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martes, 23 de junio de 2026

Lo traumático, la repetición y el problema de la pulsión

 Para Freud, la función primordial del aparato psíquico consiste en ligar las excitaciones con el fin de tramitar las cantidades de energía que lo atraviesan y, de ese modo, evitar el efecto traumático. La ligadura aparece así como una operación fundamental destinada a transformar aquello que, de permanecer desligado, irrumpiría bajo la forma de un exceso imposible de elaborar.

Sin embargo, la hipótesis freudiana acerca del carácter traumático de ciertas cantidades de energía plantea inmediatamente un problema decisivo: la distinción entre interior y exterior. Gran parte de la elaboración posterior de Lacan puede leerse como un esfuerzo por responder a esta dificultad, que atraviesa desde el comienzo la teoría freudiana.

En el contexto epistemológico en el que Freud desarrolla su obra, esta cuestión llega a constituir un verdadero impasse. No obstante, una parte del problema encuentra una solución relativamente temprana. Cuando el peligro proviene del exterior, la huida puede operar como un mecanismo eficaz de protección. La dificultad aparece allí donde la huida resulta imposible, es decir, cuando aquello que amenaza al sujeto no puede ser dejado atrás ni evitado.

Es precisamente en este punto donde Freud formula una de las preguntas más decisivas de toda su obra: ¿de qué modo se articula la pulsión con la compulsión de repetición? Este interrogante delimita el núcleo mismo del problema, pues señala un ámbito en el que el sujeto se encuentra confrontado con algo que insiste más allá de cualquier estrategia defensiva basada en el alejamiento o la evitación.

La articulación entre pulsión y compulsión de repetición tiene consecuencias teóricas de gran alcance. Por un lado, conduce a pensar la repetición más allá del automatismo simbólico, más allá del simple retorno regulado por la cadena significante. Por otro, desplaza la concepción de lo traumático fuera del terreno de la mera contingencia biográfica. El trauma deja de ser entendido exclusivamente como el efecto de un acontecimiento excepcional para pasar a inscribirse en una dimensión estructural.

Precisamente, una de las derivas del psicoanálisis posfreudiano consistió en considerar el desarreglo psíquico como el resultado de contingencias de la historia individual. Esta orientación llevó a ciertos desarrollos de la tradición de la IPA a privilegiar una práctica centrada en las identificaciones y en las vicisitudes imaginarias del yo. Frente a ello, Lacan insistirá en que el núcleo traumático no puede reducirse a los accidentes de la existencia.

Desde esta perspectiva, la sexualidad humana es traumática por definición. No lo es únicamente en función de los acontecimientos particulares que hayan marcado la historia de cada sujeto, sino por razones estructurales. La participación de la pulsión introduce en la sexualidad una dimensión de exceso, de desajuste y de imposibilidad que impide cualquier armonización completa. Lo traumático no aparece entonces como una excepción dentro de la experiencia sexual, sino como una condición inherente a ella. La sexualidad traumatiza porque se encuentra atravesada por la pulsión, y la pulsión introduce una alteridad interna frente a la cual no existe posibilidad de huida.

jueves, 28 de mayo de 2026

Aparato psíquico: ¿Cuáles son sus niveles de transcripción?

 En Freud, especialmente a partir de la famosa Carta 52 a Fliess (1896), aparece la idea de que el aparato psíquico no registra la experiencia una sola vez, sino mediante distintos niveles de inscripción o transcripción. La memoria se reorganiza sucesivamente, traduciendo los contenidos de un sistema a otro.

Freud propone allí varios estratos:

  1. Percepción (Wahrnehmung)
    Es el nivel más inmediato. La percepción pura no deja huella consciente duradera. El sistema perceptivo recibe estímulos pero, paradójicamente, no conserva memoria.
  2. Signos de percepción (Wahrnehmungszeichen)
    Primera inscripción mnémica. Son huellas asociativas primitivas, organizadas por simultaneidad o contigüidad. No son todavía representaciones conscientes ni lenguaje.
  3. Inconsciente (Ubw)
    Segunda transcripción. Aquí las huellas se reorganizan según otras leyes asociativas. Es el dominio del proceso primario: condensación, desplazamiento, atemporalidad, ausencia de contradicción.
    Freud piensa este sistema como inaccesible directamente a la conciencia.
  4. Preconsciente (Vbw)
    Tercera transcripción. Las representaciones quedan ligadas a palabras y pueden devenir conscientes. Se organiza según el proceso secundario, lógica, temporalidad y prueba de realidad.
  5. Conciencia (Bew)
    No es propiamente un depósito de huellas, sino el fenómeno consciente actual que emerge cuando ciertos contenidos acceden a este sistema.

Podría esquematizarse así:

Percepción → Signos perceptivos → Inconsciente → Preconsciente → Conciencia

Lo importante en esta teoría es que:

  • cada nivel retraduce el material anterior;
  • puede haber fallas en la traducción (Freud relaciona esto con la represión);
  • la memoria no es un archivo fijo sino una serie de reorganizaciones;
  • un mismo acontecimiento adquiere sentidos distintos según la transcripción posterior (idea cercana a la “posterioridad” o Nachträglichkeit).

Esta concepción anticipa muchas cosas del Freud posterior:

  • la diferencia entre representación-cosa y representación-palabra;
  • la primera tópica (Inconsciente/Preconsciente/Consciente);
  • e incluso la idea lacaniana de que el inconsciente implica distintos registros de inscripción significante.

La referencia central es la Cartas a Wilhelm Fliess, particularmente la llamada “Carta 52”. También se conecta con La interpretación de los sueños y el Proyecto de psicología para neurólogos.

martes, 10 de febrero de 2026

Metapsicología freudiana y eficacia de la palabra: entre ligadura y resto

La metapsicología freudiana se organiza a partir de tres perspectivas fundamentales: la dinámica, la tópica y la económica. Estas no constituyen registros aislados, sino dimensiones articuladas desde las cuales Freud intenta dar cuenta del funcionamiento del aparato psíquico.

En los primeros desarrollos freudianos, la perspectiva tópica adquiere un relieve particular, destacándose por sobre las otras. Sin embargo, progresivamente Freud realiza un desplazamiento que lleva a situar en primer plano la dimensión económica, movimiento que se articula estrechamente con la segunda tópica, en la cual el ello comienza a adquirir un valor preponderante.

Este viraje teórico conduce, a su vez, a una modificación del principio que rige el funcionamiento del aparato psíquico: del principio de placer al más allá del principio de placer. En este segundo tiempo, lo económico se presenta como un montante energético que circula de manera libre, no ligada, fuera de las coordenadas de regulación del placer.

Desde luego, ya en escritos tempranos Freud había vinculado lo económico con lo traumático. No obstante, es a partir de Más allá del principio de placer que esta articulación adquiere un estatuto mucho más sistemático y estructural.

A partir de aquí se vuelve posible interrogar la eficacia de la palabra en psicoanálisis. ¿Por qué la palabra cura? Porque constituye el medio que permite tramitar lo económico en la medida en que lo hace accesible a la ligadura. La palabra introduce un trabajo de enlace allí donde la energía circula sin amarre.

Es en este punto donde se articulan, por un lado, el planteo freudiano de Recordar, repetir y reelaborar y, por otro, la elaboración lacaniana de Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, a través del concepto de rememoración. La rememoración no se reduce al recuerdo de hechos pasados, sino que designa un trabajo simbólico que la palabra hace posible.

