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jueves, 18 de septiembre de 2025

¿Cuál es la posición en Argentina respecto al cultivo de marihuana?

 En Argentina no es ilegal cultivar y consumir marihuana en el ámbito privado para uso personal, siempre y cuando no haya afectación a terceros y no se esté promoviendo la comercialización. Esta postura se apoya principalmente en el fallo “Arriola” de la Corte Suprema (2009), que declaró inconstitucional penalizar la tenencia de drogas para consumo personal en el ámbito privado.

Sin embargo, hay matices importantes:

Lo que no se penaliza (según jurisprudencia):
  • Tener plantas o marihuana para consumo personal

  • Consumir en tu casa, sin afectar a otras personas

  • Si hay una cantidad razonable que no sugiere venta ni distribución

Lo que puede generar problemas legales:
  • Tener una cantidad que supere lo considerado razonable para consumo personal

  • Tener plantas en cantidad o condiciones que sugieran tráfico o producción con fines comerciales

  • Fumar en espacios públicos, especialmente si hay menores o afecta a otros

  • Tener plantas a la vista de vecinos (puede haber denuncias)

  • Venta o entrega a terceros, incluso sin dinero de por medio

🌿 Ley 27.350 (Cannabis medicinal)

Además, desde 2020 existe un registro nacional de cultivadores (REPROCANN) que permite a personas inscriptas cultivar legalmente marihuana con fines medicinales, bajo receta médica. No aplica para uso recreativo, pero muchos pacientes lo utilizan para regularizar su cultivo.

Cultivar y consumir en tu casa, de forma discreta y para uso personal, no es penalizado hoy por hoy, pero no está expresamente legalizado para uso recreativo. Hay una zona gris, y el trato depende del contexto, la cantidad y la interpretación del juez si llegara a haber intervención judicial.

La cantidad que se considera "razonable" para consumo personal de marihuana en Argentina no está definida por ley de forma exacta, lo que deja margen a la interpretación judicial. Sin embargo, en la práctica judicial y policial, suelen considerarse varios factores para evaluar si se trata de tenencia para consumo personal o con fines de comercialización.

📦 Cantidad orientativa (según casos judiciales y práctica forense)

Aunque no es oficial ni uniforme, se suele considerar razonable:

  • Hasta 15-20 gramos de marihuana seca

  • 1 a 3 plantas en floración, si están en un entorno doméstico, sin indicios de venta (balanzas, frascos con etiquetas, dinero, envoltorios, etc.)

Estos valores varían caso por caso. Por ejemplo:

  • Si una persona tiene 40 gramos pero en un solo frasco y declara que es su consumo mensual, puede no haber delito.

  • Si alguien tiene solo 10 gramos pero también balanza de precisión y muchos envoltorios vacíos, puede sospecharse venta.

⚖️ ¿Qué más miran jueces y fiscales?
  • El contexto (escondido o exhibido, en un ámbito privado o público)

  • La conducta de la persona (cooperativa, antecedentes, uso recreativo o terapéutico)

  • El tipo de cultivo (doméstico o con signos de producción masiva)

  • Elementos asociados al narcomenudeo (listas, fraccionamiento, comunicaciones sobre venta)

🧑‍⚖️ Apoyo legal clave: Fallo Arriola (2009)

La Corte Suprema estableció que no se puede penalizar la tenencia para consumo personal en el ámbito privado, si no se afecta a terceros. Pero no definió cantidades. Eso queda a criterio de los jueces.

💡 Consejo

Si alguien cultiva para uso personal, lo ideal es:

  • No tener plantas a la vista

  • No acumular cantidades excesivas

  • Evitar tener elementos que puedan sugerir tráfico

  • Si hay un uso medicinal, considerar la inscripción en el REPROCANN

martes, 3 de junio de 2025

Una breve historia de la reglamentación del consumo de sustancias

La reglamentación del consumo de sustancias psicoactivas es relativamente reciente en la historia humana, considerando que su uso se remonta a miles de años. Sin embargo, algunos hitos clave muestran cómo y cuándo los gobiernos comenzaron a intervenir:

En la Antigüedad y Edad Media ciertas sustancias tenían un uso ritual y medicinal: Sustancias como el opio, el cannabis, la coca y ciertos hongos fueron usados por milenios con fines religiosos, médicos y recreativos, sin regulaciones formales, aunque a veces había normas religiosas que restringían su uso.

Entre los siglos XVI al XIX, el opio, el tabaco y el alcohol se volvieron productos globales de comercio. El opio, en particular, fue protagonista de las Guerras del Opio (1839-42 y 1856-60), en las que China intentó detener su importación por parte del Imperio Británico.

Algunas ciudades en China prohibieron el opio en el siglo XVIII; también hubo intentos de controlar el alcohol en algunos países islámicos.

A finales del siglo XIX y principios del XX, comenzaron las leyes nacionales que regulaban las sustancias. Estados Unidos y países europeos comenzaron a prohibir sustancias como el opio, la cocaína y la marihuana.

San Francisco impuso la primera ley antidrogas en EE.UU. en 1875, prohibiendo los fumaderos de opio.

En 1909, en la Convención Internacional del Opio en Shanghái, se firmó el primer acuerdo internacional sobre drogas.

El primer tratado internacional para controlar sustancias como el opio y la morfina se dio en la Convención de La Haya en 1912. Este fue el inicio de un marco legal global.

En 1961 tuvo lugar la Convención Única sobre Estupefacientes (ONU), donde se estableció una lista global de drogas ilegales y centralizó el control bajo las Naciones Unidas. Allí se sumaron la marihuana, el LSD, la heroína, entre otros.

Desde entonces, el enfoque ha variado entre la represión penal (como en la "Guerra contra las Drogas" en EE.UU. desde los años 70) y modelos más recientes basados en la salud pública y la despenalización (como en Portugal o Uruguay).

lunes, 3 de julio de 2023

Las Adicciones. El Tóxico: ¿Por qué es una anestesia al dolor de existir?

S. Freud se ocupó del sufrimiento humano desde el comienzo hasta el final de su obra.

En el “Proyecto de Psicología para Neurólogos” (1895) nos dice que el ser humano nace en un estado de plena indefensión.

El Otro de los primeros cuidados será el “auxilio ajeno” que necesita el sujeto para sobrevivir. En principio y fundamentalmente -a través de su libido amorosa, vehiculizada por el lenguaje- le brindará al infante una barrera de protección frente a su total inermidad y desamparo.

El Otro de los primeros cuidados interpretará, a partir de sus propias significaciones, aquello que supone que el bebé necesita.

Tanto el campo de la necesidad biológica como la inundación de estímulos del exterior -frente a los cuales el bebé está falto de recursos- se convertirán en marcas, huellas, que están en la base del dolor psíquico en los seres humanos.

Clave Clínica para entender las adicciones

Esta huella del dolor psíquico se borrará -con mayor o menor intensidad- dependiendo de cómo se ha configurado la estructura psíquica de cada sujeto en particular.

El sujeto estructurado en el campo de la neurosis, posee un aparato psíquico que cuenta con mecanismos defensivos para hacer frente a la irrupción de sus propias pulsiones, del Superyó (campo del Ello) y de aquello que le llega de la realidad exterior.

Los mecanismos defensivos le permiten hacer frente al mundo interior y exterior, a través de sus creaciones: desde el síntoma a la sublimación.

Para muchos sujetos neuróticos, el recurso al síntoma y/o a la sublimación como vía de realización de deseo, no resulta viable. ¿Por qué? Porque cada sujeto se estructuró de manera diferente, de acuerdo a los múltiples avatares que comienzan desde el encuentro con el Otro de los primeros cuidados.

Existen sujetos en donde el dolor psíquico, ocasionado por el desamparo y la indefensión de los orígenes, no pudo ser borrado lo suficiente.

