jueves, 1 de enero de 2026

¿Cómo intervenir con Madres y Padres en la clínica de Niños, Niñas y Adolescentes?

 - En la crianza, no hay un solo Nacimiento

Una Lectura Clínica que cambia la forma de  Intervenir.

Entender ese desarrollo es clave para leer los tres modos de transferencia con Madres y Padres. 


- ¿Qué significa nacer dos veces durante la crianza?

Como sujetos humanos, estamos destinados a experimentar, al momento de nacer a la vida, tal como S. Freud nos lo enseñara, un desvalimiento estructural (Hilflosigkeit) frente al Otro de los primeros cuidados.

El infante o adolescente depende absolutamente del Otro primordial, quien —eso es lo esperable— le brinda una “condición de existencia” real y psíquica.
Esto es posible porque ese futuro sujeto representa, para el Otro, aquello que le falta.

Estas son las condiciones estructurales necesarias y fundantes para la Constitución del Primer Nacimiento Psíquico. 


- El Primer Nacimiento Psíquico

El Otro primordial le donará los significantes con los cuales el infante se va a nombrar y que le permitirán, a su vez, la constitución del cuerpo.

Estas representaciones-palabra forman parte de una trama aún mayor: la de los deseos y goces de las otras generaciones.

Así, Madres y Padres posibilitarán el “Primer Nacimiento Psíquico”: la transformación de un ser que nace viviente a un sujeto del lenguaje.

Como consecuencia, surge —del lado del niño, niña o adolescente— en estos tiempos, la Angustia en su vertiente Traumática, que luego encontrará nuevas formas de manifestación en el pasaje por la Adolescencia.


- El Segundo Nacimiento Psíquico

A la salida de la Adolescencia, se produce un “Segundo Nacimiento Psíquico”: el advenimiento del sujeto del inconsciente, portador de su propio deseo.

Este sujeto nacerá en el lugar vacío de la cadena significante del Otro primordial, lo que J. Lacan denominó el enigma del Otro —aquello del deseo del Otro que no puede saberse ni simbolizarse del todo—.

Ese nacimiento, al partir del vacío de las significaciones del Otro, reactiva las huellas del desamparo originario con el que nacemos a la vida. 

Como efecto, en el púber o adolescente aparece la Angustia en su Vertiente Señal.


- Del Nacimiento Psíquico al Trabajo Clínico con madres y padres

Beatriz Janin afirma:

“En tanto extensión del psiquismo del infante, los padres están indefectiblemente involucrados en el tratamiento del niño o la niña”.

Por lo tanto, lo primero a tener en cuenta, del lado del analista, es la importancia estructural del trabajo con Madres y Padres en la clínica con Niños, Niñas y Adolescentes. 

El Trabajo Clínico se inicia en los diferentes modos en que Madres y Padres se presentan a la entrevista: en esa diferencia, se juega la Transferencia.


- La Transferencia en su Vertiente Simbólica

Las Figuras Parentales pueden llegar a la consulta formulando preguntas, en busca de un saber que le atribuyen al analista sobre el padecimiento del niño o la niña.

Esta modalidad transferencial, llamada Vertiente Simbólica, es la más propicia para el trabajo analítico. 

Cuando el analista es supuesto en el lugar del saber, el trabajo clínico con los padres se posibilita de la mejor manera.


- La Transferencia en su Vertiente Imaginaria

Las Figuras Parentales pueden llegar con teorías cerradas sobre lo que le ocurre al niño, la niña o adolescente, sin ninguna implicación subjetiva en esa conflictiva.

Esta modalidad transferencial, llamada “Vertiente Imaginaria”, obstaculiza el trabajo analítico.

La tarea del analista será introducir un corte en ese discurso y, junto a Madres y Padres, construir una lectura que ubique aquello que causa el sufrimiento e implique a las figuras familiares en la conflictiva.

Solo cuando el saber imaginado se quiebra, comienza a emerger la verdad singular que sostiene al sujeto.


- La Transferencia en su Vertiente Real

Las Figuras Parentales pueden acudir por demanda de otros (maestros, psicopedagogos, pediatras, jueces), sin implicarse subjetivamente, incluso negando la problemática del niño o adolescente y vivenciando las intervenciones del analista de manera persecutoria.

Esta vertiente, tan compleja, activa el campo de las pasiones parentales.

