lunes, 15 de diciembre de 2025

La prohibición del incesto y la constitución significante del sujeto

El retorno a Freud encuentra uno de sus apoyos estructurales más decisivos en el abordaje significante de aquello que resulta nuclear en el complejo de Edipo. En gran medida, esto explica la apoyatura inicial de Lacan en los desarrollos de Lévi-Strauss, donde la organización de las relaciones humanas se piensa a partir de un sistema de prohibiciones y permutaciones sostenido por el campo del lenguaje.

La prohibición del incesto delimita el espacio mismo en el que la subjetividad puede advenir, al tiempo que orienta el modo de la sexuación. Pensada de este modo, la ley podría parecer operar en un registro sincrónico; sin embargo, Lacan subraya que dicha ley sólo se vuelve legible en sus modulaciones singulares, en lo que denomina una lógica subjetiva.

Se distingue así entre la ley en su estatuto textual —inherente a su condición lenguajera— y su versión discursiva, aquella que se articula con la historia de un sujeto. Es en esta lógica discursiva, en la composición del inconsciente como discurso del Otro, donde se hacen oír los efectos de la castración en la posición subjetiva.

Por esta razón, Lacan no duda en afirmar que la prohibición del incesto funciona como un pivote subjetivo: un punto de apoyo, un sostén, a partir del cual un sujeto puede hacer pie allí donde no hay garantía previa. No se trata de un simple límite externo, sino de una condición estructurante.

Los términos implicados en esta operación deben ser leídos desde la perspectiva del significante. No se trata de los personajes empíricos involucrados, sino del modo en que, a través de ellos, la prohibición se vehiculiza. Estos elementos significantes conforman la trama de las relaciones, el tejido de los vínculos generacionales. En este sentido, la historia no se reduce a una sucesión biográfica de acontecimientos, sino que se constituye como una red de marcas.

Es en ese entramado donde un sujeto puede advenir. Para ello se requiere una matriz, una estructura que delimite un lugar posible de existencia. De este modo, se evidencia la solidaridad entre el sujeto y la falta: la ley no sólo ordena y prescribe, sino que, de manera más radical, constituye al sujeto en su relación con el deseo.

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