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miércoles, 12 de agosto de 2026

¿Qué cuerpo no cabe en el espejo?

La topología le ofrece a Lacan una vía para formalizar aquello que la intuición no consigue representar. En particular, le permite interrogar una concepción del cuerpo que no se reduce a la imagen especular ni al espacio mensurable, sino que se encuentra directamente concernida por la economía del goce.

Si bien el toro adquiere un valor fundamental por las particularidades de su estructura, hay un período en el que Lacan se interesa especialmente por las superficies uniláteras. Este interés lo lleva a trabajar con superficies abiertas, como la banda de Möbius, y con superficies cerradas, como la botella de Klein; asimismo, distingue aquellas que poseen bordes de las que carecen de ellos.

Uno de los problemas centrales que se desprenden de este trabajo consiste en formalizar la distancia entre la estructura de una superficie y las posibilidades de su inmersión en el espacio. Las superficies uniláteras presentan, precisamente por su estructura —por tener una sola cara—, una imposibilidad de ser sumergidas en el espacio euclidiano tridimensional sin introducir algún artificio que permita su representación.

De allí la necesidad de recurrir a construcciones que hagan posible, aunque sea de manera forzada, esa presentación en el espacio. La banda de Möbius puede construirse, por ejemplo, a partir de una hoja de papel; algo semejante ocurre con el cross-cap utilizado para formalizar el plano proyectivo. El artificio no elimina la imposibilidad estructural de la superficie, sino que permite ponerla en escena.

Es justamente esta tensión entre estructura e imposibilidad de representación lo que vuelve especialmente fecundo el recurso topológico en Lacan. Las superficies uniláteras permiten dar forma a aquello que resulta antiintuitivo y, en cierto sentido, imposible de representar directamente. Pero, fundamentalmente, su imposibilidad de ser sumergidas en el espacio euclidiano le proporciona un recurso para interrogar la naturaleza del cuerpo concernido en la economía política del goce.

Se trata, entonces, de un cuerpo que no posee una imagen especular acabada, que no puede reducirse a sus coordenadas tridimensionales y que escapa a la captura por el espejo. El cuerpo que está en juego aquí no es simplemente aquel que puede ser localizado, medido y representado geométricamente, sino uno que, en su relación con el goce, introduce una dimensión que excede las coordenadas del espacio intuitivo.

lunes, 26 de enero de 2026

Del impasse modal a la consistencia nodal: cortes, toro y cuerpo real

En otras ocasiones hemos señalado que el pasaje de lo modal a lo nodal responde a una cierta insuficiencia de lo primero. No se trata de afirmar que lo modal carezca de eficacia para delimitar el impasse que atraviesa la sexualidad del sujeto; por el contrario, su operatoria permite marcar un punto de quiebre, un avance en la circunscripción del problema. Sin embargo, Lacan logra situar con precisión que, aun cuando lo modal introduce un salto y produce un efecto de esclarecimiento, permanece anclado en el campo de la predicación. En este sentido, resulta un recurso limitado para pensar una incidencia efectiva sobre el impasse, más allá de su mera delimitación.

Una vez producido este pasaje, el Seminario 24 introduce una nueva torsión en el abordaje de la cuestión. Allí, lo real es tratado como un atolladero a partir de la consistencia de lo nodal. No obstante, algo de este planteo se revela insuficiente: “hace falta un poco más”, afirma Lacan. Entendemos que esta exigencia apunta a la búsqueda de una escritura de la no-relación que deba ir más allá del lapsus tal como había sido circunscripto en el Seminario 23.

El camino elegido consiste entonces en transformar el redondel de cuerda en un toro, operación que devuelve a un lugar central una superficie presente desde los inicios de su enseñanza. Lacan emprende así lo que denomina una “reversión de los toros”: un trabajo de exploración de los efectos de ciertos cortes que, al incidir sobre la estructura de los toros y su modo de anudamiento, trastocan la relación entre lo que incluye y lo incluido.

Se abre de este modo una discusión de largo alcance: ¿qué tipo de corte es necesario para deshacer la estructura del anudamiento?, ¿cuáles, en cambio, no producen esa ruptura? Estas preguntas le permiten a Lacan esbozar respuestas posibles a un interrogante decisivo, tan complejo como fundamental: ¿qué es un cuerpo real?