En esta transferencia difícil, el analista no puede forzar ni retroceder. Su posición se juega entre la paciencia y la puesta de límites.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

El discurso inaugural: marcas, lenguaje y dirección de la cura

“Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” constituye tanto el texto inaugural de la enseñanza de Lacan como la piedra fundamental sobre la que se edifica una lectura radicalmente renovada de Freud. No es casual que dicho comienzo adopte la forma de un discurso: la apuesta lacaniana por la palabra hablada ocupa allí un lugar decisivo.

El contexto histórico en el que surge se enlaza estrechamente con su valor simbólico. Lacan subraya la existencia de determinaciones —circunstancias que catalizan la aparición del texto— y las nombra marcas. Este concepto, central en su obra, remite no sólo a la preexistencia del lenguaje sino también a la función del Nombre del Padre y, con ello, a la posibilidad misma de una genealogía.

Conocido como “El discurso de Roma”, debido al lugar donde fue pronunciado en septiembre de 1953, el escrito que hoy leemos es una versión reelaborada de aquella exposición oral. Este texto se articula con otra conferencia dictada dos meses antes, titulada “Lo simbólico, lo imaginario y lo real”, donde Lacan delimita por primera vez sus tres registros a partir de las referencias conceptuales que los sustentan.

En ambos trabajos, los registros simbólico, imaginario y real encuentran su lugar en el campo del lenguaje, entendido como el espacio propio donde se ejerce la práctica analítica. Esto implica afirmar que el psicoanálisis trabaja sobre los efectos del lenguaje en el sujeto, efectos que exceden con mucho la dimensión del sentido.

A partir de estos textos iniciales se formula una crítica decisiva: la denuncia de toda concepción de la praxis analítica reducida al ejercicio de un poder. Lacan reabre así la pregunta por el estatuto de la transferencia y por el modo en que el analista interviene en la cura. Su distinción sigue siendo tajante: el psicoanalista dirige la cura, pero no dirige al sujeto.

martes, 30 de diciembre de 2025

Personalidad, máscara y formación: un hilo temprano en la enseñanza de Lacan

Lacan introduce formalmente los tres registros —Real, Simbólico e Imaginario— en 1953, aunque es posible encontrar anticipos ya en los años treinta. Estos registros operan como un prisma desde el cual relanza su lectura de Freud y fundamenta su posición teórica. Sin embargo, en ese mismo momento aparece un término llamativo: la personalidad.

La referencia no es casual. Lacan retoma allí algo de su tesis de doctorado, pero lo desplaza de un enfoque centrado en lo patológico. La personalidad, tal como la presenta, no es una propiedad del yo ni un atributo esencial, sino una modalidad vinculada a la posición del sujeto, aquello que él porta pero que no lo define ontológicamente.

Décadas más tarde, en el marco de la formalización nodal, Lacan vuelve sobre esta cuestión desde otro ángulo: la topología de la estructura y su relación con la paranoia. En esta línea, la problemática de la personalidad anticipa la idea de la función de la máscara, aquello que hace posible sostener una forma mientras oculta el punto vacío que la causa. De algún modo, la personalidad aparece allí como un modo de cierre, un borde, una presentación en el Otro.

El contexto de la conferencia de 1953 —marcada por el debate sobre la formación y por la escisión de la SPP— resalta la pertinencia de esta pregunta. La alusión a la personalidad abre directamente el interrogante:
¿De qué depende un psicoanálisis? ¿Qué se requiere para devenir analista?

Estas preguntas, todavía urgentes, no pueden resolverse por la vía de la técnica ni del saber acumulado. Y hace visible otra cuestión decisiva: si la personalidad es una “portación” y no un ser, entonces la formación exige un desprendimiento. Por eso, ensayar la pregunta en otros términos ilumina el núcleo del problema:
¿Qué debe perder alguien para poder escuchar?

Desde esta perspectiva, el análisis del analista aparece como el punto insoslayable, aquello que no puede ser sustituido por ningún dispositivo de enseñanza. Porque no se trata de adquirir competencias, sino de soltar aquello que tapona la división del propio sujeto y que impediría encontrarse con la palabra del analizante.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Formarse analista: sexualidad, división y la exigencia de una posición

La enseñanza de Lacan surge, en buena medida, como respuesta a un debate crucial en el psicoanálisis francés de posguerra: ¿cómo se hace un psicoanalista? El problema es inmediato: no se trata del dominio de una técnica ni del aprendizaje de un método transmisible por reglas fijas. Ante la ausencia de tal procedimiento, Lacan propondrá —años después del inicio de su enseñanza— la necesidad de una acomodación del analista, un ajuste de su posición que permita que el sujeto que consulta pueda dividirse y alojarse en el dispositivo analítico.

