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jueves, 6 de agosto de 2026

9. Insomnio


Mucho más que "no poder dormir"

El insomnio es, con diferencia, el trastorno del sueño más frecuente en la práctica clínica. Se estima que la mayoría de las personas experimentará algún episodio de insomnio a lo largo de su vida, especialmente durante períodos de estrés, enfermedad o cambios vitales importantes.

Sin embargo, experimentar algunas noches de mal descanso no equivale a padecer un trastorno de insomnio.

Como vimos en capítulos anteriores, dormir mal de manera ocasional forma parte de la experiencia humana. El desafío clínico consiste en comprender por qué, en algunas personas, ese episodio transitorio desaparece espontáneamente, mientras que en otras se transforma en un problema persistente que puede durar meses o incluso años.

Esta pregunta ha dado origen a uno de los modelos más influyentes en la medicina del sueño contemporánea y, al mismo tiempo, ofrece un excelente ejemplo de cómo integrar factores biológicos, psicológicos y conductuales.

¿Qué es el insomnio?

El trastorno de insomnio se caracteriza por una dificultad persistente para iniciar el sueño, mantenerlo o volver a dormir después de un despertar precoz, a pesar de disponer de condiciones adecuadas para hacerlo.

Esta definición contiene varios elementos importantes.

En primer lugar, el problema no consiste únicamente en dormir pocas horas. Algunas personas duermen relativamente poco sin experimentar consecuencias significativas durante el día.

En segundo lugar, la dificultad debe producir un deterioro clínicamente relevante.

Las consecuencias más frecuentes incluyen:
  • fatiga;
  • somnolencia;
  • dificultades de concentración;
  • alteraciones de la memoria;
  • irritabilidad;
  • disminución del rendimiento laboral o académico;
  • mayor vulnerabilidad emocional.
Finalmente, el diagnóstico supone que existen oportunidades reales para dormir. No puede hablarse de insomnio en alguien que trabaja dieciocho horas por día y simplemente no dispone del tiempo suficiente para descansar.

Los distintos tipos de insomnio

El insomnio puede clasificarse de diversas maneras.

Según el momento en que aparece

Insomnio de conciliación
La principal dificultad consiste en iniciar el sueño.

El paciente suele permanecer despierto durante largos períodos después de acostarse.

Con frecuencia refiere que "el cuerpo está cansado, pero la cabeza no para".

Este tipo de insomnio suele asociarse con estados de hiperactivación fisiológica o cognitiva.

Insomnio de mantenimiento
La persona logra dormirse con relativa facilidad, pero presenta múltiples despertares durante la noche.

En algunos casos consigue volver a dormir rápidamente. En otros permanece despierta durante largos períodos.

Cuando este patrón aparece acompañado de ronquidos intensos o pausas respiratorias, debe sospecharse una causa médica, como la apnea obstructiva del sueño.

Despertar precoz
El paciente se despierta varias horas antes de lo previsto y ya no consigue volver a dormir.

Este patrón merece especial atención porque puede observarse en algunos cuadros depresivos, aunque también aparece en otros trastornos del sueño y durante el envejecimiento normal.

Insomnio mixto
Es la forma más frecuente. Combina dificultades para iniciar el sueño, despertares nocturnos y despertar precoz.

Según su duración

Desde el punto de vista clínico suele distinguirse entre:

Insomnio de corta duración
Se desarrolla en relación con un acontecimiento identificable —como un duelo, una enfermedad, un examen o una crisis familiar— y suele resolverse cuando desaparece el factor desencadenante.

Insomnio crónico
Persiste durante varios meses y tiende a mantenerse aun cuando el acontecimiento inicial haya desaparecido.

Comprender por qué ocurre esto constituye una de las cuestiones centrales de la medicina del sueño.

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

No todas las personas reaccionan de la misma manera frente a una noche de mal descanso.

Existen diversos factores que aumentan la vulnerabilidad al desarrollo de insomnio.

Entre ellos se encuentran:

Factores biológicos
  • predisposición genética;
  • mayor sensibilidad al estrés;
  • enfermedades médicas crónicas;
  • dolor persistente;
  • cambios hormonales.
Factores psicológicos
  • ansiedad elevada;
  • tendencia a la preocupación;
  • perfeccionismo;
  • hiperresponsabilidad;
  • dificultad para tolerar la incertidumbre.
Factores ambientales
  • trabajo por turnos;
  • horarios irregulares;
  • ruido;
  • exceso de luz;
  • responsabilidades familiares.
Estos factores no producen necesariamente insomnio, pero aumentan la probabilidad de que aparezca cuando ocurre algún acontecimiento desencadenante.

