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viernes, 26 de junio de 2026

El cansancio neurótico como trabajo de defensa

La neurosis puede resultar profundamente agotadora. Desde una perspectiva psicoanalítica, ese agotamiento no constituye un fenómeno accesorio, sino que forma parte de la lógica misma de la defensa.

En los primeros desarrollos de Freud, la represión ya aparece organizada en dos tiempos. En un primer momento, se produce el esfuerzo por desalojar de la conciencia una representación que se ha vuelto conflictiva. Sin embargo, la operación no concluye allí. Una vez instaurada la represión, se hace necesario un segundo trabajo, permanente, destinado a sostenerla, defendiendo al aparato psíquico frente al eventual retorno de aquello que ha sido reprimido.

Siguiendo esta orientación, pero llevándola un paso más hacia la dimensión estructural, puede afirmarse que el mantenimiento de la neurosis exige un trabajo continuo. Se trata de una actividad psíquica destinada a sostener un cierto "no ver", un "no enterarse", que preserva al sujeto del encuentro con aquello que la neurosis intenta mantener a distancia. En este sentido, la neurosis funciona como una barrera frente a lo económico, es decir, frente a la irrupción de aquello que adquiere un carácter traumático por exceder las posibilidades de ligadura.

Desde esta perspectiva, el cansancio neurótico puede entenderse como el efecto acumulativo de todas las estrategias que el sujeto pone en marcha para sostener esa defensa. Los síntomas, las inhibiciones e incluso muchas de las modalidades del pensamiento participan de ese trabajo constante cuyo objetivo consiste en preservar la ilusión de un Otro completo, consistente y garante del sentido.

El mantenimiento de esa ilusión exige, correlativamente, que el sujeto permanezca sin advertir aquello que la pondría en cuestión. Por eso Lacan distingue distintos niveles de respuesta frente a este impasse estructural y llega a caracterizar el fantasma como una especie de campamento. La imagen resulta particularmente elocuente: el sujeto se instala en las inmediaciones de la castración del Otro, pero sin atravesar definitivamente ese límite. El fantasma ofrece un lugar relativamente estable desde el cual bordear la falta sin confrontarse plenamente con ella.

En esta lógica, el cansancio deja de ser únicamente un estado afectivo para convertirse en el índice del trabajo permanente que requiere la defensa neurótica. La distracción, el rodeo y las múltiples estrategias destinadas a evitar el encuentro con la falta no son operaciones gratuitas: comprometen al cuerpo y demandan una inversión constante de energía. El agotamiento neurótico expresa, precisamente, el costo subjetivo de sostener una defensa que nunca puede relajarse por completo, ya que debe renovarse una y otra vez frente a la insistencia de aquello que retorna.

miércoles, 3 de junio de 2026

La sexualidad como construcción simbólica: de Freud a Lacan

Con frecuencia se ha acusado al psicoanálisis de sostener una posición pansexualista, es decir, de pretender explicar la totalidad de los fenómenos humanos a partir de la sexualidad. Sin embargo, una lectura rigurosa de Freud permite advertir que la noción psicoanalítica de sexualidad dista considerablemente de cualquier concepción biologicista.

Desde sus primeros desarrollos, Freud establece que la sexualidad humana no puede reducirse ni a la diferencia anatómica entre los sexos ni a la función reproductiva. Tampoco se confunde con la genitalidad entendida en términos biológicos. Por el contrario, uno de los descubrimientos fundamentales del psicoanálisis consiste precisamente en haber mostrado que, en el ser hablante, la sexualidad se encuentra estructuralmente separada de la reproducción.

En este sentido, la sexualidad constituye para el psicoanálisis un campo específico que se organiza a partir de la articulación entre la libido, la pulsión y el orden simbólico. No se trata de un dato natural ni de una función instintiva preestablecida, sino de una dimensión cuya constitución depende de la incidencia del lenguaje sobre el cuerpo.

Lacan radicaliza esta perspectiva al destacar que la sexualidad humana se encuentra atravesada por el carácter ficcional del significante. Esto implica que la sexualidad no es algo dado de antemano, sino algo que debe constituirse. Dicha constitución se produce en la medida en que el Gran Otro interviene sobre el cuerpo del niño mediante el lenguaje, nombrándolo, significándolo e inscribiéndolo en una red simbólica que transforma radicalmente su relación con el organismo. En ese mismo movimiento, el cuerpo queda desnaturalizado y sustraído de una regulación puramente biológica.

A partir de esta operación, la sexualidad se configura como un campo de satisfacción. Sin embargo, dicha satisfacción no se sostiene sobre una complementariedad natural ni sobre una finalidad reproductiva, sino sobre la lógica del significante y la parcialidad propia de la pulsión. La satisfacción pulsional siempre es fragmentaria y nunca logra alcanzar una armonía definitiva.

Por ello, la sexualidad constituye para el psicoanálisis un punto de impasse, una dificultad estructural que acompaña al sujeto por el hecho mismo de hablar. Lo sexual designa un ámbito atravesado por la falta, el desencuentro y la imposibilidad de alcanzar una adecuación plena entre el sujeto y su satisfacción.

Desde esta perspectiva, puede afirmarse que la neurosis representa uno de los modos mediante los cuales el sujeto intenta responder a ese impasse constitutivo. Entendida como una formación de compromiso, o incluso como una cicatriz subjetiva, la neurosis puede concebirse como un intento de dar tratamiento a la dificultad que introduce la sexualidad en la experiencia humana. Lejos de resolverla, procura organizarla, otorgarle una forma y hacerla relativamente habitable para el sujeto.

lunes, 1 de junio de 2026

La crítica de Lacan a la concepción imaginaria del analista

 En nuestro encuentro anterior señalamos la diferencia fundamental que Lacan establece entre la función del analista, su posición e incluso su presencia en la cura, y la persona que circunstancialmente ocupa ese lugar.

Lacan lleva esta distinción hasta sus últimas consecuencias, particularmente porque pudo advertir, en los comienzos de su enseñanza pública, los efectos clínicos derivados de aquellas concepciones que no lograban mantener separadas ambas dimensiones. Su crítica se dirigió especialmente a las corrientes posfreudianas que tendían a situar al analista dentro del eje imaginario, es decir, en una relación directa con el yo (moi) del paciente.

Desde esta perspectiva, el trabajo analítico quedaba centrado en lo que se denominó la “esfera libre de conflicto del yo”, orientándose hacia el fortalecimiento de las funciones yoicas y la adaptación a la realidad. Para Lacan, semejante orientación desconoce la dimensión propia del sujeto del inconsciente, dirigiéndose exclusivamente al moi y permaneciendo, por ello mismo, en el registro de lo imaginario.

La consecuencia de esta concepción es que la cura queda orientada hacia alguna forma de complementariedad o síntesis: la obtención de un objeto considerado adecuado, el logro de una integración armónica o la consolidación de una relación más adaptada con la realidad. En este contexto, el analista corre el riesgo de convertirse en un modelo identificatorio, es decir, en aquel término con el cual el sujeto debería identificarse al finalizar el análisis.

Entendido de este modo, el analista pasa a encarnar una medida de la realidad y un criterio normativo a partir del cual evaluar la experiencia del sujeto. El análisis tendría entonces como horizonte la adquisición de una visión de la vida más ajustada a esa supuesta realidad objetiva representada por el analista.

Sin embargo, para Lacan, esta posición descansa sobre un presupuesto problemático: la idea de que la neurosis constituiría una lectura equivocada de la realidad. Ahora bien, sostener que existe una lectura errónea implica asumir que podría existir otra correcta, transparente y libre de malentendidos. Precisamente contra esta ilusión se dirige la crítica lacaniana, en la medida en que el sujeto está estructuralmente atravesado por el lenguaje y, por lo tanto, no hay acceso a una realidad que se encuentre exenta de mediaciones simbólicas ni de equívocos.

martes, 23 de septiembre de 2025

La neurosis es una cicatriz

La manera de abordar la causalidad no es indiferente. Desde la filosofía, suele arrastrar un sesgo sustancialista que, para el psicoanálisis, se vuelve un obstáculo. En cambio, cuando se la piensa desde la lógica, lo que se abre no es una respuesta cerrada sino un impasse. Y justamente allí radica su valor: la causa no es racional, y el impasse adquiere entonces una potencia operativa.

Lacan puede, a partir de esta distinción, poner en tensión causa y determinismo. El determinismo se sostiene en una ley que articula series y sintaxis; la causa, en cambio, remite a lo “anticonceptual e indefinido”, a una vacilación en el sentido. Entre causa y efecto no hay continuidad, sino hiancia: un vacío, un desfasaje. De allí la afirmación lacaniana: “sólo hay causa de lo que cojea”. Si no existiera ese gap, la causa quedaría reducida al determinismo.

En el plano clínico, la pregunta es cómo se enlaza la causa con el inconsciente. La respuesta apunta a un empalme con lo real vía la pulsión. Allí se delinea un punto de indeterminación que hace eco en la definición misma del sujeto, imposible de nombrar y, por lo tanto, indeterminado tanto en el espacio como en el tiempo. Esta indeterminación responde a una contingencia constitutiva: abre un margen para salir de la pura determinación, aunque no asegura tal salida.

La neurosis se ubica, precisamente, sobre esa hiancia. Es la manera de hacer cicatriz sobre ese corte en el que la causa no se deja atrapar ni por la lógica del determinismo ni por el sentido.

domingo, 23 de febrero de 2025

El mito como respuesta a lo imposible de significar

En el uso cotidiano, la palabra mito suele asociarse a términos como “ficción”, “fábula”, “ilusión” o incluso “mentira”. Sin embargo, estas acepciones se alejan de su significado original y profundo. En su esencia, el mito no presenta su contenido como ficticio, sino como un relato de hechos reales, aunque enmarcados en un tiempo originario.

Este tiempo primordial es el escenario donde actúan seres sagrados: dioses, semidioses y héroes. Sus acciones no solo fundamentan la existencia del mundo tal como lo conocemos, sino que también explican su configuración actual. Así, el mito se convierte en la narrativa que da cuenta del origen de las cosas, relatando cómo, gracias a estos seres sobrenaturales, algo real llegó a existir: una isla, una planta, una institución o incluso un comportamiento humano. El mito, por tanto, describe la creación y el inicio de lo que “es”.

Estas historias han sido transmitidas de generación en generación, aceptadas por los griegos como verdades compartidas, sin cuestionar su autenticidad. Incluso las diferentes versiones de un mismo mito, a menudo contradictorias, no anulan su validez.

En la obra de Freud, especialmente entre "Tótem y tabú" y "Moisés y la religión monoteísta", se elabora un mito de origen que busca explicar el surgimiento de aquello que funda, delimitando y posibilitando el acceso a la existencia. Sin embargo, la dimensión del mito en el psicoanálisis no puede limitarse a esta función fundante.

Lacan, en su seminario dedicado a "La relación de objeto", extiende la consideración del mito hacia el campo fantasmático del sujeto. En sintonía con Freud, introduce el concepto de mito individual del neurótico, que no es una construcción contingente, sino una función clave en la constitución del campo de la verdad en el sujeto. La pregunta esencial que plantea es: ¿qué papel cumple el mito en la neurosis?

El mito, en este contexto, es una construcción ficcional, un entramado significante que funciona como una fábula. Esta fábula, como imaginación, combina lo simbólico y lo imaginario, articulando los semblantes que estructuran la experiencia subjetiva. Desde el decorado simbólico hasta las vestiduras de los personajes, el mito sostiene una leyenda que aporta una respuesta. Frecuentemente, esta respuesta adopta la forma de una genealogía, una narrativa de un pasado heroico (no siempre positivo) en el cual el sujeto desempeña un papel central.

Así entendido, el mito forma parte del sistema de creencias del sujeto. Su función es elaborar una respuesta allí donde el significante fracasa en responder. En este punto, los dos aspectos del mito convergen: por un lado, como una construcción que organiza y explica; por otro, como una respuesta a lo imposible de significantizar, operando en el borde donde la palabra encuentra su límite.

sábado, 7 de diciembre de 2024

La neurosis como cicatriz: defensa y ficción frente a la castración

Una de las definiciones más refinadas de Lacan sobre la neurosis es su concepción como una cicatriz. Esta figura ilustra cómo la neurosis busca sanar simbólicamente la herida de la castración, edificándose mediante el significante para cerrar, aunque sea de forma ilusoria, la anomalía estructural que esta representa. Al hacer esto, la castración se traslada del ámbito de lo anecdótico a una dimensión estructurante.

En este sentido, el grafo del deseo nos ofrece una herramienta para abordar esta dinámica. En su nivel superior, en el plano de la enunciación, encontramos el significante que desvela una verdad central del psicoanálisis: no hay Otro del Otro. Esta ausencia de garantías implica que el sujeto no cuenta con una respuesta última, con una autoridad suprema que asegure su lugar o su ser. Este descubrimiento confronta al sujeto con su radical soledad, especialmente en los campos del amor, el deseo y el goce, donde no existe un complemento definitivo.

Paradójicamente, esta falta de garantías es también una potencial fuente de libertad. Si el sujeto logra asumir esta soledad y la ausencia de certezas, queda solo con su acto, con la posibilidad de inscribir su propio camino en lugar de buscar respuestas externas definitivas.

Sin embargo, la neurosis opera como un mecanismo que defiende al sujeto de esta soledad y de la angustia que conlleva. Bajo el significante de la falta en el Otro, el grafo muestra una serie de construcciones que Lacan identifica como coartadas: el fantasma, el síntoma, el moi e incluso el ideal del yo. Estas coartadas ofrecen respuestas ilusorias que intentan encubrir la carencia estructural.

Estas ficciones funcionan como parodias de una solución teleológica, proponiendo la ilusión de un objeto completo que podría resolver la falta inherente del sujeto. En este proceso, la neurosis fabrica relatos, fantasmas y síntomas que no solo distraen al sujeto de su falta, sino que también sostienen la ilusión de un Otro que garantice su ser y su lugar.

