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miércoles, 5 de agosto de 2026

7. Factores que alteran el sueño

 Entrada anterior: 6. Cómo evaluar un problema de sueño

Dormir nunca depende de una sola causa

En los capítulos anteriores conocimos cómo funciona el sueño normal y aprendimos a evaluar sus alteraciones. Sin embargo, en la práctica clínica rara vez encontramos una causa única que explique por qué una persona duerme mal.

El sueño es el resultado del equilibrio entre numerosos factores biológicos, psicológicos, conductuales y ambientales. Cuando alguno de ellos se altera, los demás suelen verse afectados, generando un círculo vicioso que mantiene el problema.

Un episodio de estrés puede producir insomnio. Ese insomnio aumenta el cansancio durante el día. El cansancio favorece un mayor consumo de cafeína. La cafeína dificulta volver a dormir por la noche. El mal descanso incrementa la ansiedad y el estrés, reforzando nuevamente el problema.

Por eso, antes de formular cualquier diagnóstico o iniciar un tratamiento, el clínico debe identificar qué factores están actuando en cada caso.

En este capítulo revisaremos algunos de los más importantes.

El estrés: cuando el organismo permanece en alerta

Desde un punto de vista evolutivo, el estrés constituye un mecanismo de supervivencia.

Ante una amenaza, el organismo aumenta la frecuencia cardíaca, libera cortisol y adrenalina, incrementa la atención y prepara al cuerpo para luchar o escapar.

Este estado resulta adaptativo cuando el peligro es inmediato y transitorio.

El problema aparece cuando esa activación se prolonga en el tiempo.

Muchas personas llegan a la noche con el cuerpo cansado, pero con el cerebro todavía en "modo alerta". Aunque desean dormir, continúan anticipando problemas, repasando conversaciones, planificando el día siguiente o preocupándose por situaciones que escapan a su control.

Desde el punto de vista fisiológico, el sistema encargado de promover la vigilia permanece excesivamente activado.

Desde el punto de vista psicológico, la noche suele convertirse en el momento en que disminuyen los estímulos externos y emergen pensamientos o emociones que durante el día permanecían parcialmente silenciados.

Este estado de hiperactivación constituye uno de los mecanismos mejor estudiados en el insomnio crónico.

Las pantallas: un problema biológico y conductual

En pocos años las pantallas pasaron a formar parte de la rutina previa al sueño de millones de personas.

Su impacto sobre el dormir ocurre por distintos mecanismos.

La luz

Los teléfonos celulares, las computadoras y las tabletas emiten una importante cantidad de luz azul.

Como vimos en el capítulo anterior, la retina utiliza la luz para informar al núcleo supraquiasmático si es de día o de noche.

La exposición intensa durante las horas nocturnas retrasa la secreción de melatonina y puede desplazar el reloj biológico hacia horarios más tardíos.

Este efecto resulta especialmente marcado en niños y adolescentes.

La activación cognitiva

El problema no se limita a la luz.

Leer noticias, responder mensajes laborales, jugar videojuegos o navegar por redes sociales mantiene activo al cerebro precisamente cuando debería comenzar a disminuir su nivel de alerta.

En muchos pacientes, el teléfono celular deja de ser una herramienta de comunicación para convertirse en un obstáculo permanente para iniciar el sueño.
El aprendizaje

Existe además un componente conductual.

Cuando la cama comienza a asociarse con mirar series, trabajar o utilizar el teléfono, deja progresivamente de funcionar como una señal de descanso.

Este fenómeno tendrá especial importancia cuando estudiemos la Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio (TCC-I).

La cafeína: bloquear el cansancio no elimina la necesidad de dormir

La cafeína es la sustancia psicoactiva más consumida del mundo.

Se encuentra no sólo en el café, sino también en el té, el mate, algunas gaseosas, bebidas energizantes y determinados medicamentos.

Como vimos anteriormente, la cafeína bloquea los receptores de adenosina.

Esto significa que el cerebro deja de percibir parcialmente la señal biológica de cansancio, aunque la presión homeostática para dormir continúe aumentando.

Muchas personas interpretan esta sensación como un aumento real de energía.

En realidad, el organismo sigue necesitando dormir.

La intensidad del efecto depende de múltiples factores:
  • la dosis consumida;
  • el horario de consumo;
  • la sensibilidad individual;
  • la velocidad con que cada organismo metaboliza la cafeína.
En algunos individuos, una taza de café después del almuerzo no produce consecuencias importantes. En otros, una bebida con cafeína consumida durante la tarde puede interferir con el sueño de esa misma noche.

Por ello, durante la evaluación siempre conviene preguntar específicamente por el consumo de café, mate, té, bebidas energizantes y suplementos estimulantes.

El alcohol: dormir no es descansar

Existe una creencia muy difundida según la cual una copa de alcohol ayuda a dormir.

Esta idea contiene una parte de verdad y otra de error.

El alcohol posee inicialmente un efecto sedante, por lo que algunas personas se duermen con mayor facilidad después de consumirlo.

Sin embargo, ese sueño suele ser de peor calidad.

A medida que el organismo metaboliza el alcohol aparecen despertares frecuentes, fragmentación del sueño y una reducción del sueño REM durante la primera parte de la noche, seguida de un aumento compensatorio hacia el final.

Además, el alcohol favorece la relajación de la musculatura de la vía aérea superior, pudiendo agravar los ronquidos y la apnea obstructiva del sueño.

En consecuencia, aunque facilite el inicio del sueño, el alcohol suele empeorar el descanso global.

Otras drogas y sustancias

Diversas sustancias psicoactivas modifican el sueño de maneras muy diferentes.

Los estimulantes, como la cocaína o las anfetaminas, aumentan la vigilia y dificultan conciliar el sueño, especialmente durante el consumo activo.

El cannabis representa un caso más complejo.

Muchas personas refieren dormirse con mayor facilidad luego de consumirlo. Sin embargo, el uso crónico puede alterar la arquitectura del sueño, modificar el sueño REM y generar trastornos del sueño durante los períodos de abstinencia.

Los opioides, por su parte, pueden producir somnolencia, pero también alterar la respiración durante el sueño y favorecer distintos trastornos respiratorios.

En todos los casos resulta indispensable explorar tanto el consumo actual como los períodos de abstinencia, ya que ambos pueden modificar significativamente el descanso.

El trabajo nocturno y los horarios irregulares

Nuestro reloj biológico evolucionó para sincronizarse con la alternancia entre luz y oscuridad.

El trabajo por turnos obliga al organismo a funcionar en horarios para los cuales no fue diseñado.

Un trabajador nocturno debe mantenerse despierto cuando el reloj biológico favorece el sueño y, luego, intentar dormir durante el día cuando el organismo promueve la vigilia.

Esta desincronización suele producir:
  • menor cantidad de sueño;
  • sueño más fragmentado;
  • somnolencia durante el trabajo;
  • mayor riesgo de accidentes;
  • alteraciones del estado de ánimo;
  • dificultades de concentración.
No todos los trabajadores por turnos desarrollan un trastorno del sueño, pero el riesgo es considerablemente mayor que en la población general.

Las enfermedades médicas

Muchas enfermedades afectan el sueño, ya sea directamente o a través de los síntomas que producen.

Entre las más frecuentes se encuentran:
  • dolor crónico;
  • enfermedades respiratorias;
  • insuficiencia cardíaca;
  • reflujo gastroesofágico;
  • hipertiroidismo;
  • enfermedad de Parkinson;
  • demencias;
  • enfermedades reumatológicas.

En ocasiones, el problema principal no es el sueño, sino la enfermedad subyacente.

Por ello, el psicólogo debe mantener siempre una actitud clínica abierta y reconocer cuándo el cuadro requiere una evaluación médica más profunda.

Una dificultad para dormir nunca debe atribuirse automáticamente al estrés o a conflictos psicológicos.

Los medicamentos

Numerosos fármacos modifican el sueño.
Algunos producen somnolencia.
Otros favorecen el insomnio.

Entre los medicamentos que pueden interferir con el descanso se encuentran:
algunos antidepresivos;
  • corticoides;
  • estimulantes utilizados para el tratamiento del TDAH;
  • broncodilatadores;
  • hormonas tiroideas;
  • ciertos antihipertensivos.
Por otra parte, medicamentos utilizados precisamente para dormir pueden generar tolerancia, dependencia o un efecto rebote cuando se suspenden.

Por eso resulta indispensable preguntar siempre:
  • qué medicación toma el paciente;
  • desde cuándo;
  • en qué dosis;
  • en qué horario;
  • quién la indicó.
Muchas veces la explicación del problema se encuentra allí.

La interacción entre los factores

En la práctica clínica es excepcional encontrar un único factor responsable de un trastorno del sueño.

Lo habitual es observar una combinación de elementos que se potencian mutuamente.

Por ejemplo:

Una persona comienza a dormir mal debido a un conflicto laboral. Para mantenerse despierta durante el día aumenta el consumo de café. Como llega muy cansada a la noche, duerme largas siestas por la tarde. Al acostarse utiliza el teléfono celular durante más de una hora intentando distraerse. Finalmente, empieza a consumir alcohol para conciliar el sueño.

Ninguno de estos factores, por sí solo, explica completamente el cuadro.

Es la interacción entre ellos la que mantiene el problema.

La tarea del clínico consiste precisamente en reconstruir esa red de influencias antes de elaborar cualquier hipótesis diagnóstica.

Una mirada desde el psicoanálisis

Desde una perspectiva psicoanalítica podría resultar tentador interpretar inmediatamente el insomnio como expresión de un conflicto inconsciente.

Sin embargo, una actitud clínica rigurosa exige prudencia.

El primer paso consiste en reconocer y evaluar todos los factores biológicos, conductuales y ambientales que participan en el problema. Sólo entonces podrá explorarse qué lugar ocupa subjetivamente ese trastorno en la vida del paciente.

Interesantemente, en lo psicoanálisis se conoce como neurosis actuales (neurastenia y neurosis de angustia), Freud tempranamente que la etiología debe investigarse en términos de los factores actuales. Cuando Freud describe a la neurastenia, menciona:
  • sueño poco reparador;
  • dificultad para conciliar el sueño;
  • despertares frecuentes.

A diferencia de la neurosis de angustia, aquí el insomnio suele atribuirse al agotamiento más que a accesos de ansiedad.

Como la división entre neurosis actuales y de transferencia no es tajante, si el psicoanalista suma los conocimientos posteriores que surgieron, no desconocerá que la cafeína, una apnea obstructiva o el trabajo nocturno puedan desempeñar un papel decisivo en su mantenimiento, aunque a posteriori pueda encontrar otro sentido psicológico puesto en juego.

Una mirada verdaderamente integradora no jerarquiza una explicación sobre otra: intenta comprender cómo todas ellas se articulan en la historia singular de cada persona.

Ideas principales
  • El sueño depende del equilibrio entre factores biológicos, psicológicos, conductuales y ambientales.
  • El estrés sostenido favorece un estado de hiperactivación que dificulta el inicio y el mantenimiento del sueño.
  • Las pantallas afectan el sueño tanto por la exposición a la luz como por la activación cognitiva y el aprendizaje de hábitos inadecuados.
  • La cafeína bloquea la percepción del cansancio, pero no elimina la necesidad biológica de dormir.
  • Aunque el alcohol puede facilitar el inicio del sueño, suele empeorar su calidad y favorecer la fragmentación nocturna.
  • Las drogas, el trabajo por turnos, las enfermedades médicas y numerosos medicamentos también pueden alterar significativamente el sueño.
  • En la mayoría de los pacientes intervienen varios factores simultáneamente; la evaluación clínica debe identificar cómo interactúan antes de planificar cualquier intervención.

Entrada posterior: 8. ¿Cuándo sospechar una enfermedad médica?

martes, 14 de octubre de 2025

Hipocondría: ¿Cómo la teorizó Freud?

La hipocondría tiene en el psicoanálisis una historia compleja, porque desde Freud ocupa un lugar fronterizo entre lo somático y lo psíquico, y su estatuto teórico fue variando a lo largo de su obra. Podemos organizar sus desarrollos en tres momentos:

1. La hipocondría como neurosis actual

En sus primeros textos, Freud incluye a la hipocondría junto con la neurastenia y la neurosis de angustia, dentro del grupo de las llamadas “neurosis actuales” (1894–1895).

En ese momento, las neurosis actuales se diferenciaban de las psiconeurosis (histeria, neurosis obsesiva) porque no derivaban de conflictos inconscientes reprimidos, sino de un modo defectuoso de manejo de la excitación sexual somática.

En el caso de la hipocondría, Freud la relaciona con una “acumulación de tensión sexual” o con la falta de descarga, pero que no se liga psíquicamente, es decir, no se representa. Así, el afecto queda “sin representación” y se experimenta en el cuerpo, en forma de sensaciones dolorosas o preocupaciones por órganos internos.

👉 Cita de referencia:

En la hipocondría, el displacer procede de la acumulación de excitación sexual somática no utilizada, de la misma manera que el displacer en la neurosis de angustia.
(Freud, 1895, “Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome bajo el nombre de neurosis de angustia”)

2. Comparación con la melancolía

Más adelante, especialmente en “Duelo y melancolía” (1917), Freud retoma la hipocondría para compararla con la melancolía:

  • Ambas implican una pérdida del interés por el mundo y una retracción de la libido sobre el yo.

  • Pero en la hipocondría, esa libido retirada del mundo se deposita sobre el propio cuerpo, generando un yo hipercatastrofizado: el cuerpo deviene escenario del sufrimiento.

  • Freud dice allí que el hipocondríaco está convencido de su enfermedad corporal, pero el origen de su dolor es libidinal, no orgánico.

Cita clave:

En la hipocondría, la libido retirada de los objetos se ha concentrado sobre el yo, sobre sus órganos corporales, y produce sensaciones de displacer que el enfermo traduce en sufrimientos corporales.
(Freud, 1917, “Duelo y melancolía”)

Aquí la hipocondría deja de ser una neurosis actual y pasa a pensarse en continuidad con las psiconeurosis, como una manifestación narcisista: el cuerpo se convierte en el lugar donde se expresa el conflicto libidinal.

3. Hipocondría, narcisismo y el cuerpo erógeno

En “Introducción al narcisismo” (1914), Freud había dado un paso decisivo:

  • Sostiene que el hipocondríaco “siente su propio cuerpo” de manera distinta a la del sujeto normal: lo experimenta como una fuente de sensaciones displacenteras que invaden el yo.

  • Esto sucede porque hay una alteración en la distribución de la libido narcisista sobre el cuerpo, una hiperinvestidura de zonas u órganos.

Cita:

La hipocondría se comporta como una histeria del órgano: el yo se siente enfermo sin que el órgano lo esté.
(Freud, 1914, “Introducción al narcisismo”)

Este punto es crucial, porque introduce la idea de que el cuerpo no es meramente biológico, sino un cuerpo libidinal, constituido por la distribución de la libido. En la hipocondría, esa economía libidinal se altera, dando lugar a un exceso de atención y angustia sobre el cuerpo propio.

lunes, 18 de agosto de 2025

¿Cuál es la diferencia entre las neurosis actuales y las neurosis narcisísticas?

 Neurosis actuales y neurosis narcisísticas son dos nociones freudianas que suelen confundirse pero pertenecen a momentos distintos de la obra de Freud.

1. Neurosis actuales

Freud las introduce muy temprano, en los Estudios sobre la histeria (1893-95) y en Las neuropsicosis de defensa (1894).

  • Ejemplos: neurastenia, neurosis de angustia, hipocondría (en sus primeras clasificaciones).

  • Causa principal: no se explican por conflictos psíquicos reprimidos (como las neurosis de transferencia: histeria, neurosis obsesiva), sino por un factor somático inmediato relacionado con la vida sexual. Freud hablaba de “perturbaciones en la economía de la excitación sexual” (por ejemplo, coitus interruptus, abstinencia, masturbación excesiva).

  • Mecanismo: exceso o estasis de excitación que el aparato psíquico no logra tramitar, y que se descarga en forma de síntomas físicos o ansiosos.

  • Carácter clínico: síntomas más corporales que psíquicos (fatiga, irritabilidad, angustia difusa, somatizaciones), sin la elaboración simbólica y la “escena inconsciente” típica de la histeria u obsesión.

En síntesis: no tienen origen en conflictos inconscientes, sino en una perturbación actual del funcionamiento sexual.

2. Neurosis narcisísticas

La noción aparece recién en 1914, en Introducción al narcisismo, cuando Freud reformula su metapsicología.

  • Ejemplos: esquizofrenia (entonces llamada dementia praecox), melancolía, paranoia.

  • Causa principal: no se trata de una “estasis somática”, sino de un retiro de la libido de los objetos hacia el propio yo (narcisismo). La libido ya no circula hacia representaciones objetales, sino que queda investida en el propio yo, produciendo empobrecimiento del vínculo con la realidad.

  • Mecanismo: la libido objetal se retrae, y se refuerza el narcisismo. Esto hace que el paciente sea difícil de alcanzar en la transferencia, pues no dirige libido hacia el analista ni hacia el mundo.

  • Carácter clínico: alteraciones del pensamiento, ruptura con la realidad, empobrecimiento de la relación con los otros.

En síntesis: son psicosis explicadas por una perturbación del destino de la libido (retirada hacia el yo en vez de los objetos).

Diferencia clave

  • Neurosis actuales: ligadas a un factor somático actual, sin conflicto psíquico inconsciente.

  • Neurosis narcisísticas: ligadas a un destino de la libido (retirada al yo), explican ciertas psicosis.

viernes, 27 de junio de 2025

De la neurosis de angustia al ataque de pánico... ¿Cómo ocurrió?

La definición de la neurosis de angustia aparece en 1895 en Freud, cuando las aborda en "Las neuropsicosis de defensa". Notablemente, este cuadro es casi idéntico a lo que hoy se llama ataque de pánico, ¿Pero cómo se llegó a ese nombre?

La conceptualización del ataque de pánico ha evolucionado significativamente a lo largo de las distintas ediciones del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), reflejando los cambios en la psiquiatría contemporánea y su relación con la psicología, la farmacología y los modelos médicos hegemónicos. A continuación te presento un recorrido histórico por su teorización en las distintas versiones del DSM:

En el DSM-I (1952) no aparece la categoría “ataque de pánico” como tal. Los síntomas que hoy asociaríamos con el ataque de pánico se encontraban en categorías generales como “reacciones de ansiedad” dentro de los trastornos neuróticos. Se entendía desde un enfoque más psicodinámico, con referencia a conflictos intrapsíquicos.

En la edición del DSM-II (1968) tampoco aparece explícitamente el “ataque de pánico”. Se conservan las categorías de neurosis de ansiedad, donde se describen síntomas como palpitaciones, disnea, mareos, etc., aunque sin constituir una entidad clínica independiente. Predomina todavía una mirada influenciada por la psiquiatría dinámica. 

Es recién en el DSM-III (1980) que aparece por primera vez el Trastorno de Pánico (Panic Disorder) como entidad diagnóstica separada de la neurosis de ansiedad. El ataque de pánico aquí se definió como un episodio súbito de miedo intenso acompañado de síntomas físicos y cognitivos (palpitaciones, sudoración, miedo a morir, etc.). En esta edición, se rompe con la tradición psicodinámica y se promueve una nosología más categorial y biologicista. Además, se diferencia por primera vez el trastorno de pánico del trastorno de ansiedad generalizada (TAG), antes englobados en la neurosis de ansiedad.

En la edición DSM-III-R (1987) se afinaron los criterios diagnósticos del Trastorno de Pánico, incluyendo una definición más clara del “ataque de pánico inesperado”. Se introdujo la noción de ataques de pánico con o sin agorafobia, destacando la relación entre ambos cuadros. Además, se acentuó la idea de que el ataque de pánico podía ser un evento “espontáneo”, lo cual tiene implicancias en la conceptualización médica-biológica del trastorno. 

Los DSM-IV (1994) y DSM-IV-TR (2000) formalizaron el concepto de “ataque de pánico” como un especificador que puede aparecer en diferentes trastornos, no sólo en el trastorno de pánico. de esta manera, podía haber ataque de pánico inesperado (sin desencadenante claro), situacionales ( ocurren frente a un estímulo específico), ó situacionalmente predispuestos (no siempre, pero más probables ante ciertos estímulos). En estas ediciones se mantuvo la estructura diagnóstica del trastorno de pánico con o sin agorafobia. Además, se vinculó el ataque de pánico con trastornos de ansiedad, fobias, y también con trastornos depresivos. 

