lunes, 18 de mayo de 2026

El dinero y la economía libidinal en el análisis

 Interrogar la función y la lógica del dinero en un análisis implica preguntarse por aquello con lo que verdaderamente paga un sujeto.

¿Se paga únicamente con el dinero entregado al analista en concepto de honorarios o, más bien, el dinero funciona como el soporte simbólico de algo que pertenece a otro orden?

La cuestión remite necesariamente al problema de la economía. El dinero, su circulación, sus usos y su estatuto, sólo adquieren sentido dentro de una determinada modalidad económica. No resulta casual que Jacques Lacan recurra a la noción de economía —y más precisamente a una economía de goce— para responder a los impasses de la energética freudiana.

La economía que el dinero pone en juego dentro de un análisis es, ante todo, una economía libidinal. Se trata de aquel campo donde se organizan las relaciones del sujeto con los objetos y con las diversas formas que adopta el objeto en la experiencia subjetiva. Allí se juega, fundamentalmente, la satisfacción que el sujeto obtiene en su relación deseante con el Otro, en el interior de la escena fantasmática, sosteniendo muchas veces la ilusión de una completud posible del Otro.

En este sentido, el análisis se sirve del dinero porque éste constituye, tal como señalaba Diana Rabinovich, “el colmo de lo simbólico”. El dinero permite introducir, a través del significante, una medida ficcional que haga posible poner a trabajar algo del orden de la economía subjetiva. Sin embargo, aquello que allí se pone en juego permanece, en última instancia, fuera de toda medida exacta, imposible de cuantificar plenamente.

Por eso, cuando se afirma que un sujeto debe “pagar caro” en un análisis, no se trata simplemente de una cuestión monetaria ni de una cifra universalmente determinable. Lo “caro” no responde a una medida homogénea aplicable a todos por igual. Más bien, remite al valor singular que algo posee para ese sujeto, valor que frecuentemente sostiene sus modalidades de amor, de goce y de lazo con el Otro.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario