miércoles, 18 de abril de 2018

Padecimientos que no encuentran palabras (II)

Apuntes de la conferencia dictada por Vanesa Starasilis el 23/03/2017.

La vez pasada dijimos que estos padecimientos sin palabras pueden presentarse como puntos forclusivos o como fallas en las neurosis y pueden presentarse también en aquellas neurosis clásicas, en algún momento en donde hay un tramo subjetivo o transferencial más complicado. Es decir, que esto que excede a las formaciones del inconsciente, que va a aparecer por otra vía que el inconsciente, que no va a aparecer en la asociación libre, en los sueños, en el síntoma, puede ser predominante en aquellas neurosis que tienen un punto forclusivo (que no es del Nombre del Padre, sino estaríamos hablando de psicosis), aquellas neurosis que tienen una falla en su constitución y pueden aparecer también en cualquier neurosis: en la que transita con sueños, síntomas… Sucede que hay momentos subjetivos o transferenciales donde el sujeto puede hacer un acting o un pasaje al acto. En esos casos, se dice a través del acting out. Es un padecimiento sin palabras, pero se dice y hay que escuchar aquel decir que no viene articulado en palabras. Entonces, se dice a través del acting out o de los síntomas que mencionábamos la vez pasada con Freud.

Se trata siempre en esos casos de manifestaciones clínicas que acentúan lo pulsional. La vez pasada habíamos dicho que no predominaban las formaciones del inconsciente, o no se presenta a través de lo que llamamos inconsciente. Hoy agregamos que hay predominio de lo pulsional. Un antecedente que vamos a encontrar en Freud, además de los síntomas que encontramos en las neurosis de angustia en 1895, va a tener que ver con lo que con Lacan vamos a trabajr como acting-out. El acting out no es un concepto freudiano, sin embargo, un esbozo del acting out lo podemos encontrar en un texto de 1912, que es “Recordar, repetir y elaborar”. Ahí Freud nos dice que el sujeto, en determinado momento de la sesión, mientras está asociando libremente, estas asociaciones se detienen y en su lugar aparece el actuar. El sujeto actúa en lugar de recordar. Eso es que el sujeto actúa en lugar de hablar, en lugar de haber predominio del significante. El término freudiano es agieren, que al español se tradujo como actuar, pero a la versión inglesa se tradujo como acting-out. Este es un dato interesante, porque en la versión inglesa es acting-out en lugar de recordar. No estoy diciendo que el agieren freudiano es equivalente al acting out, pero estoy diciendo que hay un esbozo ahí donde Freud dice que es esperable y que forma parte de la estructura en cualquier cura que la asociación libre se detenga y en su lugar aparezca el agieren, el actuar, el acting-out. Ahí Freud da una indicación preciosa a tener en cuenta: en todos los casos hay que reconducir ese agieren a lo simbólico. Esto es muy importante a la hora de intervenir en el acting-out. Hay que transformarlo en palabras. Y esto es algo que a veces no terminamos de ubicar y es muy importante de tener en cuenta, porque no es lo mismo un acting que un sujeto que anda de acting en acting por la vida y que no refiere de eso. Muchos pacientes hablan en el consultorio de muchas cosas y quizá lo que es propiamente de un acting no entra, o entra mucho tiempo después. Una cosa es el acting y otra cosa es el relato que el sujeto puede hacer del acting. Una cosa es hacer un acting en el medio de la calle y otra cosa es decir me pasó lo siguiente. Vamos a tratar de ver esa diferencia.


Lo que nos indica ahí Freud es que hay que reconducir lo que está fuera de la cadena significante, lo que está fuera de la asociación libre, al significante. Hemos hablado de fallas o fracasos en la neurosis. Dijimos que este “fuera del inconsciente” obedece a alguna falla o a algún fuera de los simbólico. Estoy subrayando a los pacientes que viven de acting en acting, o el predominio tiene que ver con pasajes al acto, o cuestiones graves en relación al cuerpo. No estoy hablando de esos momentos donde en la cura puede aparecer algo de esto. tenemos que encontrarle la lógica para poder trabajar con todos los pacientes, sean neuróticos, psicóticos para saber qué hacer en la dirección a la cura. Un modo de pensar lo que allí sucede, a mi modo, lo aporta Lacan con las operaciones de alienación y separación. Es por eso que hoy me voy a meter con esas dos operaciones. Son complejas, pero voy a tratar de recortar de esas dos operaciones que Lacan plantea en el Seminario 11, lo que hace a lo que tenemos que trabajar hoy.


La alienación y la separación son 2 operaciones fundantes de la estructura neurótica para Lacan, que él trabaja en el S. XI, en los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis. Tomo esas 2 operaciones, porque cuando él las trabaja, él dice que del fracaso parcial de esas 2 operaciones, da cuenta de la anorexia mental y de los fenómenos psicosomáticos. La vez pasada decíamos que era poco lo que teníamos en relación a este tipo de pacientes. No encontramos material como cuando vamos a buscar acerca del sueño, la transferencia, síntoma… Pero tenemos algunas orientaciones como estas. En estas operaciones de alienación - separación vamos a buscar a qué se refiere Lacan cuando el fracaso parcial de esas operaciones se deduce la anorexia o la psicosomática y voy a pensar si esto se puede aplicar, por ejemplo, al acting, al ataque de pánico, etc.


Veamos qué sucede en estas operaciones fundantes. Lacan nos dice, acerca de la alienación, que el sujeto que llega al mundo -que no es aún un sujeto, pero lo llama así aunque más bien es un cachorro humano-, no tiene ninguna otra posibilidad para sobrevivir que arrojarse al campo del Otro. Ese Otro es el campo del significante. No tiene otra posibilidad que tomar el significante o los significantes del campo del Otro. El primer movimiento de un sujeto es arrojarse al campo del Otro, es recibir un sentido del Otro. Es un sentido que nos viene del Otro y esto nos pasa por estar inmersos en el lenguaje, cosa que no les pasa a los animales. Necesitamos de ese Otro que nos dé un sentido, el que sea: “Llora porque tiene hambre”, “Es chinchudo”, “Es simpático, duerme feliz”, lo que sea. Son sentidos que vienen del Otro y que nos van conformando. Ese nombrar del Otro determina que un niño sea o no chinchudo, para dar un ejemplo. No queda otra que arrojarse al campo del Otro y en ese arrojamiento, el sujeto recibe un sentido.


Hay una paradoja acá: el sujeto, que era un cachorro humano, que no tenía un ser porque no era nada hasta no ser nombrado por el Otro, cuando es nombrado tomando algún significante que viene del Otro, la paradoja es que ese significante no le da un ser al sujeto. Nadie es chinchudo, divino, simpático, etc. de forma entera, sino que ese significante lo representa. No le da un ser. El precio que pagamos por estar inmersos en el lenguaje es la falta en ser. No hay posibilidad de ser, porque no somos idénticos a nosotros mismos. Vamos a estar para siempre divididos entre lo que decimos y lo que queremos decir. Entonces somos $, sujeto dividido. Esto quiere decir falta en ser y a lo único que podemos aspirar es a estar representados por el significante. Nos representa un significante para otro significante. Un sujeto es lo que representa un significante para otro significante. El sujeto no es persona ni es un ser, sino que está representado por un significante.
El sujeto que se arroja al campo del Otro, lo que consigue es un significante del campo del Otro que lo represente. Pero que lo represente no significa que lo salve de la falta en ser. El sujeto, entonces, está atravesado por la falta (la falta en ser). La particularidad es que el Otro al que el sujeto se arroja (que puede ser un Otro significante encarnado por la madre, el padre o quien sea), también es un Otro atravesado por la falta. No es un Otro compacto y no tiene todos los significantes y para eso podemos recurrir al mismo ejemplo. Ese paciente que acaba de ser papá y decía de su niño “chinchudo”, uno podría decir que llora porque tiene hambre. ¿Tiene hambre o tiene cólicos? No sabe, tiene que ir probando. En el mejor de los casos, no sabe, está agujereado. Si no tenemos al padre de Schreber. Tenemos entonces que hay falta del lado del sujeto y del lado del Otro y este es el precio de estar inmersos en el lenguaje: porque hablamos, no tenemos todos los significantes. Queremos decir algo y el Otro entiende otra cosa. O queríamos decir algo y no dijimos lo que queríamos. Eso es porque somos sujetos barrados y el Otro también lo está. La maniobra neurótica es intentar eludir esa falta.


