En psicoanálisis no diagnosticamos por conductas observables, ni por listas sintomáticas, sino por estructura, es decir, por la posición del sujeto respecto del deseo, del Otro y del goce. ¿Cómo arribar a ese diagnóstico?
Aclaremos que para la psiquiatría clásica (DSM), la “histeria” desaparece como categoría y se fragmenta en Trastorno de conversión, Trastorno histriónico de la personalidad (eje 2) y los Trastornos somatomorfos. Cuando hablamos de posición histérica, hablamos de una lógica subjetiva, no de un cuadro sintomático DSM.
En psicoanálisis —desde Sigmund Freud hasta Jacques Lacan— la histeria no es un conjunto de síntomas, sino una estructura subjetiva. Es por esto que no se arriba al diagnóstico por la teatralidad, la seducción, la dramatización ni los síntomas corporales. Todo eso puede estar… o no.
En términos lacanianos, la histeria se define por una posición respecto del deseo. La fórmula clásica es:
El sujeto histérico se ofrece como objeto causa del deseo del Otro, pero para sostener la falta en el Otro.
Es decir, el histérico interroga al Otro y lo confronta con su falta. Quiere saber qué es para el deseo del Otro, pero si el Otro responde demasiado, se desilusiona o se retira. En la histeria no se trata de completarlo, sino de mantener su falta.
Decíamos que no se diagnostica por lo que el paciente hace, sino por cómo se ubica en el discurso y lo que ocurre en el campo transferencial.
El sujeto se presenta como enigma
La brújula más fina es considerar que en la histeria el sujeto histérico se constituye interrogando el deseo del Otro. No es solo que quiera algo. Es que quiere saber qué es para el Otro.
Casi de entrada en análisis, el paciente aparece con necesidad de ser mirada/o, leída/o, interpretada/o. “No entiendo por qué me pasa esto”. Suelen presentar sensibilidad extrema a la falta de reconocimiento. En el discurso, muchas veces aparece una oscilación entre la seducción y la decepción. “Siempre termino en el mismo lugar”. También aparece una queja persistente dirigida a un Otro supuesto saber.
La pregunta inconsciente típica (no literal) es esta: ¿Qué soy yo para vos?, pregunta está dirigida al Otro y a quien lo encarne. Cuando esto organiza la economía psíquica, ahí se empieza a oler estructura histérica.
2️⃣ Producción de un Otro supuesto saber
El histérico produce al analista como quien sabe y Freud lo vio con claridad en Estudios sobre la histeria, cuando se dio cuenta que las pacientes sabían más de lo que Freud suponía… pero necesitaban que él lo supiera primero.
El sujeto histérico supone saber al Otro (especialmente al analista), pero a la vez lo pone a trabajar y lo provoca. Lo hace producir saber, como la famosa fórmula de "Los cuatro discursos...": El histérico hace trabajar al amo.
En sesión, el paciente trae material riquísimo pero siempre queda un resto. Interroga, desafía o seduce al analista, produce asociaciones que empujan la interpretación. Sin embargo, mantiene una insatisfacción persistente. No es resistencia burda, sino más bien motor de saber.
3️⃣ Insatisfacción estructural
Otro marcador fuerte en la posición histérica es el que se organiza alrededor del deseo insatisfecho. Aparece la idealización seguida de la caída. Nada alcanza, cuando algo se logra, pierde valor. Busca un Otro que responda y garantice… y posteriormente se decepciona.
El deseo se sostiene en la falta. Hay un movimiento típico:
-
Idealiza.
-
Se ofrece.
-
Algo falla.
-
Se queja.
-
Vuelve a empezar.
Esto puede verse en los vínculos amorosos, las trayectorias laborales, la relación con instituciones y muchas veces en el análisis. Tomamos nota de esto en tanto que hay repetición, lo que nos pone en la pista del goce.
En la histeria clásica encontramos los clásicos casos de conversión y los síntomas corporales enigmáticos... Pero en la histeria contemporánea puede no haber nada de eso.
Hoy sabemos que puede haber histeria sin conversión y que puede haber conversión sin estructura histérica.
Lo que importa es la lógica del síntoma, que podría ser el relato de un drama social. En la posición histérica el síntoma suele dirigirse al Otro (tiene valor de mensaje), sostener una pregunta sobre el deseo, mantener viva la falta (no cerrar el sentido), para finalmente producir la insatisfacción estructural.
La histérica no quiere realmente que el síntoma se cure del todo si eso le quita su lugar en el deseo del Otro. Esto en transferencia se ve clarísimo.
¿Y qué ocurre cuando hay conversión? Lo importante no es el síntoma corporal, sino que el cuerpo aparece como lugar de inscripción del deseo del Otro. Se trata de una escena donde se juega la pregunta “¿qué soy?”
Cómo se instala la transferencia
Qué tipo de demanda se formula
Qué lugar te asigna el paciente
Cómo responde cuando el Otro no responde
Hay errores comunes, como diagnosticar por teatralidad, por somatizaciones o por “personalidad demandante”. También suele confundirse feminidad con histeria (clásico error).
Muchos sujetos pueden seducir, ser teatrales, tener celos o dramatizar y eso no los hace histéricos estructurales.
La estructura se decide por:
| Variable | Histeria | Neurosis obsesiva |
|---|---|---|
| Posición frente al deseo | Se ofrece como causa del deseo | Se protege del deseo |
| Relación con el Otro | Lo interroga | Lo evita o lo controla |
| Relación con el saber | Produce saber en el Otro | Se apropia del saber |
En el discurso histérico (según Lacan), que no es privativo de la histeria, vemos que
El sujeto dividido interpela al amo (S1) para producir un saber (S2) acerca de su goce (a). Es decir, el sujeto se presenta dividido, interroga, obliga al Otro a producir significantes. Y el analista debe cuidarse de no ocupar demasiado el lugar del amo.
El paciente histérico pone al analista a trabajar, no porque sea demandante, sino porque su modo de hablar obliga a producir sentido. El discurso histérico es productor de teoría. Freud lo sabía: la histeria produjo el psicoanálisis.
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