Lacan lee en Freud un “descubrimiento prometeico”: la pérdida de la inocencia del hombre. Freud mostró que el sujeto está estructuralmente dividido por una sexualidad que excede por completo lo genital y que opera desde la infancia misma. La noción de una perversión polimorfa originaria no sólo marca la complejidad de lo infantil, sino que ubica a la sexualidad en un campo no reductible a la naturaleza ni al instinto.

Lacan retoma esta dimensión freudiana y la reinscribe desde las coordenadas del lenguaje y de la palabra. Este desplazamiento sitúa al registro simbólico en el centro de la escena y establece una distancia crítica frente a ciertas derivas posfreudianas que buscaban un “objeto complementario” supuestamente armonizador, vinculado a una genitalidad madura. Para Lacan, esta búsqueda desconoce el punto decisivo: lo sexual divide, y la castración es un efecto del significante, no una falta derivada de una complementariedad frustrada.

De este modo, la formación del analista no depende de un ideal técnico, sino de la posibilidad de sostener una posición que haga operativa esa división del sujeto y permita que la castración simbólica produzca sus efectos.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Lo que irrumpe en la Psicosis

 Cuando el mundo invade: el origen estructural de la Psicosis

La Psicosis se estructura a partir de la forclusión del Nombre del Padre, es decir, la ausencia del significante que organiza lo simbólico.

Cuando ese significante no ha logrado inscribirse, el lenguaje, el cuerpo y el lazo con el Otro se habitan de un modo singular.

El mundo puede sentirse invasivo, desorganizado o cargado de sentido absoluto.

Ante esto, el sujeto recurre a invenciones que le permitan sostenerse.



Fenómenos Elementales: cuando algo irrumpe sin mediación

Los fenómenos elementales son manifestaciones tempranas que dan indicios de una estructura psicótica.

Pueden presentarse como voces, alucinaciones, automatismos mentales o certezas que irrumpen sin mediación simbólica ni articulación con el discurso.

No son signos aislados: señalan la estructura y pueden anticipar un desencadenamiento.



¿Qué distingue a la certeza en la Psicosis?

La certeza es una forma de verdad que no admite duda. En la psicosis, se impone con total convicción, sin necesidad de demostración ni articulación significante. A diferencia de la creencia, que puede ponerse en cuestión, la certeza psicótica organiza la posición del sujeto frente al mundo. 

No se interpreta como un síntoma: se escucha como brújula de la posición subjetiva.


¿Cómo se manifiesta el cuerpo cuando lo simbólico no alcanza?
 
El cuerpo puede volverse el lugar donde se inscribe el goce pulsional cuando no hay representación posible en el lenguaje.

Algunas manifestaciones posibles de esta inscripción son:

— Sensaciones fragmentarias
— Afectaciones intensas
— Fenómenos de extrañeza

El analista no traduce ese decir corporal: lo aloja, lo escucha y se deja enseñar por él.


¿Qué escucha el analista en el delirio?

El delirio es una construcción subjetiva que puede operar como una solución frente a la irrupción del goce pulsional. Tiene una lógica propia que el analista escucha sin corregir ni desmontar. 

Al decir de S. Freud, el delirio es un "intento de curación" que da forma a lo que irrumpe sin sentido, buscando restituir cierta organización ante la forclusión del Nombre del Padre.


¿Qué hacer frente a un Desencadenamiento?
 
El desencadenamiento psicótico se produce cuando un significante estructurante —como el Nombre del Padre— falta en lo simbólico, y un acontecimiento actualiza esa ausencia. 

Lo que irrumpe entonces es un goce pulsional no simbolizado, sin bordes, que desborda al sujeto. 

La intervención analítica se orienta por una presencia activa pero no intrusiva, que permita reinstaurar cierta consistencia. 

En ocasiones, será necesario articular con otros dispositivos —incluida la medicación— para localizar algo del goce y hacer posible el lazo.


¿Cuál es la Posición del Analista en el Tratamiento de la Psicosis?

Al decir de J. Lacan, el analista en la psicosis se ubica como testigo: presente, atento, sin imponer sentido ni empujar al sujeto a producirlo.