La alienación, entonces, es arrojarse al campo del Otro, ser representado por un significante y el resultado de la alienación, dice Lacan, es la desaparición del sujeto. Ee texto, tan difícil para el que lo leyó alguna vez, Lacan habla de desaparición o de afánisis, que significa esto de la falta en ser: ser representado por un significante pero no “ser”.


Para que se dé la separación, que es la segunda operación pero que conforman juntas alienación-separación para fundar la estructura neurótica, es necesario que estas 2 faltas se recubran. Esta es la parte más compleja. El sujeto descubre que el Otro está en falta en los intervalos de su discurso. Una madre puede querer que su hijo camine, pero a la vez mirarlo temiendo que se va a caer. O decirle que el jardín de infantes es hermoso, pero ponerse a llorar cuando deja al hijo. En esos intervalos que el sujeto le encuentra al Otro, el sujeto encuentra la falta y el deseo del Otro. El sujeto responde a ese intervalo, a esa falta del Otro, ofreciendo lo que ya aprendió en la alienación-separación: su propia pérdida. Esto quiere decir que el sujeto le pregunta al Otro “¿Puedo ser yo tu pérdida? ¿Puedes perderme?”. O también: ¿Puedo hacerte falta?. Lo digo más simple: Al Otro le falta algo y el sujeto se da cuenta que él no tiene todos los significantes. Algo el Otro desea y le falta, más allá de lo que el Otro diga. El sujeto se pregunta ¿Puedo yo ser tu falta? Como se trata de la separación de la constitución de una neurosis, es “me resto de ser el objeto de tu deseo, siendo valioso para vos”.


Veamos otro modo de decir esto: el sujeto se constituye como falo imaginario. El primer movimiento del sujeto, cuando se arroja al campo del Otro, en el mejor de los casos, es constituirse como falo imaginario del Otro. Es el mejor de los casos, porque si eso no sucede estamos en la clínica de graves problemas. Es necesario pasar por el falo imaginario del Otro. Sucede que si el sujeto se queda siendo el falo imaginario del Otro, no tenemos una neurosis, sino una psicosis: el sujeto como objeto del Otro. Para que haya una neurosis, el sujeto se tiene que restar de ese lugar. Primero tiene que estar alienado a ese lugar, a los significantes del Otro que lo determinan, y luego tiene que restarse de ese lugar. Tiene que poder caer de ese lugar. Ahora, cuando se separa y se resta de ese lugar, se resta haciéndole falta al Otro.


Ejemplo de la clínica: un joven de 20 años se muda y se va a vivir solo, con el entusiasmo obvio que esto trae aparejado. Él está feliz, decora su departamento, no necesita nada. Visita a sus padres, le encanta lo que está pasando. Llega a la casa paterna, al mes de haberse mudado. Entra a lo que era su cuarto y de pronto encuentra que ya no estaba su cama, ni su escritorio, ni sus cuadros. Nada quedó de lo que era su cuarto: ahora es una oficina de la madre. El padre dispuso de ese lugar porque el hijo se fue a vivir solo. El paciente dice que la angustia que sufrió en ese momento fue porque él se pudo ir, pero al otro ¿No le importa? ¿No podía guardar un tiempo más mi dormitorio?  Un neurótico se va del Otro, puede restarse: puede entrar al jardín, puede tener amigos y separarse del Otro... Pero siempre que se asegure de que es la falta del Otro. El Otro tiene que asegurarle de que le hace falta. A todos nosotros nos interesa hacerle falta al Otro.


