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martes, 10 de mayo de 2022

Lo extraordinario de las psicosis: Algunas precisiones del diagnóstico en psicoanálisis (2)

La Tesis de Lacan De la Psicosis Paranoica en sus relaciones con la personalidad ( 1932) fue publicada mucho tiempo después:, en1975.
La tesis está en gran medida sostenida por sus lecturas de Spinoza, Jaspers, Nietzche, Husserl y Bergson. De hecho, la influencia de Spinoza, su inicio a análisis con Lowenstein y el encuentro con Marguerite Pantaine la marcarán de principio a fin.

Se divide en tres partes:

1) Posición teórica del problema de la psicosis paranoica
En cuanto a la La psicosis paranoica en la Psiquiatría de la época, Lacan  divide la psicopatología en dos corrientes:

a) Psicogénesis
Teorías constitucionalistas: escuela francesa (Sérieux y Capgras)
Teorías de la reacción de la personalidad: escuelas francesa (Janet) y alemana Bleuler y Kretschmer)

b) Organicismo
Organicistas puros: escuela francesa Mignard, Guiraud, Hesnard, Clérambault)
Proceso: Jaspers

Lacan criticó el constitucionalismo y el organicismo e intentó sostener una psicogénesis de la psicosis.

2) Presentación del caso Aimée
Se trata de un caso de  paranoia de autocastigo.
Marguerite Pantaine nació en Mauriac el 4 de julio de 1892. Lacan la llamará en su tesis Aimée (amada), que es el nombre de la heroína de una de las novelas que ella escribió. Provenía de una familia católica de campesinos del centro de Francia. Fue criada por una madre que sufría síntomas de persecución. 
Aimée soñó muy pronto, a la manera de Emma Bovary, con salir de su condición y convertirse en una intelectual. En 1910, a la edad de 18 años, entró en la administración de Correos. Siete años más tarde, con 25 años se casó con el padre de René Anzieu, también funcionario de Correos. Pasa a llamarse Marguerite Anzieu. Este trabajo fijo le ayudó a tener una cierta estabilidad.
A los 28 años, es internada por primera vez en su primer embarazo, que lo pierde. Ella ya creía que querían matar a su hijo, de manera que al perderlo confirma sus ideas persecutorias y presentó conductas agresivas difusas: Hace un llamado amiga, la primera perseguidora (S)
30 años: nuevo embarazo, donde sufre cuadro persecutorio. Solicita publicación de su caso.
31 años. su hermana se muda a su casa, que de alguna manera le usurpa el lugar de cuidado de su hijo pequeño, porque no era que la ayudaba, sino que más bien la descalificaban como madre. Aimée escribe 2 novelas . Rechazos Quiere ir a vivir a USA
32 años: 1º internación ( 6 meses) Cuando sale de internación, pide traslado a otra ciudad, donde vive separada de su esposo e hijo.
38 años. Escucha hablar de la actriz (S) entre sus compañeras de trabajo.

Otros antecentes:  El carácter “personal” previo-( carácter sensitivo) EJ. primer amor, compañera de trabajo

En cierto momento, Aimée  atenta contra la vida de actriz famosa. La espera fuera del teatro y pretende matarla, perol solamente le provoca un corte en el dedo. Aimée decía que esta actriz “quería matar a mi hijo” y que ella estaba conectada con un hombre de la editorial. Durante el presidio revierte ideas persecutorias; por lo cual la hipótesis de Lacan es la de que hay cierta curabilidad por castigo. Luego de prisió, es internada en la clínica Saint Anne en Paris. 

En cuanto al delirio de Aimée, ella lo fue construyendo de manera progresiva e implicaban a la señora “Z” (Huguette Duflos, cuyo verdadero nombre era Hermance Hert, actriz célebre de la escena parisiense de la década de 1930), de quien aseguraba venían las amenazas de matar a su hijo. 

¿Cómo llegó a esa conclusión Aimée? Después de muchos interrogatorios apretados, confiesa Lacan, Aimée cuenta que fue en la oficina, en un momento donde intentaba esclarecer de dónde venían las amenazas contra su hijo, cuando escuchó por primera vez que sus compañeras hablaban de esta actriz y fue ahí donde comprendió que se trataba de ella. De manera que al delirio lo construye por simultaneidad como ya vimos: enlaza lo que las compañeras dicen de la actriz como la que quiere matar a su hijo.

Aimée escribió dos novelas en los 8 meses que preceden al atentado. La primera fue escrita de un tirón. Se titula El detractor y está consagrada al príncipe de Gales (“podría haberse llamado Idilio”). La segunda está escrita en una “atmosfera febril”. Es una sátira que aspiraba a mostrar los escándalos y miserias de su tiempo, con una aspiración hacia un estado mejor. Lleva por título Salvo nuestro respeto y también está dedicado al Príncipe de Gales.

En París, la había ido a ver al menos dos veces: una al teatro y otra al cine. Aimée se entera que la señora “Z” se presentaría cerca de su casa, a lo que ella interpreta como toda una provocación. El 18 de abril de 1931, a la entrada del teatro, Aimée aborda a una actriz famosa parisina, quien actuaba esa noche. La está esperando, y le pregunta: ¿es usted la señora “Z”? (de esta forma Lacan la llamó) y al recibir un sí como respuesta, Aimée saca de su bolsa una navaja y llena de odio levanta su mano contra ella, pero es detenida por la actriz quien en este intento sale dañada de su mano al cortarse dos tendones del dedo meñique de la mano derecha.

Al ser interrogada Aimée por el motivo de su agresión, solo dijo que la señora “Z” llevaba mucho tiempo amenazándola y provocándola. Ella tenía la certeza de que no actuaba sola, estaba en complicidad con un hombre de letras, también famoso, quien había revelado parte de su vida privada.

3) Desarrollo de su método de trabajo y conclusiones

La tesis de Lacan fue defendida en 1932. No se publicó hasta 1975. En su tesis, Lacan hace todo un estudio del posicionamiento de las distintas posturas de la psiquiatría en relación a la paranoia.

Cuando Lacan inició su investigación el pensamiento predominante era la idea de una constitución paranoica cuyo resultado final era la paranoia clínica, una idea fuertemente influida por las ideas degenerativas de Magnan. En ese momento estaba muy en boga la teoría degenerativa, que planteaba que la paranoia era un tipo de personalidad previa que se iba degenerando hasta eclosionar la paranoia. Un germen que tarde o temprano se desarrollaba.

Lacan se mostró disconforme con esta idea y desarrolló justamente la contraria: entre los rasgos paranoicos del carácter y la paranoia clínica existe una discontinuidad, una ruptura, no hay relación lineal entre la constitución y la enfermedad. Es decir, Lacan trae a partir de un caso, que no existe un carácter paranoico, sino que si bien hay rasgos que uno puede ubicar, de lo que se trata es de una ruptura y una discontonuidad. 

Para Lacan, no hay paranoia como una generalidad, sino paranoicos. Lacan señala que en el caso de Aimée no había nada previo que pudiera advertir estas cuestiones persecutorias, que surgen posteriormente a la cuestión delirante. La interpretación de Lacan es realizada con las series complementarias de Freud en relación a la paranoia.

Lacan está debatiéndose si la paranoia es constitucional o adquirida. Lacan se dio cuenta que había algo en la constitución psíquica de Aimée. Cuando la hermana ocupa su lugar como madre, ella expulsa esto y se le vuelve como que en realidad lo querían matar. O sea, no hay palabras para esto de ser madre, entonces lo que aparece es que los perseguidores, como la actriz, quieren matar al hijo. 

De manera, que lo que vemos en la paranoia es un desvio del odio (fortuito- simultaneidad) Delirio: huida al acto agresivo

Lacan notó la relación de los brotes delirantes con los acontecimientos relacionados a conflicto central de la personalidad de Aimée y la evolución del carácter bajo la influencia del delirio. Lacan criticó la supuesta constitución paranoica aparece en forma secundaria al delirio.

Para Lacan no hay no disposición congénita, ni constitución paranoica. No se halla sobreestimación de si misma, ni hay falsedad en el juicio. En su lugar hay algo afectivo, por ejemplo ante el estrés de tener un hijo en un contexto que no la apoyaba, produce de manera secundaria la cuestión secundaria. Las expansiones imaginativas que modifican en forma secundaria el juicio. Estas expansiones tienen su fuente y su expresión en el ámbito afectivo, surgen en respuesta a situaciones determinadas de la realidad exterior y a la realidad interior. De manera que el delirio es una tentativa de cura y Lacan también ubica una necesidad de castigo exterior (como cuando va presa).

En cuanto al autocastigo, lo vemos en las persecuciones amenazan al hijo, para castigar a la madre, que no cumple su misión. Las perseguidoras son mujeres que revisten sus ideales. Lo que Aimée agredió fue a su ideal exteriorizado.

Ante la satisfacción del deseo de castigo, cuando es encaercalada, el delirio se desvanece, así que la naturaleza de la curación muestra la naturaleza de la enfermedad.

La conclusión de Lacan es que la paranoia no es "orgánica" ni se trata de una disposición constitucional. Tampoco es un proceso que irrumpe de la nada en el devenir. Se trata de un trastorno que cobra su sentido en función de la personalidad; es psicógeno, pero sensible al medio social y familiar. 

El desencadenamiento se da bajo un proceso orgánico borroso y ante una situación vital de resonancia. Se da con un inicio brutal. Hay una sistematización con delirio, en donde el síntoma prínceps es la interpretación. El perseguidor es del mismo sexo.

En las paranoias encontramos que hay un sentido comprensible y vectores hacia la curabilidad.

viernes, 17 de julio de 2020

Fenómenos elementales en la paranoia: historia y teoría.

Resumen:
En este texto intentamos dar ciertas indicaciones sobre la cuestión de los llamados «fenómenos elementales» en la paranoia, entendida ésta tanto en el sentido prekraepeliniano como en su versión reducida. Dicha cuestión es de lo más escabrosa por cuanto afecta directamente a ciertos aspectos clínicos: los fenómenos elementales inclinan el diagnóstico hacia la psicosis y poseen la misma estructura que la locura plenamente articulada. Se tratará la cuestión de la relación de tales fenómenos con las alucinaciones y los delirios en la historia de la psiquiatría, haciendo hincapié en cómo Jacques Lacan retoma dicha problemática. También nos centraremos en la interpretación, fenómeno por excelencia de la paranoia.

La clínica de los fenómenos elementales no es muy conocida en el ámbito de la psiquiatría contemporánea, a pesar de ser muchos los psiquiatras que desde principios del siglo XIX hablaron de ella. Quizá esta circunstancia pueda deberse a la relativa carencia de sistematización en la que se vio inmiscuida por la gran preocupación que supuso la encrucijada de la organogénesis. Sin embargo, con los años se desarrollaría la puesta a punto de una teoría de la clínica bajo la égida de los llamados fenómenos elementales en el marco del psicoanálisis de orientación lacaniana.

Del estudio de la psiquiatría decimonónica y de la del primer cuarto del siglo XX se desprende un saber sobre la esencia de la psicosis, un saber que tiene unas implicaciones diagnósticas y terapéuticas de primer orden. Su extracción y elaboración teórica fueron llevadas a cabo por Jacques Lacan en los años 30 del siglo pasado. Trataremos de ver a continuación cuáles son sus referencias y cuál fue su articulación; es decir, qué se desprende del saber descriptivo de los autores de la denominada Psiquiatría clásica y cómo con ello Lacan construyó una teoría sobre la estructura freudiana de la psicosis: un discurso sobre la locura construido con aquello que es precisamente su esencia, el fenómeno elemental.

1. LA ARTICULACIÓN ENTRE LO PRIMARIO Y LO SECUNDARIO EN LA PARANOIA
Clásicamente se ha considerado la existencia de al menos dos tipos de fenómenos en la psicosis, los que aparecían en primer lugar, y aquellos que lo hacían después. Ha sido habitual establecer el hecho de que a partir de los primeros —fenómenos considerados como síntomas que expresan la esencia misma de la psicosis—, los segundos se construirían en base a reacciones secundarias y deducciones racionales, mecanismos normales del razonamiento.

La posición convencional de la psiquiatría era considerar el delirio como algo secundario, como una reacción de la personalidad frente al surgimiento de fenómenos intrusivos. Para algunos autores estos fenómenos eran las alucinaciones y, para otros, eran fenómenos de otra índole. Lo que sí parece claro es que el delirio intentaría dar cuenta de los fenómenos primarios, explicarlos, hacerlos más soportables o simplemente darles cierta continuidad. Algunos autores hablan incluso de «enquistarlos».

Esquirol, aunque considera que hay una cierta independencia entre alucinaciones y delirio, pues para él la alucinación «persiste aunque cese el delirio, y recíprocamente [...], se puede estar alucinado y no delirar» (1), sostiene una continuidad entre ambos: «[...] el que se halla preso del delirio, el que sueña, al no poder intervenir en su atención, no puede dirigirla ni apartarla de estos objetos fantásticos» (2).

Más adelante concreta de nuevo esta relación: «La acción del cerebro prevista sobre la de los sentidos externos, destruye el efecto de las impresiones presentes y hace que el alucinado confunda los efectos de la memoria con las sensaciones actuales. Es entonces cuando se pervierte el estado normal y empieza el delirio» (3).

Jean-Pierre Falret también apunta a una relación entre las alucinaciones y el delirio. Si bien, se aprecia el carácter explicativo que atribuye al delirio respecto a las alucinaciones:
«Al principio, los alucinados no aceptan como verdadero un fenómeno tan extraño. Muchos de ellos se entregan a investigaciones para apreciar la exactitud de lo que ellos creen sentir. Un gran número de enfermos, incluso estando convencidos de la actualidad de sus sensaciones, sin la intervención de los objetos apropiados para provocarlas, han recurrido a mil explicaciones para legitimarlas ante los ojos de todos y ante los suyos propios. Dicen que sus enemigos emplean para atormentarlos portavoces e instrumentos físicos muy perfeccionados, que les magnetizan desde grandes distancias; imaginan estar rodeados de ventrílocuos y, a veces, creen que estos ventrílocuos están instalados en sus vientres, en sus pechos o en sus cabezas. Más frecuentemente aún, creen que las paredes y los techos están huecos y recelan de sus encarnizados enemigos» (4).
Lasègue, por su parte, al aislar el delirio de persecuciones comenzó describiendo una primera fase de inquietud, de malestar indefinible, en la que el sujeto piensa, necesariamente, que aquello que le está pasando es provocado desde el exterior, por lo que busca dar una explicación a esa situación extraña que padece: «sólo los enemigos pueden tener interés en causarle esas penas» (5). Lasègue introduce una novedad, a diferencia de Esquirol y de J.-P. Falret, no habla de un inicio con alucinaciones, sino de una inquietud y un malestar especial. Sin embargo, se aprecia en su concepción el carácter explicativo del delirio respecto a esa primera experiencia. Esta inquietud de la que habla Lasègue tiene mucho que ver con el fenómeno elemental (6).

Por otra parte, para Lasègue, los hechos que constituyen el punto de partida tienen un valor subjetivo. No se trata de grandes males o perturbaciones, sino de emociones personales, que generalmente, son de una completa insignificancia. Es decir, los perseguidos suelen comenzar su delirio con detalles mínimos a los que quieren darles una explicación. Se trata de detalles tales como un comentario inofensivo, un mueble estropeado, un sabor extraño, etc., y no de acontecimientos que a priori se considerarían que pudieran ocasionarlo. Por lo que el delirio se alimenta de detalles insignificantes y es, apoyándose en dichos detalles, como se sistematiza.

martes, 5 de mayo de 2020

La identificación primaria y la constitución del cuerpo

Para el psicoanálisis, el cuerpo no es algo dado, sino un cuerpo a construir en los distintos tiempos instituyentes del sujeto. Tiempos que son lógicos y que sufren sus avatares. Freud nos habla del cuerpo como cuerpo pulsional, del cuerpo erógeno, del autoertotismo y del narcisismo. Enuncia que desde el inicio de la vida anímica no existe ninguna unidad compatable al yo.Al principio, todo es ello. Son en este momento inicial las pulsiones autoeróticas; luego tiene que agregarse al autoerotismo una nueva acción psíquica para que se constituya el narcisismo.

Lacan, en un primer tiempo de su obra, para hablar del cuerpo nos plantea con su Estadío del Espejo la noción de cuerpo fragmentado y del júbilo del niño al captar su imagen como unificada desde el exterior. El niño anticipa, en el plano mental, la unidad se su propio cuerpo, toavía inacabado. Funda el cuerpo narcisista en la unificación que le presta el gran Otro, en posición de espejo plano. Una primera captación de la imagen, entonces, el primer momento de las identificaciones, imagen real, imagen del cuerpo que es valorizada a raíz de todo el desamparo original. Este primer cuerpo es el resultado de la eficaia del amor del Otro, que funda ese primer cuerpo, dejando de fuera el soma para el psiquismo. Es decir, produce una escisión fundamental.

Esto es solidario de la primera identificación, producida por amor al padre. Es una identificación al padre primordial, al padre muerto. Esta prumera aparición del cuerpo no es especular todavía. Aún así, es pulsional y ya constituye el narcisismo primario. El estadío del espejo se ordena sobre una experiencia de identificación fundamental (al padre primordial), en cuyo transcurso el niño realiza la conquista de la imagen del cuerpo propio. Allí coloca Lacan el esfecto estructural de la identificación primaria, que va a hacer posibles las identificaciones secundarias. Esta identificación primaria nos lleva a Tótem y Tabú, al asesinato del padre, al padre muerto, a la entrada del Nombe del Padre.

La identificación primera supone una anterioridad on respecto a las otras identificaciones y es condición de posibilidad, porque en ella está en juego el inicio de un primer movimiento de constitución del cuerpo. Es el primer impacto de la palabra sobre el cuerpo. La identificación no es pensable, entonces, fuera de la articulación significante. ¿Cómo ubicamos la articulación significante en la identificación primaria y qué del cuerpo se pone en juego?

Freud define a la identificación en el capítulo 7 de Psicología de las masas y análisis del yo como la exteriorización más temprana de un enlace afectivo a otra persona y desempeña un papel fundamental en la prehistoria del complejo de Edipo. Nos dice que la identificacion desde un primer momento es ambivalente y se conecta con la fase oral, durante la cual el sujeto incorpora el objeto, comiéndoselo. Se trata, entonces, de la identificación primaria, presubjetiva, que nos va a remitir al mito freudiano de Tótem y Tabú. Se trata de la incorporación de un padre mítico, incorporación de un fragmento de su fuerza, dice Freud.  El primer movimiento identificatorio se funda, entonces, en el amor al padre: el caníbal se come a quien ama.

La identificación primaria marca la necesariedad de la incorporación de la palabra, que permitirá que se den las identificaciones sucesivas y va a posibilitar, entonces, que el sujeto pueda designarse como el que habla. En ea incorporacion, el cuerpo a ser devorado es el cuerpo del padre asesinado, la comida canibalistica, que en tanto padre muerto será padre asesinado, ley. Lo que se incorpora por vía oral no es materia. Se trata de un fragmento de su fuuerza, como Freud nombró. Como efecto del acto de devoración se poseen cualidades, atributos de aquello que se devora.

El lenguaje está allí desde antes que el niño llegue al mundo. Ek sujeto se constituye como excluído del campo significante donde se determina. esta identficacion primaria implica la pérdida de un real del cuerpo, a partir de la entrada del Nombre del Padre.

La enseñanza de Lacan va avanzando y nos dice que en el encuentro con el lenguaje, lo vital del cuerpo sufre una pérdida, que puede ser o no inscripta como castración. La castración supone una regulación del goce, un ordenamiento por lo simbólico. Por lo tanto, lo simbólico introduce una pérdida, pero también un orden y una orientación del deseo.

En la psicosis, esta operación no se produce por efecto del rechazo de ese significante fundamental, el Nombre del Padre. Entonces, el cuerpo del psicótico es demasiado real, demasiado vivo, un cuerpo que se vive como extraño, cortado, desmembrado. Aparecen serias dificultades en la constitución del espejo-

Si bien la constitución del sujeto depende de la castración operada por el padre real, la barra de la castración recae sobre el niño y sobre la madre con distintos efectos. Es una operación fundamental, ya que sobre el niño abre la posibilidad de que se engendre un sujeto con la entrada del mismo en la neurosis. Si no se produce esta operación, por efecto de la forclusión del Nombre del Padre, su efecto es la estructura de la psicosis.

Cuando opera la castración del lado de la madre, separa la madre del niño y la reenvía hacia su deseo. Cuando la mujer no tiene el deseo de tener un hijo como sustituto simbólico, el niño no ocupa el lugar de objeto que causa su deseo. No llegar a ser el falo de la madre, como ocurre en la psicosis. Se producen, entonces, grandes fallas en la constitución del cuerpo. Es una falla radical en la relación con el Otro primordial y vuelve al sujeto permeable a la intrusión del semejante.

En la tesis de Lacan conocida como el caso Aimée, vems la intrusión del semejante. La hermana toma su lugar en la casa porque ella no se puede hacer cargo, pero Aimée no se opone, no dice nada. Ningún afecto. Ella no se pudo hacer cargo de su hijo una vez que lo tuvo y la herana empieza hacer con lo Aimée no puede hacer cargo. Ella no dice nada ni se enoja. Lacan va a indicar que Aimée está dominada por esta hermana, que logra suplantarla y representa la imagen misma del ser que ella es incapaz de realizar, por efecto de la forclusión. Ella siente la intrusión del semejante, que se apodera de su vida.