El modelo de las 3 P

Uno de los aportes más importantes para comprender el insomnio fue realizado por el psicólogo Arthur Spielman en la década de 1980.

Su modelo de las tres P continúa siendo una referencia fundamental porque explica de manera sencilla cómo un problema transitorio puede transformarse en un trastorno crónico.

Factores predisponentes

Son las características que aumentan la vulnerabilidad del individuo.

No provocan el insomnio por sí mismas.

Simplemente hacen que algunas personas sean más susceptibles que otras.

Entre ellas encontramos:
  • rasgos de personalidad;
  • antecedentes familiares;
  • enfermedades médicas;
  • elevada reactividad emocional.
Podría decirse que constituyen el "terreno" sobre el cual puede desarrollarse el problema.

Factores precipitantes

Corresponden a los acontecimientos que desencadenan el primer episodio de insomnio.

Algunos ejemplos frecuentes son:
  • separación de pareja;
  • fallecimiento de un familiar;
  • problemas económicos;
  • enfermedad física;
  • nacimiento de un hijo;
  • pérdida del trabajo;
  • conflictos laborales.
En esta etapa el insomnio suele ser una respuesta comprensible frente a una situación de gran impacto emocional o físico.

Factores perpetuantes

Este es probablemente el componente más importante del modelo.

Una vez desaparecido el acontecimiento inicial, muchas personas recuperan espontáneamente su sueño habitual.

Otras, en cambio, comienzan a desarrollar conductas destinadas a "compensar" el problema.

Paradójicamente, esas conductas terminan manteniéndolo.

Entre las más frecuentes encontramos:
  • acostarse demasiado temprano;
  • permanecer despierto durante horas en la cama;
  • dormir largas siestas;
  • cancelar actividades por cansancio;
  • controlar obsesivamente la hora;
  • aumentar progresivamente el consumo de hipnóticos o alcohol;
  • desarrollar miedo a la llegada de la noche.
Con el tiempo, el problema deja de depender exclusivamente del acontecimiento que lo inició.

Ahora se sostiene por hábitos, aprendizajes y expectativas que alimentan el círculo vicioso del insomnio.

Esta idea constituye la base de la Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio (TCC-I).

El círculo vicioso del insomnio

Muchos pacientes describen una experiencia similar.

Una noche duermen mal. 

La noche siguiente comienzan a preocuparse por volver a dormir mal.

Al acostarse están atentos a cualquier señal de cansancio.

Miran repetidamente el reloj.

Calculan cuántas horas les quedan antes de levantarse.

Intentan "obligarse" a dormir.

Cuanto mayor es el esfuerzo, mayor es la activación fisiológica.

Y cuanto mayor es la activación, más difícil resulta conciliar el sueño.

El sueño posee una característica paradójica.

No puede imponerse mediante un acto de voluntad.

De hecho, cuanto más intenta una persona dormirse, más probable es que permanezca despierta.

Esta paradoja será retomada cuando estudiemos las intervenciones terapéuticas.

Una mirada desde el psicoanálisis

El psicoanálisis no considera al insomnio una entidad homogénea. Su estatuto clínico depende de la estructura subjetiva, de la función que cumple el síntoma en la economía psíquica y del momento vital del paciente. En algunos casos puede vincularse con la angustia, en otros con el duelo, la culpa, la excitación pulsional, fenómenos depresivos, modalidades del goce o dificultades en la simbolización. Por ello, el insomnio no posee una única etiología psicoanalítica.

El modelo de las tres P explica con notable claridad cómo se desarrolla y se mantiene el insomnio y permite abordar una pregunta que interesa especialmente al psicoanálisis: ¿Por qué determinados acontecimientos afectan de manera tan diferente a personas distintas?

Dos sujetos pueden atravesar una separación de pareja.

Uno duerme mal durante algunos días y luego recupera su descanso.

El otro desarrolla un insomnio incapacitante que persiste durante años.

La respuesta puede obtenerse en la aplicación del modelo de las 3 P, que al igual que las series complementarias de Freud, parten de una lógica multifactorial. En ambos casos, el trastorno no se explica por una única causa, sino por la convergencia de una vulnerabilidad preexistente y un desencadenante.

