Si al plano simbólico–imaginario (equivalente al sistema cartesiano de coordenadas) se le agrega lo real, se abre un espacio radicalmente distinto del de la “estética trascendental” kantiana. Este espacio Otro —el del cuerpo para Lacan— no es geométrico sino topológico, y define el cuerpo no como volumen, sino como anudamiento de agujeros.
Allí emergen dos operaciones distintas:
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Nominar, en el sentido estructural, como función real del lenguaje.Es la dimensión en la que Lacan dice: "Soy lo que es" —un plano donde el lenguaje “escupe letras”, donde la nominación es un efecto del aparato significante mismo.
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Dar nombre, operación que no coincide con la anterior y que ya introduce un sujeto.Es la dimensión en la que la nominación tiene efectos, en la que un nombre no sólo marca un lugar en lo real sino que produce un sujeto, lo afecta, lo performa.
La distinción entre estas dos nominaciones muestra que la operación no se agota en la producción automática de letras por parte del lenguaje. Es una operación en dos tiempos, cercana —aunque no equivalente— al par marca/borramiento. Lo primero es del orden del lenguaje; lo segundo, del orden de un acto.
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