Esto se convierte en la causa principal que impide que los mecanismos defensivos -que se construyen a posteriori- tengan la adecuada solidez para defenderlo del mundo exterior e interior.

Sigmund Freud tiene la agudeza de definir a tantos sujetos, cuya estructura psíquica neurótica ya está configurada, como siendo portadores de una subjetividad con “mayor sensibilidad”.

El desamparo originario, ese “estar en falta” estructural, no pudo ser borrado lo suficiente. El dolor psíquico queda a “flor de piel” y los mecanismos defensivos posteriores terminan siendo débiles para defenderlos del peso de la realidad interior y exterior.

El tóxico como anestesia al “dolor de existir”:

Dichos sujetos, que han quedado con “mayor sensibilidad” frente al desamparo originario, -nos dice Freud- necesitan un “quita penas” para taponar esa carencia primaria, a modo de suplemento que les permita tolerar el peso de la realidad exterior y el embate de sus pulsiones y del Superyó.

Las adicciones tóxicas: “Recuperar al sujeto”

El abordaje psicoanalítico en el vasto campo de las adicciones tóxicas se dirige al sujeto en su singularidad y no al objeto de consumo.

El psicoanálisis, así nos lo enseña Freud, anula la pretensión de ser un universal que borra otras disciplinas y/o recursos terapéuticos que puedan contribuir al tratamiento del sufrimiento humano.

¿Qué significa dirigirse al sujeto?

Dirigirse al sujeto significa, en principio, tener en cuenta que es un ser único y que su problemática clínica está atravesada por el sufrimiento psíquico, el cual se expresa con diferentes modalidades.

La práctica clínica constata que, en el caso de las adicciones tóxicas, resulta frecuente encontrarse con un sujeto que posee insuficientes recursos simbólicos para arreglárselas con el empuje constante (Drang) de nuestras pulsiones.

¿Qué consecuencias trae poseer pocos recursos simbólicos para defenderse del Drang -empuje pulsional-?
 
Partimos de la premisa de que el Ello pulsional exige una satisfacción directa sobre el psiquismo y el cuerpo. Si el sujeto cuenta con insuficientes recursos simbólicos -como lo es el déficit del mecanismo de la represión- se sentirá desbordado, apremiado y, lo que es más aún, obligado a satisfacer de inmediato y brutal-mente sus pulsiones y los mandatos despiadados y sádicos del Superyó.

Registro de lo Real vs. Registro de lo Simbólico

El Ello pulsional y el Superyó Registro de lo Real, pretende una total satisfacción de las pulsiones, de manera “cash” -directa-, exige así que se pase por alto el “no todo se puede”: la castración, la falta, la Ley. Registro de lo Simbólico.

¡¡Importante!! El tóxico se hará un lugar en la vida del sujeto cuando el Registro de lo Real pulsional triunfa sobre el Registro Simbólico del inconsciente.

El círculo mortífero del tóxico

Por un lado, el tóxico actúa como una barrera real que intenta aliviar el doloroso impacto del torrente pulsional sin límite. Mientras que, por otro lado, su acción anestésica es limitada, de corto plazo, a consecuencia de lo cual esclaviza al sujeto a un consumo que, por volverse autodestructivo para la psiquis y el cuerpo, es vivido con un enorme malestar y sufrimiento.

Etimología de la palabra “adicto”: el vocablo latino “addictus”, designó en tiempos antiguos a un hombre “entregado a otros” en calidad de esclavo temporal o permanente, como pago por enormes deudas.

Intervenciones Clínicas

El psicoanálisis apunta al sujeto que sufre -por estar esclavo del tóxico-, sin juzgar ni pretender educar, menos que menos re-educar.

El tóxico cumple la función de suplir el déficit de recursos simbólicos del sujeto. Nuestra apuesta y orientación terapéutica será que dicho sujeto encuentre, en la transferencia analítica, eslabones simbólicos para ligar el campo de sus pulsiones y del Superyó en su vertiente cruel y aniquilante del sujeto.

El psicoanalista, advertido de que hay sujetos cuya estructura psíquica y corporal es más porosa, más “sensible” a los afectos desestructurantes vinculados al desamparo originario, intentará:

✅ Construir una lectura de los avatares y vicisitudes de la historia libidinal del sujeto.

✅ Hacer de esta lectura del campo libidinal un cifrado en palabras del dolor psíquico a flor de piel, que operen como su cicatriz.

✅ Será el analista mismo -desde su posición, y en transferencia- el que se situará fuera del campo de los mandatos crueles del Superyó, disfrazados de una moral que señala -desde afuera- el “Bien” para el sujeto, sin que él pueda participar con su deseo (Registro de lo Simbólico).

✅ El analista, desde su posición de escucha activa, intentará ayudar al paciente a poder hablar, a confiar en la palabra y en el sentido que se halla cifrado en su compulsión.

✅El analista -vía su presencia y su palabra- conectará al sujeto adicto al tóxico con la dimensión de la espera, esa pausa que se hace posible y tolerable si el Otro ofrece su presencia y su cuerpo.

Apuntar al sujeto, al armado de sus propios recursos simbólicos que tengan la capacidad de ligar sus pulsiones en estado puro, es la apuesta de un psicoanalista, que puede y debe -si es necesario- actuar en inter-disciplina para ayudar al sujeto que sufre.

“La castración quiere decir que es preciso que el goce sea rechazado, para que pueda ser alcanzado en la escala invertida de la Ley del Deseo” - J. Lacan.*

*Texto: “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”

La apuesta es comenzar una elaboración psíquica del dolor del desamparo, que permita hacer lugar a los recursos del sujeto para vivir una felicidad “limitada pero posible”, del lado de la vida; tal como nos lo plantea Freud en “El malestar en la cultura”.

domingo, 31 de julio de 2022

Toxicomanías y lazo social

 Desde que empecé a beber me convertí en una alcohólica. Siempre he  

sabido que si me metía con la heroína la escalada sería más rápida...  

Carecemos de un Dios. Este vacío que se descubre un día en la  

adolescencia, nada puede hacer que jamás haya tenido lugar. El alcohol ha  

sido hecho para soportar el vacío del universo, el mecimiento de los  

planetas, su rotación imperturbable. El alcohol nos consuela, no amuebla  

los espacios psicológicos del individuo, sólo sustituye la carencia de Dios... 


Margerite Durás. El alcohol. La vida  

material

 

Diego Moreira 

damoreira@yahoo.com 

Rita Pousa 

Psicología UBA

 


Toxicomanías - subjetividad - lazo social - verdad


Introducción 


Nos demoramos en este escrito para la indagación —y no es una empresa fácil— de conceptos y juicios que dan cuenta de la producción, la distribución y la interdicción de gozo en las toxicomanías. ¿En qué contexto? En el de las sociedades de control, en términos de Deleuze, lo molecular y lo molar, —la micro y la macropolítica—, exigidas por el discurso capitalista —una inversión del discurso del amo. (Lacan, 1969/70)

La Resolución de Frankfurt de Ciudades Europeas sobre política de drogas de 1990 es reducible a una frase tan consabida por todos que casi es innecesaria: el fracaso de la sociedad de consumo ante la ingesta y el abastecimiento de sustancias. A esa resolución pertenece el siguiente párrafo: 

"El intento de eliminar tanto el suministro como el consumo de drogas en nuestra sociedad ha fracasado. La demanda de drogas continúa al día de hoy, a pesar de todos los esfuerzos educativos, y todo indica que tendremos que seguir conviviendo con la existencia de drogas y consumidores de drogas en el futuro". 

Pero esta sagaz observación ¿era acaso inevitable? O la vertiginosa adicción de masas en su telaraña ¿es una situación lógica e inherente a la sociedad de consumidores, propia del capitalismo financiero o ficticio?

(...) 