Donde aparece una diferencia importante es en el tercer elemento. Freud no desarrolló un equivalente explícito de los factores perpetuantes de Spielman. Una vez desencadenada la neurosis, su permanencia se explica por mecanismos como la represión, el retorno de lo reprimido, la formación de síntomas, el beneficio secundario de la enfermedad y la compulsión de repetición, más que por hábitos o conductas que sostienen el cuadro. En cambio, Spielman pone el foco precisamente en esas conductas (por ejemplo, pasar más tiempo en la cama, dormir siestas, preocuparse por no dormir) que cronifican el insomnio.

Desde un punto de vista epistemológico, ambos modelos comparten una idea que hoy llamaríamos diátesis–estrés: los trastornos surgen de la interacción entre una predisposición y un evento desencadenante. Esa lógica ha atravesado distintas disciplinas y aparece tanto en el psicoanálisis como en la psicología clínica contemporánea, aunque cada enfoque atribuye significados muy diferentes a esos factores.

Desde esta perspectiva, el insomnio no constituye únicamente un problema de activación fisiológica. También puede expresar una particular dificultad para entregarse al descanso, suspender el control o tolerar el encuentro consigo mismo cuando cesan las demandas del mundo exterior.

Esta hipótesis no reemplaza la explicación biológica ni conductual, sino que la complementa.

El curso clínico

El insomnio suele seguir un recorrido relativamente predecible.

En una primera etapa aparece un factor desencadenante.

Luego se instala un período de preocupación creciente por el sueño.

Finalmente, si el problema persiste, comienzan a desarrollarse hábitos y expectativas que lo perpetúan.

Con el tiempo, muchos pacientes dejan de temer aquello que originalmente produjo el insomnio y comienzan a temer al propio insomnio.

La cama deja de representar descanso. Se convierte en un lugar asociado al fracaso, la frustración y la ansiedad.

En ese momento el trastorno ha adquirido autonomía respecto de su causa inicial.

Comprender este proceso resulta esencial para diseñar un tratamiento eficaz.

Una mirada clínica

Cuando un paciente consulta por insomnio, el objetivo del psicólogo no debería limitarse a confirmar que duerme mal.

La verdadera tarea consiste en responder una serie de preguntas:
  • ¿Qué tipo de insomnio presenta?
  • ¿Cuándo comenzó?
  • ¿Qué lo desencadenó?
  • ¿Qué factores lo mantienen actualmente?
  • ¿Existe alguna enfermedad médica que deba descartarse?
  • ¿Qué significado tiene el dormir para esta persona?

Responder estas preguntas permitirá construir una formulación clínica mucho más rica que un simple diagnóstico nosográfico.

En definitiva, el insomnio no es solamente la ausencia de sueño.

Es un trastorno complejo donde interactúan la biología, la conducta, las emociones, la historia del sujeto y las condiciones concretas de su vida.

Ideas principales
  • El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente y no debe confundirse con episodios ocasionales de mal descanso.
  • Puede manifestarse como dificultad para conciliar el sueño, mantenerlo, despertar precoz o una combinación de estas formas.
  • Su diagnóstico requiere la presencia de repercusiones diurnas y condiciones adecuadas para dormir.
  • Los factores predisponentes aumentan la vulnerabilidad; los precipitantes desencadenan el problema y los perpetuantes explican su cronificación.
  • El modelo de las tres P de Spielman constituye una de las explicaciones más influyentes sobre el desarrollo del insomnio crónico.
  • Con el tiempo, muchos pacientes desarrollan un círculo vicioso donde la preocupación por dormir pasa a ser uno de los principales mantenedores del trastorno.
  • La comprensión clínica del insomnio requiere integrar factores biológicos, conductuales y subjetivos para diseñar una intervención adecuada.
Próxima entrada: 10. Hipersomnia

miércoles, 5 de agosto de 2026

5. ¿Qué es un trastorno del sueño?

Entrada anterior: El sueño a lo largo de la vida

Cuando dormir deja de ser una función saludable
Después de haber recorrido la fisiología del sueño, sus etapas y las variaciones normales a lo largo de la vida, estamos en condiciones de responder una pregunta fundamental para la práctica clínica: ¿cuándo un problema para dormir se convierte en un trastorno del sueño?

La respuesta puede parecer sencilla, pero no lo es.

