miércoles, 19 de agosto de 2026
jueves, 13 de agosto de 2026
martes, 18 de noviembre de 2025
Economías del goce: endeudamiento, impulsión y renegación en tiempos de recesión
En esta entrada hablamos largo y tendido sobre la deuda.
En las últimas semanas se vuelve cada vez más frecuente escuchar en los consultorios escenas de endeudamiento creciente, gastos desmedidos, compras impulsivas y una dificultad marcada para sostener límites económicos que antes eran evidentes. No se trata simplemente de “mala administración del dinero”, sino de un fenómeno clínico que involucra la economía psíquica del sujeto, sus defensas, su relación con la falta y el modo en que responde a un contexto social recesivo que exige un reajuste que muchos no están pudiendo hacer. Pensar este fenómeno desde el psicoanálisis permite iluminarlo por fuera de la moral económica y ubicarlo en el cruce entre la impulsión, la renegación y el debilitamiento del principio de realidad.
En primer lugar, la impulsión a gastar aparece como una modalidad de pasaje al acto. No hablamos de deseo, porque el deseo supone demora, rodeo, intervalo. La compra impulsiva elude ese rodeo y se presenta como una acción inmediata que intenta taponar una angustia que no encuentra otro cauce. Comprar sin pensar, endeudarse sin cálculo, tomar un crédito que no se podrá pagar son modos de descarga, aliviadores momentáneos que no atraviesan la vía del deseo sino la vía directa de la pulsión. Allí donde la pulsión no encuentra su dique, el sujeto compra. Allí donde la falta angustia, el sujeto ocupa el agujero con un objeto. La escena financiera se vuelve, entonces, una escena libidinal.
Pero no basta con hablar de impulsión. También interviene la renegación, esa posición psíquica que Freud ubica en la lógica fetichista: “lo sé… pero aun así”. Muchos pacientes dicen literalmente eso cuando se les pregunta por sus gastos: sé que no puedo, sé que está todo más caro, sé que no me alcanza… pero igual lo compré. No se trata de ignorancia, sino de una defensa frente a una caída simbólica: la caída del nivel de vida, la caída del ideal del yo, la caída de la identidad laboral o social. La renegación permite sostener una escena anterior cuando la realidad ya no la respalda. En la Argentina recesiva, la renegación económica es una forma de preservar una continuidad narcisista frente a un contexto que fractura identidades y expectativas. El sujeto sabe que la realidad cambió, pero se comporta como si no hubiera cambiado. Y ese “como si” es clínicamente decisivo.
Todo esto ocurre en un escenario donde el principio de realidad se ve erosionado. La crisis económica introduce una dosis de trauma cotidiano: incertidumbre, pérdida de ingresos, inflación, inestabilidad, amenazas de desclasamiento. Frente a esto, la función del yo como órgano de examen de realidad se debilita, y el principio de placer gana terreno. El alivio inmediato se convierte en brújula. El yo, fatigado o desbordado, acepta soluciones cortas que no resisten ningún cálculo. Se gasta hoy para no sentir el malestar hoy, aun sabiendo que mañana será peor. La economía psíquica queda alineada con la economía financiera: deuda, déficit, urgencia.
A esto se suma un factor crucial en la clínica contemporánea: el mandato superyoico. El superyó actual no ordena renunciar, sino gozar. Es una voz que exige satisfacción constante, que ordena: “date un gusto”, “te lo merecés”, “no te prives”. Esta coacción a disfrutar vuelve culpógeno el ahorro, la prudencia o la postergación. El gasto deja de ser un acto de placer para transformarse en obediencia al imperativo del superyó. La deuda entonces no es solo una consecuencia económica, sino un modo de cumplir con la voz interna que demanda goce ilimitado. La publicidad, las redes sociales y la cultura del consumo no hacen más que reforzar esta estructura superyoica, instalando el ideal de una vida sin límites y sin espera.