Subjetividad y economía 


Es aquel, a lo que parece, el lugar para las preguntas sobre el horizonte de la época. Incluye en principio a un sujeto contable, sin lazo comunitario, que no puede menos que recalar en la teología de un capitalismo que procura la concentración, al mejor estilo del Urvater freudiano o padre terrible. Así, para la OXFAM (Confederación internacional) el proceso de acumulación de capitales sigue el siguiente itinerario: hacia el año 2010, 288 personas tenían la misma riqueza que la mitad más pobre; luego 177 en el año 2011, 159 en 2012, 92 en 2013, 80 en 2014 y 62 en 2015. Pero en el 2017 solo 8 personas (8 hombres y sus familias) tenían la misma riqueza que 3.600 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad. La concentración de riquezas prosigue de manera inexorable.

¿Qué significa exactamente este proceso de transferencia y acumulación de riquezas? 

No lo sabemos y no lo hemos sabido nunca es la respuesta. Pero quizás, entre las cosas más notorias de Milton Friedman —premio nobel de economía— esté el extraño enlace que este establece entre Estado y cartel de drogas. Efectivamente, hacia 1991, en una entrevista llevada a cabo en el Foro Americano sobre Drogas, Friedman sostuvo que si se observa la guerra contra las drogas (se refiere al gobierno de Estados Unidos) desde un punto de vista puramente económico, el papel del gobierno es proteger al cartel de las drogas. Esta es la realidad, literalmente. En un libre mercado normal hay miles de importadores y exportadores. Cualquiera puede entrar en el negocio. Pero es muy difícil que un pequeño empresario pueda dedicarse al negocio de importación de drogas, porque nuestros esfuerzos por impedirlo esencialmente lo hacen enormemente costoso. Así que la única gente que puede sobrevivir en ese negocio es ese tipo de gente como el cartel de Medellín, que tienen suficiente dinero como para tener flotas de aviones, métodos sofisticados y cosas así. Además de eso, al no permitir esos productores y arrestar, por ejemplo, a los cultivadores locales de marihuana, el Gobierno mantiene alto el precio de esos productos. ¿Qué más querría un monopolista? Tiene un gobierno que se lo pone muy difícil a todos sus competidores y mantiene alto el precio de sus productos. Es como estar en el cielo. 

Es, pues, oportuno recordar que Friedman consideró que en la actualidad con el oro blanco acontece algo similar a lo que ocurría en la época de la prohibición del alcohol (Zaiat, 2009). 

Lacan (1953, p. 309) en "Función y campo de la palabra y del lenguaje" recurre a un sintagma singular que incluye en un conjunto el discurso social y la subjetividad: 

"Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época. Pues ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico? 

Que conozca bien la espira a la que su época lo arrastra en la obra continuada de Babel , y que sepa su función de intérprete en la discordia de los lenguajes."

Establecemos una historia de las toxicomanías, cuyo inicio podemos fechar y relacionar, de acuerdo a una lectura macro política, con la invasión de Indoamérica y con la constitución de la droga en mercancía. De esta manera, el concepto de toxicomanías se torna fenomenológicamente relevante.

El acceso privilegiado de las toxicomanías corresponde a su condición de mercancia —valor de cambio— y la consecuente fetichización de la droga en el contexto de la globalización de 1492. Al hacer esta aclaración y de esta suerte la droga como mercancía se ve enfrentada al problema cardinal, esto es, a la pregunta por el sentido de las toxicomanías en cuanto tal. 

Se ve, pues, con claridad que la droga, ya desde la invasión europea de América, se ha constituido en un incansable hilo sutil, en una mercancía presente en la acumulación primitiva de capitales y, desde luego, en los atesoramientos posteriores, vinculados al plusvalor, identificado estrechamente con un plus de gozar.

Ahora bien, en la época de las invasiones europeas los conquistadores encontraron que los tesoros no eran solo de minerales como el oro y la plata, sino también botánicos, como el tabaco (en quechua: sayri), la coca (en quechua: kuka) y la yerba mate (en guaraní: Ka’a). Sobre estos tres tesoros botánicos y sus cultos de veneración ha recaído una prohibición capitalista que encarece su valor en el mercado y regula el azar de la fortuna. 

Empero, esta lógica requiere necesariamente de niños, adolescentes y familias desnutridas, enfermas y/o traumatizadas por los diversos genocidios acaecidos en nuestro devenir histórico. Hay aquí, en estas forclusiones o desestimaciones, un singular anudamiento para una neurosis traumática (de guerra) colectiva en términos freudianos, o al llamado trastorno por estrés postraumático, de acuerdo con el DSM IV y V, que afectó y aún afecta a un sector importante de la comunidad indoamericana. Ante esto se apela a singulares quitapenas que en su decurso intangible procuran aliviar el sufrimiento: el alcohol y la droga. Así, el parlétre —hablanser— se encuentra atado principalmente a las drogas legales —como el vino y la cerveza— que el Estado promueve para sostener un estado de pacificación, de pobreza, de gozo tranquilizante, y que los fuerza a desvivirse por su gloria en desmedro de la comunidad.  


Prohibición, medicalización y legalización 


Ante el imperativo al consumo —y su universalización, con sus vacilaciones y matices— de las denominadas sustancias psicoactivas (SPA), la sociedad solo pudo y puede dar dos respuestas que lo perpetúan: una, la prohibición, y otra, la medicalización. Ambas convergen y se constituyen en los discursos dominantes. En los últimos años han cobrado valor otras dos respuestas: la denominada regulación por parte del Estado y la regulación —irresponsable— por parte de un mercado sujeto al ideal numérico de la pura ganancia y el endeudamiento, que ha recurrido a los recursos transgénicos aportados por la biotecnología. Así, algunas instituciones multinacionales procuran la generación de semillas transgénicas de marihuana —en un principio— con el objetivo de monopolizar su producción y comercialización. 

Nos es consabido que los mercados de drogas sostienen la producción. Mientras los mercados de las drogas tradicionales se estabilizan (cocaína, heroína y cannabis), se incrementa el consumo de los estupefacientes sintéticos.

Pero vayamos a las dos primeras respuestas propias del pensamiento eurocéntrico. El paradigma prohibicionista, según el “Diario de sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación” de marzo de 1989, considera que “el adicto suele ser un medio de difusión del vicio [del lat.: vitíum. “Hábito de obrar mal” (RAE, 2011)] a quien no se le puede dar ventajas”. Por lo tanto, es necesario proteger a la comunidad de uno de los más “terribles azotes” que atentan contra la salud pública. 

Pero ¿cómo operaría este flagelo? Un grupo de especialistas de la Organización Mundial de la Salud, en 1957, explicó que este actúa por “contagio psíquico”. Entonces, como se trata de una enfermedad contagiosa —del lat.: contagiosus. “1. adj. Dicho de una enfermedad: que se pega y comunica por contagio” (RAE, 2011)— se transpone el método epidemiológico correspondiente, se legisla y se procede en consecuencia.

Hacia la década del treinta en Argentina se abrió la puerta a los procesos represivos. Esa puerta que se abrió a la represión dio entrada a los diversos errores de abordaje posteriores. Así, a un problema de salud mental se lo retiró de su contexto y se le otorgó una naturaleza penal. Artificios y candor cierran toda posibilidad de resolución. Y ahí está el decir de Eugenio Zaffaroni (2012): la solución penal no funciona. 

Por otra parte, en los sesenta se destacó una contracultura cuyo texto más límpido y comprensible se oponía al oscurantismo del paradigma prohibicionista. 

Mientras Argentina sigue en su laberinto, tuvo de todo: "La época legal hasta los años veinte, la etapa de seudocontrol hasta los sesenta, la persecución al consumidor hasta fines de los ochenta y la llegada de los cárteles a partir de los noventa” (Federico, M. y Ramírez, I, 2015). 

Sobre el paradigma prohibicionista, y desde la teoría del derecho, Eugenio Zaffaroni (2012/13) afirma: "Los tóxicos han traído una serie de problemas pero no sé si los problemas son más de los tóxicos que de su prohibición (...) El resultado de la política prohibicionista a lo largo de décadas es nefasto".

