viernes, 30 de agosto de 2019

Los tiempos del narcisismo en la infancia y las intervenciones del analista.


Apuntes de la conferencia dictada por Alba Flesler, el 8/08/2018.

El tema de los tiempos es a lo que dedico mi investigación, en cada uno de los conceptos del psicoanálisis. Y como se trata de clínica, también propuse las intervenciones del analista. ¿Qué plural es ese de las intervenciones del analista? ¿Hay tantas intervenciones como analistas? Solemos escuchar que cada uno tiene su estilo. Esta problemática se planteó durante la historia del psicoanálisis previamente y se resolvió por la vía de una técnica, por la cual se pautaron reglas técnicas, por ejemplo, el uso del diván, los 50 minutos, tantas entrevistas en el análisis con niños, la caja de juegos para algunos analistas, etc. Reglas.

Lacan le dedicó su enseñanza mucho tiempo y esfuerzo a tratar de darle a las respuestas que se daba a las preguntas que nos hacíamos, una connotación lógica. Él quiso que las respuestas que damos a lo real sean respuestas de cientificidad. Que no respondamos desde la opinión, desde la intuición o desde la ideología. Es decir, que podamos responder y debatir en el estatuto científico y no nos amedrentemos cuando leemos en los artículos de divulgación que se habla, por ejemplo, de las voces renombradas de científicos de Harvard y Yale como voces de la ciencia. Lacan intentó, a través de la lógica, buscar respuestas que le permitieran al psicoanálisis debatir los problemas de la época desde una perspectiva que lo autorice a responder científicamente. 

La pregunta de qué plural es válida para pensar, en nuestra práctica, si estamos dentro o fuera del psicoanálisis. Si contamos con la lógica de las intervenciones, vamos a estar en libertad y autorización para nuestras intervenciones. Pero para eso tenemos que respondernos qué plural es y pensar si responde, por ejemplo, a una lógica de lo infinitesimal, si es una serie que comienza y no termina, si tiene un doble, si es una serie, responde a la secuencia de intervenciones, si tiene un límite, etc. Son todos conceptos de la lógica. Para responder desde el psicoanálisis, vamos a tratar de situar algunos de los conceptos escenciales que tenemos que manejar para poder respondernos. Y uno de los conceptos fundamentales para colocar al psicoanálisis como una disciplina científica es tener claramente delimitado el objeto al cual el psicoanálisis se dirige: el sujeto. No es la persona, la personalidad, la conducta ni el organismo.

El objeto del psicoanálisis es el sujeto. El planteo del sujeto es subversivo y hacia él dirigimos las intervenciones. Si no sabemos cómo está constituido el sujeto, nuestras intervenciones quedan desorientadas. El sujeto está constituído por un organismo, aunque eso no es el sujeto. Lo real del cuerpo forma parte de la constitución de un sujeto, pero no se reduce de ninguna manera a un cerebro. No podemos escuchar que en en el cerebro hay atracciones varias o que en el cerebro ya viene tal cosa. El cerebro corresponde a lo real del sujeto, como así también su cuerpo orgánico. El sujeto está constituído por él, pero es un real no puro. El sujeto es un real que está anudado a lo simbólico y a lo imaginario: a lo simbólico del lenguaje que trastoca lo real del organismo, a lo imaginario de la representación de ese organismo en la que se asume como cuerpo ese organismo. Diríamos que con Lacan, el sujeto no va a ser reducido a ninguno de los 3 registros: es uno hecho de los 3, real, simbólico e imaginario.

Ese sujeto, al que se van a dirigir las intervenciones del analista, se constituye en tiempos. Esta es otra cuestión importante a tener en cuenta, porque podemos debatir con el vitalismo, la creencia que hay una naturalidad en la constitución. Para nosotros el sujeto se constituye en tiempos dependientes de operaciones. nada será natural en la constitución y si dijimos que lo real del organismo, anudado a lo simbólico y a lo imaginario se trastoca, entonces es difícil reducir las orientaciones del sujeto a los directivos de la nosología cerebral. Los tiempos del sujeto no corresponden a la edad ni se constituyen con los años. Son tiempos de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario. Cada uno de estos 3, que constituyen a nuestro sujeto del psicoanálisis, que no es el sujeto de la filosofía, ni el sujeto gramatical, es el sujeto de la estructura R-S-I. Depende de operaciones que nos van a permitir ubicar cada uno de estos tiempos. Insisto en lo siguiente: no son tiempo que promocionen naturalmente. No son tiempos evolutivos, sino tiempos que se van a efectuar si las operaciones que lo promueven ocurren. Es decir, que si dependen contingentemente de operaciones, también pueden fallar y podemos encontrarnos entonces con que el tiempo del calendario pasa y los tiempos del sujeto no. Es importante ubicarlo para las intervenciones. Son tiempos necesarios de operaciones, pero contingentes en su realización, es decir, fallan y dan como consecuencias destiempos, contratiempos, detenimientos en los tiempos. Para formalizar las intervenciones del analista, es importante que el analista delimite qué tiempo tiene ese sujeto. Incluso un adulto, puede estar en un tiempo y no en otro.

¿Qué tiempo de simbólico? No es lo mismo el tiempo del lenguaje, que el tiempo de la palabra: alguien puede cursar la operación relativo al lenguaje y no estar en el tiempo de la palabra. O bien puede alcanzar la operación que permite la efectuación del sujero de la palabra, pero no articularse en discurso. Son tiempos del dicho a muy grosso modo, porque los tiempos son mucho más finos. 

Tiempos de lo real. Hay goces que corresponden a determinado tiempo del sujeto y que no se redistribuyen. Bien puede ocurrir que pasen los años y se siga, como decimos, de pasar a besar unos labios a seguir chupándose el dedo. Hay adultos con tiempos de fixierung, de fijación, porque falló la progresión de los tiempos.

Tiempos del narcisismo y de la constitución del cuerpo. El cuerpo no se reduce al organismo, es el cuerpo del sujeto. Cuando nosotros nos ocupamos del cuerpo, nos interesa el cuerpo R-S-I. Tomamos en cuenta, por supuesto, lo real de ese cuerpo, pero anudado a lo que el lenguaje y lo imaginario imprimió y enlazó de ese real. 

Lo que nosotros vamos a ver son los tiempos del narcisismo de la infancia y quisiera pasar al lugar que ocupa el tiempo del narcisismo en los tiempos del sujeto, para poder pensar en las intervenciones del analista, respecto de los tiempos de constitución del narcisismo, de recreación del narcisismo y de falla en la constitución del narcisismo y recreación de los tiempos y cómo intervenimos.

Situemos los tiempos del narcisismo en la infancia para diferenciarlos. Ustedes conocen el mito de Narciso, que tiene distintas versiones. La versión de Ovidio plantea que era un joven muy hermoso, hijo de un dios y una ninfa, que al consultar a Tiresias por el destino de ese niño, dice que va a llegar a viejo si no se contempla a sí mismo. Narciso estaba en el bosque y una de las ninfas que habían tratado de ganar su favor, Eco, trató de seducirlo y al no lograr hacerlo se consumió hasta quedar solamente su voz. Eco pidió venganza a némesis y le llegó la venganza cuando él se inclinó a beber agua en el bosque y quedó fascinado con esa imagen y muere. Hay otras versiones, como la de Pausanias, que plantea que en realidad Narciso era un joven que había tenido una hermana gemela que había perdido y entonces creyó verla en las aguas. Todas las versiones van a lo mismo, que es lo tanático de la fascinación que él encuentra respecto a esa imagen que él encuentra respecto a esa imagen que lo lleva a la muerte, al tratar de unirse a esa imagen mediante el beso.