En resumen, la neurosis no solo busca obturar la castración, sino que también ofrece una defensa frente al vacío existencial. A través de sus ficciones, el sujeto esquiva la confrontación directa con la imposibilidad estructural, refugiándose en una ilusión que, aunque falsa, le permite sostenerse frente a la falta radical del complemento.

El cansancio neurótico: trabajo y defensa frente al conflicto

La neurosis, indudablemente agotadora, implica un esfuerzo constante por parte del sujeto. En los planteos iniciales de Freud, se destaca que la represión opera en dos tiempos: primero, el desalojo de la representación conflictiva, y luego, en un segundo momento, el trabajo continuo para mantener dicha represión, evitando que aquello excluido de la conciencia retorne.

Desde una perspectiva estructural, este sostenimiento de la neurosis se asocia a un esfuerzo persistente por no ver o no enterarse de ciertas verdades fundamentales. La neurosis actúa como una barrera defensiva frente a lo económico en el aparato psíquico, ya que lo traumático requiere ser mantenido a raya.

El cansancio que acompaña a la neurosis puede entenderse como la consecuencia directa de este trabajo defensivo. A través de síntomas, inhibiciones y estrategias inconscientes, el sujeto opera constantemente para sostener la ilusión de una completitud en el Otro, una ilusión que disfraza las fracturas inherentes a la estructura.

Lacan lo plantea con claridad al describir cómo el fantasma opera como un “campamento” donde el sujeto se asienta, evitando confrontarse directamente con la castración del Otro. Este campamento es un espacio de distracción, una zona liminal donde el sujeto esquiva enfrentarse con la imposibilidad estructural.

Sin embargo, este trabajo defensivo no es sin costo. Se lleva a cabo con el cuerpo mismo, convirtiendo al cansancio en la manifestación tangible del esfuerzo neurótico. El cuerpo se vuelve el escenario donde se despliegan estas estrategias, haciendo evidente el peso de sostener, día tras día, la ilusión y el parapeto frente a lo real.

¿Qué es la neurosis? La neurosis como cicatriz del sujeto sexuado

Desde una perspectiva nosográfica más cercana a la psiquiatría, la medicina o incluso la psicología, la neurosis podría entenderse como una perturbación o anomalía que afecta las relaciones del sujeto con la enfermedad. Sin embargo, en el psicoanálisis, la neurosis trasciende este enfoque sintomático para inscribirse en una dimensión más estructural. Lacan llega a definirla como una cicatriz en el sujeto.

¿Pero de qué herida es la neurosis una cicatriz?

La neurosis actúa como una respuesta a la hiancia o rajadura que define al sujeto como sexuado. Ser sexuado no es una mera característica del sujeto; lo constituye, lo especifica, y lo afecta profundamente en su relación con el campo del goce. Esta rajadura, sincrónica y fundamental, se corresponde con lo que Lacan formula en el axioma "no hay relación sexual", es decir, la imposibilidad de que la identidad sexual o la complementariedad en el sujeto hablante se escriban de forma completa o definitiva.

En este sentido, la neurosis cicatriza esa hendidura mediante dos dimensiones: una vinculada al valor de verdad y otra al goce.

  1. La dimensión de la verdad: La neurosis ofrece al sujeto un guion, una narrativa que se materializa en la "novela familiar del neurótico". Este relato sostiene un mito de origen, una estructura ficcional que organiza y da sentido al campo de la verdad para el sujeto.

  2. La dimensión del goce: Simultáneamente, la neurosis proporciona al sujeto un repertorio de goce, un menú a partir del cual puede experimentar un plus de gozar. Este recurso compensa ilusoriamente la falta de un goce sexual plenamente complementario, convirtiéndose en un remedio parcial frente a la imposibilidad estructural que habita al sujeto.

De este modo, la neurosis, al operar como una cicatriz, está intrínsecamente relacionada con el funcionamiento del fantasma. Es en esta intersección entre la ficción estructural y el goce donde la neurosis encuentra su función: remediar, aunque nunca resolver completamente, las fracturas fundamentales del sujeto sexuado.

viernes, 20 de septiembre de 2024

¿Cómo orientarnos en el Diagnóstico de Estructura?

LA ESTRUCTURA NEURÓTICA

Operaciones clínicas. El mecanismo psíquico constitutivo de la neurosis es la Represión de representaciones -enlazadas a pulsiones incestuosas intolerables para el yo-.

Las Representaciones incestuosas del Ello son apartadas de la consciencia (vía la Represión). El afecto se disocia, no se reprime y encuentra una satisfacción sustitutiva en el Síntoma. La “satisfacción” sustitutiva que se obtiene en el síntoma es inconsciente y se corresponde con las Pulsiones incestuosas del Ello. En la vida corriente, lo que produce el síntoma es sufrimiento. Por este motivo, S. Freud afirma: “El síntoma produce una satisfacción que no es sentida como tal”.

¿Qué identificamos en el tratamiento de un Sujeto Neurótico? Los sujetos neuróticos tienen la capacidad de:

a) Expresar aquello que les ocurre con palabras corrientes y compartidas.

b) Otorgar un saber al analista y armar, así, un vínculo transferencial positivo.

c) Historizar y metaforizar su presente.

d) Asociar libremente, manteniendo la cadena discursiva.

Esto habilita al analista a poder leer lo que está cifrado en sus inhibiciones, síntomas y angustias. Lectura que oficia al modo de la clásica interpretación en psicoanálisis.

LA ESTRUCTURA PSICÓTICA

Operaciones clínicas

El mecanismo psíquico constitutivo de la psicosis es la forclusión. Implica el Rechazo de un significante fundamental expulsado fuera del universo simbólico del sujeto. Queda excluido de la estructura el significante de la Ley de Prohibición del Incesto. La Forclusión de la Ley de Prohibición del Incesto, es decir de la Castración, retorna a nivel de lo Real. La vivencia de que “todo es posible” resulta insoportable para el sujeto. El Delirio será la forma menos costosa para la estabilización de la estructura.
 
S. Freud realizó una aguda distinción entre la estructura neurótica y la estructura psicótica:

- El Sujeto Neurótico conserva la realidad, leída a través de su fantasmática singular.

- El Sujeto Psicótico rompe el contacto con la realidad, lo cual produce una desintegración de la estructura.

Sustituye a la realidad por la vía de los delirios y/o las alucinaciones, como modo de volver a integrarse. Por este motivo, los delirios y/o alucinaciones son un intento de curación.

¿Qué identificamos en el tratamiento de un Sujeto Psicóticos? Los sujetos psicóticos manifiestan:

1. Serias perturbaciones del lenguaje (neologismos, frase interrumpida, significación interminable, holofrase).

2. Presencia de Certezas que no dan lugar a la duda.

3. Ausencia del campo metafórico.

4. Descontrol psíquico del Campo Pulsional.

Psicosis y transferencia
Más allá de estos fenómenos declarados previamente, en las entrevistas preliminares hay indicadores para hacer un diagnóstico diferencial. En estas entrevistas, el analista se abstiene de intervenir al modo neurótico, pues no conoce de qué estructura se trata. No obstante, la transferencia es imprescindible para hacer un diagnóstico en psicoanálisis. El comportamiento en un análisis, en ese sentido, es de suma importancia para empezar a leer.

Por ejemplo, una persona puede consultar y el psicólogo creer que tiene que salir al rescate de esa persona que sufre. En especial, si se trata de la urgencia o la emergencia. El psicólogo puede querer alojar a ese paciente, y de repente el paciente rechaza las intervenciones... "No no, ud. no entiende...", dice y el rechazo se vuelve continuo, aunque el psicólogo tenga una buena predisposición.

Freud advirtió que no había que apresurarse a calmar al paciente de su sentimiento de culpa, porque seguramente es culpable de algo, pero no de lo que denuncia. Por algo eso está allí y hay que abrirlo, más que calmarlo. Esta es una buena indicación de Freud: darle legitimidad a lo que el paciente dice.

Por su parte, Lacan dice que en la psicosis, el gran Otro aparece como una voz que le habla y no a través de las palabras del Otro simbólico del neurótico. Se puede ampliar el tema en esta entrada. En la psicosis, el Otro avanza sobre él, dejándolo sin recursos. De esta manera, un analista se puede dirigir al paciente con su mejor intención de alojarlo, pero el psicótico puede percibir que se le viene encima. Estos pacientes que niegan las intervenciones del analista una y otra vez, entonces, pueden ser un indicador de psicosis.

La forma con la que el paciente habla, además, dan cuenta del grado de libidinización que tienen los objetos. Por ejemplo, frente a una pérdida, un neurótico hablará de ese relato con angustia y de su dolor. En la psicosis, el sujeto puede hablar de lo mismo de manera desafectivizada, somo si no lo tocara subjetivamente. esto también puede ser un indicador de psicosis. 

Intervenciones Clínicas

La Interpretación no puede ser utilizada en el campo de la Psicosis. Porque no hay Represión ni Retorno de lo Reprimido a partir de las formaciones del inconsciente.

La función del analista es rescatar la pulsión de vida, que es amenazada por la pulsión de muerte, pero la posición del analista no puede ser de salvataje. El analista no puede ser nunca el héroe ni el que tenga la receta, pero en el caso particular de la psicosis, el más amado pasa a ser el más odiado.

El lugar del analista debe ser, en estos casos, cálido pero distante. Lacan habla que el lugar del analista en la psicosis es la de "secretario del alienado": toma notas, construye junto al paciente. Imaginariamente, se invierte la cuestión y es el paciente el que construye su propio tejido, ayudado por ese analista.

Brindaremos los cuidados a los decires del paciente, para generar una “Confianza amiga”. Estaremos allí cuando nos necesite, en calidad de “Testigo” -al decir de J. Lacan-, ofreciéndole nuestro apoyo cuando trastabille con la realidad externa.

miércoles, 28 de agosto de 2024

La vida sexual del neurótico y del psicótico

La vida sexual del sujeto

Uno de los planteos que más ruido generó en su tiempo, fue la introducción, por parte de Freud, de lo que él denominó la vida sexual infantil, o sea un primer momento de configuración de la vida sexual del sujeto.

Su carácter infantil, o sea perverso polimorfo, deja claro que no se trata allí de la cópula o de la participación de la genitalidad. Sino que lo que Freud encuentra, y que denomina el campo de la vida sexual infantil, es la participación de la pulsión a nivel de la satisfacción.

Estas pulsiones se juegan en el cuerpo del sujeto y se corresponden con ciertos recortes sobre el mismo. O sea, se trata de satisfacciones parciales que se juegan en partes, en determinados recortes del cuerpo, y que entran a tallar ya en la relación del niño con su Otro de origen, esencialmente de su madre, como otro primordial.

Que entran a tallar significa que condicionan el vínculo que se juega y se establece entre el niño y el Otro. Con lo cual esa relación no se reduce al significante significando.

A partir de allí entonces bien vale la pregunta, ¿por qué el psicoanálisis se ocupa de la sexualidad? Lacan es claro al respecto. En “La tercera” afirma que el trabajo del análisis se ocupa de la sexualidad, porque ésta es el campo donde se inscribe la castración.

En la misma línea, pero a la altura del seminario 11, puede plantear que el psicoanálisis solo se ocupa de la sexualidad en la medida en que la pulsión participa ella.

Esto significa que la vida sexual del sujeto, lo que entendemos por tal no es el conjunto de sus relaciones genitales, de sus cópulas. Sino aquel campo en el cual está concernidos los distintos modos en que esa satisfacción hecha de recortes se distribuye corporalmente.

Si lo sexual en el hablante es más amplio que lo genital, entonces sus ecos se escuchan en los distintos ámbitos en los cuales traba relación con los objetos, sean estos de deseo, de goce o de amor.

La vida sexual del neurótico

 Una de las discusiones más intensas que el planteo freudiano suscitó en el contexto de su época, en el momento de su surgimiento, fue la lectura que hizo de la sexualidad. Aunque por supuesto hay que señalar al respecto que se trataba de una cuestión en boga, en discusión en ese faro cultural que era la Viena de principios del siglo XX.

Respecto de su planteo destacan dos cuestiones. Por un lado, el campo de la sexualidad infantil, afirmación que echa por tierra cierta idea angelical o de pureza del niño. Por otro lado, y concomitantemente con eso, la idea de que la sexualidad para el psicoanálisis no puede reducirse a la actividad genital del sujeto.

Allí el ejemplo de la sexualidad infantil es potente, pone en juego una satisfacción, una práctica masturbatoria con la cual se compone el campo de una actividad sexual que no se dirige al cuerpo de un otro.

A partir de eso podemos interrogar el punto donde situar la vida sexual del neurótico.

En su conferencia XX “La vida sexual de los seres humanos” Freud se encarga de separar a la sexualidad de la procreación, ubicando a la primera en la búsqueda, la procuración de un placer que se asocia al lustgewinn, una ganancia que se liga a un corte, y por ende a un recorte en el cuerpo.

Afirmada en ese recorte la vida sexual del neurótico se juega en el síntoma, lo que conlleva que la sexualidad es sintomática, se ordena con relación a un síntoma que hace función. La vida sexual del sujeto está constituida entonces en relación con una satisfacción sustitutiva, con lo cual tiene como trasfondo una satisfacción que no hay, que no es accesible para el sujeto porque no cesa de no escribirse.

¿Dónde leemos lo sexual en la práctica?

Como dijimos, en la conferencia 20 “La vida sexual de los seres humanos” Freud es tan claro como contundente al señalar la distancia que, para el hablante, se juega entre la sexualidad y la reproducción.

La sexualidad humana (todo un pleonasmo podríamos decir) no tiene como objetivo la reproducción, sino la obtención de placer, Lustgewinn, vocablo que indica el recorte, la parcialidad de lo que está en juego.