En la clínica, cuando un sujeto no logró hacerle falta al Otro, tenemos complicaciones. Lacan dice “anorexia o psicosomática”. ¿Por qué dice anorexia? Porque este faltarle al Otro, que debe ocurrir en tiempos fundantes, cuando no ocurre porque el Otro no alojó al sujeto en ese lugar y no logró el sujeto hacerle falta al Otro, se la pasa buscando en la escena real (en la vida) faltarle al Otro. Y dice que en la anorexia, esto llega al punto desaparecer o a quitarse la vida. Si desaparezco, ¿Te hago falta?” sería lo que dice la anorexia, por no haberle hecho falta al Otro en tiempos fundantes. Ser el falo imaginario del Otro, tener un lugar, da una razón para vivir. No es chiste. Pero si nos quedamos ahí, estamos complicados. Hay que poder restarse de ahí, pero cavándole un agujero al Otro, asegurándonos un lugar justamente por restarnos. Es una operación doble, donde uno se resta del Otro al poder perderse y haciéndole falta a ese Otro. Esto se puede ver bien en los niños más pequeños, como cuando caminan adelante de los padres pero miran todo el tiempo hacia atrás para ver si su Otro (padre o madre) está; hay otros que ponen primera y no miran jamás atrás. Esos me parecen que están muy seguros de que le hacen falta al Otro. Voy a dar el ejemplo de una colega amiga que a mi me encanta: Un niño que estaba con su madre se pierde, entonces encuentra a un señor y le pregunta: “¿No vio a una señora que perdió a un nene como yo?”. Es poder perderse del Otro, siendo valioso para el Otro. No es que a la madre se le perdió cualquier cosa.


Esto mismo, si quieren lo pueden pensar desde el fort-da. En el fort-da de Freud, lo que está en juego es una ausencia. Lo que está en juego es que el niño con el carretel, cuando lo arroja, lo que está en juego es perder el objeto. La lectura que hace lacan es que es el propio sujeto que queda fuera, arrojado. Poder inscribir una ausencia. Se trata de una ausencia que se inscriba como falta.


Material clínico: el caso Abril.
Se trata de una supervisión que escuché hace 2 días. Abril tiene 19 años que consulta con la analista porque está por conocer al papá biológico. Después de mucho tiempo de buscarlo utilizando internet, encuentra a su padre biológico, que nunca intentó buscarla a ella y quedan en verse. En relación a este suceso, Abril llama a una analista. Arreglan un horario y antes que se vean por primera vez, Abril la llama a la analista desesperada porque está sintiendo que no puede respirar, que tiene palpitaciones. Son los síntomas que la vez pasada nombrábamos de Freud y que tenía que ver con que estaba por salir a ver a su padre. La analista interviene como puede, tratando de tranquilizarla. Llega Abril al consultorio, diciéndole que vio al padre, que estaba muy agradecida porque la analista atendió el teléfono y le habló y le dijo agradeció algo que la analista jamás le dijo: “Esperaste tanto tiempo, disfrutalo”. Estas cosas nos pasan. Rápidamente, la analista nota que se trata de una paciente que anda de acting en acting. No es una paciente donde predominen las formaciones del inconsciente con claridad, sino que es una paciente que transita de acting en acting.
Esto que ella refiere y llama ataques de pánico, no aparece tanto por esta vía. Ella vive con su novio de 19 años con el que tiene una relación pésima. Pelean permanentemente, pero no son discusiones donde predomine la palabra, sino que predominan los objetos voladores, digamos. Se arrojan cosas, se insultan, se dicen de todo. Ella o él terminan durmiendo en la calle. Los vecinos se alarman, han llegado a llamar a la policía. esta modalidad que ella tiene con el novio, de alguna manera la tiene con otra gente. Se enoja mucho con la madre, con los abuelos maternos, se enoja con la gente por la calle y son enojos ruidosos. Sobre estos enojos, ella no tiene ninguna implicación. Siempre la culpa la tiene el Otro y siempre termina mal, con separaciones absolutas a ese Otro.
Otro dato: se corta las muñecas porque dice que le trae alivio cortarse. Lo hace cuando le falta el aire, cuando se enoja, cuando siente que algo la desborda. Vive en pleno desborde y aclaro que hay predominio de lo pulsional, no de lo inconsciente. No hay palabra, sueños, lapsus… Hay predominio de lo pulsional.
Abril comienza varias actividades que no sostiene: empieza a estudiar una cosa, después otra y después deja. Esto suele verse mucho en estos casos.
Llama al analista varias veces entre sesión y sesión. Esto también es un indicador fundamental cuando estamos en presencia de estos pacientes. O bien no arman transferencia y así como vienen se van, o bien muchas veces -y luego les voy a decir por qué- arman lo que yo llamo una transferencia pasiva, que es llamar a toda hora. Piensen que el sujeto recrea en la transferencia su propio fantasma, cosa que Freud ya decía en Recordar, repetir y elaborar. El desborde que estos casos tienen en la vida, lo llevan a la transferencia y hay que ver cómo se opera allí.
Un buen día, refiere el analista que Abril se ausenta de la sesión. hasta ahora, cada vez que ella se ausentaba de la sesión, llamaba, o llamaba después para decirle al analista que tenía algo importante para contarle. En general tenía que ver con una gran pelea con la cuñada, que se insultaron, que volaron cosas, etc. O con el novio. Un día ella se ausenta y no llama, entonces la analista la llama y no contesta. Dos semanas después Abril llama y dice “No pude ir a sesión porque me quedé dormida. Me tomé 25 pastillas”. Ella estaba en tratamiento psiquiátrico tomando un ansiolítico. La analista le pregunta qué pasó, qué letra le puede dar. Abril no sabe. Ante un acting, un sujeto podría decir que quiso matarse, no vivir más… Podría haber alguna letra. Lo que dice es “No sé, no pensé”.  La estructura de Abril y este acting se sostiene de “No sé, no pensé”. Lo voy a retomar en un rato a esto.