Damos por supuesto y natural que alguien se fascine y se contemple, pero no es natural. Alguien puede no percibirse en esa imagen, no ver esa imagen, ¿de qué depende? No solamente del cerebro. Lacan cuando intentó formalizar apelando a las leyes reflectivas de la óptica con el Estadío del Espejo la conformación de una imagen y de la imagen corporal, partió justamente del córtex, es decir, él en ningún momento niega que haya una fundamentación ligada a lo orgánico, pero lo que el sujeto va a percibir no corresponde a lo real, como muestra lacan con las leyes de la óptica. Esto es muy interesante hoy en los debates con los legisladores, que plantean la importancia del DNI que tiene que estar dado por la autopercepción. ¿Qué hace que alguien se perciba?

El 1° tiempo de constitución del narcisismo es de anticipación. No se trata de ninguna connotación natural la que nos lleva a percibirnos nena, nene, grande, chico, alto, bajo, gordo, flaco. Lo que vamos a percibir comienza en un tiempo de anticipación con una distorsión perceptiva, porque Lacan llamó a eso deseo de la madre. En el primer tiempo, el Otro anticipa al sujeto. Una embarazada, en el momento que se está produciendo en su propio cuerpo una división celular, ella no dice “Tengo un blastómero en la panza”. O “me encuentro sintiendo la mórula”. Ella dice “Estoy embarazada, voy a tener un bebé” y si no se pone a tejer, le compra ropita y lo imagina cubriendo lo real de su cuerpo con una imagen. Esa imagen es cobertura imaginaria de un real. No solo cubre lo real anticipando a ese sujeto: le pone un nombre. Es decir, anuda lo real e imaginario a lo simbólico, anticipando un cuerpo separado del cuerpo propio. esta operación de cobertura imaginaria de lo real la lleva a que anticipe R-S-I del sujeto. Pero como todos lo hemos escuchado, muchas embarazadas no anticipan un bebé cuando se está produciendo el real de la división celular. De esta operación depende que funcione el deseo de la madre. 

Entonces, cuando nosotros decimos y coincidimos que no se es madre naturalmente, que no se trata solo de dar vida, sino de anticipar un sujeto, no hacemos ideología. Estamos planteando desde la lógica del psicoanálisis, que un hijo para ser hijo depende de que funcione esta operación deseo de la madre. Y de ella, entonces, se extrae como consecuencia nada más ni nada menos que la constitución del sostén narcisista, porque es ella la que va a imaginar unificado lo que es una división. Ella cubre la vida de subjetividad. Los que trabajan en reproducción asistida, la ciencia, va a poder crear vida, pero lo que no van a poder constituir es un sujeto. Podemos tener vida sin sujeto. Para que haya sujeto, es preciso que funcione esta operación. Una mujer puede enjendrar vida, pero solo el deseo de la madre puede enjendrar sujeto. El organismo depende de la unión del óvulo y el espermatozoide, pero el cuerpo del sujeto depende de que el deseo de la madre funcione como operación. Es una operación inconsciente y esto hay que ubicarlo para el discurso de la época: no es lo mismo el deseo que querer algo. Querer tener un hijo no es el deseo de la madre se sostiene de lo que llamamos fantasma materno y tiene que ver con cubrir una falta. Solo se desea un hijo si un hijo hace falta. Entonces, es necesario pensar que esta operación se tiene que dar para entender por qué un viviente que nace prematuro, que su cuerpo está en estado de prematuración, que no coordina aún los movimientos, que no tiene la presión suficiente para sostenerse, que la mielinización de su sistema nervioso central está inacabada, sin embargo, se identifica a una imagen unificada de su cuerpo, se ve integrado, se ve como uno y además siente júblilo por esa imagen que cree que es él. La percepción se sostiene de la mirada del Otro. Es imposible pensar que podemos ser abstinentes que no le vamos a transmitir nada a los niños para que sean libres. Transmitirles eso es también transmitirle marcas, porque el Otro recubre y realiza esta operación porque su deseo es deseo de falo. El falo es el objeto que imaginariamente le cubre la falta y el narcisismo se sostiene de esta operación necesaria pero profundamente contingente, que hace que se cubra imaginariamente una falta en el Otro.

La madre va a desear ese falo si en ella funciona una operación. Si se va a cubrir una falta imaginariamente, es porque algo falta. Y eso que falta es la función fálica. Lacan llamó función fálica a cuando en la madre funciona una lógica de incompletud. Cada vez que opere esa incompletud en la madre, la falta está operando. Ella la va a recubrir proponiéndole a ese viviente que sea el falo. Gracias a que el viviente lo toma, va a tener una ganancia: ese cuerpo incoordinado se le va a presentar como uno. además, si se da esa operación va a tener sensibilidad. No alcanza con que funcione la fisiología de la piel, para tener sensibilidad, es necesario que se haya constituído ese cuerpo imaginario del sujeto. He tenido muchas oportunidades de diagnosticar la falla de esta operación y con gran pena ver sujetos graves que se quemaban con cigarrillos para poder sentir. 

De la constitución imaginaria del cuerpo depende: 

- La sensibilidad. 
- La percepción de esa imagen tomada como propia, ya que nos vemos como el Otro nos propuso que nos veamos. 
- La percepción del espacio. La dimensión del espacio no depende de la geografía, depende de la percepción que se establece en ese tiempo de constitución de la imagen especular. 
- La posibilidad de estar erguidos y de ponerse de pie depende de que el Otro nos haya propuesto que seamos ese falo imaginario. Gracias a la constitución del narcisismo, el cuerpo se va a parar. 

El cuerpo como superficie. Si esa operación se realiza, el cuerpo se constituye y se constituye desconociendo lo real del organismo. Solo reconoce la superficie y esto es muy importante, porque a la hora de la relación con los demás, tener la unificación de la imagen hace que por ejemplo tengamos la tranquilidad de que tenemos intimidad, de que el Otro no conoce nuestros pensamientos, que nos atraviesa con la mirada. La relación con el Otro también depende de la constitución de esta imagen en tiempos muy tempranos. 

Así como planteé que hay fallas en la constitución de la imagen, el tiempo que le sigue es qué pasa si esta imagen no se mueve. La imagen puede no moverse. El tiempo de constitución de la imagen es un tiempo de coagulación: es cuasi fotográfico, nos reconocemos ahí y pasamos a decir “soy yo”. Es notable que quien queda coagulado en estos tiempos, muchas veces pasan los años y uno puede decir que tiene una imagen aniñada. Durezas corporales, gente que queda en la identidad a esa imagen y no pueden moverse de allí. Es también notorio que sigan vistiéndose como hace mucho, o en casos más graves, no pudiendo quitarse la ropa que le da consistencia al cuerpo. Ser el falo es un tiempo que puede quedar detenido. ¿De qué depende entonces que se pueda pasar a otro tiempo del narcisismo, donde la imagen se mueve, donde es posible aceptar soy y no soy? Donde es posible reconocerse aunque uno parezca diferente, como cuando nos vemos en la foto de un documento que nos sacaron hace muchos años. Uno puede decir “soy yo”, pero ya no soy esta. 

¿Qué es lo que permite que no se desarme la imagen y que tenga movilidad? Lo que lo permite es que en el Otro, ese que sostuvo con la mirada la imagen del sujeto, vuelva a funcionar la función fálica, es decir, que busque el falo más allá del niño. O dicho en términos de Lacan, que el falo sea matáfora de amor por lo que buscará en otro cuerpo, como en el del padre. Es decir, que la madre pueda tomar al niño como metáfora. Metáfora es un concepto fuerte de Lacan, que quiere decir sustitución. Es decir, que lo pueda sustituir, que en la madre funcione la incompletud y que la madre no sienta que ese niño es parte de ella y no lo deje para nada. La madre de Juanito no lo dejaba ni ir al baño, se desvestía delante de él, lo llevaba a todas partes, entonces el niño ahí funciona como metonimia de su deseo de falo, es decir, lo toma como parte de su cuerpo. En ese caso es muy difícil que la imagen del sujeto pueda hacer juego. es decir, que tolere ser y a veces no ser el abanderado de la escuela, ser el centro de la escena y a veces no ser. Que el mundo sea acorde a su percepción pero que también pueda estar la percepción de otro. 

Para poder enlazar el narcisismo a la castración, es necesario que además de funcionar el intervalo en el Otro (lógica de incompletud) también entre la función nominante del padre. Es decir que cuando se mueve el espejito, tenga letra para sostenerme fuera de ese lugar y no pensar que si no estoy en la focalización de la mirada en el centro de la escena, me voy a caer al abismo. La dureza corporal se pierde cuando el Otro pestanea y mira más allá del niño, cuando da lugar a que aparezca en esa imagen un menos, que le falte algo a esa imagen, un resto. Lacan dijo que si el falo lo escribimos con la letra griega φ (falo imaginario), se trata que aparezca un -φ, un resto en esa imagen, que el niño no sea la suma de las notas ideales del narcisismo de los padres. Hoy veíamos un material clínico donde la madre decía “Es igual a mi”. A la nena le costaba encontrar salida, porque estaba muy ausente, entonces cada vez que aparecía el menos en alguna escena, alguien que no la llamaba, se derrumbaba. Para pasar del ser al tener, es preciso que haya letra legitimante que sostenga el narcisismo con la mancha. Es decir, con lo que falta en la imagen, con lo que no entra en el brillo del falo imaginario que el Otro deseó para ese niño que lo complete. La ganancia de este nuevo tiempo del narcisismo es una imagen que se mueve. Se puede empezar a jugar a personajes, porque se trata de un niño que no es idéntico a si mismo. “Dale que era…” no es soy. La dureza del primer tiempo, la falta de letra para hacer el pasaje rigidiza el juego en niños y adultos, que se vuelven captados por la severidad del superyó, como dice Freud. Se vuelven serios, no juegan más. Jugar distintos roles se trata de que la imagen haga juego. Y la imagen del espejo se mueve si se dan estas 2 operaciones. Y nuevamente, no es natural. 

Gracias a esta letra, podemos decir que sin letra el narcisismo se rigidiza. El yo puede llegar a hacerse egoísta. Es decir, el ego es la falla del narcisismo. Es la dureza que viene para reparar la falla en la constitución, la intolerancia con la diferencia, lo insoportable de la relación al Otro. Todos están hablando de la falla en la movilidad del tiempo del narcisismo. Sin letra, entonces, queda una pobreza en la constitución, porque el que no juega se aburre. Y con letra, se va delimitando el objeto que le hace falta. Es decir, en lugar de estar de objeto para el narcisismo, de objeto para la mirada del Otro, se va extractando un objeto que le hace falta. Por eso, gracias a la recreación de los tiempos, en lugar de fascinarse con la propia imagen, se va a buscar el objeto en el cuerpo del partenaire. La posibilidad de búsqueda del objeto, de la elección de objeto se hace en tiempos, porque dependen de la pérdida sucesiva del lugar de objeto en la que el sujeto se constituye. Pasaje, entonces, de los tiempos del narcisismo en la infancia del ser al tener y a la búsqueda del objeto en el cuerpo del partenaire. Si el narcisismo perdura, puede ser una elección narcisista, buscándose un igual. 

Si los tiempos se recrean, se va a poder constituir lo que Lacan llama el semblant, que no es la apariencia. Lo que Lacan llama el semblant, es la cobertura imaginaria de un pedazo de real, anudado simbólicamente. Para hacer semblant, es preciso tener letra. Si uno se cree que es psicoanalista todo el tiempo, hacen como hacían en la técnica antigua, que se vestían con el mismo traje todos los días para no introducir variables en la escena analítica y no saludar al paciente si se los encuentra en el cine. Para hacer semblant, dice Lacan en el seminario XX, ustedes no son el semblant. Si se colocan en ese lugar, pueden hacer que se presente la presencia del objeto. Solo se puede hacer presencia del objeto si se constituye el semblant.

¿Y las intervenciones? Vamos a decir que delimitamos las fallas, nos encontramos con las fallas de las primeras operaciones, o nos encontramos con las fallas en la movilidad del narcisismo. Ahora, entonces, ¿qué plural es ese? No es un plural infinito ni es un plural de una serie que hace a cada quien. Es una plural que hace a una lógica. Si el sujeto es R-S-I, y los tiempos son tiempos son tiempos de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario, cuando el analista delimita qué tiempo está comprometido, interviene en lo real, en lo simbólico o en lo imaginario. Puede intervenir en los 3 registros. No interviene solo en lo real, solo en lo simbólico o solo en lo imaginario, porque sería desconocer la estructura del sujeto. Y se autoriza a realizar las intervenciones -con este plural- porque todas ellas aportan al acto analítico. Y el acto analítico, dijo Lacan, es el que efectúa sujeto. Es decir que nosotros apuntamos con el acto analítico a la efectuación del sujeto, por eso intervenimos en los 3 registros sin decir que estamos fuera del psicoanálisis, sin decir que estamos fuera del campo de la palabra, o solo en el corte de lo real y que vade retro intervenir en lo imaginario. Veamos 2 casos para ver las fallas en los tiempos de constitución.

Caso clínico 1. Un niño cuya falla se dio en el primer tiempo del deseo de la madre. La madre de este niño estaba de duelo cuando quedó embarazada y rechazó profundamente el embarazo. Se veía gorda, se arrancaba la ropa y tuvo un rechazo por el hijo. El padre, que nunca había querido tener hijos y que aceptó tenerlo para satisfacer a la mujer, consideraba que los hijos destruyen la pareja, porque uno no tiene tiempo al tener que ocuparse de ellos. 

Traen al niño a la consulta porque no quería ir a la escuela. Él salía corriendo cada vez que se iba a encontrar con algún chico. Es decir, no toleraba la presencia de otro chico y salía corriendo. Fue difícil que entrara al consultorio, pero avanzando un poquito y habiendo tolerado lo que yo llamo el tiempo de expulsión del objeto (literalmente destrozó los objetos que tiraba en el consultorio). No podía jugar y el cuerpo no se sostenía por carecer de consistencia imaginaria. En un determinado momento yo le decía que los chicos juegan a determinadas cosas en el consultorio y él me preguntaba ¿Vos cómo sabés como juegan los chicos? Yo le contaba que atendía chicos y que los chicos esto, lo otro… Ahí se empezó a mostrar interesado en lo que los chicos le gustaba hacer, como pintar. Él me dijo que quería pintar. Agarra la pintura, pero en lugar de pintar, me dice pintame. 
- ¿Qué te pinte?
- Pintame así tengo manos.

Ese fue el inicio de la reparación. Yo lo pinté y cuando las tuvo pintadas, ahí empezaba con el cuerpo a dejar marcas en el consultorio y poco a poco fue empezando, con el cuerpo pintado, con el cuerpo cubierto, con el cuerpo vestido, a jugar y pasó con bloques a repetir un juego, que era “mirame”. Él se subía a los bloques, hacía equilibrio y se sostenía en mi mirada. Intervención que apunta en lo real a reparar la consistencia imaginaria de un cuerpo que no se podía constituir. Gracias a esa unificación sostenida en transferencia en lo real de la ella, pudo ir a la escuela. Jugaba al tenis, no jugaba a juegos grupales porque muchos juegos le eran intrusivos a la falla en la constitución imaginaria y tuvo un amigo. La intervención fue sostener ese cuerpo, que podía tener sostén en la mirada del Otro. 

Caso clínico 2. Una nena cuya madre sí la había sostenido con su deseo de falo en los tiempos primeros, y efectivamente cuando llegó era una nena que tampoco podía jugar. Era preciosa, una muñequita, uno llegaba a la sala de espera y la encontraba durita, sentadita. Pero no se movía la imagen. Eso era algo realmente imposible. Un día viene con una muñeca a pilas que tenía un control remoto y me lo muestra: 1, 2, 3. Otra vez, 1, 2 y 3. Entonces, miro a la muñequita esa que hacía 1, 2 y 3 y le hablo. 

- Hola, ¿a qué querés jugar?
- Es una muñeca.
Y yo le sigo hablando a la muñeca. 
- ¿A qué sabés jugar? 
Ella movía el control, 1, 2, 3; 1, 2, 3. Yo le seguía hablando a la muñeca. 
- ¡Pobrecita! ¡Solamente te movés cuando te mueven! ¿No podés jugar a algo que te guste? 
1,2,3…. 1,2,3… 
- Porque acá los chicos vienen, juegan a muchas cosas… 
- ¿A qué juegan? (pregunta la dueña del control) 

Le cuento que juegan a diferentes cosas y que también eligen pintar. Por supuesto, a la sesión siguiente vino vestida con un delantal hermosísimo hasta el cuello. Empieza a pintar inmaculadamente y de repente se le cae el pincel y entonces yo juego con la mancha. Son intervenciones tendientes a mover la imagen coagulada del cuerpo. No son intervenciones en lo real, aunque esté jugando. Son entre lo simbólico y lo imaginario. Todas apuntan a destrabar los tiempos del sujeto, no solo con los niños, sino con los adultos también. Son intervenciones en lo real, en lo simbólico y en lo imaginario. En ese sentido acuerdo con Winnicott, que decía que el analista tiene que ser juguetón; pero no jugar para divertirse, sino para poner en juego la modalidad del objeto, para que el sujeto no quede coagulado y se pueda mover.

Pregunta: En las 2 intervenciones se produce algo a partir de comentarle a los niños que van otros niños a jugar.
A.F.: En el primer caso, es para incluirlo en la serie de los niños. En el caso de la otra nena, aunque le hablo de los otros niños, es para descoagular el lugar de muñeca que ella tenía. Acá hay otro, porque en el contexto, ella estaba muy habituada a ser el centro de la mirada de su madre, de sus abuelos, etc., entonces decirle que habían otros niños, es un recurso para decirle que no sos el único falo acá. 

Pregunta: ¿Por qué el primer niño no quería ir a la escuela?
A.F.: Hay una falla en la inclusión en la demanda del Otro. Su cuerpo, al no estar constituído por esta consistencia imaginaria, lo real siempre le es muy amenazante. La constitución que tenemos desde lo imaginario es lo que nos permite estar vestidos ante los goces que el Otro presenta. Y encontrarse con otros niños o con otras personas, implica encontrarse siempre con los goces que las otras personas portan, por eso en muchas situaciones, cuando hay fragilidad en la constitución imaginaria, hay dificultades en la relación con los otros. Hoy estábamos viendo con una paciente que es adulta que ella siempre percibió de su abuela y su madre de que no había un lugar más seguro que la propia casa. La calle está llena de peligros, que si te miran, que si te hablan… Ella encontró un trabajo para hacerlo en su casa, todo lo hacía ahí y un día le entran a robar estando ella en la casa. En ese momento, les dije que gracias a ellos vas a poder cuestionar lo que tu abuela decía. 

En el caso de este chiquito, encontrarse con estos otros cuerpos, al no tener una buena consistencia, era muy peligroso. Es la penetración del goce más allá de lo imaginario, que puede destrozar la poca o frágil consistencia imaginaria. Él ni siquiera agarraba el lápiz, era un cuerpo muy frágil. 

Pregunta: ¿Qué eficacia tiene tiene lo restitutivo de los tiempos? ¿Es temporal o permanente? 
A.F.: Los tiempos que fallaron, fallaron. El análisis no devuelve al tiempo anterior, lo que hace es reparar la falla. No es lo mismo hacer una reparación que pretender devolverle la operación que la madre no hizo. No somos mejor madre que la madre. Si trabajamos con n ios, nunca debemos creernos súper-padres. Se trata de una reparación que trata de abrir vías colaterales para los goces. Se arman reparaciones, pero los tiempos que fallaron, fallaron. Y la estructura que precipitó, a mi entender, precipita tempranamente como dice Freud. No hay cambio de estructura. El niño del caso terminó muy bien su análisis con una buena reparación cobertora, siempre y cuando no se violente su límite. Los padres tenían muy en claro qué cosas no tenían que hacer para no violentar el límite de la estructura y el niño también, como cualquiera, que encontrándose con los límites de su estructura, sabe qué la repara y qué la daña. Eso es un análisis.

Respecto de lo ganado en un análisis, no se pierde. El encuentro con un analista es un antes y un después, si hubo análisis. Esto no quiere decir que no haya reales de la vida que conmuevan. porque los análisis no previenen los reales de la vida, sino que da herramientas para responder a eso. Por eso digo, nada indica que ante un nuevo real, alguien pueda requerir una nueva vuelta de análisis. 

Los niños, cuando son graves, como un chico que cada tanto me viene a ver. Él ya siendo un hombre sigue guardando la llave de su casa, y yo creo que el análisis es eso, una llave guardada que el sujeto se lleva. En el caso de él, la llave es real por su gravedad. 

Pregunta: (pregunta por los miedos de los niños).
A.F.: Freud dice que los miedos de los niños son algo que pasan al crecer. Vos me recordás que a veces no pasan. No hay que decirle a las madres que pasan, porque pasan si pasan, ¿y si no pasan? Pasan a síntomas peores. Entonces, hay fobias que son propias de los tiempos de constitución y tienen que ver con que lo simbólico se va constituyendo en tiempos. Entonces, hasta que se pueda encontrar un buen delimitador del espacio para los goces, los niños recurren a los objetos fóbicos delimitadores del espacio. Esto es típico de ciertos tiempos del sujeto. Si no pasan, es que hay algo de lo pulsional incestuoso que no está delimitado. Esto puede ser por falta de letra del lado de la función paterna, o porque la madre no dona el intervalo, reteniendo al niño como falo. Entonces, el espacio no termina de delimitarse y la oscuridad son como los monstruos, es algo de lo pulsional puesto ahí. Muchas veces vemos esto en los adolescentes que les encantan las películas de terror, dicen que no tienen miedo, se trata de conjurar esos goces que no encuentran una delimitación o un marco. Pero la oscuridad también es la oscuridad de significantes, como el caso del niño que iba con la tía por el bosque y pide que le hable. Los nombres se delimitan con el espacio prohibido y el espacio permitido y la fobia es una de las manifestaciones que aniñan a alguien. Los fóbicos adultos se empobrecen mucho en su vida y en el lazo social.

Pregunta: ¿Asociás la letra a la función del padre?
A.F.: Si. Lacan dice que la operación paterna son las nominaciones. Las nominaciones, para Lacan, no son lo significantes. La nominación es el borde real de la letra, porque establece bordes entre lo real y lo simbólico. Lacan va a plantear que el nombre es lo que enlaza lo real. El significante tiene otra lógica, en cambio la letra permite legitimar un determinado goce. No es lo mismo decir “mi hijo” que “este chico” al viviente que nació. Con hijo, se inscribe una delimitación de goces. Si es el hijo, con la madre no. Si es el hijo, hay ciertas obligaciones, etc. Entonces, el nombre tiene eficacia sobre lo real, es más del orden de la letra.

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