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miércoles, 5 de agosto de 2026

¿Qué es la errancia y cómo verla en la clínica?

 La errancia es uno de los conceptos más interesantes que aparecen alrededor de la clínica de las psicosis ordinarias, aunque no constituye un concepto técnico tan delimitado como la forclusión o la triple externalidad. Es un término que utilizan con frecuencia Jacques-Alain Miller y varios autores de la orientación lacaniana para describir un modo de existencia del sujeto.

En sentido amplio, errar significa "andar sin rumbo". Pero, clínicamente, no se refiere solamente a deambular físicamente, sino a una dificultad para encontrar un punto de anclaje subjetivo.

La errancia como falta de inscripción

Desde la perspectiva lacaniana, el sujeto neurótico está relativamente "anclado" por ciertos significantes: una profesión, un nombre, una historia, una posición respecto del deseo, un síntoma relativamente estable. En algunas psicosis ordinarias, esos anclajes son mucho más frágiles. El sujeto puede tener la sensación de que nada termina de fijarse.

La consecuencia es una vida que parece organizada por desplazamientos continuos. No necesariamente hay sufrimiento intenso; muchas veces el sujeto incluso vive así durante años.

La errancia puede observarse en distintos planos en la clínica.

La errancia geográfica es quizá la forma más evidente. Pacientes que cambian constantemente de ciudad, emigran repetidamente, no logran permanecer mucho tiempo en una vivienda, sienten que "en otro lugar voy a estar mejor". Cada mudanza parece prometer una solución que nunca termina llegando. No es el viaje como proyecto, sino el desplazamiento permanente.

También es muy frecuente la errancia laboral. Pacientes que pasan por numerosos trabajos, cambian de profesión, abandonan carreras, inician proyectos que dejan rápidamente y nunca encuentran un lugar donde permanecer. No siempre porque fracasen; a veces simplemente pierden toda ligazón con aquello que estaba haciendo.

Otra modalidad de errancia, probablemente la más importante, es la errancia identificatoria. El sujeto cambia continuamente de identidad. Puede modificar estilos de vestir, grupos de pertenencia, ideologías, religiones, orientación vital, nombres en redes sociales, modos de hablar. Cada identificación funciona durante un tiempo y luego cae, como si ninguna alcanzara para sostenerlo.

Las relaciones también pueden adquirir un carácter errático. No necesariamente tiene que haber promiscuidad, más bien existe dificultad para construir una continuidad. Las parejas se suceden sin que llegue a consolidarse una posición estable.

La errancia en el deseo es un punto especialmente lacaniano, lo que se ve en estos casos es que el deseo parece no encontrar objeto. Hoy una carrera, mañana otra. Después otra ciudad, otra pareja, otro proyecto espiritual. Siempre aparece la sensación de que la respuesta está un poco más adelante.

¿Es la errancia exclusiva de la psicosis?

No y esto exige ser muy cuidadoso clínicamente, porque la errancia también aparece en:

  • adolescencia;
  • crisis vitales;
  • consumo problemático;
  • trastornos de personalidad;
  • migraciones;
  • situaciones de exclusión social;
  • incluso en sujetos neuróticos.

Lo que interesa en la psicosis ordinaria es el valor estructural de esa errancia. No se trata de un momento de inestabilidad, sino en la manifestación de que falta un punto simbólico que organice la existencia.

La errancia aparece como un movimiento continuo buscando un punto de apoyo, por lo que puede pensarse que este fenómeno es casi una consecuencia de la triple externalidad. Si existe externalidad social, externalidad corporal y externalidad subjetiva, entonces resulta difícil quedar fijado a un lugar.

Suplencias ante la errancia

Muchos sujetos consiguen detener esa errancia mediante una suplencia. Por ejemplo:

  • un trabajo muy reglado;
  • una práctica artística;
  • una disciplina deportiva;
  • una pareja que funciona como organizador;
  • una creencia religiosa;
  • un hobby absorbente;
  • incluso un síntoma corporal.

Desde la última enseñanza de Jacques Lacan, estas soluciones pueden entenderse como modos singulares de hacer un nudo cuando el anudamiento estructural no alcanza a sostenerse por sí mismo.

¿Errancia o búsqueda? Distinciones.

Conviene distinguir la errancia de la búsqueda. Muchas personas cambian de ciudad, de trabajo o de intereses por curiosidad, crecimiento o circunstancias de vida. En esos casos suele haber un hilo narrativo que da continuidad a los cambios: el sujeto puede explicar por qué eligió cada paso y cómo se relaciona con sus proyectos.

En la errancia de interés clínico, en cambio, los desplazamientos tienden a ser reiterativos y poco estabilizadores. El sujeto suele experimentar que "nada termina de encajar", y cada nuevo cambio aparece como un intento de resolver algo que permanece sin nombre. No es el movimiento en sí lo que orienta el diagnóstico, sino la función que ese movimiento cumple en la economía subjetiva y su articulación con otros signos clínicos. Por eso, al igual que la triple externalidad, la errancia es un indicador de orientación clínica, no un criterio diagnóstico aislado.

viernes, 23 de enero de 2026

Escritura, imposibilidad del metalenguaje y función de la suplencia

El desarrollo que Lacan lleva a cabo en torno a la escritura se inscribe sobre el trasfondo de una discusión fundamental: la posibilidad o imposibilidad de un metalenguaje. Esta cuestión no es otra cosa que la puesta en juego de la castración al nivel de la estructura del Otro. El primer desplazamiento decisivo consiste en extraer esta problemática del registro de la falta de un significante particular para situarla en el de una falla estructural, que condiciona aquello que el significante es capaz —o no— de escribir.

Desde muy temprano, la posición de Lacan es inequívoca: el metalenguaje es imposible por la propia estructura del lenguaje. En este sentido, elaboraciones como las fórmulas de la sexuación no constituyen un metalenguaje, sino que operan como una demostración de su imposibilidad. Es a partir de este punto que comienza a delinearse el concepto de suplencia, situado precisamente allí donde el metalenguaje fracasa. Allí donde no hay posibilidad de un decir que totalice, la suplencia viene a operar como un lazo que apenas remeda una relación que, estructuralmente, no cesa de no escribirse.

La referencia al metalenguaje permite, además, esclarecer el arco conceptual en el que se inscribe Lacan, que va desde la lógica fregeana hasta la demostración del teorema de la incompletitud de Gödel. Un metalenguaje instituye un sistema simbólico destinado a otorgar consistencia a otro que, por los elementos que lo componen, no logra alcanzarla por sí mismo.

La suplencia, en cambio, no viene a cerrar la falla ni a eliminarla. Opera como un modo de lazo en el lugar mismo de la imposibilidad, de tal modo que el sistema permanece incompleto, inconsistente o ambas cosas a la vez, tal como ocurre en el campo del psicoanálisis. Esta distancia irreductible entre metalenguaje y suplencia abre la brecha entre la verdad como estructura de ficción y lo real, que Lacan abordará ya no desde lo decible, sino desde lo demostrable o, más precisamente, desde la demostración de su imposibilidad.


viernes, 9 de enero de 2026

Discurso, necesidad y suplencia: el síntoma como artificio lógico

Ese eslabón que constituye la estructura de los discursos, y que se sitúa en el pasaje de lo serial a lo modal, abre la posibilidad de comenzar a delimitar la función de la suplencia. No se trata ya de una mera sucesión de elementos, sino de una operatoria que introduce modalidades lógicas capaces de ordenar lo que, de otro modo, quedaría librado a la dispersión.

El discurso, soportado en la barra como escritura de un corte, se instituye como un artefacto y, en tanto tal, como un organizador del goce. Con ello queremos indicar que a través del discurso se erige una verdadera economía política del goce, que viene a desplazar el campo de la energética freudiana. Mientras que en esta última predomina una lógica afín al mecanicismo, el abordaje discursivo introduce un campo estrictamente lógico para pensar el goce y su distribución.

En tanto artificio, el discurso permite emplazar aquello que Lacan denomina, en un primer momento, una “necesidad de discurso”. Más adelante, esta formulación adquiere el estatuto lógico de lo necesario, prefigurando la función del síntoma como suplencia. La necesidad lógica no es exterior al discurso: es un hecho de discurso, se inscribe en él y está hecha de él. Es allí donde se juega lo que no cesa de escribirse.

¿Por qué resulta necesario, precisamente, poner en forma este estatuto del síntoma, este retorno sobre su función? Porque allí donde el sujeto se encuentra separado del goce, se vuelve imprescindible el funcionamiento de algún artificio que haga posible su acceso al cuerpo de un partenaire. En esta perspectiva puede leerse la afirmación de De un discurso que no fuese del semblante: dado que la escritura de la relación sexual es imposible, “sólo hay relación lógica”.

jueves, 4 de diciembre de 2025

El cuarto elemento: consistencia, suplencia y falo-letra

La indagación de Lacan sobre los distintos modos de designar aquello que funciona como cuarto elemento —el que permite que los registros se sostengan anudados y haga posible, por ende, el soporte del sujeto— es, en el fondo, una pregunta por la consistencia de lo supletorio. ¿Qué es lo que permite suplir la falla estructural allí donde el nudo no se sostiene por sí mismo?

En El sinthome, Lacan explora tres vías posibles para pensar la consistencia de este cuarto:

  1. como una cuerda, homogénea a las otras;

  2. como color, introduciendo una diferencia no volumétrica;

  3. como letra, con su dimensión de trazo.

Aun cuando estas tres modalidades pueden operar como cuarto y producir un anudamiento, Lacan parece finalmente privilegiar la consistencia de la cuerda, aquella que permite la manipulación efectiva del nudo. En cualquier caso, la presencia del cuarto es lo que introduce diferencia, es decir, orientación.

Desde la perspectiva del síntoma, este cuarto opera sobre una falla, y al hacerlo introduce una suplencia: sustituye la imposibilidad estructural de escribir un goce sexual complementario. De ahí que el síntoma, en esta lógica, sea el modo supletorio en el que cada sujeto goza de su inconsciente. Es crucial aquí el desplazamiento conceptual: de la falla del nudo a la falta del goce.

Bajo esta luz, RSI pueden leerse como Nombres del Padre, cada uno introduciendo una operación que nombra, retomando así la dimensión freudiana del Begriff. Pero se trata de un concepto que no pertenece al ámbito de la elucubración, sino al de la escritura.

En este marco se articulan nombre y concepto para especificar la dimensión del falo, ya no como significante ni como significación. El falo, devenido concepto-escritura, es a la vez:

  • la consistencia de un modo de goce,

  • y la letra que afirma que a ese falo un goce le ex-siste.

En este punto, el falo/letra encarna con precisión la distancia fregeana entre Sinn y Bedeutung. Y una vez delimitada la diferencia entre lo serial, lo modal y lo nodal, queda despejada también la diferencia entre el inconsciente pensado como suposición y aquel que se define por su ex-sistencia.

martes, 2 de diciembre de 2025

El padre como síntoma: orientación, suplencia y localización en lo borromeo

La función paterna introduce una per-versión en un sentido estrictamente lacaniano: no como desviación moral, sino como versión, giro u orientación que organiza un modo singular de satisfacción. En su operación como excepción, el padre funda una dirección posible para el goce, una manera particular —propia de cada sujeto— de responder a aquello que no tiene solución: lo imposible del goce sexual entendido como complementariedad.

Esta orientación no es metafórica. En la lógica del nudo, orientar es limitar, fijar un modo de lazo. El padre, en tanto operador, instala una suplencia frente a la imposibilidad de la relación sexual. Allí donde no hay relación entre los toros —donde el nudo falla— se forma el síntoma como aquello que anuda, que mantiene unidos los registros pese al lapsus estructural. En este sentido, el síntoma no sólo demuestra un real; permite operar sobre él.

Es en este punto que el padre, como nombre, deviene síntoma. Milner lo expresa con precisión: todo nombre señalado en un punto del nudo se revela, inmediatamente, como el punto del cual el nudo entero depende. Ese punto es aquel donde las tres consistencias se tocan y comparten un mismo lugar. De allí se sigue que todo nombre está simultáneamente tomado en lo simbólico, lo imaginario y lo real.

Nombrar, entonces, implica lazo y localización. Ambas dimensiones son fundamentales: constituyen el sostén mismo de la cadena borromea, cuyo anudamiento se desharía sin ese punto de apoyo. Así, el padre —en tanto nombre que hace función— ocupa la posición de punto de capitón del inconsciente, fijando la orientación desde la cual el sujeto podrá situarse frente a su goce.

lunes, 24 de noviembre de 2025

Del imposible lógico al lapsus del nudo: la suplencia como índice operativo

En esta línea veníamos situando el trabajo que Lacan realiza sobre la suplencia en el marco del nudo borromeo. Allí la suplencia no sólo opera en el registro topológico sino también en el nivel de lo serial del discurso, ese que hace de sostén de las ficciones de la mundanidad con las que se obtura el agujero de la inexistencia.

Se advierte un movimiento preciso: de la excepción a la suplencia, correlativo de otro desplazamiento que va del imposible lógico al lapsus del anudamiento. Lejos de implicar la sustitución de un planteo por otro, estos desplazamientos deben leerse como vueltas, como torsiones destinadas a encontrar el recurso adecuado para enfrentar un problema de la práctica. Por eso Lacan, a la hora de definir al inconsciente, conjuga simultáneamente lo modal y lo nodal: el inconsciente nace de su convergencia, no de una opción por una dimensión en detrimento de la otra.

¿Qué se gana al pasar del imposible lógico al lapsus del encadenamiento? Ese pasaje introduce la posibilidad de escribir “con volumen” la no relación, y esa aparición de volumen no debe confundirse con el viejo parecer imaginario, sino que introduce una modalidad inédita de incidencia de lo imaginario en el tejido del nudo.

Bajo el modo lógico, el síntoma se presenta como el índice de lo que no anda, y su valor es estrictamente operativo. El término índice resuena tanto en la gramática como en la matemática; para evitar la deriva hacia la idea de magnitud o medida —que reduciría el concepto— conviene subrayar que aquí el índice vale por lo que designa.

Así, el síntoma cumple una función bifásica: por un lado suplencia, en tanto ficcionaliza un lazo que no puede escribirse; pero por otro lado no se limita a obturar, sino que bordea el agujero que esa imposibilidad abre. En ese borde se juega su eficacia y su valor lógico, allí donde la suplencia no cierra sino que permite sostener la falta como tal.

Nominación real, nominación simbólica y el forzamiento de la verdad

La nominación real no produce un acto performativo para alguien. Se trata de un nombrar sin destinatario, un efecto del “Hay de lo Uno”, por el cual el lenguaje escupe letras sin necesidad de sujeto. Es una operación que no funda, sino que marca; y esa marca, en sí misma, no constituye todavía un síntoma.

Es sólo en un segundo tiempo lógico, vía la nominación simbólica, cuando se introduce el modo lógico capaz de inscribir un síntoma como necesario. Allí interviene el Padre nombrante, cuya función consiste en autorizar una suplencia: dar un nombre que haga de soporte, que haga lugar.
Este movimiento abre lo performativo, porque introduce el acto y al Otro como operador.

La distancia entre ambas puede formularse así:

  • Nominación real
    – efecto del Uno
    – pura letra sin destinatario
    – no performativa
    – no produce sujeto, sólo marca

  • Nominación simbólica
    – operación de dar nombre
    – requiere del Otro
    – implica la palabra como acto
    – funda una verdad no-toda
    – vuelve necesario un síntoma

En este punto se vuelve claro por qué Lacan puede desplazar al Padre hacia el lugar del síntoma: el Padre nombrante no es un significante anterior, sino una operación de suplencia, un modo de hacer existente un lazo lógico allí donde no lo hay. Nombrar es forzar un anudamiento.

Este forzamiento —término que Lacan utiliza con precisión— consiste en conectar un S1 con un S2 para producir un efecto de verdad, pero escondiendo el hecho estructural de que hay del Uno que nunca alcanza al Dos.
La serie significante, por lo tanto, es una suplencia: su aparente continuidad vela un hueco.

La palabra, con su estructura de ficción, sostiene esta suplencia. La verdad, correlativa de la palabra, sólo puede decirse a medias, lo que justifica su estructura no-toda.
Lo real, por su parte, condiciona este campo: marca un límite, agujerea la consistencia del sistema y señala aquello que no puede escribirse.

Por eso:

viernes, 25 de julio de 2025

Fobias en las psicosis: cuando el miedo sostiene una defensa frente al Otro

 Por Lucas Vázquez Topssian

La fobia ha sido pensada clásicamente como una formación neurótica: un síntoma que condensa el deseo y el peligro, organizando la angustia alrededor de un objeto fobígeno que permite cierto control sobre lo intolerable. Sin embargo, en la clínica psicoanalítica también encontramos fenómenos fóbicos en las estructuras psicóticas, y su lógica difiere notablemente de la neurosis. En lugar de representar un sustituto de lo reprimido, en la psicosis la fobia puede operar como un recurso defensivo frente a un Otro sin mediación simbólica.

En la neurosis, el objeto fóbico —como el célebre caballo del pequeño Hans— toma el lugar de un significante paterno reprimido. Mediante la fobia, se sostiene una distancia con aquello que causa angustia, pero dentro de un marco simbólico organizado por la metáfora paterna. El objeto fóbico tiene así un valor representacional, es decir, se inscribe en una cadena de sustituciones significantes.

Pero en la psicosis, como planteó Lacan en su Seminario 3, no hay represión sino forclusión: el significante del Nombre-del-Padre no ha sido inscrito en el campo del Otro. El resultado es un desencadenamiento que pone al sujeto ante un goce intrusivo, invasivo, sin ley ni mediación. En este contexto, la aparición de una fobia puede cumplir una función crucial: no como sustituto, sino como suplencia precaria, como borde simbólico que introduce un límite al empuje del goce del Otro.

En algunos casos psicóticos, el objeto fóbico permite sostener una separación con el campo del Otro, funcionando como un “pararrayos” frente a la irrupción del real. No se trata de un objeto que remita a una cadena de significantes, sino de un punto de tope, de anclaje topológico. Su función es menos representacional que estructurante.

Desde esta perspectiva, la fobia en la psicosis no debe interpretarse ni “hacer hablar”, como en la clínica neurótica. Por el contrario, muchas veces conviene respetar su función estabilizadora, sostener su valor defensivo, y evitar intervenciones que desarmen lo poco que anuda. Tal como han desarrollado autores como Maleval o Soler, el trabajo analítico con psicosis debe orientarse a favorecer invenciones suplementarias que permitan mantener cierta estabilidad subjetiva frente a un real sin bordes.

La fobia, entonces, en tanto fenómeno clínico, no se agota en el campo de la neurosis. Cuando aparece en la psicosis, lejos de ser un síntoma a tratar directamente, puede ser la forma singular que el sujeto ha encontrado para sostener una distancia mínima y vital con un Otro que amenaza con volverse absoluto. Y en esa función, el miedo —tan temido— puede volverse, paradójicamente, un aliado del sujeto.

lunes, 2 de junio de 2025

Del amor necesario al amor como invención: entre nudos, suplencias y contingencias

Abordar el campo del amor desde la tensión entre lo necesario y lo contingente permite visibilizar dos formas de su inscripción subjetiva: un amor sostenido en la ilusión de un todo armonioso, garantizado; y otro, más cercano a la ética del psicoanálisis, que toma como punto de partida la falta de garantías, el desencuentro estructural, e incluso, lo imposible mismo. ¿Por qué? Porque aun cuando el encuentro se produce, lo que se halla nunca coincide plenamente con lo esperado —se lo sepa o no—. Allí se inscribe la contingencia del amor.

Este trabajo se ubica primero en una perspectiva modal. Lacan dará un paso más allá al articularlo en clave nodal, donde el amor se piensa como aquello que “media” entre las tres consistencias: Real, Simbólico e Imaginario.

Pero ¿qué implica esa función de medio? ¿Significa acaso una mediación conciliadora? No exactamente. En la lógica borromea, Lacan introduce la idea de que el nudo está siempre amenazado por una falla en el anudamiento —una especie de “lapsus estructural”—. Es allí donde el amor interviene como suplencia, un intento de anudar lo que no logra cerrarse por sí solo. Este recurso, sin embargo, está determinado por la posición que el sujeto ocupa respecto del Otro.

Si el nudo es soporte del sujeto, el encadenamiento que se produce cuando ese Otro ya no opera como garante se convierte en terreno fértil para una invención. Y esto no sólo en el trabajo clínico, sino también en la lectura de la última enseñanza de Lacan.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando el sujeto —en su ambigüedad— consiente, aunque sea precariamente, al desasimiento de ese Otro? Tal vez, sin garantías, se abra la posibilidad de un “nuevo amor”. Uno que no repita el menú fantasmático, sino que lo abandone en favor de un lazo que inventa.

Este amor no se define por el objeto hacia el que se orienta, sino por la forma misma del lazo que se establece. Su diferencia radica en un cambio de dirección: ya no se trata de un circuito autorreferencial o autoerótico, sino de una orientación hacia el Otro sexo —aunque, como sabemos, ello no garantiza su alcance.

En definitiva, se trata de un amor que ya no busca completud ni se sostiene en la garantía del Uno, sino que hace lugar al agujero, al no-todo, y desde allí se inventa. Un amor que, más que colmar, anuda.

viernes, 30 de mayo de 2025

Letra y escritura: marcas del Otro en la historia y en el discurso

El complejo vínculo entre escritura y letra en la enseñanza de Lacan tiene, en principio, una fuente evidente: la historia de las civilizaciones humanas. Es a partir del recorrido por los desarrollos culturales que Lacan comienza a construir esa articulación, que más adelante se sostendrá también en términos lógicos y estructurales.

La evolución de la cultura, que es también la historia de los alfabetos, muestra que la letra se encuentra ligada a dos dimensiones fundamentales, profundamente entrelazadas:

  • Por un lado, a la producción cultural concreta, tal como puede observarse en la alfarería. Allí, las vasijas operan no sólo como objetos de uso cotidiano, sino como superficies donde se inscriben marcas vinculadas a prácticas sociales, costumbres y acciones.

  • Por otro, esas mismas inscripciones funcionan como marcas de procedencia, huellas que indican una pertenencia, al inscribir coordenadas que remiten al lugar del Otro propio de cada momento histórico.

Desde una mirada antropológica, estas marcas pueden leerse como portadoras de significados contextuales: una función connotativa. Pero cuando Lacan se apoya en estos materiales para pensar la relación entre lenguaje y marca, parece introducir otro registro: uno denotativo, que se abre a la cuestión del referente. Esto no sucede al margen del Otro, pero sí más allá de su función como simple "tesoro del significante".

En este giro, Lacan afirma que la letra es un efecto de discurso, lo que lo lleva a declarar que “lo bueno de cualquier efecto de discurso está hecho de letra”. Sin embargo, esta definición no elimina al Otro, sino que lo reinscribe: la letra requiere de un lector, de un agente que produzca el pasaje entre la marca y su borramiento. Es decir, no hay escritura sin Otro.

Esta articulación complejiza el concepto de castración, porque si el discurso es, según Lacan, una forma de lazo social, entonces cabe preguntarse:
¿Qué función cumple la escritura en ese lazo?
La respuesta apunta a una operación de anudamiento. La escritura hace lazo allí donde se evidencia un fallo entre los registros, un punto de inconsistencia donde el Otro responde con una falta. En ese lugar, la escritura actúa como un modo de suplencia, no de cierre, sino de borde: marca un lazo posible donde el nudo amenaza con desanudarse.

sábado, 24 de mayo de 2025

Del significante a la lógica: la nominación como límite

 Lacan realiza un giro fundamental al pasar de una apoyatura en la lingüística a un fundamento en la lógica, resultado de los impasses encontrados en el discurso del analizante. Es en este punto donde comienza a delinear lo que llamará imposible lógico.

En este contexto, surge su desarrollo sobre la problemática del nombre propio, articulado a una pregunta clave: ¿qué es un nombre? Y a un interrogante más profundo: ¿cómo puede el sujeto hacerse representar en el Otro?

Inicialmente, esta cuestión se aborda desde la simbolización, donde la verdad se configura como una trama ficcional tejida por la inscripción del significante en el Otro. Sin embargo, aquí se manifiesta un impasse: no todo efecto de lenguaje es un efecto de significado. Esto se evidencia en la problemática del goce en el sujeto, en los efectos del significante sobre el cuerpo.

De la Simbolización a la Nominación

Dado que la simbolización se muestra insuficiente, emerge la nominación como una operación que abre un agujero en la estructura. Se trata de un encadenamiento que no es meramente simbólico, sino que opera como un límite en el campo del saber.

Este pasaje implica un cambio de perspectiva:

  • De la simbolización asociada a la verdad,
  • A la nominación como litoral del saber.

Este desplazamiento no es solo teórico, sino que responde a una necesidad de la praxis analítica. Además, sitúa al psicoanálisis dentro de las consecuencias simbólicas de las lógicas postfregeanas.

Incidencias en el Nombre del Padre

Este giro tiene consecuencias directas en la elaboración de la función del Nombre del Padre, lo que da lugar a tres movimientos clave:

  1. La pluralización del Nombre del Padre, dejando atrás su unicidad.
  2. El cambio de su lugar de S₂ a S₁, reconfigurando su función en la estructura.
  3. El desplazamiento de sus versiones hacia la suplencia, transformando su estatuto en la lógica del sujeto.

Este tránsito redefine el lugar del Padre, alejándolo de una instancia meramente significante y situándolo dentro de la lógica de lo imposible, donde la nominación adquiere un papel estructurante.

jueves, 22 de mayo de 2025

El problema del Agente

Si aceptamos que Lacan deja sin resolver en La relación de objeto un problema vinculado a la operación del Padre y que luego lo aborda de manera más precisa en el seminario sobre los cuatro discursos, podemos concluir que el punto central es la definición del agente.

María Moliner define al agente como aquello que actúa o tiene la capacidad de actuar, asociándolo a la “causa agente”, es decir, a lo que produce un efecto. Esta idea resuena con el concepto de “representante de la representación”, que Lacan trabaja en múltiples ocasiones, llegando incluso a referirse a él como “agente representante”. Esto nos lleva a considerar que el agente no es solo alguien que ocupa un lugar, sino aquel que viene a sustituir a otro en una función determinada.

En los cuatro discursos, Lacan se pregunta qué significa ser agente, y su respuesta no se orienta hacia una función de dominio o control, sino hacia la forma en que se transmite la castración entendida como prohibición. Para esclarecer este punto, propone un paso del mito a la estructura. Mientras que el mito es un enunciado de lo imposible, su interés radica en construir una escritura de la prohibición, alejándose de la narrativa mítica para centrarse en su estructura.