Que el sujeto no sepa y no piense es algo bastante habitual en estas situaciones: se actúa, no se piensa. Tuve otra paciente hiperobesa que dijo lo mismo a la hora de bajarse toda la heladera: no pensó. Hay algo de lo pulsional que no permite pensar. La pulsión desabonada del deseo, la pulsión suelta, pura pulsión, no permite pensar. Quizá al rato se piensa y se muere de angustia, pero en el momento es “no pensé”. Que el paciente no pueda pensar no implica que el analista no pueda armar una hipótesis de que llevó a ese sujeto a esa ingesta de 25 pastillas. Lo que se revela del texto que la analista trae a supervisión es que claramente se trataba de un llamado al novio. El novio, por esos días, se iba de gira a trabajar, con amigos a bares y quizá volvía a las 2 o 3 de la mañana donde convivía con Abril. Y Abril le hacía escándalos terribles que terminaban en todo que ya conté, pero no había cómo acotar este novio. Lo que hizo Abril fue un llamado, y adelanto que es un llamado en la línea de lo que hablamos hace un rato. ¿No te hago falta? ¿Cómo te puedo hacer falta? Si me muero, si desaparezco, si tomo 25 pastillas, te voy a hacer falta. Muchas veces yo me encuentro con alguna de estas fantasías en el consultorio. Por ejemplo, tuve una paciente que fantaseaba con que se moría y con quiénes iban a ir a la escena de su velorio, qué iba a decir cada uno, etc. Imaginaba a su madre, a sus padres, a su marido en el velorio de ella, a ver a quién le hacía falta y a quién no le hacía falta. Esa era una fantasía de alguien que había logrado hacerle falta al Otro. Una cosa es jugar en la fantasía y otra en la escena real.


A la sesión siguiente, la analista interviene diciendo que vaya a esa sesión con la madre. Abril pone el grito en el cielo diciendo que no, que de ninguna manera va a ir con la madre, que ya es grande, etc. Accede, sin embargo, a ir acompañada del novio. A ella le encanta ir con el novio, para que la analista le diga algo también a él. Lo que sucede es que el novio está en la nube, nunca se enteró de lo que pasó. Para él se quedó medio dormida, tiene recuerdos borrosos. Es un chico jovencito que está en las nubes. La analista interviene diciendo que van a seguir trabajando sobre esto, pero le dice que esto se lo tiene que contar a la madre. Es una intervención bastante jugada: darle entidad a una situación que no la tenía. Muchas de las cosas que hacemos nos la enteramos en el diario del lunes y van a ver que esta fue buena. Abril enloquece, le espera a decir de todo a la analista: que es un desastre, que no sirve para nada, que eso es violar el secreto profesional, que cómo va a llamar a la madre, que no puede confiar en ella, etc. Y la amenaza diciéndole: “Llamala a mamá; si la llamás, yo no vengo más”. La analista no retrocede: le dice “Abril, lo que pasó fue delicado. Vos venís tomando una medicación y yo necesito que alguien te la administre, que alguien por unas semanas te cuide, que puedas a acudir a alguien si te pasa algo, por si te ves tentada de nuevo a tomar pastillas. Es para cuidarte”. Abril sigue insisitiendo que si la analista llama a la madre, todo muy lindo pero ella no vuelve más. Con la analista leímos en la supervisión, y hoy se lo propongo a ustedes: Abril está probando con la analista si le puede faltar. “Desaparezco, ¿A vos te da lo mismo?” Y la analista, tomada por la transferencia y sin pensar en la teoría (de la que muchas veces se piensa después), le dice “Esto es para cuidarte”. De alguna manera, ella le está diciendo que le hace falta, que no le da lo mismo que se vaya y que nadie se entere, que siga viviendo a la sesión como si nada hubiera pasado. En ese punto, la intervención fue vital.


