viernes, 28 de noviembre de 2025

De la topología combinatoria al aplanamiento: el giro de lo imaginario en la escritura borromea

En Aún aparece ya un primer esbozo de lo que puede pensarse como una topología de cuatro elementos. Allí Lacan formula una secuencia llamativa: “Lo que corta una línea es el punto. Como el punto no tiene dimensión, la línea se define por tener una. Lo que corta la línea es la superficie, por eso la superficie tiene dos. Y lo que corta la superficie es el espacio, al que asignamos tres dimensiones”.

Esta progresión evidencia que, al alcanzar el tres, siempre hay un cuarto que opera sin contarse: algo que corta, delimita o introduce la diferencia. De allí la pertinencia de lo que en matemáticas se llama una topología combinatoria, donde lo algebraico y lo topológico se enlazan para leer las operaciones mismas del corte y del pasaje entre dimensiones.

Sin embargo, esta perspectiva requiere todavía un tiempo de maduración en Lacan para poder articularse de manera más precisa con la cadena borromea. Su objetivo inmediato no es desarrollar una cuarta dimensión, sino plantear la estructura del anudamiento de las tres dichomansiones —lo imaginario, lo simbólico y lo real— como lo propio de una escritura que no se rige por la espacialidad euclidiana.

Aun así, Lacan advierte muy pronto, ya desde …ou pire, la necesidad de aplanar esa cadena para poder trabajar con ella. El aplanamiento no es un simple recurso didáctico: es una operación estructural que permite la inmersión del nudo en el espacio y, sobre todo, su manipulación.
Este pasaje del volumen al plano no elimina la tridimensionalidad de las cuerdas, pero sí permite leer el anudamiento: localizar cruces, calces y puntos de enganche.

Lo notable es que esta operación vuelve decisiva la función de lo imaginario, pero en una versión completamente reformulada: ya no ligado al espejo y a la captura especular, sino entendido como consistencia, soporte material de la cuerda y condición necesaria para que la escritura del nudo se sostenga.

Este redimensionamiento de lo imaginario es una de las consecuencias más ricas de este tránsito: permite entender cómo, al operar sobre las consistencias, la escritura del nudo deviene un verdadero sostén del sujeto, un modo de anudar agujeros que no depende del sentido, sino de la estructura misma del lazo borromeo.

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