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viernes, 20 de febrero de 2026

El corte como operación estructural en la enseñanza de Lacan

El concepto de corte adquiere una relevancia central en la enseñanza de Lacan, en la medida en que resulta inseparable de la operación del significante. Allí donde el significante opera, introduce necesariamente una discontinuidad. No hay significación sin corte.

Podemos distinguir, en este sentido, diversos estatutos del corte. En un primer nivel, de carácter sincrónico, el lenguaje mismo produce un corte sobre el viviente: lo desnaturaliza. La entrada en el campo del lenguaje separa al sujeto de la inmediatez biológica y lo inscribe en una estructura simbólica que altera radicalmente su relación con el cuerpo y con el goce.

Asimismo, la barra del algoritmo saussuriano —que separa significante y significado— puede leerse como la escritura de un corte. Lacan retoma esta cuestión, entre otros lugares, en Radiofonía, donde subraya que la barra no es un simple recurso gráfico, sino la marca de una hiancia estructural. El significante no se superpone al significado; lo divide.

La operación del significante del Nombre-del-Padre constituye otro estatuto del corte. En la medida en que introduce la ley de la metáfora paterna, produce una separación decisiva: desalojar al niño de la posición de objeto-falo para la madre. Este corte es condición de subjetivación, pues permite al niño inscribirse como sujeto del deseo y no como objeto del deseo materno.

Más adelante, Lacan deberá dar cuenta de la estructura de la interpretación analítica incluyendo explícitamente la dimensión del corte. La interpretación no se reduce a producir efectos de sentido; su eficacia radica, muchas veces, en introducir una escansión, una interrupción, un corte que afecta la economía de goce del sujeto. En la práctica analítica no sólo está en juego el significante, sino también el cuerpo, lo libidinal y lo pulsional, es decir, el campo del objeto a. El corte apunta entonces al goce y no únicamente al sentido.

El concepto adquiere además una importancia particular en el abordaje nodal de la cadena borromea. En esa formalización, los cortes, empalmes y suturas permiten pensar cómo se anudan —o se desanudan— lo real, lo simbólico y lo imaginario en cada sujeto. El corte no es aquí mera metáfora, sino operación topológica que incide en la consistencia misma del nudo.

En términos generales, el corte implica separación y, más radicalmente aún, pérdida. Lacan introduce con esta noción una dimensión que excede la simple falta. La falta supone un lugar vacío susceptible de ser ocupado por sustitución o permutación; la pérdida, en cambio, señala un desasimiento estructural que no admite restitución. Es en este punto donde el corte adquiere su radicalidad: no designa una carencia a completar, sino una marca irreversible que constituye al sujeto en su relación con el deseo y con el goce.

lunes, 2 de febrero de 2026

Del lenguaje al sujeto: operaciones significantes y castración del Otro

Partimos del pasaje que va de la estructura del lenguaje a la constitución del significante en el sujeto. Si bien el significante preexiste en el campo del lenguaje, no por ello está ya dado en el sujeto: su inscripción requiere una operación específica, una mediación que solo puede provenir del Otro. Es en ese punto donde se vuelve decisiva la función del Otro como instancia operante, y no meramente como depósito del lenguaje.

La fórmula lacaniana el inconsciente es el discurso del Otro da cuenta justamente de esta operación. No se trata de un Otro abstracto, sino de alguien que, al ocupar ese lugar y hacer uso del significante para significar, imprime en el sujeto una serie de marcas, huellas y determinaciones. El inconsciente no es entonces un interior psicológico, sino el efecto de una operatoria significante que se ejerce desde el campo del Otro.

La pregunta que se impone es: ¿cuáles son las operaciones significantes necesarias para que el inconsciente, en tanto discurso del Otro, se instituya en el sujeto? Es en este punto donde Lacan retoma y reelabora la herencia freudiana del Edipo, desplazándola de una lógica narrativa o imaginaria hacia una lógica estrictamente significante.

En esta reformulación, ni la madre ni el padre cuentan como personajes empíricos. Lo que importa no son las figuras, sino las funciones. La madre interviene en tanto significante del deseo: es por la vía del deseo de la madre que el sujeto queda inicialmente capturado en la cadena significante. El padre, en cambio, interviene por la vía del nombre, a través del significante del Nombre-del-Padre, que introduce una operación de corte y de ordenamiento en ese campo.

Delimitar estas operaciones —la función del deseo materno y la operación del Nombre-del-Padre— permite situar, en la estructura del grafo del deseo, un pasaje fundamental: aquel que habilita el tránsito desde la cadena del enunciado hacia la cadena de la enunciación. No se trata de un simple cambio de nivel, sino de una transformación estructural en la posición del sujeto respecto del Otro y del significante.

Este pasaje tiene una consecuencia decisiva: la introducción de la castración en el Otro. En el nivel del enunciado, el Otro aparece ilusoriamente como completo, consistente, sin falla. En cambio, en la enunciación se inscribe en el sujeto el significante de una falta en el Otro. El Otro ya no es pleno: está atravesado por una imposibilidad estructural.

Esta castración que afecta al Otro no es un accidente ni un déficit contingente, sino una condición estructural que es consustancial al lugar mismo del sujeto. El sujeto, en tanto efecto del significante, no es otra cosa que esa falta hecha consistencia: el sujeto es la falta significante misma. Es desde allí que puede hablar, desear y quedar dividido por el lenguaje que lo constituye.

lunes, 22 de diciembre de 2025

La hiancia simbólica y la escucha de lo no dicho

La función evocadora de la palabra pone en juego la dialéctica de presencia y ausencia que funda el orden simbólico. En ese sentido, el intervalo no es un accidente ni una mera separación entre términos, sino un rasgo estructural: lo simbólico no se constituye por simple yuxtaposición, sino por la articulación sostenida en una hiancia que la hace posible.

Las formalizaciones clásicas de esta oposición —presencia/ausencia, fort-da, S1–S2— dan cuenta de un mismo operador fundamental, ya desde los momentos inaugurales de la enseñanza pública de Lacan. A este conjunto puede agregarse el par palabra–silencio, en tanto el silencio no se opone a la palabra, sino que la integra: el silencio es también una forma de decir y, como tal, puede operar como respuesta, por ejemplo en el silencio del analista frente a la demanda.

Que el silencio pueda funcionar como palabra abre la posibilidad de dar lugar a lo no dicho, que no debe confundirse con lo imposible de decir. Lacan insiste en la necesidad de “aguzar el oído a lo no dicho”, lo cual no implica un esfuerzo por adivinar contenidos ocultos, sino una orientación de la escucha: el analista se dirige a los bordes del decir, a aquello que queda en los márgenes o se produce como vacío en el discurso.

¿Dónde se hace oír lo no dicho? En las vacilaciones, en los puntos de sinsentido, en las contradicciones, pero también en las rupturas de la gramática. Allí donde el discurso tropieza, lo no dicho se manifiesta bajo la forma de lo oculto.

Sin embargo, lo oculto tampoco coincide plenamente con lo no dicho. Conviene subrayar esta diferencia: lo no dicho forma parte del lenguaje mismo, en la medida en que el lenguaje no está hecho para comunicar en el sentido clásico de la transmisión de información. El lenguaje no se reduce a lo verbalizable, aunque sólo sea posible incidir sobre ese más allá del decir a través del dicho y de sus resonancias. Lo no dicho, entonces, no equivale a lo no inscripto.

martes, 9 de diciembre de 2025

El lenguaje como acto y la emergencia de la verdad en la experiencia analítica

En psicoanálisis, la función del lenguaje no se define por un valor semántico ni por su carácter comunicativo en el sentido clásico del esquema emisor–código–receptor. Su estatuto es, ante todo, el de un acto. El lenguaje no transmite simplemente información: constituye el campo mismo de la subjetividad. Al introducir el corte, desnaturaliza al ser hablante; de allí su articulación con Hegel y la instalación de una metáfora primera, en la que lo natural queda sustituido por el orden del símbolo.

Lacan toma de Hegel, sobre todo vía Kojève, una tesis central: No hay sujeto sin negatividad. En Hegel, la conciencia no se constituye por adaptación a lo dado natural, sino por una ruptura con lo inmediato. El deseo no es necesidad biológica: es deseo de reconocimiento. Para que haya deseo algo debe faltar, algo debe ser perdido, algo debe ser negado como naturaleza.

El campo simbólico antecede al cachorro humano y lo envuelve desde su llegada: lo atraviesa, lo transforma, lo arranca de la pura naturaleza. En ese sentido, el psicoanálisis se ocupa de la incidencia de ese pathos del lenguaje en el ser que habla.

El dispositivo analítico propone, a quien consulta por su padecer, que tome la palabra. Se lo invita a hablar desprendiéndose, en la medida de lo posible, de la exigencia de coherencia y de sentido. Con ello se abre una posibilidad que nunca está garantizada: que la verdad amordazada en el síntoma pueda decirse.

Se trata de una apuesta por un surgimiento, no concebido como algo que emergería desde una profundidad oculta, sino como un acto de iluminación: la chance de que ciertas opacidades queden tomadas por la luz de la razón, entendida aquí como la instancia de la letra en el inconsciente.

Que la verdad surja implica necesariamente la discontinuidad y el corte. Ella se manifiesta en las formaciones del inconsciente, en una temporalidad hecha de relámpago y de evanescencia. Ese surgimiento no equivale a una captura definitiva.

Ese relámpago es, en rigor, un tropiezo: lo que Lacan llama palabra plena. Es fecunda justamente por su desliz. Su iluminar no es un esclarecimiento total, sino la apertura de una interrogación, donde el equívoco y el malentendido son condiciones de posibilidad.

martes, 4 de noviembre de 2025

Lo escrito como efecto del lenguaje: entre el sentido y lo fuera de sentido

La relación entre lo escrito y el lenguaje se sostiene, en Lacan, sobre una preexistencia. Desde los primeros momentos de su enseñanza, el lenguaje se presenta como un campo previo al sujeto —un “tesoro del significante” en el cual éste se inscribe—, y aunque posteriormente reformula este punto, especialmente a través de la noción de lalengua (LaLangue), esa preexistencia nunca es abandonada, sino desplazada. En lalengua, Lacan acentúa el goce sonoro y material de la palabra, el costado opaco y contingente del lenguaje, allí donde la estructura simbólica deja ver sus bordes reales.

Ahora bien, si el lenguaje produce efectos, éstos no se reducen al efecto de sentido que la palabra vehiculiza. Lacan señala otra dimensión: la del escrito como efecto. Allí donde la palabra produce sentido, lo escrito produce marca.
El “efecto palabrero” —como lo llama Lacan— se traduce en la precipitación de significancia, en la ilusión de un sentido que emerge de la articulación significante. Pero ese mismo proceso tiene un reverso, una dimensión que no depende de la semántica sino de la huella misma que el significante deja. Es lo que nombra como acuse de recibo, una inscripción que simboliza sin significar, un acto de registro independiente de cualquier valor de verdad o interpretación.

Este desplazamiento es fundamental: si la palabra está ligada a la verdad, lo escrito se orienta hacia lo fuera de sentido. Lacan distingue cuidadosamente entre sin sentido y fuera de sentido: el primero pertenece todavía al campo semántico —una variación interna al sistema del sentido—, mientras que lo fuera de sentido designa aquello que escapa por estructura al campo de la significación, pero que sin embargo exige una escritura que lo borde.

Por eso, lo escrito es segundo respecto de la palabra, no en un orden jerárquico sino de derivación: es lo que precipita del decir, su resto o sedimento formal. Escribir es, en este sentido, un modo de tratar lo que el lenguaje no puede absorber ni traducir.
Allí se entiende su distancia con el positivismo lógico, que pretendía fijar el valor de verdad del discurso según el sentido de sus proposiciones. Para Lacan, ese enfoque desconoce precisamente el núcleo que interesa al psicoanálisis: lo que no se deja atrapar por el sentido, el punto opaco que marca al sujeto en su relación con el lenguaje.

Lo escrito, entonces, no vale por lo que dice, sino por las relaciones que introduce —entre significantes, entre cuerpos, entre goce y verdad—. Es la forma que toma el lenguaje cuando deja de ser comunicación para volverse operación: un trazo que delimita, que fija un borde, que produce estructura.
Así, lo escrito en Lacan no es una representación del mundo, sino una manera de dar lugar a lo que en el lenguaje se resiste a decirse. Escribir, en última instancia, es hacer existir lo fuera de sentido.

lunes, 22 de septiembre de 2025

Lenguaje, significante y orden simbólico: deslindes en la enseñanza de Lacan

Aunque en sus planteos iniciales el orden simbólico, el lenguaje y la estructura significante aparezcan solapados, Lacan avanza progresivamente hacia una diferenciación. El lenguaje se instituye como ese campo previo que espera al cachorro humano, condición de posibilidad tanto del orden simbólico como de la estructura del significante, que solo pueden desplegarse dentro de él.

Del lado del orden simbólico, se sitúa la trama que organiza el lugar del Otro. En cambio, la estructura del significante se define por su relación con el corte, que habilita un borde y marca la articulación entre inconsciente y real vía la pulsión. Esto subraya una tesis central: en psicoanálisis no hay acceso a lo real sin mediación de lo simbólico.

El significante, por su carácter discreto, contable y ligado al corte, abre un juego de operaciones: corte, borde, hiancia. Esta última permite la relación entre el campo del Otro y el del sujeto; el borde, en su dimensión topológica, indica abertura, fisura, separación; y el corte mismo se revela como efecto del significante.

Estas diferencias permiten precisar el estatuto del lazo entre el sujeto y el Otro. Si se lo pensara psicológicamente, parecería una relación de reciprocidad sostenida en la imagen; en psicoanálisis, en cambio, se trata de una Otredad radical: el sujeto se instituye como efecto del corte significante, y, en relación con el cuerpo, a partir de la reversibilidad de la pulsión que rompe toda reciprocidad.

Cuando Lacan aborda la relación sujeto/Otro a través de la pulsión, no la piensa como circularidad cerrada, sino como un circuito donde se entraman fijación y repetición, trazando así la lógica propia del inconsciente.

viernes, 12 de septiembre de 2025

El agujero del lenguaje en lo real: de la división del sujeto al nudo borromeo

Desde el Seminario 1, Lacan afirma que lo simbólico cava un surco en lo real. Esa perspectiva se retoma en El sinthome, donde el planteo se radicaliza: el lenguaje, al agujerear, produce una captura. Se trata de articular ese agujerear con lo real de la división del sujeto.

Ese horadar implica un doble movimiento: vaciamiento y separación. El cuerpo se introduce en una economía política del goce regida por el significante, y esa introducción supone un vaciamiento inicial. Dicho de otro modo: no hay un goce inmanente propio del cuerpo; el cuerpo como lugar de goce existe en tanto ya capturado por el lenguaje, operación mediante la cual el goce es producido.

Esta concepción se distancia radicalmente de la idea del lenguaje como mensaje que el emisor recibe del receptor en forma invertida. Aquí no se trata de efecto de significación, sino de efecto de agujero. Agujerear es la forma que toma la significancia a este nivel: su eficacia reside en perforar lo real. Por eso Lacan se ve llevado a la escritura nodal, como único modo capaz de dar cuenta de lo real así constituido.

La investigación sobre la estructura de la cadena borromea, desplegada a lo largo de varios seminarios, responde a esa necesidad. Allí se anudan, bajo nuevas configuraciones, nociones como la verdad, el síntoma, el (los) goce(s), el cuerpo y el inconsciente, con sus efectos sobre el estatuto del sujeto.

Bucle y retorno en la enseñanza de Lacan: del lenguaje al discurso, del discurso a lo real

El sujeto está comprometido en la verdad en la medida en que ésta se define como del orden de lo mediodicho. Esa definición pone en valor el efecto castrativo, pero la división propia del sujeto no puede reducirse únicamente al efecto del significante: Lacan, en su recorrido, va en busca de lo real de esa división.

Ese sendero está marcado por ciertos retornos o bucles en su enseñanza.

En un primer momento, el inconsciente es abordado en tanto estructural: el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Esta formulación permite situar las coordenadas lenguajeras que lo ordenan, a la vez que lo vacía de cualquier sustancia.

Un segundo momento exige otro eje: ya no lo estructural, sino lo particular del inconsciente. Aquí surge el aforismo: el inconsciente es el discurso del Otro. El pasaje de “lenguaje” a “discurso” implica la entrada en juego del Otro, constituido como tal a partir de la metáfora paterna. En esa operación se delimita un campo de existencia: soporte de lo supuesto, de la suposición de saber.

Lo nodal se da cuando Lacan retorna al primer aforismo —el inconsciente está estructurado como un lenguaje—, pero ahora en clave de precisar lo real de la división del sujeto. Se dibuja así una trayectoria:

  1. primero, el lenguaje como preexistencia que estructura,

  2. luego, el discurso que organiza la disposición significante particular del sujeto, es decir, su entramado fantasmático,

  3. finalmente, un retorno a lo lenguajero, pero orientado por lo real, más allá del velo del fantasma, como se hace evidente a partir de Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.

Así, en la enseñanza de Lacan, el movimiento va del lenguaje al discurso, y de allí al reencuentro con el lenguaje bajo la brújula de lo real: un bucle que muestra que la división subjetiva no se agota en el significante, sino que apunta a un punto irreductible, lo real.

domingo, 27 de julio de 2025

Efectos clínicos del borramiento: la hiancia como condición de escucha

Si el borramiento es la operación lógica que permite el surgimiento del significante —y por lo tanto la constitución del sujeto—, cabe preguntarse: ¿cómo se vuelve este un dato clínicamente perceptible? Dicho de otro modo: ¿dónde se escucha en la práctica analítica el efecto de esa operación sincrónica?

Lacan desarrolla esta dimensión a través de distintas figuras del corte y la simbolización, que articulan el surgimiento del sujeto con su imposibilidad de representación plena. Ya en el Seminario 6, se detiene en la particularidad de la negación en francés, especialmente en la función del ne, que él denomina “la huella del sujeto de la enunciación”; es decir, el indicio de un sujeto que no puede aparecer como tal en el enunciado.

Esta “huella” tachada del sujeto se torna audible allí donde se produce una vacilación del sentido. El lenguaje, cuando falla en su intento de significar, deja entrever un agujero: es lo real que irrumpe en el lugar mismo donde el sentido colapsa. Desde esta perspectiva, el efecto de sentido opera como obturación de ese agujero, lo que le confiere su valor fantasmático.

Este agujero no es simplemente un vacío, sino una hiancia estructural, solidaria del lugar del sujeto en el campo del Otro. Es un vacío que remite tanto a la falta de referente como a las anomalías propias del goce. Se escucha en los momentos de tropiezo del decir, en los lapsus, en los silencios densos, en las vacilaciones que señalan que algo no puede ser dicho sin pérdida.

La lógica se vuelve necesaria para abordar estos fenómenos, porque la gramática, por sí sola, no alcanza para situarlos. La hiancia exige una lectura más allá del sentido, en una lógica que articule las series del decir: verdad, mentira, discurso, palabra. Frente a ellas, se abre una disyunción fundamental: no-saber / hiancia.

Esta disyunción muestra la necesidad del pasaje de la gramática a la lógica para captar aquello que en el discurso hace presente la división subjetiva. Allí donde el sentido desfallece, se revela el punto de falla del significante, y con ello, el lugar mismo desde donde se constituye el sujeto como efecto.

jueves, 22 de mayo de 2025

El inconsciente como conjunto abierto: del discurso del Otro a la imposibilidad de la escritura

En un primer momento, Lacan aborda el inconsciente desde su estructura lenguajera, es decir, como una red simbólica articulada que remite al aforismo central: el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Esta concepción permite pensar al inconsciente como lugar donde operan las leyes del significante, de la metáfora y de la metonimia.

En una segunda etapa, su lectura se desplaza: el inconsciente es pensado desde la lógica del discurso, ya no solo como estructura, sino como posición dentro de una historia. El discurso implica la presencia del Otro, y con él, la medida fálica, la sexuación, el goce y los lazos sociales. El inconsciente aparece así como efecto de discurso, sostenido por el campo del Otro.

Sin embargo, Lacan introduce luego una torsión conceptual: un regreso crítico a su punto de partida, para releer el inconsciente desde el lugar de la letra y la escritura, más allá del discurso. Surge entonces una pregunta clave: ¿qué vela el inconsciente como discurso del Otro? La respuesta es que, en tanto discurso, enmascara lo que del inconsciente ex-siste como imposible: su dimensión de letra, de cifra, de resto inasimilable.

Desde esta perspectiva, el inconsciente acarrea una imposibilidad de escritura que no puede ser contenida por el discurso. Para formalizar esta imposibilidad, Lacan se apoya en un recurso lógico: la teoría de conjuntos. Es allí donde conceptualiza la sexuación como partición disyunta, sin correspondencia biunívoca entre los conjuntos “hombre” y “mujer”. No puede establecerse una función de correspondencia entre ellos, lo cual se formaliza en su célebre enunciado:

No hay relación sexual.

Esta imposibilidad no es biológica, sino lógica: el significante no puede saberse ni totalizarse a sí mismo. Por eso, hombre y mujer no son esencias, sino significantes, valores sexuales dentro del discurso. Entre ellos, la proporción fracasa, y en el lugar donde no hay lazo posible, el fantasma y el síntoma operan como suplencias estructurales, anudamientos precarios que permiten a cada quien sostenerse frente a la falta.

Decir que no hay relación sexual significa que el significante es, por estructura, incompleto e inconsistente: no puede cerrarse sobre un universo pleno de sentido. No hay “todo” que lo organice sin resto. Por eso, el inconsciente se define como conjunto abierto, estructuralmente vinculado a lo femenino, en tanto modalidad del no-todo.

En contraste, el discurso del Otro propone ficciones totalizantes, ofreciendo una ilusión de completud que responde más a las demandas de la mundanidad que a la lógica del deseo.

miércoles, 16 de abril de 2025

Máscara, discurso y la función del fantasma

El concepto de máscara, precursor del semblante, se configura a partir del funcionamiento del significante dentro del campo del Otro. Sin embargo, el lenguaje, aunque preexiste, no garantiza por sí mismo la máscara, pues esta requiere una operación específica dentro de la estructura discursiva.

Cuando el significante se inscribe en el Otro, no solo instaura el discurso como una estructura relacional, sino que introduce la lógica de la concatenación: el lenguaje establece un marco, mientras que el discurso articula un encadenamiento que permite la sustitución. Este proceso es crucial, ya que afecta la relación del sujeto con el objeto y con la permutabilidad de los significantes en ausencia de un referente fijo.

Lacan señala que “el significante se sustituye a sí mismo” allí donde no puede conocerse plenamente. Esta imposibilidad genera una inconsistencia estructural, que se sitúa entre lo topológico y lo literal, convirtiendo al Otro en la sede del rasgo diferencial.

Dentro de esta dinámica, el fantasma opera como una pantalla que oculta y organiza el acceso al deseo. En estrecha relación con la identificación, se sitúa en el punto de tensión entre enunciado y enunciación dentro del grafo. Así, el fantasma se inscribe en una serie conceptual que involucra excentricidad, literalidad, borde y antinomia. En este contexto, su función es doble: actuar como pantalla que vela lo real y, al mismo tiempo, operar como guion o menú a través del cual el sujeto estructura su experiencia.

domingo, 23 de marzo de 2025

El sujeto como falta significante: Entre la sincronía y la diacronía

Definir al sujeto como la falta significante implica situarlo en oposición a cualquier noción de consistencia ontológica. Desde una perspectiva estructural, su existencia es efecto de la separación entre el significante y el sentido, dos órdenes heterogéneos que solo se articulan de manera contingente.

El significante, en su materialidad y función activa, es lo que permite la posibilidad misma de la existencia del sujeto. Es a partir de esta estructura que se funda el campo de la verdad en el hablante. Sin embargo, la verdad no es una entidad dada ni evidente; su constitución requiere de la mediación del Otro, quien marca al sujeto desde el origen.

Este planteo integra dos dimensiones fundamentales: la sincronía y la diacronía.

Desde el punto de vista sincrónico, el significante preexiste al sujeto y funciona en un campo estructuralmente acefálico, sin referencia a ningún agente particular. En este nivel, el lenguaje se presenta como un sistema autónomo, despojado de cualquier dimensión semántica. Es en este orden donde Lacan señala la ausencia de una garantía trascendental, cuestionando incluso la figura de Dios como supuesto garante del sentido.

Por otro lado, la dimensión diacrónica es igualmente esencial. Para que pueda hablarse de un sujeto, más allá de cualquier diferencia diagnóstica, es necesario que alguien con "nombre y apellido" ocupe el lugar del Otro y sostenga una falsa garantía.

La interpretación psicoanalítica revela que el sujeto es efecto de esta falsedad: no sabe lo que dice, y el Otro, lejos de ser completo, es en sí mismo una instancia deseante. En ese vacío estructural, el sujeto adviene, precisamente porque falta el significante que podría conferirle identidad.

martes, 18 de marzo de 2025

De la semántica a la escritura

La perspectiva lacaniana sobre la estructura del lenguaje sigue una dirección clara: busca separarlo de la semántica y situarlo en una dimensión topológica. Este desplazamiento implica considerar el lenguaje más allá de su función comunicativa o de transmisión de significado.

Un punto intermedio en este recorrido aparece en La identificación, donde Lacan establece un vínculo entre lenguaje y escritura, afirmando que esta relación es constitutiva de lo estrictamente humano.

¿Qué implica pensar el lenguaje desde la escritura? Significa abordarlo desde trazos, marcas y rasgos, dejando de lado cualquier intención de significar.

Para ilustrar este punto, Lacan recurre a la escritura cuneiforme, destacando un aspecto fundamental: su origen no está en la representación, sino en la pérdida de lo representativo. Es decir, las marcas adquieren su estatuto de escritura precisamente a partir de esta pérdida.

La escritura se sostiene en la marca, pero para que esta adquiera su valor es necesario un acto de borramiento, el cual se produce en el proceso de lectura. El lector, al descifrar la marca, introduce en ella un borramiento, lo que implica que no hay escritura sin el Otro.

Este planteo es clave para comprender la función del nombre propio, que se vincula con el trazo o rasgo. Sin embargo, para que el nombre propio se instaure, debe operar sobre la marca este mismo proceso de borramiento, pues es a través de él que el sujeto se inscribe en su nombre.

Lacan plantea entonces una pregunta fundamental: ¿cómo se inserta el sujeto para que una simple marca devenga escritura? La respuesta se encuentra en la noción de significante, sin la cual no solo no hay sujeto, sino que tampoco sería posible el borramiento que hace de la marca una verdadera inscripción.

sábado, 3 de agosto de 2024

Alteraciones del lenguaje en la infancia y la adolescencia - Ejes Clínicos

 ¿Cómo diferenciar el cuadro clínico del autismo, la psicosis y la neurosis?

LAS ALTERACIONES DEL LENGUAJE EN LA NEUROSIS

El Mutismo Selectivo


Las alteraciones del lenguaje en la neurosis, tal como lo es el mutismo selectivo, se constituyen como un síntoma. Reflejan un conflicto a nivel inconsciente, simbólico. Comprobamos en la clínica que el niño o púber deja de hablar frente a las personas o ambientes que le producen un monto de angustia o ansiedad, que no puede procesar psíquicamente.

El síntoma del mutismo selectivo:  Causas y Tratamientos

El mutismo selectivo es un síntoma defensivo que tiene su causa en acontecimientos traumáticos sin derivación psíquica. Decido por el infante o el núcleo familiar. En el tratamiento resulta fundamental el trabajo con los padres, la historización de los vínculos. Como analistas, seremos el oído y la boca que nombra a los acontecimientos traumáticos que han dejado mudos y, muchas veces, arrasados a la pareja parental o al niño.



LAS ALTERACIONES DEL LENGUAJE EN LA PSICOSIS:

Los Fenómenos Psicóticos

Las alteraciones del lenguaje en la psicosis se presentan como fenómenos, a diferencia del síntoma neurótico. Es decir, como manifestaciones súbitas de aquello que carece de inscripción en los simbólico, inconciente, y retorna en lo real. Los fenómenos psicóticos más frecuentes son los neologismos, las frases interrumpidas, la  holofrase y la alucinación.

Los Fenómenos Psicóticos: Causas y Tratamientos

Los fenómenos psicóticos tienen su causa en la alienación a los sentidos y demandas del  Otro primordial, sin separación. De esta manera, el sujeto queda invadido por el goce del Otro excesivo, por la ausencia de la regulación que ofrece el Nombre del Padre (significante que permite inscribir la castración del Otro primordial). En los tratamientos resulta fundamental la ubicación del analista como terceridad, es decir, como instancia simbólica que opera una separación del Otro, legalizando y acotando su goce.


LAS ALTERACIONES DEL LENGUAJE EN EL ESPECTRO AUTISTA

El lenguaje como signo


Las alteraciones del lenguaje en el espectro autista se presentan el modo de una lengua estereotipada y opaca, que saltea la enunciación. Un lenguaje de signos, con sentido fijo y único para cada palabra, si está logra ser pronunciada.

El Lenguaje como signo: Causas y Tratamiento

Los fenómenos del espectro autista evidencian una experiencia de separación del  Otro primordial que ha ocurrido de manera demasiado temprana. Esto provoca una ausencia fundamental: contar con la barrera de protección frente a la angustia, la cual impediría vivirla como intolerable y amenazadora de la vida. En el tratamiento resulta fundamental entender que el autismo, lejos de ser un déficit, es un autotratamiento de la angustia. Por este motivo, sin forzamientos, intentaremos producir algo nuevo en la repetición estereotipada, tomando siempre en cuenta los intereses específicos del niño.

jueves, 11 de febrero de 2021

El lenguaje en los niños: del balbuceo a las primeras palabras

El estudio del lenguaje está considerado como un entramado sómato – psíquico social. Por eso es estudiado desde diversas disciplinas: fonoaudiología, neurología, psicología. El lenguaje es un sistema abierto que se constituye en una lengua materna por medio de actos discursivos y en relación con otro. Ya en el momento del nacimiento están abiertos los circuitos del lenguaje a nivel cerebral.

Gesell mencionó 4 campos de la conducta. Una es el lenguaje. Esta abarca no solo las palabras sino también los gestos, los tonos de voz, y los sonidos. Remarca la importancia del sistema nervioso y dice que es consecuencia de factores biológicos más factores del ambiente.

Piaget dice que el lenguaje va a depender del desarrollo cognitivo, que brinda el pensamiento representativo (evocar el pasado y anticipar el futuro). La inteligencia no comienza con la palabra, sino con la acción. Esto le permite al niño no solo manejarse con un mundo físico sino con 2 nuevos mundos: el mundo social y el mundo interior de representaciones mentales. Piaget vincula el lenguaje con el pensamiento. Para él, uno se apoya en el otro, pero ambos dependen de la inteligencia.

La función semiótica o simbólica
El lenguaje le permite la función semiótica simbólica. Al comenzar con la comunicación verbal, las personas pueden evocar hechos del pasado a partir de las imágenes mentales reproductoras y a su vez permite anticiparse al futuro, mediante imágenes mentales anticipadoras. El signo es arbitrario y convencional. Se aprende por imitación. En cambio los símbolos son individuales y pasajeros. En el símbolo la relación de significado y significante es por parecido. Durante el juego, un mismo objeto puede tener distintos usos.

Evolución del lenguaje desde el balbuceo y las primeras palabras, a la primera frase. Aparición de estructuras en las frases.

Balbuceo: de los 3 meses a los 6 meses. Es parecido en todos los bebés, lo que confirma que es biológico. A medida que se relaciona con el medio, desarrolla la lengua materna del grupo social al que pertenece el niño.

De 6 a 9 meses. El niño produce vocalizaciones.

De los 9 a los 12 meses. Aparece la ecolalia, es decir, el niño repite la última sílaba.

Al año de edad: Monosílavos repetidos. Repite aquellos que el adulto más estimula, como ma-má.

Año y medio: Hay intención comunicativa, que el adulto debe decodificar. Empieza a repetir sonidos onomatopéyicos. Aprende el no y el sí.

La palabra frase: a los 2 años. Con una palabra dice varios mensajes. Luego conectan 2 palabras. Finalmente hablan solos, se llama soliloquio.3 años: Aumentan las palabras y mejoran la pronunciación. Empiezan con la interrogación, preguntan ¿por qué?. Aparece la negación antes que la afirmación. El nene comprende muchas más palabras que las que efectivamente usa. La palabra ahora es acompañada de gestos.

sábado, 22 de agosto de 2020

El síndrome de X frágil

El Síndrome X Frágil (SXF) es la causa conocida más frecuente de retraso mental hereditario, afectando aproximadamente a 1 de cada 1.200-1 S00 varones y a una de cada 2.500 mujeres de la población general. Es el origen del 10% de todos los casos de retraso mental.

Su nombre proviene de la presencia de una rotura (fragilidad) en el extremo inferior del brazo largo del cromosoma X (región Xq27.3), por una mutación producida porque dos de las bases del ADN - la guanina (G) y la citosina (C) - que se combinan formando lo que se llama un triplete (CGG), comienzan a repetirse de manera excesiva, lo que da lugar a la fragilidad o rotura del cromosoma. El SXF afecta principalmente a varones, ya que las mujeres, al tener dos cromosomas X, pueden "compensar" la anomalía de uno de ellos y, por lo tanto, no manifestar ningún rasgo del síndrome.

Los niños con SXF suelen comenzar con problemas en el lenguaje que, en general, se inicia más tarde de lo normal. Además, una vez que el niño comienza a hablar suele presentar problemas en su forma de expresión, entre los que destaca el lenguaje repetitivo o perseverante (con la repetición de una misma palabra o pregunta una y otra vez), presente en más del 90% de los casos. 

Entre los trastornos del comportamiento más comunes en los niños pequeños con SXF se encuentran, en primer lugar, el desvío de la mirada ante el contacto ocular con otra persona. También es muy frecuente la existencia de defensa táctil o aversión a ser tocados, especialmente por personas que les son desconocidas.

Rasgos del síndrome de X frágil:

Orejas grandes, cara alargada, articulaciones hiperextensibles, estrabismo. Mandíbula inferior prominente.

Suelen ser niños muy impulsivos en sus reacciones ante estímulos externos, manifestando una hiperactividad permanente. Los niños más pequeños se caracterizan frecuentemente por ser irritables en exceso y además difíciles de calmar, por la defensa táctil. Es habitual ver en niños con SXF movimientos extraños y sin finalidad de las manos, como agitación de las mismas, llegando incluso a mordérselas.

Presentan dificultad para cambiar de una actividad a otra. A menudo se ven apabullados por los estímulos externos ambientales (visuales o sonoros), y con frecuencia muestran signos de frustración, que se manifiesta en forma de episodios de rabieta difíciles de controlar.

Otro rasgo característico de los individuos con SXF (entre un 20 y un 40% de los sujetos) es la aparición de convulsiones, que pueden manifestarse de forma y grado diferentes. Desde episodios de "ausencias", hasta convulsiones tónico-clónicas generalizadas (tipo gran mal), pudiendo ocurrir numerosas formas intermedias.

En el SXF el sexo femenino se ve afectado con mucha menor frecuencia que el masculino.

Sólo la mitad de las mujeres afectadas tienen la rotura (fragilidad) del cromosoma X. Dichas mujeres no suelen manifestar los rasgos físicos habituales que se ven en los varones, y la probabilidad de padecer retraso mental es menor (25-30%). 

El 25% tienen un cociente intelectual en el límite de la normalidad, y del resto que no tienen retraso mental la mitad requieren algún tipo de educación especial en la escuela.

Sin embargo, a pesar de esa aparente "normalidad", las mujeres portadores del SXF tienen mayor probabilidad de padecer trastornos psiquiátricos y trastornos del estado de ánimo.

Físicos:

Cabeza grande.  Orejas grandes y planas.  Cara larga y estrecha.  Frente prominente.  Nariz ancha.  Mentón prominente y cuadrado.  Paladar alto.  Testículos grandes.  Manos grandes con dedos gruesos.  Válvula mitral, prolapso (murmullo del corazón).  Sobrepeso al nacer. 

NO FISICOS

Desarrollo tardío.  Deficiencia mental.  Dificultades de aprendizaje.  Hiperactividad.  No presta atención por mucho tiempo.  Rasgos autísticos, tales como morderse las manos, no mirar directamente a los ojos.  Miedo, timidez.  Hablador.  Habla rápido y repite mucho.  Se le hace difícil adaptarse a un cambio.

viernes, 24 de abril de 2020

Metáfora y metonimia. Metáfora paterna.

Fuente: Clase de Daniel Zimmerman del 13/9/12, cátedra "Psicoanálisis 2" - UMSA.
Hoy vamos a ver el tercer aspecto del módulo de la cursada, tratando de aproximarnos a esta afirmación de Lacan acerca de que el inconsciente, tal como lo presenta Freud, estaría estructurado como un lenguaje. Lo anterior que habíamos visto, podríamos graficarlo:


Leyendo el texto de Jakobson, habíamos dicho que el citaba otro texto que nos parecía interesante para aproximar la última vuelta en esta cuestión del lenguaje y cómo funciona el inconsciente, a partir de aproximarnos a lo que ya habíamos anticipado como eje de similutud y contigüidad, que Jakobson daba por sabido para referirse a cómo funcionaba el mensaje poético y que nos va a llevar en la medida que leamos este texto, a vincularlo con la metáfora y la metonimia en el sentido poético del lenguaje para vincularlo con la vuelta de tuerca que le da Lacan en relación a los procesos que intervienen en el trabajo del inconsciente.

FUNDAMENTOS DEL LENGUAJEPARTE II: DOS ASPECTOS DEL LENGUAJE Y DOS TIPOS DE AFASIASI. LA AFASIA COMO PROBLEMA LINGÜÍSTICOSi la afasia es un trastorno del lenguaje, según sugiere el propio término, entonces todo intento de descripción y clasificación de los síndromes afásicos debe empezar por la cuestión de saber cuáles son los aspectos del lenguaje alterados en las diversas clases de afasia.
Ese es el eje que va a encauzar su pregunta.
II. EL DOBLE CARÁCTER DEL LENGUAJE.Hablar implica efectuar dos series de operaciones simultáneas: por un lado, supone la selección de determinadas entidades lingüísticas [por ejemplo, cierta cantidad de palabras del léxico] y, por el otro su Combinación en unidades lingüísticas de un nivel de complejidad superior [de este modo se realiza una división del lenguaje según dos direcciones: la de las  selecciones y la de las combinaciones]. Esto se ve claramente al nivel del léxico: el hablante [locutor]  selecciona palabras y las combina formando frases de acuerdo con el sistema sintáctico de la lengua que emplea, y a su vez, las oraciones se combinan en enunciados.
Está claro que cuando yo digo esto, estoy seleccionando entidades lingüísticas. Este próximo párrafo me gustaría subrayarlo por lo que van a ver en la psicosis:
Pero el hablante no es en modo alguno un agente totalmente libre en su elección de palabras: la selección (excepto en el caso infrecuente de un auténtico neologismo) debe hacerse a partir del tesoro léxico que él mismo y el destinatario del mensaje tienen en común.
Es decir, nosotros estamos forzados a elegirlas y ponerlas en continuidad con el repertorio que tenemos. En el caso que no se cumpla esa regla, es un caso infrecuente de neologismo. Acá neologismo es un sentido amplio, porque a medida que la lengua se va recreando permanentemente, siempre hay palabras nuevas que en un primer momento se llaman neologismos y que después adquieren una significación común y son incorporadas a la lengua. Lo que van a ver en la psicosis, es que justamente el lenguaje se va perturbar de tal modo que el sujeto va a romper esta regla y va a referir a palabras existentes de significados inusuales, o va a inventar palabras para expresar significaciones también particulares.
Incluso cuando teóricamente son posibles otras combinaciones de fonemas, el hablante, por regla general, es sólo un usuario de palabras [word-user] y no un acuñador [creador] de palabras [word-coiner].
“Por regla general” dice. Ya vimos que un chiste puede basarse en una palabra que no existe, como famillionarmente. Esto es un neologismo, en sentido estricto, porque la palabra es inventada. Podríamos ver también que no solo en la psicosis, sino en el polo extremo, la poesía misma puede hacer un uso más libre del lenguaje. Incluso el poeta puede inventar palabras a los fines de su expresión de lo que quiere decir.
Todo signo lingüístico se dispone según dos modos:1) La combinación.- Todo signo está formado de otros signos constitutivos y / o aparece únicamente en combinación con otros signos. Esto significa que toda unidad lingüística sirve a la vez como contexto para las unidades más simples y/o encuentra su propio contexto en una unidad lingüística más compleja. De aquí que todo agrupamiento efectivo de unidades lingüísticas las englobe en una unidad superior: combinación y contextura son dos caras de la misma operación.
Con contextura se refiere al contexto en el que aparece. Si usamos el ejemplo del significante “mate”, según cómo lo combinemos va a dar su significación.
2) La selección.- Una selección entre alternativas implica la posibilidad de sustituir una por la otra, equivalente a la anterior en un aspecto y diferente de ella en otro. De hecho, selección y sustitución son dos caras de la misma operación.
Está claro ahora por qué nos refería en el otro texto a que fuéramos a éste. Es lo que él decía: cuando un poeta elige, puede elegir entre pibe, muchacho, o lo que fuera. Hay un criterio para elegirlo, que es equivalente en cierto modo pero diferente en otro. Va a poner el acento en cómo suena pero una palabra que tenga un punto de equivalencia con la otra, juega a su vez una diferencia.
Está claro que los trastornos del habla pueden afectar en grado variable la capacidad del individuo para combinar y seleccionar las unidades lingüísticas; de hecho, la cuestión de saber cuál de estas dos operaciones resulta principalmente dañada, alcanza notable importancia en la descripción, análisis y clasificación de las diversas formas de afasia.
Repasa clasificaciones previas, y luego da ejemplos:
Para los afásicos del primer tipo (los de la selección deficiente), el contexto constituye un factor indispensable y decisivo. Cuando se les muestran retazos de palabras o frases, tales pacientes las completan rápidamente. Hablan por pura reacción: mantienen fácilmente una conversación, pero les es difícil iniciar un diálogo; son capaces de replicar a un interlocutor real o imaginario cuando son, o creen ser, los destinatarios del mensaje. Les cuesta especialmente practicar, e incluso comprender, un discurso cerrado como el monólogo. Cuanto más dependan sus palabras del contexto, más éxito tendrán en sus esfuerzos de expresión. Se muestran incapaces de articular una frase que no responda ni a una réplica de su interlocutor ni a la situación que se les presenta. La frase “está lloviendo” no puede articularse a menos que el sujeto vea realmente que llueve.
Este es otro ejemplo:
«Tengo un piso muy bonito, vestíbulo, dormitorio, cocina», dice la paciente de Goldstein. «No, también hay pisos grandes, sólo en la parte de atrás viven los solteros» En lugar de  solteros, podría haber escogido una forma más explícita, el grupo  gente no casada, pero la hablante prefirió emplear un solo término; cuando se le insistió para que respondiera lo que era un soltero, la paciente no contestó: «aparentemente estaba distraída» […] Los términos equivalentes se transforman en partes correlativas de la frase y como tales ligadas por la contigüidad. La paciente era capaz de escoger el término adecuado, soltero, cuando se apoyaba en el contexto de una conversación habitual sobre los «pisos de soltero», pero no podía utilizar el grupo de sustitución  soltero = hombre no casado como tema de la frase, porque se encontraba alterada su capacidad de efectuar selecciones y sustituciones autónomas.[…]La misma dificultad surge cuando se pide al paciente que nombre un objeto que el observador señala o maneja. El afásico cuya facultad de sustitución se encuentra alterada no podrá completar con el nombre de un objeto el gesto que hace el observador al indicarlo o tomarlo. En lugar de decir «eso se llama un lápiz», se contentará con añadir una observación elíptica acerca de su uso: «escribir».
O por ahí, en vez de “tía” dice “la hermana de mi papá”. Los afásicos van a refugiarse en la contigüidad al no poder encontrar la sustitución. Éstos son todos ejemplos donde está afectado… También podríamos subrayar esto:
Los afásicos de este tipo no pueden pasar de una palabra a sus sinónimos o circunlocuciones ni a sus heterónimos, es decir, a las expresiones equivalentes en otros idiomas. La pérdida de la capacidad políglota y consiguiente confinamiento en una sola variedad dialectal de una única lengua son manifestaciones sintomáticas de este trastorno.[…]«Cuando no conseguía recordar la palabra ‘negro’, describía este color como ‘lo que se hace por los muertos’, lo que abreviaba diciendo ‘muerto’»Tales metonimias pueden caracterizarse como proyecciones de la línea del contexto habitual sobre la línea de sustitución y selección: un signo (tenedor, por ejemplo) que suele aparecer junto a otro (cuchillo) puede usarse en lugar de este último. Expresiones como «cuchillo y tenedor», «lámpara de mesa» o «fumar en pipa» han provocado las metonimias tenedor, mesa, fumar; la relación entre el uso de un objeto (una tostada por ejemplo) y el medio de producirlo da lugar a la metonimia comer por tostadora.[…]Cuando la capacidad de efectuar selecciones está seriamente dañada y se conserva, al menos parcialmente, la facultad combinatoria, entonces la contigüidad determina la totalidad de la conducta verbal del paciente, dando lugar a un tipo de afasia que podemos llamar trastorno de la semejanza.
Entonces, va a tomar este primer trastorno de afasia, trastorno de la semejanza. En la medida en que está afectado la selección, parcialmente conservada la capacidad de combinación y acá dijo metonimia. Metonimia como vamos a ver más adelante. Ya podemos decir, según los términos que encontramos acá:
  • Contigüidad
  • Concatenación
  • Combinación.           
  • Metonimia
Se trata del procesamiento de palabra a palabra. Una palabra induce a otra palabra. En estos tipos de afasia, lo que predomina en el trastorno es en el eje de la semejanza.
IV. El trastorno de la contigüidad. […]En esta afasia, en la que se altera la capacidad de contextura, que podría llamarse trastorno de contigüidad , disminuye la extensión y variedad de las frases. Se pierden las reglas sintácticas que disponen las palabras en unidades superiores; esta pérdida, llamada agramatismo, es causa de que la frase degenere en “mero montón de palabras”, usando la imagen de Jackson. El orden de las palabras se vuelve caótico y desaparecen los vínculos de la coordinación y la subordinación gramaticales, tanto de concordancia como de régimen. […] de ello surge el modo de expresión que se ha dado en llamar “estilo telegráfico”. La palabra que menos dependa gramaticalmente del contexto, será la que mejor se mantenga en el habla de los afectados por un trastorno de contigüidad y la que antes se pierda como consecuencia de un trastorno de las semejanza. Por ello, el sujeto, pieza clave de la frase, es el primer elemento que hacen desaparecer de esta los trastornos de la semejanza y el que más tardan en destruir las afasias de tipo opuesto.O sea que al anterior le costaba poner el sujeto. Ésta es lo primero que pone en la oración.Una vez que falla la contextura, el paciente, que sólo puede intercambiar los elementos de que dispone, maneja semejanzas y cuando identifica algo lo hace de modo metafórico, no ya metonímicamente como los afásicos de tipo contrario. Catalejo por microscopio y fuego por luz de gas son ejemplos típicos de tales expresiones, que Jackson denominó cuasi metafóricas, ya que se distinguen de las metáforas retóricas o poéticas por no presentar una transferencia de significado deliberada.
¿Acá que palabras tendríamos?
  • Sustitución
  • Selección,
  • Continuidad
  • Metáfora.
Todas estas tienen dificultades para sustituir una palabra por otra. En el último punto, Jakobson va a poner las palabras que pusimos al final: metáfora y metonimia. Metáfora es palabra por palabra, la sustitución de una palabra por otra palabra. Y metonimia implica la concatenación (o la relación) de una palabra a otra. Esto es lo que desarrolla en el último punto.
V. LOS POLOS METAFÓRICO Y METONÍMICOLa afasia presenta numerosas variedades muy dispares, pero todas ellas oscilan entre uno y otro de los dos polos que acabamos de describir. Toda forma de trastorno afásico consiste en una alteración cualquiera, más o menos grave, de la facultad de selección y sustitución o de la facultad de combinación y contextura. En el primer caso se produce un deterioro de las operaciones metalingüísticas, mientras que el segundo perjudica la capacidad del sujeto para mantener la jerarquía de las unidades lingüísticas. El primer tipo de afasia suprime la relación de semejanza; el segundo la de contigüidad. La metáfora resulta imposibilitada en el trastorno de la semejanza y la metonimia en el de la contigüidad.
Sería adecuado hablar del desarrollo metafórico del primer tipo discurso y desarrollo metonímico para el segundo, dado que la inscripción más concisa de cada uno de ellos se contiene en la metáfora y en la metonimia respectivamente.
En un conocido test psicológico, se presenta un nombre a unos niños y se les pide que manifiesten la primera respuesta verbal que les venga a la cabeza.
Se les dan unas palabras y se les pide que asocien.
Una de las respuestas al estímulo cabaña (hut) fue  se ha quemado (o quemada: burnt out en el original, T.); otro, es una casa pequeña pobre. Ambas reacciones son predicativas, pero la primera crea un contexto puramente narrativo, mientras que en la segunda se establece un doble enlace con el sujeto hut: por un lado, una contigüidad de posición (en este caso sintáctica), y por otro una semejanza semántica.El mismo estímulo produjo también las siguientes reacciones sustitutivas: la tautología cabaña; los sinónimos choza y chamizo (cabin y hovel) ; el antónimo  palacio (palace) y las metáforas antro y madriguera (den y burrow). La capacidad que tienendos palabras de reemplazarse la una a la otra nos da un ejemplo de semejanza posicional; […] Las respuestas metonímicas al mismo estímulo, como chamiza, lecho de paja o pobreza (thatch, litter y poverty) combinan y contrastan la similitud posicional con la contigüidad semántica.[…]En poesía diferentes razones pueden determinar la elección entre estos dos tropos. La primacía del proceso metafórico en las escuelas literarias del romanticismo y del simbolismo se ha subrayado repetidas veces, pero todavía no se ha comprendido suficiente que en la base de la corriente llamada “realista”, que pertenece a una etapa intermedia entre la decadencia del romanticismo y el auge del simbolismo y se opone a ambos, se halla, rigiéndola de hecho, el predominio de la metonimia. Siguiendo la vía de las relaciones de contigüidad, el autor realista opera disgresiones metonímicas de la intriga a la atmósfera de los personajes al marco espacio-temporal. Gusta de los detalles cuya función es la de una sinécdoque.
Sinécdoque es tomar la parte por el todo.
En la escena del suicidio de Anna Karenina, la atención artística de Tolstoi se concentra en el bolso de la heroína; y, en Guerra y pazelmismo autor emplea las sinécdoques “pelo en el labio superior” y “hombros desnudos” para referirse a los personajes femeninos a quienes pertenecen tales rasgos.
Esa cuestión de la parte por el todo, que tiene que ver con el realismo y con la metonimia, se ve muy claro en el cine. Cuando de repente, a un personaje que ya conocemos por alguna característica, se abre una puerta y lo primero que se ve es un cigarro. Y todos decimos “es fulano”.
Un destacado ejemplo de la historia de la pintura es la manifiesta orientación metonímica del cubismo, el cual transforma cualquier objeto en un conjunto de sinécdoques;
Recuerden la parte por el todo. En poesía sería “En el horizonte se formaron 3 mástiles”. Nadie va a imaginar que en el horizonte aparecieron 3 palitos solos. El mástil está formando como parte del todo “barco”. Otro podría ser “Hoy entraron al mercado de Liniers 400 cabezas”. Eso es una sinécdoque, que funciona.
Mi gran sorpresa es que Jakobson, antes que Lacan, se mete en temas freudianos. Hacia el final dice:

En todo proceso simbólico, tanto intrasubjetivo como social se manifiesta la competencia entre los dos procedimientos metafórico y metonímico. Por ello, en una investigación acerca de la estructura de los sueños, la cuestión decisiva es saber si los símbolos y las secuencias temporales utilizadas se basan en la contigüidad (“desplazamiento” metonímico, y “condensación” sinécdoquica freudianos) o en la similaridad (“identificación” y “simbolismo” freudianos).
Esto lo dice Jakobson y lo dice al pasar, pero no se mete más que en esto. Jakobson dice que reconoce en el desplazamiento de Freud la metonimia y propone para la condensación la sinécdoque. Parece que en la contigüidad estarían basados el desplazamiento y la condensación, las 2. Y en la semejanza, la identificación y el simbolismo.
Si la condensación es la parte por el todo, uno podría en cierta manera estar de acuerdo. Si la sinécdoque es la parte por el todo y la condensación es juntar varios aspectos en una sola cosa (cada aspecto remite al todo), entonces es bastante coherente.
Freud dice que soñar salir del agua tiene que ver con nacer. No dice condensación ni desplazamiento, Freud dice simbolismo. Él nos autoriza a decir que en una escena donde alguien es rescatado del agua, puede leerse como nacimiento. O tiene que subir escaleras, puede ser el símbolo del acto sexual. Jakobson dice que se está privilegiando el eje de sustitución. Y por último, el último párrafo dice:

El principio de la semejanza rige la poesía; el paralelismo métrico de los versos o la equivalencia fónica de las palabras que riman suscitan la cuestión de la semejanza y el contraste semánticos; existen, por ejemplo, rimas gramaticales y antigramaticales, pero nunca rimas agramaticales. La prosa, en cambio, se desarrolla ante todo por contigüidad.Hasta acá sería el desarrollo lingüístico. Hemos resumido, a propósito de la afasia, para conocer estos ejes de sustitución y de contigüidad que nos llevaron a la metáfora y la metonimia.
Lacan, en el texto “La Instancia de la letra en el Inconsciente”, va a desarrollar sus cuestiones sobre la metáfora y la metonimia. Plantea el algoritmo del inconsciente (S/s) y se mete en este texto de Jakobson. Lacan menciona la formulación de Jakobson, y va a subrayar la relación de la metonimia como palabra a palabra y la metáfora como una palabra por otra.
La clave que va a poner Lacan en esta cuestión es que si hay sustitución y hay contigüidad, decimos en principio “palabra a palabra”, pero si buscamos decirlo de una manera más estricta, vamos a volver a poner en primer plano al significante para decir que son operaciones de estructuras que tienen que ver con la sustitución de un significante a otro o, en la contigüidad, un significante por otro.
Según Lacan, el inconsciente funciona con el algoritmo S/s. Él va a proponer 2 fórmulas, para la metáfora y la metonimia para después ligar la metáfora a la condensación y el desplazamiento a la metonimia.
Lo que este nos permitió desarrollar en cuanto a la incidencia del significante sobre el significado permite su transformación en
F(S) 1/s

Fue de la copresencia no sólo de los elementos de la cadena significante horizontal, sino de sus contigüidades verticales, en el significado, de las que mostramos los efectos repartidos según dos estructuras fundamentales en la metonimia y en la metáfora.
Podemos simbolizarla así:
¿Cómo se lee la fórmula?
[…]es la conexión del significante con el significante la que permite la elisión por la cual el significante instala la carencia de ser en la relación de objeto, utilizando el valor de remisión de la significación para llenarlo con el deseo vivo que apunta hacia esa carencia a la que sostiene. El signo - situado entre ( ) manifiesta aquí el mantenimiento de la barra -, que en el primer algoritmo marca la irreductibilidad en que se constituye en las relaciones del significante con el significado la resistencia de la significación.
La metonimia es palabra a palabra, esto está en contigüidad. Un significante está en continuación con otro. La función metonímica, es decir, la función de relación entre un significante a otro significante, es congruente con (acuérdense que esta es la barra de la represión. Entonces dice, es congruente con el “mantenimiento de la barra”, que tiene que ver con la resistencia a la significación, es decir, que podemos inferir que en la medida que esto se mantiene, todavía no se ha producido nada que tenga que ver con el atravezamiento de esa barra que es lo que va a tener que ver con la metáfora. Según Lacan, en la metonimia lo que se verifica es que la relación entre los significantes es de contigüidad y esa contigüidad es congruente con el mantenimiento de la barra. Podemos decir que es el modo de hablar hasta que se produce el tropiezo, o el olvido.

Hagamos el contraste con la metáfora. Lacan, a la metáfora la escribe así: 
S’ viene a sustituir a S, porque es la metáfora. Eso es congruente con S (+) s. Eso debe leerse así:
La estructura metafórica indicando que es en la sustitución del significante por el significante donde se produce un efecto de significación que es de poesía o de creación, dicho de otra manera de advenimiento de la significación en cuestión. El signo + colocado entre paréntesis manifiesta aquí la trasposición de la barra - y el valor constituyente de esa trasposición para la emergencia de la significación.
Esto funciona tanto para la poesía como para un chiste. O el fallido de “putear” por “tutear”, llegado al extremo. La otra lectura que se puede hacer de ese (+) es que el significante queda cargado con un plus de significación. Está en el chiste, en el sueño y el paso fuerte sería afirmar que también ocurre en el síntoma neurótico.
La metáfora paterna es una especie de metáfora, donde hay una sustitución que es crucial que el sujeto haga. Entonces decir que hay un problema con la metáfora paterna es decir que hay un problema en la psicosis al nivel del significante. El agujero es simbólico. Lacan dice que en un determinado momento puede haber una invitación a un determinado sujeto a intentar a hacer metáfora con un significante y resulta que ese significante el sujeto no lo tiene. El agujero del que habla, en esta fórmula, estaría acá:
Ese sería el problema en la psicosis para Lacan. Una determinada situación de la vida apremia al sujeto a sostenerse en el universo simbólico. Y cuando tiene que ponerse en la operación de sustituir significantes, se encuentra con que hay un significante que falta: el nombre del padre. El nombre del padre es un significante y no un significante cualquiera. Es un significante primordial. Entonces, decir que falta la metáfora paterna quiere decir que falla en la obligación de sustitución de un significante, una metáfora. Y no una metáfora cualquiera: aquella en la que el significante “nombre del padre” tiene que devenir de su función sustituyente. Una situación típica sería un hombre al que la esposa le anuncia que está embarazada, ese sujeto, para sostenerse de la novedad de la paternidad necesita del apoyo significante simbólico del nombre del padre. Y cuando lo va a buscar, no está, no lo tiene. Ahí la estructura se descompensa. La falla estaba, pero nunca se había puesto en manifiesto. Esto ocurre tanto en hombres como en mujeres.
El delirio, en esta teoría, la reacción vecina al agujero, resultado de la confrontación con la falla. El delirio es la reacción significante, la conmoción significante, frente a la confrontación del agujero. El delirio no llena el agujero.
Finalmente, el psicótico tiene un hablar más bien metonímico y falla en algunas metáforas.

Próxima clase: El síntoma como metáfora.