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lunes, 6 de octubre de 2025

¿Qué sabemos sobre la nostalgia desde el psicoanálisis?

El término “nostalgia” fue creado en 1688 por un médico suizo, Johannes Hofer, en su tesis Dissertatio Medica de Nostalgia, oder Heimwehe (“Disertación médica sobre la nostalgia o mal del país”). Hofer buscaba un nombre científico para describir el “mal del país” (Heimweh, en alemán), un padecimiento frecuente entre soldados o estudiantes suizos desplazados lejos de su hogar.

Etimológicamente, nóstos (νόστος) significa “regreso”, “vuelta al hogar”, mientras que álgos (ἄλγος) se refiere a “dolor”, “sufrimiento”. O literalmente: dolor del retorno o añoranza del hogar.

En su sentido original, la nostalgia era entonces una enfermedad del exilio, un sufrimiento físico y mental provocado por el deseo de regresar al lugar de origen.

La nostalgia, para el psicoanálisis, no es un simple recuerdo melancólico, sino una forma de deseo dirigida hacia lo perdido —o hacia lo imposible. Puede leerse como una modalidad afectiva del deseo de retorno, del goce ausente o del ser que el lenguaje fracturó.

Hay varios psicoanalistas que trabajaron la nostalgia de distintos modos —aunque rara vez como concepto central, suele aparecer articulada a otras nociones (pérdida, duelo, deseo, ideal, tiempo, memoria, etc.).

Freud: la nostalgia como retorno del objeto perdido

Freud no utiliza el término “nostalgia” de modo sistemático, pero la idea está implícita en varios textos.

En “Duelo y melancolía” (1917), el trabajo de duelo puede pensarse como el intento de tramitar la pérdida de un objeto amado. La nostalgia sería un modo de retener el objeto en el recuerdo, en vez de abandonarlo, bordeando la melancolía.

En “Más allá del principio del placer” (1920), el retorno de lo mismo y la compulsión a la repetición pueden leerse como una forma de nostalgia pulsional, un anhelo de retorno a un estado anterior de satisfacción, perdido para siempre.

En “El malestar en la cultura” (1930), el tono nostálgico está presente en la descripción de cómo el hombre, en busca de seguridad y cultura, pierde parte de la felicidad instintiva originaria.

En Freud, entonces, la nostalgia no es un afecto puro sino una forma de la repetición ligada a la pérdida.

Lacan: nostalgia del ser y del goce

Lacan retoma este trasfondo pero lo desplaza. En el Seminario 7, La ética del psicoanálisis, hay una alusión directa a la “nostalgia del ser”: el sujeto, marcado por la falta estructural que inaugura el lenguaje, añora un ser pleno que nunca tuvo. Es la nostalgia de lo imposible, del goce perdido que el significante produce como falta.

En el Seminario 11, esa nostalgia se articula con la pulsión y el objeto a: el sujeto gira en torno al vacío, intentando reencontrar algo del goce perdido —una nostalgia estructural que anima el deseo.

En textos posteriores (Seminarios 20 y 23, especialmente), puede pensarse una nostalgia del Uno, del goce no dividido, anterior al significante, que nunca existió pero opera como mito.

Lacan, entonces, da a la nostalgia un estatuto estructural: no se trata de recordar algo vivido, sino de desear lo que nunca fue.

André Green: nostalgia del objeto y del pensamiento

Green trabaja la nostalgia en un registro más clínico y afectivo: En textos como “El discurso vivo” o “La locura privada”, describe la nostalgia del objeto ausente, ligada a las configuraciones melancólicas. Habla de una nostalgia del pensamiento, donde el sujeto busca restablecer una continuidad afectiva y representacional perdida.

En la depresión, el sujeto se encuentra con un “vacío del objeto” que suscita nostalgia pero sin posibilidad de reinscripción simbólica.

Piera Aulagnier y el origen del sí mismo

Aulagnier introduce una noción muy afinada: la nostalgia de la imagen originaria.

En “La violencia de la interpretación”, plantea que el sujeto, al entrar en el lenguaje, pierde la inmediatez de la experiencia originaria y queda habitado por la nostalgia de ese tiempo anterior a la interpretación del Otro.

Es una nostalgia del sí mismo anterior a la palabra, una marca estructural del ingreso al discurso.

Otros desarrollos contemporáneos

Julia Kristeva en “Sol negro” vincula la nostalgia con la melancolía femenina y la experiencia de pérdida materna.

Christopher Bollas habla de la “nostalgia del objeto transformacional”, esa búsqueda inconsciente de reencontrar la experiencia temprana de ser transformado por el entorno materno.

Donald Winnicott se acerca a la idea a través del “objeto transicional”: el niño sostiene una nostalgia del momento en que el objeto y el yo aún no estaban separados.

miércoles, 27 de abril de 2022

La diáspora venezolana y la depresión

En la depresión como la ansiedad, en muy grandes y resumidos términos, responde a la imposibilidad de responder a un ideal, que viene del Otro. Este ideal aplasta al sujeto en tanto lo que se anula es su deseo. Decíamos, en esta entrada:

La depresión tiene que ver con ideal del Yo inalcanzable que nos hace sentir culpables, incapaces, perezosos y sobre todo fracasados. Dice Lacan:
El ideal del yo, por su parte, interviene en funciones que a menudo son depresivas, incluso agresivas con respecto al sujeto. 
(Jacques Lacan, El seminario, 5, Las formaciones del inconsciente, Ed. Paidós).

Psicoanalíticamente, vamos a encontrar a un sujeto tironeado por los ideales y castigado por el feroz superyó. 

La siguiente observación corresponde a un factor común dilucidado en la atención a pacientes que pertenecen a la diáspora venezolana y que corresponde a su cultura. Los venezolanos, como cualquier otra persona, no solo fueron hablados por las personas que los criaron, sino por su sociedad. De manera que al historizar la vida del paciente, debemos recordar que los mandatos van más allá que los pronunciados durante su historia infantil y que existen mandatos que tienen que ver más con lo social.

Un paciente, con mucha claridad, relata algunos de ellos: "Simón Bolívar dijo que un hombre que no estudiaba, era un ser incompleto. Para muchos venezolanos, estudiar los hace "alguien". Comienzan sus estudios universitarios hacia los 16 años y lo esperable es que lo terminen a los 23. A los 27 años deben comprar su carro (auto) y hacia los 30, estar casados". Muchos venezolanos son además católicos, explica, de manera que también reciben mandatos desde ese discurso.

Aunque un paciente desee cumplir con este plan, existe un escollo obvio: la crisis que actualmente sufre Venezuela y el hecho de que la diáspora haya tenido que emigrar. Emigrar no es tan solo una relocalización geográfica, sino un proceso de desarraigo que implica desasir una red simbólica para insertarse en una nueva. De manera que ese ideal que les ha servido a los venezolanos de antaño, que no vivían en la crisis, a la generación actual se le vuelve muy difícil de seguir. Simplemente, no podemos esperar los mismos resultados si las personas comienzan desde un punto de partida francamente diferente que las generaciones anteriores.

Los ideales chocan con lo más propio del sujeto, que es su deseo. ¿Y qué es el deseo? Es una falta fértil, me gusta decir, donde algo puede advenir y que no tiene que ver con los anhelos ni la necesidad. Spinozza lo define como "un apetito con consciencia del mismo", ubicándolo como algo del orden de la potencia. 

La propuesta del psicoanálisis es darle voz a esos ideales (que muchas veces aparecen obviados) para ponerlos en cuestión. Es decir, interrogarlos para que el sujeto pueda tomar distancia de ellos.

En cuanto a las depresiones, también nos toca a los analistas hacer un minucioso análisis de qué han perdido al abandonar el país. En este punto, trabajamos más con la idea de duelo y su consecuente afecto, que es la tristeza. 

lunes, 28 de septiembre de 2020

El paciente que decide emigrar

Las migraciones existen desde los orígenes del ser humano, ya sea por necesidad en busca de alimentación frente a la desertificación o las hambrunas que castigaron continentes enteros en el siglo XIX y con anterioridad. Pero también es legítimo expatriarse por anhelos personales, que pueden ser múltiples. Las causas manifiestas por las cuales los pacientes eligen y/o se deciden a emigrar son variadas:
- Crisis económica
- Búsqueda de mejores posibilidades de desarrollo profesional.
- Alta presión tributaria.
- Inseguridad.
- La idealización del “otro lugar”.

Abandonar el país: ¿Tentación, deseo o mandato?

Se imagina que el afuera, ese otro país, brindará mejores oportunidades. A veces se logra, y otras veces no es tan simple insertarse en una realidad diferente, en otra cultura, eventualmente en otro idioma. Pero la perspectiva de lograr una situación más acorde a sus deseos es un proyecto legítimo que no deja de ser doloroso. La dificultad de los jóvenes es un problema mundial. Asistimos a generaciones sin esperanza.

La desesperanza, como sentimiento, es una de las razones más fuertes que tienen los jóvenes para decidir irse del país. Hace tiempo Argentina dejó ser un país de esperanza como lo fue en la época de los inmigrantes. ¿Qué significa? Que pese al esfuerzo y el trabajo cuesta mucho lograr las metas que impliquen estabilidad y previsión económica, el principal deseo de los jóvenes hoy. Y se quieren ir porque buscan la esperanza que el país no les puede dar”.

El paciente no ve horizonte ni posibilidades de desarrollarse y, más aún, aparecen crisis muy grandes que recuerdan que pertenecemos al tercer mundo, surge la idea de ‘Otro lugar’, muchas veces idealizado, donde se va a poder vivir de mejor manera. El analista debe estar muy atento a este Otro lugar, que puede encarnar al Otro del paciente, en la medida que el sujeto lo imagina como completo, que lo recibirá en su seno al estilo "his majesty the baby" del yo ideal.

Otras veces el "otro lugar" aparece en forma de mandatos. El analista también tiene que interrogar lo que dicen los otros del paciente. A veces, de lo que se trata es de intentar cumplir el deseo de un padre o un abuelo, quienes permanentemente dicen expresiones penosas en relación a que el país de origen no bueno y que en otro lugar se está mejor. En el imaginario de muchos argentinos está presente la idea de volver a esas tierras, al lugar de donde aquéllos partieron sin desearlo y al que siempre quisieron volver. Tal vez puedan hacerlo de algún modo en términos transgeneracionales: las nuevas generaciones son instigadas, de manera inconsciente, a realizar los deseos de la primera, de quienes inmigraron a la Argentina para ‘hacer la América’”.

En la mayoría de los casos, las intenciones de residir en el exterior quedan, en gran parte, en el plano de las expresiones del orden del anhelo y en expresiones que quedan en la queja. Queja que el analista debe poder sintomatizar.

Por supuesto, abandonar el país de origen también puede tener que ver con el deseo del paciente y en este sentido, tener el valor de acto. Ahora, de la elección a la decisión hay un camino que hacer.

Cuando emigrar tiene que ver con el deseo: saber, elegir y decidir

Cuando efectivamente un viaje pasa del deseo hacia la decisión -en la circunstancia que sea-, hay ciertos puntos que conviene tener en cuenta.

Para decidirse hay que elegir y para elegir hay que saber. Mientras que la elección es un momento de clasificación, la decisión implica un pasaje al acto sobre aquello que se eligió. Una decisión inexorablemente conlleva al duelo por aquello que no se decidió. 

¿Cómo se elige? ¿Qué se elige cuando se elige? La elección, cualquiera sea, se hace en base a la valoración de determinados vectores, que no siempre están tan claros para el sujeto que elige. Por ejemplo, yo puedo elegir ir a trabajar a un determinado país, pero al no ser ciudadano está permitido.


Reflexionar sobre estos y otros aspectos permite que la decisión no se realice de manera impulsiva o apresurada. En el momento de saber al analista le toca, pregunta y mucho tacto mediante, despejar fantasía de realidad (¡Blasfemia, dije palabra con R!). En este sentido, no es lo mismo haber conocido un país como turista, en determinada estación o período del año, con determinada situación política que puede haber quedado en el pasado. El paciente debería conocer cuál es la política inmigratoria del país de donde quiere ir a vivir: ¿Es ciudadano? ¿Visa laboral, de estudiante? ¿Qué limitaciones hay? ¿Puede validar su título? ¿Cuál es el plan, dónde piensa vivir? ¿Qué red de contención hay en el lugar de destino?

El psicólogo, en tanto intervención en prevención primaria, debería estar informado sobre los mecanismos de captación en la trata de personas mediante el engaño, ya sea con la modalidad de oferta de trabajo o de "enamoramiento".

Decíamos que no hay decisión sin pérdida. La decisión de emigrar también abre procesos de duelo por lo que se deja: una relación amorosa, familiares, amigos y hasta mascotas. El deshacerse de los objetos materiales suele ser muy movilizante también. A esto, se le agrega la angustia por el futuro.

Hacer con el desarraigo
Lacan definió al desarraigo como la pérdida de aquello que afecta hasta lo más íntimo del organismo humano: el asimiento de lo simbólico.

El desarraigo cultural implica un sentimiento de no-identificación con la sociedad que ha acogido al sujeto y que produce profundas crisis emocionales y físicas. Aunque el desarraigo puede verse disminuido en gran parte, es un sentimiento que nunca abandona al exiliado quien en algunas circunstancias y momentos "siente que no es de allí" o que le hacen sentir que no pertenece a esa sociedad. Pero ese desarraigo que sufre, al menos en toda la primera etapa del exilio, paradójicamente, puede sentirla también al regresar a su país de origen.

Se produce una crisis de identidad en la que el sujeto se siente desvinculado de su sociedad de origen y no se siente integrado en el país de acogida. Demasiado frecuentemente se recurre a la identidad de las raíces o de las experiencias primeras que responde a la pregunta «¿de dónde eres?».

En nuestra época, de tantos intercambios e interinfluencias, hay que entender la identidad individual como una tarea de bricolaje, ensamblaje o amalgama permanente por parte de un sujeto que debe trabajar sobre sí mismo con los elementos más variados, cultural y socialmente heterogéneos, siendo el soporte de todo ello su propia individualidad (Martuccelli, 2007). Aunque siga acudiendo a referentes grupales para construir su identidad es imposible mantener una identidad unificada en torno a un único referente identitario (Bermejo, 2011). El sujeto no puede escaparse de la obligación de inventarse a sí mismo, en una obstinada construcción de identidad, a fin de dotarse de una unidad y coherencia que le permitan mantener ese sentido de «mismidad» en los nuevos contextos de tan altos y diferentes estímulos e intercambios. Muchos de estos son producidos en la cotidianidad (Lefebvre, 1984) sin interés expreso del sujeto y, evidentemente, sin consciencia de ello.

Al contrario de otros momentos históricos, hoy en día los espacios de análisis pueden conservarse mediante el uso de las tecnologías de la era digital. 

El análisis, ante el desarraigo, no ofrece ninguna ortopedia reeducativa de habilidades sociales, sino en el respeto por lo más singular del sujeto: su síntoma. Ningún arraigo, ningún lazo, puede pensarse por fuera de él. El sinthome es la estabilidad que tenemos y lo más duradero. No hay lazo fuera de él.

jueves, 11 de junio de 2020

Distintos tipos de familia. Las intervenciones del terapeuta según el modelo estructural.

Es siempre una equivocación teorizar más allá de lo que permiten los datos.

Los terapeutas de familia aprenden a teorizar más allá de los datos que poseen acerca de una familia, pero siempre conscientes de que la estructura de esta nunca se les manifiesta enseguida. Solo en el proceso de coparticipar con una familia, sondear las interacciones y vivenciar la estructura que la gobierna alcanzarán a conocer su modalidad de interacción.


Las familias que acuden, tienen configuraciones y estructuras diferentes, y como la forma no puede menos que influir sobre la función, reaccionaran frente a los obstáculos según modalidades que les vienen impuestas por su configuración. Esta indicara posibles campos funcionales y posibles eslabones débiles dentro de su ordenamiento estructural.


Las configuraciones en la práctica son: las de pas de deux, de tres generaciones, del soporte, del acordeón, de la familia cambiante y de la familia huésped.


Familia de pas de deux

Se compone de dos personas solamente. El terapeuta puede conjeturar que con probabilidad están muy apegadas. Si se trata de madre-hijo, es posible que este pase mucho tiempo en compañía de adultos (y acaso pueda estar adelantado en su capacidad verbal, lo que lo lleve a pasar menos tiempo de lo corriente con los niños de su edad).


La madre puede tender a interpretarlo con exceso, puesto que no tiene otra persona en quien concentrarse. El resultado de todo esto puede ser un estilo de vinculación intensa que alimente al mismo tiempo la mutua dependencia y el resentimiento reciproco.


Otro ejemplo de este tipo de familia es la pareja anciana cuyos hijos ya han dejado el hogar. Suele decir que padecen del síndrome del nido vacío.


La estructura de dos personas es proclive a una formación de liquen, en que los individuos contraen una dependencia casi simbiótica. 


Es una posibilidad que el terapeuta sondea si sus observaciones indican que la unión excesiva cercena las potencialidades de los miembros, planea intervenciones para deslindar la frontera entre los componentes de la díada al tiempo que cancelara las que mantienen a cada uno de estos individuos desvinculados a otras personas.


Familias de tres generaciones

Es probablemente la configuración familiar mas típica en todo el mundo. La configuración de la familia extensa aloja en la multiplicidad de sus generaciones la posibilidad de una especialización funcional. La organización del apoyo y la cooperación en las tareas familiares se puede llevar a cabo con una flexibilidad inherente a esta forma de familia, y a menudo con una genuina pericia. Este tipo de organización requiere de un contexto en que la familia y el medio extrafamiliar se encuentren en armoniosa continuidad.


Cuando trabajan con familias de tres generaciones, los terapeutas de familia se deben guardar de su tendencia a obrar una separación.

Lo indicado desde el punto de vista terapéutico fuera trabajar dentro del sistema cooperativo hacia una diferenciación de funciones y no promover la información de una estructura acorde a la norma cultural.

Para el terapeuta es importante descubrir el peculiar ordenamiento de la familia con la que trata.


Son  muchas las formas de familia de tres generaciones. Desde la combinación de progenitores solteros, abuelo y niño, hasta la compleja red de vastos sistemas de parentesco que no necesitan estar alojados en un mismo domicilio para ejercer notable influjo. Puede ser indispensable para el terapeuta descubrir cual es realmente la familia, cuantos miembros tiene y que nivel de contacto sostienen estos con la red extensa. En ningún caso se debe subestimar el influjo de la familia extensa sobre las funciones de la familia nuclear.


Un posible eslabón débil en la familia multigeneracional, es la organización jerárquica. Cuando una familia extensa de tres generaciones acude a la terapia señalando a uno de sus miembros como el portador del síntoma, el terapeuta investigara eventuales coaliciones intergeneracionales que acaso tomen a uno de los miembros de la familia como chivo emisario o vuelvan disfuncionales determinados holones.


En estos casos, esclarecer las fronteras entre los holones puede ayudar a diferenciar las funciones y facilitar la cooperación.


Familias con soporte

Cuando son muchos los niños en un hogar, por lo común uno de ellos, y a veces varios de los mayores, reciben responsabilidades parentales. Estos niños parentales toman sobre sí funciones de crianza de los demás niños, como representantes de los padres.


Este ordenamiento funciona sin tropiezos mientras las responsabilidades del niño parental están definidas con claridad por los padres y no sobrepasan su capacidad, considerado su nivel de madurez. El niño parental es puesto en una situación que lo excluye del subsistema de los hermanos y lo eleva hasta el subsistema parental. Esta situación tiene aspectos atractivos, puesto que el niño tiene acceso directo a los progenitores; además, puede promover sus habilidades ejecutivas.


Sin embargo, pueden contraer síntomas cuando se descargan sobre sus hombros responsabilidades superiores a sus fuerzas, o no se les confiere la autoridad que les permitiera ponerlas en práctica. Estos niños, por definición, quedan tomados entre dos fuegos: se sienten excluido del contexto de los hermanos, pero no aceptados de manera genuina por el holón parental.


En la terapia puede ser eficaz emplear técnicas de fijación de fronteras que reorganicen el subsistema parental sin el niño parental, y realizar sesiones con los hermanitos solos, en que la posición de aquel sea reorganizada. O bien, si el subsistema parental ya está recargado, la responsabilidad de brindarle apoyo, se puede distribuir de manera más equitativa entre los hermanos.


Familias acordeón

En ciertas familias, uno de los progenitores permanece alejado por lapsos prolongados (el ejemplo clásico son las familias de militares).

Cuando uno de los cónyuges se ausenta, el que permanece en el lugar tiene que asumir funciones adicionales de cuidado con los niños.


Las funciones parentales se concentran en una sola persona.


Los niños pueden obrar en el sentido de promover la separación de los padres y tienden a expulsar al progenitor periférico.


Es posible que estas familias demanden terapia cuando el progenitor viajero cambia de trabajo y se convierte en figura dentro de la organización familiar. En ese momento es preciso que sobrevenga un desplazamiento en el modo en que la familia tiene de organizar sus funciones. El progenitor periférico debe ser reinsertado en una posición provista de sentido.


La terapia incluirá en esta, maniobras no solo reestructuradoras, sino educativas. La familia tiene que comprender que, en efecto, forma una familia nueva.


Familias cambiantes

Ciertas familias cambian constantemente de domicilio


Es también el caso de los gerentes de grandes empresas que son transferidos con frecuencias de una sucursal a otra. En otras circunstancias es la composición misma de la familia la que varia. 


El ejemplo más frecuente es el progenitor soltero que cambia de pareja una y otra vez. 


Si el cambio de contexto interesa a los adultos que desempeñan un papel significativo, es importante para el terapeuta reconstruir un historial que le permita determinar si lo que parece una organización estable no es, en realidad, transitoria.


En tal caso parte de la función del terapeuta  ayudar a la familia para que defina con claridad su estructura organizativa. 


Si el cambio del contexto atañe al domicilio, hay perdida de sistemas de apoyo, tanto familiares como de la comunidad. La familia queda aislada. Los niños que han perdido su red de compañeros y deben ingresar en un contexto escolar nuevo, pueden desarrollar disfuncionalidad.


Es esencial no dar por supuesto que la crisis es producto de una patología existente en la familia. El holón de esta es siempre parte de un contexto más vasto. Distorsionado este contexto vasto, la familia manifestara distorsiones.


Familias huéspedes

Un niño huésped es por definición miembro de una familia temporaria. Los asistentes sociales en los institutos de colocación dejan en claro que la familia huésped no debe apegarse al niño; es preciso evitar una relación padre-hijo.


Un problema potencial en esta configuración familiar es que en ocasiones, la familia se organiza como si no fuera huésped. El niño es incorporado al sistema familiar. Si después desarrolla síntomas, pueden ser el resultado de tensiones dentro del organismo familiar. No obstante el terapeuta y la familia pueden suponer que los síntomas del niño son producto de su experiencia previa al ingreso de esta familia, o bien desde una patología internalizada, puesto que es un niño huésped y técnicamente no es miembro de la familia.


Es preciso evaluar el nexo del síntoma con la organización familiar.


Si la sintomatología es el producto del ingreso del niño en un sistema nuevo, este funciona como si atravesara una crisis de transición. Por el contrario, si el niño ya está integrado plenamente a la familia, sus síntomas obedecen a la organización de esta y se relacionan con las tensiones que otros miembros de la familia manifiestan de diverso modo.


En la situación mencionada en último término, una complejidad adicional de la familia huésped es la introducida por la presencia del instituto de colocación. Estos institutos pueden obrar de un modo que estorbe la posibilidad de acomodamiento entre el niño y la familia huésped. 


En estos casos el terapeuta tiene que contemplar la posibilidad de introducir a la asistente social del instituto en el contexto terapéutico y utilizarla como coterapeuta a fin de prestar asistencia al organismo total, incluido el niño.


Familias con padrastro o madrastra 

Cuando un padre adoptivo se agrega a la unidad familiar, tiene que pasar por un proceso de integración que puede ser mas o menos logrado.


El nuevo padre puede no entregarse a la nueva familia con un compromiso pleno, o la unidad originaria puede mantenerlo en una posición periférica. Es posible que los hijos redoblen sus demandas dirigidas al padre natural, exacerbando así el problema que a este le plantea la división de lealtades.


En esta configuración familiar, las crisis son comparables a los problemas que surgen en un organismo familiar reciente y se las debe considerar normales. 


Es posible que un terapeuta tenga que asistir a la familia introduciendo esquemas para una evolución gradual. En ciertos casos puede ser conveniente para los miembros de las dos familias originales, mantener al comienzo sus fronteras funcionales y relacionarse como dos mitades que cooperan para resolver problemas en la vía que la familia sigue la configuración de un solo organismo.


Familias con un fantasma

La familia que ha sufrido muerte o deserción puede tropezar con problemas para las tareas del miembro que falta.


A veces, apropiarse de las funciones del miembro que falta se convierte en un acto de deslealtad a su memoria. Por lo tanto es posible que se respeten las antiguas coaliciones como si ese miembro aun viviera.


Los miembros de estas familias pueden vivir sus problemas como la consecuencia de un duelo incompleto. 


Desde el punto de vista terapéutico, se trata de una familia en transición. Las configuraciones anteriores estorban el desarrollo de nuevas estructuras.


Familias descontroladas

En familias en que uno de sus miembros presenta síntomas en el área del control, el terapeuta supone la existencia de problemas en uno o varios entre determinados campos: la organización jerárquica de la familia, la puesta en practica de las funciones ejecutivas dentro del subsistema parental y la proximidad entre miembros de la familia. Esto varia según el estadio de desarrollo de los miembros de la familia:

  • Familias con hijos pequeños: los problemas mas comunes los presenta el niño en edad preescolar, a quien sus padres definen como un “monstruo”que no quiere admitir regla alguna. Sin embargo vale aclarar que para un tirano que no se eleva un metro del suelo sea mas alto que el resto de los miembros de la familia, es preciso que este subido sobre los hombros de uno de los adultos.

En esta situación la meta terapéutica consiste en reorganizar la familia de modo que los padres cooperen entre sí y el niño sea rebajado hasta su lugar.

  • Familias con hijos adolescentes: aquí es posible que los problemas de control se liguen con la capacidad de los progenitores para pasar del estadio de padres solícitos de niños pequeños al de padres respetuosos de adolescentes.

En el trato con las familias en que hay adolescentes en conflicto, lo mejor es que el terapeuta siga un camino intermedio. Sustentará el derecho de los padres a formular determinadas demandas y a pedir que se los respete como tales. Y también apoyara las demandas de cambio que haga el adolescente.

  • Familias con hijos delincuentes: el control de los progenitores depende de su presencia. Las reglas existen solo mientras ellos están ahí para imponer su vigencia. En esta organización , los padres tienden a producir una alta proporción de respuestas controladoras, a menudo ineficaces. Las pautas de comunicación tienden a ser caóticas en estas familias. Los participantes no cuentan con ser escuchados, y los mensajes sobre la modalidad del vinculo son mas importantes que el contenido. Las comunicaciones parecen organizadas en torno de secuencias o interacciones nimias, inconexas, provistas de un valor afectivo.

Cuando estas familias tienen varios hijos, el subsistema de los hermanos puede llegar a ser un contexto importante que permite iniciar la organización de una nueva configuración familiar y crear fronteras significativas.

  • Familias con niños maltratados: el sistema no puede controlar las respuestas destructivas de los padres hacia los hijos. Por lo común esos progenitores carecen de sistemas de apoyo. Responden a los hijos como si solo fueran una continuación de ellos mismos, por lo tanto, cada acción del hijo es vivenciada por el padre como una respuesta personal. Los progenitores que se encuentran en esta situación carecen de un contexto adulto en que se pudieran desenvolver competentemente. La familia se convierte en el único campo en que el progenitor puede desplegar poder y capacidad, y ésta restricción excesiva aflora como agresión. En cientos casos la familia que maltrata a sus hijos se organiza en torno de una díada demasiado unida: madre-hijo, generalmente.

  • Familia del bebé que no prospera: se suele clasificar en misma que la familia en que se maltrata a los hijos. No obstante, una y otra familia ofrecen características diferentes. El desmedro del bebe no obedece a una situación de proximidad, sino por el contrario a la incapacidad de los padres para dar respuestas a las necesidades de su hijo. Se trata de una organización de miembros desapegados.


  • En estas situaciones, las técnicas terapéuticas procuran interesar a los padres, a diferencia del las técnicas de deslinde de fronteras que son las indicadas en caso de maltrato de a niños.

    En estos dos tipos de familia los niños sufren de fobias escolares.

    Familias psicosomáticas
    Incluye una excesiva insistencia en los cuidados tiernos. La familia parece funcionar óptimamente cuando uno esta enfermo. Entre las características de estas familias se descubre la sobreprotección, la fusión o la unión excesiva entre los miembros de la familia que se caracterizan por la incapacidad para resolver conflictos, enorme preocupación por mantener la paz o evitar los conflictos y una rigidez extrema. Estas familias parecen enteramente normales, la familia típica. Sus miembros son buenos vecinos. No se querellan con nadie. Se destaca por las relaciones de lealtad y de protección, en suma, es la familia ideal.


Uno de los problemas con que el terapeuta tropieza en estas familias en justamente su carácter agradable. Sus miembros parecen ansiosos por responder. El terapeuta puede creer que cooperan con él, solo para sentirse una y otra vez decepcionado por los problemas que le oponen, así como por la facilidad con que lo absorben en las melosidades de su política de paz a cualquier precio.


viernes, 22 de mayo de 2020

El dolor de la partida.


- ¿No sería mejor que nos suicidáramos? - le preguntó Anna a su padre. Él le respondió con amargura:
- Eso es precisamente lo que ellos quisieran. 
El arreglo para que abandonen el pais no fue un trámite sencillo. La Gestapo le puso un precio a la libertad de ellos, se trataba de un “impuesto que deben pagar por desertar del Reich”. Se realizó una tasación ficticia de los libros amontonados en el local de la editorial. Algunos de ellos revolucionaron la historia del pensamiento, pero en realidad carecían de valor monetario, ya que hacía tiempo que no se permitía la venta de la obra de ese pensador judío. 
Todo parecía estar resuelto pero la Gestapo exigió más dinero, aseguraba que se trataba de una deuda con el editor. A él no le hizo ninguna gracia, pero la princesa Marie afrontó los gastos. 
Finalmente llegó el momento de partir, podía llevarse apenas unos pocos libros. Un viejo librero conocido adquirió los que no habían sido seleccionados, se llevó cientos. 
- Son tan bellos- se lamentó el viejo - hay cosas mucho más terribles que están sucediendo, pero me dan ganas de llorar.
Nadie sabía que un año después el bibliotecario del Instituto psiquiátrico de Nueva York los compraría salvándolos de la destrucción y el olvido. 
Entre varios amigos intentaran rescatar otro de sus tesoros, sus amadas estatuillas. Son muchos los documentos, anotaciones y cartas que el profesor tiraba en la papelera para que sean quemados. Marie y Paula escondieron las papeles tirados en sus faldas y la princesa los llevó a la embajada de Paris durante varios días. 
Freud les dijo que no se preocupen, que era necesario hacer una limpieza. 
- Después de todo, mi vida sólo tiene interés en relación del con el psicoanálisis - les dijo. 
Se conmemoraban dos aniversarios: 52 años de ejercicio profesional y ochenta y dos años del nacimiento de Sigmund. Paula quizo hacerle un pastel. Freud la detuvo con un gesto. No existían razones para festejar. O se habían apagado frente al dolor de tener que irse. 
Un día de Junio llegó la Gestapo. Le exigió que escribiera un certificado en el que constara que todo se desarrolló de forma legal. Freud firmó el papel y, mirando a los ojos a los agentes de la Gestapo, les preguntó irónicamente:
- ¿Me permiten añadir que les recomiendo encarecidamente la Gestapo a todo el mundo?
A Paula comenzó a latirle el corazón aceleradamente, parecería que se le escapaba del cuerpo. El uniformado le sacó el papel de la mano bruscamente irradiando un profundo odio en su mirada y se retiró del lugar sin decir palabra alguna. 
- Tranquila Paula - le dijo Freud - terminemos de empacar, me debes un pastel que harás cuando lleguemos a Inglaterra.

Fuente: Berthelsen, Detlef. La vida cotidiana de Sigmund Freud y su familia. Recuerdos de Paula Fichtl.