Al releer el mito freudiano de la castración, Lacan introduce una distinción clave: su objetivo es desplazar el S1 más allá del lugar del Amo, concebido como función de dominio. Al separar este término de la figura del Amo que Hegel plantea, Lacan lo redefine como un significante-letra, con el cual se puede escribir la posibilidad de un inicio lógico. Así, el problema del agente es replanteado desde la perspectiva de la suplencia, abriendo nuevas vías para pensar la transmisión y el orden simbólico.

viernes, 16 de mayo de 2025

El padre como referencial: más allá del referente

Llevar al Padre al nivel de un referencial implica un desplazamiento respecto del planteo freudiano. La Real Academia Española define lo referencial de tres maneras:

  1. Como base de comparación, es decir, un marco de referencia.
  2. Como testimonio referencial, vinculado a la narración o relación de hechos.
  3. Como aquello relativo a la referencia en sí.

Estas acepciones permiten diferenciar un referencial de un referente y plantear que el Padre, como suplencia, es un referencial en lugar del referente ausente.

El Padre en la Interpretación y la Numeración

Lacan señala que el referencial, y con él el Padre, juega un papel fundamental en la interpretación. Esto retoma su planteo en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, donde señala que la interpretación opera al llevar los significantes a su sin sentido, revelando el vacío dejado por la falta de un referente.

Desde esta perspectiva, el Padre no debe ser entendido en términos imaginarios o patriarcales, sino en función de su rol en la numeración. Esto tiene dos consecuencias:

  1. Desimaginarización del Padre: Se despejan las valoraciones ligadas a lo patriarcal.
  2. Ordenación de la serie: Como numeral, el Padre es un ordinal, no solo constituye, sino que ordena. Lacan ilustra esto con las dinastías papales y reales.
Del Nombre del Padre a la Litoralización del Borde

Más allá del efecto de desimaginarización, este enfoque también desplaza la función del Padre hacia una operación de designación. Es decir, el Padre marca un borde, permitiendo litoralizar el espacio entre lo simbólico y lo real.

En este marco, la prohibición no es más que un artificio que encubre un imposible. Lo que aparece como un límite impuesto desde el Padre es, en realidad, una forma de velar la imposibilidad estructural que define la relación del sujeto con el lenguaje y el goce.

miércoles, 7 de mayo de 2025

La pluralización del Nombre del Padre y el paso hacia lo real

La única clase del que habría sido el Seminario 11 de Lacan, interrumpido tras su ruptura con la IPA, marca un punto de inflexión en su enseñanza: la pluralización del Nombre del Padre. Este giro teórico sienta las bases para su posterior conceptualización del Padre como suplencia, que años más tarde se articulará en la noción de síntoma.

Uno de los vectores que orientan este cambio es la angustia, entendida no solo como afecto, sino como un impasse en lo simbólico. Lacan avanza hacia una teorización que va más allá de la metáfora paterna, orientándose hacia lo real. Si lo real se manifiesta en la clínica como aquello que resiste la simbolización, y el Nombre del Padre es el significante que estructura el campo simbólico, entonces surge una pregunta clave: ¿cómo entramar lo real dentro de la operación del Nombre del Padre?

Aquí se establece una oposición fundamental:

  • El significante, que engaña.
  • Lo real, que no engaña.

Esta distinción se vincula con una reformulación del concepto de objeto a. Producto de un corte, el objeto a se subjetiva a través de la angustia, un afecto que introduce un agujero en la inteligibilidad, ya que pertenece al orden de lo que no se comprende.

En este contexto, Lacan pone en tensión el determinismo y la causalidad. Desde sus primeras formulaciones, la pregunta sobre la causalidad en psicoanálisis lo ha acompañado. Sin embargo, en la transición entre los Seminarios 10 y 11, la causalidad ya no se reduce únicamente a la causa del deseo, sino que también incluye al significante como causa material del inconsciente.

Lo novedoso de este planteo es que entre la causa y su efecto se abre un intervalo, una hiancia, lo que introduce una paradoja central: que haya causa no garantiza que el efecto se realice.

Quizás por esta razón, al final del seminario La angustia, Lacan se detiene en una pregunta fundamental: ¿qué es el deseo del Padre?.

viernes, 4 de abril de 2025

La lógica del No-Todo y la inconsistencia del goce

Si lo real debe ser demostrado precisamente porque no puede ser dicho, entonces su imposibilidad debe ser bordeada. Para ello, Lacan plantea cuatro modos de relación con la función fálica: el posible, el contingente, el necesario y el imposible (Aristóteles). Estas modalidades determinan diferencias en la posición sexuada.

La función fálica, en este sentido, opera como un mecanismo de suplencia frente a la ausencia de relación sexual. Es decir, cubre el vacío donde el axioma establece la imposibilidad de escritura que estructura el campo de lo sexual. Esta lógica permite a Lacan introducir, a partir de la teoría de conjuntos, la noción de no-todo.

Lo novedoso del no-todo radica en que la negación recae sobre el cuantificador y no sobre la función, generando así una oposición entre un todo y un no-todo, en lugar de una entre dos universales. Esta formulación desestabiliza la consistencia de la verdad y da lugar a lo indecidible: aquello cuyo valor de verdad no puede ser afirmado como verdadero o falso, o incluso puede ser ambas cosas a la vez.

Con esta perspectiva, Lacan retoma la indeterminación del sujeto, pero a diferencia de su texto Subversión del sujeto y dialéctica del deseo, donde lo hace desde la lógica significante, aquí introduce una lógica de la inconsistencia.

Se trata de una delimitación de un campo situado en las "sombras de las luces", una opacidad inherente al goce. En este sentido, el no-todo revela una anomalía que escapa a la razón entendida como la lógica de la seriación y evidencia el límite del pensamiento lógico en la formalización del deseo y el goce.

domingo, 30 de marzo de 2025

La relación que no puede el artificio de la sexuación: entre la necesidad lógica y la imposibilidad de la relación

La necesidad lógica es un principio del discurso que no cesa de manifestarse. Cuando se traslada al ámbito de la sexuación, implica que el sujeto solo puede acceder al cuerpo del otro mediante algún tipo de artificio. Dado que la relación no ocurre de manera natural, este artificio adquiere diversas formas, estatutos y modalidades según el contexto.

Este recurso opera precisamente en el lugar donde la relación no se inscribe, actuando como una solución ante la imposibilidad estructural. En este sentido, el concepto de castración es extraído del plano anecdótico para situarse en una imposibilidad de escritura que, a su vez, permite delimitar una anomalía en el campo del goce.

Dado que la relación sexual no puede escribirse en términos de una correspondencia uno a uno, el lenguaje solo proporciona una única Bedeutung (significación). De esta manera, la única relación posible es lógica y se sostiene a través del mencionado artificio, que inevitablemente lleva consigo las marcas del significante.

Desde una perspectiva modal, esta imposibilidad se refleja en la incompatibilidad entre dos conjuntos cuyos elementos no pueden ser emparejados de manera exacta. Existe en ellos una inconmensurabilidad que escapa a cualquier medición y, por lo tanto, resulta imposible de cuantificar.

Si no hay relación sexual en términos simbólicos, solo queda la relación sexuada, la cual se estructura a través de la suplencia. Así, se establece un vínculo fundamental entre el artificio, la suplencia y la sexuación.

En última instancia, la sexuación se ubica en el punto donde el sujeto carece de un sexo propio. Esta premisa conlleva una reformulación crucial del estatuto del síntoma, al situarlo en el marco de la función matemática f(x), que si bien es inscribible, no es completamente decible.

sábado, 4 de enero de 2025

El síntoma y la nominación: fundamentos en la praxis analítica

El síntoma y la nominación constituyen dos pilares centrales en la praxis analítica, que permiten abordar su especificidad desde una perspectiva estructural. Para Lacan, ambos conceptos requieren ser comprendidos a través de la topología, principalmente por su vínculo con el cuerpo. Sin embargo, no se trata del cuerpo como imagen, sino como una superficie de inscripción imposible de reducir a la lógica fálica: un cuerpo real.

En su seminario RSI, Lacan define el síntoma como un efecto de lo simbólico en lo real, un índice de aquello que no funciona o tropieza. Este fracaso no es asimilable por la palabra en su dimensión simbólica, lo que exige la introducción de la letra, entendida como lo escrito más allá del lenguaje discursivo.

El síntoma, entonces, opera como una función de la letra en el inconsciente. Esta letra, que el inconsciente "escupe", declara la imposibilidad estructural de la relación sexual, aquello que no cesa de no escribirse. La función del síntoma está íntimamente relacionada con la nominación, una operación que abre un agujero, estableciendo las condiciones de existencia del sujeto.

Este "agujero", en su dimensión lógica y topológica, se vincula con el "verdadero agujero" introducido por el Gran Otro en el esquema L. Esta instancia habilita la verdad del sujeto, que se revela como un "medio decir", cubriendo el síntoma con el velo de lo escrito. De este modo, Lacan transfiere la función del Nombre del Padre al síntoma, un paso clave para resolver los atolladeros propios de la práctica analítica.

El síntoma, lejos de limitarse al ámbito clínico, adquiere el estatuto de escritura. No pertenece al campo de lo que puede ser dicho, sino al orden de lo que se repite, anudando y supliendo la falla estructural en la relación entre lo simbólico, lo real y lo imaginario.

El síntoma como suplencia y soporte del sujeto

El síntoma cumple una función de suplencia en la estructura del nudo borromeo, actuando como la cuarta consistencia que estabiliza los tres registros. En su dimensión modal, es la excepción que inaugura la estructura; en su dimensión nodal, es el elemento que sostiene el equilibrio entre lo real, lo simbólico y lo imaginario. Por ello, no hay sujeto sin síntoma: el nudo es el soporte que garantiza su existencia.

Al ser una función de la letra en el inconsciente, el síntoma establece una coherencia con aquello real que determina al sujeto. Desde esta perspectiva, el síntoma constituye un modo particular de gozar, determinado por su propia estructura.

Repetición y verdad en el síntoma

La repetición en el síntoma no implica el retorno de un significante idéntico, sino de un punto o pliegue estructural donde emerge la falla. Este tropiezo evidencia la imposibilidad de una relación armónica entre lo simbólico y lo real, subrayando la inexistencia que caracteriza al conjunto del no-todo.

En su papel de suplencia, el síntoma se convierte también en el soporte de una verdad, aunque esta permanezca en el dominio de lo indecidible. Así, el síntoma no solo estabiliza la estructura del sujeto, sino que lo conecta con su verdad más íntima: aquello que tropieza, falla y, a la vez, lo sostiene en su existencia.

martes, 7 de septiembre de 2021

Las psicosis: Sus formas de abordaje a través de la enseñanza de Lacan

En esta ocasión intentaremos situar las psicosis y su abordaje en relación a un caso de  psicosis paranoica en una adolescente.  

Los antecedentes previos, a lo que Lacan nos dice sobre las psicosis son  abundantes. Daré sólo unas pinceladas.  

Tenemos a Krepelin que dió un gran salto en torno a este tema, entre 1909  y 1913 donde introdujo un método de clasificación, muy diferente al de la  época, en que las psicosis hasta entonces eran abordadas como un trastorno  funcional del Sistema nervioso central. Diferencia las neurosis, las psicosis  de destino, y las psicosis de relación: delirio a dos, y delirio de  persecución.  

En 1920 tenemos a Clerembaut, que nos da referencias de psicosis  pasionales, erotomanía y celotipia, y trata del automatismo mental, que  luego será tomado por Lacan para hablar de fenómenos elementales,  introduciendo la idea de que las psicosis no se pueden pensar sólo a partir  de delirios y alucinaciones, sino de otros fenómenos como el automatismo  mental. 

En Freud, tenemos cuatro textos fundamentales, en relación a las  psicosis, que son:  

1894, Neuro-psicosis de defensa. Plantea el concepto de representación  intolerable para el paciente, así como la defensa que pone en marcha para  contrarrestarla. En la psicosis el yo “rechaza la representación intolerable  y el afecto y se conduce como si la representación no hubiese llegado  nunca a él. El sujeto sucumbe a una psicosis que hemos de calificar de  locura alucinatoria.” 

1911: Caso Schreber. Caso retomado por Lacan. Freud a través de este caso  avanza que más que rechazo, en la psicosis se da una “abolición” de lo  simbólico. También dice que lo “abolido retorna desde el exterior, en  forma de alucinaciones o delirio.  

1924: La pérdida de la realidad en la psicosis y en la neurosis. En este  texto, hay un párrafo que condensa su pensamiento: “La neurosis no niega  la realidad, se limita a no querer saber nada de ella. La psicosis la niega e  intenta sustituirla.”

Desde Lacan:  

La enseñanza de Lacan en relación a la psicosis cambió el abordaje  psicoanalítico de esta estructura, en relación a la cual Freud se había  mostrado reservado en cuanto a su tratamiento por medio del método  analítico. 

El texto fundamental es Cuestión preliminar a todo tratamiento de las psicosis de 1958.. Sin embargo, hay dos textos que constituyen sus  antecedentes: Su tesis doctoral de 1932 y el Seminario III de 1955-1956.  

Su tesis doctoral llevaba como título: De la psicosis paranoica en sus  relaciones con la personalidad. En dicha tesis Lacan analizó el caso de la  Sra. Aimée, que fue detenida después de atacar a una famosa actriz cuando  ésta salía del teatro. Aimée ingresó en prisión y poco después su delirio de  persecución se desmoronó. Lacan interpretó que la paciente con su agresión  a otra persona, se castigaba a sí misma, y por ello este caso recibió el  nombre de paranoia de autocastigo.  

Para Lacan en este texto hay dos puntos importantes:  

1- El delirio en la paranoia es un mensaje y significa algo.  2- El delirio intenta que el sujeto se signifique socialmente.  Es decir que el delirio es una forma de comunicación, y su mensaje lo  quiere dirigir a alguien. Nos dice Lacan: “Se dirige a relaciones de índole  social: con la familia, con los colegas, con los vecinos”.  

El Seminario III, Las Psicosis, fue impartido en 1955-1956. Lo primero de  todo es destacar, que Lacan centra su seminario en la paranoia, dejando a la  esquizofrenia en un segundo término.  

Po otra parte, hace una crítica de Kreapelin, ya que Lacan comenta que al  contrario de él, piensa que el proceso paranoico no es insidioso, sino que se  caracteriza por la aparición de brotes o fases. Siempre hay un momento de  ruptura, que marca el inicio del brote o la recaída. No es cierto que se deba  sólo a causas internas, ya que siempre hay un elemento emocional en la  vida del sujeto, que tiene que ver con sus relaciones externas. Por ello,  Lacan lo denominó delirio de relación.  

También nos dice que lo que está en juego no es la realidad, admite una  cierta irrealidad, pero” tiene una certeza, que lo que está en juego desde la  alucinación hasta la interpretación, le concierne. Esta certeza es radical.  Esto es que constituye el fenómeno elemental”. 

En La Cuestión preliminar, texto redactado por Lacan en 1957-58, su  finalidad esencial es introducir un mecanismo, el de la forclusión del  Significante del Nombre del Padre, propio de la psicosis, para diferenciarlo  radicalmente de la neurosis. La forclusión es la incapacidad simbólica de  sustitución, la incapacidad de metáfora, en particular la Metáfora paterna,  el no pode sustituir al deseo de la madre, el o los Significantes del Nombre  del Padre, o sea el fracaso de esta metáfora. No hay tercero que regule las  relaciones de la madre y el hijo, que queda en una relación dual. La  forclusión se sustituye a la afirmación o simbolización primordial de los  neuróticos. 

Desde esta época, 57-58, hasta el Seminario RSI de 1975, Lacan avanza en  cuanto a la comprensión y el tratamiento de las psicosis. 

Dos hitos marcan este recorrido: 

1-El fracaso de la metáfora paterna como hemos dicho. Los efectos de esta  forclusión, serán puestos de relieve en cuanto al desencadenamiento como  a las estabilizaciones de las psicosis. 

2- Más allá del mecanismo de la forclusión, Lacan desarrolla en un Seminario denominado “El Sínthoma” que dedica al escritor Joyce, el  concepto de suplencia. Si bien en las psicosis no se puede curar la  forclusión del Nombre del Padre, si es posible en algunos casos, crear una  suplencia que daría una estabilidad al sujeto, a través de la creación de una  significación por medio de una obra o creación propia. 

Por otra parte, ya en el tema de las psicosis desencadenadas en la  adolescencia, nos encontramos a veces con el problema de que no siempre  son descompensaciones con síntomas como el delirio o las alucinaciones.  Muchas veces, los pacientes adolescentes, aparecen con trastornos de  comportamiento, con crisis narcisistas. Algunos psicoanalistas denominan  a estos casos, “borderlines”, es decir fronteras entre psicosis y neurosis.  Ciertamente, es una dificultad real en muchos casos de difícil diagnóstico,  y la discusión se centra en los que remiten y se compensan. Recordemos las  bouffees delirantes en la adolescencia que remiten al poco tiempo.  

En relación a estas psicosis habrá que plantear dos dimensiones:  

1-Desencadenamiento 

2-Las estabilizaciones. 

 

1- Desencadenamiento: Significa un momento de eclosión brusca del  cuadro psicótico, con síntomas en ocasiones de delirio o  alucinaciones, o bien con fenómenos elementales, autorreferenciales  etc. Las coyunturas del desencadenamiento son peculiares en cada  caso. Generalmente estriban en el encuentro del sujeto con un  significante de la serie Nombre del Padre, es decir un significante  situado en un lugar de tercero, imposible de simbolizar para el  sujeto. No le puede dar una significación a ese encuentro, y tiene  lugar el retorno en lo real de lo que no simboliza. Puede ser un  encuentro con alguien en posición de Un padre, (un maestro, los  estudios, un examen, una promoción, una relación sexual, la  menarquia etc). La adolescencia no es es sí misma una coyuntura de  desencadenamiento, pero sí es favorecedora de encuentros y por ello  se oye hablar con frecuencia de crisis psicótica en esa edad de la  vida. Además, es una época de cambios, en cuanto a la imagen, a la  identidad y la posición sexuada que puede favorecer la aparición de  la crisis.  

2- Las estabilizaciones: Lo que estabilizaba al sujeto, y que perdió, se  trata de restituirlo, aunque de forma diferente. Casi siempre eso que  perdió, es del orden de una identificación que tiene que ver con el  Otro que le sostenía, y que no tiene simbolizada. Se trata de poder  crear otro tipo de significación, que no sea delirante. Puede ser una  forma de estabilización imaginaria, o una metáfora delirante: el  sujeto ya no se sitúa sólo en relación al Otro, sino que sitúa al Otro  aunque sea de forma en ocasiones delirante en relación a él. O bien,  puede ser una obra que le remita a hacerse un nombre a través de  ella, como numerosos pintores o personas dedicadas al arte o a la  ciencia que suplen con su obra el NP que no está.  

Creo que todas estas cuestiones son de actualidad en nuestra clínica de hoy  tanto por la dificultad diagnóstica desde la psiquiatría como también por  todo un cortejo de síntomas que pueden acompañar a las psicosis,  (trastornos de la alimentación, trastornos en el control de impulsos,  toxicomanías etc.) y que pueden llevar a confusión en torno al diagnóstico.  Es decir, es muy importante diagnosticar no sólo por los fenómenos que  presenta un paciente, sino por su estructura, la relación con el mundo que le  rodea y con el discurso.  

El caso de una joven paciente,, a la que llevé en tratamiento, me conduce  a poder desplegar las cuestiones teóricas . Para ello trataré los siguientes  puntos que cito a continuación, después expondré el caso, para volver  después sobre estos puntos, en los que trataré de los efectos terapéuticos.  Estos puntos son:


1-El significante principal o la alusión imaginaria, en torno a lo que el  psicótico forja su ideación delirante, podemos decir su sentimiento de auto referencia, tal como Lacan lo comenta en el Seminario III, Las Psicosis de  1956. En este caso se trata a partir del material clínico que la paciente trae  del significante: Mirar. Representa la alusión imaginaria o la primera  significación delirante, con el fenómeno de la certeza, que podemos  detectar en la paciente es como veremos en el caso: “Me miran mal”. 

2-El esfuerzo de estabilización de la paciente, antes del desencadenamiento, en forma de construcciones imaginarias y la  búsqueda de modelos ideales. 

3- Desencadenamiento de la psicosis, a los 13 años con ocasión de la  primera menstruación. Tiene lugar el desencadenamiento, ante la  imposibilidad de darse una respuesta a la pregunta ¿Qué soy? (que es sobre  la sexuación: hombre/ mujer). 

4- Búsqueda a través del tratamiento de una nueva significación en el  lugar de la delirante con la constitución de significantes y de modelos  ideales, distintos a los anteriores al desencadenamiento.  

5- Caída de estas significaciones ideales y por lo tanto límites a los  efectos terapéuticos del tratamiento con la irrupción de las primeras  relaciones sexuales

6- Dirección del tratamiento analítico: Transferencia e Interpretación. 

EXPOSICIÓN DEL CASO: Por razones de confidencialidad no lo  expongo aquí.  

Volviendo a los puntos antes citados

1-El significante principal: Lacan despliega este concepto en el Seminario  III como el núcleo inicial como a su vez decía Clerembeaut en el seno de la  personalidad alrededor del cual el sujeto haría una construcción y daría una  significación delirante. Así, el sujeto no sabe que significación darle a este  núcleo pero si sabe que se le impone. En este caso se trata del: “Me miran  mal”. Es una interpretación delirante con un elemento que se repite, el  mirar, como significante principal y que se cierra a la dialéctica. Se trata de  un fenómeno que invade al sujeto. Nos dice Lacan en este seminario III “es la palabra clave que detiene la significación y da el fenómeno de la  certeza”.  

Así en el lugar de la falta o castración coloca el núcleo delirante como  punto de ruptura imaginaria para poder separarse de un Otro al que vive  absoluto e invasor.  

2-El esfuerzo de estabilización en forma de construcciones imaginarias.  El psicótico al no poder restablecer el pacto con el Otro entra en otro modo  de mediación diferente del neurótico. Sustituye la mediación simbólica por  una proliferación imaginaria que haga contrapunto a la significación  delirante. En el caso la paciente intenta una precaria estabilización en  forma de las identificaciones imaginarias a otras chicas de su edad.  

Se trata de un esfuerzo que equivaldría al intento de compensación del NP  ausente, y que no logra su éxito de estabilización ya que tiene lugar un  desencadenamiento en la pubertad. 

A este respecto, Lacan nos comenta en el Seminario III, que cuando el  registro de Nombre del Padre está ausente, el sujeto al no poder asumir la  realización del significante padre a nivel simbólico le queda la imagen  a la que se reduce la función paterna. Es una imagen que no se inscribe  en ninguna dialéctica triangular, cuya función de modelo, de alineación  especular le da un punto de enganche y le permite captarse en el plano  imaginario, como ocurre en este caso. Esta situación puede sostenerse  mucho tiempo, a veces toda la vida, pero también puede ocurrir como en  esta paciente que estas identificaciones imaginarias caigan y sobreviene el  desencadenamiento. 

3-Desencadenamiento a los 13 años, con ocasión de la primera regla. Cuando al sujeto se le aparece la pregunta por el ser: ¿Qué soy? Hombre,  mujer, ante lo imposible de las respuestas simbólicas, se desencadena la  psicosis. Estas preguntas la precipitan además en la pregunta que todo  sujeto se hace acerca de la posibilidad de engendrar, de ser padre o madre. 

4- Búsqueda de una nueva significación en el tratamiento en lugar de la  delirante. Sabemos que se trata en todos los casos de psicosis de situar que  había antes del desencadenamiento es decir en relación a que se había  estabilizado el sujeto. En esta paciente, ya lo hemos dicho, se trataba de  una estabilización vía unas identificaciones imaginarias. Entonces se trata,  y es la propia paciente que indica el camino, que pueda encontrar de nuevo  una construcción imaginaria, en donde insertar algo de un deseo, que la  estabilice de nuevo. Intenta una identificación con otros significantes no  delirantes y construirse una identidad a través de ellos.

A este respecto, recordemos que Lacan en 1957 hablaba de la búsqueda  de una significación a través de significantes que marquen los ideales  del sujeto y en 1975 hablando del escritor Joyce dirá que intenta a  través de su obra hacer un remiendo de su Ego movilizando de esta  forma el goce sobre sus construcciones (en vez de que el sujeto sitúe el  goce en el Otro (paranoia), lo puede sostener en su obra, lo que le permite  una identificación narcisista y hacerse un nombre. Por medio de esta obra,  producir una forma de metaforización: el sujeto ya no sólo se representa el  Otro para él (por medio del delirio) sino también él para el Otro con la  mediación de su obra o de los significantes que le representan 

5- En cuanto a los limites del efecto terapéutico podemos pensar en la  estructura misma y en la fuerza del empuje a la mujer, es decir del  goce que irrumpe y se deslocaliza ante la imposibilidad de poderlo  situar en el fantasma vía la significación fálica o NP. En efecto, la  paciente tiene sus primeras relaciones sexuales y presenta de nuevo, ante la  incapacidad de darse una respuesta a la pregunta ¿qué es una mujer?, una  descompensación. Intenta responderse a esta pregunta con la maternidad  pero puede acabar siendo crítica con esta idea. Es decir consiente a situarse  en una espera de que pueda realmente querer tener un hijo en la edad  adulta. Continúa con sus estudios, puede situarse como una más entre otras  chicas, aunque por su estructura sea un artificio tomado de las otras  jóvenes de su edad como referencia. Creo que este es el punto límite  adonde puede llegar en su camino. 

6- Para finalizar me gustaría poder hablar brevemente de la transferencia  y de la interpretación con esta paciente. Por una parte hemos visto que la  paciente se presentaba con una convicción delirante que es de su parte una  interpretación. Pero al mismo tiempo cuando en el tratamiento puede hablar  de esta certeza y enfrentarse a ella, trata de darle otra significación. Es por  la búsqueda de esta significación que también busca un saber. Es ahí en  esta búsqueda de saber que se puede introducir el analista como el que  comparte la búsqueda de esta significación y el que trata de que la paciente  ceda en cuanto a situarse como objeto de goce de un Otro perseguidor. Es  decir no se trata de interpretar como podemos entender que se hace en la  neurosis, sino de intentar producir una crítica de la certeza y por lo  tanto un vacío de significación. Ante esto no se trata de darle unos  significantes o un sentido que llenarían este vacío, sino de conducirla a que  los pueda construir con otra significación que irá encontrando en lo que le  produce un deseo de realizar su pequeña “obra”, en este caso sus estudios.  Asimismo, pienso que en la transferencia, el analista es el que ofrece por  su presencia y sus palabras unos límites, crea una demanda e introduce una  mediación entre el paciente y lo que le producía horror. Por último y este  ha sido el trabajo fundamental con esta paciente y lo que he tratado de  mostrar, da lugar con sus intervenciones a la creación por parte de la  paciente de una nueva significación, en donde situar su vida.  

Fuente: Clotilde Pascual (2014) "Las psicosis: Sus formas de abordaje a través de la enseñanza de Lacan"