Por su lógica y su materialidad, la palabra permite al sujeto no solo tamizar lo traumático de lo económico, sino también resignificar los acontecimientos relevantes de su historia. Es a esto a lo que Lacan se refiere cuando habla de “la asunción por parte del sujeto de su historia”.

En este sentido, la palabra cura porque liga, porque tramita. Sin embargo, no todo es susceptible de ser simbolizado. Existe un resto que es estructuralmente refractario a la palabra, y que obliga a repensar los instrumentos clínicos para operar allí donde la palabra no alcanza. Es en ese límite donde el psicoanálisis se confronta, una vez más, con lo real.

sábado, 27 de diciembre de 2025

De la economía psíquica a la represión primaria: el giro freudiano hacia la articulación entre inconsciente y pulsión

El progresivo predominio del punto de vista económico en la obra freudiana no implica el abandono de las perspectivas dinámica y descriptiva del inconsciente; más bien marca un desplazamiento necesario para poder articular —de manera más rigurosa— el inconsciente con la pulsión. Freud advirtió claramente que la clásica oposición entre inconsciente y conciencia no sirve para pensar lo pulsional. Ese límite teórico abrió el camino hacia la noción de represión primaria, operación inaugural sin la cual no habría aparato psíquico.

Desde los primeros textos, la noción de defensa ocupa un lugar central. Vista desde lo económico, la defensa se vuelve un mecanismo indispensable: el aparato se constituye para resguardarse frente a una energía móvil, irrup­tiva, que amenaza con desarticularlo. Si nada obstaculizara esa presión, la red representacional —ese tejido articulado que compone el aparato psíquico— correría el riesgo de deshacerse ante lo que no admite forma ni enlace. La defensa, por lo tanto, se organiza frente a la tensión entre lo articulado y lo que puede romper toda articulación.

Con el desarrollo de su trabajo, Freud afina el concepto de defensa y diferencia diversos modos de su funcionamiento. Entre ellos, la represión adquiere un valor decisivo, hasta el punto de ser elevada a un estatuto estructural. Freud lo afirma sin ambigüedades: La doctrina de la represión es ahora el pilar fundamental del psicoanálisis, su pieza más esencial.

En su formulación de 1915, entre La represión y Lo inconsciente, define la represión secundaria como la operación mediante la cual una representación es privada de su investidura preconsciente, quedando así impedida de acceder a la conciencia. Esta precisión implica algo decisivo: si la distinción entre consciente e inconsciente no está previamente establecida, la represión no puede operar.

De allí que Freud deba postular una operación primera: la represión primaria, que no reprime un contenido específico, sino que funda la propia partición del aparato psíquico en sistemas diferenciados. Es la instauración del inconsciente como tal y, con ello, la posibilidad misma de que algo pueda ser reprimido en un segundo momento.

viernes, 21 de noviembre de 2025

¿Qué intervenciones son posibles en la depresión?

La depresión en Freud es descriptiva. Lo más parecido al término que hay en psicoanálisis es la melancolía, que es distinta al duelo, como vemos en Duelo y melancolía (1915).

En un duelo, producto de un objeto amado, encontramos una detención de la cadena significante, de las asociaciones. 

Aunque Freud pone de relieve la sugestión del yo a su determinación inconsciente, no todo en el aparato psíquico es inconsciente. En 1923, con "El yo y el ello", aparece toda la reformulación del aparato psíquico, donde yo y ello están, de alguna forma, equiparados.

El aparato psíquico, en la primera tópica del esquema del peine, tiene un polo perceptivo y un poco motor. La energía circula desde el primero al segundo. Ahora, del lado del polo perceptivo hay toda una zona donde no hay marcas, ni significantes, ni representaciones. Se trata del ello. El inconsciente, en cambio, tiene sus huellas mnémicas y allí se inscriben las escenas, las palabras, etc. Podemos agregar el preconsciente y consciente:


El yo tiene partes inconscientes. Si vemos cómo quedó el gráfico, entendemos porqué es "El yo y el ello".

Volviendo al duelo, son momentos donde la energía del aparato psíquico está baja y Freud dice que no se le puede pedir asociaciones ni trabajo psíquico, pues el paciente está en trabajo de duelo. Al analista le queda acompañar y hacer intervenciones a nivel del yo, como cuando hablábamos del trabajo con las fotografías.

En la melancolía, la particularidad es que tiene a nivel de la transferencia es un paciente que rechaza las intervenciones "No, no es así...", ya sean preguntas, sugerencias.  Esto es porque en la melancolía está implicado un objeto que no solamente fue amado, sino al cual cargaba con un intenso enojo. Dice Freud:

Las ocasiones de la melancolía rebasan las más de las veces el claro acontecimiento de la pérdida por causa de muerte y abarcan todas las situaciones de afrenta, de menosprecio y de desengaño en virtud de las cuales puede instalarse en el vínculo una oposición entre amor y odio o reforzarse una ambivalencia preexistente. Este conflicto de ambivalencia, de origen más bien externo unas veces, más bien constitucional otras, no ha de pasarse por alto entre las premisas de la melancolía. Si el amor por el objeto - ese amor que no puede resignarse al par que el objeto mismo es resignado- se refugia en la identificación narcisista, el odio se ensaña con ese objeto sustitutivo insultándolo, denigrándolo, haciéndolo sufrir y ganando en este sufrimiento una satisfacción sádica.

(...)

Sólo este sadismo nos revela el enigma de la inclinación al suicidio por la cual la melancolía se vuelve tan interesante y... peligrosa

(...)

Ahora el análisis de la melancolía nos enseña que el yo sólo puede darse muerte si en virtud del retroceso de la investidura de objeto puede tratarse a sí mismo como un objeto, si le es permitido dirigir contra sí mismo esa hostilidad que recae sobre un objeto y subroga la reacción originaria del yo hacia objetos del mundo exterior.

Entonces, en estas depresiones mayores, como se las conoce en psiquiatría, aparece este rechazo. ¿Pero qué es lo que está ahí? En el duelo, la libido se desprende del objeto amado y perdido gracias al principio de realidad, volviendo al yo. El paciente en este estado sufre, pero no aparecen autorreproches de importancia.

En la melancolía, el yo se identifica al objeto amado y odiado a la vez. ¿Y dónde queda el sujeto del objeto amado? En su superyó. Esos autorreproches que vemos en la clínica tienen que ver con una identificación del paciente a ese objeto de amor perdido y odiado.

Nosotros tenemos que hacer un rastreo de esos autorreproches, del contenido de ese superyó que se dirige sádicamente al yo del paciente. ¿A quién estaban dirigidos y qué cosa se le reclamaba originalmente? De esta manera, en el momento oportuno, cuando el paciente comienza con el autorreproche se puede intervenir "Este del que usted habla no es usted", apuntando a la separación entre el objeto puesto en el yo y ese objeto.

En la melancolía, el sujeto está identificado al objeto a resto, basura... En la línea de la libido anal, que corresponden la destrucción, el odio... Mientras que en lo oral vemos la incorporación de ese objeto. El retorno de la libido produce una regresión a lo anal y lo oral. El tema es que antes de esa fijación oral no hay nada, por eso el melancólico siente que se muere. Es un sujeto al límite.


sábado, 5 de julio de 2025

Defensa y constitución del aparato psíquico: de la economía del goce a la represión primaria

Desde los inicios de la obra freudiana, el concepto de defensa ocupa un lugar central. En el marco del punto de vista económico, Freud sitúa la defensa como una función esencial, sin la cual no sería posible concebir el armado del aparato psíquico.

Si entendemos lo económico como una dinámica de energías libres, móviles e irruptivas, la defensa aparece como una respuesta estructural del aparato ante ese flujo potencialmente desorganizante. En otras palabras, el aparato se constituye precisamente en el acto de defenderse: si tal defensa no operara, el conjunto de representaciones que lo constituye se vería amenazado en su coherencia.

Lo que está en juego aquí es la tensión entre lo articulado —la red simbólica de representaciones— y aquello que puede romper dicha articulación: el goce. Desde este ángulo, es posible leer que Freud está ya situando a la trama simbólica como un cierto “arreglo” que cumple la función de defensa frente a la irrupción del goce. ¿No es acaso en este punto que la neurosis puede entenderse como una “cicatriz de la castración”?

A partir del concepto general de defensa, Freud avanzará en una serie de precisiones que culminan en la formalización de la represión como uno de sus modos fundamentales. La represión adquiere así un carácter nuclear dentro del aparato teórico del psicoanálisis. Él mismo lo afirma:

La doctrina de la represión es ahora el pilar fundamental sobre el que descansa el edificio del psicoanálisis, su pieza más esencial”.

Inicialmente, será la represión propiamente dicha —o represión secundaria— el mecanismo privilegiado en las neurosis. Entre los textos La represión y Lo inconsciente, ambos de 1915, Freud define a la represión como el proceso por el cual una representación pierde su investidura preconsciente, viéndose así privada de acceso a la conciencia.

Esta definición permite a Freud establecer una condición lógica: si no hay distinción entre inconsciente y conciencia, la represión no puede operar. Es en este marco que introduce la noción de represión primaria, entendida como la operación inaugural que instituye, precisamente, esa diferencia. Sin esta operación fundante, el aparato no se bifurcaría entre un adentro y un afuera del saber, entre lo dicho y lo que insiste sin decirse.

viernes, 4 de julio de 2025

¿Hay articulación entre la Identificación primaria y represión primaria?

La hipótesis freudiana sobre el carácter traumático de ciertas cantidades de energía que irrumpen en el aparato psíquico plantea, de forma inevitable, la cuestión de la diferencia entre lo exterior y lo interior. Quizás esta distinción representa un verdadero impasse en el pensamiento freudiano.

En cierto modo, Freud ofrece una resolución parcial de este problema desde muy temprano: si el exceso energético proviene del exterior, el aparato responde mediante la huida. El obstáculo aparece cuando esta huida se revela ineficaz. Allí Freud formula una pregunta clave, tan concisa como decisiva: “¿De qué modo se entrama lo pulsional con la compulsión de repetición?”.

La articulación entre pulsión y compulsión de repetición no solo desplaza la repetición más allá del automaton simbólico; también deslocaliza el trauma, alejándolo de la mera contingencia empírica. En este marco, la sexualidad humana se revela estructuralmente traumática, no por las vicisitudes particulares de cada biografía, sino por la participación misma de la pulsión en su constitución.

Como se indica en la Conferencia XX, La vida sexual de los seres humanos, para los sujetos hablantes, la sexualidad no se organiza en torno a la reproducción, sino al goce. Esta desnaturalización señala el lugar donde la represión primaria deja su marca inaugural: no hay relación natural con la sexualidad, sino estructura de pérdida y borde.

A medida que Freud da creciente preeminencia al punto de vista económico, se observa una cierta toma de distancia respecto de las perspectivas dinámica y descriptiva del inconsciente. Este viraje no implica un abandono de dichas vertientes, sino una reconfiguración lógica necesaria para articular la pulsión con el inconsciente, aún cuando Freud mismo advierte que la oposición entre inconsciente y conciencia no resulta operativa para pensar la pulsión.

Es precisamente esta vía la que lo conduce a formular el concepto de represión primaria, operación inaugural que delimita un borde y posibilita la constitución del inconsciente. Sin embargo, este desplazamiento suscita —al menos para mí— una pregunta que se impone con fuerza: ¿es posible establecer una consistencia conceptual y clínica entre la identificación primaria y la represión primaria?

jueves, 13 de marzo de 2025

El principio de placer y su revisión freudiana

Desde sus primeros desarrollos teóricos, Freud sostuvo al principio de placer como eje central del proceso primario. En su Proyecto de una psicología para neurólogos (1895), concibió el aparato psíquico desde una perspectiva económica, afirmando que su función primaria es la descarga de excitación mediante facilitaciones.

Aunque en esa etapa Freud no utilizaba el término estructura, la dimensión económica fue cobrando un peso progresivo en su obra, delimitando lo irreductible e incluso lo incurable dentro de lo estrictamente analítico. Durante décadas, hasta Más allá del principio de placer (1920), Freud se aferró a la idea del predominio del principio de placer, aunque ciertas manifestaciones clínicas pusieron en cuestión su absoluto reinado.

Las Neurosis Actuales como Precursoras del Giro Freudiano

Uno de los grandes desafíos teóricos para Freud fue la existencia de las neurosis actuales, cuyos modos de sufrimiento subjetivo no encajaban del todo en la lógica del principio de placer. Estas neurosis pueden considerarse el antecedente conceptual de las neurosis traumáticas, cuya observación clínica llevó a Freud, en 1920, a reformular de manera sustancial sus postulados.

El interrogante que Freud exploró a lo largo de los años fue hasta qué punto era posible sostener el principio de placer como rector absoluto del aparato psíquico. En este punto, cabe destacar su honestidad intelectual, al modificar un principio que había sido el eje de su teoría durante tres décadas.

El Estatuto Económico del Trauma

Ya en el Proyecto de 1895, Freud había postulado el principio de constancia, que implicaba que el aparato psíquico no podía reducir la excitación a cero, sino que requería una cantidad mínima de energía para su funcionamiento.

Sin embargo, lo que con el tiempo se volvió determinante fue el estatuto económico del trauma, es decir, el problema de cómo el aparato psíquico se defiende de cantidades de excitación potencialmente dañinas.

Las neurosis traumáticas fueron el campo clínico que permitió a Freud abordar esta cuestión. Hoy, podríamos preguntarnos: ¿cómo nombramos en la actualidad a estas estructuras clínicas?

miércoles, 19 de febrero de 2025

El peligro, la defensa y la escritura del trauma

Freud comienza su recorrido teórico explorando el funcionamiento del aparato psíquico y sus mecanismos. En un segundo momento, su enfoque se dirige a la pregunta sobre cómo este se constituye. Es en este marco donde el concepto de defensa adquiere relevancia, siempre en relación con la noción de peligro.

El peligro, según Freud, puede analizarse desde distintas perspectivas: ¿es posible intervenir sobre él, resolverlo? Esto permite distinguir entre un peligro "externo", del cual el sujeto puede escapar, y otro tipo de peligro, uno del que no puede sustraerse. En este último caso, emerge la pulsión como el núcleo del problema, mostrando que las coordenadas interno/externo complican la comprensión. Aquí, Freud sitúa la importancia del espacio y del borde, un borde que rompe con la oposición clásica interior/exterior propia de la geometría euclidiana.

El planteo fundamental de Freud reside en que, de manera temprana, logra vaciar al peligro de toda cualidad concreta, asociándolo a la irrupción traumática de un componente económico. El trauma, en este sentido, se entiende como aquello que excede las barreras de protección del aparato psíquico.

Lacan retoma esta concepción freudiana y la amplifica al formalizarla mediante el matema. Para Lacan, lo traumático se inscribe como lo económico que quiebra las defensas frente al peligro. Pero su escritura no opera como representación, sino como una dimensión de la formalización orientada hacia la transmisión. Escribe, entonces, el peligro asociado a la falta de garantías para el sujeto, una situación que lo deja, en cierta medida, desprovisto y solo.

En esta línea, Lacan describe el matema del significante del Otro barrado, que señala aquello que el significante "no cesa de no escribir". Esta falta es a menudo encubierta por las "ficciones de la mundanidad", pero persiste como la piedra de escándalo del psicoanálisis: el significante de una falta en el Otro. Así, el matema se convierte en una herramienta que escribe la estructura del trauma y, al mismo tiempo, la imposibilidad de una representación completa del sujeto.

viernes, 17 de enero de 2025

Pulsión, repetición y trauma: La estructuración del aparato psíquico en Freud y Lacan

Para Freud, la función primaria del aparato psíquico es la de ligar, un proceso necesario para tramitar lo económico y prevenir el impacto del trauma. La hipótesis del valor traumático de las irrupciones energéticas plantea, sin embargo, el problema fundamental de la diferencia entre exterior e interior, una cuestión que Lacan aborda extensamente en su enseñanza.

En el marco epistémico de Freud, esta distinción se revela como un impasse en su razonamiento. Freud avanzó parcialmente en su resolución al identificar la huida como un mecanismo eficaz frente a estímulos externos. Sin embargo, el problema surge cuando la huida resulta ineficaz, lo que llevó a Freud a plantear una pregunta clave: “¿De qué modo se entrama lo pulsional con la compulsión de repetición?”.

Esta conexión entre pulsión y compulsión de repetición no solo desplaza la repetición más allá del automaton simbólico, sino que también aleja lo traumático de la mera contingencia vital. El enfoque de la IPA, al tratar el "desarreglo" como algo contingente, llevó a situar la praxis psicoanalítica en lo imaginario, descuidando así su fundamento estructural.

La sexualidad humana, en este marco, se configura como traumática por definición. Más allá de las particularidades históricas de cada sujeto, lo traumático reside en la participación de la pulsión en la sexualidad, estructurando una experiencia que desborda lo contingente y se enraíza en la dimensión estructural del aparato psíquico.

miércoles, 6 de abril de 2022

Aparato psíquico posmoderno, cuerpo y afectos

Historia y funcionamiento sincrónico de sistemas o estructuras son dos perspectivas fuertemente entrelazadas, unificadas en la teoría fundacional del psicoanálisis-del mismo modo se entrelazan Aparato psíquico y contextos, individuos e Historia y Culturas.


Si se quiere usar la metáfora de la cinta  de Moebius para esta relación, vale, pero para nada más. Tienen los límites de toda metáfora. Los discursos acerca de la complejidad humana deben ser complejos pero no ininteligibles, la claridad es posible acerca de la complejidad.


Así como la singularidad, la íntima de cada análisis se teje en la urdimbre de los enunciados  generales, sin que se deban oponer singularidad y generalidades, pues el paciente X es absolutamente singular pero tiene Ello y Yo de Realidad definitivo que son universales, de la misma manera, no deben oponerse sujeto psíquico y sus contextos Histórico y Cultural.


Sin pretensión de cosmovisión, de interpretación unificadora acerca de lo humano, el psicoanálisis freudiano es, por el contrario, una teoría de la sobredeterminación, de las series complementarias, de la multicausalidad: biológica-histórica y social. No es filosofía , menos que menos metafísica, no es superepistemología, ni cántico poético acerca de todo, es, sin embargo, una complejidad epistemológica, una teoría estratégica para varios dominios de lo humano; pero siempre, siempre, mucho mas que una psicopatología.


Creo que en la teoría freudiana hay tantos esfuerzos por reconstruir las etapas tempranas del pisquismo individual, como una dedicación fortísima a pensar hipótesis que nos tornen imaginable el surgimiento filogenético de un psiquismo homo-sapiens (u homo-sapiens-demens de Edgard Morin).


En el asesinato del padre Primitivo, con el jefe homo de la horda precultural Freud trata de discernir un drama mítico de necesidad y pasión. Satisfecho el odio con el asesinato, resurge el amor al muerto en los parricidas, el amor como añoranza reprimida de un líder, olvidado en la conciencia. Gran parte de lo que fue deseo del protopadre vuelve esta vez en la mente de los hijos como normas, como prohibiciones totémicas.


Un mismo, trágico hecho, es el que tiene como efectos coetáneos a la primera división psíquica como distribución de sistemas Consciente e Inconciente y a la primera organización Cultural como sociedad totémica.


 Es el padre Idealizado-amado el que forma el núcleo colectivo un  Ello, que comenzará entonces con su productividad perverso-polimorfa, reinventada en cada patrimonio individual, aquí el Ello y el Ideal coinciden.


Freud era evolucionista lamarkiano e hizo un esfuerzo por reconstruir los albores mentales de la humanidad con lo poco que sabía, sabiamente llamó a su historia del padre primitivo “so just story” aunque años más tarde se aferró a ella. Pero son problemas de parto de la teoría que no nos obligan a nosotros a aferranos  a él, al parto. Sí admiro su evolucionismo, su socio-historicismo su psicología social.-


Volviendo a su historieta del Padre primitivo: Satisfecho el odio por el asesinato surge en los filicidas el amor como añoranza de un líder que han olvidado reprimido. Gran parte de lo que fue deseo del protopadre (apropiarse de todas las hembras e impedirles el acceso a ellas) retorna una vez que lo asesinan como prohibiciones a través de su sustituto simbólico: el Tótem, las prohibiciones totémicas.


Un mismo trágico hecho: el asesinato del Padre por parte de la coalición de hermanos tiene como efectos coetáneos a la división psíquica en la mente de cada hno. Como distribución de sistemas Inconciente y Conciente en tanto han reprimido al Padre asesinado y la primera organización Cultural para Freud como Sociedad Totémica. Sabemos que no es cierta pero es importante para el surgimiento del pensamiento freudiano.-


Es el Padre idealizado-amado el que forma el núcleo colectivo de un Ello que comenzará entonces con su productividad perverso-polimorfa, reinventada en cada patrimonio individual, en este caso Ello e Ideal coinciden. En tanto retornado como Totem en la sociedad de los hijos, por primera vez se construirá un Derecho y un sistema de parentesco.


Desde este muy hipotético momento la teorización freudiana postula una historización conjunta de Aparato Psíquico y Cultura, siendo impensable la variación disyuntiva de uno sin la otra. Todo lo cual está muy lejos de suponer la direccioalidad voluntaria de estos cambios a propuestas de políticas utópicas.


Hay sistemas colectivos de valores organizados como SuperYo Cultural, en base a los cuales se constituyen los Superyoes individuales, recibiendo así una parte de la herencia arcaica, que define espacios representacionales ya sea a favor o en contra de esos valores.


La identificación edípica a los padres mediatiza mediatiza entonces la identificación a una particular concentración de los siglos en un momento Cultural, constituyendo el presente que nos espera al nacer.


Puede haber Naufragio del Complejo de Edipo, individuación y autonomización de los padres. Lo que no hay, ni siquiera en la figura del revolucionario, es separación de ese nuevo y portentoso útero que es la Cultura como albergue necesario de cada Aparato Psíquico.


Seguramente Freud Hiló grueso, pero alcanzó a distinguir 3 tipos de SuperYoes Culturales: Totémico, Politeísta y Monoteísta, a los que hay que suponerles consecuentes SuperYoes individualizados. Tomó a la línea religiosa como un eje productivo, centrifugador de Valores. Eficacias motivadoras, exigentes y consoladoras de una época.- Es modelo útil que sin duda nosotros podríamos complejizar mucho mas.-


La conciencia moral o el SuperYo Cultural Tabú es un código de restricciones sin justificación enunciable. La ética politeísta es una SuperYo Cultural aún muy cercano a la representación pulsional, los dioses enarbolan principios y debilidades pasionales; el SuperYo Monoteísta erige por primera vez un dios invisible, alejado de la sensualidad y de la magia, enuncua sus leyes, castiga según la Tablas de la Ley. Pero no son sólo los sistemas axiológicos históricos los que cambian únicamente; cambia la materia misma del Sy humano y al cambiar el SuperYo, las diferentes edades históricas definen elpropio meollo del Yo de Realidad Definitivo,al procesar y proponer la racionalidad posible a esa época, características del Sistema Preconciente, ligadas tónicamente por el Lenguaje.


Estas racionalidades históricas organizadas colectivamente fueron llamadas por Freud: Formación de Sistema y él distinguió también a 3,de manera igualmente gruesa: Formación de Sistema Animista, Formación de Sistema Religioso y Formación de Sistema Científica.


Por más grueso, e inexacto quizás que sea su delineado, abrochan fuertemente a la teoría psicoanlítica en la perspectiva de que, si bien, cda Yo pos edípico se llama: de Realidad Definitivo, las Representaciones de Realidad como una de sus tareas esenciales no puede ser históricamente definitiva. Ella resulta del esfuerzo individual en el seno de una producción colectiva que organiza el campo de lo percibido, que tramita, metaboliza la información de los perceptos.- 


Fuente: Lucioni, Isabel, Actualización del artículo de 1993 publicado en la RAP de octubre: "APARATO PSÍQUICO POSMODERNO, CUERPO Y AFECTOS"

martes, 28 de diciembre de 2021

¿Por qué el mero esclarecimiento del conflicto no resuelve la neurosis?

 ¿Qué dificultades acarrea conceptualmente la idea de la defensa en términos de que el mero esclarecimiento del conflicto no resuelve la situación? ¿Cuál es, en definitiva, el concepto que  entre 1894 y 1904 está en pleno desarrollo y construcción pero que aún no ha podido terminar  de articular en los primeros escritos?  

En Sobre la iniciación del tratamiento (1913), Freud justamente se pregunta: “¿Cómo podía ser que el enfermo, conociendo ahora su vivencia traumática, se comportara empero como si no supiera más que antes? Ni siquiera el recuerdo del trauma reprimido quería aflorar tras su comunicación y descripción.”


Agrega Freud (1913): “los enfermos saben sobre la vivencia reprimida en su pensar, pero a este último le falta la conexión con aquel lugar donde se halla de algún modo el recuerdo reprimido. Sólo puede sobrevenir una alteración si el proceso consciente del pensar avanza hasta ese lugar y vence ahí las resistencias de la represión”.


De esta manera, la mera comunicación conciente de lo reprimido no deja de producir efectos en el enfermo. Sin transferencia, podemos decir, no hay tratamiento. Para Freud, la transferencia era una palanca exitosa al tratamiento ó el arma más poderosa de las resistencias. 


El término Übertragung, que significa transferencia, también aparece como sinónimo de resistencia. Freud la nombra cuando dice que el paciente detiene sus asociaciones. Freud dice que lo que ahí hubo fue una transferencia, en el sentido que el paciente transfirió a la persona del médico una idea o una fantasía. El paciente no puede seguir hablando, porque se trata de la manifestación de un deseo actual que incluye a la persona del médico.


¿Pero en qué punto se anudan transferencia y resistencia? Dice Freud en Dinámica sobre la transferencia (1912): “Las mociones inconcientes no quieren ser recordadas, como la cura lo desea, sino que aspiran a reproducirse en consonancia con la atemporalidad y la capacidad de alucinación de lo inconciente. Al igual que en el sueño, el enfermo atribuye condición presente y realidad objetiva a los resultados del despertar de sus mociones inconcientes; quiere actuar {agieren} sus pasiones [...]”


La resistencia ocurre porque, según Freud (1912) “la enfermedad del paciente a quien tomamos bajo análisis no es algo terminado, congelado, sino que sigue creciendo, y su desarrollo prosigue como el de un ser viviente”.


De esta manera, “La iniciación del tratamiento no pone fin a ese desarrollo, pero, cuando la cura se ha apoderado del enfermo, sucede que toda la producción nueva de la enfermedad se concentra en un único lugar, a saber, la relación con el médico”.


La neurosis, que estaba causada en un lugar desconocido que hay que averiguar en el transcurso del análisis, toma al analista como causa. El analista se vuelve causa de esa nueva neurosis donde se produjo la transferencia y que Freud llamó, justamente, neurosis de transferencia. Freud dice que la única neurosis que podemos curar es la neurosis de transferencia, de manera que “ya no se está tratando con la enfermedad anterior del paciente, sino con una neurosis recién creada y recreada que sustituye a la primera”.


Lo importante, resumiendo, es que la neurosis se forma alrededor de la transferencia con el analista. Esa neurosis toma como núcleo y como objeto al analista.


La idea de defensa, por otras parte, presenta la pregunta sobre la perdurabilidad  de las representaciones fuera de la conciencia del enfermo, por qué siguen teniendo eficacia, fuerza y significación. Además, la defensa rompe con la idea de que lo psíquico sea la consciencia, justamente porque la defensa separa de la consciencia a un grupo de representaciones, que son las que forman los síntomas. Este es el antecedente del concepto del inconsciente.


Mientras que en el “Proyecto…” los grupos de representaciones separados corresponden a la dinámica de la “neurona” y de la “cantidad”; en “La interpretación de los sueños” esta  dinámica se debe a las ideas de representación y afecto.


Lo inconsciente es una sumatoria de procesos complejos múltiples que se configura poco a poco. Por tanto, uno no nace con un inconsciente. Según los registros mnémicos en sus reordenamientos, se establece paulatinamente. Podemos hablar de inconsciente descriptivo ( inconsciente propiamente dicho y el inconsciente que no está en la consciencia pero que con atención se lo puede traer), dinámico ó tópico. Este último es el que nos interesa en psicoanálisis. Es imposible concebir el inconsciente tópico sin el otro sistema preconsciente consciente. 


Para plantear el inconsciente, Freud partió de un aparato perceptivo, que como en cada especie, tramita los estímulos que penetran en el aparato psíquico humano. La organización de los signos perceptivos (cara 52) producto del procesamiento da lugar a las representaciones freudianas. Si esa representación queda como transformación permamente del sistema, será una huella mnémica. Hay representaciones que pueden no transformarse en huellas mnémicas y no alterar permanentemente el sistema. Al transformar permanentemente el sistema, van constituyendo al aparato psíquico.


Las representaciones que habitan el inconsciente son representaciones de pulsiones, que se rigen por el proceso primario. Esto implica que la energía que se encuentra dentro de ese sistema es energía libre, se puede desplazar de representación en representación, o condensarse en una sola representación. 


El proceso primario, propio del inconsciente, es indiferente a la realidad y actúa por el principio de placer-displacer, donde de lo que se trata es de evitar el displacer. La irrupción del proceso primario se ve en los fallidos, lapsus, olvidos, el síntoma y los sueños. Lo que está reprimido en el inconsciente, produce efectos. Esos efectos sí llegan a la consciencia pero son incomprensibles para el sujeto, que lo vive como algo extraño y ajeno.

sábado, 7 de diciembre de 2019

¿Qué son las representaciones cosa y las representaciones palabra?

Hoy vamos a seguir hablando de los componentes básicos que constituyen al aparato psíquico. En la entrada anterior vimos que se trataba de representaciones, huellas mnémicas e investidura. Esta vez agregaremos los conceptos de representaciones cosa y las representaciones palabra.

Toda huella mnémica tiene investidura: representacion y huella mnémica no son términos separados. La huella mnémica es una representación que ha transformado permanentemente al sistema; tiene fuerza, capacidad dinámica. Por eso, el aparato psíquico no es una colección de fotografías, sino una estructuración de informaciones que tiene fuerza. Esas huellas mnémicas, representaciones e investidura se dividen fundamentalmente en 2 clases: representaciones cosa y representaciones palabra.

Representaciones cosa. Es la traducción en español de sarvorstellung dingvorstellung Llegan hasta la represión primaria





O sea, el ello, que es la parte más basta del aparato psíquico está constituído por representaciones cosa. Las representaciones cosa son aquellas representaciones preconceptuales, constituidas por restos perceptivos directos.


Por ejemplo, lo más básico que un chiquito tiene de lo que come llega a decir en los primeros balbuceos "teta" ó "papa" a todo lo que ingiere y le pone el mismo nombre. Es una clase amplia de lo que ingiere. Esa palabra, aún siendo un balbuceo, no es un concepto, sino que abarca todo lo que el niño ingiere. O sea, es representación cosa. Piaget decía que es la idea de todo lo chupable, todo lo comible. Esa es representación cosa.


El fonema es el sonido, que remite a una idea. La idea es la extensión perceptiva. No hay que confundir fonema "papa" con la idea que tiene un chiquito de todo lo que entra en la boca, agrupando una cantidad de percepciones directas. Esas percepciones directas son justamente lo que llamo restos perceptivos directos y no son conceptos. El concepto sería, por ejemplo: leche, carne, pollo, pescado... El concepto implica discriminación de clase. Lo comible de los primeros meses, en cambio, es resto perceptivo directo. Para el niño, todo es chupable y metible en la boca y entonces hay que sacarle algunas cosas, porque el niño se mete todo en la boca. Cuando el niño que crece, él puede llegar a decir "papa", por ejemplo, pero ahí ya tiene la clase concreta, porque apenas tiene prensión se lo mete en la boca. En cualquier juguetería vemos que algunos juguetes alertan del peligro para niños menores de 3 años porque contiene partes pequeñas que se pueden tragar. El niño pequeño no tiene la clase concreta de que algo no es metible en la boca.


Las representaciones cosa tienen clase concretas. Son restos perceptibles concretos. De esas representaciones concretas, hay algunas especiales donde se han cruzado fuerzas corporales importantes, como necesidades corporales que se han cruzado con experiencias reales provenientes del exterior. Por ejemplo, hambre se puede cruzar con la satisfacción del pecho, de la comida que da la madre y se han constituido en vorstellung representanz das trieb, en castellano, pulsiones.


Las pulsiones, dentro de las representaciones cosa, tienen un estatuto particular. Son un pequeño andamiaje complejo. Tiene fuente, fin, objeto (siempre parcial) y otra investidura particular que se llama drang. El drang es una investidura que puja compulsivamente, como si fuera un instinto. Todo junto, vorstellung representanz con sus componentes, ha sido traducido como "pulsión". Equivocadamente, Lopez Ballesteros la tradujo como instinto. Esto ha sido salvado en otras traducciones más finas como pulsión. Pulsión es un concepto muy compejo dentro de las reprentaciones cosa y son los componentes esenciales del ello.


Todas las pulsiones son representaciones cosa, pero no todas las representaciones cosa son pulsiones. La pulsión es aquella exigencia del cuerpo que hace el psiquismo. Necesidad corporal cruzada con estímulos externos. Por ejemplo, el hambre con la experiencia de satisfacción, ahí se constituye la pulsión sexual agresiva oral. Todos estos estratos del cuadro dan pulsiones distintas, que son representaciones cosa, pero complejas.


Por otro lado, entre los componentes de la pulsión también está la cuota de afecto (afektbetrang). El drang, que es el empuje de toda pulsión, desarrolla afectos. De esta manera, los componentes de la pulsión son fuente, objeto, fín (meta), drang (empuje) y cuota de afecto.

La investidura de la pulsión se llama drang y esto hace que empuje compulsivamente, a diferencia de la investidura de cualquier otra reprsentación cosa, que exige un trabajo al psiquismo pero no de manera compulsiva. Lopez Ballesteros la tradujo como instinto porque el drang opera como si fuera un instinto, pero no lo es. Una vez sobreinvestido todo lo que se ha podido y establecida la represión primaria, se establecen las estructuras secundarias: yo y superyó. Las dos son representaciones a predominio conceptual verbal, es decir, las palabras remiten a conceptos complejos, como lo señalan los lingüistas, conceptos a ramificación complejos, pero son conceptos. Recién ahí esas representaciones se llaman representación palabra y tienen investidura, que como dijimos, son fuerza. 

La fuerza de estas significaciones, de las representaciones palabra, es ligada. Cada concepto tiene energía ligada, por más complejos que sean los conceptos tienen energía ligada, tónica o fija. En cambio, las representaciones cosa, ya sean drang o investiduras tienen energía móvil, es decir, no es ligada. Por eso las leyes del inconsciente son desplazamiento y condensación y obedecen al principio del placer.



En cambio, la energía de la representación palabra, al ser tónica, fija o ligada, obedece al principio de realidad. O sea, a las leyes sintácticas, semánticas, lógicas y al examen de realidad.


Todo en el aparato psíquico es dinámico, aunque la dinámica de las representaciones cosa y palabras sean diferentes. La metáfora qye podemos usar es que esta es una máquina viva, que vive en nosotros, con una organización especial en cada estrato. Han habido sobreinvestiduras en los estratos, de manera que si un estrato es sobreinvestido mayormente por otro, deja pocas fijaciones en el primero. Todo depende, en parte, de la cantidad de sobreinvestiduras de estrato y la cantidad de fijaciones que cada estrato haya dejado detrás, hasta llegar a represión primaria, donde se juega la totalidad de sobreinvestidura que se efectuaron y ya quedan jugadas la huella mnémica de fijaciones que quedaron aquí. Para cada uno de nosotros hay una huella digital de fijación.



El análisis sobreinviste con trabajo analítico estas huellas fijadas. Estos aspectos del aparato psíquico cson básicos y de alguna manera es lo más desconocido de Freud por parte de los psicoanalistas. Paradójicamente, esto ha sido atacado por todos los post freudianos. Con la metapsicología vamos dando cuenta de cómo funciona el aparato psíquico en términos tópicos (donde se inscriben las representaciones cosas: en el ello), el aspecto dinámico (movimiento de la energía) y el aspecto económico (el principio del placer inconsciente). Esto repercute en la clínica y no se puede entender la psicopatología ni el proceso psicoanalítico sin entender esto.

sábado, 30 de noviembre de 2019

¿De qué está hecho el aparato psíquico?


En esta entrada veremos los conceptos de representación, investidura y huellas mnémicas.

Todos los científicos, como Freud, parten de la base de que hay un mundo exterior real y que debemos conocerlo. No se plantean los problemas del tipo lacaniano, donde lo real es lo imposible. Por lo tanto, Freud plantea un aparato perceptivo, que como en cada especie, tramita los estímulos que penetran en el aparato psíquico humano.



Cada especie tiene un aparato perceptor. En cada especie los estímulos del mundo exterior son seleccionados y procesados de una manera particular. Ese procesamiento, en primera instancia, por las capacidades del cerebro y los órganos perceptivos, se llama signo perceptivo, como leemos en la carta 52 de Freud. Además, el signo perceptivo tiene una particular organización según las capacidades de cada etapa de la vida, que son las dibujadas según los estratos.



Esa particular organización que adquieren los perceptos son las representaciones freudianas. Hay que hacer una gran defensa de la categoría de representación, porque a la representación freudiana se la ha acusado -sobretodo en la escuela francesa y Lacan- de copia de la realidad. Desde la idea de signo perceptivo y la idea de procesamiento, según las capacidades de cada etapa de la vida, la representación no es una foto, ni una copia: es procesamiento. Por lo tanto, si esa representación queda como transformación permamente del sistema, será una huella mnémica. Es decir, se transforma en memoria y nuestro cerebro se transforma permanentemente. Esa huella mnémica será la base del aparto psíquico. 

La representación, tanto como la huella mnémica, es información. La mejor forma de comprender el concepto de representación es que representación y huella mnpemica son informaciones. Si fueran imágenes, como se ha propuesto, todos tendrían el mismo aparato psíquico. Son procesamientos con un alto nivel de individualización. 

Otro aspecto de la representación freudiana, aún mas difícil de entender, es que la representación ha sido traducida equivocadamente por Lopez Ballesteros como "carga". En realidad, besetzung es "posición, ocupación", que quiere decir que tiene capacidad dinámica. Por eso también se va transformando en partes del aparato psíquico. A la representación no hay que imaginarla como algo estático, sino como un punto energético que produce actividad.

El aparato psíquico es una acumulción de representaciones que son informaciones con capacidad dinámica. Es decir, esas informaciones son fuerzas que operan promoviéndonos conductas, discursos, acciones y promueven afectos, si bien tenemos afectos que son esquemas filogenéticos: amor, miedo, complaciencia. Las representaciones, en la medida que van avanzando, procesan afectos como parte de su capacidad dinámica. Por lo tanto, esas representaciones, sobre todo cuando se transforman en huellas mnémicas, o sea en transformaciones permanentes del sistema que es lo que constituye al aparato psíquico, son productoras y transformadoras de afectos y conductas. Cuando llega la representación palabra, productoras y transformadoras de pensamientos y discursos. 

Hay representaciones que pueden no transformarse en huellas mnémicas y no alterar permanentemente el sistema. Al transformar permanentemente el sistema, van constituyendo al aparato psíquico. Esas representaciones tienen cualidad y calidad diferente. Las primeras son representaciones cosa, es decir, restos perceptivos directos con poca elaboración cognitiva y de pensamiento. En la medida en que se va avanzando, los pensamientos van avanzando también. 

El lenguaje se va incluyendo poco a poco, hasta que cruzando la barrera de la represión primaria y el naufragio del complejo de Edipo, este último estrato queda a predominio de la representación palabra y de los procesos de pensamiento y cognitivos secundarios, que permiten la representaciones palabra. Esta es la parte más avanzada y compleja de las organizaciones en el aparato psíquico. 

La representación, en tanto configuración particular del percepto, nos da cierta individualidad, en el sentido que organizamos nuestra percepción. Por eso, el análisis es un trabajo altamente individual, lo que no quiere decir que no hagamos análisis de pareja, de grupos... Siempre nos ocupamos individualmente de las interacciones, aún en lo grupal y en la pareja. Aunque las palabras, los valores culturales den un alto sentido homogeneizante al aparato psíquico, lo cierto es que ha sido formado con un alto grado de individuación, en la medida en que incluso esos valores culturales han sido incluidos con un alto grado de procesamiento individual. Hay una memoria que se va instalando, no solo del mundo que nos rodea, sino del propio cuerpo. 

Antes señalábamos que este aparato psíquico está abierto al soma y al mundo exterior. Tanto las representaciones como las huellas mnémicas tienen una fuerza, una capacidad de producir trabajo. Eso es la investidura como ocupación. En la medida que vamos representando nuestras experiencias, o pudiendo pensar, esas mismas representaciones también van funcionando internamente como estímulos, de tal modo que las representaciones condicionan nuestra percepción. "Nuestra cabeza" está llena de fuerzas, cada concepto que incorporamos son fuerzas y cuando analizamos liberamos fuerzas y eso es lo que nos encontranos en los análisis: resistencias, fijaciones. Cuando habamos de fuerzas, quiere decir capacidad de esfuerzo y trabajo. 

El análisis, lo que cura, tiene poco de insight. Lo que Freud llamó cura analítica es sobretrabajo: trabajar una y otra vez, perlaboración. El paciente y el analista tienen que trabajar liberando fiuerzas para que logre una organización más complejas, con la fuerza de eros, que tiene a la complejización. Hablaremos de eros y muerte en otro momento.

En la etapa oral, las representaciones comienzan organizándose por simultáneidad, analogía y causalidad. En el final, precosciente, consciente, yo de realidad definitivo, superyó. La organización es organización palabra. Toda la zona de la izquierda es ello, donde rigen las reresentaciones cosa. Las pulsiones, por ejemplo, son representaciones cosa. 

Cuanto más "colchón simbólico" tiene el aparato psíquico, se accede a un mundo mucho más complejo. El resultado de análisis de un paciente es que entienda que queda mejor acondicionado para trabajar. Se liberan fuerzas para que él trabaje mejor. Mayor colchón simbólico significa menor tendencia al Nirvana. Si pudiéramos definir brevemente al psicoanálisis, es que el psicoanálisis trabaja en contra del principio de Nirvana. Cada ganancia va generando más empuje a ese colchón para representar y complejizar. El psicoanálisis ayuda a complejizar. 

Un psicoanálisis cambia la forma de pensar y de percibir. Si uno cambia representaciones y las libera, cambia la forma de percibir. Un paciente aparenta tener un insight, pero repite lo que el analista le interpretó sin dejar de percibir igual que antes. Entonces, no podemos hablar ahí de perlaboración. 

Pŕoxim entrada:  ¿Qué son las representaciones cosa y las representaciones palabra?

viernes, 10 de mayo de 2019

La dispersión del psicoanálisis y su desconocimiento de su objeto de estudio.

La dispersión del psicoanálisis tiene  como fundamento la negación y el desconocimiento de su objeto de estudio. Los psicoanalistas se han congregado muy flexiblemente alrededor de la idea de represión de la sexualidad y del inconsciente. Sobre el inconsciente, tienen también una idea muy flexible. Inconsciente puede ser usado en 3 sentidos:
  • Descriptivo.
  • Tópico.
  • Dinámico: Es como lo usa la mayoría. Por ejemplo, Winnicott dice que el sentido de inconsciente es dinámico y que sobre este sentido se ha producido muchísima ciencia. Él se refiere a eso en 1963, a una enorme producción de papers, de escritos. 
Piera Allagnier dice que hará una nueva topología, topografía, usando el sentido de inconsciente de Freud cualitativo. Cualitativo es descriptivo. Ahora, da la casualidad que para Freud el único sentido psicoanalítico es el inconsciente tópico. Tópico quiere decir sistema inconsciente, es decir, el que define contenidos representacionales y el proceso primario. Es decir, contenidos y leyes. Obviamente, este inconsciente tópico no flota en el aire, porque esta es otra cosa que me llamó la atención desde que era joven. Y aquí vuelvo a ser, más que historiadora del psicoanálisis, testigo de una historia. Yo tenía 25-26 años y ya me llamaba la atención que los psicoanalistas dijeran que nuestro objeto de estudio era el inconsciente. Y yo me preguntaba cómo, si el inconsciente no flota en el aire, sino que está definido a partir del pcc-cc, que es el otro sistema tópico. O sea, que lo que Freud descubre es un aparato psíquico en una primera tópica (icc, pcc-cte). Es imposible concebir el inconsciente tópico sin el otro sistema preconsciente consciente

La otra cosa que llama la atención es que los psicoanalistas, además de lo que dije, no coincidan en la articulación de las 2 tópicas históricas. Están articuladas. Freud, pasando los años 20, no abandona la primera tópica, sino que rearticula complejamente icc-pcc-cc en ello, yo y superyó. Uno de los motivos -uno solo- es justamente que no quiere que usen descriptiva y dinámicamente el concepto de insconciente. Los otros motivos son que la teoría se habían hipercomplejizado. Considerarla hipercompleja es difícil y la mayoría de los psicoanalistas no solo no usa la primera tópica completa, sino que no usa la tópica que yo llamo definitiva. esta tópica debería ser lo que Kun llama el paradigma de trabajo para una ciencia que podría llamarse normal. Y debería ser el objeto del psicoanálisis. Esto no es patrimonio común de los psicoanalistas.

Pregunta: ¿No hay consenso del objeto de estudio?
- No, de ahí que cada uno produzca tomando un pedacito que le guste de la teoría. Por lo tanto, la dispersión teórica, técnica y clínica.

Pregunta: ¿Y por qué pensas que existen estas diferencias que en su mayoría son de base?
- Primero, al narcisismo. Todos se sumaron al psicoanálisis creyéndose socios del descubrimiento del inconsciente y de la cura por la palabra y creadores de puro derecho de estos conceptos: el inconsciente y la cura por la palabra, con lo cual todos empezaron a ser creadores, algunos dando aportes, pero como una creatividad destructiva. Llamo creatividad destructiva a aquella creatividad que no nos ha permitido construirnos como ciencia y que ha producido la dispersión de aquello que se llama psicoanálisis en una multiplicidad de escuelas que se quiere unificar políticamente o con modales de buena educación.

Pregunta: Retomando la idea del objeto de estudio del psicoanálisis, vos lo que estás diciendo es que es el aparato psíquico. ¿Qué relación tiene eso con la metapsicología?
- Justamente, Freud llamó metapsicología a la construcción teórica de icc-pcc-cc, porque en la psicología era la teoría que iba más allá de la psicoalogía conocida, la psicología consciente. Por lo tanto, la primera metapsicología es icc-pcc-cc. Cuando la rearticula en ello, yo y superyó, esa es la metapsicología. Metapsicología, por lo tanto, es toda la teoría del aparato psíquico. 

Pregunta: Y comprende además las perspectivas que tienen que ver con lo tópico, lo dinámico y lo económico.
- ES lo tópico, lo dinámico y lo económico.

Pregunta: O sea, lo económico en tanto distribuyen los destinos de las representaciones. 
- Los principios económicos son internos a la metapsicología. Lo mismo que las fuerzas en conflicto, lo mismo que eros y muerte, lo mismo que representación palabra y representación cosa, lo mismo que representación pulsional, lo mismo que los valores del superyó. Todo eso es interno a la concepción metapsicológica.

Pregunta: ¿Se podría hablar de las relaciones que hay entre estos 3 aspectos que mencionábamos recién de la metapsicología (tópico, dinámico económico)
- Tópico  engloba a lo dinpamico y a lo económico, porque tópico es el sistema. De todos modos, Freud lo especificó. Dijo que descripción metapsicológica es tópica, dinpamica y económica. Dentro de los sistemas hay fuerzas en conflicto. Están las fuerzas pulsionales, cada representación tiene investidura, la investidura que es capacidad de trabajo. O sea que son fuerzas en conflicto. Todo el aparato está atravesado por las fuerzas de eros y muerte. Todo eso imprime dinámica. Además, anaké es la demanda de la vida, esa también no sé si es una fuerza precisamente, pero son estímulos que demandan al aparato psíquico, le demandan trabajo y el aparato psíquico responde con las dinpamicas internas. Los principios económicos, que son 4 y no 3, como muchos psicoanalistas creen, que confunden la constancia con el principio de Nirvana. La constancia es un principio que tiende a mantener lo más constante que puede cada sistema y tiene principios que le responde de diferente manera. Esos 3 principios que responden al principio de constancia de diferentes manera, son: 
  • El principio de nirvana, que tiende a 0.
  • El principio de placer, que busca el placer inmediato.
  • El principio de realidad, que busca el placer obedeciendo al examen de realidad y a los valores del superyó.

De esta manera, mantiene la mejor constancia posible. Entonces, la descripción psicoanalítica tiene que ser compleja desde el vamos, porque tiene que ser tópica, dinámica y económica. Por lo tanto, la descripción psicopatológica, tiene que ser una descripción que haga de esta descripción metapsicológica. 

Pregunta: Y esta descripción nos permite realizar diagnósticos.
- exacto. El diagnóstico psicoanalítico es muy diferente a un diagnótico de DSM, aunque esté complejizado, porque tiene que seguir la pauta del diagnótico metapsicológico y los seguimientos de los pacientes deben ser seguimientos con la descripción metapsicológica. Es complejo, pero no sé por qué no debería serlo. La física es compleja, el paradigma de la evolución ha sido complejo y lo sigue siendo. No veo por qué el alma humana, articulada entre la biología y la historia (lo cultural) tendría que ser simple.

Freud no desechó conceptos y cuando lo hizo avisó, como lo hizo con la teoría de la angustia cuando avandonó la primera teoría pulsional. Él avisa cuando abandona, no es que se la pasó cambiando. Ese es otro mito interesado que algunos psicoanalistas y sobre todo uno en Buenos Aires publicita.