Muchas personas duermen mal de manera ocasional. Un examen importante, una discusión de pareja, el nacimiento de un hijo, un duelo o una preocupación económica pueden alterar el sueño durante algunos días o semanas. Estas situaciones forman parte de la vida y no constituyen, por sí mismas, una enfermedad.

Por otro lado, existen personas que duermen pocas horas y funcionan adecuadamente durante el día, mientras que otras experimentan un importante deterioro aun cuando objetivamente duerman un tiempo considerado normal.

Esto nos obliga a abandonar una definición basada únicamente en la cantidad de horas dormidas.

Un trastorno del sueño no se define sólo por cómo duerme una persona, sino también por cómo esa alteración afecta su funcionamiento físico, psicológico, social y laboral.

Del síntoma a la enfermedad

En medicina y en psicología es importante distinguir entre un síntoma y un trastorno.

Un síntoma es una manifestación clínica aislada. El insomnio, la somnolencia excesiva, las pesadillas o los despertares nocturnos pueden aparecer como síntomas de múltiples enfermedades o situaciones vitales.

Un trastorno, en cambio, constituye un cuadro clínico relativamente estable, con criterios diagnósticos definidos, una evolución característica y, muchas veces, tratamientos específicos.

Pensemos en un ejemplo.

Una persona atraviesa un duelo reciente y durante dos semanas tiene dificultades para dormir. En este caso, el insomnio probablemente sea un síntoma dentro de una reacción esperable frente a la pérdida.

Otra persona lleva más de un año con dificultades persistentes para iniciar el sueño, comienza a anticipar con ansiedad la llegada de la noche, modifica toda su rutina en función del problema y presenta un marcado deterioro laboral y emocional. Aquí ya no hablamos simplemente de un síntoma, sino de un trastorno de insomnio.

Esta diferencia será esencial durante todo el curso.

El objetivo del clínico no consiste únicamente en identificar que alguien duerme mal, sino en comprender por qué duerme mal, desde cuándo, qué consecuencias produce y qué factores mantienen el problema.

¿Por qué existen distintas clasificaciones?
A medida que la medicina del sueño se consolidó como una disciplina propia, surgió la necesidad de establecer un lenguaje común que permitiera a profesionales de distintas especialidades comunicarse con precisión.

Hoy conviven tres grandes sistemas de clasificación que, aunque presentan diferencias, son ampliamente compatibles entre sí.

Conocerlos no implica memorizar listas de diagnósticos, sino comprender cómo se organiza actualmente el campo de los trastornos del sueño.

El DSM-5-TR
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR), elaborado por la Asociación Psiquiátrica Americana, incluye un capítulo específico dedicado a los trastornos del sueño-vigilia.

Su principal objetivo es facilitar el diagnóstico clínico, especialmente en el ámbito de la salud mental.

El DSM agrupa los trastornos en grandes categorías, entre ellas:
  • Trastorno de insomnio.

  • Trastorno de hipersomnolencia.

  • Narcolepsia.

  • Trastornos respiratorios relacionados con el sueño.

  • Trastornos del ritmo circadiano.

  • Parasomnias.

  • Trastornos del movimiento relacionados con el sueño.

  • Trastornos inducidos por sustancias o medicamentos.

Una de las modificaciones más importantes introducidas por las últimas ediciones del DSM fue abandonar la antigua distinción entre "insomnio primario" e "insomnio secundario".

Actualmente se reconoce que el insomnio puede coexistir con otros trastornos médicos o psiquiátricos sin dejar de constituir un problema clínico que merece atención específica.

Este cambio refleja una concepción más compleja y menos reduccionista de la relación entre sueño y salud mental.

La ICSD-3
Si el DSM constituye la referencia principal para la psiquiatría, la Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño (ICSD-3) representa el estándar utilizado por los especialistas en medicina del sueño.

Fue desarrollada por la American Academy of Sleep Medicine y ofrece una clasificación mucho más detallada.

La ICSD organiza los trastornos en grandes grupos:
  • Insomnios.

  • Trastornos respiratorios relacionados con el sueño.

  • Trastornos centrales de hipersomnolencia.

  • Trastornos del ritmo circadiano sueño-vigilia.

  • Parasomnias.

  • Trastornos del movimiento relacionados con el sueño.

  • Otros trastornos del sueño.