Al otro día, abril la llama por teléfono diciéndole que entendió lo que decía la analista, pero le pide por favor que deje pasar las fiestas porque “decirle a una mamá el 24 de diciembre que tu hija tomó pastillas es pesado”. Llega Abril con la madre y le transmite esto. La madre, como si le hubieran dicho nada y le dice “Abril, si hiciste esto es porque tendrás tus motivos”. La entrevista transita lo más bien, pero la madre había dicho eso que corroboraba que a la madre Abril no le hacía falta. Ni a la madre ni al padre biológico, que ella había buscado. Tampoco al novio, que estaba en cualquier lado. Esto lo corroboramos todos los días en la clínica: si no se le hizo falta al Otro primordial, no se logra hacerle falta al par en la vida. Se arman parejas o relaciones en donde no se logra ser el objeto que le falta al otro. No es casualidad que ella encuentre a un novio que logre no hacerle falta. la analista le da unas cuantas indicaciones a la madre, acerca de que se tiene que quedar con ella, que en estos días no puede quedarse sola. La madre se resiste diciendo que tiene que trabajar, pero finalmente las acepta.


Poco tiempo después, el novio de Abril llama a la madre y le dice que quiere dejar a Abril, pero que tiene mucho miedo de que le destruya el departamento. Este chico de alguna manera tenía sus razones para pensar esto por los escándalos que ella hacía, entonces la madre llama a Abril diciendo que el novio la llamó. Abril se lo encuentra a su analista, sin embargo, la separación transita civilizadamente. Abril logra aceptar que este novio decida separarse e irse. No solamente acepta esto, sino que cuando le cuenta esto a la analista, le dice había algo que ella no le contó: hace casi un año, cada tanto consume cocaína. No es una paciente adicta ni es dependiente de ella, pero cada tanto la consume. En una estructura así, es una especie de bomba. El novio consume también y esto explica las giras, estar en las nubes y demás. La cocaína no forma parte de una adicción en este caso, pero forma parte de un acting, de estos síntomas equivalentes a la angustia y del “no pensé”. Cada vez que Abril no se angustia -pero debería- por alguna situación pesada, ella tiene ataques que no puede respirar, o estos enojos y desbordes, o esto que le pasó con el ansiolítico y la cocaína.


¿Por qué creo que Abril puede soportar que el novio se vaya sin hacer un escándalo, que era la respuesta que habitualmente armaba? Porque faltarle al Otro que no estuvo en este tiempo fundante, esta posibilidad de separarse del Otro (en este caso del novio), haciéndole falta al Otro, se estaba jugando en la transferencia. Esto no es lograr hacerle falta a la madre, no es que el analista tiene que hacer que le haga falta a la madre o a nadie en particular, sino que ella encuentre un lugar en donde entiende que le hace falta al Otro, que es valiosa para un Otro. Eso es lo que yo creo que justifica o por donde yo entiendo que llamativamente Abril no destrozó el departamento. Lograr hacerle falta al Otro, cosa que Abril va pudiendo hacer vía transferencia con esa analista, le permite operar desde un lugar distinto. Ya no es enloquecedor faltarle al Otro.


