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martes, 4 de agosto de 2026

La neurosis como defensa frente a la soledad del sujeto

 Lacan definió la neurosis como una cicatriz. No porque cierre definitivamente una herida, sino porque constituye un intento de responder a una falta que nunca termina de cicatrizar. La cuestión, entonces, no es qué cura la neurosis, sino de qué protege al sujeto.

Para responder esta pregunta podemos tomar la estructura del grafo del deseo. En el sector superior izquierdo, correspondiente al nivel de la enunciación, se ubica uno de los planteos más radicales del psicoanálisis lacaniano: no hay Otro del Otro. No existe un garante último del sentido, una instancia capaz de ofrecer la respuesta definitiva sobre el deseo, el amor o el goce. El sujeto está estructuralmente desprovisto de esa garantía.

Esta formulación supone una ruptura con la ilusión que todavía podía sostener el Otro de la verdad presente en el Esquema L. Si no hay un Otro que garantice la verdad, entonces el sujeto queda confrontado con una condición fundamental: su soledad.

En el amor, en el deseo y en el goce no existe un saber previo que indique el camino correcto. No hay una respuesta escrita de antemano ni una complementariedad asegurada con el Otro. Asumir esta ausencia de garantías constituye, paradójicamente, una de las mayores formas de libertad que puede alcanzar un sujeto. Cuando ya no espera una respuesta definitiva del Otro, sólo queda hacerse responsable de su acto.

Sin embargo, la neurosis se organiza precisamente para evitar ese encuentro con la soledad estructural. Frente a la falta en el Otro, el sujeto produce una serie de construcciones que funcionan como verdaderas coartadas. En el mismo lado del grafo, pero por debajo del significante de la falta en el Otro, Lacan sitúa el fantasma, el síntoma, el yo (moi) y el ideal.

Estas formaciones no eliminan la falta, pero la velan. Funcionan como ficciones que hacen creer que existe una explicación sin resto, una respuesta sin equívoco o una causa última capaz de ordenar la experiencia subjetiva. En otras palabras, ofrecen la ilusión de que aquello que no tiene garantía podría, finalmente, encontrar una.

Por eso pueden pensarse como coartadas: no resuelven la imposibilidad estructural, sino que la recubren. Ficcionalizan una relación que, en términos lacanianos, no cesa de no escribirse, ofreciendo la promesa de un objeto que completaría al sujeto allí donde, por estructura, no existe complemento posible.

Desde esta perspectiva, la neurosis no protege tanto del sufrimiento como de una experiencia más radical: la de quedar confrontado con que no hay un Otro que garantice el deseo, el amor o el goce. Defiende al sujeto de la intemperie que implica habitar un mundo sin garantías absolutas, donde la única respuesta posible ya no proviene del Otro, sino de la responsabilidad por el propio acto.

lunes, 20 de julio de 2026

La arquitectura de los vínculos

 En este blog tenemos una pregunta abierta por el espacio y su relación con la subjetividad y con el padecimiento Más allá de conceptos como la territorialidad, muchas veces el espacio o la arquitectura gravitan de manera significativa en los síntomas, como veíamos en esta entrada al preguntarnos por los mapas que Freud incluía en sus historiales.

esta vez quería señalar los aportes de Marcela Iacub. Ella es una jurista, ensayista e investigadora argentina radicada en Francia, especializada en bioética, derecho de la familia y transformaciones de la sexualidad y el parentesco. Aunque no es arquitecta, en Les architectures du bonheur. De Charles Fourier aux Grands Voisins (2019) incursiona en la filosofía política de la arquitectura y el urbanismo.

La idea central del libro es muy potente: las formas de construir el espacio nunca son neutrales; siempre expresan una determinada idea acerca de cómo deben vivir las personas juntas.

Iacub sostiene que gran parte de nuestras ciudades fueron diseñadas alrededor de un supuesto muy específico: una pareja heterosexual, con hijos, económicamente autosuficiente, viviendo en una vivienda privada, donde gran parte del cuidado ocurre dentro del hogar. Ese modelo organizó durante más de un siglo la arquitectura residencial, la distribución de los barrios y hasta los servicios públicos. 

Sin embargo, hoy la realidad es muy distinta: los hogares unipersonales van en aumento; cada vez más personas mayores viviendo solas; parejas sin hijos; fproliferación de familias ensambladas; divorcios; convivencia temporal; estudiantes y trabajadores que comparten vivienda; personas que pasan buena parte del día fuera del hogar.

Por eso aparece una tensión: seguimos habitando ciudades pensadas para una familia que estadísticamente ya dejó de ser la dominante.

Uno de los argumentos más interesantes de Iacub es que la familia fue históricamente una institución de cuidado. Cuando disminuye el tamaño de los hogares o cambian sus formas, muchas funciones antes resueltas dentro de la casa deben desplazarse hacia otros espacios, como el cuidado de niños o el acompañamiento de ancianos. Pero también la alimentación, la recreación, la socialización y el trabajo sufren este desplazamiento. Eso obliga a repensar la arquitectura y también la ciudad.

De Fourier a los Grands Voisins

El título del libro resume esa historia. Charles Fourier (siglo XIX) imaginó los falansterios, enormes edificios donde cientos de personas compartirían múltiples aspectos de la vida cotidiana. No era simplemente una utopía arquitectónica, sino una nueva organización de los vínculos sociales.


En el otro extremo están Les Grands Voisins, un proyecto parisino contemporáneo que reutilizó un antiguo hospital como espacio mixto de viviendas temporarias, talleres, emprendimientos, actividades culturales y servicios sociales. Para Iacub representa un ejemplo concreto de cómo la arquitectura puede fomentar nuevas formas de convivencia sin depender exclusivamente de la familia nuclear. 

El segundo texto de la bibliografía consultada, La famille contre la démocratie ("La familia contra la democracia"), complementa esta idea.

Allí Iacub argumenta que la familia funciona con una lógica distinta de la democracia: en la familia predominan relaciones de dependencia y jerarquía, mientras que en la democracia predominan relaciones entre ciudadanos formalmente iguales.

Su planteo es que muchas funciones que antes recaían casi exclusivamente en la familia podrían redistribuirse mediante instituciones públicas y nuevas formas de organización colectiva, lo que tendría consecuencias también sobre la forma de construir viviendas y ciudades. 

Para la clínica: Tomemos la pregunta que se hace Iacub las tramas que determinan la subjetividad la subjetividad: ¿qué ocurre cuando esa trama ya no coincide con los espacios materiales donde vivimos? Es decir, no solo cambian las familias, sino que la arquitectura y el urbanismo participan activamente en la producción de determinados modos de vincularse.

lunes, 16 de junio de 2025

Felicidad con sombras: el desgarro ético del deseo

Aquí evocábamos la crítica de Lacan a la idea de una “felicidad sin sombras”, es decir, a toda promesa de plenitud subjetiva que se apoye en una ilusión de totalidad. Pero esta formulación nos permite dar un paso más:
¿Existe una felicidad con sombras?

El psicoanálisis no se posiciona simplemente en la negatividad, sino que establece un contrapunto estructural: por un lado, la aspiración a una felicidad totalizante; por el otro, el testimonio del Superyó, esa figura paradójica que insiste en una satisfacción que no satisface, que goza allí donde algo “no anda”. Esta antinomia es observable clínicamente y revela un punto de falla fundamental en la promesa de unidad.

Para situar esta falla, Lacan recurre a una disyunción estructural: la discrepancia entre deseo y goce. En esa grieta se produce lo que él llama un “desgarro en el ser moral del hombre”. La ética del psicoanálisis, entonces, no se funda en una norma, sino en el acto, precisamente porque falta ese complemento que permitiría la unidad y el ordenamiento del deseo bajo el signo del Bien.

La crítica de Lacan no se dirige a un ideal abstracto, sino a su contexto: la comunidad analítica. Su interrogación apunta a cómo este desgarro puede ser olvidado, o incluso borrado, mediante la promesa de una normalización imposible, sobre todo en relación con la sexualidad. Este olvido se vuelve particularmente grave cuando se traslada al análisis del analista.

Por eso Lacan vuelve sobre una pregunta central:
¿Qué es el deseo del analista?
Este operador no responde a un saber cerrado ni a un sujeto completado. Muy por el contrario, se opone a toda idea del analista como producto terminado, ajustado, “normalizado”. Porque si esa fuera la expectativa,
¿qué escucha sería posible?
¿Y qué habría que perder para que esa escucha se habilite?

Lacan no oculta su posición: la promesa de una sexualidad normalizada es una estafa. Enmascara una exigencia moralizante, un puritanismo que niega el deseo, un ascetismo incompatible con la lógica del inconsciente. Esta moral oculta entra en contradicción con el deseo mismo, que no solo atormenta al sujeto por su imposibilidad estructural, sino también por el margen de soledad y decisión que abre.

Ese margen —el lugar del acto— es precisamente donde el sujeto se encuentra sin el Otro, con la única brújula de su falta. Y es allí, en esa felicidad con sombras, que la ética del psicoanálisis se pone verdaderamente en juego.

domingo, 13 de abril de 2025

El fantasma y la función del falo significante

El fantasma no es una simple respuesta dentro del entramado significante, sino que ocupa un lugar estratégico en el grafo del deseo. Su función radica en evitar el encuentro con la verdad última que el significante de la falta en el Otro inscribe: la ausencia de garantías y la soledad del sujeto frente a su acto.

A partir de esta posición, se puede trazar un vínculo esencial entre el fantasma y el significante fálico. Mientras el fantasma encubre, el significante fálico revela. Este último actúa como un nexo intermedio que une la significación fálica con el objeto a, el elemento real que opera como causa del deseo.

El falo significante desempeña su función dentro del campo del lenguaje en la medida en que el Nombre del Padre lo articula y lo hace operar. Se trata del significante que nombra el conjunto de los efectos de significado, marcando los límites de lo que puede ser representado. Esta función lo convierte en un símbolo dentro del lenguaje, en el único significante que puede ser denominado de esa manera.

Su operación implica un principio de ocultamiento: el falo actúa velado. Este rasgo establece su singularidad, pues dicho velamiento impide que se integre a la cadena significante formando una pareja con otro término. Velamiento, imparidad y Bedeutung (referencialidad) configuran su especificidad y justifican que sea el único punto de referencia desde el cual un sujeto se inscribe en la sexuación, independientemente de la diferencia sexual.

En este marco, el falo significante denota la presencia real del deseo. En los seminarios 5 y 6, Lacan asocia su función con el término que tacha al sujeto. Esta tachadura es una operación significante que enlaza conceptos como borramiento, corte, simbolización y negación. Pero la pregunta sigue en pie: ¿es la tachadura equivalente a la división del sujeto?

lunes, 3 de marzo de 2025

La tragedia y la soledad en la experiencia analítica

En la práctica analítica, el analizante se enfrenta a un punto radical de soledad, un momento en el que se confronta con su posición respecto del deseo del Otro. Para llegar a este umbral, es necesario atravesar lo que Lacan denomina el campo trágico, un entramado de creencias y mandatos que estructuran la subjetividad.

Lacan encuentra en la tragedia una vía privilegiada para abordar este proceso. A lo largo de su enseñanza, trabaja con distintos momentos de la tradición trágica: desde la tragedia antigua, especialmente Sófocles; pasando por Shakespeare, con Hamlet y Rey Lear; hasta la tragedia moderna con la obra de Paul Claudel. Estos distintos registros configuran diversas maneras de tratar la verdad y distintos estatutos del Padre.

El análisis se vale de este entramado escénico para descifrar los mandatos que impulsan al sujeto hacia el deber y el ideal. Aquí surgen preguntas fundamentales: ¿cómo se articula esto en la experiencia analítica?, ¿de qué modo se pone en juego en la demanda que el sujeto dirige a un psicoanalista?, ¿cómo esta demanda orienta el análisis?

El analista se sirve de la dimensión trágica en la que el sujeto se inscribe para leer los determinantes significantes de su padecer y de su actuar. En este proceso, se abre una bifurcación que introduce una paradoja: la elección entre un deber costoso y el riesgo que se intenta evitar. Este movimiento permite transitar desde la posición fantasmática de ser el deseado hacia la contingencia de convertirse en el deseante.

sábado, 7 de diciembre de 2024

La neurosis como cicatriz: defensa y ficción frente a la castración

Una de las definiciones más refinadas de Lacan sobre la neurosis es su concepción como una cicatriz. Esta figura ilustra cómo la neurosis busca sanar simbólicamente la herida de la castración, edificándose mediante el significante para cerrar, aunque sea de forma ilusoria, la anomalía estructural que esta representa. Al hacer esto, la castración se traslada del ámbito de lo anecdótico a una dimensión estructurante.

En este sentido, el grafo del deseo nos ofrece una herramienta para abordar esta dinámica. En su nivel superior, en el plano de la enunciación, encontramos el significante que desvela una verdad central del psicoanálisis: no hay Otro del Otro. Esta ausencia de garantías implica que el sujeto no cuenta con una respuesta última, con una autoridad suprema que asegure su lugar o su ser. Este descubrimiento confronta al sujeto con su radical soledad, especialmente en los campos del amor, el deseo y el goce, donde no existe un complemento definitivo.

Paradójicamente, esta falta de garantías es también una potencial fuente de libertad. Si el sujeto logra asumir esta soledad y la ausencia de certezas, queda solo con su acto, con la posibilidad de inscribir su propio camino en lugar de buscar respuestas externas definitivas.

Sin embargo, la neurosis opera como un mecanismo que defiende al sujeto de esta soledad y de la angustia que conlleva. Bajo el significante de la falta en el Otro, el grafo muestra una serie de construcciones que Lacan identifica como coartadas: el fantasma, el síntoma, el moi e incluso el ideal del yo. Estas coartadas ofrecen respuestas ilusorias que intentan encubrir la carencia estructural.

Estas ficciones funcionan como parodias de una solución teleológica, proponiendo la ilusión de un objeto completo que podría resolver la falta inherente del sujeto. En este proceso, la neurosis fabrica relatos, fantasmas y síntomas que no solo distraen al sujeto de su falta, sino que también sostienen la ilusión de un Otro que garantice su ser y su lugar.

En resumen, la neurosis no solo busca obturar la castración, sino que también ofrece una defensa frente al vacío existencial. A través de sus ficciones, el sujeto esquiva la confrontación directa con la imposibilidad estructural, refugiándose en una ilusión que, aunque falsa, le permite sostenerse frente a la falta radical del complemento.

martes, 1 de octubre de 2024

La soledad en el análisis

 El trabajo del análisis implica cierto tránsito por la soledad. Por el Sujeto Supuesto Saber mediante, el analizante va a la transferencia en busca de un Otro que restituya la completitud y la consistencia afectada, afectación que está en el fundamento de la consulta del análisis.

En algún punto de eso se asocia el planteo de la felicidad que se hizo en esta entrada.

Retomando: luego de ese momento inicial del Sujeto Supuesto Saber, la transferencia da paso a otra posición del lado del analista por la cual el sujeto se encontrará con ese punto de soledad en el sentido de que ese Otro al que se dirige es una ficción que intenta sostener a partir de determinadas instancias y con un alto costo subjetivo.

La soledad es aquí correlativa de la falta de esa garantía del Otro, esa esperada, y frente a su deseo. Allí, carecer de garantías significa que no hay más que su acto y las consecuencias.

Pero también, y correlativamente, podemos ubicar la soledad del lado del analista. Es aquella que acarrea su posición, su “acomodación”, en la medida de la destitución y el desasimiento correlativos a su formación, a ese recorrido donde podrá, sin garantías, ser habitado por el deseo del analista. Y este es el eje que Lacan sitúa en el pasaje de analizante a analista.

Tomada así, la soledad del analista es correlativa de la falta de una técnica que hace necesario que el analista sea al menos dos. Primero aquel que escucha; segundo, el que a eso que escucha lo teoriza; pero esta segunda parte ya incluye a “esos otros” de los que Lacan habla.

Sin esos otros (no pocas veces omitidos en la cita de la definición) el analista corre el riesgo de quedar atrapado en la soledad de su praxis (de otra índole…), con los efectos sectarios que esto conlleva.

martes, 22 de febrero de 2022

Clínica médica de la soledad

Cada vez más personas afrontan una vida en la que están emocionalmente aisladas unas de otras y pagan altos costos en su salud.
La especie que somos:
Somos una especie gregaria por naturaleza. Nuestra evolución está ligada de manera determinante a la convivencia con otros. La biología ha configurado a los humanos con dispositivos especialmente adaptados a la vida en comunidad. La pérdida del contacto con nuestros semejantes genera reacciones desadaptativas con un alto costo para la salud. Somos mamíferos ultrasociales cuyos cerebros están conectados para responder a las señales de otras personas.

La pérdida del contacto con otros enciende los mecanismos fisiológicos del peligro y la amenaza codificados en nuestros genes. Las consecuencias no solo son cognitivas y emocionales sino también el producto de una cascada de acontecimientos mediante los cuales la fisiología se perturba de manera muy significativa.

El aislamiento social esté fuertemente asociado con la depresión, el suicidio, la ansiedad, el insomnio, el miedo y la percepción de amenazas. Se ha vinculado con la demencia, hipertensión arterial, enfermedades cardíacas, obesidad, diabetes, accidentes cerebro-vasculares, menor resistencia a las infecciones, enfermedades autoinmunes, suicidio, depresión, accidentes domésticos y de tránsito.

Percibir el mundo como amenazante y sin apoyo social sensibiliza al circuito cortico-amigdalino estimulando la hipervigilancia y altera la actividad inmune promoviendo un estado de inflamación crónica aséptica de bajo grado.

domingo, 25 de julio de 2021

La soledad

Edgar Allan Poe dijo "La soledad es el lugar más seguro que conozco".

Decía Freud que la mayor parte de nuestros malestares eran debidos a las relaciones con los demás.

El filósofo francés Jean-Paul Sartre, en una de sus obras de teatro, lo describe de forma magistral en la frase "El infierno son los otros".

Queda claro pues que las relaciones con nuestros semejantes son fuente continua de conflicto, donde se hace patente nuestra dependencia y vulnerabilidad.

Por eso cierta tipo de respuesta neurótica puede ser la de la retirada a la soledad, ya sea de forma drástica, como algunos que optan por el ascetismo o vida monasterial, o por un modo de vida donde se reduzcan al máximo las relaciones afectivas con los demás y se opte por unas defensas caracteriales en las que se evite darse a conocer ni mostrar nuestro mundo interior por el miedo a ser dañados.

Toda relación humana tiene sus pros y sus contras, es cuestión de cada cual, asumir si está dispuesto a perder algo de seguridad a favor de lograr algo de intimidad y afecto con un semejante.

jueves, 15 de julio de 2021

¿Qué son los fenómenos de angustia? ¿Se deshace el sujeto?

La angustia es un afecto que se produce en el yo y que apunta al sujeto. Funciona como un tiempo de bisagra que permite el pasaje del orden del goce a la lógica del deseo, como aprendemos en el seminario 10. Más allá de la angustia clásica, la angustia que Freud llamó angustia señal, que puede ser  desbordante y hasta tomar la forma de ataque de pánico, hay otras formas de presentación que insisten en la consulta: la angustia larvada, que es sutil y no tiene la fuerza de la angustia señal.

Podemos decir que mientras la angustia señal despierta al sujeto, las angustias larvadas son más incidiosas. Para referirse a estas angustias, Freud utilizó la metáfora de que esa angustia es a la libido como el vinagre al vino. Es una angustia impura. Estas presentaciones se hacen presentes: desasociego, melancolizaciones, "deshumanizaciones", cansancio.

El pequeño otro tiene una cara hostil y una cara necesaria estructural y estructurante para la formación del yo. La cara hostil fue la que hizo que Freud discutiera con el mandamiento bíblico de "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". También Freud habló de las tres fuentes del malestar humano: las inclemencias de la naturaleza, la fragilidad de nuestro cuerpo y el Otro. A su vez, el Otro nos precede y nos otorga un referente de identifificación, una imagen unificada en lo que es un cuerpo fragmentando, para formar una gestalt que llamamos yo.

El historidor doctorado en Oxford Yuval Noah Harari es israelí se preguntó por qué el homo sapiens triunfó frente a los otros homínidos que habitaban junto a él, como el homo neanderthalis y el homo florencis. Harari propuso que fue por una revolución cognitiva: el homo sapiens tenía una ventaja sobre los demás homínidos: el lenguaje. El homo sapiens podía transcender e lenguaje de señas y signos, que le servía para el chismorreo, además que para crear sociedades. Harari propone que el chisme, por ejemplo sobre quién era valiente, quién era trampoco, quién se escondía... Esto les permitió formar grupos mayores a los 150 miembros, que era la organización máxima de los demás homínidos. Los sapiens podían formar grupos de miles de individuos mediante la creación de ficciones y mitos. Seres hablantes con una mitología común, ideales comunes, organizan grandes masas sin la necesidad de conocerse entre todos.

El chismorreo actual se monta hoy en día en lo que Lacan llama las letosas. Las letosas, que Lacan hace en referencia al río Letes del olvido de los griegos, son los pequeños aparatos que sirven para el olvido de nuestra condición perecedera. Hay un precio a pagar: olvidarse de lo perecedero borra la falta, que es la que nos permite desear. Las letosas taponan la causa del deseo y causan un efecto melancólico.

El pequeño otro, en tiempos de pandemia, adelgaza: tiene dos dimensiones, producto de la pantalla. Se perdió una dimensión (la tercera). Ahora, sabemos por Introducción al narcisismo que el yo se enferma cuando no puede investir libidinalmente. Esto se ve en la clínica, con la pérdida de los rituales que regulan ese lazo con el otro. 

En la actualidad, el otro se ha transformado en un cyborg, un híbrido que trasciende a la división clásica de la cultura con la naturaleza. El humano cada vez se integra más a la máquina. Esto puede agudizar la angustia, el dolor o los fenómenos de angustia. La soledad o el "adelgazamiento" del pequeño otro hace que la libido no tenga drenaje. En la pandemia se perdieron las reuniones, las fiestas, los eventos culturales, los trabajos presenciales. Cuando las consultas no son por el desborde de angustia, aparecen estas cuestiones de "fenómenos de angustia", si nos basamos en el temprano artículo de Freud de 1895 Las neuropsicosis de defensa, donde habla de una angustia que luego quedará olvidada: la angustia actual, propia de las neurosis actuales. En ese texto, la psicopatología se divide entre las psiconeurosis de defensa y las neurosis actuales, donde se encuentra la neurosis de angustia. Para este tiempo, la angustia es una transformación de la libido, vinculada por la moral sexual victoriana y los métodos anticonceptivos de la época: coito interruptus o la masturbación. La retención de la libido se transforma en angustia, sin mediación psíquica. Esto es muy importante, porque en estos cuadros no están los recursos que sí aparecen en las neurosis de defensa, como por ejemplo preguntarle desde cuándo está así, qué le pasó, etc. El sujeto en transferencia responde y rápidamente arma su historia.

En las neurosis actuales, donde está presente la angustia actual, uno le pregunta a quien padece qué asocia y el paciente no puede decir nada: no trae un chiste, ni un lapsus, ni un sueño. El sujeto "se deshace", podríamos decir. No contamos en estos casos con el recuerso que Freud, en La interpretación de los sueños, llama "la otra escena". Allí Freud dice que los sueños se producen en otra escena, que es la manera que en ese tiempo él llamaba a lo inconsciente. En la angustia actual no contamos con esa escena, o sea que no aparece el efecto sujeto de Lacan, sujeto dividido por la represión, en donde está divido entre lo que dice y lo que sabe, la diferencia entre la enunciación y el enunciado... 

En la angustia actual tampoco está el recurso de la temporalidad inconsciente, que es la del nachtraglich, retroactiva según Lacan. Para darle un sentido a una vivencia, el sentido deviene en un segundo tiempo, de adelante hacia atrás. El psiconeuótico reedita su historia de esa manera, superando las fijaciones a las escenas traumáticas al darles un nuevo sentido. En la angustia actual, las respuestas son al estilo "Me pasa desde siempre", "No sé, no se me ocurre nada". El paciente padece, pero no está allí el sujeto, que es algo que se produce, que es un efecto entre los significantes que el sujeto produce para el analista. El sujeto está representado por un significante para otro significante, cosa que no pasa en estas presentaciones. No es que el paciente no pueda decir nada porque censure o reprima, sino porque no tiene el recurso.

¿Qué podemos inventar los analistas ante esto? Vía su deseo, apostar a un sujeto, aunque no esté. Si el analista aporovecha todas las contingencias, puede de alguna manera reemplazar el papel de las asociaciones. En la neurosis, el sujeto asocia y con las intervenciones del analista , surgen nuevas asociaciones. En los acudros de angustia actual, las contingencias de la escena analítica reemplazan a las asociaciones. Una contingencia es aquello que sucede o podría no suceder. El analista debe leer estas contingencias apostando a la efectuación de un sujeto y de paso eso permite hacer un diagnóstico en transferencia. Si el sujeto se produce, estamos ante cierta estructura; si no se produce, es otra.

La angustia actual, decíamos, se produce por retención libidinal. Puede tener las siguientes manifiestaciones: expectativa angustiada, que hace que muchas veces haya insomnio, ataques de angustia que describe como los ataques de pánico del DSM, ataques de angustia rudimentarios o ataques de angustia larvada, que Freud ubica como segunda causa del insomnio, y también los trastornos digestivos, hambre insaciable, náuseas, vértigos, diarreas. 

La angustia actual es un fenómeno, que no llega al estatuto de síntoma
☑ El síntoma interroga al sujeto, que va al analista porque supone que sabe de eso. Transferencia mediante, el analista soporta esa suposición de saber para transferir ese saber al sujeto que habita en el consultante. 
☑ En el fenómeno, noción que Lacan introduce tardíamente en referencia al fenómeno psicosomático, no hay hiancia entre los significantes (intervalo donde habita el sujeto). En el fenómeno hay holofrase, el S1 y el S2 están pegoteados y allí no hay efecto sujeto. 

Si bien en la angustia actual no hay lesión de órgano como en el fenómeno psicosomático, lo cierto es que en ninguno de los dos se trata de un síntoma que interrogue, que genere asociaciones o que cuente con la otra escena. 

Finalmente, hay que diferenciar lo actual de lo contemporáneo. Lo actual se refiere a esto de la angustia actual, donde no contamos con la otra escena, como Freud lo ubica en 1895. Lo contemporáneo es lo que pasa hoy en día. Se refiere a las patologías de nuestro tiempo, la subjetividad de lo contemporáneo. 

Fragmento de un análisis: cara de culo.
Un paciente de 42 años consulta viniendo de otro análisis, donde había acumulado mucho saber sobre su neurosis infantil y coordenadas edípicas, pero determinadas situaciones no cedían: dificultades para dormir, contracturas cervicales y mal carácter. El paciente no asociaba con nada. Él pedía insistentemente una interconsulta con un psiquiatra para que lo mediquen y algunos tips. hablaba de los problemas que tenía con su hijo de 5 años. Decía que era un mal padre y que la mujer le pedía que pusiera límites y los tips que pedían era sobre cómo intervenir. Hablaba mucho del trabajo, de que a él nunca lo promovían y que a sus compañeros sí. La explicación que se daba a esto era que su jefe decía que siempre tenía cara de culo, cuestión que la mujer también se quejaba. La analista no le sancionaba que tuviera o no tuviera cara de culo, ni tampoco accedió a la derivación a psiquiatría.

Un día, él toca el timbre y la analista baja a abrirle. En una ocasión, en el ascensor el paciente le dice a la analista "Pisé mierda, ¿Querés que me saque los zapatos para entrar al consultorio?". La analista le dijo que entrara así, pues un paciente que decía que tenía cara de culo, ¿qué podría ser ese olor nauseabundo? Ahí está la contingencia que la analista no dejó pasar. El paciente cuenta que se quedó muy conmovido por una intervención de la analista de la semana anterior: le había dicho que él estaba enrocando al hijo por la mujer, en el sentido que era más fácil hablar de su hijo de 5 años que hablar de su mujer. El paciente rechazaba cualquier intervención relativa a su mujer, que permanecía intocada. La analista le dice "La verdad, te tirás mierda a vos mismo hablando de lo pésimo padre que sos y enmierdes a tu hijo de 5 años".

La mirada de los otros le enrostraban su cara de culo. Esto abrió a una serie de asociaciones de su trama edípica, que antes no había tenido lugar: el lugar que él había ocupado como hijo, muy exigido académicamente, con ideales muy altos, en donde "O cumplis esos ideales o sos una mierda". La maldición de no cumplir esos ideales funcioba aen esa portación de rostro "cara de culo". Fue la contingencia del olor, anudada a su imagen, la que permitió hacer dialogar ambos términos. Esto, que estaba enquistado en el carácter y en la forma de presentación, se bre a un tiempo donde puede empezar a hacerse preguntas y a dejar de pedir medicación.

Fragmento de otro análisis: Elizabeth
Es un caso de análisis virtual en tiempos de pandemia. La madre consulta porque la paciente (14) está enojada, tiene mala onda, no tiene ganas de hacer nada, parece que nada le importa, se queja de le cuesta conciliar el sueño y que sufrió bullying en la presencialidad de su escuela. La paciente dice que no quiere ir porque "no está loca", pero la madre insiste que vaya un par de sesiones.

La analista se da cuenta que la paciente además de Whatsapp, no tiene ninguna otra plataforma instalada en su teléfono. Se conectaa la escuela por una plataforma propia de la institución y las sesiones son por la cámara de Whatsapp. La primera intervención analítica es contarle a la paciente que hay distintas plataformas, algunas más estables que otras. Ella elige el Skype. El diálogo con ella era muy difícil, más allá de que no tuviera la plataforma -letosa- adecuada para hacerlo. Tampoco se enfocaba correctamente en la cámara, por lo que aparecía su frente y su pelo. 

Elizabeth cuenta que tiene una única amiga, que de lo que se trata es hablar mal de todo el mundo. Cuenta que tiene problemas para dormir, que todo le da fiaca, que si bien tienen algunos intereses, no se levanta de la cama. Los padres de Elizabeth están separados y en una pelea legal y económica. El padre es bastante injuriante con ella y para él se trata de ser triunfador, no tener amigos. La madre tiene una especie de superioridad moral, donde dice que al padre hay que entenderlo porque tuvo muchos problemas. 

La analista interviene diciéndole que acá estaban para hablar de ella y de lo que le pasa, lo cual no es una interpretación, pero que apuesta a un sujeto aún antes de que esté funcionando, porque no hay temporalidad, ni otra escena, ni formaciones del inconsciente. Ella se centra en la cámara, se corta el pelo y empieza a contar que le gusta pintar y dibujar. Ella muestra sus dibujos, que son antropomótficos, con los ojos muy grandes y sin boca. Del tema de la pintura empiezan a salir preguntas, como si ir a un taller. Se empieza a alejar de esta amiga, que era una sucursal del padre e integrarse a otros compañeros, al poder ver las cosas de otra manera. Ella continúa preguntándose por otros proyectos artísticos relacionados con la música.

Entonces, de la angustia automática se puede pasar a un tiempo de la angustia señal. Esta última es la que convoca al sujeto, que le abre las puertas al deseo.

Fuente: Notas del Taller Clínico Virtual, "¿Qué son los fenómenos de angustia? ¿Se deshace el sujeto?" a cargo de la prestigiosa Lic. Carolina Polak

lunes, 23 de marzo de 2020

Recomendaciones psicológicas para afrontar la pandemia

SENTIMIENTOS Y PENSAMIENTOS ASOCIADOS AL CORONAVIRUS:
La situación nueva de pandemia dispara estados de ansiedad. El elevado nivel de incertidumbre que acompaña esta situación precipita y mantiene un estado de captación ansiosa que constituye la preparación frente a una amenaza nueva y desconocida.

La situación vinculada con la pandemia es un estresor que puede incidir en nuestra calidad de vida. Algunas de las emociones que podemos estar sintiendo ante esta situación son:

• Miedo: a perder la salud, a las posibles consecuencias de la enfermedad, a la falta de recursos, a la falta de insumos básicos. Es posible sentir miedo ante una situación que se percibe como nueva y amenazante. Es posible que pensamientos como “me puede pasar a mi” o “puedo contagiar a mi familia”, emerjan. Frente a ello pueden aparecer pensamientos negativos asociados a la muerte propia o de la familia, así como también temor a contagiar a los seres queridos y provocarles un daño. Estos sentimientos pueden generar tanto reacciones funcionales como disfuncionales.

Dentro de las reacciones funcionales es posible que aparezcan conductas creativas, actividades formativas o recreativas. En el caso de las reacciones disfuncionales que pueden incrementarse -aquellas conductas que implementamos para regular nuestras emociones negativas-, encontramos como ejemplo consumir noticias compulsivamente, entre otras.

• Frustración: esta situación puede provocar una sensación de pérdida de libertad, de dificultad en llevar adelante proyectos y actividades personales. Puede haber pensamientos del tipo “no puedo hacer lo que hago siempre”, “no puedo terminar mi trabajo”, “quiero salir y no puedo”. Frente a esta situación novedosa estamos obligados a ser pacientes y debemos generar nuevos hábitos.

• Enojo: suele ocurrir cuando experimentamos la sensación de que está ocurriendo un hecho injusto. Puede haber pensamientos del tipo de “el gobierno tendría que haber cerrado antes, esto no es mi culpa” u “otras personas no respetan la cuarentena y se aprovechan”. Lo que puede provocar conductas irresponsables como salir de casa o iniciar pleitos. Es importante recordar la importancia de realizar las denuncias por los medios oficiales y no exponerse a situaciones violentas.

• Ambivalencia: es posible sentir alivio por estar en casa pero también emociones como miedo, frustración o enojo. Puede suscitarse en pensamientos del tipo “ahora puedo hacer lo que nunca hago. Aunque quisiera saber cuándo terminará todo esto”.

GUIA BASICA
Desde la Facultad de Psicología de la UBA se ha elaborado la siguiente guía básica para conducirse en esta emergencia: cómo protegerse y cómo afrontar esta situación desde el punto de vista psicológico.

• Desorganización: el hecho de no poder continuar con la propia rutina es un factor que desorganiza nuestra estructura; ya que perdemos la sensación de control. Es importante recordar la capacidad que tenemos para reorganizar una nueva estructura.

• Aburrimiento: el aislamiento provoca que nuestra posibilidad de vincularnos para compartir tiempo con otros se reduzca significativamente; con lo cual nuestras actividades de ocio y esparcimiento disminuyen significativamente. En este sentido, pueden aparecer pensamientos del tipo “¿ahora qué hago?”, “¿cuándo podré salir a divertirme?”. Es importante utilizar los medios digitales que tenemos a nuestro alcance para seguir manteniendose en contacto. Tenga presente que es una situación transitoria y la conducta de respetar las indicaciones es en sí misma una acción muy valiosa para usted y toda la comunidad.

• Tristeza: esta situación puede darse por la ruptura de la cotidianeidad. También puede agravarse con el aislamiento y por tener contacto reiterado con noticias negativas. Pueden aparecer pensamientos del tipo “no tengo ganas de hacer nada”. Tenga en cuenta que es una situación transitoria y que el propio esfuerzo por respetar las regulaciones es lo que permitirá que finalice lo antes posible. No deje de compartir estos sentimientos con las personas con las que comparte su hogar o con otros a través de medios virtuales.

• Sentimiento de soledad: la falta de vinculación puede provocar una sensación de soledad y agravarse especialmente en aquellas personas que viven solas. Pueden aparecer pensamientos del tipo “me siento solo”, "qué hago si me pasa algo". Es importante tener en cuenta que otros están pasando la misma situación y que puede ser posible establecer nuevas formas para vincularnos. Quizás con personas a nuestro alrededor (vecinos, comerciantes de la zona, etc.) con las que no solemos relacionarnos o también a través de medios virtuales que hasta ahora no habíamos utilizado.

• Sensación de encierro: el aislamiento puede hacernos sentir encerrados y agobiados. Pueden aparecer pensamientos del tipo “quiero salir a la calle y juntarme con gente”. Recordar lo transitorio de esta situación y la posibilidad de realizar otras actividades pendientes en el hogar es importante para utilizar recreativa y productivamente el tiempo.

• Ansiedad: la situación puede provocar sensaciones desagradables en relación a la incertidumbre. A su vez, pueden aparecer conductas y pensamientos que busquen huir de la realidad. Pueden aparecer pensamientos del tipo “voy a dormir hasta que termine esto”. Es importante intentar mantener una rutina, establecer una serie de actividades para realizar durante el día y separar un espacio del mismo para el esparcimiento.

Estas emociones pueden tramitarse identificándolas, aceptando y cambiando
aquellas conductas que interfieren con el afrontamiento de esta situación.
Identificar implica observar y comprender nuestros pensamientos y emociones.

UNO PUEDE TENDER A TENER PENSAMIENTOS COMO LOS SIGUIENTES:

Estos pensamientos, que pueden calmar a una persona lo llevaran a tomar conductas de riesgo, exponiéndose a sí mismo y otros. La conducta también modula las emociones.

La emoción es la desesperanza y su aparición dificulta que nuestra conducta se mantenga estable, ya que si nada sirve no tiene sentido hacer nada. Es importante identificar esta emoción para comprender que la misma nos hará más difícil generar una nueva rutina y respetar las normas sociales.

La emoción suscitada es la ansiedad de que algo se está perdiendo. Es probable que nos lleve a estar hiperactivos, al agotamiento y al sentimiento de fracaso. Establecer metas resulta una buena estrategia en esta situación, pero es esencial que éstas sean realistas; ya que imponer metas muy exigentes contribuirá a generar un sentimiento de que uno no rinde lo que debería.

"No pasa nada, esto no me va a afectar, estan exagerando".

"Es catastrofico, no lo van a poder controlar, estamos totalm"ente desprotegidos".

"Debo aprovechar esta situacion para hacer todo lo que tengo pendiente, debo ganar tiempo"

Monitorear constantemente el número de infectados y fallecidos confirmará un
sesgo negativo que incrementará nuestro malestar y hará más difícil que podamos mantenernos regulados. La aceptación de esta situación implica tomar estos fenómenos imponderables como parte de la naturaleza y estar más en contacto con el presente sin hacer proyecciones a las posibles consecuencias de esta situación.

RECOMENDACIONES Y CONSEJOS PARA AYUDAR A CONTROLAR LA ANSIEDAD EN RELACION AL CORONAVIRUS:

• Mantener los horarios del sueño.

• No sobreexponerse a noticias y consultar solamente fuentes confiables (organismos oficiales, instituciones prestigiosas) y en momentos del día establecidos (por ejemplo, al mediodía o a la tarde, y no tanto al despertar o antes de dormir).

• Aunque no vaya a salir de su casa, quitarse el pijama o la ropa de dormir para evitar la sensación de discontinuidad y poder organizar los ciclos del día.

• Proponerse aprender algo nuevo a través de tutoriales o cursos online, hay muchos gratuitos y de calidad.

• Hacer una rutina de ejercicios físicos periódica en casa, siempre tomando en cuenta que es una situación especial.

• Continuar accediendo a la naturaleza y a la luz solar siempre que sea posible.

• Alimentarse bien y mantenerse hidratado.

• Mantener sus redes sociales de contención emocional con sus familiares, amigos y personas de confianza a través de medios digitales.

• Limitar los grupos de chats que difunden noticias, muchas de ellas falsas o erróneas ya que promueven pensamientos negativos y catastróficos y le imponen a nuestra mente un sobreesfuerzo.

• Ser considerado con uno mismo, con sus estados emocionales, teniendo presente que los cambios de rutina tan abruptos, la incertidumbre y la amenaza de la pandemia afecta nuestro estado emocional por más saludables que seamos. Considerar que esto mismo le ocurre a los demás, por lo tanto, intentar ejercitar la tolerancia con nosotros mismos y con los demás.

• Las personas somos seres rutinarios, sociales y valoramos la previsibilidad. Tengamos presente que la pandemia en pocas semanas alteró todo esto.

• El cambio implica desarrollar conductas flexibles y adaptativas a esta situación con la finalidad de afrontarla positivamente.

• El armado de nuevas rutinas es un desafío, requiere flexibilidad y tener en cuenta que es un esfuerzo el cambio de rutinas muy abrupto.

• Si se tienen hijos o menores cercanos, es importante hablar con ellos. Converse sobre la información oficial sobre el coronavirus en un lenguaje adecuado a la edad y de manera honesta. Recuerde que la familia y los afectos observan nuestras emociones y comportamientos. Un buen ejemplo de comunicación acerca de la importancia de la higiene de manos está disponible en este video:

• Los niños tanto como los adultos requieren mantener espacios de juego y divertimento que promuevan emociones positivas.


• Si vive en espacios reducidos y en familia no los sobreexija con tareas. Tenga presente que respectar la cuarentena es ya un esfuerzo en sí mismo y como tal es valioso. Converse en familia sobre el sentido altruista de las conductas responsables para que tengan sentido los esfuerzos.



• Buscar ayuda adicional. Si se siente muy nervioso, triste, ansioso o que la situación afecta alguna esfera de su vida, busque un profesional de la salud mental. Siempre con la finalidad de encontrar modos constructivos de manejar la adversidad.



MATERIAL DE CONSULTA:

• American Psychological Association (APA, 2020). Five Ways to View Coverage of the Coronavirus.
• Ministerio de Salud (2020). Comunicado Oficial: Destacados. 14 de Marzo de 2020.


Para la confección de esta guía se utilizó información proveniente de la Ministerio de Salud de la Nación, Organización Mundial de la Salud (OMS), Medical Weill Cornell Center, NIH (National Health Institute)

jueves, 23 de enero de 2020

El humor de Tute



martes, 10 de septiembre de 2019

El humor de Tute



miércoles, 2 de enero de 2019

La soledad en Nietszche.

A propósito de que hace un tiempo hablábamos de Freud con Nietszche...

Hay una frase que aparece en la novela de Irvin Yalom 'El dia que Nietzsche lloró', acerca de la soledad:
"A veces pienso que soy el hombre más solitario que existe. Y, como en su caso, eso no tiene nada que ver con la presencia de otras personas. De hecho, detesto a los que me privan de la soledad y que, sin embargo, no me hacen compañía."
Esta frase parece reflejar lo que Nietzsche pensaba acerca de la soledad. Por lo menos en 'Así habló Zaratustra', el tema de la soledad es recurrente.