Las plataformas de compra online completan este circuito. En términos pulsionales, funcionan como dispositivos perfectos para la descarga: sin demora, sin cuerpo del otro, sin confrontación con la falta. El click es un acto puro, rápido, silencioso, sin mediación simbólica. El objeto llega sin espera, sin encuentro, sin tiempo para pensarlo. Este tipo de consumo digital es ideal para la lógica de la impulsión: un borde, un agujero, una descarga. El endeudamiento aparece así sostenido por una máquina de goce que opera veinticuatro horas al día.
También hay un aspecto narcisista. En momentos de crisis, el yo pierde estabilidad y referencias. Caen proyectos, expectativas, seguridades laborales. El consumo actúa entonces como estabilizador identitario: “si compro esto, sigo siendo quien era”, “si puedo darme este gusto, no caí tanto”, “si sigo consumiendo, sigo perteneciendo”. El objeto comprado sostiene un yo resquebrajado y restituye momentáneamente la autoestima. La deuda pasa a segundo plano, tapada por defensas que protegen al yo de una caída mayor.
Desde la clínica, entonces, el endeudamiento no puede leerse solo como irresponsabilidad económica. Es un fenómeno psíquico complejo donde la impulsión reemplaza al deseo, la renegación niega la realidad traumática, el superyó exige goce, el principio de realidad retrocede y el consumo cumple funciones identitarias que antes pertenecían a otros espacios de la vida social. Nuestra tarea consiste en reintroducir la pregunta, el intervalo, la demora. Abrir la posibilidad de que el sujeto escuche aquello que su acto financiero está intentando silenciar. Intervenir allí donde el consumo funciona como anestesia y la deuda como sustituto de un trabajo subjetivo pendiente. ¿Qué lugar ocupa el gasto en la economía psíquica del sujeto? No se trata de prohibir ni de moralizar, sino de permitir que aparezca la falta, para que el sujeto pueda construir otra relación con su deseo, con su economía psíquica y con su economía real.
miércoles, 16 de octubre de 2024
Ludopatía y el trading en los jóvenes: ¿Una variante de los juegos de azar?
Existen varias similitudes y diferencias entre los juegos de azar online y el trading, y comparar ambos fenómenos puede ofrecer una visión interesante de por qué algunas personas se obsesionan con estas actividades. Aunque el trading no es intrínsecamente un juego de azar, la forma en que muchos jóvenes lo abordan —sobre todo sin una formación sólida— puede hacer que se comporte de manera similar.
Tanto los juegos de azar online como el trading atraen a personas por la emoción del riesgo y la posibilidad de obtener ganancias rápidas. La obsesión que algunos desarrollan por ambas actividades está impulsada por mecanismos psicológicos similares, como la búsqueda de adrenalina y la respuesta a recompensas variables. Sin embargo, el trading, cuando se hace correctamente, implica habilidades, análisis y un propósito económico más claro, mientras que los juegos de azar dependen principalmente del azar y están orientados al entretenimiento. No obstante, cuando el trading se practica sin conocimientos sólidos, puede convertirse en un acto tan especulativo como jugar en un casino.
El fenómeno del trading entre los jóvenes ha ganado popularidad en los últimos años, y muchas personas desarrollan una especie de "obsesión" con él debido a varios factores psicológicos, económicos y sociales:
1. Promesa de Riqueza Rápida
El trading, especialmente el de criptomonedas y acciones, se presenta en redes sociales como una forma de obtener ingresos elevados en poco tiempo. Algunos ven ejemplos de personas que han conseguido grandes sumas en cuestión de días, lo que crea una ilusión de accesibilidad económica sin necesidad de un camino profesional largo y costoso.
2. Adrenalina y Dopamina
El trading tiene un componente similar a los juegos de azar. La incertidumbre, la volatilidad del mercado y la posibilidad de ganar o perder dinero en segundos generan una liberación de dopamina, el neurotransmisor del placer y la recompensa. Esto puede llevar a que las personas repitan la conducta buscando esa sensación de emoción y logro, lo cual alimenta una "obsesión" o adicción al trading.