La última edición, el DSM-5 (2013), se realizó un cambio significativo: el “ataque de pánico” ya no es un diagnóstico en sí, sino un especificador transversal que puede aplicarse a cualquier diagnóstico (por ejemplo: trastorno depresivo mayor con ataques de pánico). Por otra parte, se ceró una categoría separada: Trastorno de Pánico, diferenciada de la Agorafobia, que ya no se diagnostica sólo en comorbilidad. Y en contraste con su versión anterior, se eliminaron los subtipos de ataque de pánico (inesperado, situacional, etc.), pero se mantuvo su descripción clínica.

Actualmente, siguiendo la línea del DSM III, el enfoque sigue siendo cognitivo-conductual y biomédico, aunque se da cierto espacio al malestar subjetivo en distintos contextos culturales.

viernes, 20 de junio de 2025

Pacientes con infección por hongos (caspa, tiña): ¿Qué hacer desde el psicoanálisis?

 Tanto la caspa (dermatitis seborreica) como la tiña (infección micótica) pueden verse como manifestaciones en la piel donde el cuerpo reacciona a algo que no encuentra otra vía de tramitación. Aunque tienen etiología médica clara (la tiña es micótica; la caspa suele implicar una respuesta inflamatoria a un hongo ya presente en el cuero cabelludo), no hay contradicción en pensar que su desencadenamiento y persistencia pueden estar modulados por lo psíquico.

La piel es una frontera simbólica entre el adentro y el afuera, y en muchas patologías cutáneas aparece como escenario de lo no dicho: lo que no puede descargarse en la palabra, se descarga en la piel. Esto puede pensarse tanto en términos de conversión, como en expresiones psicosomáticas o incluso de neurosis actual, según la línea teórica que se elija.

Pensándolo como neurosis actual

Freud diferencia las neurosis actuales (neurastenia, neurosis de angustia) de las psiconeurosis (histérica, fóbica, obsesiva), en que las primeras no poseen representaciones reprimidas, sino que son efecto de una mala tramitación de la excitación sexual, en términos de energía no elaborada ni simbolizada. En estos cuadros:

  • El síntoma es más del orden del cuerpo que del sentido.

  • Hay poca transferencia, poca historización y dificultad de asociación libre.

  • Se trata de descargas somáticas directas.

Podemos pensar que si la caspa o la tiña aparecen masivamente en momentos de estrés y sin una escena desencadenante claramente asociable a un conflicto simbólico, se puede hipotetizar que algo del orden de la neurosis actual o del fenómeno psicosomático está en juego.

Como varias veces hemos dicho, se trataría de armar una escena (construir un fantasma) sobre aquello que se presenta como actual para después armar un enigma acerca de ello (síntoma). Recordamos que la conceptualización de neurosis actual freudiana, hacia el final de su obra, es la de considerarlas como núcleo del síntoma psiconeurótico.

Como fenómeno psicosomático

Lacan abordó los fenómenos psicosomáticos con precaución, y sugirió que no deben confundirse con síntomas neuróticos. Se trataría de una respuesta del cuerpo allí donde el significante fracasa, donde el sujeto no logra anudarse a través de la metáfora del síntoma. El fenómeno psicosomático no se dirige al Otro, no interpela, no demanda interpretación: acontece como un agujero en el sentido.

Esto es muy claro en las patologías de la piel:

  • La caspa, por ejemplo, puede pensarse como un intento de eliminación de lo que sobra, de lo que el cuerpo ya no puede sostener.

  • La tiña, con su carácter invasivo y visible, puede estar ligada a vivencias de invasión, contacto hostil o contaminación simbólica.

En ambos casos, el analista puede formular la hipótesis de que en estos casos se trata de un desborde pulsional que no encontró vía simbólica ni de tramitación psíquica y se descarga en lo somático. El estrés podría actuar como desencadenante no específico, empujando a una zona del cuerpo a hacerse cargo del exceso de excitación. Para caso en particular, nos preguntamos:
👉¿Hay transferencia establecida o escasa? 
👉¿El paciente puede asociar libremente o no se abre el discurso?
👉¿El síntoma corporal se presenta como algo completamente ajeno al sentido? Es decir, si aparece como lo que Freud llamaba "síntomas de la angustia" de las neurosis actuales, que no son los síntomas analíticos.
👉¿Aparece el fenómeno ante una respuesta del cuerpo ante una desorganización libidinal evidente (duelo, separación, sobrecarga)?

Advertencia acerca la posición de Luis Chiozza
Finalmente, queremos hacer una crítica a la posición de Luis Chiozza, quien dentro del marco del psicoanálisis médico argentino de orientación psicosomática, ha hecho un extenso trabajo en relación a las enfermedades y su posible sentido simbólico, incluyendo muchas patologías dermatológicas.

Luis Chiozza se enmarca en una tradición psicosomática hermenéutica, donde se busca establecer una correspondencia simbólica específica entre la dolencia orgánica y un conflicto psíquico subyacente. A menudo, en sus obras, podemos encontrar afirmaciones del tipo:

En tal afección dermatológica se manifiesta un conflicto ligado al deseo de separarse del entorno materno, o
La piel, al inflamarse, expresa simbólicamente el sufrimiento por un límite vulnerado.

Si bien esta línea puede tener valor ilustrativo o inspirar intuiciones clínicas (como el desamparo o lo siniestro), desde una posición más rigurosa en términos de epistemología psicoanalítica, surgen objeciones importantes, como la tendencia a la psicologización del cuerpo.

Una crítica central es que Chiozza tiende a psicologizar los órganos, atribuyéndoles significados intencionales, como si el hígado, la piel o el estómago “quisieran decir algo”. Esta operación produce un exceso de sentido, lo cual es problemático para una clínica que, como la lacaniana, parte de que el síntoma no siempre es interpretable y que hay un real imposible de simbolizar.

En el caso concretos de fenómenos como las infecciones micóticas, Chiozza podría leerlos como expresiones metafóricas de un conflicto de contacto, de apego o de límites yoicos. Pero esto corre el riesgo de saturar de sentido algo que puede estar del lado de una descarga, de un acto, o incluso de un fenómeno sin sujeto, como lo es el fenómeno psicosomático.

Por otro lado, Chiozza supone una causalidad lineal entre emoción y órgano, cuestión que opera muchas veces con una lógica cuasi causalista simbólica, donde el estrés o la angustia generan determinada enfermedad en un órgano específico por una “coherencia simbólica”. Esto lo aleja de la clínica de la contingencia, tan cara a Freud y Lacan. El cuerpo no es una tabla sobre la que se inscriben directamente las emociones, sino que está atravesado por la opacidad del goce y la discontinuidad del significante.