Por su parte, la medicalización, una invariante cultural occidental —enlazada al eurocentrismo—, se basa en un criterio médico-epidemiológico por el cual las toxicomanías son el resultado de la articulación de tres factores: a] el agente, b] el huésped y c] el medio en el que estas se desarrollan. La droga cumple la función de agente, el consumidor es el huésped y el contexto familiar, social, económico y cultural conforman el medio. 

Entonces, y con audacia, el pensamiento eurocéntrico y liberal argentino enlazado a la medicalización y, desde luego, a la prohibición, se organiza en función del imperativo de Sarmiento. Este considera al continente americano como el cuerpo y a Europa como el espíritu que, en su afán y con sutileza —yo diría, incluso, con astucia—, construye la historia y su centro.

(...) 

Ahora bien, para estos discursos dominantes la droga es la que genera daño (dependencia y deterioro físico, psíquico y social) y, en ese sentido, se comporta como un virus que ataca y destruye el organismo. En esta misma concepción se piensa al adicto como esencialmente adicto. Esta esencia se incluye en su organismo y en sus condiciones biológicas. 

Los medios masivos de comunicación y las estrategias políticas y discursivas de diferentes modalidades de la salud pública también suelen ocuparse de la droga como si se tratase de un problema ligado a minorías sociales y étnicas (“villeros”, inmigrantes y/o extranjeros) o a determinados momentos anímicos, como la adolescencia y la adultez joven. 


Las toxicomanías: un enigma sombrío 

(...) 

Ahora bien, para la teoría freudiana no es en la psicofarmacología de las drogas donde se encuentra el fundamento de las adicciones, ni tampoco en una supuesta esencia adictiva, ni en minorías sociales y/o étnicas, o en ciertos momentos del desarrollo, sino en la supresión de la subjetividad, mediante la implantación y la prevalencia de ciertos gozos, que son exóticos, sucesivos, y que no sirven para nada. Gozos que no son ajenos a un mercado único que consume a sus propios sujetos. Por eso la prohibición, la medicalización, incluso la legalización, son meras expresiones de la razón especuladora de oligopolios bancarios que regulan la democracia y sus valores, basados en el imperativo al endeudamiento y a las ganancias, donde el consumidor releva al ciudadano; de allí el fracaso de sus políticas. 


El amparo sombrío de la ingesta puede constituirse en el recurso —quitapenas— más descarnado y efectivo con que cuenta un sujeto para aliviar el sufrimiento del cuerpo (Freud, 1930a). Pero este método tiene para el psicoanálisis freudiano solo un valor descriptivo o fenomenológico, en tanto remite a una éstasis pulsional previa del sujeto (endógena), de carácter autoerótico, al que se le adjunta un interlocutor particular [psicótico] que ejerce su vasallaje [Freud, 1950a, 1911]. 


Se me ha abierto la intelección de que la masturbación es el único gran hábito que cabe designar “adicción primordial”, y las otras adicciones sólo cobran vida como sustitutos y relevos de aquélla. (Freud, 1950a. p. 314).

(...) 

En la incertidumbre que nos deja el enigma de las toxicomanías, en la “Sesión de Clausura de las jornadas de carteles”, ¿cómo considera Lacan a la droga? Como aquello que permite romper el matrimonio del cuerpo con el “petit-pipí”.  

Pero ¿en qué estructura se puede desplegar el acto toxicómano? En cualquiera, a saber: neurosis, perversión y psicosis, e incluso en las denominadas psicosis no desencadenadas, al estilo de James Joyce: un alcohólico. 

(...) 

Conclusiones 

Entonces —y el interrogante es inevitable— ¿qué acontece cuando el Estado procura resolver lo imposible de educar y de gobernar en nuestros niños y adolescentes mediante el recurso a la medicación? No es absurdo pretender resolver la imposibilidad de estas tareas, y menos aún en el contexto de un conjunto de estrategias y tácticas de saber y relaciones de poder que Foucault denominó biopolítica. 

(...) 

Fuente: GUÍA TEÓRICO 10-11- Pousa, R., Moreira, D. (2018). Toxicomanías y lazo social. Ficha cátedra

Glosario de términos

Verdad: La verdad es solo un residuo de los efectos del lenguaje, por lo que dice a medias sobre el gozo, ya que, si la verdad pudiera decirse, nombraría el gozo, lo cual es imposible. En este contexto, la verdad será llamada por Lacan (1969/70) “hermana del gozo”.

sábado, 30 de julio de 2022

Detección precoz del abuso y/o la adicción

Desde un punto de vista descriptivo, la detección precoz del abuso y/o la adicción puede hacerse a partir de:


a- Manifestaciones del sujeto con relación a la familia 


- Apartamiento del grupo familiar y de las actividades en conjunto.

- Carencia de dialogo

- Evitación de la propia vivienda. Apelación a diversos pretextos para salir.

- Equipos de música y/o televisión en funcionamiento continuo.

- Propensión a los accidentes domésticos.

- Conductas de desafío y confrontación 

- Escapadas en horas nocturnas.

- Mentiras diversas, entre ellas: donde, cuando y con quien se encuentra.

- Fugas del hogar, a veces, durante varios días.

- Variaciones del estado de animo (entre la euforia y la depresión).

- Transgresiones de las normas de transito.

- Dificultades para programar actividades con varios días de anticipación.


b- Manifestaciones del sujeto con relación a los amigos.


- Vínculos frágiles y cambiantes.

- Amistades habitualmente desconocidas para los padres.

- Extrañas llamadas telefónicas.

- Evitación de las personas que no pertenecen al circulo personal.

- Pasan las noches con amigos.

- Actividades solitarias.

- Los amigos no suelen ser llevados a la casa. Los lugares de encuentro son las plazas, videos, o bares.

- Los amigos, la mayoría de las veces, se llevan mal con los padres, a los cuales se les  atribuye la culpa de las dificultades de relación.


c- Manifestaciones del sujeto con relación a los estudios.


- Transgresiones y expresiones agresivas

- Disminución del rendimiento en la escuela   

- Inasistencias habituales.

- Llegadas tardes. 

- Se  suelen mostrar adormecidos

- Habitualmente faltan a las clases de educación física.

- Suelen enfermarse y retirarse de la actividad

- En los recreos, con frecuencia, se aíslan en baños o en lugares cerrados

- Procuran dar lastima para evitar criticas.


d- Manifestaciones del sujeto con relación a la religión


- Ausencia de creencias

- Aparentan cierta religiosidad


e- Manifestaciones del sujeto con relación al trabajo


- Propensión a los accidentes laborales.

- No trabajan, o sus actividades son sumamente inestables.

- Aunque no trabajan, siempre tienen algún dinero, obtenido en changas o trueque.

- Cuando consiguen trabajo, no lo mantienen.

- Cotidianamente faltan al trabajo, con el pretexto de encontrarse enfermos.

- Con frecuencia olvidan lo dicho o hecho tiempo antes.

- Recurren a un lenguaje particular, donde abundan términos como: “flash”, “merca”,  “porro”, entre otros.

- Habitualmente y luego del trabajo aparece una hora de euforia.

- Legalidad supletoria: se trata de un conjunto de excusas con las que pretenden justificar sus actos.


f- Manifestaciones del sujeto con relación a sí mismo


- Baja autoestima y profunda desvalorización.

- Dieta inadecuada.

- Poca tolerancia a la frustración.

- Presentan un estado de cansancio, letargo y sopor.

- En otros momentos se muestran hiperactivos.

- Dificultades para hablar.

- Problemas para conciliar el sueño.

- Deterioro de la salud en general.

- Descuido de la higiene personal.

- Falta de ganas e interés.

- Carencia de proyectos y perspectivas de futuro.