3. Influencers y Redes Sociales
Plataformas como TikTok, Instagram y YouTube están llenas de influencers que muestran vidas lujosas, automóviles deportivos y grandes ganancias, todo atribuido al trading. Este tipo de contenido crea una fuerte presión social, sobre todo entre los jóvenes, que buscan un estilo de vida rápido y exitoso.
4. Autonomía y Control
Muchos jóvenes ven en el trading una forma de independencia financiera, ya que pueden operar desde cualquier lugar y en cualquier momento. Esto genera una sensación de control sobre su propio destino económico, algo muy atractivo en una sociedad que muchas veces perciben como limitante o controladora.
5. Gamificación del Trading
Con el surgimiento de plataformas de trading accesibles y sencillas, como Robinhood o Binance, operar en los mercados financieros se ha vuelto algo muy parecido a jugar videojuegos. Estas apps están diseñadas para hacer que el trading se sienta como una experiencia lúdica y fácil, utilizando gráficos llamativos, notificaciones constantes y recompensas visuales que motivan a seguir operando.
6. FOMO (Fear of Missing Out)
El miedo a quedarse fuera de una oportunidad puede ser un poderoso motivador. Cuando los jóvenes ven que otros parecen estar ganando mucho dinero, sienten que si no actúan rápido también, se perderán de la "próxima gran oportunidad". Esto genera un ciclo de decisión impulsiva y ansiedad constante por estar al día con el mercado.
7. Educación Financiera Limitada
En muchos casos, la falta de educación financiera contribuye a que los jóvenes no comprendan del todo los riesgos del trading. Al no tener una sólida comprensión de los mercados, ven el trading más como un juego de azar que como una estrategia de inversión a largo plazo, lo que aumenta su inclinación a tomar riesgos desmedidos.
8. Crisis Económicas y Búsqueda de Alternativas
En tiempos de inestabilidad económica o crisis laborales, el trading parece ofrecer una alternativa rápida frente a trabajos tradicionales. Para muchos jóvenes, atrapados en empleos mal remunerados o en incertidumbre laboral, el trading parece la única vía para lograr una independencia económica rápida.
9. Comunidad y Sentido de Pertenencia
Muchos traders jóvenes se integran a comunidades en línea donde comparten consejos, estrategias y experiencias. Esta sensación de pertenencia a un grupo también refuerza el comportamiento, ya que se sienten parte de algo más grande que los motiva a seguir adelante.
10. Problemas Psicológicos Subyacentes
Finalmente, algunos jóvenes que se obsesionan con el trading podrían estar utilizando esta actividad como una forma de evasión de problemas personales o emocionales. La concentración extrema en algo incierto como el trading puede distraerles de otros aspectos de su vida que les generan insatisfacción.
Estos factores, combinados, ayudan a explicar por qué el trading se convierte en una obsesión para algunas personas jóvenes.
viernes, 10 de diciembre de 2021
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sábado, 28 de noviembre de 2020
Qué hacer con el dinero a los 30 para no sufrir a los 60
Al ritmo del aumento en la Esperanza de Vida registrado en las últimas décadas, se podría decir que los 30 años de ahora equivalen a los 20 de antes. Este "rejuvenecimieno" no quita que los 30 años siga siendo el momento en el cual una persona es considerada adulta y debería, por lo tanto, estar ya independizada desde el punto de vista financiero, viviendo sola o en pareja y en lo posible, con cierta estabilidad laboral y/o proyectos en curso.
Dicho esto, es común encontrarse con personas en sus 30 que aún no tienen noción de lo importante que serán las decisiones financieras que tomen a partir de ahora para el resto de su vida.
Veremos a continuación 6 consejos de dinero para comenzar a implementar en los 30 años de manera tal de no sufrir una vez llegados los 60.
1. No seas ostentoso
La ostentación es una tentación difícil a cualquier edad, pero más aún a partir de los 30. En una sociedad en la cual se suele valorar más a la gente por lo que tiene que por lo que es, muchos buscan invertir una parte importante de su presupuesto en su imagen, que incluye aspectos tales como ropa de marca, coche 0 km o el último modelo de celular.