Desde esa posición, puede abrirse un tratamiento posible, donde el sujeto invente sus propios modos de anudamiento entre cuerpo, lenguaje y lazo.

sábado, 27 de diciembre de 2025

De la economía psíquica a la represión primaria: el giro freudiano hacia la articulación entre inconsciente y pulsión

El progresivo predominio del punto de vista económico en la obra freudiana no implica el abandono de las perspectivas dinámica y descriptiva del inconsciente; más bien marca un desplazamiento necesario para poder articular —de manera más rigurosa— el inconsciente con la pulsión. Freud advirtió claramente que la clásica oposición entre inconsciente y conciencia no sirve para pensar lo pulsional. Ese límite teórico abrió el camino hacia la noción de represión primaria, operación inaugural sin la cual no habría aparato psíquico.

Desde los primeros textos, la noción de defensa ocupa un lugar central. Vista desde lo económico, la defensa se vuelve un mecanismo indispensable: el aparato se constituye para resguardarse frente a una energía móvil, irrup­tiva, que amenaza con desarticularlo. Si nada obstaculizara esa presión, la red representacional —ese tejido articulado que compone el aparato psíquico— correría el riesgo de deshacerse ante lo que no admite forma ni enlace. La defensa, por lo tanto, se organiza frente a la tensión entre lo articulado y lo que puede romper toda articulación.

Con el desarrollo de su trabajo, Freud afina el concepto de defensa y diferencia diversos modos de su funcionamiento. Entre ellos, la represión adquiere un valor decisivo, hasta el punto de ser elevada a un estatuto estructural. Freud lo afirma sin ambigüedades: La doctrina de la represión es ahora el pilar fundamental del psicoanálisis, su pieza más esencial.

En su formulación de 1915, entre La represión y Lo inconsciente, define la represión secundaria como la operación mediante la cual una representación es privada de su investidura preconsciente, quedando así impedida de acceder a la conciencia. Esta precisión implica algo decisivo: si la distinción entre consciente e inconsciente no está previamente establecida, la represión no puede operar.

De allí que Freud deba postular una operación primera: la represión primaria, que no reprime un contenido específico, sino que funda la propia partición del aparato psíquico en sistemas diferenciados. Es la instauración del inconsciente como tal y, con ello, la posibilidad misma de que algo pueda ser reprimido en un segundo momento.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Las dos caras del superyó

 

Notas Clínicas de una Didáctica Exclusiva

Diferencias

 
El Superyó Narcisista (Primario)      
-Se funda en la primera Identificación Narcisista- 

El bebé humano, inerme e indefenso, se identifica como objeto pasivo que completa el Ideal de los Otros Primordiales (Identificación Primaria).
El Superyó Edípico (Secundario) 

-Heredero del Complejo de Edipo-

El niño o la niña atravesados por el Primer Despertar Sexual -ya contando con defensas psíquicas- se identifican activamente con algunos de los rasgos de los Otros Primordiales (Identificación Secundaria).
Dato Clínico Fundamental: Distinguir cual es el tipo de identificación fundante del sujeto, abre una vía para leer los modos que adquiere el sufrimiento psíquico en la adultez. 

 
El Superyó Narcisista (Primario)  

En la primera identificación, el bebé humano —inerme y dependiente— se identifica como un “entero” con el ideal del Otro primordial, que es inconsciente. Bajo esta modalidad constituye su Yo-cuerpo.

Este ideal del Otro puede ser Normativo: “Su Majestad, Mi Bebé”, o Estragante: “Mi desagradable / mi insignificante / mi pobre bebé”.
El Superyó Edípico (Secundario) 

En las identificaciones secundarias, el niño o la niña —ya con recursos psíquicos— se identifica activamente con algunos rasgos del Otro primordial, mediados por la Ley del Padre.

En esta identificación, el Nombre del Padre actúa como “separador” entre el niño y las fantasmáticas ideales del Otro primordial.
Dato Clínico Fundamental: La intensidad con que se establezca cada identificación influirá de forma decisiva en el vínculo que el sujeto mantenga con su Yo, orientando el Tipo Clínico de su Neurosis —desde las formas más clásicas hasta aquellas atravesadas por las Patologías del Narcisismo. 

 
¡¡Importante!!
 
¿Qué nos muestra la Clínica del Superyó en su cara Narcisista?

La clínica nos confronta con sujetos adultos en los que la Ley Paterna presenta un gran déficit.

