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lunes, 29 de junio de 2026

¿Por qué no hay un matema del superyó?

En esta entrada hicimos la pregunta por la ausencia de matemas para el superyó, que podría ser un problema teórico muy interesante, y no estoy seguro de que tenga una única respuesta.

Los matemas, en Lacan, escriben relaciones estructurales. Escriben posiciones, operaciones o imposibilidades de la estructura. La identificación puede matematizarse porque es una operación lógica: la identificación al rasgo unario, la identificación imaginaria, la identificación al deseo del Otro, etc., son modos relativamente formalizables de constitución del sujeto.

El superyó, en cambio, no es exactamente una posición estructural sino un efecto. Es un efecto de la incidencia del significante sobre el goce.

Por eso, cuando Lacan habla del superyó, nunca deja de aparecer bajo la forma de una voz, de un imperativo, de un mandato ("¡Goza!"), de una enunciación que empuja. Es decir, el superyó no ocupa un lugar en la estructura comparable a $, S1, S2 o a. Se manifiesta como una modalidad de funcionamiento entre esos elementos.

Dicho de otra manera, el superyó no sería un término sino una función.

Decíamos que la identificación funciona como pantalla de la repetición. Si eso es así, el superyó no estaría del lado de la pantalla, sino precisamente del lado de aquello que perfora la pantalla. La identificación permite estabilizar una respuesta frente a la falta del Otro; el superyó, en cambio, aparece justamente cuando esa estabilización fracasa y el sujeto queda confrontado con un plus de goce que insiste.

En ese sentido, el superyó sería mucho más próximo al objeto a que a las identificaciones, pero sin confundirse con él. Es la modalidad bajo la cual el objeto retorna como exigencia.

Por eso me pregunto si no ocurre algo paradójico: el superyó no tiene matema porque es el efecto mismo de la puesta en funcionamiento de los matemas. Es decir, surge del modo en que S1, S2, $, a y la falta del Otro se articulan, pero no constituye un elemento adicional susceptible de escribirse.

Hay un indicio de esto en toda la enseñanza de Lacan: cuando quiere formalizar la estructura, escribe matemas; cuando quiere hablar del superyó, vuelve una y otra vez a metáforas de la voz, del mandato, de la obscenidad o del imperativo. Nunca intenta agregar un símbolo específico para el superyó. Eso podría indicar que el superyó no pertenece al orden de los lugares estructurales, sino al de la dinámica del goce.

Sin embargo, hay una hipótesis que creo que puede abrir una vía todavía más interesante: ¿Y si el superyó fuera precisamente el nombre clínico de aquello que resiste a toda matematización? Es decir, aquello que no puede escribirse porque coincide con el punto mismo donde la estructura toca lo real del goce. En ese caso, la ausencia de un matema no sería una omisión de Lacan, sino un dato de estructura: el superyó sería el reverso de la formalización, el índice de que siempre queda un resto imposible de escribir.

Quizás detrás de todos los matemas encontramos, finalmente, el superyó, no como un elemento más de la estructura, sino como la insistencia del goce que ninguna escritura logra agotar. Me parece una línea de investigación muy prometedora.

lunes, 11 de enero de 2021

Dos notas breves sobre la función del matema en psicoanálisis

1. Tensión del matema.

La función del matema en el psicoanálisis está sometida a una tensión entre dos polos. Por un lado, responde a la idea de una formulación matemáticamente bien acabada que posibilitaría una transmisión integral, necesariamente liberada de equívocos y, por lo tanto, translingüística. Por otro lado, y a la vez, debe mantener una proximidad con las funciones metonímica y metafórica del lenguaje en el habla, implicada en la recomendación de Lacan de ejercitarse en una “matemática dialéctica” (“La cosa freudiana”, p.404 ). Es que su función debe corresponderse con que el psicoanálisis es una experiencia que se ubica entre el habla y la escritura, o entre la letra y el significante (ídem., p.461).

El siguiente esquema resume esta “tensión”:

matemática – verdad formal – letra <<<matema>>> significante – dialéctica

La psicosis social en el psicoanálisis es el desconocimiento generalizado, “socializado”, de esta tensión y otras homólogas, que replican el inherente al narcisismo. Eso está en el fondo cuando Lacan señala su “no hay progreso”.

La tensión referida se encuentra también en la lectura que el psicoanálisis hace de lo que llamamos “el sentido”. Son “tensiones” que van de la mano de las equivocidades inherentes al ejercicio del lenguaje, no son eliminables salvo excluyendo el inconsciente.

El uso que hacemos del término “sentido” está en tensión entre dos polos: uno es el lograr un saber hacer con el síntoma, el otro resulta del tipo de bla-bla que lo alimenta.

La cuestión interesa a qué entendemos cuando decimos que el “sentido alimenta el síntoma” (cf. La 3ª, p.84). Sucede que depende de quién y de cuándo.

El sentido que alimenta el síntoma no es obligadamente el sentido que se elabora en el bla-bla. La satisfacción del bla-bla no es sinónimo de habla vacía.

2. Matemática y delirio. Matemas y neologismos.
¿En qué del hacer matemático se reconocería la “rúbrica del delirio” que Lacan advierte en la “intuición delirante” y en la “fórmula”? (cf. L, S3, p. 53).

Eso concierne al compromiso del matemático en el asunto. Hay “intuición delirante” si la matemática funciona para él como una “lengua fundamental” que satisface la función de ofrecerle una certidumbre como la que encontraba Schreber en el fondo de su experiencia psicótica. “La intuición delirante es un fenómeno pleno que tiene para el sujeto un carácter inundante, que lo colma”, observaba Lacan (S3, p.53). La fórmula matemática guarda de la fórmula psicótica el vacío de significación, precisamente en el punto en que no remite a otra cosa que a sí misma (cf. ídem).

Las letras matemáticas, los matemas de los escritos científicos matemáticos, considerando las funciones $ y a, son neologismos que por sí solos no hacen lazo social; para hacerlo han de entrar en discurso como significantes y haciendo metáforas que el sujeto requiere para hacer sociedad. De estas razones no se desprende que la matemática pueda ofrecer una salida de la psicosis social.

Decía Lacan en La Tercera: “sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, no tiene ningún discurso con qué hacer lazo social” (L, 1974, p.86).

Fuente: Raúl Courel.