(Fuentes consultadas: Centros preventivos escolares, Pcía. de Bs.As.; DSM IV; Moreira, 1995).

martes, 8 de febrero de 2022

Consumo de sustancias: abordaje clínico.

Abordar la toxicomanía desde el psicoanálisis implica concebirla como un modo particular de satisfacción, diferente de la dependencia biológica propia de la concepción biologicista en relación al acto toxicómano. De esta manera, la cuestión se centra en el consumo y no en el objeto del que se trata, qué relación arma ese sujeto con el objeto en cuestión. No es lo mismo un objeto que otro, por supuesto, pues los distintos objetos tienen particularidades que los hacen preferibles en el caso por caso y el analista debe intentar comprender la relación particular que hay allí. Nos preguntamos, entonces, ¿De qué característica se reviste esa relación al objeto?

En Más allá del principio del placer (1920), Freud describe el concepto de repetición. En el juego fort-da del nieto de Freud, el niño tira de un carretel y lo recupera tirando de un hilo, mientras articula la oposición fort (‘allá’, ‘fuera’), da (‘acá’), sostenida en la ausencia del objeto. El niño manifiesta una felicidad mayor cuando lo expulsa que cuando lo recupera. Freud interpreta que este juego de repetición de la pérdida, es un intento de elaborar la ausencia.

En una nota al pie del mismo texto, Freud describe cómo, mediante este juego, el niño corre su imagen del espejo; descubriendo que puede salirse y no estar:

“Un día que la madre había estado ausente muchas horas, fue saludada a su regreso con esta comunicación: ‘¡Bebé o-o-o-o!’; primero esto resultó incomprensible, pero pronto se pudo comprobar que durante esa larga soledad el niño había encontrado un medio para hacerse desaparecer a sí mismo. Descubrió su imagen en el espejo del vestuario, que llegaba casi hasta el suelo, y luego corrió el cuerpo de manera tal que la imagen del espejo ‘se fue’.”

Lacan, en la clase 5 del Seminario 14 (1964) propuso una lectura diferente a la de Freud, indicando que el carretel es el niño, identificado a un objeto, arrojando el objeto fuera de la mirada del Otro, festejando una existencia por fuera del campo del Otro.

“Freud, cuando capta la repetición en el juego de su nieto, en el fort-da reiterado, puede muy bien destacar que el niño tapona el efecto de la desaparición de su madre haciéndose su agente, pero el fenómeno es secundario. (...) La hiancia introducida por la ausencia dibujada, y siempre abierta, queda como causa de un trazado centrífugo donde lo que cae no es el otro en tanto que figura donde se proyecta el sujeto, sino ese carrete unido a él por el hilo que agarra, donde se expresa qué se desprende de él en esta prueba, la automutilación a partir de la cual el orden de la significancia va a cobrar su perspectiva.

El carrete no es la madre reducida a una pequeña bola (...) -es como un trocito del sujeto que se desprende pero sin dejar de ser bien suyo, pues sigue reteniéndolo. Esto da lugar para decir, a imitación de Aristóteles, que el hombre piensa con su objeto.(...) en el objeto al que esta oposición se aplica en acto, en el carrete, en él hemos de designar al sujeto, a este objeto daremos posteriormente su nombre de álgebra lacaniana: el a minúscula.”

El ejemplo del fort-da le permitió a Lacan ubicar un paso de la constitución simbólica en el niño: El niño, mediante el juego del fort-da, “Busca aquello que, esencialmente, no está, en tanto que representado -porque el propio juego es el Repräsantanz de la Vorstellung.”

Por otra parte, en la clase 18 Lacan estuvo en contra de la posturas de que el fort-da fuera un ejemplo de simbolización primordial ó de la función de dominio que se le atribuyó, asociando tanto al fort como al da al nivel de la alienación.

Si el pequeño sujeto puede ejercitarse en este juego del fort-da, es precisamente porque no se ejercita del todo, pues ningún sujeto puede captar esta articulación radical. Se ejercita con ayuda de una pequeña bobina, es decir, con el objeto a. La función del ejercicio con ese objeto se refiere a una alienación y no a un cualquier y supuesto dominio, del que no vemos en qué lo aumentaría una repetición indefinida, mientras que la repetición indefinida en cuestión saca a luz la vacilación radical del sujeto.

Si en el juego del fort-da el sujeto no se ejercita del todo, sino con la ayuda de un objeto imaginario, ¿Es posible pensar que el objeto droga pueda prestar ayuda semejante, allí donde aún no está acabada la simbolización? En Cierre de las Jornadas de Estudio de Carteles de la Escuela Freudiana (1975), Lacan dio una definición del uso de la droga por parte del sujeto, relacionándola con la angustia:

La angustia está muy precisamente localizada en un punto [...] que el hombrecito o la futura mujercita se da cuenta [...] que está casado con su pija. [...] es lo que generalmente se llama pene o pito, y que se infla cuando se dan cuenta que no hay allí nada mejor con que hacer falo. Pero si hay algo que en los cinco psicoanálisis está hecho para mostrarnos la relación de la angustia con el descubrimiento del pequeño-pipí [...], porque hablé de matrimonio, y todo lo que permite escapar a ese matrimonio evidentemente es bienvenido, de allí el éxito de la droga, por ejemplo, no hay ninguna otra definición de la droga que  ésta, es lo que permite romper el matrimonio con el pequeño pipí”

Bajo esta definición, no puede dejar de compararse la paradoja que tanto en el fort-da como en la fijación, lo que paradójicamente está en juego es una ruptura. No obstante, este intento se repite. ¿Qué es lo esencial de la repetición? Freud ya había detectado en “Más allá...” que lo que está en juego en la repetición es energía no ligada, no enlazada a las representaciones. En el seminario 11, Lacan propone pensar la repetición en los términos aristotélicos de tyche y automatón. El automatón es el funcionamiento de la cadena significante, bajo el principio del placer, en el marco de lo simbólico. La tyche, como falla,  un más allá, un real imposible de reducirse por la vía significante. De esta manera, la repetición tendrá un costado simbólico, relacionado con el significante, y otro que se articula con el objeto. Lo real, más allá del significante, se actualiza con la repetición y es lo que Lacan “no cesa de no inscribirse”.

El tema de la repetición en cualquier compulsión nos coloca en la pista del goce, que es el nombre de la satisfacción pulsional. La pulsión está organizada por los significantes de la demanda inconsciente y desde el grafo del deseo en El Seminario 5 (“Las formaciones del Inconciente”), Lacan estableció que la fórmula de la demanda es la misma que la de la pulsión, que es la que ubica en el piso superior del grafo: $◊D. Lacan (1957-58) explica su lógica en el seminario 5: 

”Si escribo $ con respecto a la demanda, ($◊D)…no prejuzga nada en cuanto al punto de ese pequeño cuadrado donde interviene la demanda propiamente dicha, es decir, la articulación de una necesidad en forma de significante”  (p. 448)

De esta manera, la satisfacción pulsional tiene que ver con un cuerpo sustancialmente modificado por la operación del significante, que a su vez es la misma que introduce la dimensión de pérdida, como corte significante, y la pérdida abre la posibilidad de búsqueda del deseo. No obstante, según nuestro desarrollo, lo que está en juego en las adicciones es una pérdida que no ha terminado de inscribirse. ¿Pero de qué pérdida se trata?

En el seminario X, Lacan situó una lógica acerca de la constitución subjetiva neurótica, proponiendo la siguiente fórmula en el seminario 10 (p.36):


El primer nivel se refiere a un tiempo lógico (no cronológico) en el que hay un Otro (A) y un sujeto (S) por venir. El segundo nivel intenta formalizar la eficacia de una operación, que en términos freudianos podríamos llamar Ley de prohibición del incesto o en términos lacanianos, la eficacia de la metáfora paterna. La eficacia de esta operación hace producir un doble resultado: tanto el sujeto como el Otro estarán en falta ó “barrados”. Lacan dice que esto representa la idea de inconsciente en tanto lugar del significante (p. 32) , pero también podemos leerlo como el otro en falta por eficacia de la metáfora paterna. El último nivel, lo que se encuentra es un resto de la operación de constitución de un sujeto en el campo del Otro: el objeto a.

