anal. La prima le va a dar a él florines y el padre le va a dar a la prima hijitos, que a en alemán a los bebés se les dice ratitas. Tantas ratas, tantos florines es la fórmula en donde él se responde que es una rata intercambiada por un florín. Él está preso, digámoslo preso, en el culo del padre. Está oprimido.

En tantas ratas, tantos florines, va a aparecer lo que Freud ubica como una de las protofantasías. Hay 3 protofantasías que siempre se contestan en el fantasma fundamental del sujeto. 

La escena primaria. No es tanto cómo es el coito de los padres. El niño puede tener curiosidad por el coito de los padres, pero lo que se pregunta el niño es de qué pacto nací yo. ¿Del amor, del cálculo, de la conveniencia, de la casualidad, del azar? 

Escena de seducción. Se trata de qué objeto fui para el Otro. En este caso, una rata intercambiada por un florín. 

El fantasma de castración. Cómo dejé de serlo. Y como dejar de serlo es también un fantasma, porque el fantasma es ya una escena, no una realidad. Si uno lo puede representar (tiene siempre un marco visual donde uno se ve en esa situación), el fantasma fundamental contesta a las 3 protofantasías de Freud. 

Freud tiene la delicadeza de marcar cómo el hombre de las ratas encuentra en “tantas ratas, tantos florines” la fórmula a la que le debe su vida. Con lo cual, no la puede desoír.

Aparece el tema que el hombre de las ratas no se está recibiendo de abogado. Espera y espera para doctorarse, amparándose en la enfermedad. Freud dice que la enfermedad le sirve para no recibirse. Él no se recibía porque estaba enamorado de una tal Gisela. Sus padres no estaban de acuerdo con ella y le ofrecían casarse con una prima Rubenski. Es decir, se encontraba en la misma situación que su padre. Él ya había declarado el amor a Gisela y los padres le decían que no. Gisela le aseguraba que no iba a ser un pacto de ratas por florines. A la vez, muy al estilo neurótico, le dice a Freud que Gisela ha sido operada de los ovarios y es estéril. Freud le pregunta si le sacaron uno o dos ovarios, porque se puede tener hijos con un solo ovarios. Y bien al estilo neurótico, porque la letra está difuminada y el analista corta por el borde de la letra, él le dice que no sabe. Freud le hace ver que no puede estar seguro de que ella sea estéril.

¿Cuál es la posición inconsciente del hombre de las ratas? Amando a Gisela se asegura que no haya ratitas ni florines. Pero a la vez no se decide a desafiar a la voluntas de la familia, casándose con Gisela. Entonces no se recibe, porque mientras no se reciba no tiene que decidirse con quién casarse. La inhibición de recibirse va hacia si ir o no más allá del padre ideal, de la religión del padre, no del padre real. Se trata no solo del padre que prohíbe cosas (no te casarás con Gisela), sino que también prescribe cosas, como elegir a la mujer que le guste y que no sea del círculo endogámico. 

Puedo en situación vital de elegir, habiéndose recibido de abogado, con quién se iba a casar, el hombre de las ratas posterga la decisión y hace toda la historia de los 3,80 coronas que le debería a una mujer. ¿Va a decidir lo mismo que el padre y a repetir un matrimonio que repita ratas por floriones?

El hombre de las ratas cuenta que su sexualidad infantil fue muy profusa y que a él le encantaba ver a sus niñeras desnudas, bañándose, tocándose. Cuenta que le gustaba masturbarse desde muy pequeño y que el padre le prohibía satisfacerse. O sea, que el padre violaba todas las normas y le prohibía una satisfacción bastante habitual en un niño. Por lo cual, no pudiendo avanzar en sentido de su deseo, él retrocede en lo que Freud va a llamar regresión: habiendo conocido la etapa fálica y la diferencia de los sexos, vuelve a una fijación anal. Esto no implica el tormento de las ratas y el ano, sino una obediencia ciega a la palabra del padre, el rey, el capitán cruel.

Lo que va a destrabar el análisis es la fijación. La regresión es a una etapa de demanda del Otro, recuerden que la pulsión anal tiene que ver con la demanda educativa del Otro, salir de una obediencia acrítica del padre. Poder diferenciar qué valores son respetables de lo que le ha transmitido el padre y cuáles valores emite el propio síntoma complicado del padre. 

El hombre de las ratas va a salir de las obsesiones. Comenta que era muy religioso de chico y que empieza a no creer. Pero al mejor estilo neurótico, su Dios personal era un padre al que no podía cuestionar. Con lo cual, quedaba atornillado a la obediencia de mandamientos de un padre idealizado. Cuanto más idealizado es un padre, un jefe, una pareja, un líder, es que es más obvio que no funciona. Alguien que funciona no necesita ser exaltado a los cielos. Y la lectura a la letra que hace Freud es lo que al sujeto le va a llegar. Si es una verdadera letra, señala el objeto de pulsión que fue elegido para ser elaborado psíquicamente en fantasía. No cualquier juego de palabras es una interpretación.

Lacan dice que la interpretación gira sobre la homofonía, la gramática y la lógica. La homofonía es lo que llamamos asociaciones externas, como ratten, raaten, spiel-ratten, etc. Son eficaces porque le llegan por la vía asociativa propia del paciente. La gramática es la gramática de la pulsión: comer, dejarse comer, hacerse comer. Cagar, ser cagado, hacerse cagar. Hay movimientos de gramática pulsional y la interpretación va a conmover al sujeto si apunta no solo a la homofonía, sino que está tejida a la gramática pulsional. La lógica del fantasma, que es la lógica del inconsciente a la que Lacan le dedica un seminario entero, es cómo hacer con ese fantasma que a la vez orientó al sujeto en el pacto de sus padres. Se trata de un fantasma que le dio una respuesta de qué era en el deseo de sus padres, aunque no pueda descifrarla en sus propios medios. 

Lo que él va a poder hacer en análisis es la construcción del fantasma. En el caso de neurosis obsesiva que vimos, el fantasma ya está. El hombre de las ratas avanzaba fálicamente con su pulsión de ver sobre las mujeres. Regresa a una obediencia y a un acatamiento y a la voluptuosidad y lo vive en transferencia. En varios momentos de la cura, él le dice “Si, mi capitán”. Es decir, transfiere en Freud la figura de ese mandamiento. El hombre de las ratas salda su deuda con la mujer de correos, se recibe de abogado y nunca sabemos qué pasó después. La Primera Guerra lo convocó como primer teniente de reserva y murió en ella. No sabremos qué fue de su pulsión escópica, por ejemplo, ya que en el historial aparece que muchas veces él mira a las mujeres. Tuvo que regresar a la anal porque estaba prohibido por su padre. 

Cuando él se masturbaba frente al espejo, ya de adulto, a las 12 de la noche se paraba frente al espejo desnudo, tomaba su pene y en desafío se masturbaba. Entonces, pensaba que le iba a pasar algo al padre o a Gisela. Entonces, estaba a la vez el deseo de muerte del padre y de penetrar a Gisela. Para sorpresa de Freud, él se entera que el padre ya estaba muerto. O sea, el hombre de las ratas desafiaba a su padre muerte. Para explicarlo, el hombre de las ratas decía que le pasaría algo en la eternidad… En la que decía que no creía. En realidad, sí se trata de matar al padre, en el sentido de poder salirse de un mandamiento insensato. En el caso del hombre de las ratas y de lo más patológico de la neurosis, que es el padecer de más, es que los analistas tratamos de aliviar. Tratamos de que el sujeto pueda encontrar sus fuentes pulsionales originales y que no quede fijado al objeto, en este caso, al objeto anal del pacto en el que él nació, que lo fijaba a un objeto que no era el original. Si ustedes ven la neurosis infantil, van a ver la cuestión escópica y justamente lo que él había perdido eran las lentes. 

Se trata de un caso muy transparente en el que se ve cómo opera la regresión a objetos de la demanda, habiendo el sujeto ya entrado a objetos del deseo. Porque se encuentra porque debería haber matado al padre, no haciendo un desafío de patotero, sino viendo la insensatez y pudiendo decir “Soy hijo de un padre con limitaciones” y haciendo una crítica del personaje paterno y materno. Recordemos que la madre también aceptó ese pacto. 

¿Qué pasa con la pulsión con aquel que ha atravesado el fantasma fundamental? Retoma sus pulsiones y sus intereses infantiles con una orientación que la da el marco del fantasma, pero liberándose de las fijaciones, que Freud llama fijaciones patológicas. Son fijaciones que lo obligan, por ejemplo, a estar fijado a una rata que entra por el culo. Es la escena del capitán cruel. Es una escena en la que está atrapado y se va a liberar en un análisis, pudiendo colocar con los impulsos de la infancia -los originales que él tenía- con los que él se va a sentir mejor en la vida. 

Pregunta: Cuando hablaste de las protofantasías, las pensaste como una pregunta fantasmática.
S.A.: La escena primaria: cómo se unieron mis padres, no solo en el coito, sino qué los unió. La de la seducción, qué objeto fui para el otro. La seducción no es solamente sexual genital, sino qué objeto fui para el otro. Y la tercera protofantasía es de castración. El fantasma de “Mi padre me pega”, es mi padre me prohíbe ser ese objeto seducido. Es función del análisis que no ser el objeto de la madre no venga de una prohibición del golpes, sino de una ley que uno internalice. Es decir, hacer del padre una posición inconsciente, como dice Lacan, y no un capitán cruel. Estas 3 protofantasías van a quedar anudadas en lo que Lacan va a llamar fantasma fundamental. Todo esto que vimos se hace en el marco de la transferencia y no sin ella.