De alguna manera, Chiozza reintroduce el modelo médico desde el reverso. Aunque Chiozza pretende humanizar la medicina, paradójicamente, reintroduce una forma médica del saber al postular un sentido universal del órgano. En ese marco, el analista aparece casi como un decodificador de mensajes biológicos. Esto lo aleja de la ética del psicoanálisis, que supone que no hay saber totalizante sobre el sujeto y que la verdad es siempre medio dicha, nunca plena ni definitiva.

En la clínica lacaniana, el síntoma no es “un mensaje que espera ser descifrado”, sino un modo singular de goce, muchas veces opaco. El fenómeno psicosomático, como respuesta directa del cuerpo, se ubica más allá del sentido y muestra un punto donde el significante fracasa. En este sentido, pensar en términos de “el cuerpo habla” puede ser una trampa semántica que omite lo esencial: que no todo es decible, y que hay un real que no retorna como mensaje sino como evento.

Podemos decir que Luis Chiozza ofrece una lectura rica y bienintencionada que busca tender puentes entre medicina y psicoanálisis, pero su marco interpretativo peca de sobreinterpretativo y universalizante. Además, no reconoce suficientemente el valor del vacío y del sin sentido en el síntoma. Por otro lado, reintroduce una forma de saber totalizante que va en contra del inconsciente como saber no sabido.

Desde una perspectiva lacaniana, sería más riguroso ubicar estos fenómenos no como “mensajes metafóricos del alma”, sino como modos de descarga del goce, fenómenos de borde donde el sujeto no logra articular significante y cuerpo, y donde se juega la posibilidad (o no) de anudamiento simbólico.

martes, 8 de abril de 2025

Escritura y clínica: cuando la palabra no alcanza

Podría pensarse, en una primera aproximación, que la noción de escritura está lejos de la práctica analítica. Sin embargo, no cualquier forma de escritura interesa a Lacan. No se trata de la escritura literaria ni de la poética —aunque ambas están presentes en su enseñanza—, sino de una que aspire a incidir sobre lo real en tanto impasse. Para ello, es necesaria una modalidad que implique un vaciamiento del sentido, una escritura sin semántica.

A lo largo de sus más de treinta años de enseñanza, Lacan reconfigura su relación con el registro simbólico, y ese desplazamiento va de la mano con su concepción de la escritura. Desde la antropología estructural hasta la lingüística saussureana, y finalmente apoyándose en la lógica de Frege, Lacan avanza hacia una formalización que deja atrás la pretensión de significación plena. Esta serie evidencia su progresiva orientación hacia una escritura que funcione más allá de lo representacional.

¿Qué necesidad empuja esta elección? Una dificultad clínica ya detectada por Freud.

En sus textos sobre las neurosis actuales, Freud señala cuadros clínicos donde predomina un componente económico del aparato psíquico: excitación, tensión, descarga. En estos casos, se constata una desconexión respecto de lo representacional, y con ello, la palabra —con su potencia simbólica— pierde eficacia. Queda entonces obstaculizada toda posibilidad de elaboración, historización o tramitación a través del discurso.

Allí donde la palabra fracasa, la pregunta se vuelve inevitable: ¿cómo incidir clínicamente?

Es en ese punto que Freud introduce, casi de modo sorpresivo, la noción de una acción específica por parte del analista. Un acto que interviene allí donde la palabra no enlaza, donde algo no puede asociarse ni remitir a recuerdos. Una zona en la que la representación tropieza con un tope.

Este es el punto de partida de una distinción crucial: la de lo real como impasse. Como aporía, como inconsistencia estructural o como obstáculo para la simbolización. Y es precisamente en ese punto donde la escritura, en el sentido que Lacan le confiere, se convierte en una herramienta imprescindible para pensar cómo puede operar el acto analítico frente a lo no-tramitable.

viernes, 21 de marzo de 2025

¿Qué es la neurastenia y qué pasó con el concepto?

 La neurastenia, según Sigmund Freud, es una forma de neurosis actual caracterizada por síntomas físicos y psicológicos derivados de una acumulación y mala gestión de la energía nerviosa. Freud la asoció con la teoría de la sexualidad y la veía como resultado de factores somáticos más que psíquicos.

  1. Concepto original (George Beard, 1869)

    • Antes de Freud, la neurastenia fue descrita por el neurólogo estadounidense George Beard, quien la vinculó con el estrés de la vida moderna y el agotamiento del sistema nervioso.
  2. Neurastenia en Freud

    • En su obra "Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de neurosis de angustia" (1895), Freud distingue la neurastenia de otras afecciones y propone que es causada por factores sexuales.
    • Específicamente, la asocia con la práctica excesiva de la masturbación y la continencia forzada, lo que provocaría un desequilibrio en la economía libidinal del sujeto.
  3. Síntomas neurasténicos según Freud

    • Fatiga crónica
    • Dolores de cabeza ("casco neurasténico")
    • Trastornos digestivos (estreñimiento, dispepsia)
    • Irritabilidad y falta de concentración
    • Disminución del deseo sexual o impotencia
  4. Diferencia con la Neurosis de Angustia

    • Freud separó la neurastenia de la neurosis de angustia, que asociaba más con la represión psíquica y el conflicto inconsciente.
    • Mientras que la neurastenia era más somática y relacionada con la excitación sexual mal gestionada, la neurosis de angustia tenía un origen psíquico.

Con el tiempo, la neurastenia dejó de ser un diagnóstico predominante en la psiquiatría y el psicoanálisis. Hoy, muchas de sus manifestaciones se incluyen en trastornos de ansiedad, depresión o síndrome de fatiga crónica.

jueves, 13 de marzo de 2025

El principio de placer y su revisión freudiana

Desde sus primeros desarrollos teóricos, Freud sostuvo al principio de placer como eje central del proceso primario. En su Proyecto de una psicología para neurólogos (1895), concibió el aparato psíquico desde una perspectiva económica, afirmando que su función primaria es la descarga de excitación mediante facilitaciones.

Aunque en esa etapa Freud no utilizaba el término estructura, la dimensión económica fue cobrando un peso progresivo en su obra, delimitando lo irreductible e incluso lo incurable dentro de lo estrictamente analítico. Durante décadas, hasta Más allá del principio de placer (1920), Freud se aferró a la idea del predominio del principio de placer, aunque ciertas manifestaciones clínicas pusieron en cuestión su absoluto reinado.

Las Neurosis Actuales como Precursoras del Giro Freudiano

Uno de los grandes desafíos teóricos para Freud fue la existencia de las neurosis actuales, cuyos modos de sufrimiento subjetivo no encajaban del todo en la lógica del principio de placer. Estas neurosis pueden considerarse el antecedente conceptual de las neurosis traumáticas, cuya observación clínica llevó a Freud, en 1920, a reformular de manera sustancial sus postulados.

El interrogante que Freud exploró a lo largo de los años fue hasta qué punto era posible sostener el principio de placer como rector absoluto del aparato psíquico. En este punto, cabe destacar su honestidad intelectual, al modificar un principio que había sido el eje de su teoría durante tres décadas.

