jueves, 11 de julio de 2019

Clínica de la psicosis: certeza, creencia delirante y alucinaciones


Hoy veremos algunas de las consecuencias de la forclusión del significante Nombre del Padre. Por efecto del mecanismo de forclusión, este significante ordenador de la cadena se halla en el campo de lo Real constituyendo la estructura de la psicosis. Tiene una consecuencia irreparable para la subjetividad, que es la estructura de la psicosis, la cual hay que ubicarla como un fenómeno del lenguaje.

La teoría de Lacan pasa de ser estructuralista a ser una teoría nodal. Si la estructura de la psicosis es nudal, ¿A qué nudo corresponde? Es desde esta conceptualización que Lacan avanza en el concepto de suplencia para una dirección a la cura posible para la psicosis. 

¿Qué quiere decir formaciones de lo real? En principio, quiere decir que el significante fundamental está en ese campo y no en lo simbólico. Esto es sumamente importante, ya que permite leer los significantes forcluídos en un tiempo de trabajo. Podemos leer también en esta estructura un movimiento de retorno, no se trata del retorno de lo reprimido como en las neurosis, sino del retorno de lo Real. 

Lo que retorna son lo que llamamos formaciones de lo Real, y las ubicamos como fenómenos del lenguaje con características precisas. La psiquitaría los llama fenómenos elementales o fenómenos primitivos. Primitivos en relación al delirio, que lo colocan como secundario.

Jacques Lacan ubica que la estructura de las alucinaciones y el delirio son fenómenos elementales porque dan cuenta de la estructura misma. Nos podemos preguntar ¿el inconsciente a cielo abierto? Los fenómenos elementales tienen 3 características:
  1. Se sitúan en un período primitivo de las psicosis. 
  2. Aparecen de forma irruptiva.
  3. Provocan perplejidad en quien la padece.
Las formaciones de lo Real son:
  • La intuición y la creencia delirante.
  • Las alucinaciones.
  • Los neologismos.
  • Las frases interrumpidas.
  • Los estribillos.
  • El delirio.
Frente a estos fenómenos del orden del lenguaje se nos presenta la pregunta: ¿Quién habla en las psicosis?

El sujeto los vive con extrañeza, pero tiene una certeza: lo que está en juego le concierne. Le responden, el hacen eco, lo desdoblan, así como él los interroga, los provoca y los define. 

La locura es vivida en el registro del sentido. El carácter clínico del psicótico se distingue por esa relación profundamente pervertida con la realidad, que se denomina delirio. ¿Qué es un delirio? Es un armado, una respuesta, una metáfora delirante para establecer un orden posible, una suplencia. La estructura misma hace suplencia. Hace años escuché a un sujeto relatar en su internación: Tengo la verdad, unos robots manejan el mundo. Me envían órdenes por ondas que atraviesan mi cabeza. Pudimos situar el momento del brote, cuando entra en la carrera de astronomía. Su mundo se desarma, no puede estudiar, se encierra,  o habla. Comienzan las voces, sensaciones en su cuerpo. Intenta un nuevo orden con su delirio y un modo de colocar en una trama loca sus alucinaciones le causan el efecto de perplejidad.

Estas cuestiones forman parte de nuestra práctica cotidiana y nos interrogan por la escucha y por el modo de trabajo.

Lo que está en juego no es la realidad. El sujeto admite que estos fenómenos son de un orden distinto al de la realidad. Sabe más bien, que su realidad no está asegurada, tiene una certeza. Lo que está en juego, desde la alucinación hasta la interpretación, le concierne. Otra paciente decía: “El mundo va por una vereda y yo voy por la otra, siempre por fuera, no encajo en ningún lugar”. Y es así. Se trata de una joven, detenida desde la adolescencia. Sus padres, preocupados, consultan. La paciente tenía problemas en relación a su imagen femenina y mucha dificultad frente al encuentro con el otro sexo. Es algo que dice que no está en condiciones de enfrentar y ni siquiera se lo puede imaginar. El sujeto psicótico le concierne la locura, porque capta que algo en él es diferente a los demás, que no funciona en el mundo y que no encaja. Se trataba de una psicosis sin desencadenar, donde la fijeza, certeza, la enfrentaban a un goce mortificante, metida en ese mundo con los padres.

Está en juego la certeza, que es radical e inquebrantable frente a nuestras intervenciones. Esto constituye lo que se llama fenómeno elemental o creencia delirante. Se llama “elemental” porque ese elemento muestra la estructura. Tanto la certeza como la fijeza nos indican la ausencia de la dimensión dialéctica. Lacan nos dice que lo propio del comportamiento humano es el discurrir dialéctico de las acciones, los deseos y los valores, que hace no solo que cambien a cada momento, sino de modo contínuo, llegando a pasar a valores opuestos en función de un giro en el diálogo. 

Esta dimensión dialéctica es fundamental, en las entrevistas preliminares para medir y calibrar la relación al lenguaje en que se encuentra el sujeto que nos consulta. Y esto sirve para determinar la dirección a la cura. 

¿Cómo leer los fenómenos en relación al lenguaje? Se presentan en el sujeto fenómenos que van desde el susurro ligero hasta las voces de la injuria. Estos fenómenos, que parecen auditivos, son del orden del lenguaje. 

¿Quién habla en la psicosis? Lacan sostiene que los fenómenos alucinatorios no son percepciones sin objeto, sino una producción significante impuesta al sujeto. Dan cuenta de la forclusión del Nombre del Padre que determina la estructura. Tratemos de ver que no se trata de un sujeto activo, sino de un sujeto que padece los efectos de la proliferación de significantes que lo atormentan. En en seminario sobre la psicosis, Lacan concibe la alucinación como efecto de la exclusión del Otro. Toma la alucinación verbal como uno de los fenómenos más problemáticos de la palabra. En el momento en que se da el fenómeno alucinatorio, en el momento de aparición de lo real, es decir, acompañado de ese sentimiento de realidad que lo invade, el sujeto habla con su yo, como si un tercero -su doble- hablase o comentara su actividad. Es un error considerar las alucinaciones como auditivas. Son partes del fenómeno del lenguaje bajo la forma de la voz. No podría hablarse sin oírse. La alucinación provoca perplejidad. 

Tomamos la alucinación como un relato que hace el paciente, no como algo que cuenta la familia, por ejemplo. No siempre el relato de la alucinación es directo. En muchas oportunidades el sujeto nos cuenta su respuesta frente al fenómeno alucinatorio. A partir de eso, podemos interrogar. Una paciente me trae en su relato peleas con su familia porque tarda mucho en el baño, deja a todos esperando. Le pregunto qué hace en el baño y me dice “Chancha, chancha”. Insisto por lo que pasa en el baño y ahí me cuenta que frente al espejo se para desnuda y ve como se agranda y se achica su vulva. Me hizo pensar en las teorías sexuales infantiles cómo aparecen en el campo de la alucinación: en lo real. En lo simbólico, hablaríamos de una teoría sexual. Luego, escucha un susurro que la lleva a frotarse hasta la irritación. Me dice “No, no puede ser. No, qué asquerosa, chancha, chancha”. Aquí estamos frente a alucinacipnes auditivas y visuales. Son fenómenos del orden del lenguaje. Le aparecen al bañarse, antes de acostarse, en la desnudez y frente al espejo. 

El fenómeno alucinatorio tiene gran importancia. A veces, si no lo relatan, es porque las voces mismas lo prohíben. Las voces tienden a establecer, por lo general, una relación de intimidad y exclusividad con el sujeto, como si se tratara de distintos yoes. La alucinación pone en juego un significante excluído del mundo simbólico. Este significante implica algo de la castración expulsada. 

El sujeto considera la alucinación como una señal, un mensaje con sentido dirigido a él. Este sentido, por lo general, se transforma en delirio para dar cuenta de su experiencia alucunada. Con el zumbido y el murmullo, testimonia su relación al significante. Esto quiere decir que lo que retorna de lo real es siempre un significante. Lo que signa a la alucinación es ese sentimiento particular del sujeto, el límite entre ese sentimiento de realidad e irrealidad que hace irrupción en el mundo externo. Es una realidad creado en el seno de la realidad como algo nuevo. 

La enseñanza de Lacan nos posibilita operar sobre estas manifestaciones, con y desde una concepción de sujeto (en su relación al significante y al goce) que nos hace posible tomar una posición frente al sujeto de la forclusión. Es desde esta posición que está la posibilidad de alojar las manifestaciones del goce que no han pasado por el significante. 

Una clínica de la suplencia apunta a la estabilización, producto de recibir una cesión de goce de ese sujeto psicótico que permite una formación significante en el campo de dispositivo del tratamiento. Se trata, entonces, de la limitación al goce, colocarle un límite.

¿Te interesa saber más sobre diagnóstico diferencial en los casos de alucinación? Mirá el post Cómo reconocer una estructura a partir de una alucinación.

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