Además, incorpora numerosos subtipos y criterios específicos que suelen utilizarse en unidades especializadas y laboratorios del sueño.

Para el psicólogo clínico no resulta indispensable conocer todos estos diagnósticos con profundidad, pero sí comprender que muchas alteraciones del sueño poseen una base fisiológica claramente identificable y requieren un abordaje interdisciplinario.

La CIE-11
La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), publicada por la Organización Mundial de la Salud, constituye el sistema diagnóstico utilizado oficialmente por numerosos países para fines epidemiológicos, administrativos y asistenciales.

A diferencia de versiones anteriores, la CIE-11 otorga mayor autonomía a los trastornos del sueño y evita subordinarlos exclusivamente a enfermedades médicas o psiquiátricas.

Esta decisión refleja un consenso creciente: los trastornos del sueño constituyen un campo clínico con identidad propia, aunque mantengan estrechas relaciones con múltiples especialidades.

Desde el punto de vista práctico, los diagnósticos de la CIE-11 son ampliamente compatibles con los del DSM-5-TR y la ICSD-3.

¿Las clasificaciones explican las causas?
Una pregunta importante merece ser formulada.

Si contamos con sistemas diagnósticos tan desarrollados, ¿significa eso que comprendemos completamente por qué aparecen los trastornos del sueño?

La respuesta es no.

Las clasificaciones describen y organizan los cuadros clínicos, pero no explican necesariamente su origen.

Saber que un paciente cumple criterios para un trastorno de insomnio nos permite comunicar un diagnóstico, acceder a investigaciones científicas y orientar determinadas decisiones terapéuticas. Sin embargo, todavía debemos preguntarnos:

¿Qué factores predispusieron a esta persona?
  • ¿Qué acontecimientos precipitaron el problema?

  • ¿Qué conductas o circunstancias lo mantienen?

  • ¿Qué papel desempeñan las enfermedades médicas?

  • ¿Qué lugar ocupan el estrés, los vínculos o la historia subjetiva?

En otras palabras, el diagnóstico constituye el comienzo de la investigación clínica, no su final.
Una mirada desde el psicoanálisis
El psicoanálisis ha mantenido históricamente una relación ambivalente con las clasificaciones diagnósticas.

Por un lado, ha señalado con razón que ningún manual puede agotar la singularidad de un sujeto. Dos personas con el mismo diagnóstico pueden vivir su insomnio de maneras completamente diferentes.

Por otro lado, ignorar los avances de la medicina del sueño supondría un grave error clínico.

El desafío consiste en articular ambos niveles.

Los sistemas diagnósticos permiten reconocer patrones relativamente estables, identificar factores de riesgo y orientar derivaciones cuando son necesarias.

El trabajo clínico, en cambio, exige comprender qué lugar ocupa ese trastorno dentro de la historia y de la economía psíquica de cada paciente.

No se trata de elegir entre diagnóstico o subjetividad, sino de integrar ambos.
Una mirada clínica
En la práctica cotidiana es frecuente que los pacientes consulten diciendo simplemente: "No puedo dormir".

Esa frase, por sí sola, dice muy poco.

El clínico deberá precisar:
  • ¿Se trata de dificultad para conciliar el sueño o para mantenerlo?

  • ¿Desde cuándo ocurre?

  • ¿Con qué frecuencia?

  • ¿Qué consecuencias tiene durante el día?

  • ¿Existe alguna enfermedad médica que pueda explicarlo?

  • ¿Hay consumo de sustancias?

  • ¿Se trata de un episodio aislado o de un patrón persistente?

Responder estas preguntas permitirá diferenciar un síntoma transitorio de un verdadero trastorno del sueño.

Esa diferencia orientará todas las decisiones posteriores: profundizar la evaluación, iniciar una intervención psicológica, solicitar estudios complementarios o derivar a otros profesionales.

Ideas principales

  • No toda dificultad para dormir constituye un trastorno del sueño.
  • Un síntoma es una manifestación aislada; un trastorno implica un cuadro clínico definido, persistente y con repercusiones funcionales.
  • El DSM-5-TR clasifica los trastornos del sueño principalmente desde la perspectiva de la salud mental.
  • La ICSD-3 es la clasificación más detallada y utilizada en medicina del sueño.
  • La CIE-11 incorpora los trastornos del sueño como una categoría clínica con identidad propia dentro de la clasificación internacional de enfermedades.
  • Las clasificaciones organizan los diagnósticos, pero no explican por sí mismas las causas de cada trastorno.
  • La evaluación clínica requiere integrar el diagnóstico nosográfico con la comprensión biológica, psicológica, ambiental y subjetiva de cada paciente.

Próxima entrada: 6. Cómo evaluar un problema de sueño

jueves, 18 de septiembre de 2025

El insomnio, en Borges

 ¿Qué es el insomnio?

«La pregunta es retórica;
sé demasiado bien la respuesta.
Es temer y contar en la alta noche
las duras campanadas fatales,
es ensayar con magia inútil
una respiración regular,
es la carga de un cuerpo
que bruscamente cambia de lado,
es apretar los párpados,
es un estado parecido a la fiebre
y que ciertamente no es la vigilia,
es pronunciar fragmentos de párrafos leídos
hace ya muchos años,
es saberse culpable de velar
cuando los otros duermen,
es querer hundirse en el sueño
y no poder hundirse en el sueño,
es el horror de ser y de seguir siendo,
es el alba dudosa...»
La cifra, 1981.
Jorge Luis Borges.

jueves, 1 de agosto de 2024

Insomnio y síntoma

 La pregunta de esta reflexión debiera dar paso a otra, para despejar el supuesto valor universal: ¿en qué condiciones y casos podría el insomnio ser un síntoma?

Comencemos por interrogar la naturaleza del insomnio. En todo caso, qué lectura podemos hacer de él en el campo del psicoanálisis.

Freud había planteado que el sueño es el guardián del dormir, o sea que el sujeto sueña para poder dormir. En ese sentido es notoria la diferencia, aún la distancia que se plasma entre un sueño y una pesadilla.

Un sueño es una construcción ficcional podríamos decir, aunque también participe algo que es de otro orden. Es una construcción que hace posible el dormir, que resguarda la posibilidad del descanso del sujeto. Y lo permite en la medida en que viabiliza un corte atinente a la relación del sujeto con su Otro de origen. Por supuesto no es un corte que suelte amarras, dado que el sujeto sueña, y con los significantes que vienen del campo del Otro.

El corte aludido afecta al vínculo del sujeto con el Otro, en la medida en que el cuerpo queda involucrado allí.

A diferencia del sueño la pesadilla no cumple la función de guardián del dormir, sino que lleva el sujeto a un despertar que es una interrupción, la que le impide seguir durmiendo.

O sea, la pesadilla es la ocasión de la irrupción de algo que corta las ligaduras significantes que sostienen la función de resguardo del sueño.

Desde esta diferencia el insomnio puede considerarse como el índice de una dificultad a nivel del significante. La puesta en funcionamiento de algo, o el funcionamiento de una falla que impide la constitución de este entramado significante que habilita el dormir en el sujeto.

El insomnio por ende podría constituir un síntoma solamente en la medida en que se suscita una pregunta que involucra al sujeto. Y no hablamos de reducir esto a un mero interrogante sobre el sentido, sino una pregunta que involucre la causa.

jueves, 2 de junio de 2022

Tratamiento de los trastornos del sueño

“En el sueño existe un proceso complejo de reorganización y restauración celular de vital importancia para la adquisición y aprendizaje de nuevas tareas”.

Estados de actividad del SNC:

Estado de vigilia


Sueño no REM

  1. Etapa 1 : 5% del sueño. Aparecen mioclonías fisiológicas.

  2. Etapa 2: 45-55% del tiempo. Fase de sueño superficial.

  3. Etapa 3-4:  10-20% .Sueño profundo. Función reparadora.

Sueño REM




20-25% del tiempo del sueño, se relaciona con el procesamiento de la actividad intelectual, aprendizaje, consolidación y recuperación de la memoria. Hay atonía muscular , excepto de los músculos oculares, respiratorios y del oído interno.


CLASIFICACION  TRAST.SUEÑO

Primarios:

DISOMNIAS.

Intrínsecas: Narcolepsia, hipersomnia, apnea del sueño, síndrome de piernas inquietas, insomnio idiopático.

Extrínsecas: Higiene inadecuada del sueño, insomnio de adaptación y de causa ambiental, inducido por sustancias.

Trastorno del ritmo circadiano: cambio de huso horario por viaje, cambio de horario de trabajo.

PARASOMNIAS:

- Trastorno del umbral para el alerta.

- Trastorno de la transición sueño-vigilia: trastorno rítmico del movimiento.

- Parasomnias asociadas con la fase de sueño REM: pesadillas, trastornos del comportamiento REM.

- Otras parasomnias: bruxismo.

TRASTORNO DEL SUEÑO SECUNDARIO A PATOLOGÍA MÉDICA Y PSIQUIÁTRICA:

- Patología médica: Tiroxicosas, asma, enfermedad cardiovascular.

- Patología psiquiátrica: depresión, manía, esquizofrenia, trastorno de ansiedad.

- Tratamiento no farmacológico: el objetivo es  mejoramiento  de las conductas y hábitos asociados con el sueño. Los efectos beneficiosos son evidenciables a más largo plazo que los efectos del tratamiento con medidas hipnóticas.

Pautas:

  1. Evitar el consumo excesivo de alcohol y cafeína.

  1. Evitar ingesta alimentaria importante inmediatamente antes de dormir.

  2. Establecer esquema regular de sueño que contemple horarios de despertar temprano , con poca variación en días subsiguientes.

4.    Interrumpir actividad laboral 30 minutos antes de dormir.

5.    Realizar ejercicio aeróbico regular, pero no cercano al horario de dormir.

6.    Evitar dormir durante el día.

7.    Promover un ambiente agradable al momento de dormir: silencio oscuro y temp. adecuada. 

8     En  caso de no conciliar el sueño en 30 minutos , levantarse de la cama y sólo retornar en caso de volver a sentir sueño.

9.    No forzar el inicio del sueño. Esto favorece estado de alerta.

10.  Mínima exposición  a estímulos luminosos a la hora de irse  a dormir, para no favorecer la aparición de fase retrasada del sueño. Las luces  de lectura y las computadoras no son suficientemente intensas para generar alteraciones del ritmo circadiano.

Tratamiento Farmacológico:

Para aquellos que cursan con insomnio: Benzodiazepinas , hipnóticos no benzodiazepínicos, antidepresivos sedativos, antialérgicos, melatonina.

Para aquellos que cursan con hipersomnia: psicoestimulantes. 

 Benzodiazepinas: Todas  son igualmente eficaces ,reducen latencia al inicio del sueño, incrementan el tiempo total del sueño, disminuye el número de despertares y mejoran calidad de sueño.

Tener en cuenta características farmacocinéticas  y características del insomnio.

Tener en cuenta los efectos adversos.

Hipnóticos no benzodiazepínicos:

  1. Zolpidem( Somit)

  2. Zopiclona (Insomnium)

  3. Eszoplicona( Inductal, Novo insomnium)

Caracteristicas :

  1. Efecto hipnótico similar a las BZD, pero no poseen efectos ansiolíticos, ni miorrelajante, sólo para tratamiento a corto plazo.

  2. Por semivida corta no producen efectos residuales y trastornos en el desempeño psicomotor, menor alteración en la memoria anterógrada

  3. Conservan arquitectura del sueño.

Antidepresivos sedativos: se los utiliza en dosis menores que para  el tratamiento de trastornos afectivos. Pueden agravar bruxismo (IRSS), síndrome de piernas inquietas( ATC).

Trazadona ( Taxagon ), Mirtazapina ( Remeron , Comenter), Amitriptilina( Tryptanol)

Antialérgicos:  Se indican en pacientes con intolerancia a las BZD o cuando están contraindicadas. Son menos eficaces para reducir la latencia, si bien mejoran el tiempo total de sueño. Difenhidramina( Benadryl), Prometazina( Fenergan)

Otros : Melatonina, psicoestimulantes( metilfenidato, modafinilo)

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Insomnio y pesadillas a la luz del Psicoanálisis.


Pino Lorenzo López (Fuente)
El sueño o la actividad onírica en la que nos sumimos todas las  noches, es el guardián del reposo que viene a cumplir el deseo mantenido por el yo consciente de dormir.

El primer paso que dio el Psicoanálisis en su formulación teórica sobre el sueño, fue que todo sueño tiene un sentido, pero que éste solo aparece después de ser interpretado.

Lo que recordamos cuando nos despertamos, todavía no se sabe bien lo que es, es decir, el sueño en sí mismo no significa nada, y para que acontezca la interpretación el sueño debe ser contado en condiciones de asociación libre y en transferencia, que son las dos técnicas que utiliza el Psicoanálisis. Y es en estas condiciones que decimos: el sueño se presenta como una realización de deseos.

Por supuesto, esto también ocurre en las pesadillas o sueños de angustia, aunque pensar la pesadilla como una realización de un deseo puede parecer un contrasentido.

Podemos decir que una pesadilla es aquel sueño que viene a interrumpir el reposo. O dicho de otra manera, siempre que hay una interrupción del reposo podemos hablar de pesadilla o sueño de angustia, aún, incluso, cuando el sueño sea placentero.

Después de las pesadillas suele ser común despertarnos con algunos síntomas de ansiedad, asustados, sudorosos e incluso llorando. ¿Es la pesadilla la que nos produce esos afectos? No, realmente no es que me angustie por el sueño, es por que estoy angustiado, aunque no sea consciente de ello, que tengo un sueño de angustia. Con lo cual, la angustia es previa al sueño.

Todos podemos tener pesadillas ya que nadie está exento de la angustia. Es un afecto estructural del ser humano que a veces se puede hacer acto, que es cuando notamos sus síntomas, y otras veces no.

Cuando un sueño angustioso se repite mucho es cuando se habla de sueños recurrentes. En este caso, lo que lleva a la persona a tener estos sueños que se repiten casi de la misma forma, es un estado de ansiedad o de preocupación excesiva que puede estar provocando un trastorno. Y es este estado de ansiedad o trastorno que provoca el sueño recurrente, llegándose incluso a temer ir a dormir para evitar tener el mismo sueño.

Ya en este último caso estaríamos hablando de uno de los más comunes trastornos del sueño o insomnio.

Resumiendo podemos decir que entonces la teoría que explica las pesadillas o el sueño de angustia pertenece a la psicología de la neurosis, y en concreto a la angustia, y no tanto al sueño. Y la angustia procede de fuentes sexuales. Así que analizando los sueños de este género se puede descubrir, en sus ideas latentes, el material sexual de donde partió.

El insomnio o la incapacidad para conciliar o mantener el sueño, puede ser primario o secundario. El insomnio primario sería aquel donde no se puede identificar una causa clara del trastorno. También en estos casos se dice que su causa es psíquica.

El insomnio secundario, por otro lado, es cuando se produce asociado a una causa identificada, bien sea una enfermedad orgánica, afecciones respiratorias, enfermedades cardiovasculares, o por ejemplo, un consumo excesivo de bebidas con cafeína.

El insomnio primario o de causa psíquica puede deberse a un miedo a soñar. El insomne vendría a pensar: temo a mis sueños y por lo tanto temo a que mis deseos reprimidos y no tolerados por mí se manifiesten en él, y no quiero saber nada de ellos.

El Psicoanálisis ayuda a tolerar los deseos, y a pensar que no por desear algo significa que se va a realizar.

viernes, 26 de julio de 2019

Psicofarmacología: ¿Qué es la quetiapina?


Resumen: Aparece bajo el nombre comercial Seroquel (marca original), Quetidín, Ilufren, Psicotric, entre otros. La quetiapina tiene un efecto estabilizador del estado de ánimo. Se administra de manera oral. La quetiapina resulta muy útil en episodios confusionales y demencia y posee baja potencia. También ha resultado ser efectiva para casos de bipolaridad e insomnio

Clasificación: Antipsicótico atípico. 

Indicaciones: 
Esquizofrenia. Actúa sobre síntomas psicóticos. 
Episodios maníacos y depresivos de la bipolaridad tipo I. En etapa aguda son antimaníacos. La quetiapina también tiene efecto antidepresivo. Efectos secundarios poco frecuentes: aumento de peso, sedación, hiperglucemia.

Efectos adversos: Los antipsicoticos atípicos no causan significativos efectos extrapiramidales o parkinsonismo (a diferencia con los a. típicos) ni hiperprolactinemia, ni síntomas tardíos.

Otros datos de interés:
  • La quetiapina es eficaz en tratamiento de síntomas positivos y negativos (mas que los típicos).
  • Posee un bloqueo más selectivo d 2 y también bloquean receptores serotoninergicos (sint. negativos).
  • Con todas se comienza con dosis bajas y se van incrementando de acuerdo a respuesta clínica. 
  • En relación a los antipsicóticos típicos son significativamente más costosas. 
  • Ambos grupos (típicos y atípicos) tienen un comienzo de acción gradual y se vuelven más eficaces con el tiempo.