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martes, 30 de junio de 2026

¿Qué le pone un límite al dolor de existir?

 Freud descubrió que el sufrimiento humano no se reduce al dolor físico ni a un conflicto psicológico consciente, sino que está ligado a la propia condición de ser hablante. En articulación con la psiquiatría francesa de su época, Lacan se refirió al "dolor de existir" que no es un concepto técnico único y cerrado. 

Para Lacan, el dolor de existir es el sufrimiento inherente a la condición del sujeto del inconsciente: un sujeto dividido por el lenguaje, separado de toda satisfacción plena y confrontado con un goce que nunca logra dominar completamente. No remite sólo a acontecimientos vitales dolorosos, sino a la estructura misma de la existencia humana como ser hablante.

Hay un matiz interesante si se compara esta noción con Sigmund Freud. Mientras Freud sitúa el malestar como consecuencia del conflicto entre las pulsiones y las exigencias de la cultura, Lacan radicaliza la tesis: el sufrimiento no proviene únicamente de la cultura, sino de la propia inscripción del sujeto en el lenguaje. Existir como hablante implica una pérdida estructural y un resto de goce que ninguna solución definitiva puede eliminar. Esa es una de las razones por las que el análisis no busca suprimir el dolor de existir, sino modificar la relación singular que cada sujeto mantiene con su deseo, su síntoma y su modo de gozar.1

1. El dolor de existir como efecto de la entrada en el lenguaje

Para Lacan, el ser humano no nace simplemente como un organismo biológico: nace inmerso en un universo simbólico. Al ingresar al lenguaje, pierde la posibilidad de una satisfacción plena e inmediata. El deseo queda estructuralmente marcado por una falta.

En ese sentido, existir como sujeto implica una pérdida irreversible. Nunca hay un objeto capaz de colmar definitivamente el deseo. Ese resto de insatisfacción no es un accidente: es constitutivo.

El dolor de existir es, entonces, el malestar propio de una existencia atravesada por la falta.

2. El dolor de existir en la depresión y la melancolía

En el Seminario 10 y especialmente en el Seminario 17, Lacan retoma una expresión de la psiquiatría clásica ("la douleur d'exister") para pensar ciertos cuadros donde el sujeto ya no sufre tanto por un conflicto determinado, sino por el mero hecho de existir.

No se trata simplemente "me pasó algo malo", "estoy triste por una pérdida", sino un sufrimiento mucho más radical: el existir mismo pesa.

Muchos pacientes lo describen con frases como cansancio de vivir, que el esfuerzo es enorme, que no encuentran motivo, que la vida les pesa, etc. Lo insoportable es sostener el hecho de existir, no necesariamente desean morir.

3. Relación con el goce

Aquí aparece una de las ideas más originales de Lacan. El sujeto no sólo desea; también goza, incluso de maneras que le producen sufrimiento.

El dolor de existir está ligado al hecho de que el cuerpo queda capturado por un goce que no puede regular completamente. Por eso Lacan puede afirmar que el síntoma no sólo hace sufrir: también sostiene una modalidad singular de goce.

El dolor de existir es una manifestación de ese encuentro del cuerpo con un goce que excede al principio de placer.

4. Comparación con la angustia

No son equivalentes. La angustia aparece cuando el sujeto queda demasiado cerca del objeto que causa su deseo.

El dolor de existir, en cambio, puede presentarse como un fondo permanente de sufrimiento, incluso sin episodios intensos de angustia.

Podría decirse que mientras que la angustia es un afecto localizado; el dolor de existir es un tono fundamental de la experiencia subjetiva.

5. En la psicosis

Lacan observa que en algunas psicosis el dolor de existir aparece de forma especialmente desnuda.

Al faltar ciertos recursos simbólicos que permiten dar sentido a la experiencia, el sujeto puede enfrentarse de manera directa a ese peso de existir.

Esto explica por qué algunos pacientes psicóticos hablan de la vida como algo insoportable sin que necesariamente medie un conflicto identificable.

6. El dolor de existir, ¿Es universal?

En cierto sentido, sí. Todo sujeto hablante conoce algo del dolor de existir porque todos están separados de una satisfacción absoluta, pero no todos lo experimentan con la misma intensidad, que va a depender de la estructura clínica, la posición subjetiva, la economía del goce, los recursos simbólicos disponibles.

En algunos sujetos constituye apenas un trasfondo de la vida; en otros ocupa el centro de la escena clínica.

¿Qué recursos simbólicos contribuyen a "hacer algo" con el dolor de existir?

Los recursos simbólicos no eliminan el dolor de existir; más bien permiten hacer algo con él, darle una forma, inscribirlo en una trama de significaciones y limitar el goce que, de otro modo, podría volverse invasivo.

Algunos de esos recursos son:

La palabra

Es el recurso simbólico por excelencia. Poder poner en palabras el sufrimiento no significa simplemente describirlo, sino producir una elaboración que lo transforme. En un análisis, muchas veces el cambio no proviene de descubrir una verdad oculta, sino de encontrar otra manera de decir y de escuchar la propia historia.

Las identificaciones

Las identificaciones (a un padre, una profesión, una comunidad, una tradición, un ideal) organizan la existencia. Aunque Lacan muestra que ninguna identificación resuelve la división subjetiva, sí pueden ofrecer un marco que sostenga al sujeto y ordene el deseo.

Cuando estas identificaciones se debilitan —por ejemplo, tras una pérdida importante, una jubilación o una ruptura— el dolor de existir puede hacerse más evidente.

Los ideales

Los ideales pueden ser opresivos cuando funcionan como superyó ("deberías ser mejor"), pero también pueden orientar una vida. Tener un proyecto, una causa o un horizonte permite que el deseo encuentre una dirección, aunque nunca una satisfacción completa.

Los lazos con otros

El sujeto no existe aislado. La amistad, el amor, la familia, los grupos de pertenencia y las instituciones son soportes simbólicos. No eliminan el sufrimiento, pero hacen que no tenga que ser llevado en soledad.

Los rituales

Las culturas han inventado innumerables rituales para tratar aquello que resulta imposible de simbolizar completamente: funerales, duelos, celebraciones, aniversarios, ceremonias religiosas.

El trabajo y la creación

Lacan concede un lugar importante a la sublimación. Escribir, investigar, pintar, enseñar, construir, criar hijos o ejercer un oficio son maneras de tramitar el deseo y de producir algo con el resto imposible de colmar.

No "curan" la falta, pero la vuelven productiva.

El síntoma

Esta quizá sea una de las respuestas más originales de Lacan. El síntoma no es sólo un problema; también es una solución singular. Es el modo en que cada sujeto consigue anudar el lenguaje, el cuerpo y el goce.

En su última enseñanza, Lacan llega incluso a pensar que el objetivo del análisis no es eliminar el síntoma, sino aprender a servirse de él. El síntoma puede convertirse en un recurso estabilizador, lo que luego denominará, en ciertos desarrollos, un modo de hacer sinthome.


sábado, 6 de junio de 2026

La culpa en Nietzche: antecedente al superyó freudiano

 Friedrich Nietzsche señala que en alemán la palabra “Schuld” significa tanto culpa como deuda. Este dato lingüístico no es anecdótico para él, sino que le sirve como pista para una tesis más amplia sobre el origen de la moral.

Nietzsche desarrolla esto sobre todo en La genealogía de la moral (segunda disertación). Su idea central es que lo que hoy experimentamos como “culpa moral” tiene un origen mucho más concreto y material: las relaciones económicas entre acreedor y deudor.

En ese marco:

  • La deuda (Schuld) es inicialmente algo literal: alguien debe algo a otro.
  • Cuando el deudor no puede pagar, el acreedor obtiene el derecho a una compensación, que en sociedades antiguas podía incluir castigos físicos (hacer sufrir al deudor).
  • Ese vínculo entre deuda y castigo va dejando una huella: se establece una equivalencia entre deber y merecer sufrimiento.

A partir de ahí, Nietzsche propone un desplazamiento clave:

  • Con el desarrollo de la vida social y la internalización de las normas, esa relación externa se interioriza.
  • El sujeto ya no necesita un acreedor externo: se vuelve deudor de sí mismo (o de la comunidad, o de Dios).
  • Así nace la culpa moral como sentimiento interno, ligado a la idea de que “debo algo” y por eso “merezco castigo”.

Esto se vuelve todavía más potente cuando aparece la religión, especialmente el cristianismo según Nietzsche:

  • La deuda se vuelve infinita (con Dios).
  • Y la culpa también: el sujeto queda atrapado en una lógica donde siempre está en falta.

Un concepto clave que articula esto es el de “mala conciencia” (schlechtes Gewissen):
la agresividad que antes se dirigía hacia afuera (castigar al deudor) ahora se vuelve hacia adentro, generando autoinculpación, remordimiento y auto-castigo.

En resumen:
Nietzsche usa el doble sentido de “Schuld” para mostrar que la culpa moral no nace de una verdad ética trascendente, sino de una transformación histórica de relaciones de poder, deuda y castigo.

viernes, 24 de octubre de 2025

Cómo distinguir el síntoma del fantasma

 La importancia de Diferenciar el Síntoma y el Fantasma en la Clínica

El síntoma irrumpe con malestar: se manifiesta en el cuerpo, en la conducta, en los pensamientos. Duele, desconcierta, limita. Es una formación del inconsciente, donde lo reprimido retorna disfrazado. El síntoma se padece.
Aunque están íntimamente ligados, el síntoma y el fantasma no son lo mismo.

El fantasma, a diferencia del síntoma, se manifiesta como una escena psíquica repetitiva—aunque no seamos conscientes de ello—, y en la que siempre ocupamos un mismo lugar subjetivo, incluso si su efectuación nos genere sufrimiento.
 
¡¡Punto Clave!! 
“El síntoma es la punta visible del iceberg; el fantasma, la trama invisible que lo sostiene.”

¿Qué implica Habitar un lugar en la Escena Fantasmática?
Habitar la escena fantasmática es ocupar un lugar fijo dentro de una estructura inconsciente que responde a la pregunta por el deseo del Otro, organizando el deseo del sujeto y protegiéndolo de la angustia que este le genera.

La pregunta fantasmática que suele orientar ese posicionamiento subjetivo puede ser: ¿Soy quién te salva? ¿Soy quién te falta? ¿Soy el culpable? ¿Soy el rechazado? Estos lugares se ocupan sin conciencia ni elección, por el contrario se inscriben en una línea continua de repetición.

 
¡¡Punto Clave!!
Habitar esta escena fantasmática ofrece cierta estabilidad subjetiva. Sin embargo, esta "seguridad" es protección y cárcel porque su fijeza y repetición impide la experiencia de un deseo diferente y más propio del sujeto, que es la causa de su malestar y sufrimiento. 

¿Cómo se presenta el Fantasma en las distintas Formas Clínicas de la Neurosis: Histeria, Obsesión y Fobia?


a. En la Histeria, el fantasma se configura como una escena en la que el sujeto se ofrece como objeto del deseo del Otro, sosteniendo su falta, sin asumir su propio deseo.

b. En la Neurosis Obsesiva, el sujeto se posiciona como quien piensa y controla el deseo del Otro, postergando y/o evitando el acto que expresa su propio deseo.

c. En la Fobia, el fantasma no se halla plenamente estructurado. El objeto fóbico cumple la función de localizar y anclar la angustia, evitando que lo real irrumpa sin mediación.


El Síntoma: ¿Qué nos revela?

Para S. Freud, el síntoma es una formación del inconsciente que surge como compromiso entre un deseo reprimido y las defensas del yo. Se manifiesta en el cuerpo o en la conducta —a través de actos, movimientos, sensaciones o síntomas físicos— y provoca sufrimiento en el sujeto. Aunque es una expresión simbólica del deseo reprimido, el síntoma genera malestar intenso y revela el conflicto interno que atraviesa al sujeto. 

¿Qué hace el analista frente al Síntoma?

El analista escucha el síntoma como una formación del inconsciente que condensa un conflicto entre deseo y defensa. Su intervención consiste en leer su lógica, ubicar su función en la economía psíquica y producir interpretaciones que desestabilicen su fijación. Interpretar el síntoma implica hacer emerger el deseo reprimido que lo sostiene. No se busca suprimir el síntoma, sino transformar la posición del sujeto frente a ese malestar. 
 
¡¡Punto Clave!!
Interpretar el síntoma no implica eliminarlo, sino abrir interrogantes allí donde hay repetición, haciendo lugar a la pregunta por el deseo que lo sostiene. 

¿Por qué el Síntoma se interpreta y el Fantasma se atraviesa?

El síntoma se interpreta porque su sentido simbólico permite al sujeto tomar conciencia del deseo reprimido que lo sostiene y modificar su repetición.

En cambio, el fantasma no es una representación sino una ficción que estructura la posición del sujeto frente al deseo del Otro. Por eso, no puede ser abordado como una instancia sólo significante.
 
¡¡Punto Clave!! 
Atravesar el Fantasma implica desarticular esa ficción y la repetición que fija al sujeto, abriendo nuevas formas de relación con el deseo. 

¿Qué sucede cuando el sujeto atraviesa el Fantasma?

Cuando el sujeto atraviesa el fantasma, se produce un desplazamiento en la identificación que sostenía la ficción estructurante del deseo del Otro.
 