En finanzas personales, la cuestión de los hábitos que tengamos es algo fundamental. Los hábitos, a su vez, pueden mejorarse e ir mutando con la práctica diaria y disciplinada.
La austeridad a los 30 años es algo necesario hasta que se alcance el desarrollo financiero que permita la obtención de ingresos pasivos suficientes como para cubrir los gastos mensuales, para recién a partir de entonces comenzar a darse los gustos.
Llevar esto a cabo antes de tiempo es una actitud irresponsable que podría pagarse caro más adelante, al llegar a los 60 años con pocos o ningún ahorro para hacer frente a la segunda etapa de nuestra vida.
2. Entendé la diferencia entre "deuda buena" y "deuda mala"
No endeudarse es un consejo casi tan antiguo como las mismas finanzas personales. Sin embargo, muchas veces resulta simplista pensar en términos binarios.
Si los 30 años te agarran en un trabajo considerado estable, los incentivos de endeudarse suelen ser altos y difíciles de eludir. Una distinción importante pasa por entender la diferencia entre la denominada deuda buena y deuda mala.
La deuda mala es aquella que se contrae con el objetivo de consumir. Los créditos al consumo, hipotecarios, o auto planes son un ejemplo clásico de ella. Para simplificar, podemos decir que la deuda mala es la que conlleva un compromiso de pago futuro que deberemos honrar con nuestros ingresos laborales genuinos.
Pero también existe otro tipo de deuda, que es la deuda buena. La deuda buena es aquella que se asume ante una oportunidad de negocios, de manera tal que el dinero proveniente de la misma no se utilizará para un bien de consumo si no que se destinará a una posibilidad de negocio. Por ejemplo: sacamos un crédito para comprar un coche y ese coche lo hacemos trabajar como remis en una agencia, de manera tal que el dinero que proviene de sus servicios sirve para pagar las cuotas del préstamo dejando además algún excedente.
Simplificando podríamos decir que la deuda buena es ella que contraemos nosotros pero que terminan pagando otras personas gracias al negocio que hemos generado con esos fondos.
3. Ahorrá para invertir
Hemos hablado más arriba sobre la importancia de los hábitos para las finanzas personales, pero también son importantes los incentivos que esos hábitos traen aparejados.
En el caso del ahorro, nos encontramos con una situación de por si injusta, que tiene que ver con una batalla que se presenta entre el "yo" presente y el "yo" futuro. El "yo" presente de los 30 años quiere disfrutar el ahora, y ve al "yo" futuro de 60 años como algo borroso e incierto.
Por otro lado, si la persona no tiene claro en qué podría invertir los fondos ahorrados, el deseo de gasto inmediato aumenta, complicando más la situación.
Por ello, es de vital importancia tener en cuenta que el dinero ahorrado tiene que invertirse, generando ingresos por esa inversión que se sumarán a los ingresos provenientes del trabajo regular.
Desde plazo fijo hasta acciones bursátiles, el menú de activos financieros para invertir nuestro dinero es muy amplio y variado, y es cuestión de realizar unas primeras pruebas para percatarse de la importancia de agregar nuevas fuentes de ingresos en nuestra vida, lo cual retroalimenta los incentivos y el proceso de ahorro, que ahora cobra con esto mayor sentido.
4. Llevá una contabilidad personal
Comenzar a los 30 con el hábito de cuantificar nuestras finanzas personales tiene un beneficio doble: por un lado nos sirve para entender dónde estamos parados en términos de ingresos y gastos y, por el otro, es de suma utilidad para saber hacia dónde nos dirigimos en términos de objetivos propuestos.
Esta contabilidad personal no tiene porque ser algo complejo desde el punto de vista contable o matemático: simplemente basta con anotar en un cuaderno o planilla de Excel los ingresos mensuales y sobre todo los gastos que efectuamos en los distintos ítems.
La sola tarea de llevar esto a cabo puede significar un cambio importante en nuestra relación con el dinero, siendo el primer paso necesario para tomar el control de nuestra economía doméstica en un momento en el cual todavía estamos a tiempo de hacerlo.
5. No tengas miedo de arriesgarte
Desde el punto de vista laboral, los 30 años significa quizá la última oportunidad que tendremos para poder arriesgarnos y encarar proyectos propios, dado que aún tendremos tiempo de recuperarnos en caso de que las cosas no salgan como queremos. Hacer esto a los 50 años, si bien es posible, tiene ya un riesgo más alto.
Por ello, un primer consejo sería el de buscar llevar adelante aquella actividad que nos apasiona, y que haríamos incluso si la misma no fuese remunerada. Se trata aquí de posicionarnos en el lugar aquel en el cual sabemos que somos potentes, para luego pensar de qué manera podemos monetizar esta potencia.
Hoy en día, los jóvenes de 30 años tienen una gran ventaja que no existía hace 20 años: estamos hablando de la posibilidad que Internet trae aparejada en términos de encontrar potenciales clientes interesados alrededor del mundo de lo que sea que hagamos. Aprovechar las nuevas tecnologías que nos permitan dedicarnos de manera gradual a nuestro proyecto propio y dejar de a poco de trabajar en proyectos de terceros luce como una buena idea para llevar adelante a esta edad y no sufrir luego a los 60 cuando los cambios suelen costar mucho más.
6. Págate primero a vos mismo
Según las teorías de finanzas personales antiguas, son 4 los pilares que sostienen esta ciencia: I (Ingreso), G (Gasto), A (Ahorro) e IN (Inversión).
Según la nueva división entre finanzas personales y finanzas patrimoniales, la IN deja de pertenecer al universo de las finanzas personales para pasar al de las patrimoniales, dejándonos solamente 3 variables para analizar: I, G y A, que a la vez interactúan entre sí.
En las finanzas clásicas se plantea la siguiente ecuación:
A= I - G (Ahorro es igual a ingreso menos gasto).
Esta es la ecuación que de manera consciente o inconsciente tenemos grabada a fuego en la cabeza: podemos ahorrar lo que nos quede del ingreso luego de los gastos.
Recibimos nuestro sueldo o ingreso todos los meses, cumplimos con los gastos que tengamos y lo que sobra (si es que sobra algo) lo ahorramos.
Pero sin complicarnos demasiado y siguiendo siempre las reglas más simple de las matemáticas, las variables que forman parte de una identidad o ecuación como la presentada pueden pasar de una lado al otro del signo igual siempre y cuando cambien su condición de positivo a negativo o viceversa al hacerlo. En dicha identidad, A es positivo, al igual que I, mientras que G es negativo (porque está precedida del signo menos).
Sabiendo esta sencilla regla, vamos a realizar una simple operación que consiste en despejar dos de las variables, es decir, pasarlas de un lado a otro cambiando a su vez el signo: A, que está en la izquierda y con signo positivo, pasará a la derecha con signo negativo, y G que está en la izquierda con signo negativo pasará a la derecha con signo positivo. La ecuación queda entonces de la siguiente forma:
G= I - A (Gasto es igual a ingreso menos ahorro).
¿Qué implicancia tiene esta modificación realizada? Ahora el gasto (G) deja de ser una variable activa para pasar a transformarse en una variable pasiva o dependiente, y lo contrario ocurre con el ahorro (A).
Resumiendo: el gasto está ahora subordinado a lo que queda luego de haber separado una parte del ingreso para el ahorro. Nos estamos pagando primero a nosotros (al ahorrar) para recién luego de ello cancelar pagos con terceros asumiendo el gasto mensual. Ese ahorro que ahora existirá mes a mes formará la base del nuevo patrimonio, que podremos disfrutar luego a partir de los 60 años.
Fuente: Litvinoff, Nicolás (2016) "Dinero: qué hacer a los 30 para no sufrir a los 60"