Por este motivo, su psiquismo queda fijado a la Primera Identificación (Narcisista), intentando —a lo largo de la vida— realizar el ideal fantasmático incestuoso del Otro Primordial.

Es decir, convertirse en el objeto que colma la fantasmática materna, ya sea en su vertiente majestuosa y perfecta o como desecho e insignificante.

Dato Clínico Fundamental: Reconocer esta fijación temprana permite orientar intervenciones que abran una vía de separación respecto de los Mandatos -inconscientes- de las figuras parentales.


¿Qué nos muestra la clínica del Superyó en su cara Edípica?

La clínica nos presenta sujetos en los que la Ley Paterna opera con eficacia.

En su psiquismo predominan las identificaciones secundarias, que les permiten sostener defensas y separarse de la fantasmática incestuosa del Otro Primordial.

Sin embargo, como en toda Ley, queda un resto imposible de legislar —y ese resto siempre tendrá carácter incestuoso—.

Dato Clínico FundamentalIdentificar este resto imposible de legislar permite intensificar el trabajo sobre el deseo del sujeto, debilitando las fijaciones a los Mandatos —inconscientes— de las figuras parentales que aún persisten.


¿Cómo incide cada cara del Superyó en las neurosis?
El Superyó Narcisista (Primario)  

a) Neurosis Narcisistas: el sujeto se identifica con la fantasmática de majestuosidad que completa al Otro Primordial. Resultado: un Yo inflado, falso self.

b) Neurosis Melancolizadas: el sujeto se identifica con la fantasmática de ser el objeto resto e insignificante que completa al Otro Primordial. Resultado: pérdida de amor propio y autorreproches severos (“soy poca cosa”).


 
El Superyó Edípico (Secundario) 

a) Neurosis Clásicas (Obsesiva, Histérica, Fóbica): la Ley (castración) está introyectada a nivel simbólico y, de este modo, separa al sujeto —con mayor o menor eficacia— de los ideales de la fantasmática del Otro Primordial.
¿Cómo se presenta el dolor psíquico en cada cara del Superyó?
El Superyó Narcisista (Primario)  
 
- Neurosis Narcisistas: la grandiosidad opera como un falso self que esconde un conflicto psíquico profundo, de difícil acceso debido la sensación de "completud", que genera grandes resistencias clínicas.

- Neurosis Melancolizadas: dolor psíquico extremo, con auto-injurias y autorreproches que pueden alcanzar la autodestrucción.
El Superyó Edípico (Secundario) 
 
Este sufrimiento psíquico es efecto del resto imposible de legislar que persiste incluso cuando la Ley Simbólica ha operado con verdadera eficacia. Este real inlegislable provoca las distintas formas de sufrimiento propias de cada una de las neurosis clásicas: 

- Obsesiva: dolor psíquico centrado en la culpa inconsciente, que se traduce en autopuniciones y remordimientos constantes.

- Histérica: dolor psíquico derivado de autoexigencias extremas, que puede expresarse en síntomas corporales severos (p. ej., anorexia).

- Fóbica: dolor psíquico que se manifiesta como angustia y ansiedad desbordante, con crisis agudas y evitaciones persistentes

Intervenciones Clínicas frente al Padecimiento Superyoico
 
Las Presentaciones Clínicas con predominio superyoico son de muy difícil tratamiento, ya que en ellas prevalecen las pulsiones de muerte, que encuentran una forma de “Satisfacción” en el padecimiento.
Sobre esta “Satisfacción”, S. Freud afirma: “Es un placer que el Yo no siente como tal”.

El analista enfrenta aquí el desafío de producir un acto de lectura que introduzca un Equívoco en los decires superyoicos del paciente.
Este acto analítico abre la posibilidad de que el sujeto pueda leerlos de un modo distinto, menos ligado a la vertiente mortífera y más orientado hacia el lado de la vida —Eros—.

Viñeta Clínica de Intervención frente a un Mandato Superyoico

Paciente: “Yo quiero casarme, pero estoy convencida de que me voy a quedar soltera” → Mandato Superyoico

Analista: “¡¡Pero para casarse, hay que estar soltera!! → Intervención analítica que produce un Equívoco en el mandato superyoico.

Paciente: “De verdad, nunca lo había pensado así" →Interrogación del mandato superyoico a partir del Equívoco, abriendo paso a la pulsión de vida.