Sostenemos que la escritura posee un valor clínico específico en el psicoanálisis. Con ello nos referimos a que Lacan introduce este concepto como una respuesta, en el terreno de la praxis, a los impasses inherentes a la estructura del significante.
En términos generales, la escritura permite delimitar, en un primer momento, un límite y, posteriormente, un borde. Esto conduce a una serie de interrogantes decisivos: ¿qué es lo que instituye ese límite?, ¿qué determina la inclusión o la exclusión de un elemento respecto de un conjunto? Estas preguntas encierran una ambigüedad fecunda, de la que se desprenden importantes consecuencias tanto lógicas como clínicas.
Se trata, en definitiva, del problema desarrollado por Lacan en Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano, entre otros textos, donde se pone en cuestión la posibilidad de concebir un conjunto completo. Ese conjunto no es otro que el Otro del sujeto. Precisamente porque el Otro no puede pensarse como un todo cerrado y consistente, la escritura adquiere un valor clínico fundamental: permite formalizar el punto en el que la estructura encuentra su límite y el modo singular en que cada sujeto se relaciona con él.
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