Pregunta: Vos diferenciaste lo que pasaba en la psicosis.
S.A.: Recordemos los parámetros de la psicosis: Freud va a decir en Pérdida de la realidad en la neurosis en el la psicosis que en la neurosis, cuando el sujeto tiene un problema, se refugia en su fantasía. La libido vuelve al fantasma. En la psicosis no, se pierde la realidad. Por eso Lacan va a decir que el fantasma hace banda de Moebius con la realidad. El fantasma hace que cada uno vea la realidad de forma distinta, porque cada uno ve la realidad organizada por su propio fantasma.

En la psicosis no hay ese organizador. Pero para definir psicosis, vemos que en Una cuestión preliminar para todo tratamiento posible de la psicosis, Lacan dice que se necesita de la foclusión del nombre del padre más la imposibilidad de poder hacer frente a la aparición de un padre en lo real. ¿Qué es la aparición de un padre en lo real en relación a la posición simbólica del sujeto? Por ejemplo, en el caso del hombre de las ratas, sería el mismo elegir una mujer, recibirse de abogado, pagar o pagar sus deudas. Como es neurótico, se refugia en una inhibición: no se recibe, posterga, pero la pasa mal. El psicótico, no tiene los recursos de la inhibición, el síntoma y la angustia, que tejen la trama del padre faltante. Por eso los analistas jamás atacan de frente a la inhibición, el síntoma y la angustia, porque sabe que el sujeto los necesita para algo. Esa es una diferencia con el resto de las demás psicoterapias. No queremos hacer una cosa breve que le saque el síntoma al sujeto, sino que tenemos que averiguar por qué y para que necesitó inhibición, síntoma o angustia y para que luego pueda prescindir de ellos.

En la psicosis, decíamos, no estan estos recursos de la neurosis. En el desencadenamiento, las cuerdas de lo simbólico, lo real y lo imaginario se separan. 

- Lo simbólico aparece en lo real como alucinación auditiva y el delirio elabora la alucinación auditiva. 
- Lo real se desencadena con un goce que se le supone al Otro absoluto. Los psiquiatras anteriores a Freud hablaban de empuje a la mujer. Es a La mujer sin tachar, a un goce supuestamente todo. El Otro lo goza porque lo persigue o erotómanamente.
- Lo imaginario se desencadena con la pérdida del cuerpo: despersonalización, fenómenos de transparencia, hipocondría delirante (certeza de tener un órgano podrido, que no anda, etc).

El delirio es el intento de armar un fantasma. En Schreber, él cose sus cuerdas con un delirio de ser la mujer de Dios que va a dar origen a una nueva humanidad. Él, de pasar de ser el objeto de la maldad divina, representado por Flechsig (el doctor que lo curó en su primer hipocondría delirante y en su primera internación) y la mujer de Schreber tenía la foto de Flechsig en la mesa de luz. Flechsig se transforma, en el delirio, en el emisario de Dios que primer lo goza, lo tortura, lo convierte en un cadáver leproso y luego Schreber acepta: soy la mujer de Dios, para tener a los hombrecillos hechos a la ligera, los hijos de Dios. 

O sea, el delirio es un remiendo mal hecho a una ruptura del tejido psíquico. De hecho, con ese delirio, escrito por Schreber mismo en sus memorias para mostrarle al tribunal que él no era peligroso para terceros ni pasa sí mismo y lograr salir de la internación para usar su dinero. Él usa ese dinero para publicar “Memorias de un enfermo nervioso”, interesado por mostrarle al mundo que él era la mujer de Dios. Él termina amigándose al Dios oscuro. 

En la psicosis, el analista no discute el delirio por ser justamente un remiendo a la ruptura del tejido psíquico. Por eso Lacan va a decir que el analista es el secretario del alienado. Por ejemplo, actualmente yo tengo una paciente cuyo delirio es que hablan de ella en los bares y le dicen “Hacé tal cosa”. En general, tiene que ver con el dinero o el sexo. Yo simplemente le digo que no hay que escuchar a todo el mundo, que a la gente le gusta hablar. No hay que tocar que no hablan de ella, porque esa megalomanía sufriente que ella tiene, que no la deja estar tranquila en un bar, es una forma de decir “Acá estoy, soy tan importante que todo el mundo habla de mi”. Entonces, el secretario del alienado es el que va tratando que no desencadene. Uno no puede discutir el delirio.

En Introducción al narcisismo Freud dice que el delirio es un intento de curación. Freud es muy respetuoso con los fenómenos patológicos, porque sabe que son el modo que el sujeto se sostiene en la existencia. La fórmula de Lacan, que a mi me parece muy justa, es hacerse secretario del alienado. En la psicosis el delirio viene al lugar del fantasma en la neurosis. Obviamente, no es lo mismo tener un fantasma que pensar realmente que la gente habla de uno en las mesas de los restaurantes, todas las veces y siempre. Todos los delirios son distintas maneras de coser el agujero en la trama.

Pregunta: ¿Cómo es eso de la mirada y el tono muscular en la psicosis?
S.A.: En general las psicosis desencadenan después de la adolescencia. Las hebefrenias a los 13-14, la esquizofrenia simple a los 15-16 y la esquizofrenia paranoide a los 17-19. Las paranoias, en la adultez. Los ciclos maníacos depresivos, después de la adolescencia. Cuanto antes desencadenen, peor, porque el sujeto tiene menos recursos. 

En la infancia se ven a los chicos no fijando la mirada, babeándose, sin tono muscular. Los analistas leemos el aspecto de la persona, sin juzgarla. Que esté aseada, elegante en sus términos para sus gustos, que no esté bizarramente presentada, es un discurso sin palabras. Cómo una persona se presenta, su cuerpo es un cuerpo erógeno. Una persona puede estar sana biológicamente y tener mal conformado el cuerpo pulsional y narcisista. El cuerpo erógeno es la combinación de ambos y del cual los analistas nos ocupamos. Suele haber cambios en el cuerpo erógeno a lo largo del anñalisis, que se ven a simple vista.

Entonces, tono muscular, tono de los esfínteres, mirada, arreglo y demás nos dice algo. Hay gente que uno la ve y se da cuenta de que está mal. 

Pregunta: Los casos de neurosis graves donde los fantasmas se desarmaban con facilidad, ¿cómo los pensás?
S.A.: Si no se arma el fantasma, domina una pulsión acéfala, que no tiene cabeza. Lo que se llaman impulsiones, por ejemplo comer de más o no comer nada, o vivir moviéndose, gente que consume cosas sin límites. Las impulsiones son pulsiones que no encontraron como organizarse, porque no hay un fantasma que las organice. Todo lo que es pulsionalmente desatado no está organizado pulsionalmente. Los chicos, decía Freud, son perversos polimorfos hasta que ellos organicen un mundo fantasmático. Se forma un esbozo de fantasma en la primera vuelta edípica y la culminación en la segunda vuelta edípica. 

Hay pacientes que no siendo psicóticos, organizaron su fantasma de manera muy frágil. Ante ciertas alternativas de la vida, que en la vida abundan, entran en impulsión. Por ejemplo, comer nada, como el caso de la anorexia vera. La anorexia vera es el cuadro donde el único recurso para restarse al Otro es no comer. Ahí tenemos la pulsión oral e irse del Otro hasta morirse. Son pacientes que hacen lío, y el libro que escribí es una especie de trabajo de estos pacientes que nadie quería tomar.

Lacan va a decir que toda pulsión es de muerte porque toda pulsión sola viola el principio del placer. En un punto, hay que inhibir a la pulsión para que no lleve a la muerte biológica. En estos pacientes donde el paciente se mueve sin orientación fantasmática, en el borde de la fantasía, no paran. Son peligrosos y vengativamente los analistas los declararon inanalizables. En este caso no se trata de atravesar, sino de construir un fantasma inacabado. 

Pregunta: ¿Hay relación entre la inhibición y el fantasma? ¿Qué podés decir de la procratinación? 
S.A.: Vale el caso por caso. En la procrastinación del hombre de las ratas es una inhibición con un fantasma claro que había que atravesar para que él no siguiera siendo una rata intercambiada por un florín. La inhibición de procrastinar de ser abogado era para protegerse de una elección que no tenía elementos. Él no había nunca pensado lo que ya sabía, como dice Freud. Él ya sabía todo, pero no sabía lo que significaba. 

En un análisis, uno piensa lo que ya sabía. Uno nunca piensa las consecuencias de lo que sabe ni como lo elaboró. En general, la procrastinación obsesiva responde a no querer someterse a un fantasma, por ejemplo “tantas ratas, tantos florines”. En otros casos, como en las psicosis, no querer tener relaciones sexuales puede ser una elección para no desencadenar. Eso ya no es una inhibición, sino temor al desencadenamiento. Ambos casos hay que respetarlos, aunque son distintos. En el caso de la inhibición neurótica, puede ser levantada; en otros casos, mejor así. Cada caso es particular y un diagnóstico estructural no está mal para dirigir una cura.

Pregunta: ¿Y las adicciones?
S.A.: También son caso por caso. Las adicciones son epifenómenos de cualquier estructura. La adicción complica cualquier estructura, pero es epifenómeno y no indica estructura.

martes, 2 de enero de 2018

¿Cómo ejercer la función del analista? Construcción del fantasma en el análisis.

Hoy vamos a trabajar el fantasma como fórmula, es decir, en términos matemáticos y metafóricos. Es una primera formulación y en la primera entrevista tenemos que desarrollar las condiciones para entender, para escuchar. No significa que sepamos exactamente todos los detalles, pero si vamos a tener una grilla de lo que es el fantasma en la primera entrevista. ¿Para qué es importante? Para fijar el encuadre y para orientar las intervenciones. Esto implica que vamos a trabajar, en las primeras entrevistas:

Encuadre:
  • Cantidad de sesiones. Sesiones semanales, 2 veces por semana, cada 15 días o una vez al mes.
  • Duración de entrevistas. Es en la primera entrevista que ya uno ve si dura 45 minutos, una hora y media, con esos pacientes que no puede acotar en el discurso, o hay pacientes que necesitan una sesión corta. Y no es por capricho, sino por lo que uno escucha.
  • Fijación de honorarios: cuánto y por qué. Yo, por lo menos, no trabajo con un monto fijo. cada paciente tiene una particularidad en cuanto a cuánto pagar, porque tiene que ver con la lógica del caso.


Estos tres elementos tienen en común que se trata de la fijación del número. Y ahí van a entender por qué Lacan al final de la obra dice “El número es lo real”. Tiene que ver con las cantidades de minutos, cantidad de dinero, de genitalidad. Los números son importantes y hacen a algo que va mucho más allá del texto simbólico. Ustedes recordarán que el el texto simbólico tiene estructura de ficción, es decir que en la línea de lo simbólico cuando uno escucha a un paciente, uno sabe que algo de esa ficción -que por supuesto uno se la cree- no deja de estar en el orden de la mentira, a lo que no tolera saber de sí mismo. Entonces, lo que nos guía a los analistas es el número, que no miente. Por eso, la intervención va a ir al detalle siempre, mucho más al detalle de lo que estamos normalmente acostumbrados.


Intervenciones:
  • Preguntas.
  • Señalamientos o puntuación.
  • Corte de sesión.
  • Interpretación. Incluso se hacen en las primeras sesiones. Es muy distinto lo que nos enseñan a lo que uno ve en la clínica. Hay análisis que empiezan con una interpretación, que el paciente descifra a lo largo de todo su análisis. Es cierto que hay que tener cuidado.
  • Nominación. Para casos que hay una identificación fuerte. Se señala ese goce en que está atrapado ese sujeto, supongamos un goce materno, diciéndole el nombre de la madre. “Ah, acá está hablando Martita, ¡Bienvenida Martita!” Si el goce es enorme, yo utilizo el nombre en dimunutivo.
  • Devolución.
  • Llamado. No a todos los pacientes uno llama ante su ausencia. Depende de cada caso.


Como estas, hay muchas más intervenciones. Vamos a hacer un recorrido necesario por la teoría para después poder determinar el fantasma en juego. Eso de ninguna manera significa que el fantasma sea algo cerrado y que se descubra en la primera entrevista. No es tan sencillo, pero si las marcas de ese fantasma son las que necesitamos para poder tomar estas decisiones sin perder tiempo. Y también para que el paciente no pierda tiempo, porque el tiempo de vida a veces está menospreciado en el análisis. Entonces, un paciente puede estar años y años en un análisis y no puede sacar ninguna conclusión. Eso es complicado. No quiere decir que no haya hecho cambios, pero alguna cosa tiene que tener clara. En ese punto, el tiempo de vida es valioso, para ellos y para nosotros también.


En un encuentro anterior hice un recorrido por la obra freudiana tratando de puntuar los momentos en los que Freud va creando el concepto de fantasma. Para recordarles eso, vamos a nombrar 4 o 5 textos:


1897: Cartas a Fliess.
Es cuando Freud dice “mis histéricas me mienten”. No se queda en el enojo imaginario, sino que dice que son guiones, repetitivos, en un número limitado, son escenas. Ya en 1897 estamos hablando de escritura.
En otra de las cartas, ubica 3 fantasías primordiales: castración, seducción y coito entre los padres. Estas 3 fantasías tienen en común en que hay un sujeto activo, otro pasivo y algo que no se ve: el ojo, ese tercer sujeto que mira. Lo voy a hacer en un dibujo.
Siempre, en las escenas que los pacientes relatan, vean dónde está el ojo, porque ahí van a ver la perspectiva, desde dónde está parado ese sujeto. Esto no necesariamente es sencillo.


1900: La interpretación de los sueños.
Freud dice que el aparato psíquico puede graficarse como un aparato óptico, como una cámara fotográfica. En estas 3 escenas de las que hablábamos antes, el sujeto saca una foto. La mirada no es evanescente, sino que graba. Graba y a partir de allí determina todas las formas en que el sujeto va a leer. Eso es lo que van a ver cuando Lacan en el seminario I trabaja el esquema óptico del florero invertido y dice que es una parte que en general no se presta mucha atención. Uno puede verse al espejo, pero si lo hace vascular, lo que yo veo es lo que antes no veía. Eso es lo que hace la función del analista, temblar ese espejo que estaba fijado. Entonces uno empieza a ver cosas que antes no veía ahí, conmueve una versión fija.


1919: Pegan a un niño.
Es un texto rarísimo y difícil. Se trata de una construcción que hace Freud en base a solamente 6 u 8 casos. Son 4 mujeres y 2 hombres. Tiene 3 ejes:
1) Mi padre pega a un niño (odiado por mí, agrega).
2) Yo soy pegado por mi padre (inconsciente, la versión edípica).
3) Un niño es pegado.
Las 3 escenas tienen en común un sujeto activo y otro pasivo. Hay un goce activo, otro goce pasivo y hay alguien que goza en el recorrido de la pulsión.


1923: El yo y el ello.
En ese momento, el yo está definido como la proyección de la superficie corporal. De nuevo, estamos cerrando términos de la mirada como constitutiva. Lo que dijo Lacan no salió de cualquier lugar.


1937: Construcciones en psicoanálisis.
Freud dice que todo esto es del orden de la construcción.  “Pegan a un niño” es del orden de la construcción como escena del inconsciente. Entonces, vamos a ir, para trabajar la clínica, al esquema del peine y a leerlo un poco topológicamente.


Freud empieza por el polo perceptivo. De nuevo, tenemos que la percepción es el modo inicial en que se acercan los estímulos. Todo esto tiene que ver con la pertinencia de la topología. La lectura en la clínica es una lectura en relación a las superficies, en relación a los agujeros. Esto, por supuesto, es mucho más fácil para Lacan años después, que trabajó la topología una vez que se desarrolló. El otro extremo del esquema es el polo motor.


Cuando recién llegan los estímulos al aparato psíquico, se producen marcas. Nosotros tratamos de escuchar su aparato psíquico, como arma sus guiones. En el comienzo, no hay huellas mnémicas, sino marcas. Esto es una cuestión esencial para poder luego discriminar el yo y el ello al esquema del peine. En la etapa que no hay huella sino marca, el aparato psíquico está lleno de estímulos. Están según Freud las pantallas neuronales, que no llegan a frenar esos estímulos. Los estímulos entran y arrasan. Entonces, lo que dice Freud es que empieza habiendo marca que después se traducen en huellas mnémicas. Freud habla de los procesos psíquicos como retraducciones. Esas huellas mnémicas, que ya implican una representación cosa, luego se van a unir, para hacerse conscientes, a la representación palabra.


La consciencia no tiene huellas mnémicas. La consciencia y la memoria son mutuamente excluyentes. Es un tema importante, porque cuando al término de un análisis el paciente ha trabajado para olvidar, (como decía Freud, recordar para olvidar y dejar cosas en el pasado), está plenamente consciente de su realidad y su memoria no le pesa. No es pavada lo que dice Freud cuando dice que la consciencia y la memoria son mutuamente excluyentes. Él lo dice una y otra vez y es por esto.


Pongámosle nombre a todas estas instancias:


La consciencia, que no tiene huella mnémica.


En el preconsciente, encontramos la representación palabra de la que hablábamos recién.
  • La identificación en tercer grado, como las jóvenes histéricas adolescentes del internado, están en el preconsciente-consciente.


La represión secundaria, separa el inconsciente del acceso al preconsciente-conciente.


En el inconsciente. Aquí encontramos
  • el falo.
  • El Edipo está en el inconsciente, no en ello, que lo vemos en todo el trabajo de rememoración que se hace con el Edipo.
  • La identificación secundaria. Es la identificación al rasgo. Está ligada al Edipo y al falo.
  • El síntoma. A veces los síntomas tienen un costado donde están anudados. No casualmente Lacan habla del nudo borromeo, porque está anudado. Nunca algo encaja perfectamente en una sola cosa.


La repetición está entre el ello y el inconsciente, porque la parte de compulsión está del lado del ello, es ese real que pugna por realizarse, que ex-siste, que quiere decir que está por fuera. Esto Freud lo decía en 1894-95 en las Nuevas aportaciones a las neuropsicosis de defensa, cuando dice que algo viene desde el exterior y aparece en el aparato al modo de la alucinación. La parte repetitiva, en el sentido “elijo a un hombre como mi papá”, está en el ámbito de lo inconsciente. Tiene más que ver con una trama, es esa parte donde el sujeto escribe eso que es imposible de decir en una trama simbólica -y acá vamos a Lacan- en una trama significante. Yo la dibujo así:


Estoy dibujando como si fuera una tela de lana, es una trama. La trama incluye consistencia (hilos), agujeros y también algo que no se ve, la existencia: el que la hizo. Es el discurso del Otro. El intercambio de consistencia, existencia y agujeros es lo que va a hacer el nudo borromeo, pero eso lo vemos en otra clase.


El ello no tiene marca. Es el reservorio de las pulsiones. Por supuesto, este concepto no estaba cuando él hizo el esquema del peine en 1900. El ello lo inventa en 1923. Pero ya pueden leer en La interpretación de los sueños, a la luz de lo que ya saben, el ello.
El ello es como un caldero hirviente de pulsiones.
  • A nivel del ello encontramos al fantasma.
  • La identificación primaria es la que da origen al aparato, la ubicamos en el ello.


La represión primaria, como marca inicial que constituye el aparato. Aquello que nunca fue consciente.


La angustia es el concepto clave que permite ver que el esquema del peine es un esquema topológico. El almácigo de la angustia es el yo. La última teoría de las 3 teorías sobre la angustia nos dice que la angustia es una señal, que surge cuando el aparato teme a “no tener con qué”. Ahí se dan cuenta bien que este esquema del peine es en realidad un esquema topológico: es un círculo. La angustia muestra bien que el yo y el ello están de alguna manera en un funcionamiento tan sincrónico que cuando ustedes a veces están interviniendo en lo real, piensan que están interviniendo en lo imaginario y no es así. A veces uno hace una intervención que aparenta ser en lo imaginario, es decir, en el sentido del yo y en realidad lo que están haciendo es una intervención en acto en relación a una cuestión repetitiva del paciente, que no la puede ver de otra manera que si ustedes no intervienen a algo cotidiano, porque es una estructura fantasmática. Es una estructura fantasmática, donde el paciente hace con nosotros su fantasma.


Por ejemplo, un paciente viene y nos trae algo y siempre lo critica. Si alguien critica todo el tiempo lo que hace, uno puede decirle:
Intervención en lo simbólico: “Porque como su mamá se critica a usted misma…” ese es un modo de intervenir.
Intervención en lo real: “¿Por qué tanta crítica?” Uno podría pensar que es una intervención en lo imaginario, respecto a algo que el paciente trajo, pero es una intervención en lo real, porque lo que uno está diciendo es “usted me pone a mi en el lugar de ser el que espera perfecciones y esa no soy yo”. En el caso del Hombre de las ratas, en la tercera entrevista él le cuenta a Freud que está espantado, que tiene algo que contarle. Intervención en lo imaginario: “bueno, quédese tranquilo, yo estoy aquí y lo voy a escuchar…” No es para denotar este tipo de intervenciones, que son necesarias para algunos pacientes, a veces durante mucho tiempo al tener que reconstruir las marcas. ¿Qué hace Freud? Él hace una maravillosa intervención: “Yo no soy el capitán cruel” Solo dice eso, si volvemos al dibujo del fantasma con sus 3 posiciones:
Freud allí intervino en lo real. Si la angustia surge ante un peligro que se percibe como real, ¿quién es peligroso? El analista, en la medida en que nos convoca a decir algo que que uno siente que nos parte en dos. Ese lugar también nos toca, mudar al paciente en ese parto, parir esas verdades.


Entonces, vimos la estructura gramatical del fantasma: Yo soy pegado por… El niño es pegado por… Pegan a un niño. El pasivo, el activo y el que está mirando. Esto es Freud, lo han estudiado y solo hay que usarlo. El fin de análisis, o mejor dicho, cuando termina la pregunta que hizo dar vuelta ese análisis es cuando el sujeto recorre esas 3 posiciones. En nuestros propios análisis vemos que hay situaciones en las cuales uno se queja de otros, lo que nos hicieron y resulta que nosotros también se lo hicimos a otro y no nos pareció tan terrible. “Yo no llamo al otro, porque no lo quiero molestar” y después nos quejamos “¿Por qué a mi no me llama nadie?”. La posición en una es activa y en otra es pasiva y en todos, yo me estoy mirando.


El lugar del analista, importante a tener en cuenta, es que el goce del que está mirando es un goce del que si uno no está advertido, el goce de ser analizante puede hacer que un paciente se pueda quedar años en análisis, porque goza de mirar estas escenas. Y el sujeto, cuando se queda mirando mucho, tarde o temprano se queda en el mismo lugar. Como analistas, es importante estar atentos y supervisar ese lugar, porque hay que salir y en algún momento invitar al paciente a salir: váyase, dé una vuelta, viva, haga, pruebe y después en todo caso viene a contarme.


Caso clínico nº 1. Posición pasiva.  (aportado una participante):
El señor B tiene 40 años. consulta porque la ex esposa no le deja ver a su hijo y porque quiere llenarle la heladera a su mamá. Él no trabajaba, pero quiere trabajar. La ex-mujer le dice que si no trabajaba, no le iba permitir ver al hijo.


Ahí tenemos un goce pasivo. No se trata de un llenar activo, porque activo sería que saliera a trabajar, hiciera un diferencia y produjera. No hay producción de objeto ahí. Él es, casi, ese objeto que le llena la heladera. No puedo evitar pensar en términos de espacios y de agujeros. Simbólicamente, no hay hijo de él. El triángulo sería: la madre o su ex esposa en el lugar activo, él en el lugar pasivo de recibir el maternaje y hay un tercero que es el que tenemos que poner a funcionar, porque este sujeto del caso podría quedar tan atrapado en ese discurso materno, que si no es una psicosis, le pega en el palo.


¿Qué intervenciones podrían ser posibles ahí? Estamos ante un sujeto de 40 años con dificultad de diferenciación del deseo del Otro. Las intervenciones, en esa estructura, ¿soporta intervenciones simbólicas? Una estructura simbòlica bien constituída tiene 3 lugares o posiciones que funcionan y se mueven. Tiene una superficie, “yo soy esto”. En este caso no.  Una interpretación, se apoya en la metáfora, que supone que en la base esté el nombre del padre, que en el caso está medio dificultado. La metonimia y la metáfora operan sobre una cadena significante, la cadena simbólica. Todas las intervenciones del orden simbólico son intervenciones que suponen una cadena simbólica constituida. Una intervención muy metafórica en un sujeto con una estructura muy pobre, no entiende nada y tiene razón. Otra de las características de las intervenciones simbólicas es que trabajan sobre cuestiones identificatorias o de elección de objeto. hablamos de linaje, de función paterna. Al hablar de cadena simbólica, hablamos de 3 generaciones, distintos personajes. “Usted no es su padre”, por ejemplo. Eso es una interpretación en relación al linaje. No sabemos si este sujeto pueda soportar intervenciones de este estilo. Las intervenciones simbólicas requieren mucho de la estructura, más que las intervenciones en lo real. Un sujeto que tenga un sostén simbólico es una madre que haya funcionado, un padre que haya funcionado para él. Son funciones que dieron lugar a superficies, a producciones.


En cuanto al encuadre, veamos los honorarios. Simbólicamente, los honorarios son pagar una deuda. En lo real, es una pérdida de goce. Pero en lo más concreto, ¿cómo fija el analista los honorarios? Tiene que ver con la posición inconsciente que ocupa. Este sujeto del caso, nunca va a ofrecer pagar mucho. Nunca va a pensar que puede llenar una heladera, o al menos en ese momento. No va a pensar que tiene un plus para darle a ese hijo, porque ese sujeto tiene el lugar pasivo no tiene con qué. En el fantasma no se tiene con qué.
Caso clínico 2. Posición activa.  (aportado por Violaine Fua Púppulo)
Un paciente económicamente muy potente tiene sus impotencias en otras áreas. Es un tipo muy difícil de trabajar desde lo simbólico. Su esposa pide venir a la sesión porque no encuentra modo de que él la escuche. Como él no escucha, ella me dice “yo le deseo que él logre algo de seguridad en sí mismo” respecto de ciertos lugares que toda esposa -el esposo sólo deja ver a su esposa sus partes débiles-. El hombre comienza a gritarle a la esposa, de que era un hombre muy seguro de sí mismo, que manejaba una empresa, etc.


Por supuesto que a este sujeto, que piensa que puede venir a mi consultorio cada vez que quiere, la intervención es mandarlo a pensar y que venga cada 15 días. Porque él paga. Las entrevistas, en esa línea, van a ser cortas para ese sujeto, porque él está en el lugar activo. El problema es que en la medida que él pasa al lugar pasivo, porque es un ser humano, se mete en la droga, en ambientes raros… Es un puro desecho. La salud está en que el sujeto debe poder atravesar de ser activo a pasivo sin sentir que se va por el agujero. Eso es lo que llamamos castración, elaborar la castración, que tiene que ver con que algo que me falte no significa que yo me pierda a mi mismo, que yo deje de existir. En ese sentido hablamos de cantidad, de duración de las entrevistas y de honorarios.


Caso clínico 3. Caso intermedio.  (aportado por Violaine Fua Púppulo)
Una paciente colega que me relata que se había analizado muchos años y que adoraba a su analista anterior. No volvió con él porque le cobraba mucho dinero y así llegó al hospital. Ella era muy afortunada y podía viajar y este hombre le cobraba enormes cantidades. Ella trabajaba más, salía del consultorio totalmente perdida y se tomaba el colectivo para el otro lado. Le empiezo a preguntar por esto y ella me dice que ella trabajaba para pagarle.

Esa paciente, que ama y adora, va al hospital con una desconocida. La verdad que no corresponde, porque si ella trabajó muchos años y se lo ha ganado, ¿por qué va con un desconocido al hospital porque no le puede pagar a ese? Entonces, fantasmáticamente uno lee que ella ofrece al goce del Otro cualquier cosa. No les voy a decir las cosas que hizo para pagarle las sesiones. Terrorífico, y que él lo supiera y la dejara. Pero además, ella se ofrece al goce del Otro. Ahí, el tema de los honorarios es invertir la cuestión. Si ella dice “Te pago $100”, yo le invierto la cuestión. “¿Cuánto estás dispuesta a pagar?”. Ese paciente va a pagar cualquier cosa y lo que uno tiene que hacer es no aceptar, porque no es esa la posición. Uno dice en acto “Yo puedo agarrar todo de vos y no”. Entonces, si ella dice “Tengo $100”, yo digo “pagame $80, los $20 son para vos”. Este lugar de hacer honor a la verdad, que tiene que ver con la estructura del fantasma, tiene que ver con decidir cuestiones rápido. Después van a tener mucho tiempo para trabajar simbólicamente, edípicamente, etc. Lo que importa es el analista lector.