Otro material clínico que yo había pensado traerles hoy tiene que ver con una mujer que no puede soportar que un hombre la deje. Esto se escucha mucho en el consultorio, separaciones que terminan enloqueciendo. Y entonces entran a llamar y a mandar muchos mensajes. Muchas veces saben que mandando miles de mensajes no van a lograr verlo, pero no pueden dejar de hacerlo. Es lo mismo: “no puedo pensar”. O “no puedo tolerar esa separación”. Hay que verlo en el caso por caso, pero yo digo que hay algo en esa operación fundante, en donde uno se establece como algo valioso para el Otro. En eso de poder faltarle al Otro opera un duelo fundante. Cuando ese duelo o pérdida fundante no está, las pérdidas que ocurren en la vida son complicadas de tramitar.


En cuando a la cocaína, hay que aclarar que ella venía haciéndolo y no empieza a consumir cuando el novio la empieza a dejar. Que se lo haya contado a la analista en ese momento es absolutamente valioso, porque cocaína aparecía en ella como un acto alocado más, un acting, aparece en el relato y ya se puede empezar a hacer otra cosa. Que pueda decirlo es un paso, que puede darse en este contexto transferencial. No es lo mismo el acting que el relato del acting. Ella ahí dio un paso, avanzó y lo dijo. Antes era un padecimiento sin palabras y ahora ese padecimiento empieza a bordearse con la palabra. Obviamente, no todo es de color rosa con Abril, ella es una paciente muy actuadora.


Hay un cuadrángulo (cuadrángulo de Klein) que lacan trabaja en el S. XV. Toma mucho tiempo ver cómo llega Lacan ahí. Yo lo voy a escribir y voy a situar nada más que una cuestión.
El cuadrángulo juega con el cogito cartesiano, que él da vuelta. Y dice que ahí dondeno pienso, soy el objeto”. Y si soy, no tengo otra que ser el objeto, porque no hay ser para el sujeto. Antes habíamos dicho que el sujeto estaba representado por el significante, pero no es. Como no hay ninguna posibilidad de ser, la única posibilidad que encuentra la neurosis de ser es ser el objeto. Acá Lacan ubica al ello pulsional.
Y “si pienso (pensar en el sentido de las formaciones del inconsciente, al enlace de un significante con otro significante, a la asociación libre, no al pensamiento yoico), “no soy el objeto”. Si uno piensa es sujeto, se desliza entre los significantes, de uno a otro. Acá Lacan ubica el inconsciente.


En el material clínico, además de alienación-separación, me baso en esta lógica. Dice Lacan que la transferencia debe llevar a los pacientes que se ubican como siendo el objeto, sin pensar, del ello pulsional hasta el inconsciente. Llamativamente, y esto lo voy a dejar abierto, Lacan va a ubicar al pasaje al acto. El pasaje al acto se diferencia del acting en el sentido de quedar fuera de la escena. El acting es una mostración, un llamado al Otro, y el pasaje al acto es quedar fuera de la escena. Ojo que el pasaje al acto no tiene por qué ser una cosa grandísima. El ejemplo clásico es la bofetada de Dora al sr. K.


También ubica el acting out, junto a las formaciones del inconsciente. ¿Cómo puede ser? Porque es “otra manera de decir”. Entonces, el acting es otra manera de decir. ¿Pero cuándo el relato está en este lugar? Cuando hay relato del acting. Porque sino, “me tomé todas las pastillas, no pensé”, está del lado de lo pulsional, aunque sea un acting. Hay que llevar al paciente de un lado al otro.

En el momento en el que Abril puede pensar y llamar al analista y decir “Lo pensé mejor, que mi mamá venga a la sesión pero no en tal fecha”, implica un movimiento para Abril, que se enojaba y se iba de todos lados, que no se implicaba lo que sucede en el tratamiento que el analista hace de este acting, que es “no da lo mismo, tiene un sentido”, yo te estoy cuidando, me faltás, me apenaría un montón que te pasara algo… No lo dice, pero lo sostiene, todo esto posibilita un movimiento como el que acabamos de ver. Es una pausa a lo pulsional. Este esquema es didáctico, no es que el paciente pasa de un lado a otro y se queda ahí. Va y vuelve. Este movimiento lo está empezando a poder hacer con algunas cuestiones.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario