lunes, 22 de junio de 2020

Angustia, pasaje al acto y acting out.

Notas de la clase de Stella Maris Rivadero, del 11/10/12, cátedra "Psicoanálisis II" en UMSA.

¿Por qué el pasaje al acto y el acting out es importante para la clínica? La angustia emerge ante lo enigmático del deseo del otro. Ante la pregunta fundante del sujeto “qué me quiere el Otro?” el sujeto esboza una respuesta que, en el mejor de los casos, es una respuesta fantasmática. Es decir, que selecciona del menú de los objetos de la pulsión, un objeto para responder a esa pregunta enigmática del deseo del Otro hacia él. 

En esta respuesta fantasmática, el sujeto elige un objeto de los objetos de la pulsión: seno, heces, voz, mirada. Puede responderse con “soy la caquita de mamá”, “soy la luz de los ojos de papá”. Esa primera respuesta fantasmática se va a reeditar en todo encuentro con un partenaire de cualquier orden. Es decir, cuando nosotros nos acercamos a alguien, consciente o inconscientemente voy a preguntar qué quiere el otro de mí. Y Vamos a responder desde nuestro fantasma con esto que suponemos que el otro quiere.
Esta es la fórmula del fantasma: 
 $ ◊ a  
sujeto barrado, lozzenge, a

El objeto a es el objeto, que decíamos recién, elige del menú de las pulsiones: las heces, la voz, la mirada y el seno. El sujeto va a decir “Bueno, si quiere la luz de sus ojos” vamos a tener a alguien que tenga que ver con la visión escópica. Si me quiere “la caquita de mamá”, la predominancia de la respuesta del sujeto va a estar ligada al objeto anal. En relación a la luz de los ojos del Otro vamos a tener la cuestión de la mirada que va a responder a un determinado tipo de estructura.


La estructura tiene un objeto prínceps, primer objeto del fantasma. Este objeto princeps es el que comanda toda la estructura. Las diferentes estructuras son las que ustedes conocen como psicopatológicas dentro de la neurosis. Por ejemplo, en el caso de la histeria, el objeto princeps es la mirada en la medida que todo el tiempo hay un mensaje al otro de que está tratando de convocar la mirada del otro. Por eso la seducción, el arreglo, o la manera de presentarse para cautivar  al otro, es decir, atraparlo en la mirada.


La neurosis obsesiva, que no es solo patrimonio de los varones, trata de atrapar (o relacionarse) al otro a través del objeto anal. Ya sea con la represión o la expulsión. Por ejemplo, con la agresividad, con la retención de tener dinero, en ganar información, las diferentes facetas que cualquiera de ustedes conoce acerca de la neurosis obsesiva.

La neurosis obsesiva no tiene tanta prensa como la histeria, pero Freud ya había dicho que es una neurosis principal porque es aquella de la cual uno puede aprender mucho. Después Lacan retoma esos textos y la pone como la neurosis más lograda. 


La fobia es una plataforma giratoria donde puede virar a la histeria o a la neurosis obsesiva. Con lo cual en la fobia tenemos los 2 objetos: el anal y el objeto mirada. Depende del tiempo de la cura, hay primacía de uno o de otro. Elpunto justo donde la fobia se estabiliza es cuando puede virar hacia alguna de las 2 posibilidades. Justamente, en la fobia lo enigmático del deseo del Otro hace más gravoso, porque no sabe si ser comido o retenido, o deglutido, por lo cual se ponen en juego variables que dificultan hablar de las neurosis obsesiva o histeria. Obviamente hay fobias con un predominio del giro de la plataforma de una sobre otra.


Habíamos dicho que el sujeto responde en la vida con sus fantasmas. Hay personas que pueden pasar toda la vida respondiendo a cualquier encuentro con un fantasma logrado y nunca se va a desestabilizar. Pero, ¿qué pasa cuando lo real de la vida, una escena cualquiera, hace que el sujeto ya no pueda responder con ese fantasma por el cual tiende a armar otro? 


Entonces decíamos que el sujeto responde con su fantasma y cuando una situación de la vida lo interpela y su fantasma ya no le sirve, ahí hay un trastablillamiento de su posición fantasmática. Este trastablillamiento de la posición fantasmática es lo que hace emerger la angustia. Es decir, ya no cuenta con ese aval seguro, que era el fantasma, para responder a lo que la vida le dio. Porque el fantasma es incómodo, ya que da respuestas coaguladas, estrechas, que no permiten mucha creatividad. Pero da ciertos mensajes, cierta seguridad. Por ejemplo, aquel que piensa que todo el mundo lo caga, se va a encontrar siempre con situaciones donde esto se reproduzca, porque el sujeto actúa también sus fantasmas, por lo cual va a encontrar esa respuesta que está pensando que va a encontrar. Lacan dice que el neurótico es un sujeto que en la repetición se va a encontrar con lo mismo. Freud decía que el sujeto repite porque no puede elaborar aquello que fue del orden de lo traumático. Entonces, repite para no recordar.  Pero en la repetición podemos considerar ciertas diferencias: está la repetición de lo mismo y también, en cada nueva puesta de la repetición, la posibilidad de que el sujeto se encuentre con un rasgo nuevo. 

Ese rasgo nuevo va a permitir que en algún momento que elabore eso que fue del orden de lo traumático para dejar de repetir, pero ¿qué hacemos los analistas en un consultorio? De alguna manera, el sujeto en transferencia, va a seguir repitiendo, en la medida que el analista va a ser aquel que ocupe el semblante de esos objetos a que el sujeto va a ir depositándole. 

Hay un primer tiempo en la cura  donde el analista ocupa el lugar de sujeto-supuesto-saber. Hay otro tiempo en la cura donde el analista va a intentar hacer temblar el objeto de cada fantasma a analizar. Por eso es importante que el analista lleve su propio análisis lo más lejos posible, porque es el único modo de poder sostener en transferencia los distintos tiempos de la cura. Hay un primer tiempo idílico en toda cura, después viene un tiempo más tormentoso, que es el tiempo donde el sujeto tiene que largar su objeto de fijación gozosa e incestuosa. Este objeto del fantasma es un objeto de fijación en términos freudianos, en términos lacanianos, de goce. Este mismo objeto, después de un trabajo analítico, es el objeto que al ser vaciado de goce, el sujeto con este objeto (liberado de ese goce), va a poder inventar algo para hacer un [cinto] en la vida. Es decir, que en lugar de padecen con el síntoma, haga una recreación sintomática para poder vivir de otro modo y no seguir padeciendo.

Ej: aquel que estaba pegado al goce anal, va a poder hacer con ese mismo objeto alguna otra cosa. No es lo mismo padecer la fijación que crear o inventar algo. Yo tenía una analizante que estaba muy fijada a cómo el mundo la miraba porque era la nena linda de mamá. Sus relaciones fracasaban cuando el partener no la miraba, y sentía que desaparecía de la escena. ¿Cómo no me miran a mí que soy tan linda? El mundo de esta paciente se limitaba, porque en la vida no siempre se puede ser la protagonista de todo. Por lo cual esto ella lo padecía y se angustiaba. Cuando se fue trabajando esta fijación que ella tenía a este objeto mirada del padre, ella empieza a poder pensar si puede hacer algo en relación a la mirada. Y actualmente ella trabaja en relación a la fotografía, expone, y ha podido hacer un cambio. El objeto del cual se trata es el mismo. Nada más que en un caso estaba al servicio del goce padeciente y en el otro caso está al servicio de la creatividad o la invención o de la sublimación, en sentido freudiano.

Decíamos que en el mejor de los casos, un sujeto va a responder en la vida con sus fantasmas. Cuando trastablilla el fantasma, va a surgir la angustia porque no va a tener con qué responder a lo que el Otro quiere. O sea, que la angustia implica encontrarse con la falta del Otro y también implica que es este punto la angustia va ser media o bisagra entre el goce y el deseo.

Este cuadro Lacan lo trabaja en el seminario de la angustia y pone arriba Otro (Autre) En el segundo nivel, la prohibición del incesto, o sea, la ley del padre, prohíbe a la madre reintegrar su producto y al niño acostarse con su madre. Por esa interdicción el Otro aparece en falta (lo barraado indica que A está en falta, castrado). Si el otro está castrado es que algo le hace falta. Si algo le hace falta, el niño viene a ocupar el lugar de falo imaginario en un primer tiempo y luego que opera la metáfora paterna va a convertirse en falo simbólico. Cuando hablamos del Otro, hablamos del Otro parental que puede encarnarse en la madre, pero también a veces puede ser el padre que pueda ocupar esa función. No hay que pegarlo a la cuestión de la identidad sexual, sino a la función. Es sobre la madre que va a caer la interdicción del padre en el sentido de “no reintegrarás tu producto” y al niño “no te acostarás con tu madre”. Ahí todo queda del lado materno. Si opera esta interdicción, a la madre le va a faltar algo y va  a tener que significar eso que le falta como falo imaginario o falo simbólico.


Si el niño queda como falo imaginario de la madre, queda siendo aquel que obtura la falta de la madre. Si opera en falo simbólico, la madre puede largar el niño para el mundo.

  • Falo imaginario: Es la creencia de que el bebé de verdad tapona la falta del Otro.
  • Falo simbólico: Adviene cuando la intervención del padre está operando y dice “No, el niño no te completa a vos, vos también necesitás del deseo de un varón o de otro”. Es cuando la madre, además del hijo, tiene otros intereses por fuera del niño.

Cuando la madre tiene otros intereses por fuera del niño, el interés libidinal con un partenaire sexual o el interés por el trabajo, ya está operando ese niño con significación de falo simbólico. El niño no puede hacer esta operación si el otro no promueve lugar. Cuando una mujer puede alojar a un niño como falo simbólico, a ella tiene haberle operado el padre edípico y también el padre muerto en sentido del padre de la ley. La prohibición va a en doble vertiente: para el niño y para la madre. Ambos se tienen que privar de un goce. Cuando nosotros analizamos y el sujeto nos dice “No, porque mi mamá me dice siempre lo mismo, quiere que yo lo obedezca”, está bien, es lo que quiere el Otro materno. Pero el sujeto también tiene una responsabilidad, ante como responde lo que el otro sujeto quiere.
En este tiempo donde el sujeto advierte que no es el objeto que completa al Otro, emerge la angustia, porque también existe la tentación de creer que existe el objeto que tapona al Otro. Está la doble cuestión: ser el falo y no ser el falo. Por eso, la angustia es bisagra de goce (el goce está en creerse el falo del otro) o el deseo que apuntaría a dejar de ser ese falito para poder tener acceso a los teneres fálicos: trabajar, estudiar, hablar, todos esos son tener fálicos. Cuando uno puede acceder a ciertos teneres, hay un punto en donde uno ha dejado de ser ese objeto de la demanda del otro.

Por ejemplo, la chica que dejó de ser la luz de los ojos de papá, pudo acceder a un tener fálico en la fotografía en la medida en que dejó ese lugar que la condenaba a estar sujeta a la mirada de los otros. 

La angustia como afecto incómodo, no siempre emerge y no siempre es tolerable. Con lo cual, hay 2 recursos que el sujeto tiene para evitar la angustia: el acting out y el pasaje al acto.

En el caso Dora, ella estaba ocupada mucho tiempo en ser lo que su padre quería. Pero su padre deseaba a la Sra. K y no quería a su madre, que era la que estaba todo el tiempo limpiando. Dora al no ser esa que el padre quería, entra en la triangularidad de la relación del Sr. K, la Sra K y ella, e incluso comparten vacaciones a sabiendas de que el padre era el amante de la Sra. K. Ahí hay toda una corriente libidinal donde Dora estaba mirando esta escena donde su padre no velaba ese deseo sexual hacia la Sra. K. Pero la que fue llevada a analizar fue Dora y no su padre para ver qué le pasaba él en esa mostración de su sexualidad hacia su hija. Esto hizo que Dora hiciera ciertos síntomas, como la tos, la carraspera, la afonía. Esto aludía a ese comercio sexual que ella estaba presenciando. Ella empieza con todo esto a los 14 años y podríamos decir que está en el segundo despertar sexual. En ese momento, ella estaba tironeada entre ser fiel a la madre o serle fiel al padre. Pero todos los problemas del padre, que había tenido tuberculosis, enfermedades venéreas. En ese punto, Dora era la hija falo que quería ser preferida por el padre, porque la madre prefería al hermano. En esa preferencia ella se ofrecía al otro como objeto. Porque este ofrecerse al otro como objeto, en principio, es al otro paterno, pero después en la vida es a cualquiera: puede ser al marido, a una novia, a un jefe. Es como esas mujeres que dicen “yo hago todo por mi marido”. En la histeria se ubica al partener como el amo castrado. Primero es el que puede todo, el que ella sostiene ofreciéndose en sacrificio aún en desmedro de cosas de ella. Ese lugar del varón idealizado está presente. En esto de qué espera el sujeto de mí y cómo se ofrece al Otro, sigue en la vida. La madre está en esos primeros tiempos iniciales en la relación.

En Dora está esta cuestión de la mirada. Y gozaba con esa mirada. También gozaba con ese lugar de ser la oreja del Sr. K. Porque él le decía a ella que no estaba satisfecho con su mujer, que no estaba contento, que le molestaba cierta presencia del padre. Dora hace síntomas físicos, la inervación somática. Pero hay un punto cuando Dora se empieza a angustiar, que es cuando empieza a preguntarse qué papel jugaba ella en esto. Frente a esta situación hay algo que Freud tomó, que es la escena junto al lago el Sr. K. le dice a Dora “mi mujer no es nada para mí”. Uno podría decir que ella estaba coqueteando con K, pero el objeto de su deseo era la Sra. K, porque la Sra. K representaba, a los ojos de ella, lo que significaba ser una mujer. Porque la pregunta de qué es ser una mujer no solamente atañe a las mujeres, sino también a los varones. Los varones dicen “qué más quiere de mi”. El enigma freudiano era alrededor de la femineidad y en la constitución subjetiva la pregunta por el deseo está también en relación a otro pequeño, a un semejante. Para Dora, la Sra. K era la representante de lo femenino. Cuando el Sr. K le dice que la mujer no es nada para él, cae lo que ella tenía como ideal y también, él creyendo que al decirle eso Dora iba a caer en sus brazos, no sabía que tenía que sostener esa triangularidad para que el deseo pudiera sostenerse. Porque el deseo se funda siempre en una terceridad. Padre – niño – madre. Esta triangularidad puede no existir realmente, un tercero puede ser una persona pero también puede encarnarse en un trabajo.

Dora, cuando escucha eso, le da una bofetada al Sr. K. Freud toma eso como un pasaje al acto, porque si hubiera emergido la angustia, Dora tendría que haberse tentado con esta pregunta: Si la Sra. K no es nada para él, ¿qué soy yo para él? ¿Qué represento, qué lugar ocupo? Pero en lugar de esa pregunta, que la angustiaría, ella hace un pasaje al acto en el sentido de quedar ahí, puesta en el lugar de un objeto. Ella se identificó a la frase del Sr. K como un objeto. Cuando el Sr. K dice que su mujer nada para él, está diciendo que su mujer es un resto, que no es nada, es un objeto, no es una mujer, sino nada. Dora se identifica a esa nada y aparece la cachetada.

Este ejemplo, Lacan después lo toma como paradigmático para no confundir pasaje al acto en el sentido que lo conocemos nosotros habitualmente. Cuando alguien dice “Uy, se intentó suicidar, como un pasaje al acto”. El pasaje al acto no es el suicidio siempre. El pasaje al acto implica caer de una escena del mundo identificado a un objeto, a un resto, a una nada. La escena hubiera proseguido con Dora, hubiera sido una escena amorosa, pero al pegarle una cachetada se rompe la escena del mundo porque es algo no esperado por él, no está dentro de lo simbólico. No tiene palabras, no hay un decir sobre eso. Hay un actuar por un lado y una ruptura de las coordenadas.

Todo pasaje al acto implica que el sujeto tiene amordazado su decir y por eso lo único que le queda es caer como un resto, porque no tiene palabras para reconocerse en ese lugar en el que el otro (chiquito), en este caso K, la interpela. Es el proceso primario, porque no ha habido lugar para el sujeto en que pudiera reconocerse como sujeto amparado por otro. Es como que le hubiera faltado un reaseguro del otro.

En la joven homosexual, que es uno de los historiales freudianos, hay una chica de la alta burguesía vienesa que el padre está muy enamorado de la madre y ella tenía un par de hermanitos varones y cuando tenía 13 o 14 años nace un hermanito varón y el padre, que está totalmente fascinado con su mujer, no le presta atención a ella y por otro lado, la madre está todo el tiempo puesta en el lugar de mina. La madre no se comporta con la joven homosexual como una madre. Cuando una hija mujer está creciendo, una madre tiene que dar un paso al costado para que la hija mujer pueda acceder a lo femenino de que ella le trasmita y para que sea “la mujercita” del padre. No es la madre también que tiene que restarse para que la nena pueda acercarse al padre, decepcionarse del padre y buscar en un subrogado otro. Esta mujer, en su narcisismo, no miraba que su hija estaba creciendo, con lo cual, a esa chica lo único que le quedaba era tener que comportarse de alguna manera para que los padres le prestaran atención. Ella, en ese tiempo, estaba absolutamente dedicada a cuidar unos niñitos hijos de una familia amiga, con una devoción que uno podría decir un tanto patológica. Podemos decir que había un intento de identificarse a una madre que miraba sólo a los hijos varones y que a ella no la miraba. Para poder acceder a la femineidad, la hija mujer necesita de la libidinización de parte del Otro materno, con la voz y la mirada, y también el amor del padre y al padre.

O sea que esta mujer no tenía ni la vertiente amorosa del padre ni la vertiente donadora de voz – mirada para libidinizar ese cuerpo que se iba haciendo mujer del lado de la madre. La joven empieza entonces con una serie de actuaciones (acting out) a pasear con una mujer de dudosa reputación que se llamaba La Cocot. La Cocot era una mujer bisexual que a veces cobraba sus favores sexuales, casada con un varón de la comunidad vienesa y que además había tenido unas cuestiones delincuenciales de por medio. Una familia tradicional judía de Viena y la hija se aparecía con una mujer así era mal visto, pero estos padres hacían caso omiso, la joven iba al trabajo del padre y se mostraba paseando con esta mujer, que era mucho más grande que ella. Esas son mostraciones. Un acting out es una mostración de un significante que se ha elidido (fuera de, excluido) de la cadena simbólica. Aquello que no entró en la cadena simbólica, se muestra. Es lo que no puede ser dicho. El acting out se juega siempre en una escena, sería representar como un juego sobre una escena una historia en acción. Se representa algo dirigido a alguien.

¿Por qué algo no puede ser dicho? Porque no hay un otro que escuche. Por eso no hay análisis sin acting out, porque todos desde algún lugar, no hemos sido escuchados por ese otro materno. Transferencia sin análisis es aquello que el sujeto trae al análisis pero que no pudo ser dicho en su historia, es decir, un significante que escapó de la cadena. Ese significante el sujeto lo va a mostrar. En el caso de la joven homosexual, esta mostración que hacía de pasearse con la Cocot, era una forma de decirle a los padres “Ustedes no me miran, pero voy a estar en el peor lugar para que me miren. Voy a buscar a alguien que a ustedes los incomode para ser mirada”. Ella se buscó a alguien que no hacía juego con su familia de origen, alguien que estaba por fuera de las constelaciones sociales, morales y culturales de su propia familia.

Los adolescentes crecen de acting en acting, porque todavía no tienen todo el acervo simbólico para poder decir, porque está en una etapa donde el fantasma no ha terminado de sellarse. Porque esto que yo les decía de la posición fantasmática, se inicia en la infancia, se da una segunda vuelta en el segundo despertar sexual, que es la entrada en la pubertad, y en la adolescencia se va sellando hasta que el sujeto sale de ser adolescente. Pero la adolescencia significa adolecere, y el crecimiento es de acting en acting. Por eso los chicos son tan “barderos”, porque no tienen otras chances, entonces muestran su problemática. No todo adolescente hacen un acting de un modo de cortarse, o dejar el vómito. Esos son adolescentes con cierto grado de gravedad. El adolescente es el que le decís “Hola, ¿cómo estás?” y te da un portazo. Eso también es un acting. Es algo que muestra, que no sale de la escena. Puede dar un portazo pero no queda como un resto, es una afirmación de él. En el acting out hay un intento de afirmarse. En el pasaje al acto, el único recurso que le queda al sujeto para ser nombrado, es reducirse al resto. 

De un pasaje al acto no se puede volver del mismo modo. De un acting out sí se puede volver. En el pasaje al acto, por ejemplo, si uno insulta al jefe, es difícil que retome la misma relación. En cambio, el acting out es un llamado al otro para que lo tenga en cuenta de alguna forma. En al análisis tenemos que distinguir uno de otro, porque a veces podemos confundirnos. 

Sigamos con la joven homosexual. El padre de la joven tenía una mirada colérica y en uno de esos paseos en que estaba con la Cocot, se tira a las vías del tren. Las vías del tren en alemán es [¿??] lo equipara al parir también. Cuando lean el texto, fíjense que parir, parirse también implica tirarse a las vías del tren. En ese tirarse a las vías del tren ya no hay mostración, hay un pasaje al acto, porque ella no logró de ese papá una palabra que pusiera coto a esas mostraciones con la Cocot. Sólo una mirada sin palabras. Con lo cual, se vio obligada a tirarse a las vías del tren para así preguntarse ¿te hago falta en algo, significo algo para vos? La joven homosexual, como cualquier adolescente, puede llegar a esta encrucijada si el otro no lo lee, puede a lo mejor verse obligado a identificarse a un objeto para ser reconocido. Es un reconocimiento complejo, porque puede perder la vida. La joven homosexual se salva y así termina en las manos de Freud, pero es recién ahí que el padre piensa que a la hija le puede llegar a estar pasando algo. El padre no consulta por lo que pasó, sino para que la joven rectifique su conducta sexual.

El acting out aparece mucho en los neuróticos y ahora también vemos, en la clínica, que hay pacientes que viven de acting en acting. La malla de lo simbólico no ha podido tejer la posibilidad de dar una respuesta a qué me quiere. Como no tienen un fantasma al cual responder, que una frase que se juega. Si ustedes se analizan, en algún momento van a descubrir cuál es la frase fantasmática que los habita a cada uno. 

El reto que la joven homosexual tendría que haber recibido sería la demanda del otro. Y la demanda, es demanda de amor. Y la demanda de amor constituye al sujeto. Si un sujeto no es demandado, es el paria más absoluto de la tierra. El acting out es un pedido al otro, si el otro no acude, lo deja sin recursos.

En la dirección de la cura, nos vamos a encontrar con cualquiera de estas 2 versiones que evitan la angustia. La angustia guía la dirección de la cura, porque es aquella que nos permite orientarnos en donde el sujeto está gozando pero también hacia a dónde apunta su deseo. Siempre que emerge la angustia, hay algo entre un goce que se quiere retener, pero también hay un deseo que implica que, para acceder a ese deseo, hay que dejar el goce. 

El goce te deja acá, en un lugar con la ilusión de que hay otro sin castrar y un sujeto sin castrar.


La castración implica pérdida. Ser el falo de la madre es una ilusión que tenemos que perder todos. El trabajo analítico es pasar de ser a tener. Pero en este pasaje hay pérdida, y el deseo implica siempre una pérdida de la posición de goce frente al Otro. El goce es atractivo porque tiende a la homeostasis del aparato, a evitar la castración. Hay 2 tipos de castración:


  • Castración imaginaria: Es la que el neurótico ofrece como hipoteca a su cuerpo, como en la impotencia, la inhibición, el síntoma.
  • Castración simbólica: Es la castración de Otro. Que el otro esté en falta desde siempre, y aunque yo me esfuerce, me esmere e hipoteque mi vida para colmar al otro, el otro está en falta por estructura. En la medida que el sujeto entra en el lenguaje, algo perdió.

Una cosa que pierde el sujeto cuando entra en el lenguaje, es el cuerpo biológico. Adquiere un cuerpo hablante y hablado. Sostener el deseo implica perderse de algo. No cualquier cosa es deseo. El deseo de morir no es un deseo, sino el goce de volver a una cosa inanimada en la que no hay pérdida. “Si desea suicidarse, hay que dejarlo”, dicen. Yo no estoy de acuerdo con eso, porque eso no es un deseo, sino la imposibilidad de reconocer como sujeto en una cadena histórica. Porque a veces los hechos se refieren a 2 o 3 generaciones atrás. No siempre está en relación a la identificación de los padres, va más lejos.

En las neurosis hay una inscripción de la metáfora paterna. Esto hace que el sujeto pueda hacer un síntoma, o una inhibición, o angustiarse. Esto demuestra que el nombre del padre operó. En la psicosis, el nombre del padre está forcluido, porque el sujeto quedó como falo imaginario de la madre. Y en la perversión hay una renegación del nombre del padre, no hay castración. Por eso, cada una de las estructuras va a implicar que nosotros orientemos la cura de tal o cual manera. El campo de las neurosis es el campo más propio del psicoanálisis. Con la psicosis, uno puede lograr que el psicótico se estabilice, pero la estructura no se cambia.

Lo que si hacemos en la neurosis es que la fijación en el objeto, el fantasma, ceda para que el sujeto como deseante pueda inventar algo. Por ejemplo, hacer con la mirada alguna otra cosa.

El goce que se pierde implica un duelo posterior, además de la angustia por la que se pasa. Por eso el análisis no es sencillo, porque talla que el sujeto cambie la posición, no solamente que cambie la posición imaginaria, que se deshaga del sentido del Otro sin necesitar del acting out ni del pasaje al acto.

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