martes, 7 de abril de 2026

Perturbaciones de la demanda y presentaciones en clave de goce

Cuando en el seminario La angustia Jacques Lacan construye su cuadro de los afectos —a partir del tríptico freudiano “inhibición, síntoma y angustia”— delimita una zona de la práctica que puede pensarse bajo el sintagma “perturbaciones de la demanda”, tal como lo formula Diana Rabinovich.

Se trata de presentaciones clínicas en las que no está viabilizada la posición del objeto causa de deseo —como sí ocurre, por ejemplo, en la histeria—, sino que el sujeto comparece más bien en una posición próxima al plus de gozar.

El material clínico, en estos casos, no aparece organizado en torno a un síntoma. Por el contrario, predomina una cierta indeterminación: el sujeto no sabe bien qué le pasa, pero su discurso está dominado por la queja y la penuria como hechos clínicos fundamentales.

Podemos englobar estas presentaciones bajo el sesgo de las impulsiones —incluyendo también las caracteropatías, siguiendo a Rabinovich—. La impulsión señala justamente la dimensión impulsiva del síntoma: ese componente pulsional que funciona como núcleo.

Ahora bien, ese núcleo de goce tiene una particularidad decisiva: no llama a la interpretación. No se dirige al Otro, no entra de suyo en transferencia; es, más bien, el analista quien debe ir en su búsqueda. Este núcleo aparece recubierto por la envoltura formal del síntoma, es decir, por la metáfora significante, pero sin quedar plenamente capturado por ella.

Por eso, más que del síntoma, estas presentaciones hablan de una oposición fantasmática del sujeto: lo que se pone en forma es el valor de tapón del plus de gozar como respuesta.

De allí se desprende una consecuencia técnica central: el trabajo analítico no puede comenzar directamente como interpretación de un síntoma ya constituido. Requiere un tiempo previo.

Se trata, en primer lugar, de producir en el sujeto un efecto de división, que haga posible la emergencia de una pregunta. Casi en la línea de esa “histerización del discurso” que Jacques Lacan sitúa como condición de entrada en análisis.

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