Del extenso desarrollo que tiene el concepto a, diremos únicamente dos cuestiones. La primera, es que escapa a la simbolización. La segunda, es que debe permanecer perdido para funcionar como causa de deseo. En la clase 14 del seminario 10, Lacan dice:

a simboliza aquello que, en la esfera del significante, siempre se presenta como perdido, como lo que se pierde para la significantización. Ahora bien, justamente ese desecho, esa caída, lo que resiste a la significantización, viene a constituir el fundamento como tal del sujeto deseante, no ya del sujeto del goce, sino del sujeto en tanto que por la vía de su búsqueda en tanto que goza, que no es búsqueda de su goce sino un querer hacer entrar ese goce en el lugar del Otro como lugar del significante, es allí, por esa vía, que el sujeto se precipita, se anticipa como deseante.

En la clase 3 del mismo seminario Lacan había recomendado volver al texto freudiano “Lo siniestro” para poder abordar la cuestión de la angustia. De esta manera, indicará que la angustia aparece en la medida que “falta la falta”, en la medida que:

si de pronto viene a faltar toda norma, es decir lo que constituye la falta —pues la norma es correlativa de la idea de falta— si de pronto eso no falta —y créanme, traten de aplicar esto a muchas cosas— en ese momento comienza la angustia.

Es decir, de lo que se trata es que el sujeto no sea ese objeto que complete al Otro, objeto que está perdido. De esta manera, dice Lacan, en el seminario 10 (p. 64):

"no es la nostalgia del seno materno lo que engendra angustia, sino su inminencia" (...) "Lo más angustiante que hay para el niño se produce, precisamente, cuando la relación sobre la cual él se instituye, la de la falta que produce deseo, es perturbada, y ésta es perturbada al máximo cuando no hay posibilidad de falta" .

De la compulsión al síntoma

Lacan propone dos formulaciones respecto del síntoma, por un lado “los síntomas hablan”; así se conceptualiza  el descubrimiento freudiano en la medida en que en ellos se pone de manifiesto una verdad que es singular y fundante para cada sujeto, dando cuenta que el síntoma vela y revela al mismo tiempo. Inicialmente esta verdad se presentará como un significante reprimido, como capitulo tachado o arrancado de un texto.

Lacan en sintonía con esta concepción freudiana, a comienzos de su obra, postula que el síntoma es la metáfora de una “palabra amordazada” que no llega a decirse, pero que puede recuperarse en la cura, dejando de lado lo real.

Posteriormente, en un segundo momento, el concepto de verdad ya no es un significante reprimido, sino como aquello que queda inevitablemente excluido de toda articulación significante; como aquello que no puede ser dicho cuando algo se dice. De este modo el mito y el enigma son el paradigma del decir  de la verdad.

De este modo se articula así síntoma y verdad, el síntoma vehiculiza una verdad poniendo en evidencia un saber reprimido y a la vez aquello que excede toda verdad, esa verdad es la de aquello que se excluye de todo saber, el síntoma pasa a ser también lo que se opone a todo intento de totalización del saber. El síntoma se transforma como obstáculo que interpela la pretensión estructural y hegemónica de todo saber.

Se define poder como un saber que se erige como verdad; con esta disquisición el síntoma quedará como oposición al poder, lo que no anda, lo que indica el fracaso de esa pretensión.

Dicho esto, ¿cómo podría pensarse la clínica desde la intención y la extensión del psicoanálisis? En la intención clínica de lo singular, el poder del que se trata es el que conceptualizamos relacionado con la función paterna. El aspecto per-verso de esta tiene, en la extensión, su equivalente en la resistencia de los poderes, que intentan denigrar o aplastar todo aquello que no anda en la cultura y en las instituciones, quitándole al síntoma su valor creativo de denuncia y de verdad.

Otro aspecto del síntoma conceptualizado por Freud, es como de compromiso entre defensa y satisfacción, satisfacción de lo pulsional llamado goce,  paradójicamente el síntoma cuestiona al poder, la satisfacción pulsional brinda un asidero gozoso, aunque precario y conflictivo y al mismo tiempo refugio y protección. De este modo se comprende que “sufrir” la preponderancia de un gobernante no impida seguir sostenién-dolo en una dicotomía: denuncia y malestar; y, oposición y sujeción gozosa. Ergo el síntoma es un recurso y a la vez un atolladero. Por sí mismo no permite una salida pero posibilita la transferencia.

La transferencia del síntoma, incluso como práctica y lazo social, abre la instancia de una lectura, posibilitara recorrer pasadizos de significantes donde se anudó un goce que produce efectos de verdad. La transferencia es una vía para lograr una transformación, que dependerá de tres factores, a saber: que el síntoma se haya podido constituir como primer recurso subjetivo; que se pueda transferir y como un tercer elemento que refiere a la dirección de la cura.

¿Qué sucede si hay fracaso del síntoma, si hay dificultad de hacer real la palabra, con el tiempo donde la palabra poco vale?. Un tiempo en el cual el síntoma no logra ser tramitado y estructurado.

La matriz desde la que Lacan trabaja el tríptico de; Inhibición (impedimento- embarazo), Síntoma (movimiento- emoción- pasaje al acto) y Angustia (turbación- acting-out) , desplegada en el seminario X, “La Angustia”; permite situar el tiempo pre-sintomático, que tiene como eje a la inhibición y abre a la dimensión del agieren freudiano, siempre presente en las adicciones: ya como acto evitado o inhibido, ya como acción de drogarse (al modo del acting-out o del pasaje al acto).

 Lacan sostiene: … “el síntomas necesita de la transferencia” para ser interpretado [para que diga su verdad], pero en principio no necesita de Uds. como el acting-out. Aquel que pudo estructurar un síntoma encuentra allí un modo de anudamiento y de sostén. El acting-out da cuenta que este proceso fracaso. Es un llamado que se exhibe en silencio para que otro se haga presente con su mirada y su poder. “Es, a diferencia del síntoma, un esbozo de transferencia, es la transferencia salvaje”.

Inhibición (impedimento- embarazo), Síntoma (movimiento- emoción- pasaje al acto) y Angustia (turbación- acting-out) no son homogéneos, y por lo tanto es preciso ubicarlos en hileras y columnas diferentes. El pasaje de uno a otro no se produce naturalmente, en la continuidad de una serie, sino que implica un salto y una operación que lo permita. La práctica adictiva es pensable como una operación y un montaje, inscriptos en la dimensión del actuar en el registro del agieren freudiano (tiene algo de acción, de actuación, de puesta en escena) el acto es lo esperado y lo evitado al mismo tiempo, en tanto siempre implica la castración.

La matriz comienza con la inhibición, se produce un recorrido que puede desembocar en la alienación (pasaje al acto) o en el desconociendo (acting-out) sin alcanzar el estatuto del síntoma. La posibilidad de intervenir cuando el impedimento o la emoción nos requieren, abren el camino a la posibilidad de transformarlo en síntoma. La turbación y el embarazo en cambio, nos dice que ya estamos ya en el borde de las patologías del acto. Cuando el sujeto permanece en estos circuitos sin acceder al síntoma, no se establece el tiempo de espera, de demora, de apertura del tiempo de comprender que aquel implica, desembocando en una locura que no se homologa a la psicosis.

Estos desarrollos nos convocan y nos interpelan en nuestra práctica clínica, por lo tanto nos preguntamos ¿es posible el análisis con sujetos que padecen estas problemáticas? Dado los cambios sociales y culturales; ¿serían necesarios ciertos replanteos de la teoría?, ¿o lo necesario sería repensar la técnica?

