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lunes, 21 de octubre de 2019

La trata con fines de explotación sexual

Tal como vimos, se entiende por trata de personas al proceso que implica: el ofrecimiento, la captación, el traslado, la recepción o acogida de personas. Uno de sus fines es la explotación sexual.

¿Qué es la explotación sexual?
La explotación sexual es un delito y existen distintos tipos de explotación sexual, a saber:
  • La explotación de la prostitución ajena: Es cuando se promueve, facilita, desarrolla o se obtiene provecho de cualquier forma de comercio sexual.
  • La explotación sexual infantil: Es la utilización de un/una niño/a en actividades sexuales a cambio de remuneración o de cualquier otra retribución.
  • La pornografía infantil: Se entiende por pornografía infantil a toda representación, por cualquiermedio (incluyendo las nuevas tecnologías informáticas), de un niño/a dedicado a actividadessexuales explícitas, reales o simuladas, o toda representación de las partes genitales de un niño/a con fines primordialmente sexuales.
  • La explotación sexual en viajes y turismo: Es la explotación sexual comercial de personas por parte de “turistas clientes” que viajan tanto al interior de un país como de un país a otro. Estos “servicios” muchas veces son ofrecidos como parte de paquetes turísticos y frecuentemente involucran a niños, niñas y adolescentes. En algunos países de Latinoamérica, esta explotación no sólo es utilizada por personas provenientes de otros países, sino también por personas del mismo país, siendo las zonas de oferta aquellas que están localizadas en regiones de mayor marginalidad y pobreza.
Entonces, la explotación sexual es un delito independientemente que se configure o no el delito de trata.
Para que se configure el delito de trata, se debe producir el ofrecimiento, la captación, el traslado, la recepción o acogida de la persona, tal como lo mencionamos en la primera unidad.

¿Cuáles son los lugares donde tiene lugar la explotación sexual?
Los espacios donde tiene lugar la explotación sexual pueden ser:
  • Lugares cerrados, como saunas, prostíbulos, boliches con trastienda, departamentos privados, etc. En estos casos el encuentro, el pago y la explotación sexual ocurren en el mismo lugar.
  • Espacios abiertos y públicos, que sirven para establecer el contacto inicial, como la calle, discos, pubs, cafés, bares de hoteles, teléfonos y avisos publicitarios. En estos casos, el contacto o la contratación se realizan en un local o por teléfono, y la explotación sexual de la víctima ocurre en otro espacio (hoteles, departamentos y autos).
Antes de continuar es importante tener en cuenta lo siguiente en cuanto a los denominados prostíbulos:

Los prostíbulos, lugar de destino de la mayoría de las víctimas, se encuentran prohibidos por la legislación argentina (Ley Nacional 12331). Sin embargo, muchos municipios permiten su habilitación cuando estos locales operan bajo otras denominaciones eufemísticas (café bar, casas de té, night club, cabaret o whiskería).

En estos prostíbulos, las personas pierden todo contacto con el mundo exterior. Los tratantes de personas utilizan diversas técnicas para mantener esclavizadas a sus víctimas, algunas de las cuales son:
  • Servidumbre por deuda: obligaciones financieras, compromiso de honor de satisfacer la deuda.
  • Aislamiento: limitación del contacto con personas ajenas, medidas para vigilar todo contacto o para que éste sea superficial. Asimismo aislamiento respecto a su familia.
  • Amenaza de deshonrar a las víctimas revelando las circunstancias a la familia.
  • Confiscación de pasaportes, visados o documentos de identidad y atemorización y manipulación de las víctimas haciéndoles creer que si se ponen en contacto con las autoridades serán encarceladas o deportadas por violar disposiciones de inmigración.
  • Violencia física, psicológica y/o sexual contra las víctimas o contra sus familiares, así como la amenaza de aplicarla.
  • Control del dinero de las víctimas.
Frente a estas estrategias las víctimas quedan indefensas y permanecen esclavizadas por los tratantes.

¿A qué se denomina sistema de plazas?
El sistema de plazas funciona de la siguiente manera: dado que los proxenetas no cuentan generalmente con establecimientos propios, envían a las mujeres de “su propiedad” a prostíbulos donde son explotadas por períodos que pueden variar entre una semana y 45 días.
La circulación de las personas víctimas de explotación sexual de un prostíbulo a otro mediante el sistema de plazas resulta necesaria tanto para proxenetas como para regentes.
Para los proxenetas el sistema de plazas es conveniente por razones de seguridad, dado que las mujeres se ven impedidas de establecer relaciones duraderas con los llamados “clientes” y por esa vía pedir auxilio.
Para los regentes, la circulación responde a las propias exigencias de la demanda. Un prostíbulo debe tener una “oferta” de mujeres adolescentes, niñas, travestis y trans, constantemente renovada para satisfacer a quienes pagan por sexo. Como cualquier “negocio”, los cabarets y whiskerías deben brindar constantemente “nuevas mercancías”.


Hasta aquí hemos descrito el delito de trata con fines de explotación sexual, los lugares donde se suele producir, algunas estrategias utilizadas para mantener a las víctimas esclavizadas, los actores involucrados y el sistema de plazas.

Fuente: INAP, "Conceptos Básicos sobre Trata de Personas" (Unidad 2)

miércoles, 29 de mayo de 2019

Pedofilia en las redes: el perfil del victimario en el grooming.

Por lic. Lucas Vazquez Topssian
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Perfil general de los abusadores.
Los expedientes sobre pornografía infantil se caracterizan porque los imputados son en su mayoría hombres de mediana edad que trabajan con niños y adolescentes, entre ellos docentes, entrenadores, pediatras y choferes de transportes escolares, aunque también hay expertos en informática que aprovechan sus conocimientos con fines delictivos. También pueden ser aparentemente moralistas, religiosos o pudorosos. De todas maneras, no resulta fácil reconocerlos por su conducta, ni por su aspecto exterior. En apariencia, el acosador puede tener una vida social adecuada, incluso tener una vida matrimonial.
Hospital de pediatria Garrahan
Es de destacar que los abusadores tienen la capacidad de comprender que su conducta de abusador sexual está contra la ley y contra los derechos de los niños. En este sentido, los psicólogos de distintas ramas acuerdan que el abuso sexual es consciente y voluntario. No se debe olvidar que siempre es el abusador el culpable, sin no importa lo que el menor haga o diga. Los abusadores conocen la ley y tienden a defenderse. Pueden afirmar que fue el niño quien los sedujo, lo cual es falso, por tratarse de un vínculo asimétrico evidenciado en un dominio total sobre su víctima, como es el caso de las amenazas. Se trata de personas frías, calculadoras, sin capacidad de arrepentimiento.

Existen abusadores reservados, inofensivos y no intrusivos. Suelen, mediante un trato gentil y tierno, obtener la confianza de los familiares y del mismo niño. Este tipo de abusador hace coalición con el niño y, progresivamente lo separa de las redes sociales. También existen abusadores sádicos, cuyo goce está en el control, la agresión y la violencia hacia el niño. La violencia puede ser verbal o física y, por lo general, humillan a su víctima.

El victimario permanentemente medita nuevas estrategias para llegar a sus víctimas. Tiende a compartir información y material con otros abusadores, por lo que las TICs les ha permitido a muchos de ellos formar comunidades. No necesitan emplear la fuerza física; el dominio sobre el niño lo logra de manera emocional. Entre las estrategias más comunes está la seducción y una supuesta protección para la víctima. Simultáneamente, puede tener distintas relaciones de abuso paralelas.

En la historia de la mayoría de los victimarios se evidencia una carencia de afecto y de contacto físico y sano por parte de sus progenitores. Muchos de ellos han sido también abusados sexualmente durante su propia infancia. Los victimarios provienen, habitualmente, de familias disfuncionales, donde existió violencia intrafamiliar, abuso del alcohol o de las drogas.

Pautas para reconocer victimarios de grooming según su discurso.
En los abusadores que utilizan las TICs se observa una relación particular de avance y anodadamiento hacia sus víctimas, tendiente a la desubjetivación progresiva del menor. El niño o el adolescente, para ellos, pasa a funcionar como un objeto.

Cuando los abusadores se expresan en la red, se los puede reconocer mediante una tendencia hacia las oraciones adversativas que poseen en su discurso, al estilo “Yo sé que… pero a pesar de todo”, como lo indicó Mannoni (1969). Tomaremos como ejemplo un caso de grooming, investigado por la justicia argentina ante la denuncia de una menor hecha a la AALCC. Se trata del diálogo mantenido por Instagram entre un adulto, de 40 años de edad, con una menor de 14 años de edad.
Sospechoso: ¡Qué hermosa sos, [nombre de la menor en diminutivo]! ¿Sos de [Capital de una provincia argentina]?? ¿Cuántos años tenés? Soy grande, tengo 40 años, ¿vos?
Menor: Tengo 14
Sospechoso: Ahhh re chiqui!!!!

Menor: ¿Te conozco?
Sospechoso: No sé. Estas re buena!!!
Menor: Que asco. Me llevas 26 años.
Sospechoso: Si. ¿Y?
Menor: Tenes la edad de mi papá.
Sospechoso: Pero no soy tu papá
Menor: Me das asco. Tipos como vos después andan violando nenas.[...] Tenes 40 años. Búscate una de tu edad.
Sospechoso: Ok. Todo bien si a vos no te gusta, pero no me podes acusar si no sabes.
Menor: Te digo que tenes la edad de mi papá y me decis que no lo sos. ¿No tenés hijas o sobrinas de mi edad?
Sospechoso: Y claro que no lo soy, por eso te digo: Si a vos no te va, esta todo bien, pero hay otras de tu edad que sí.
Lo que vemos en este recorte es, aparte del mencionado intento de avance que el sujeto hace sobre la menor, el uso de oraciones adversativas, muy comunes en las estructuras perversas. En este tipo de oración, dos enunciados se oponen total o parcialmente, unidos por nexos adversativos. Recordemos que el abusador conoce la ley y a la vez reniega de ella. este rasgo estructural impacta en su discurso. 

¿Cuál es la diferencia entre las personas comunes y los abusadores? La persona común en algún punto duda: siempre se está preguntando si lo que piensa o lo que hace está bien o mal, porque siempre está determinada por la culpa, la vergüenza y la moral. El perverso, por el contrario, es capaz de llevar a cabo una acción ligada a la voluntad de su propia satisfacción. El abusador avanza sobre el otro y lo desarma de sus recursos hasta despedazarlo absolutamente.


Otro examen que puede hacerse es el de la culpa (como afecto, no como concepto jurídico). La conciencia de culpa y la vergüenza se dan simultáneamente con el proceso represivo, mecanismo estructurante de las neurosis. Es por esto que la culpa y la vergüenza tienen un importante valor diagnóstico. En las estructuras neuróticas, se espera que la culpa vacile entre el yo y el otro. En la histeria, se actúa como si nada se supiera de aquel sentimiento pero se observa que en definitiva se trata de  una fachada de “sin fe y sin ley”, siendo que la culpa está siempre presente de manera inconsciente y sigue actuando como límite interno. En la perversión nos encontramos con la negación de culpa propia, que es lo que podemos apreciar del caso expuesto, al igual que en sus justificaciones de su accionar como que fue el niño o el adolescente quien lo sedujo.

Diagnóstico del agresor en el Grooming.

La mayoría de los agresores sexuales no sufren trastornos tan graves como lo son cuadros psicóticos o retrasos mentales. Muchos de ellos aparentan una completa normalidad ante la gente que los rodea, aunque puedan sufrir distintos trastornos emocionales.
Clínicamente, al abusador se lo ha clasificado clínicamente como psicópatas. La noción de psicopatía se desarrolló en la década de los años 60 y el abusador entra en ella por su falta de escrúpulos. El problema es que psicopatía es una entidad mórbida, aplicada al no entender mucho qué era lo que pasaba con ciertos pacientes que traían ciertas problemáticas relacionadas con la insensibilidad frente al otro, de frialdad, de tomar al otro como objeto. Al criterio de psicopatía se le ha criticado estar influenciado por criterios morales.

En la clasificación, según DSMIV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), se podrían clasificar como trastornos de la personalidad dependiente, compulsivos, antisociales y limítrofes. Este tipo de patología pertenece más a los violadores de adultos. Tratándose de abusadores de menores las características de la personalidad resultan más suaves, con manifestaciones de ser dependientes, fóbicos y compulsivos.
Para el psicoanálisis, el pedófilo es un perverso.  El mecanismo fundante de esta estructura es la Renegación de la castración del Otro. El discurso materno es el que se privilegia dentro del aparato psíquico en cuanto a su constitución subjetiva. Se trata de sujetos que reconocen la ley, que pueden distinguir lo que está bien de lo que está mal, pero buscan burlar esta legalidad, es ahí donde se aloja su goce; el cual también tiende al sufrimiento del otro, la certeza está presente en cuanto a su modo de gozar.

En psicoanálisis, Ia temática de la perversión no fue elaborada de manera lineal; tanto Freud como Lacan fueron introduciendo sucesivas reformulaciones sobre esta estructura clínica. En la evaluación de la perversión que privilegia la vertiente imaginaria, el niño ocuparía el Iugar de objeto, mientras que el perverso asume el de sujeto. Posteriormente, esta relación es invertida: el objeto en el fantasma se presenta como un real inalterable que impone sus reglas al sujeto de modo tal que el sujeto surge del lado del partenaire. Hay una maniobra propia del fantasma perverso que es el tratar de hacer surgir el sujeto del lado del otro, poniendo así de manifiesto su falta. Este rasgo se ve también el fantasma perverso de los sádicos y masoquistas. El pedófilo, como otros perversos, está fijado a una escena con un modo específico de satisfacción, cuyas coordenadas suelen ser rígidas. El conocimiento de los frecuentes patrones de conducta del agresor nos permite comprender su pensamiento, sus emociones y, sobre todo, los motivos de su comportamiento sexual.

Casi todas las corrientes clínicas señalan la personalidad de los agresores sexuales es muy compleja, con patrones de conducta profundamente arraigados, que en parte son inconscientes y muy difíciles de cambiar. Se trata de sujetos que no demandan tratamiento psicológico, y cuando lo hacen se debe sospechar de algún motivo secundario, como la reducción de penas. Estos sujetos, básicamente no consultan porque no encuentran en ellos mismos un conflicto; en el caso de que este se presente -por algún momento puntual de angustia o de vacilación en la existencia-,puede entonces producirse la consulta.

Lucas Vazquez Topssian es psicólogo, director de la Asociación Argentina de Lucha contra el Cibercrimen, espacio de investigación, prevención y contención a las víctimas.

miércoles, 9 de enero de 2019

Menores en riesgo: ¿Qué es el Grooming?

Por Lic. Lucas Vazquez Topssian.
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Existen diversos estudios acerca del abuso sexual de menores en donde no median las tecnologías de información y comunicación (TICs). Previo a su surgimiento, los victimarios y abusadores debían están, por lo general, muy cerca del niño, puesto a que esta era la única vía para concretar el abuso. Muchas veces era la misma familia donde se originaba la violencia. A partir del efecto que tuvieron las TICs sobre las relaciones sociales, fue de esperar que también se actualizaran estas antiguas formas graves de acoso, como lo es el abuso de menores de edad. Entramos así, en el terreno de lo que se ha dado en llamar grooming (en inglés, acicalar). En el grooming, un adulto utiliza las redes sociales para crear una conexión emocional con un menor de edad, para posteriormente abusar sexualmente de él bajo diversas modalidades. En Argentina durante el 2016 se registraron 8800 denuncias por grooming; en 2017, el número de denuncias aumentó a más de 23.500. Durante el año 2017, el 85% de los ciberdelitos que se investigaron en la Ciudad de Buenos Aires estaban vinculados con la pornografía infantil.

Empecemos aclarando un hecho, que quizá resulte obvio: la relación entre un adulto y un niño siempre es asimétrica. Para afrontar las vicisitudes de la vida, un adulto dispone de un cuerpo sexualmente desarrollado, un aparato psíquico clivado, mecanismos de defensa maduros y diversos recursos expresivos para tramitar y elaborar su padecer, como es el caso del uso de la palabra. Los menores, en cambio, son sujetos en constitución. Aunque los niños y las niñas estén determinados por la excitación sexual, aún son inmaduros y necesitan de los adultos que lo cuidan para que éste le preste palabras, les expliquen y que lo acompañen. En el mejor de los casos, el adulto reconoce esta asimetría e intenta limitar el acceso al niño a ciertos contenidos, especialmente los violentos y los sexuales, provengan éstos de la realidad o de la ficción. Esto se debe a que en todos los casos, el adulto dispone de recursos más elaborados ante las diversas situaciones de la vida cotidiana.

Otra aclaración. Los menores, frecuentemente atraídos por las novedades tecnológicas, no son evolutivamente más maduros que los niños de antes, no van a otra velocidad ni es cierto sean más inteligentes. Diremos, en todo caso, que la inteligencia es meritoria de quienes diseñaron esas novedades tecnológicas para que sean del agrado del menor de edad consumidor. Por otra parte, sí es cierto que los niños hoy tienen acceso a más información que los niños previos a la era digital, pero de ahí a que la sepan utilizar es otra historia.

Los abusadores implicados en los casos de grooming utilizan las diferentes redes sociales para contactarse con menores de edad. Pueden hacerse pasar por otro niño o niña para crear lazos emocionales con el menor. La relación comienza siendo amistosa, pero a medida que el menor confía y se desinhibe, el acosador apela a la seducción y a la provocación. El abusador puede enviarle fotos pornográficas, u ofrecer algo que el menor quiera, para conseguir que el niño realice un acto sexual, como tomarse fotos desnudo. Bajo el pretexto de un regalo, pueden habilitarle al menor nuevos dispositivos ajenos al conocimiento de los adultos responsables.

El abusador recopila progresivamente los datos personales del menor, como su número de contacto, los ámbitos que frecuenta o el nombre de sus familiares. A partir de ahí, el acosador puede chantajear al niño o al adolescente para obtener cada vez más material sexual o tener un encuentro físico con el menor para abusar sexualmente de él. La producción de este material también se logra presencialmente cuando el abusador logra establecer una relación de confianza con los responsables del menor, por ejemplo cuando estos los dejan a su cargo por motivos laborales, situación que aprovechan para abusar sexualmente del niño y grabar el hecho. Ningún pedófilo se conforma con tener siempre el mismo material, por eso la demanda de nuevas fotografías y videos de menores teniendo relaciones sexuales permanece inelástica. A esta demanda le corresponde la oferta, creando un negocio millonario a nivel mundial.

Mayoritariamente, el intercambio de material pornográfico infantil ocurre en las partes de la red no indexada por los motores de búsqueda (Deep Web) y donde mediante diversos recursos informáticos los abusadores logran no ser detectados. Una vez allí, los pedófilos se encuentran virtualmente entre ellos e intercambian material. El ingreso a muchas de estas páginas requiere invitación de algún miembro, la participación activa en el aporte de material o la entrega de dinero. Por supuesto, el intercambio de material también puede darse con otros soportes tecnológicos, como los DVDs o las antiguas cintas VHS.

En la web, los pedófilos resultan difíciles de rastrear porque son conscientes de la ilegalidad de sus hechos. Se comunican utilizando términos ambiguos como el acrónimo CP (child porn), o “amigos jóvenes” (niños). No dan detalles acerca de su identidad ni de su ubicación, ni aún entre ellos.

Existir a partir de mostrar. Niños y adolescentes en riesgo.
La era de las pantallas trajo, para algunos sujetos, la creencia que la que la imagen que está puesta es la sustancia de ese sujeto. Para ellos, no estar en la pantalla les desencadena una sensación de inexistencia: no hay valor en los eventos de la vida sino se muestran. Cada vez más se observa la tendencia a mostrar todo, todo el tiempo. Y si por algún motivo el sujeto se ve privado de sus like por lo que hayan subido a la red, se sumen en una profunda anomia, en una caída tensional de lo pulsional deseante. Es como si desaparecieran esos otros que no certifican que existe en la pantalla.

La pantalla no muestra agujeros, es plena y está todo el tiempo vigente. Es una lógica que reniega cualquier falta, enemiga del duelo, que justamente implica que hay algo que no se puede mostrar, que hay algo que se pierde y que hay algo que tenemos que elaborar como agujero. En este caso, hay dificultades con que en algún momento el sujeto no sea visto, o que el sujeto desaparezca de la escena por un rato. Esto fomenta a que algunas personas acepten solicitudes de personas que no conozca.

Sabemos que actualmente las TICs se presentan como una parte importante de la vida social de los niños y adolescentes. La adolescencia, evolutivamente hablando, es un complejo proceso de cambio y transición del sujeto, que implica el recorrido de la infancia hacia la adultez. A partir de la emergencia de la madurez sexual, conocida como pubertad, al sujeto adolescente le toca enfrentarse a diversos desafíos con los recursos particulares del caso por caso. Muchos padres y educadores de adolescentes son testigos de los permanentes desequilibrios e inestabilidad emocionales que caracterizan a esta etapa de la vida.

Internet y las redes sociales constituyen, en la actualidad, un medio ideal que soporta estas vicisitudes, siendo uno de los más notables es el ajuste de su nuevo esquema corporal. A los cambios biológicos que le acontecen, el adolescente debe ajustar la representación mental que tiene de él mismo y adaptarse a su nuevo cuerpo. Los adolescentes experimentan con su apariencia, muestran y dar a conocer, publican, editan y se ocultan. Los adolescentes, que son menores, pueden no estar advertidos de otras formas graves de acoso que los acechan, como la que se describió anteriormente: el grooming.

Los victimarios conocen esta tendencia y de esta forma, tras seleccionar a una posible víctima, comienzan a recopilar información personal de la misma. Logran formarse un perfil basado en lo que los usuarios publicaron: fotos (y lo que comentan sus amigos), colegios en los que ha estudiado, lugares que frecuenta, gustos, actividades, viajes, quiénes son sus amigos, entre otros. Esta información puede ser utilizada para:
  • Ayudarle al delincuente crear su plan: Por ejemplo, un delincuente puede utilizar los datos publicados y conocer dónde y cuándo el adolescente se encuentra solo.
  • Hacer robo de identidad. A veces, mediante perfiles falsos, se engaña a una víctima para que envíe fotos o dinero a un estafador bajo la falsa afirmación de que están en una especie de relación cibernética. Los usuarios menores de edad pueden ser engañados por falsos perfiles creados por pedófilos. A veces este perfil puede ser clonado del amigo del menor.

El abusador puede dedicar semanas, incluso meses, a la tarea progresiva de acercarse al niño o al adolescente. Puede abordarlo mediante juegos on-line o las redes sociales. Los objetivos del acosador son diversos, pero siempre con el denominador común del abuso del menor bajo diversas modalidades: encuentro con el menor para abusarlo sexualmente, producción de imágenes (fotos y videos) de índole sexual y/o explotación sexual, prostitución y trata de personas.

Lucas Vazquez Topssian es psicólogo, director de la Asociación Argentina de Lucha contra el Cibercrimen, espacio de investigación, prevención y contención a las víctimas.