El Estatuto Económico del Trauma

Ya en el Proyecto de 1895, Freud había postulado el principio de constancia, que implicaba que el aparato psíquico no podía reducir la excitación a cero, sino que requería una cantidad mínima de energía para su funcionamiento.

Sin embargo, lo que con el tiempo se volvió determinante fue el estatuto económico del trauma, es decir, el problema de cómo el aparato psíquico se defiende de cantidades de excitación potencialmente dañinas.

Las neurosis traumáticas fueron el campo clínico que permitió a Freud abordar esta cuestión. Hoy, podríamos preguntarnos: ¿cómo nombramos en la actualidad a estas estructuras clínicas?

martes, 6 de diciembre de 2022

Melancolía, ¿neurosis narcisista ó psicosis?

Las primeras entrevistas con el analista suelen ser casi como al estilo de un confesionario, por lo precipitado. Es como que el paciente se viene guardando mucho, así que cuando asiste, descarga. Muchas veces, el analista comete el error de escarbar eso y ponerse "buscar petróleo". A veces el paciente confiesa cosas que es mejor tomarlas en consideración y no trabajarlas inmediatamente, como es el caso de los abusos. 

Para Lacan, no hay nada más parecido a la neurosis que una pre-psicosis. Helene Deutsch hace un trabajo magnífico de las personalidades "como si". Ya en el siglo XIX, Moreau de Tours hablaba de los sujetos exentos, que eran sujetos que no eran neuróticos pero tampoco psicóticos. Hay una clínica de borde que obliga al diagnóstico diferencial.

Por ejemplo, hay pacientes que aparecen con una presentación fóbica y de repente uno se da cuenta que no era una fobia, sino una manera de poner una interposición a su afectación, de manera que al ponerle antidepresivos estallaban en una manifestación delirante. 

Caso: Un paciente de 65 años relata un abuso a los 10 años. Registra problemas con el juego. Dice que conoció a su primera mujer a los 12 años y desde ahí se registra una proliferación maníaca de mujeres. En su discurso se escucha un deseo de ser heterosexual, como si fuera un empuje. Aparece un semblante "soy heterosexual" recalcado muchas veces, al tiempo que rechazaba a la homosexualidad. Es decir, pasó 55 años de su vida bajo una lógica que no es la del automatón. De su padre, dice que él no funcionó como ideal y lo describe como muerto en vida.

En la clínica muchas veces se escuchan discursos sostenidos por una inercia dialéctica en algo que puede ser del orden de la realidad. Ahora, este caso no alcanzan los elementos para ser pensado como una psicosis. Pero si no podemos pensar tampoco en una estructura neurótica, ¿Qué podría ser? Una melancolía.

El tema de la melancolía fue tomada como psicosis para algunos, mientras que para otros se trata de una neurosis narcisista. Esta última posición es la de Freud.

Relacionado: Neurosis narcisistas: distinción y tratamiento.

En el caso, hay una salida maníaca a esa melancolía: la proliferación de mujeres con las que andaba y el juego. ¿Podríamos pensarlo como una compulsión obsesiva? La diacronía de la vida de ese paciente dice que no. Lo capital para pensar este caso es la inscripción del nombre del padre, pero la identificación al padre muerto. 

Dice Freud, en Panorama de las neurosis de transferencia:

76) El duelo por el padre primitivo surge de la identificación con él y ya hemos demostrado que dicha identificación es condición para el mecanismo de la melancolía.

En Kant con Sade, Lacan habla del dolor puro de existir de la melancolía:

‍¿Acaso...(ellos, que creen tener mejores oídos que los demás psiquiatras),... no han oído cómo ese dolor en estado puro modelaba la cantinela de esos enfermos que llamamos melancólicos? ¿Tampoco han tenido en cuenta uno de esos sueños que dejan trastornado al soñador, tras la penosa condición de un renacimiento interminable, en lo profundo del dolor de existir?

El dolor puro de existir es una buena referencia, del que Pura Cancina hizo un libro. El eje del superyó también es válido para evaluar estos casos. Freud se pregunta por qué el neurótico puede resistir al autorreproche. Justamente, es la estructura del yo y del ideal del yo. En la melancolía, como no hay atravesamiento de la novela edípica, no hay ideal del yo ni yo ideal que intercepten al autorreproche. Por eso aparece la crudeza del relato en un sujeto que está en función de la existencia pura. 

Por otro lado, el rasgo característico del melancólico es que la función del amor, cuando se produce, es un amor que lo cautiva. Cautiva de tal manera que si se pierde ese amor, el sujeto queda arrasado con eso que se pierde. Lo que el paciente del caso refiere de su sexualidad es un semblante, no lo presenta a la forma de una fantasía. Las mujeres aquí confirman que él es heterosexual. La función del objeto es en tanto ideal.

En estos pacientes, la transferencia que se esperan no es la analítica, sino la de trabajo: la conformación de un relato. El relato a veces sirve como un espejo que a al paciente le refleja algo que ha renegado, aunque sea ficticio. Se trata de una salida parafrénica, que sirve como forma de compensación para algunas psicosis.

martes, 4 de enero de 2022

Las neurosis actuales y su permanencia en las nosografías de Freud

¿Cuál ha sido el motivo por el cual Freud tanto en la primera como en la segunda nosografía mantuvo en un grupo diferenciado a las neurosis actuales, incluso en las diferentes precisiones que va produciendo de las entidades clínicas que ubica en dicho grupo? 

En el origen de las psiconeurosis encontramos conflictos infantiles, mientras que en el de las neurosis actuales el desencadenante de la enfermedad está en situaciones del presente. 


Las neurosis actuales prescinden de la palabra para su conformación. Dice Freud: “En su génesis faltan todos los complejos mecanismos anímicos de que hemos tomado conocimiento”  (Freud 1916-17, 352). En efecto, los síntomas de la neurastenia  y de la neurosis de angustia no poseen sentido psíquico alguno,  según Freud “carecen de significado psíquico”. Así, Freud concluyó que  los problemas de dichas neurosis no ofrecen al psicoanálisis puntos de abordaje. Para Freud, las neurosis actuales no constituyen una expresión simbólica y sobredeterminada, sino que son un resultado directo de la falta o inadecuación en el presente de la descarga de la energía sexual, con la consiguiente falta de consecución de la satisfacción.  


No contamos, en las neurosis actuales, con el recurso que Freud en La interpretación de los sueños llama "la otra escena", en lo que refiere a su enfermedad. Allí Freud dice que los sueños se producen en otra escena, que es la manera que en ese tiempo él llamaba a lo inconsciente.


En la angustia actual, propia de las neurosis actuales, tampoco está el recurso de la temporalidad inconsciente, que es la del nachtraglich: para darle un sentido a una vivencia, el sentido deviene en un segundo tiempo, de adelante hacia atrás. El psiconeurótico reedita su historia de esa manera, superando las fijaciones a las escenas traumáticas al darles un nuevo sentido.