Siguiendo esta línea de pensamiento no debiéramos soslayar la complejidad de la adicción. Pensarla, también, desde un trabajo multidisciplinario, apoyado con un marco institucional que aloje y responda a las demandas de un sujeto que sufre y padece.

Desestabilización del fantasma y la toxicomanía como respuesta.

Todo lo mencionado anteriormente respecto del síntoma, parece confirmar que en las toxicomanías, el sujeto puede recurrir al uso de una sustancia en un momento de desestabilización fantasmática o en un momento de vacío de respuestas frente a lo que es el deseo y la demanda del Otro, momentos en los que se produce la emergencia insoportable de la angustia.

Ahora bien, resulta importante recordar que para la constitución estable del fantasma existen tres movimientos identificatorios necesarios, sin los cuales la función del fantasma fracasaría.

La  primera  identificación  es  la  precondición  del  fantasma,  y consiste  en  la  identificación  del  niño  al  falo  de  la  madre. La significación  fálica  que  la  madre  atribuye  a  su  hijo  no  es  normativa,  ya  que  puede  no  manifestarse  como  sucede  en  los casos  de  niños  autistas. 

El  tránsito  por  el  complejo  de  Edipo hace  eficaz,  en  la  madre,  a  la  operatoria  del  Nombre-del-Padre,  estabilizando  su  relación  con  la  falta  fálica,  habilitándola al  deseo  de  tener  un  hijo. 

La  madre  al  contraer  una  deuda  con su  propio  padre,  ésta  deuda opera  en  la  constitución subjetiva de  su  hijo.  Debido  a  que  el  padre  que  pone  en  falta  a  la  madre es  anterior  al  juego  edípico  del  niño,  se  considera  a  este  padre como  el  Padre  Muerto,  del  cual  Freud  habla  en  el  mito  de  la horda  primitiva.  Convocando  a  su  hijo  para  suturar  su  falta  fálica,  la  madre-cocodrilo  lo  apetece  para  tragarlo.  Pero  como esa  convocatoria  se  hace  en  nombre-del-padre,  la  madre  desiste  de  engullirse al  niño,  habilitando  al  niño  a  tragar  al  padre muerto  que  la  madre  le  transmite. 

De  allí  en  más  el  niño  estará muerto  para  el  goce  del  Otro.  La  madre  le  otorga  al  niño  la significación  fálica,  y  el  soma  biológico  infantil  se  transforma en  cuerpo  pulsional.  Pero  si  la  madre  usa  a  su  hijo  para  suturar su  vacío  fálico  a  perpetuidad,  entonces  se  bloquea  la  eficacia de  la  castración.  En  los  casos  en  donde  prima  el  goce  fálico  y no  la  significación  fálica,  la  madre  predispone  al  fracaso permanente  del  fantasma  de  su  hijo.

Sin  embargo,  la  identificación del  niño  al  falo  imaginario  nunca  es  total,  siempre  queda  un resto  que  objeta  la  alienación  completa.  Si  persiste  esta  alienación  infantil  en  el  campo  del  Otro,  el  objeto  a que  hace  mella  a  esa  sutura  se  tornará  acusador  y  superyoico, ya  que  marca  cuán  lejos  se  está  de  la  perfección  anhelada.

Pero  en  cambio,  si  ese  resto es  convalidado  por  la  madre, se  afirma  como  motor  del  juego  infantil  posibilitando  la  pregunta por el deseo del Otro. Transitar  la  segunda  identificación  con  éxito  es  otro  paso  hacia la  constitución  del  fantasma.  En  este  tramo  identificatorio  entra en  juego  la  figura  del  padre  edípico.  Ya  no  se  trata  de  la  deuda que  contrajo  la  madre  con  su  propio  padre  que  le  hizo  desear tener  un  hijo,  sino  que  se  trata  de  la  deuda  de  la  madre  hacia el  hombre  que  efectivamente  es  el  padre  de  su  hijo. 

En  este momento  resulta  crucial  que  el  padre,  como  varón  sexuado, libidinize  a  su  mujer  en  tanto  mujer  y  no  sólo  como  madre  de sus  hijos. Al  evocar  a  su  mujer  como  causa  de  su  deseo  hace posible  que  se  despliegue  con eficacia la  segunda identificación en  el  niño,  en  su  doble  vertiente:  metafórica  y  metonímica.

Gracias  a  esta  eficacia  metafórica  el  deseo  de  la  madre  ya  no consistirá  en  obturar  su  vacío  fálico  con  el  hijo  sino  que  será  el padre  quien  se  ocupe  de  satisfacer  a  la  madre.  El  falo  ya  no será  el  lugar  del  hijo,  como  en  la  primera  identificación,  sino  la razón  del  deseo  de  la  madre.  De  esta  manera,  el  deseo  de  la madre  se  transformará  en  un  enigma  para  el  niño,  que  a  partir de  ahora  intentará  encontrar  el  rasgo  común  a  todas  las  demandas  de  la  madre,  y  hallará  ese  rasgo  unario (teorizado  por Lacan)  que  lo  guiará  en  el  campo  del  Otro.

No obstante, la autora Silvia Amigo sostiene: “Si el sujeto no ha podido llevar a cabo la segunda identificación a lo simbólico del Otro real, entonces no va a poder enmarcar los agujeros del cuerpo ni constituir el marco escritura de su fantasma.” (2005, p. 26)

El narcisismo  abatido  se  recupera  gracias  a  la  acción  de  la  tercera identificación,  que  es  una  identificación  histérica  al  deseo  del otro.

La  tercera  identificación  asignará un  nuevo  narcisismo  infantil que  ya  no  estará  fundamentado  en  el  intento  de  suturar  la  falta del  Otro. Con  un  cuerpo  renarcisizado,  el  sujeto  estará  habilitado  para  catectizar  al  objeto.

Lacan en su trabajo sobre la dialéctica del deseo, plantea: 

“En ese nivel en que el sujeto intenta constituirse, situarse, en la demanda dirigida al Otro, y autentificarse como sujeto de la palabra, la operación de división se detiene, dado que el cociente que el sujeto busca alcanzar queda suspendido en presencia de la aparición, en el nivel del Otro, de ese resto mediante el cual el sujeto mismo aporta la contrapartida y viene a compensar la carencia, en el nivel del Otro del significante que le responda. (...) El fantasma no es otra cosa que ese enfrentamiento perpetuo entre la S tachada y la a minúscula”. (1958-59, p. 418)

Ahora bien, para  que  un  sujeto  descubra  cuál  es  su  deseo  es  necesario que  previamente  deduzca  cuál  es  el  deseo  del  Otro.  Ante  la formulación  de  la  pregunta  por  el  deseo  del  Otro,  el  sujeto brinda  una  respuesta  subjetiva  singular,  ésta  respuesta  es  el Fantasma.  Para  que  se  constituya  el  fantasma  es  imprescindible que el goce del Otro  no abrume al sujeto, ya  que tal  acoso impediría  que  se  formule  la  posible  pregunta  y  por  lo  tanto  no se  podría presentar ninguna respuesta fantasmática.

Durante  la  constitución  subjetiva  puede  fracasar  el  fantasma en  forma  permanente  dando  como  resultado  estructuras  clínicas  como  el  autismo  y  las  psicosis;  también  puede  suceder que  debido  a  crisis  momentáneas  se  pierda  la  disponibilidad del  fantasma  ya  conformado  de  los  sujetos  neuróticos;  y  es posible  además  que  la  respuesta  fantasmática  no  se  haya terminado  de  construir  dando  lugar  a  estructuras  que  no  son psicóticas,  tampoco neuróticas,  ni  perversas,  sino  que  consisten  en estructuras  de  borde,  neurosis  narcisistas  o  cuartas  estructuras (Amigo, S. 2005).  El  caso  clínico  que  se  expone  a  continuación pensamos que se corresponde  a  este  último  grupo e ilustra como de una manera singular hace del consumo problemático de cocaína su síntoma o respuesta ante la desestabilización de su propia construcción fantasmática.


CASUÍSTICA: CASO JUAN

Juan (42) consulta por su consumo problemático de cocaína de varios años, motivado por una pelea que tuvo con su padre, donde casi se agarran a las piñas. El conflicto se desató ante una discusión en la mesa por política, donde el padre defendía a la dictadura militar y aprovechó el momento para decirle a su hijo que él desperdició su vida, que no estudió. 

Juan vive con sus padres y comparte la habitación con su abuela. Tiene una hija a la cual no mantiene. Tiene trabajos temporales, pero cada vez que gana dinero, el consumo de cocaína se hace presente, haciéndole perder el trabajo y el dinero ganado. Juan se pregunta por qué desde los 17 años, “cada vez que las cosas se ordenan o me van bien, hago algo para que se entere mi familia: choco el auto, me drogo, me ven roto y nunca me retaron. La cago y después tengo que mentir para tapar la cagada”.

Una semana antes de la pelea se fue a hacer un estudio genético con las Madres de Plaza de Mayo, pues dice haber “muchas incongruencias respecto a mi identidad”. Una de ellas es que su hermano, dos años mayor que él, tenía un gemelo que falleció al cumplir dos años de un broncoespasmo durante la noche. Su nombre: Juan. Tras aquella pérdida, un médico le recomienda a los padres que les haría bien “generar otro hijo”. De esta manera nace Juan, portando el nombre de su hermano muerto, cosa que siempre le ha generado mucha incomodidad. “No sé cómo describirlo, yo sentía como si la mitad de mi cuerpo fuera de él”. El gemelo sobreviviente es descrito como exitoso en todo lo que hace, tomado como modelo para los padres sobre lo que Juan debería ser.

La filiación de Juan tiene otro aspecto que lo hace sospechar: según sus cálculos de, hay sólo dos meses entre el fallecimiento de su hermano y su nacimiento. Este descubrimiento lo hizo a sus 15 años, pero cobró fuerza a partir de las políticas de Estado del kirchnerismo en el 2009, referido a los desaparecidos. Desde entonces, se preguntó: ¿Cuándo murió él? ¿Quién soy yo? ¿Cómo me defino?

En un trámite, descubrió que su acta de nacimiento no existe en los registros, pues en la jurisdicción donde él nació se habían borrado los registros del ‘76 al ‘82 en la dictadura. El empleado del lugar le dice “Sos un desaparecido, un NN, no existís para la Nación Argentina”. Otra sospecha de Juan se relaciona con el enjuiciamiento de uno de sus tíos, relacionado a los militares. Imputado por secuestros, torturas y violaciones. 

Las respuestas a las preguntas de Juan, por el lado de la madre, fue que ella “lo parió”, lo cual se lo dice llorando. El padre, por su parte, le dice que es “un pelotudo”, que se quiere “hacer la víctima para no hacerse cargo de su existencia”. Se trata de un padre que siempre le ha dicho que no sirve para nada. Además, el padre de Juan también tiene su nombre mal escrito desde que lo trajeron de otro país europeo, cosa que su propia madre (la abuela paterna de Juan) no le dio demasiada importancia.

ANÁLISIS Y CONCLUSIONES

En psicoanálisis, la realidad psíquica es la que importa en el tratamiento de un paciente. En el caso, notamos la renegación acerca de la pérdida de un hijo y el intento de sustituirlo con otro. Sabemos que los nombres de las personas están relacionados inconscientemente con sus padres y sus deseos y no es un dato menor que Juan porte el nombre de su hermano muerto. Las referencias del paciente sobre esto implica sensaciones corporales que pueden ponerse en serie con lo siniestro.

Además, en su apellido (nombre del padre en francés) también se encuentran aspectos silenciados en cuanto a su origen. De esta manera, encontramos severas fallas en el ordenamiento simbólico en el que se constituye el sujeto, tanto en la inscripción de un linaje (apellido) como en su singularidad dentro de los miembros de la misma familia. 

El padre, por su parte, poco ha intervenido sobre estas cuestiones silenciadas. En su lugar, se queja de las permanentes “cagadas” que su hijo hace, que en el relato del paciente cobran un sentido de acting-out, un llamado a la función paterna, que no termina de hacerse presente. La droga, de esta manera, aparece como el intento de una distancia hacia la demanda de la madre: no ser el gemelo -muerto- de aquel hermano que le va bien en todo.

La conclusión, de esta manera, es pensar que en las neurosis el objeto de la adicción -droga, en este caso- es imaginario, pero está en el lugar de un objeto simbólico, en respuesta a una operación que no se ha realizado eficazmente: la metáfora paterna. El fort-da está en la base de la posibilidad de hacer cualquier duelo, en tanto poder interiorizar un objeto perdido y no irse por el agujero de la pérdida. En las adicciones, el proceso del fort-da está interrumpido. Allí donde el sujeto no logra desalienarse, por ejemplo, el objeto droga cumple esa función.

Conclusiones 

En este trabajo se ha realizado un breve recorrido sobre la problemática de la adicción desde la perspectiva psicoanalítica. 

Hemos tomado como punto de partida una viñeta clínica, la cual nos ha permitido pensar y reflexionar sobre conceptualizaciones que nos acercan y nos orientan a posibles abordajes clínicos.

Las adicciones, tal como es considerada  por el psicoanálisis, tiene implicancias en el orden de lo constitucional como elementos estructurantes. 

En Más allá del principio de placer,1920, Freud habla de lo que vuelve siempre al mismo lugar. Sería lo Real en Lacan. Freud dice que la tendencia de lo orgánico insiste en transformarse en inorgánico. Habla también de la pulsión de muerte, destructiva si se quiere para los que consumen.

Lacan produjo, en forma explícita, un solo comentario sobre la droga: "La única definición de la droga es esta: ella rompe el matrimonio del cuerpo con la cosita de hacer pi-pi". Lo que nos plantea el problema a resolver de la posibilidad de una ruptura con el ordenamiento fálico sin que haya al mismo tiempo forclusión del Nombre del Padre.

Por otro lado, conceptos tales como el fort-da, iluminan nuestro campo del conocimiento para comprender la clínica; abriendo a la pregunta si el objeto droga viene a sustituir algo del registro de lo simbólico, algo de ese orden que no se ha metabolizado o no ha sido pasible de ser tramitado. 

Siguiendo esta línea, la compulsión en pacientes drogadependientes impide realizar un trabajo asociativo, por lo tanto resulta escaso y en ocasiones hasta inexistente. 

Se sostiene que hay fracaso del síntoma, porque es el síntoma lo que viene a anudar aquello fallido de la función paterna, tiene una función estructurante en el sujeto. Al no poder anudar lo simbólico aparece más intrusivo lo imaginario y lo real, porque el síntoma falla en su intento de dar sentido. 

El acting indicaría que ese recurso fracaso, es un llamado que se exhibe en silencio para que el Otro se haga presente en su mirada y su poder. 

Por último, y no por ello menos importante, soy de la idea que el mercado propone y propicia nuevos modos de goce, modos de satisfacción que están en consonancia con la inmediatez del capitalismo al modo del discurso del amo. 

La importancia del tener por sobre el ser en la modernidad líquida, en términos de Bauman, encuentra al psicoanálisis en la complejidad de pensarse en su quehacer clínico. Qué posibilidad tiene de intervenir en nuevas subjetividades, cada vez más sometidas a un imperativo de goce sin un saber en el horizonte. 

Desafío que nos convoca a seguir repensando la clínica, teniendo como objetivo acompañar a los sujetos en su transformación y cambio de posición subjetiva para lograr y vivenciar bienestar anímico, lo que redundará en todas las esferas de su personalidad. En palabras de Freud, la capacidad de amar y de trabajar definirán la salud psíquica.