lunes, 5 de enero de 2026

El fin de análisis y la eternidad del instante

 “La eternidad del instante” a la que se hizo referencia en esta entrada es un nudo literario-filosófico muy potente, que el psicoanálisis (especialmente el lacaniano) tomó por torsión, no por definición, en referencia al final de análisis.

Borges es probablemente la referencia literaria más directa.El Aleph es un punto donde todo el tiempo y todo el espacio coexisten sin sucesión. No es duración: es instante saturado de eternidadEn “Nueva refutación del tiempo”, Borges cuestiona la consistencia del tiempo lineal y sugiere que cada instante, si es pleno, es todo el tiempo.

El tiempo es la sustancia de que estoy hecho… El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río.

Aquí ya aparece la idea de que no hay eternidad más que en el ahora, si ese ahora se absolutiza.

Kierkegaard, por su parte, habla del Øjeblikket (el instante) en El concepto de la angustia y Migajas filosóficas. El instante es el punto donde lo eterno toca lo temporal. Se trata de un corte, no una continuidad. Esto es clave para el pasaje al psicoanálisis: el instante como acto subjetivo, no como experiencia contemplativa. Más que duración, se trata de decisión.

Nietzsche refiere al instante del eterno retorno, en Así habló Zaratustra. El eterno retorno no es repetir el tiempo, sino afirmar este instante como si fuera eterno. El peso cae sobre el sí al ahora, no sobre la eternidad como más-allá.

En En busca del tiempo perdido (Proust), el episodio de la magdalena no recupera el pasado cronológico, sino que produce un instante de verdad donde el tiempo se pliega. Se trata del instante que condensa al tiempo.

San Juan de la Cruz se refirió al “no tiempo” del éxtasis, donde no hay antes ni después.

En Lacan, el instante es lógico, no poético.En “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada”, Lacan sitúa:

  1. Instante de ver

  2. Tiempo para comprender

  3. Momento de concluir. El fin no es duración: es momento.

El acto analítico, en Lacan: no se prepara hasta completarse. Se decide en un instante que no se justifica y que reordena retroactivamente todo el tiempo anterior.

Entonces: ¿podemos hablar del fin de análisis como “eternidad del instante”? No si se lo entiende como iluminación permanente, un estado místico sostenido o de felicidad estable. Más bien se trata de un instante de acto, donde el sujeto ya no espera del Otro. Ese instante vale para siempre, no porque dure, sino porque no se desdice. Un acto que no necesita repetirse para sostenerse.

Ahora bien, la fórmula “eternidad del instante” puede ser muy justa o muy engañosa, según desde dónde se la enuncie. Engañosa, en tanto puede deslizarse hacia finales “místicos” o “yoicos”.

En el final de "análisis místico", el instante se vive como plenitud. El instante es vivido como fusión, se accede a una experiencia de totalidad, de Uno, lo que suspende la falta. El Otro aparece como absoluto (Dios, Ser, Vida, Conciencia) o bien desaparece en una unidad indiferenciada. En el mejor de los casos, el efecto subjetivo será  la paz, de sentido último, de iluminación o de verdad total. Esto no es un fin de análisis, porque la falta queda obturada. No hay resto, no hay objeto a como causa, sino goce pleno. El instante en este caso no corta, envuelve

El análisis no apunta a la plenitud, sino mas bien a soportar la falta sin cubrirla.

El "final de análisis yoico" vive el instante como una reconciliación. El instante, en este caso, confirma una nueva imagen de sí y los testimonios son del estilo “Ahora me conozco”, “Ahora soy auténtico” ó “Ahora estoy bien conmigo”. El instante funcionaría como punto de síntesis que integra pasado y futuro en una narrativa coherente.

Cuando el final de análisis va por la vía yoica, El Otro sigue funcionando como garante, con los efectos transferenciales esperables: el terapeuta validante, que encanrna el ideal de salud, y la norma de adaptación. Existen varios pacientes que demandan mejorar su autoestima, tener una consistencia identitaria ó conseguir una sensación de cierre o simplemente el alivio. Son análisis donde el sentido se consolida y el síntoma se explica. Esto no es un fin de análisis porque el yo queda reforzado y no destituido.El instante confirma, no descompleta. 

En psicoanálisis, el final no mejora el yo: lo vuelve menos necesario.

El instante en el fin de análisis no se vive como experiencia especial. No es euforia ni plenitud; a menudo  podemos hablar de sobriedad, a veces vacío, a veces humor. A veces pasa casi desapercibido. El fin de análisis implica la capacidad de arreglárselas con el síntoma sin pedir permiso. El Otro es reconocido como barrado, sin garantías y sin "la última palabra". En este sentido, no hay reconciliación ni fusión con el Otro, sino corte.

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