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jueves, 16 de octubre de 2025

Entre el sentido y la afánisis: el destino del Vorstellungsrepräsentanz

Lacan realiza, en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, un trabajo particularmente fecundo en torno a ese término a veces oscuro que Freud introduce: el Vorstellungsrepräsentanz.

Su primer gesto consiste en interrogar su estructura, ya que en ella reside su operatoria.
Tomado estructuralmente, el Vorstellungsrepräsentanz da cuenta del primer apareamiento significante en el campo del Otro: ese binarismo inaugural o significante binario que constituye el soporte del sujeto.
Allí se juega el equívoco entre el par significante (S1–S2), en el que el sujeto encuentra su posibilidad de inscripción al mismo tiempo que su borramiento.

En esta lógica, el Vorstellungsrepräsentanz traza la vía por la cual el sujeto adviene en el Otro en la misma medida en que desaparece.
Ese término freudiano, leído por Lacan, queda entonces situado entre el sentido y la afánisis, en la zona misma donde el sujeto se constituye al precio de su desaparición.

Freud ya había indicado que el Vorstellungsrepräsentanz cae bajo la represión primaria, lo cual hace coincidir su inscripción con la constitución del inconsciente.
Lacan, al ligarlo al binarismo significante, lo entramará en el problema de la entrada del sujeto al campo del Otro.
Allí, en el punto del vel alienante, el sujeto se instituye al mismo tiempo que queda petrificado, capturado en un significante, es decir: desapareciendo.

Pero entonces surge una pregunta de orden clínico:

¿Cómo retorna el sujeto?

La pregunta misma es equívoca, pues depende del modo en que se articule con el efecto de deseo que produce la separación.
El retorno puede leerse como el camino que se abre desde la petrificación hacia el deseo, una travesía entre extraviarse y perderse, cuyos efectos son radicalmente distintos.

En este punto, Lacan retoma la pregunta ya formulada en La subversión del sujeto y la dialéctica del deseo:

¿Qué saca al niño del lugar de a-sujet en que queda respecto del deseo de la madre?

No se trata sólo del deseo, sino del hecho de que la separación introduce un punto de fuga, un “punto débil” que abre una posibilidad de salida frente a la ley de hierro del Otro.
Es en esa fisura donde el sujeto puede retornar —no como sustancia recuperada, sino como resto que habla, resto que se separa para hacerse lugar en el campo del deseo.

martes, 14 de octubre de 2025

El sujeto, el número y la hiancia: lógicas de la alienación

La pulsión circula entre el sujeto y el Otro, posibilitando tanto reciprocidades en el plano del enunciado como reversibilidades cuando se considera la demanda en su sesgo pulsional. Recordemos su matema:

$◊D

El significante se produce en el campo del Otro, y este punto remite a lo trabajado por Lacan en De un discurso que no fuese del semblante: la producción del significante delimita un campo que, al mismo tiempo, lo demuestra.

Un primer movimiento surge de esa producción: el inconsciente se inaugura al cerrarse. En el mismo gesto, por efecto de la alienación, el sujeto se petrifica en un significante —adviene al ser en la medida en que desaparece.

El S1, al fijarlo, introduce el fading subjetivo: el significante, en su dimensión letal, produce la desaparición del sujeto al mismo tiempo que lo constituye. Así, el inconsciente se abre en el punto mismo de su clausura; el sujeto surge en el acto mismo de su desvanecimiento.

Conviene entonces interrogar la relación entre afánisis, fading y desvanecimiento: ¿dónde se superponen y dónde divergen estas figuras del borramiento subjetivo?

La novedad que Lacan introduce con el vel alienante consiste en despojar a la alienación de todo matiz filosófico o ideológico. Se trata de una operación lógica: una elección forzada en la que uno de los términos está siempre perdido, y la única pregunta posible es si se conserva o no el que resta.

El sujeto queda así condenado a advenir dividido por el significante, en el pasaje que separa al viviente del sujeto barrado.
Llevar la alienación al terreno de la lógica —vaciarla de sentido, inscribirla como escritura— permite pensar al sujeto y al Otro como conjuntos.
Si la operación que los relaciona es la de la reunión, lo que ambos comparten es el conjunto vacío, figura que expresa la potencia causal de la hiancia.