Apoyado en esto Lacan avanza en esa dirección discutiendo con el psicoanálisis de su época el cual, imaginarización mediante, casi que redujo a la sexualidad a quedar subsumida en el ámbito de la genitalidad.

El propio concepto de sexualidad infantil de Freud se opone a esto con lo que Lacan discute: el fundador del psicoanálisis caracteriza un campo, el de la sexualidad llamada infantil, en el cual la genitalidad no cobra ninguna relevancia ni participación; sin embargo, nos encontramos con un campo fenoménico y de satisfacción en el sujeto que se juega esencialmente respecto de su propio cuerpo y de la incidencia del Otro de origen.

Con lo cual entonces bien vale que nos preguntemos, ¿dónde podemos leer lo sexual en la práctica, con los neuróticos puntualmente?

Como practicantes del psicoanálisis leemos lo sexual en el sujeto en aquellas respuestas sintomáticas, fantasmáticas que le aportan al sujeto una satisfacción sustitutiva que responde al impasse propio de la sexualidad en el hablante. Esto lleva entonces a afirmar que la sexualidad se edifica, se constituye sobre el desfiladero del significante; en la misma medida en la cual se ordena sintomáticamente, y de allí lo de satisfacción sustitutiva.

Partimos entonces de leer ese entramado, de esa puesta en escena; allí el analista lee lo sexual en el sujeto, pero lo lee como una respuesta, como la respuesta a ese atolladero que es una anomalía, y que en términos lógicos plantea que la relación sexual en el sujeto no cesa de no escribirse, o sea que no hay complemento.

Lo sexual en la psicosis

 Si la sexualidad en el hablante no tiene como correlato o brújula a la reproducción, entonces esto señala un soporte sintomático e incluso fantasmático para la sexualidad.

Si tomamos como campo a lo sexual, se trata de uno de goce donde el impasse domina y lleva al sujeto a un atolladero que implica la no relación complementaria entre los sexos.

Una cosa es que ese campo esté organizado a partir del funcionamiento de la ley que provee la operación del Nombre del Padre, con su correlato sintomático y con el menos phi como patrón de medida, y que hace posible la ecuación que permite la sustitución de los objetos.

Si en cambio esta organización no se instituye, ¿qué sucede entonces? o ¿de qué modo podríamos pensar el campo de lo sexual en las psicosis?

Es indudable que lo sexual funciona en las psicosis. Es un campo que hay que tener en cuenta en la práctica, respecto de la incidencia que tiene en el sujeto y eso en la medida en la cual el impasse o el atolladero afecta y condiciona al sujeto, porque se trata de un dato de estructura y prescinde de la diferencia diagnóstica. El empuje a la mujer puede leerse como una incidencia de ello.

Esta no operatoria no se reduce a ser un déficit, aunque podría leerse así desde los efectos sobre el sujeto. Pasemos entonces de lo sexual a la sexualidad. La dificultad podría en el sujeto psicótico leerse a nivel de los anclajes.

Si el campo de la sexualidad se constituye en los desfiladeros del significante, se hace necesario disponer de recursos para vérselas frente a ese borde. Y allí, en esa orilla, viene a funcionar el síntoma y la ilusoria común medida, lo que no encontramos en el sujeto psicótico. Esto no habilita consecuencias generalizables que valieran para todos.

La presencia de estos recursos en las neurosis tampoco asegura o garantiza nada. Pero funcionan como ordenadores, incluso como instrumentos. Y su ausencia podría permitir explicar cierto plus en el sufrimiento del sujeto psicótico.

sábado, 3 de agosto de 2024

Alteraciones del lenguaje en la infancia y la adolescencia - Ejes Clínicos

 ¿Cómo diferenciar el cuadro clínico del autismo, la psicosis y la neurosis?

LAS ALTERACIONES DEL LENGUAJE EN LA NEUROSIS

El Mutismo Selectivo


Las alteraciones del lenguaje en la neurosis, tal como lo es el mutismo selectivo, se constituyen como un síntoma. Reflejan un conflicto a nivel inconsciente, simbólico. Comprobamos en la clínica que el niño o púber deja de hablar frente a las personas o ambientes que le producen un monto de angustia o ansiedad, que no puede procesar psíquicamente.

El síntoma del mutismo selectivo:  Causas y Tratamientos

El mutismo selectivo es un síntoma defensivo que tiene su causa en acontecimientos traumáticos sin derivación psíquica. Decido por el infante o el núcleo familiar. En el tratamiento resulta fundamental el trabajo con los padres, la historización de los vínculos. Como analistas, seremos el oído y la boca que nombra a los acontecimientos traumáticos que han dejado mudos y, muchas veces, arrasados a la pareja parental o al niño.



LAS ALTERACIONES DEL LENGUAJE EN LA PSICOSIS:

Los Fenómenos Psicóticos

Las alteraciones del lenguaje en la psicosis se presentan como fenómenos, a diferencia del síntoma neurótico. Es decir, como manifestaciones súbitas de aquello que carece de inscripción en los simbólico, inconciente, y retorna en lo real. Los fenómenos psicóticos más frecuentes son los neologismos, las frases interrumpidas, la  holofrase y la alucinación.

Los Fenómenos Psicóticos: Causas y Tratamientos

Los fenómenos psicóticos tienen su causa en la alienación a los sentidos y demandas del  Otro primordial, sin separación. De esta manera, el sujeto queda invadido por el goce del Otro excesivo, por la ausencia de la regulación que ofrece el Nombre del Padre (significante que permite inscribir la castración del Otro primordial). En los tratamientos resulta fundamental la ubicación del analista como terceridad, es decir, como instancia simbólica que opera una separación del Otro, legalizando y acotando su goce.


LAS ALTERACIONES DEL LENGUAJE EN EL ESPECTRO AUTISTA

El lenguaje como signo


Las alteraciones del lenguaje en el espectro autista se presentan el modo de una lengua estereotipada y opaca, que saltea la enunciación. Un lenguaje de signos, con sentido fijo y único para cada palabra, si está logra ser pronunciada.

El Lenguaje como signo: Causas y Tratamiento

Los fenómenos del espectro autista evidencian una experiencia de separación del  Otro primordial que ha ocurrido de manera demasiado temprana. Esto provoca una ausencia fundamental: contar con la barrera de protección frente a la angustia, la cual impediría vivirla como intolerable y amenazadora de la vida. En el tratamiento resulta fundamental entender que el autismo, lejos de ser un déficit, es un autotratamiento de la angustia. Por este motivo, sin forzamientos, intentaremos producir algo nuevo en la repetición estereotipada, tomando siempre en cuenta los intereses específicos del niño.

martes, 9 de julio de 2024

Insatisfacción, imposibilidad y prevención: los modos de defenderse del deseo en las neurosis

No es azaroso que el psicoanálisis haya comenzado a partir de la escucha de la neurosis histérica. Puntualmente porque, y era notorio en la época de Freud, es el sujeto histérico quien puso en juego, sobre el tapete la división del sujeto, el no saber que le era correlativo y cierta dimensión del síntoma que se asocia a lo corporal, pero que no responde a una etiología orgánica, o sea médica.

O sea que vía ese síntoma el sujeto histérico puso en juego un cuerpo de otra índole, uno erogeneizado, de deseo, marcado por la dialéctica de la demanda.

A partir de allí Freud pudo situar cierta palabra que está amordazada en el síntoma neurótico, definición que vale no solo para el síntoma histérico, sino también para la obsesión e incluso para la fobia. En esta entrada nos proponemos interrogar ciertos modos defensivos del deseo, o sea, ciertas modalidades fantasmáticas del deseo en las neurosis, en la medida en que el síntoma aludido está sobredeterminado por el fantasma.

La insatisfacción histérica
En el caso de la neurosis histérica, se trata de un deseo asociado a la dimensión de una insatisfacción: es una deseo insatisfecho. Hablamos de una insatisfacción de la cual el sujeto se queja y sobre la cual elabora toda una serie de acciones y argumentos. Esta insatisfacción puede dominar gran parte de la vida del sujeto histérico, y comandarla.

Pero el carácter defensivo, fantasmático, de esta insatisfacción implica que en realidad se trata de una respuesta neurótica a la imposibilidad que es inherente al deseo mismo. Sería como afirmar que el sujeto asume, promueve esa insatisfacción como modo de mantenerse a resguardo de la castración del Otro.

La insatisfacción histérica entonces es solidaria de la distancia que hay entre la histeria y la femineidad, es una trampa que esconde la discrepancia entre ser deseado y ser deseante.

La imposibilidad obsesiva.

Continuando con la interrogación respecto de los modos de defensivos del deseo en las neurosis, consisten en modalidades. Hay que considerar, siempre, que el deseo conlleva la posición del sujeto en una escena, y ello en la medida en la cual el deseo no se dirige a un objeto predeterminado, o uno que fuese una cosa del mundo.

Entonces, el objeto es en realidad una posición de objeto, del propio sujeto. Decimos que el deseo implica una posición del sujeto en una escena en la cual toma lugar como deseante del deseo del Otro. Y si hablamos de escena, hablamos del fantasma.

En el caso de la neurosis obsesiva, ese modo defensivo, fantasmático del deseo cobra la forma de un deseo imposible.

Tomado allí, el sujeto obsesivo está dominado por una serie de imposibilidades que le dificultan la existencia, que le impiden avanzar en determinada dirección, sea esto en el campo del trabajo, de sus estudios, en su vida amorosa. Lo enmarañan o enredan no permitiéndole llevar incluso a cabo una serie de acciones en las cuales quien lo sufre dice estar comprometido, y decidido a llevarlas adelante.

Sin embargo, así como el deseo insatisfecho en la histeria defiende contra la insatisfacción estructural del deseo; el deseo imposible del obsesivo, en el sentido fantasmático del término, no es otra cosa más que el velo de una impotencia.

Allí, donde el obsesivo denuncia una imposibilidad, lo que la escucha analítica puede situar es una posición de impotencia que es la consecuencia de una evitación. No es poco habitual que el correlato de esta imposibilidad protestada sea el impedimento, que es la situación por la cual el obsesivo cae en la trampa narcisista como modo de cortocircuitar el vínculo del deseo con la castración.

Otra coyuntura clínica donde esto se plasma es la postergación del acto en favor de la duda. Allí la vacilación propia de la duda instala una alternancia que resguarda de lo real. Por ello el obsesivo “prefiere” la duda, porque ella arranca a la angustia su certeza.

La prevención fóbica
Se plantearon ciertas discusiones en la historia del psicoanálisis respecto de si considerar a la fobia como una neurosis más; o situarla, como lo hace Lacan hacia el final de su enseñanza, como una especie de placa giratoria que constituye un momento determinado en la configuración de la neurosis en el sujeto.

Si la tomáramos por este último sentido, como placa giratoria deriva entonces eventualmente hacia una neurosis histérica o una neurosis obsesiva.

Pareciera ser, en el caso de Freud, que se sitúa entre las otras neurosis, llegando incluso a llamarla, por momentos, histeria de angustia para diferenciarla de la histeria de conversión o histeria propiamente dicha, podríamos decir. Esta oposición, de algún modo inicial de Freud, conlleva distintos modos de pensar el destino del montante de afecto que se desconecta de la representación, vía represión.

No es importante que tomemos posición respecto de esta discrepancia, acerca de si entra en la serie de las otras neurosis o no. Más allá de eso podemos situar que, al igual que en la neurosis histérica y en la neurosis obsesiva, encontramos en la fobia una modalidad preventiva, fantasmática del deseo, que defiende al sujeto del peligro que ese componente económico del deseo del Otro conlleva.

La modalidad particular que toma este deseo defensivo en la fobia es la de la prevención. El deseo prevenido funciona de resguardo o parapeto que le evita al sujeto ese encuentro complejo con el deseo del Otro. Por ello las fobias no son un síntoma poco común en la infancia, momento de la configuración de ese plafond a través del cual el sujeto se aloja como deseante del deseo del Otro.

Pero en este caso, el modo defensivo tiene un costo significativo. Dado que se trata de evitar, el sujeto elabora toda una serie de estrategias en orden a mantenerse a distancia, lo que conlleva una progresiva restricción que, en muchas oportunidades, puede concluir en el aislamiento.

lunes, 20 de mayo de 2024

No tan obvio: ¿Qué es la neurosis? Consecuencias clínicas

 Siempre hablamos de la neurosis, ¿Pero qué es eso exactamente? Hay cuestiones que parecen obvias, pero cuando uno se pone a desplegar el concepto, se desprenden cuestiones interesantes para la clínica.

La neurosis es un punto de fijación de un evento histórico traumático en la vida del sujeto. Ese evento, objetivamente hablando, puede haber sido vivido por muchas personas aunque no a todos les produce un efecto traumático. ¿Qué es un trauma? El aparato psíquico procesa estímulos y cuando éstos no pueden ser metabolizados o transcriptos, producen un cambio permanente. No se trata del contenido, sino del nivel del exceso pulsional que termina uniéndose a una representación. La representación sustitutiva tiene algunos lazos con la representación original, pero muchas veces es una representación investida de ese exceso traumático de la escena original.

Cuando nosotros recibimos al paciente, le pedimos asociaciones respecto al contenido. Es importante detectar, desde las primeras entrevistas, también desde cuándo le sucede esto y desplegar históricamente las fluctuaciones de lo traumático. Es decir, cuándo el síntoma aumenta, disminuye... Con eso evaluamos la energía de la pulsión.

Transferencia mediante, el paciente va ir acercándose al núcleo patógeno. Allí nosotros debemos observar cómo está planteada la escena, cuáles son los personajes y qué lugar ocupan. Es decir, vamos a tratar de definir una matriz, un tipo de escena que se va repitiendo. Lo esencial de esta escena es que se produjo en un momento donde el paciente no podía lidiar con esa intensidad. En 1896, Freud describe que se trata de una vivencia sexual en un tiempo pre-sexual. ¿De qué se trata eso? De la intensidad propia con la que la sexualidad del significante se inscribe en el cuerpo del sujeto. 

Las escenas traumáticas actuales que el paciente relata con una angustia inadecuada, el analista las va ordenando, verificando que se trata de los mismos personajes y variables que una escena anterior. El analista restaura un sentido, cosa que en las primeras entrevistas el analista debe ubicar y comunicarle al paciente, para que vea cómo las cosas fueron pasando. Recordamos que lo más propio de un paciente es consultar absolutamente extraviado de sí mismo.

También nos interesa ubicar la responsabilidad que el paciente ha tomado respecto a su propia historia. No se trata de una decisión consciente, sino la que su neurosis ha configurado. Dependiendo de la posición del sujeto en la trama significante, será lo que el sujeto podrá ver. Hay personas que toman ciertos lugares como un destino trágico. Allí, su posición inconsciente es la que les impide ver ciertas cosas. Se trata de una posición simbólica que tiene efectos en lo imaginario (lo que el sujeto percibe, piensa, etc). Por eso Lacan refería que lo simbólico determinaba a lo imaginario: el significante determina lo que el sujeto podrá ver, los campos de visibilidad e invisibilidad (como decía Deleuze). Allí el analista deberá intentar elaborar las causas de que a esa persona siempre le termine pasando lo mismo, intentando restarlo de allí.

Por último, hay que resaltar que el neurótico sufre mucho, hay mucho dolor psíquico puesto en juego. El neurótico no logra dejar atrás un evento traumático de su historia, no logra olvidar y ve el mundo determinado por eso. El neurótico se aferra a la idea del destino más que a la de incertidumbre, que es una de las cosas más difíciles de soportar. Ante la incertidumbre y el no saber, hay una seguridad mayor al pensar que todo va a ir mal. De esta manera, aunque se traten de eventos azarosos, el neurótico puede hacerse responsables de eso y autorreprocharse (predominantemente narcisistas) o culpar a los demás. En ambos casos la castración no está inscripta, se trata de cuestiones fálicas. El sujeto neurótico intenta evadir la castración, es decir, que uno tiene parte de responsabilidad de lo sucedido tanto como el otro... Y que tanto uno como el otro tienen un límite a lo que saben hacer.

domingo, 2 de enero de 2022

La defensa: su importancia para el diagnóstico diferencial y su incidencia en el tratamiento

Además del concepto de transferencia, en términos de un  diagnóstico diferencial y al menos en lo que respecta a la incidencia de ella en el tratamiento, la defensa es sumamente importante. 

De esta manera, además del concepto de transferencia, podemos pensar el diagnóstico diferencial preguntándonos por la defensa implicada en cada caso.


Por empezar, el concepto de defensa no está implicado en las neurosis actuales. Si tomamos, por ejemplo, las formas que toma la neurosis de angustia, Freud las ubica en torno a la angustia. “Llamo neurosis de angustia a este complejo de síntomas porque todos sus componentes se pueden agrupar en derredor del síntoma principal de la angustia; cada uno de ellos posee una determinada relación con la angustia” (Freud, 1895). En la neurosis de angustia, así como en la hipocondría y la neurastenia, los síntomas no tienen derivación psíquica: no remiten al inconsciente y en ese sentido actúan como signo, como algo fijo. De esta manera, sería un error interpretar estos síntomas como si fueran formaciones del inconsciente.


La idea de defensa es el punto de partida de lo que después fue la Primera Tópica, donde Freud diferenció los sistemas Icc, pcc-cc. La defensa fue teorizada en términos de represión primaria y represión secundaria. No obstante, Freud utilizó hasta 1925 indistintamente la palabra represión y defensa, aunque al final de ese período ya se nota que tiene bien claras las diferencias y las similitudes.


Cuando Freud desarrolló la idea de sistemas Inconsciente y preconsciente-Cc, la represión primaria u originaria es la que divide con relativa estabilidad a los sistemas Inconsciente del preconsciente-consciente. La represión primaria es la que permanece como Censura y según dice Freud, es la guardiana de nuestra salud mental en tanto necesitamos mantener a los dos sistemas divididos, aunque continúen siendo permeables. Si esa Censura -testimonio de la Represión Primaria- no funcionara, nos la pasaríamos soñando y no podríamos pensar.


En las neurosis de transferencia encontramos un aparato psíquico dividido y estructurado por la represión primaria, donde el síntoma es precedido por la formación de retoños de lo originalmente reprimido, en tanto la defensa preferida es la represión, que solo sucede porque hay represión primaria. La represión primaria supone que hay fijaciones, por lo tanto tarde o temprano estas fijaciones van produciendo introversión libidinal, que es diferente a la retracción libidinal de las psicosis. Introversión libidinal quiere decir que en la neurosis de transferencia, por sus fijaciones, va fracasando en la inversión libidinal en objetos reales. Por lo tanto, esa libido se introvierte sobre objetos de la fantasía. Por lo tanto, esa libido se deposita sobre alguna representación que el preconsciente debe prestarle para que transaccione.


Mientras el neurótico divide su aparato psíquico en ello, yo y superyó, el psicótico tiene una fijación que ha impedido que se constituyan los sistemas a la manera de la neurosis de transferencia, por una desestima a los complejos de Edipo y castración. Desestima quiere decir que el Edipo ni siquiera está planteado. Por lo tanto, lo que consideramos es que el yo y superyó en el neurótico, en el psicótico aparecen mal constituidos, sin base. 


De esta manera, las neurosis narcisistas tienen un mecanismo estructurante (que irónicamente es desestructurante): la desestima (Verwerfung). En lugar de ser la represión primaria como en la neurosis, el futuro psicótico no llega a atravesar los complejos de Edipo y castración, porque a esa altura ha aplicado una defensa muy enérgica, que es la desestima de los complejos de Edipo y castración.


El futuro psicótico tiene un proceso de retracción psicótica, no de introversión libidinal como el neurótico (de los objetos fijados hacia el complejo de Edipo). Las demandas de la vida van produciendo una retracción libidinal hacia estructuras pobremente establecidas, hacia objetos arcaicos, como las fantasía orales.


Freud dio una orientación que dividía aguas entre ambas estructuras clínicas en 1924, “La pérdida de la realidad en la neurosis y la psicosis”.


En las psicosis, se niega la realidad y se intenta sustituírla. Lo rechazado intentará imponerse a través de delirios y alucinaciones. Es decir, en la psicosis se produce una “obediencia inicial”, a la que le sigue un intento de huida. La realidad se desmiente inicialmente y a esta huida inicial le sigue una fase activa de reconstrucción.


En la neurosis, en cambio, no se niega la realidad sino que se crean mundos optativos (fantasías). Freud dice “La neurosis no desmiente la realidad, se limita a no querer  saber nada de ella”. Sin embargo, Freud señala que “tampoco a la neurosis le faltan intentos  de restituir la realidad deseada por otra más acorde con la del deseo” (Freud 1924). La posibilidad de restitución en la neurosis la ofrece el  mundo de la fantasía.


Casi al final de su obra, en  Análisis terminable e interminable Freud dice algo sobre la relación del neurótico con la realidad: “el aparato psíquico no  tolera el displacer, tiene que defenderse de él a cualquier precio, y  si la percepción de la realidad objetiva trae displacer, ella- o sea, la  percepción, tiene que ser sacrificada” (Freud 1937).

martes, 30 de noviembre de 2021

Diagnóstico diferencial en psicoanálisis: ¿Cómo se hace?

En esta entrada veremos brevemente cómo hacer la distincion -diagnóstico diferencial- entre neurosis y psicosis, para intentar no equivocar las intervenciones del analista.

Freud dio una orientación que dividía aguas entre ambas estructuras clínicas.

En la neurosis, no se niega la realidad, sino que se crean mundos optativos (fantasías/fantasma)

En las psicosis, en cambio, se niega la realidad y se intenta sustituírla. Lo rechazado intentará imponerse a través de delirios y alucinaciones.

En psicoanálisis, el diagnóstico se hace a nivel de la escucha, prestando oídos a los decires del paciente, sin apurar este importante asunto. Lejos de imprimir una etiqueta al paciente, la distinción diagnóstica le sirve al analista para orientar sus intervenciones en el tratamiento.

Durante las primeras entrevistas, que Freud llamaba "entrevistas de ensayo", el analista debe ser paciente y promover un alojamiento amable del paciente, una escucha atenta , el armado de un diálogo y limitarse a hacer preguntas, no interpretaciones, hasta que no logre el diagnóstico diferencial.

RelacionadoLas intervenciones y el lugar del analista en el tratamiento de la psicosis.

Existen elementos clínicos distintivos a los que el analista debe prestar atención.

Si el paciente puede historizar su presente, nos pone en la pista de una estructura neurótica. La imposibilidad de historizar, reflejada en un discurso que se mueve exclusivamente en lo actual, nos sugiere una psicosis. 

En la neurosis, el paciente se dirige al terapeuta buscando un saber; en la psicosis, el paciente relata al modo de la certeza.

En la neurosis encontramos que el paciente habla con palabras corrientes para la lengua y la época. En la psicosis nos encontramos con expresiones creadas (neologismos) que son incompatibles con el otro.

Para ahondar la diferencia diagnóstica, el analista puede hacer uso de su espacio de supervisión. 

sábado, 11 de septiembre de 2021

Punteo: La pérdida de la realidad en la neurosis y la psicosis (1924) –Freud.

 Freud comenta que hace poco indicó como uno de los rasgos diferenciales entre neurosis y psicosis que:

  • En neurosis: El Yo, en vasallaje a la realidad, sofoca un fragmento del Ello.

  • En psicosis: El Yo, al servicio del Ello, se retira de un fragmento de la realidad.


La pérdida de la realidad estaría dada de antemano en la psicosis. En cambio, se creería que la neurosis la evita.

Pero esto no condice con la experiencia que todos pueden hacer, y que es que cada neurosis perturba de algún modo el nexo del sujeto con la realidad; es para él un medio de retirarse de esta. Freud reconoce que el Yo del neurótico también comienza a padecer cierto relajamiento de la realidad.

Neurosis:

Primer paso: El Yo, al servicio de la realidad, emprende la represión de una moción pulsional. Pero esto todavía no es la neurosis misma.

Segundo paso: Se produce un resarcimiento a los sectores perjudicados del Ello. La represión fracasa y se produce un retorno de lo reprimido. Neurosis: Resultado de una represión fracasada.

El aflojamiento del nexo con la realidad es entonces la consecuencia de este segundo paso en la formación de la neurosis. La perdida de realidad atañe justamente al fragmento de esta ultima a causa de cuyos reclamos se produje la represión de la pulsion.

Escena traumática: La persona se extrañó de una vivencia de esa índole y se abandono a la amnesia.

Ej: Isabel de R: Estaba enamorada de su cuñado, y fue conmovida, frente al lecho de muerte de su hermana, por esta idea (intolerable): “Ahora él queda libre y puede casarse contigo”. Esta escena se olvidó en el acto, y luego apareció una parálisis. Esta es un retorno de lo reprimido en el cuerpo. Esta diciendo: “No podes dar un paso”.

La reacción psicotica hubiera sido desmentir el hecho de la muerte de su hermana.

Psicosis:

Primer paso: Arranca al Yo de la realidad.

Segundo paso: Quiere indemnizar los perjuicios y reestablece el vinculo con la realidad a expensas del Ello. Este paso presenta el carácter de reparación. Quiere también compensar la perdida de realidad, por medio de la creación de una realidad nueva.

Neurosis y psicosis: En ambas, el segundo paso, sirve al afán de poder del Ello, que no se deja constreñir por la realidad. 

Tanto neurosis como psicosis expresan la rebelión del Ello contra el mundo exterior; expresan su displacer o su incapacidad para adaptarse al apremio de la realidad. 

Neurosis y psicosis se diferencian mucho mas en la primera reacción, que en el subsiguiente ensayo de reparación.


Resultado final:

  • Neurosis: Se evita, al modo de una huida, un fragmento de la realidad.

           La obediencia inicial es seguida por un posterior intento de huida.

           No desmiente la realidad, se limita a no querer saber nada de ella. Ej: Amnesia.

  • Psicosis: Se reconstruye ese fragmento de la realidad.

          A la huida inicial sigue una fase activa de reconstrucción.

          Desmiente, niega la realidad y procura sustituirla. Crea una nueva realidad.

Conducta sana: Conducta que aúna determinados rasgos de ambas reacciones: que, como la neurosis, no desmiente la realidad, pero, como la psicosis, se empeña en modificarla. Esta conducta lleva a efectuar un trabajo que opere sobre el mundo exterior, y no se conforma, como en la psicosis, con producir alteraciones internas. Es aloplastica.

Pero tampoco en la neurosis faltan intentos de sustituir la realidad indeseada por otra mas acorde al deseo. La posibilidad de ello la da la existencia de un mundo de fantasía.

Para ambas, no solo cuenta el problema de la perdida de realidad, sino el de un sustituto de realidad. Freud pone aquí el acento en el modo en que cada una sustituye esa realidad; ya no en el lugar donde se sitúa el conflicto.

Psicosis: Se le plantea la tarea de procurarse percepciones tales que correspondan a la realidad nueva, lo que se logra de la manera mas radical por la vía de la alucinación.

Analogía entre neurosis y psicosis: En ambas, la tarea que debe acometerse en el segundo paso fracasa parcialmente, puesto que: 

  • En neurosis: No puede crearse un sustituto cabal para la pulsion reprimida.

  • En psicosis: La subrogación de la realidad no se deja verter en los moldes de formas satisfactorias. 


Pero los acentos se distribuyen diversamente:

  • En psicosis: El acento recae íntegramente sobre el primer paso, que es en si patológico y solo puede llevar a la enfermedad.

  • En neurosis: Recae en el segundo, el fracaso de la represión. El primer paso puede lograrse a veces en el marco de la salud.