En las neurosis actuales hallamos un padecimiento silencioso y un límite a la cura por la palabra. Sin embargo, Freud dio la  noción de “neurosis mixtas” y de esta manera se anticipó muy inicialmente a un núcleo indecible presente en todo síntoma psiconeurótico, que dará  cuenta, más adelante, de uno de los mayores obstáculos para la  finalización de una cura.


De todas maneras, no se puede independizar tan tajantemente a las psiconeurosis de las neurosis actuales. En “Lecciones Introductorias al Psicoanálisis” (1917), Freud indica unas analogías estructurales señalando que una neurosis actual se constituye con frecuencia como el núcleo y la fase precursora del síntoma psiconeurótico. Las correspondencias son las siguientes: 

— Neurosis de angustia y la histeria de angustia. 

— Neurastenia y neurosis obsesiva ó histeria de conversión. 

— Hipocondría y psicosis.

domingo, 2 de enero de 2022

La defensa: su importancia para el diagnóstico diferencial y su incidencia en el tratamiento

Además del concepto de transferencia, en términos de un  diagnóstico diferencial y al menos en lo que respecta a la incidencia de ella en el tratamiento, la defensa es sumamente importante. 

De esta manera, además del concepto de transferencia, podemos pensar el diagnóstico diferencial preguntándonos por la defensa implicada en cada caso.


Por empezar, el concepto de defensa no está implicado en las neurosis actuales. Si tomamos, por ejemplo, las formas que toma la neurosis de angustia, Freud las ubica en torno a la angustia. “Llamo neurosis de angustia a este complejo de síntomas porque todos sus componentes se pueden agrupar en derredor del síntoma principal de la angustia; cada uno de ellos posee una determinada relación con la angustia” (Freud, 1895). En la neurosis de angustia, así como en la hipocondría y la neurastenia, los síntomas no tienen derivación psíquica: no remiten al inconsciente y en ese sentido actúan como signo, como algo fijo. De esta manera, sería un error interpretar estos síntomas como si fueran formaciones del inconsciente.


La idea de defensa es el punto de partida de lo que después fue la Primera Tópica, donde Freud diferenció los sistemas Icc, pcc-cc. La defensa fue teorizada en términos de represión primaria y represión secundaria. No obstante, Freud utilizó hasta 1925 indistintamente la palabra represión y defensa, aunque al final de ese período ya se nota que tiene bien claras las diferencias y las similitudes.


Cuando Freud desarrolló la idea de sistemas Inconsciente y preconsciente-Cc, la represión primaria u originaria es la que divide con relativa estabilidad a los sistemas Inconsciente del preconsciente-consciente. La represión primaria es la que permanece como Censura y según dice Freud, es la guardiana de nuestra salud mental en tanto necesitamos mantener a los dos sistemas divididos, aunque continúen siendo permeables. Si esa Censura -testimonio de la Represión Primaria- no funcionara, nos la pasaríamos soñando y no podríamos pensar.


En las neurosis de transferencia encontramos un aparato psíquico dividido y estructurado por la represión primaria, donde el síntoma es precedido por la formación de retoños de lo originalmente reprimido, en tanto la defensa preferida es la represión, que solo sucede porque hay represión primaria. La represión primaria supone que hay fijaciones, por lo tanto tarde o temprano estas fijaciones van produciendo introversión libidinal, que es diferente a la retracción libidinal de las psicosis. Introversión libidinal quiere decir que en la neurosis de transferencia, por sus fijaciones, va fracasando en la inversión libidinal en objetos reales. Por lo tanto, esa libido se introvierte sobre objetos de la fantasía. Por lo tanto, esa libido se deposita sobre alguna representación que el preconsciente debe prestarle para que transaccione.


Mientras el neurótico divide su aparato psíquico en ello, yo y superyó, el psicótico tiene una fijación que ha impedido que se constituyan los sistemas a la manera de la neurosis de transferencia, por una desestima a los complejos de Edipo y castración. Desestima quiere decir que el Edipo ni siquiera está planteado. Por lo tanto, lo que consideramos es que el yo y superyó en el neurótico, en el psicótico aparecen mal constituidos, sin base. 


De esta manera, las neurosis narcisistas tienen un mecanismo estructurante (que irónicamente es desestructurante): la desestima (Verwerfung). En lugar de ser la represión primaria como en la neurosis, el futuro psicótico no llega a atravesar los complejos de Edipo y castración, porque a esa altura ha aplicado una defensa muy enérgica, que es la desestima de los complejos de Edipo y castración.


El futuro psicótico tiene un proceso de retracción psicótica, no de introversión libidinal como el neurótico (de los objetos fijados hacia el complejo de Edipo). Las demandas de la vida van produciendo una retracción libidinal hacia estructuras pobremente establecidas, hacia objetos arcaicos, como las fantasía orales.


Freud dio una orientación que dividía aguas entre ambas estructuras clínicas en 1924, “La pérdida de la realidad en la neurosis y la psicosis”.


En las psicosis, se niega la realidad y se intenta sustituírla. Lo rechazado intentará imponerse a través de delirios y alucinaciones. Es decir, en la psicosis se produce una “obediencia inicial”, a la que le sigue un intento de huida. La realidad se desmiente inicialmente y a esta huida inicial le sigue una fase activa de reconstrucción.


En la neurosis, en cambio, no se niega la realidad sino que se crean mundos optativos (fantasías). Freud dice “La neurosis no desmiente la realidad, se limita a no querer  saber nada de ella”. Sin embargo, Freud señala que “tampoco a la neurosis le faltan intentos  de restituir la realidad deseada por otra más acorde con la del deseo” (Freud 1924). La posibilidad de restitución en la neurosis la ofrece el  mundo de la fantasía.


Casi al final de su obra, en  Análisis terminable e interminable Freud dice algo sobre la relación del neurótico con la realidad: “el aparato psíquico no  tolera el displacer, tiene que defenderse de él a cualquier precio, y  si la percepción de la realidad objetiva trae displacer, ella- o sea, la  percepción, tiene que ser sacrificada” (Freud 1937).

jueves, 28 de octubre de 2021

La neurosis de angustia (2)

En la entrada pasada vimos diversas articulaciones de Freud respecto a las neurosis de angustia. Las neurosis de angustia se presentan como catexia que no se adhiere a una representación, colocando al sujeto en una espera eterna. Cuando algo del fantasma se puede empezar a constituir y a sintomatizarse, el sufrimiento disminuye.

La angustia señala un peligro, dice Freud. En Inhibición, síntoma y angustia Freud relaciona a la angustia con una pérdida: la pérdida del órgano del niño por sus deseos incestuosos. ¿Pero qué pasa con la niña? Lo que está en juego es la pérdida del amor de la madre. Freud toma el modelo del trauma del nacimiento, como situación donde el aparato psíquico no logra tramitar ese montante de excitación.

Lacan hizo varias objeciones sobre la angustia como la describió Freud. Uno de los puntos es la reversión que hace sobre el tema de la angustia es qué pasa con el fort-da, donde uno de los placeres del niño es que la madre se vaya. Lacan pesca que el juego del fort-da es la posibilidad del niño de establecer una presencia-ausencia. Otro punto tiene que ver con la angustia que surge cuando "falta la falta". Mientras que para Freud la angustia ocurre cuando falta el objeto de amor, para Lacan la angustia surge cuando el sujeto siente que está tomado por el Otro como objeto.

El objeto a lacaniano está pensado en un objeto que al taparlo o al hacer las veces de, aplasta al sujeto. El objeto a es algo separado del propio cuerpo, es idéntico a sí mismo y le pertenece tanto al sujeto como al Otro. 

A    S

$    Ⱥ

a     .

Lo interesante es que el objeto a deviene del significante. En el primer piso del matema vemos que el sujeto toma lugar en el Otro (A). En este punto estamos hablando de un sujeto mítico (S). El significante, en el segundo piso, da como lugar a un sujeto y a un Otro barrado. Con barrado nos referimos a un sujeto y a un Otro que no saben. En el tercer piso vemos un resto de la operación, el objeto a, que no se puede asimilar a nada y siempre queda como resto. 

El tema es cuántas veces ese sujeto mítico va a estar en el Otro. Lo que deviene de esa operación es un sujeto y un Otro barrado, en falta, con un resto que cae. La columna de la izquierda es el "lado objetivo", que tiene que ver con el inconsciente. De allí se desprende la fórmula del fantasma. La relación del sujeto con el Otro en este caso tiene una distancia inalcanzable para el sujeto, no obstante éste se esmera por borrarla. 

En las neurosis de angustia, el gran problema ocurre al nivel del fantasma, que no se termina de conformar para que el sujeto haga con su deseo. En las neurosis clásicas, el sujeto utiliza al fantasma para soportar el deseo del Otro. Si esta operación no se realiza, resulta avasallador para el sujeto. 

En términos del estadío del espejo, sabemos que no todo puede ser catectizado y reenviado al Otro. Queda allí también un resto imposible de suprimir. Es una presencia invisible que a su vez permite ver. En la neurosis de angustia, eso aparece sin intervenir una imagen en el campo especular. 

Los objetos a aparecen bajo 5 modalidades, según Lacan. La voz, la mirada, el pecho, el objeto anal y el falo (-𝞅). Un ejemplo de aparición del objeto a sería cuando nos escuchamos hablar a nosotros mismos en una grabación, como los mensajes de voz. Como el objeto a es soporte de la voz, si aparece en el campo que no debe aparecer, nos angustia. Nuestra voz nos parece ajena, nos incomoda. En la neurosis de angustia, ese resto aparece donde no debe aparecer, positivizándose en el campo del Otro. Es otra forma de decir que falta la falta. 

La angustia lacaniana tiene más que ver con el texto de Freud Lo siniestro. Lo siniestro ocurre cuando algo inesperado aparece en el campo donde no debería estar. En las películas de terror, los ejemplos abundan. En lo siniestro, el sujeto se objetaliza y al Otro le falta la falta. Hay un fenómeno que Lacan marca en las neurosis actuales, que es la del doble real. Es extraño porque no hay muchos reportes de esto, pero sí aparece en las psicosis. Por ejemplo, en la película El Inquilino de Polanski:

El protagonista empieza a pasarla mal, cada vez más las miradas se dirigen a él. Hay una escena donde él ve desde su ventana a sí mismo viéndose. El cuadro se agudiza, él empieza a vestirse de mujer, intenta suicidarse. Ahí tenemos un caso donde algo que debe permanecer perdido reaparece y se instala en el campo del Otro, mayormente visto en las psicosis o en neurosis con intoxicaciones.

Lacan hace tres dimensiones del Otro: como goce del Otro, la demanda del Otro y el deseo del Otro. Lacan destaca que la demanda del Otro es más usual y es articulable. Es por el camino de lo cotidiano que puede aparecer lo siniestro. En la neurosis de angustia, el sujeto la empieza a pasar mal en situaciones cotidianas. De hecho, las fobias propician muchas veces la salida de la neurosis de angustia, por ejemplo tenerle miedo a los colectivos, porque se trata de que la angustia al menos se enganche a algo.

Si bien la demanda del Otro es articulable, el tema es el deseo del Otro, que objetaliza al sujeto y lo angustia. Al sujeto se le presenta la pregunta de qué es para el Otro, una pregunta que no tiene respuesta.

Hya una lectira que hace Lacan, que tiene que ver con el goce del Otro. Algunos psicoanalistas como Diana Rabinovich, consideran que el goce del Otro es una forma de defensa que establece el aparato psíquico a los efectos de tramitar esa carga energética. En el cuadro de la neurosis de angustia, lo que suele pasar es que la situación del goce del Otro es quedarse expectante para que eso no ocurra, por eso no duermen, o se automedican. Las figuras del íncubo y súcubo son figuras que se presentifican en el cuerpo del sujeto de manera opresiva.

Para Lacan, tanto el fantasma como la angustia están enmarcadas. En cuanto al fantasma, brinda una forma de controlar el deseo y articular aspectos diarios de la realidad. El ejemplo de Lacan es el del cuadro de la ventana, que tiene un más allá que el sujeto no accede, por ser aspectos de lo real del Otro. El ejemplo de cuando esto no ocurre lo encontramos en el ejemplo de los ojos que miran al hombre de los lobos. Lo importante es que el paciente con neurosis de angustia vuelva a reelanzar el fantasma, que como la angustia tiene un marco. La ansiedad, por otra parte, carece de marco.

Lacan se preguntó por qué Freud mezcló en las neurosis de angustia lo libidinal con la angustia y propuso que a prtir de un resto que quedaba sin libidinizar que intenta colarse. Estos pacientes que están expectando tienen un montante que nunca logra aplacarse. 

De lo que se trata en estos cuadros, es llevar eso que se presenta como actual a lo más histórico. Hay un segundo esquema en el seminario de la angustia que es el siguiente:

A    S

a    Ⱥ

$     .

Lo que vemos, respecto al primer esquema es que los términos han cambiado. En la barra de arriba nos encontramos con el goce, que sostiene al sujeto completando al Otro sin barrar,a mbas posturas míticas. En el piso del medio, es el piso de la angustia: el sujeto en lugar de objeto, frente a un Otro barrado. La angustia es la que avisa sobre esa posibilidad de complemento, de que falte la falta. En el piso de abajo encontramos el piso del deseo, donde el sujeto barrado establece la posibilidad de un fantasma y de un deseo cuyo cumplimiento siempre va a faltar a la cita.

En las neurosis de angustia, lo que hay que hacer es formalizar el fantasma y abrir a la posibilidad del síntoma. De esta manera, el síntoma va a poder preguntar sobre el significante de la falta en el Otro, como lo vemos en el grafo del deseo.