¡¡Punto Clave!!
El atravesamiento del fantasma posibilita la aparición de un deseo singular, más allá de la repetición del mandato inconsciente que hasta entonces lo anudaba. Así, el sujeto puede liberar su goce y resignificar su experiencia subjetiva.

viernes, 18 de julio de 2025

Sutura, nombre propio y el poder de lo imposible

Aquí retomamos la sutura como operación, una noción que Lacan trabaja con fuerza en el Seminario 12, donde relanza sus elaboraciones sobre el nombre propio, ya presentes en La identificación (Seminario 9), pero ahora con un abordaje topológico mucho más elaborado. Sin embargo, este giro topológico no implica un abandono del andamiaje lógico anterior, sino más bien una ampliación: lógica y topología se constituyen como coordenadas esenciales para pensar el estatuto tanto del nombre propio como del sujeto.

La sutura, en tanto operación, se apoya en lo formulado en el Seminario 9, donde la identificación es definida como una operación que hace lazo. Es en este marco que la noción de sutura se despliega en dos dimensiones fundamentales:

  1. La dimensión lógica, que permite formalizar una lógica del significante propia del psicoanálisis —más allá de los límites de la lingüística—. Esto fue especialmente trabajado por Jacques-Alain Miller en su texto La sutura, donde reproduce su exposición en el seminario de Lacan. Allí, se muestra cómo la lógica del significante hace posible formalizar la falta en el Otro, que se propone como horizonte en La identificación.

  2. Esta lógica del significante se distancia del modelo puramente diacrítico de De Saussure. Mientras la lingüística estructural piensa el significante en términos de diferencias puras y relaciones horizontales, Lacan introduce una aporía estructural: la falla, el vacío, la imposibilidad, no son accidentes, sino el punto axial del funcionamiento del significante en el sujeto.

Por eso, la enseñanza de Lacan no solo da cuenta de una lógica del significante, sino que se afirma como una clínica de lo imposible. En El reverso del psicoanálisis (Seminario 17), Lacan define el psicoanálisis como tributario de ese “poder de lo imposible”, en contraste con la “impotencia de la verdad”. Esta afirmación no implica abandonar la verdad, sino redefinir su lugar: la verdad no como totalidad accesible, sino como borde, como límite estructurante.

Desde esta perspectiva, el sufrimiento del sujeto aparece como testimonio de aquello que, al no poder decirse en la verdad, retorna en el cuerpo. El síntoma, en tanto retorno de lo reprimido, se convierte en huella de ese imposible de decir —lo que no entra en el discurso, pero insiste. Así, la clínica lacaniana no busca abolir la verdad, sino sostener un trabajo con sus límites, hacer lugar al vacío y al no-todo, y formalizar allí el espacio donde el sujeto puede inscribirse.

miércoles, 5 de marzo de 2025

El borde entre dolor y la satisfacción

El vínculo entre el deseo y la máscara no puede reducirse a una simple relación de ocultamiento y revelación, ni responder a la lógica de lo interior frente a lo exterior. Se trata, más bien, de una conexión que rompe con la noción tradicional de espacio euclidiano y nos obliga a pensar en términos topológicos, donde la estructura del deseo se muestra excéntrica respecto a la satisfacción.

Desde esta perspectiva, el deseo no se inscribe en un centro fijo, sino en un movimiento desplazado, lo que nos lleva a preguntarnos si su lógica responde a la de una superficie unilátera, con torsiones o interpenetraciones que imposibilitan una lectura lineal. En esta dinámica, algo queda siempre por desear, y es en ese resto donde Lacan sitúa el “dolor de existir”, trazando un límite entre el sufrimiento y la satisfacción.

Esta reflexión encuentra su base en la distinción freudiana entre la experiencia de satisfacción y la experiencia de dolor, ambas generadoras de un excedente: el deseo y la angustia. La clínica muestra que el deseo se acompaña de una dificultad estructural, mientras que la angustia señala el borde que lo delimita, introduciendo la dimensión del peligro que el propio deseo puede implicar.

Lacan avanza en este camino al situar las dos funciones del objeto a: como causa de deseo y como plus de goce. Esto nos lleva a una pregunta fundamental: ¿bajo qué condiciones una satisfacción puede volverse inseparable del dolor? Pero ya no se trata solo del dolor de existir…

lunes, 9 de diciembre de 2024

Las intervenciones del analista frente al sufrimiento infantil

 En la Clínica Infantil, los motivos más comunes de consulta suelen estar relacionados con inquietudes manifestadas por los padres o cuidadores respecto a sus hijos. Estas preocupaciones incluyen dificultades de atención en la escuela, donde los niños parecen enfocados en otras escenas, comportamientos calificados como “malos” que se traducen en movimientos hiperquinéticos sin un rumbo claro, regresiones conductuales como encopresis o enuresis, crisis de angustia repentinas y actitudes de negativismo persistente.

Para orientar las intervenciones en estos casos, es fundamental reflexionar sobre aspectos clave del mundo interno y relacional del niño. Es importante comprender cuál es su lugar dentro de la estructura familiar, los rasgos o situaciones con los que se identifica, las idealizaciones o mandatos que recaen sobre él, así como los recursos subjetivos y defensas psíquicas con los que cuenta. También se debe analizar cómo expresa su angustia, cuál es el estado de su narcisismo en el momento de la consulta y si posee la capacidad de juego simbólico, esto es, un juego que no sea meramente automatizado. Es esencial observar si el niño o niña puede construir una narrativa lúdica y qué escenas tiende a repetir en este espacio de expresión.

En este trabajo clínico, es imprescindible dar cabida a las preocupaciones de madres, padres, cuidadores e incluso del entorno educativo. Sin embargo, es fundamental no quedar atrapados por las demandas que estos Otros significativos puedan plantear. La prioridad del analista debe ser el bienestar del niño y su proceso subjetivo.

El sostén que ofrece el analista es un recurso invaluable. Este sostén permite al niño desplegar sus fantasías y miedos inconscientes, escenificar sus conflictos edípicos y encontrar, a través del juego, una salida simbólica que le permita integrar sus experiencias.

La mirada del analista debe estar orientada siempre hacia la potencia infantil, hacia aquello que el niño tiene la capacidad de construir en su presente y que podrá expandirse en el futuro. Es crucial recordar que el psiquismo infantil está en plena estructuración y que ningún estado, por angustiante que parezca, es definitivo. Frente a las preocupaciones de los adultos y del propio niño, resulta vital sostener la certeza de que “nada es para siempre”.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

El sufrimiento de los pacientes: no es el hábito, es la posición

El psicoanálisis, en su especificidad clínica, no se presenta como una terapéutica orientada a modificar conductas. Más bien, su propósito radica en abordar, desde el motivo de consulta, alguna pregunta que interpela al sujeto y lo implica en aquello de lo que se queja.

Desde esta perspectiva, la práctica analítica se enfoca en el sujeto en relación con su posición respecto del deseo como deseo del Otro. Las conductas que el sujeto menciona, aquellas de las que se queja, sufre, o incluso dice querer cambiar sin lograrlo, no son más que una fachada, un revestimiento que oculta y a la vez preserva algo más profundo.

Lo que se protege tras ese ropaje es la posición fundamental del sujeto, ese eje central que organiza su existencia y que se construyó en su vínculo con el deseo del Otro. Esta posición, por su naturaleza fantasmática, está sostenida por una ilusión: la consistencia del Otro.

Por ello, en el trabajo analítico no se trata de intervenir directamente sobre el hábito en el sentido de conductas repetitivas o costumbres que deban modificarse. Más bien, lo que se pone en juego es la posición subjetiva que el sujeto ocupa y que da forma a su modo de estar en el mundo.

El término "hábito" aquí adquiere un doble sentido. Por un lado, se refiere a lo imaginario, aquello que el sujeto hace habitualmente y que parece requerir cambio a nivel superficial. Pero, por otro lado, también remite a un disfraz, una vestidura que el sujeto utiliza para esconderse y protegerse, mientras sostiene su posición en relación con el deseo del Otro.

En este sentido, el hábito funciona como una suerte de ornamento: por un lado, embellece o da forma a la posición subjetiva; por otro, le otorga una ilusión de consistencia. Es precisamente esta consistencia ilusoria la que permite al sujeto mantener la fantasía de que puede causar el deseo del Otro, sosteniéndose en una ficción que vela la falta estructural del Otro. Así, el hábito no es solo lo que se hace, sino también lo que protege y oculta.

viernes, 29 de diciembre de 2023

El sufrimiento infantil ¿Qué-hacer en la clínica?

¿Cómo reconocer en la clínica si un infante sufre?

Es frecuente recibir en el consultorio niños y niñas que expresan su sufrimiento, siempre de acuerdo a las particularidades de su subjetividad y su historia. Desatentos (o mejor dicho, con la atención puesta en otra escena), otros que padecen conductas regresivas (encopresis, enuresis), infantes que se mueven sin orientación ni rumbo, y tantos otros que presentan crisis de angustia a la manera de berrinches y negativismos persistentes.

¿Qué-hacer para ayudarlos?

Te compartimos 5 recomendaciones que te resultarán beneficiosas.

1° RECOMENDACIÓN

Cuando recibimos a un niño en tratamiento, resulta fundamental preguntarnos:

✅¿En qué lugar está ubicado ese niño en su complejo familiar?

¿Con qué rasgo y/o situación el niño o la niña se halla identificado?

¿Qué idealizaciones y/o mandatos recaen sobre el infante?

¿Cuáles son los recursos subjetivos y/o defensas psíquicas que prevalecen en ese niño o niña? ¿Qué idealizaciones y/o mandatos recaen sobre el infante?

¿De qué forma, con los recursos que ya posee y aún con los que no, expresa su angustia?

¿Cómo se halla configurado su narcisismo en el tiempo de la consulta?

¿Posee la posibilidad del juego simbólico, es decir no automatizado?

¿Puede el niño o la niña armar de manera lúdica una historia, que exprese alguna narrativa?

¿Qué escenas repite en el juego?

2° RECOMENDACIÓN

Intentaremos tener siempre presente que nuestro paciente es el niño o la niña.

En la clínica infantil nos encontramos con múltiples actores que van más allá de nuestro paciente: madres, padres y cuidadores preocupados, docentes e instituciones que solicitan el logro de ciertos “objetivos escolares”, y otros discursos terceros, con prejuicios arraigados, en los que corremos el riesgo de quedar atrapados.

Por este motivo y por tanto más, resulta siempre fundamental mantener una disponibilidad abierta hacia el niño o la niña, que lo aloje y lo abrace en su sufrimiento, en su subjetividad irrepetible, ayudándolo a que pueda a abrir la puerta para “ir a jugar su juego”, en el que se incluya con su propia traza subjetiva entre sus otros familiares y sus otros semejantes.

3° RECOMENDACIÓN

Un tesoro inigualable: nuestro sostén

Una función fundamental del analista en la clínica infantil es “el Sostén” -al decir de Winnicott-, esto implica posibilitarle al niño o la niña un despliegue de sus pulsiones. El analista funcionará como el que puede recibir y devolver de manera ligada el des-borde pulsional. Nuestra palabra, narración, presencia, intentará oficiar de espacio seguro para que el infante escenifique sus encerronas edípicas, orientandolo siempre a que encuentre su subjetividad encuentre una puerta de salida.

4° RECOMENDACIÓN

Estar siempre dispuestos a lo que “sí” puede ocurrir: una apertura al acontecimiento

Como analistas, nos apartaremos de la “posición negativista” que es la que pone el foco en aquello que el niño o la niña no puede hacer, ni decir, ni representar, ni jugar, ni crear. Intentaremos corrernos, así, de la angustia de los Otros familiares y/o los establecimientos educativos y recreativos.

Por el contrario, nos sostendremos en lo que se halla en plena potencia, es decir, en plena capacidad de estar construyéndose en tiempo presente, y que encontrará un despliegue mayor en su futuro mediato.

5° RECOMENDACIÓN

Enseñanza fundamental: Clave Clínica

El niño o la niña nunca están parados en el mismo lugar, aunque no nos sea visible de manera directa. Y nosotros, como analistas, así se lo haremos saber y oficiaremos de apoyo y respaldo con nuestras palabras, nuestros gestos y nuestras acciones.

El pago en un análisis

 Frente a la pregunta sobre aquello con lo que un sujeto paga en un análisis, el sentido común nos haría suponer rápidamente que uno paga con dinero, lo cual puede ser fuente de no pocas quejas. Sin embargo, el dinero representa un medio simbólico, que pone en juego otra cosa.

El sujeto llega a la consulta analítica porque algo, una satisfacción, se transforma en un penar de más. Una satisfacción que fantasmáticamente regulaba la distancia a la castración del Otro se transforma en un excedente que lleva al sujeto al malestar, lo que está indisociablemente ligado a su sexualidad

Justamente lo que autoriza a un analista a intervenir es ese penar de más. El sujeto pena de más, y en la medida en que la pulsión participa de la sexualidad el psicoanálisis se ocupa de ella.

En este sentido, entonces si la consulta analítica está motorizada por el penar de más será efectivamente con eso, con lo que el sujeto deberá pagar.

De este modo, un análisis lleva a un sujeto a una coyuntura en la que debe “decidir” si conserva o paga (es decir, si conserva o pierde aquello que le hace penar de más). Y en este punto es importante tener en cuenta que el sujeto accede de este modo a una salida, de ese penar. Y sólo puede salir por donde entró, lo que significa que ese malestar que comandó la consulta es una respuesta al deseo como deseo del Otro.

jueves, 11 de agosto de 2022

Cuando el pedido no es una demanda: intervenciones clínicas

El pedido es una demanda en el sentido genérico, pero no es una demanda en el sentido analítico. Un paciente va a un servicio por una demanda espontánea, en la mayoría de los casos, y se encuentra con una terapéutica orientada desde el psicoanálisis, generando una tensión en el campo sintomático. El paciente pide una terapéutica al Hospital, pero que muchas veces no está orientada en el análisis.

¿Cómo pensar estos pedidos sin demanda y cómo se cruzan con nuestras concepciones teóricas? ¿Cómo intervenir?

Pensemos en una neurosis o psicosis funcionales. Por ejemplo, hay neurosis obsesivas que nunca llegan a la consultan porque trasladan todo su bagaje de funcionalidad al carácter o a la forma de ser. Entonces, dicen "Siempre fui así, soy así, las cosas son así", son personas que quizá pidan algo, pero nunca una demanda de conmover a ese ser. En las psicosis funcionales, vamos a encontrar que muchos fenómenos adosables a un trastorno mental son justamente lo que les permite funcionar. 

Luego tenemos "los mandados sin demanda" En tanto funcionan, no demandan. Pero, empujados por el discurso de la ciencia, nosotros tenemos que producir alguna maniobra preliminar para ver si es posible un tratamiento. ¿Es posible intervenir sobre el pedido e incidir sobre la no demanda?

El encuentro de dos discursos. Por un lado está el que el analista sostiene y es en el que se formó. Y por otro lado está el discurso del patjhos, de aquel que padece y que consulta, por el motivo que sea, pero no piden ni un análisis ni una psicoterapia orientada desde esa perspectiva. Cada vez aparecen más cuestionamientos a la formación psicoanalítica, sumado a los profesionales que se interesan cada vez más por la orientación cognitivo conductual. Esto, lejos de ser un problema, abre al juego y a la oferta. La hegemonía de la psiquiatría dio paso a la hegemonía del psicoanálisis de orientación lacaniana, que tampoco fue la felicidad de los prados: como en toda hegemonía, genera exclusiones y segregaciones, además de otros problemas éticos. Actualmente estamos ante una tercera etapa, que es la caída de la hegemonía del discurso analítico y la aparición de dispositivos integrados, que enriquece el intercambio.

Pensemos en los vectores de la demanda terapéutica y la demanda analítica:

La S central se refiere al síntoma. El analista que trabaja en una institución se ve interpelado entre la demanda terapéutica y la analítica. 

La dimensión analítica apunta al síntoma, ordenando los trastornos, los malestares y el pathos en tanto pueda darle forma a un síntoma. El síntoma no solo porta una solución de compromiso, sino que también porta una demanda de carácter inconsciente. 

La dimensión terapéutica se centra en ser una respuestas al pathos. No solo a la patología, sino al pathos de los goces, intentando dar una respuesta terapéutica a eso. Quien sostiene esta idea, apunta a curar o normalizar el pathos. 

Nosotros sabemos que los goces, en tanto no son goces del cuerpo como imaginario, solo permiten hacer operaciones sobre el cuerpo real o el simbólico, pero no agota a lo real, que sigue estando allí. Lo que si se puede es cambiar la posición del sujeto a lo largo de un tratamiento frente a lo real y por ende, a algunos goces que se pueden acotar. Acotamiento no es agotamiento, sin embargo. El discurso psiquiátrico sostiene que los goces se pueden agotar; el psicoanálisis va por el lado del acotamiento. Por ejemplo, para la psiquiatría el delirio, en tanto pathos, puede ser agotado, aunque ningún médico sostiene en la práctica que una psicosis pueda ser "curada". No hay posibilidad de estado anterior al pathos. 

La dimensión analítica encuentra al agente tensionado por esos dos vectores no simétricos. La dimensión analítica es un vector ético que tracciona e interpela a la dimensión terapéutica a su eje ético: la ética del bien decir, una ética sostenida en el deseo y en un trabajo o acotamiento de los goces, orientado desde el síntoma. Toda intervención, toda relación con el pathos ó el paciente (transferencia), toda economía que acontezca en el cuerpo (RSI), debe estar al servicio de una política: el síntoma.

Táctica, estrategia y economía están al servicio de ser orientados desde la política del síntoma. Si uno decide mantener la política del psicoanálisis en una institución, el analista también hace síntoma, porque la dimensión terapéutica, que para el psicoanálisis llega por añadidura de la dimensión analítica, en este campo de la salud pública, la dimensión terapéutica es el sentido de esa fundación, además que el paciente lo pide. raramente un paciente viene a analizarse, sino que demanda una terapéutica. De manera que el analista no solo debe saber hacer con su síntoma, sino también con su ética.

De lo que se trata es de sostener una terapéutica, pero como subraya Lacan en Variantes de la cura tipo, una terapéutica que no es como las demás. 

En este esquema superior vemos la TÁCTICA, que son las intervenciones, al servicio de una ESTRATEGIA (que es la transferencia), con un vector ÉTICO  que regula los dispositivos, que es la ECONOMÍA. Por último, la función del analista se ordena bajo una política.

Podemos pensar en un campo de pedidos sin demanda. Siguiendo a Lacan en Saber y verdad, penúltimo de los Escritos 2, hay una permanente tensión entre saber y verdad, dos campos heterogéneos que por eso separamos:

La división entre saber y verdad nos sirve para saber de qué tipo de pedidos se trata: hay pedidos que vienen del campo del saber, como el discurso médico, el psicológico y el discurso tóxico. El discurso tóxico es un saber que tiene el consumidor, que rivaliza con el saber del médico y psicológico y definitivamente rechaza el saber analítico. El consumidor adicto es un desconfiado del inconsciente. El adicto rechaza cualquier planteo diferente al de la palabra, un rechazo casi forclusivo de querer saber. Esto genera agotamiento en quienes intentan mantener una terapéutica centrada en el psicoanálisis en los pacientes con patologías de consumo.

Otras demandas que vienen como pedido de tratamiento que vienen del campo del saber son las demandas sociales, escolares. Las demandas médico-psicológica son las demandas del orden de la interconsulta, como los médicos clínicos con pacientes que no le responden a la terapéutica, el psiquiatra que deriva porque no le funciona la medicación. 

Los pedidos del campo de la verdad son el pathos del paciente. También las demandas familiares, el pathos de la familia, de la pareja, de los hijos, sea cual sea el pedido. 

Para pasar del campo del pedido a la demanda es necesaria una operación preliminar, que podemos llamar, siguiendo a Badiou, una operación de forzamiento. Badiou, en Lógica del acontecimiento, habla del forzamiento, que no es obligar, sino forzar el carácter de la neutralidad. El analista tiene dos principios: neutralidad y abstinencia. Cuando no hay pedido, hay una paradoja. Debe poner en suspenso la neutralidad: no todo es lo mismo. Muchas veces el analista debe recortar, señalar, denotar que ahí hay algo. Cuando el sujeto ve que su discurso de saber, su discurso tóxico o su hábito no le funcionan del todo, cuando el sujeto viene a quejarse que quiere sacarse de encima una pareja, un síntoma, un hábito... hay algo de decepción en relación al estado anterior. El analista debe subrayar que hay algo del no-todo del saber: algo tiene que fallar en el orden del saber y en la verdad.

Si logramos este forzamiento como maniobra preliminar, pasamos de un pedido terapéutico a quizás algo del orden de la demanda. Cuando el sujeto toca el agujero del "no todo" (centro de la imagen), se da cuenta que el no todo del discurso tóxico o el no-todo del discurso de la familia continúa siendo funcional, abriendo un horizonte de dos salidas posibles.

En general, los pedidos del campo del saber van hacia el campo de la verdad, al estilo consciente. Por ejemplo, un médico que hizo todos los protocolos y su paciente sigue teniendo úlcera. El saber pide verdad y la verdad ¡Pide saber! ¿Cómo romper ese circuito cerrado? Con la operación de forzamiento que vimos, suspendiendo la neutralidad, pero sin suspender la abstinencia. Esto es, no mostrar el deseo personal de "yo quiero que te trates". Solo debería subrayar algo así como "Esto que me decís, que siempre hiciste X cosa y ahora no te funciona, es clave".

Si el sujeto logra meterse en el agujero del no-todo, puede abrir a la dimensión de la demanda. En el campo de la demanda se invierte la ecuación, aparece el campo de "OTRA VERDAD", que es la verdad del pathos y no la verdad de la forma de ser. estamos en el territorio del campo pulsional. El saber del discurso de la ciencia, el saber de la psicología, deviene "OTRO SABER", un saber no-todo que es parte del campo de lo inconsciente. 

En la demanda no hay saber/verdad, sino un saber no-todo y una verdad no-toda. Si eso acontece, hay espacio para el trabajo analítico... creo. No es una hipótesis científica ni una creencia religiosa, sino una conjetura de trabajo. Hacemos existir al inconsciente en tanto somos lectores, pero esa es una operación de forzamiento. Muchas veces esta operación no podrá realizarse, como vimos en Psicoanálisis y Medicina. Muchas veces la demanda consciente del sujeto no coincide con la demanda inconsciente. A veces, quien pide una terapéutica, lo que pide es que lo confirmemos en su condición de enfermo. A veces piden que le quitemos el pathos y otra veces ni siquiera eso: quiere que le confirmemos que no está enfermo, que no es pathos. La diferencia entre demanda consciente e inconsciente quedará para otra entrada.

jueves, 21 de octubre de 2021

El sufrimiento psíquico: Del trauma a la fantasía

 Los conceptos de sufrimiento, trauma, fantasía y síntoma son términos sumamente enlazados en la obra de Freud, que resultan centrales para la clínica. La propuesta de la dra. Amalia Baumgart, plasmada en dos consignas que considero propiciatorias, es el punto de partida para desarrollar este pequeño texto que intentará dar cuenta, de manera parcial, el desarrollo histórico freudiano de estos conceptos. Además, teniendo en cuenta que es la fantasía la que le da estabilidad y durabilidad al síntoma como formación del inconsciente, propongo puntuar qué elementos nos permiten construir tal concepto.

1893 - El “Proyecto…” Nuestro recorrido comienza por el primer texto donde Freud inaugura la idea de un aparato psíquico que aún lo describe en gran medida utilizando conceptos de la neurofisiología logía de aquella época. A Freud le preocupa qué es lo que le da fuerza al ser humano para vivir… y para formar síntomas neuróticos. Sospecha que el desvío de estas fuerzas, en algunos casos, es lo que produce los síntomas.

1894 - Las neuropsicosis de defensa. El aparato psíquico es conceptualizado como un aparato defensivo, cuya capacidad de separar la representación irreconciliable del afecto, deja a la primera excluida de la consciencia y como “no acontecida” para ésta. Sin embargo, es esa representación sustraída la implicada en la formación del síntoma, producto del empleo de la excitación ligada anteriormente a ella Freud plantea 3 soluciones:

En la histeria, la representación se separa del afecto y va al cuerpo. Entonces tenemos la histeria, atravesada por la pulsión y un cuerpo que habla.

En las obsesiones, la energía se desplaza hacia otra representación.

En la psicosis alucinatoria, la representación directamente se arranca del yo y adviene desde el exterior.

1896 - Nuevas aportaciones a las neuropsicosis de defensa. Freud establece que lo que enferma es el reproche por una situación sexual (en el sentido de genital, para esta época) real vivida en un momento presexual, en la infancia, y que Freud trata como traumática. El reproche reaparecerá años después cuando Freud trabaje el sentimiento inconsciente de culpa, algo muy frecuente de ver en la clínica.

1897 - Cartas a Fliess n° 69. Es un texto conocido por la frase “Mis histéricas me engañan”. Freud cuenta que sus pacientes lo estaban engañando en cuanto a la realidad efectiva de los hechos traumáticos vividos que sus pacientes denunciaban. Sin embargo, Freud se da cuenta que en estos “engaños” hay una estructura, con guiones típicos y que ocurren en números limitados. 

1900 - La interpretación de los sueños. Aparece la conceptualización del aparato psíquico con el esquema del peine, la primera tópica, inspirado en el arco reflejo de la neurología. Se trata de una sucesión de instancias que comienza por el polo perceptivo y termina por el polo motor. Freud dice que el aparato psíquico puede graficarse como un aparato óptico, como esas cámaras fotográficas antiguas de esa época.

1905 - Tres ensayos… Aparecen ubicadas tres fantasías primordiales: de castración, de seducción y de coito entre los padres. En todas, hay un sujeto activo y otro pasivo.

Además desarrolla la historia de la sexualidad infantil y sus fases. Freud hace un quiebre entre sexualidad y genitalidad.


1905 - Fragmento de un análisis de un caso de histeria. En este texto hallamos el “caso Dora”, donde Freud describe que la paciente, que abandonó el tratamiento como venganza, “actuó {agieren} un fragmento esencial de sus recuerdos y fantasías, en lugar de reproducirlo en la cura.” 

1908 - Fantasías histéricas y su relación con la sexualidad. En este texto aparece la notable escena que Freud describe acerca de la histérica que con una mano se arranca la ropa como un hombre y con la otra se defiende como una mujer. Freud lee la fantasía inconsciente “en escena” (no es producto de la asociación libre, pues la paciente no habla) y describe que la misma está proyectada sobre la motilidad, actuada pantomímicamente, en lo que se conoce como ataque histérico. Freud interpreta que ella, con una mano es el padre y con la otra mano es ella. En el caso de la histeria, una parte es masculina y en la otra es femenina. 

Podríamos decir que entre otras cuestiones,  el texto introduce a que el aparato psíquico obedece a la bisexualidad.  La bisexualidad tiene una consecuencia teórica, pues amplia el repertorio de identificaciones. El paciente no se identifica solamente con quien ama, sino también con el que odia. 

1914 - Recordar, repetir, reelaborar. Nuevamente, Freud utiliza el verbo agieren para decir que sin saberlo, “el analizado no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúan. No lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite

1915 - Pulsiones y sus destinos. Mucho puede decirse este texto, pero subrayaré las versiones gramaticales de la pulsión, que responde a la conjugación gramatical: voz activa, la voz pasiva y la vuelta sobre si mismo.

1919 - Pegan a un niño. Freud introduce el masoquismo en la clínica. Freud explica una primera teoría del sadismo originario (que reformula en 1924 con “El problema económico del masoquismo”): el sadismo originario vuelve hacia el interior y esto explica el concepto de autorreproche, donde el sujeto se culpa.

Con unos pocos casos, Freud construye la lógica de esta fantasía, que tiene tres ejes: 

1) Mi padre pega a un niño (odiado por mí, agrega). 

2) Yo soy pegado por mi padre (escena inconsciente, construída por Freud según la versión edípica). 

3) Un niño es pegado.

Nuevamente, aquí tenemos tres perspectivas: un activo, un pasivo y un tercero que mira. Nuevamente, la pulsión en términos gramaticales. Esa es la gramática de la pulsión: activo (hago), pasivo (me hacen), reflexivo (me hago hacer).

1923- El yo y el ello. Segunda tópica. Freud resume su teoría del funcionamiento del aparato psíquico y se dedica a trabajar sobre el ello, el superyó y el yo. Freud pasa a darle muchísima importancia a lo pulsional. El yo está planteado como la parte más organizada del ello y al mismo tiempo es el representante del mundo exterior en el aparato psíquico. El yo tiene que mantener un equilibrio entre el superyó, las exigencias del ello y el mundo externo.

1937: Construcciones en psicoanálisis. El trabajo analítico como construcción de la sexualidad infantil olvidada por efecto de la represión.

lunes, 8 de marzo de 2021

Sufrimiento emocional en el test del árbol

El test del árbol alude a aspectos más inconscientes y biográficos históricos de la personalidad y el psiquismo del sujeto, con lo cual en muchos casos es el relato sobre el dibujo realizado que da el sujeto, lo que nos permite comprender alguno de los indicadores más significativos que gráficamente podemos observar. 

En este dibujo podemos ver un tamaño muy pequeño aunque emplazado en la zona central izquierda. Es un árbol con ramas cerradas en ángulo pero como aplastadas ya que caen hacia ambos lados. La de la izquierda es única rama y presentan como atravesado una rama (simbólicamente significativa), el árbol no se asienta sobre una base estable, presenta suelo ondulado, raíces a la vista (pero no hace transparencia, ídem en la rama mencionada). 

La impresión global es de tristeza, vulnerabilidad. Estos indicadores gráficos dan cuenta de sufrimiento psíquico y emocional. Podríamos ver indicadores depresivos. Al integrar luego con el relato (siempre los relatos es bueno leerlos a posterior de analizar el dibujo, para lograr una comprensión mayor y ver las correlaciones o diferencias entre la producción grafica y la escrita). 

El relato amplia el sentido de los indicadores gráficos mencionados, da cuenta de traumas vividos (el árbol fue secado, maltratado, talado cuando no era necesario). El desenlace no es positivo la escritura grafológicamente desciende y tiene sobre todo al final palabras poco legibles. Esto nos da cuenta del profundo estado de depresión que atravesaba la persona al momento de la evaluación. Se trataba de una adolescente. En los dos últimos años había tenido muchas pérdidas amigo, abuelo, ruptura de pareja, esta información se obtuvo de la escala Sucesos de vida administrada.

viernes, 22 de enero de 2021

Derivación al psiquiatra: ¿Cuándo un psicólogo o psicoanalista cree que es necesaria la medicación?

El tratamiento es un proceso, como dice Freud: comienza y se desarrolla por la evolución del vínculo transferencial. 

Vemos que la posición de los psicólogos respecto a la medicación varía. La mayor parte de las veces si se llega a la necesidad de la medicación es porque el analista piensa que ya no puede ligar por medio de interpretación/construcción la actuación transferencial. Si eso ocurre, se suele descubrir retrospectivamente que se escapó la tortuga o el caracol.... Eso significa que hay resistencias en el analista y/o el supervisor, además de las del paciente. 

La medicación no hace al paciente más apto para analizar. Si uno observa los efectos de la medicación ansiolítica se notan en primer lugar los similares a la represión, en especial los olvidos, que comienzan luego de los 20 o 30 minutos. En los antidepresivos se notan los efectos de disminución de la libido; en los antipsicóticos, una desconexión de sentido de los acontecimientos.... Todos esos fenómenos, psicoanalíticamente, corresponden con el incremento de mecanismos de defensa. Es decir, con la inconscientización. De esta manera, el paciente puede estar menos ansioso, menos deprimido, pero como un triunfo de las defensas, todas ellas patógenas y que empobrecen al yo.

Evaluar la causalidad del sufrimiento. Si la causalidad del sufrimientos psíquicos se considerara única, determinada por la vuelta del inconsciente reprimido, tendríamos una sola terapia psíquica: la psicoanalítica. 

Lo cierto es que el dispositivo clásico de la terapia analítica solo es adecuado para las neurosis de transferencia y no para cualquier patología, en donde se incluyen las neurosis actuales y las traumáticas (ver Psa. salvaje o silvestre). 

Además, nadie está a salvo de haber errado con la indicación terapéutica y desayunarse algún día con un paciente que se brota durante o por el análisis. Y, por si no fuera suficiente, ¿quién garantiza que a una simple y bien reconocida neurosis de transferencia no se le agregue un "nerviosismo" por causas endocrinas o tóxicas?  

Si todo fuera determinado por el inconsciente y curado por el psicoanálisis, habríamos descubierto la panacea sin habernos dado cuenta. 

viernes, 27 de marzo de 2020

¿Alivio sintomático durante las crisis?


Por Lucas Vazquez Topssian
No hay novedad alguna en decir que la pandemia actual de COVID-19 ha alterado la vida de casi todo el mundo, literalmente hablando. Desde que la enfermedad irrumpió, los psicólogos trabajamos de día, de noche, por teléfono, por cámara del celular en Whatsapp, Skype o Facebook, rearmando los consultorio digitalmente en la nube de Úbeda. Allí atendemos los diversos y nuevos padecimientos que la situación actual conlleva.

Aún así, no todos los casos hablan de una intensificación del sufrimiento. Resulta que una estimada colega y mentora me comentó haber notado, bastante extrañada, que en el medio de todas estas dificultades algunos pacientes graves súbitamente mejoraron. Por poner un caso, un paciente con depresión que apenas lograba levantarse de su cama antes del confinamiento obligatorio, ahora se había puesto a remodelar su casa, a tirar lo viejo, a poner cortinas nuevas y a pintar las paredes. ¿De qué se trata todo este renacimiento fenixíaco?

Lo primero que se me ocurrió fue que es algo parecido a la trama de la película Melancholiade Lars Von Trier, y del análisis que se hace en esta conferencia. En el final de la película (perdón por el spoiler), Justine renace al mismo tiempo que el mundo está llegando a su fin, conteniendo a su familia mediante la memorable escena de la casa mágica que ella hace para sus sobrinos. 

También se me vino el vago recuerdo de haber leído algo al respecto, en alguna parte... Así que con Mónica, la colega en cuestión, dedicamos el tiempo libre a ponernos a buscar en la obra de Freud dónde estaba mencionado este fenómeno. ¿Más allá del principio de placer? ¿Duelo y melancolía? Nada de eso. Lo único que encontré al respecto fue esta carta que le mandó Ernest Jones a Angel Garma del 23 de agosto de 1942:


Querido Dr. Garma:

Ha habido una notoria disminución de las neurosis desde que hay guerra, lo cual atribuyo a que las penas y peligros de vida alivian la necesidad de autocastigo.

Con cordiales saludos,

Su muy sincero

Ernest Jones.

P.S. Tengo un niño pequeño que colecciona estampillas pero no tenemos mucha correspondencia con otros países en la actualidad. Quizás cuando usted me escriba la próxima carta será usted tan amable de adjuntar algunas estampillas de Sud América.



Ahí lo tenemos: en situaciones de sufrimiento social ocurre una disminución de padecimientos neuróticos. Ernest Jones lo llamó "la extraña desaparición o disminución notoria de las neurosis durante la guerra". Del mismo modo, podríamos afirmar lo contrario: la neurosis se hace notoria en situaciones donde está dada la posibilidad de satisfacción. En esos casos se nota que el impedimento de satisfacción es de origen interno.


Por otra parte, si un padecimiento, una angustia, una pena, un síntoma, son curados con una mejoría en la situación socioeconómica, con una amistad, con un amor, con un buen consejo, con unas buenas vacaciones, y cosas por el estilo, no eran padecimientos neuróticos. No todo sufrimiento es neurótico y por lo tanto el psicoanálisis no está indicado para todos.

viernes, 28 de febrero de 2020

El análisis de cualquiera: los inanalizables.

No se trata de tener ciertos problemas, tampoco de responder algunas preguntas. Mucho menos de conocerse, con la especularidad que implica el reflexivo. Y, pase lo que pase, se trata del deseo de análisis. La pregunta es dónde comienza, como se mantiene y en qué momento se convierte en un goce que no pide otra cosa que su existencia. 

Sin deseo de análisis, aunque alguien visite con regularidad a quien lo recibe según las reglas del dispositivo analítico, el asunto se convierte en inanalizable. Quiero decir, no basta el sufrimiento y/o el alivio que circula, cuando falta ese deseo de otra cosa que no es demanda de “resolver problemas” –aunque se presente de esa manera– sino esa inquietud de sí que dice algo de la pregunta encarnada en cada singularidad. 

Gianni Tognoni, especializado en políticas sanitarias dice algunas cosas de interés: 
1. La medicina es como una rama de la economía. Y los médicos sólo quieren ganar más. 
2. Los laboratorios lanzan cada vez nuevas versiones de los mismos remedios. 
3. El plan oficial argentino Remediar es una trampa para el sistema de Salud Pública. 
4. La sobremedicación no está controlada: “El tratamiento de la demencia senil en ancianos. Los medicamentos que hay no ayudan en nada y no terminan con la enfermedad, sólo de vez en cuando los despiertan un poco. La contrapartida es un aumento enorme de ventas.

Los trastornos sexuales son otro gran mercado. Por ejemplo, muchos jóvenes toman Viagra en la primera cita: es una locura y, sobre todo, porque no les hace nada. Muchos médicos recetan también una droga similar a las mujeres cuando se quejan de no haber tenido sexo al menos dos veces en los últimos tres meses. Eso no es serio. Hace poco escuché algo sobre una nueva enfermedad: ‘el síndrome de las piernas inquietas’. Si uno de vez en cuando mueve las piernas por nervios, puede tomar un nuevo remedio que actúa como placebo. Es como si fuera un chiste, pero es increíble la cantidad de enfermedades que se inventan para ganar más dinero” (Diario Perfil 29/10/06). 

Gianni Tognoni, doctor en filosofía y medicina, es también un referente internacional en farmacología y epidemiología y dirige el Instituto Mario Neri Sud en Roma. Bastan estos datos para confiar en que sabe lo que dice. El mercado de la salud inventa enfermedades, los mismos medicamentos cambian de nombre y de presentación y vuelven a circular, los laboratorios premian a los médicos que más recetan con invitaciones a congresos, etcétera. 
¿Qué tiene que ver esto con el psicoanálisis? Se genera una posición donde cada uno es asistido para resolver un problema del que sería el receptor pasivo. 

Cualquiera que haya practicado el psicoanálisis sabe que debe sacar a quién lo consulta de esta posición: es lo que Jacques Lacan llamó en su momento “rectificación subjetiva”. Lejos de encontrar una solución para el problema planteado en estos términos, primero habrá que confrontar al sujeto con el problema que dice tener. 

Esa medicina descripta por Gianni Tognoni también alimenta la cortina de humo de la crítica al psicoanálisis. Cada semana alguna publicación explica al consumidor cómo debe ser un psicoanalista: como por arte de magia, siempre se trata de algo que de seguirlo en la práctica volvería imposible el análisis. No tiene que haber malentendido alguno, el consumidor debe saber de antemano los pasos a seguir, no aceptar lo que no entienda que es para su bien, etcétera. Es que la economía de la medicina no quiere que le distraigan la clientela. 

El análisis de cualquiera tiene como condición que exista un deseo de analizarse, algo que difiere del pedido de solución de un problema. Ese deseo puede leerse entre las palabras de un pedido, pero no se trata del pedido mismo. “Quiero entenderme con mi pareja”, dice el que busca ayuda para separarse. “Yo me castigo”, interpreta quién se dedica a castigar al partenaire con sus quejas. 

Dicho lo anterior, es analizable cualquiera que lo desee y tenga la suerte de encontrarse con otro que sepa que el inconsciente responde cuando el que pregunta ya está adentro. No todos los que sufren quieren analizarse, pero cualquiera que se analiza sufre de alguna cosa.

Fuente: Germán García (2006) "El análisis de cualquiera", publicado en Imago Agenda